Bueeeenas.

Me repito hasta la saciedad: El argumento pertenece a la fabulosa Jhu Radclife y los personajes a JK


Capítulo 3


Las puertas del Comedor ya estaban abiertas cuando terminamos de bajar las escaleras. Los príncipes encantados conversaban con sus parejas y reían despreocupadamente.

Un aroma cítrico venía de James, dejándome ligeramente entorpecida mientras atravesamos las puertas dobles, saludando a algunos conocidos y admirando el trabajo anterior.

Algunas parejas bailaban en la pista una música animada y los profesores vigilaban atentos, buscando peleas o bebidas prohibidas.

-Los chicos están ahí, Lily- Dijo James apuntando hacia una mesa lejana donde se veían a dos chicos hablando tranquilamente y bebiendo como si no hubiese mañana y nadie les pudiese ver allí.

Marlene y Sirius: Blanca Nieves y su príncipe; Remus y Emmeline: Caperucita roja y el Lobo Feroz; Lily y James: Cenicienta y el príncipe más lindo del colegio. Reí con la ironía del disfraz de Remus y James apretó mi mano con fuerza.

-Tiene un humor negro, ¿verdad? – susurró.

-Verdad.-respondí acercándome más a la mesa.

-Aleluya, ya llegasteis.- Dijo Remus cuando nos sentamos.-Dumbledore ya va a comenzar el discurso, y sin los Premios Anuales es algo difícil.

-Principalmente si ellos son los únicos disfrazados de Cenicienta y Hogwarts apuesta que se juntan desde hace dos años.

"Eso Marlene, ¡felicidades!"-pensé al tiempo que la fusilaba con los ojos y Sirius se reía de un colorado James.

Desvié los ojos para la mesa principal de donde Dumbledore se acababa de levantar, apagando la música, para dar el discurso, nuestro último.

-Ya sé que escuchar las palabras de un viejo es la última cosa que queréis ahora, pero os pido que me escuchéis antes de que os entreguéis a ese baile, maravillosamente preparado por vuestros prefectos y Premios Anuales.- dijo sonriendo levemente – Algunos de vosotros crecisteis viendo la magia. Otros la conocisteis cuando entrasteis por esa puerta hace siete años. Pero la verdadera magia reside en todos nosotros, en todos los corazones. Muchos se preguntaron el porqué de un baile con el tema "Cuentos Muggles". Yo respondí: los cuentos son la manera de que ellos puedan vivir la magia. Viven nuestra magia. En todo momento alguien piensa en su príncipe, en su princesa. Encontrarlos es una provocación. Y vosotros necesitáis aprender a lidiar con provocaciones. El mundo ahí fuera puede no ser un cuento de hadas, pero si vosotros sabéis confiar en el mágico amor que existe dentro de los corazones que todos vosotros tenéis, todo tendrá un final feliz, digno de un cuento de hadas. Tal vez vosotros viviréis felices para siempre.- concluyó abriendo los brazos como si quisiese abrazar a todo el Gran Comedor.

Los aplausos sonaron mucho tiempo y murieron a los pocos segundos después de que la música volviese a comenzar. Varias parejas, incluidos Sirius, Marlene, Remus y Emmeline, salieron a la pista.

-¿No quieres bailar?-preguntó James cambiando de lugar, sentándose enfrente de mí.

-Ahora no-dije mientras él entrelazaba su mano con la mía- Quiero quedarme aquí mirando el lugar donde he pasado los últimos siete años.

-Momento nostálgico-dijo jugando con mis dedos- Pasó rápido este año, ¿verdad?

-Mucho. Justamente el año que debería haber durado más.

-Yo me había prometido a mi mismo que haría que este año valiese la pena- dijo apoyando mi mano sobre la mesa y cubriéndola con la suya. Sentí un escalofrío recorriendo mi espina dorsal y mis pies resbalando por debajo de la mesa. Me preparé mentalmente para lo que pudiese decir después, pero se mantuvo callado, y yo sentía como sus ojos me seguían mientras mis ojos recorrían el salón.

-Lily, si te quieres ir ya, puedes.- dijo rompiendo el silencio palpable que se había establecido entre nosotros y quitó su mano de encima de la mía. Sentí como si me hubiesen arrancado un pedazo de mí. Prefería diez veces el silencio. Yo ya sabía, que tú no querías venir, al final fue una decisión de última hora y gracias a la presión de Marlene, sólo vengo porque es el último baile. No te quiero encadenar a esta mesa. Puedes volver a la sala común- acabó levantándose y andando en dirección a la puerta.

Intenté protestar en voz baja y coloqué las manos sobre el rostro, con las lágrimas queriendo caer.

-James, vuelve aquí- dije levantándome y corriendo hacia la puerta lo más rápido que los zapatitos me dejaban.

Él ya estaba en medio de la escalera cuando me escuchó y se paró sin mirar para atrás.

-Perdóname.-dije sin subir los escalones- Sé que estoy siendo una pésima pareja, pero, por favor, vuelve al baile. Baila conmigo.

James se giró hacia mí y descendió dos escalones, manteniéndome la mirada indulgentemente.

-Convénceme- dijo con esa mirada sensual que derretía a cualquiera. Pero como yo no tenía tiempo para derretirme me contenté con morder el labio inferior.

Sonreí por dentro. Hora de poner a la Lily persuasiva en acción. Tan sólo era un juego para animarnos.

-Tú quieres que valga la pena, ¿no es así? Quedarse aquí en las escaleras no va a ayudar mucho- dije.

James descendió otro escalón. Todavía quedaban cuatro. Por suerte él no había llegado a la cima de la escalera. Soy persuasiva, pero creo que no tendría motivos suficientes.

-Dijiste que no debería irme ya, antes de la medianoche; pero el que está escapando eres tú.-dije riéndome- Y sólo son las doce menos veinte.

Soltó una carcajada y bajó otros tres escalones de una zancada. Enmarcó una ceja como quien dice "¿Y ahora?". Me mordí los labios otra vez y suspiré. Estaba todavía a un escalón del baile de mis sueños.

-Emm… Yo me vestí de Cenicienta para ti.-dije mirando mis hermosos zapatos aplastadores de dedos.

Bajó el último escalón y se paró delante de mí, levantando mi rostro con su mano caliente.

-Y esta es la Cenocienta más bonita que yo vi jamás.- Abrí la boca para corregirle pero él se me adelantó riendo.- Cenicienta, ya lo sé. Fue tan sólo para relajar el ambiente.- y me tomó de la mano hasta la pista de baile.

La música tocó sus últimos acordes, siendo substituida por otra, con un ritmo leve. Sentí a James deslizar sus manos por mi cintura, y empujándome más cerca de él. Sonreí y coloqué las manos en su cuello, apoyando la cabeza en su hombro, aprovechando que era más alto que yo.

Él me acunaba levemente, tarareando la música al oído, dejándome temblando. Cerré los ojos y comencé a dejarme llevar por él, sin preocupación. La música nos conducía y parecía que estuviéramos nosotros dos y nadie más dentro del Gran Comedor. Mis pies palpitaban por causa de esos zapatitos asesinos y mi barriga rugía del hambre, pero yo ya no estaba ahí.

Me dijeron que cuando me comenzase a gustar alguien sería como en un cuento de hadas- Dijo James aún en mi olvido.- Pero nunca imaginé que fuese así.

Sentí mi corazón en el pecho y después volver a palpitar con una fuerza total. Mis mejillas se tiñeron de rojo y perdí varios pasos de baile, haciendo que pisase los pies de James. Si antes estaba colorada después de eso ya estaba completamente roja. Murmuré un "disculpa" sin mirarle a los ojos y después repitió la infalible técnica de "levantar el rostro de ella con los dedos, sujetándola por la barbilla" lo cual (si era posible a aquellas alturas del baile) me hizo sentir aún más avergonzada.

Sonrió para mí y después volvió a bailar como si nada hubiese ocurrido.

-Yo simplemente no sé cómo hacer que el amor de mi vida se dé cuenta de que estamos hechos el uno para el otro. – Continuó mientras todo daba vueltas a mi alrededor.- ¿Me puedes ayudar Lily?

Eso fue como un baño de agua fría para mí. Le dediqué una sonrisa de compromiso y él me acercó a su cuerpo, recolocando las manos en mi cintura.

-Ella es muy guapa. Pero desconfío en que no se haya fijado mí, porque es terrible hablar con ella. Aún lo es. Ella está siempre tan ocupada…

Cuanto más hablaba más me daban ganas de llorar. Ni siquiera sé cómo pude pensar en que la chica pudiera ser yo. Simplemente imposible. Una hija de muggles vestida de Cenicienta con un sangre pura que es de verdad un príncipe encantado, con todo el encanto de las gafas.

-Sus cabellos son relucientes como el fuego y cuando ella me toca siento un escalofrío en la espina dorsal.-dijo subiendo las manos hasta mi cuello haciendo que yo me estremeciese- Pero ella no ve que yo la quiero.- concluyo haciéndome girar una vez más. En ese momento mi cabeza también giraba, parando en el dormitorio de las chicas, de donde no debería haber salido.- ¿Porqué será Lily? ¿Por qué?

Me deshice de sus brazos, la música tocando los acordes finales, y le miré a esos profundos ojos castaños.

-Disculpa James. Pero no sé qué decir.-y me giré, corriendo para fuera del Gran Comedor.

Pasé rápido entre los estudiantes y tuve suerte de que una música más agitada había comenzado a tocar en ese momento, porque hizo retrasarse a James.

Comencé a descender la escalinata que me llevaba a los jardines y después al lago (donde realizaría mi deseo reprimido de suicidarme, ahogándome) parando para calzarme bien. A la tercera vez, desistí y tiré los zapatitos transparentes, tirándolos en las escaleras.

Ahora ya sabía porque Cenicienta había perdido uno de los zaparos y no había vuelto a por él. Correr sin ellos era mucho más fácil.

Irónicamente el reloj de Hogwarts repicó la última campanada de la medianoche en el instante en que yo me paré enfrente del lago y me arrodillé en el barro, con mi vestido azul alrededor del cuerpo.

Arranqué mi corona de la cabeza y la tiré al lago, donde flotó de una manera hipnótica por un minuto, el tiempo que me llevó escuchar una voz conocida gritar mi nombre mientras corría en mi dirección con un objeto brillante en las manos.

Bufé al reconocer a James y segundos después notar su presencia iluminada jugando en la arena a mi lado, suspirando (de cansancio, imagino yo).

-Ahora entiendo porque el príncipe perdió a su Cenicienta- dijo tumbándose y quitándose las gafas para pasarse la mano por la cara sudorosa.-Sin los zapatos se facilita la carrera, tú y ella deberíais ser corredoras de maratón- finalizó recolocándose las gafas, apoyándose en los codos y mirando para mí con curiosidad (y muy lindamente)- ¿Por qué escapaste?

-Tienes que buscar a tu princesa, ¿no, Potter?-dije consciente de mi tono grave, esquivado esa mano que buscaba la mía.

-¿Potter, Lily?- preguntó sentándose. Porqué Merlín, por qué harías a ese chico tan guapo perfecto. -¿Qué fue lo que hice?- Y astuto, también. ¿Por qué?

-Nada de más.-dije sintiendo arder mis ojos. Y si existe alguna cosa que odie, esa es llorar. Los ojos lacrimosos hacen que me sienta débil, más aún por un motivo estúpido como ese.- Solo me pediste ayuda para conquistar a la chica de tus sueños. Es Strass, ¿verdad? ¡La rubia oxigenada falsa y ridícula de Strass!

-¿Qué?- preguntó mirándome asustado. Si no fuera tan trágico sería casi cómico. Pero como mi vida no es cómica… -¿Quién dijo que Strass es mi princesa?

-Mira-dije sentándome sobre mis talones desnudos.-No quiero saber quién es tu princesa, reina, o lo que quieras que ella vaya a ser. Solo desaparece de mi vista y vete con ella.- Terminé mientras de mis ojos comenzaban a caer lagrimas que caían por mi rostro llevándose mi lápiz de ojos y manchando esa cara que Marlene tanto se había empeñado en convertir en porcelana.

-Tu frase es contradictoria.-dijo sin ni siquiera moverse.

-No hay nada contradictorio en "¡SAL DE MI VISTA Y VETE JUNTO A TU PRINCESITA, Potter!"- grité deshaciéndome el moño que tan bravamente había resistido, y era bastante, teniendo en cuenta que estaba casi arrancándome el pelo de la rabia.

-No puedo irme ahora a buscar a mi princesa, Lily.-dijo mirándome como si le hubiese sugerido que comiese cristal, o algo por el estilo, con una taza de cianuro como acompañamiento. Comencé a blasfemar contra du vida, su princesa, su boda con la princesa, los hijos sonrosados y regordetes que tendrían y contra todo que tuviera algo que ver con la maldita princesa.-No puedo porque mi princesa está justo delante de mí.

Paré de blasfemar al punto y miré para él. Sus ojos de color avellana brillaban y tenía una sonrisa pícara, que me hizo desear de todo menos estar en esa situación incómoda en la que me encontraba.

Cerré los ojos procurando mantener la calma y segundos después sentí sus labios sobre los míos. Inevitablemente sonreí feliz.

El contacto duró menos de 10 segundos, pero puedo asegurar, con un margen de error de 0,1 que fueron los mejores 10 segundos de mi vida hasta aquel momento. Y si te das cuenta de que llevaba esperando por esos diez segundos muchísimo tiempo, tal vez estimaba que el error viraba para un número negativo.

Abrí los ojos y me reí de la cara que tenía James, que no se parecía ni de lejos, a la sonrisa pícara que tenía antes de los (mejores) diez segundos atrás.

-Ya no estás enfadada, ¿verdad?- preguntó alejándose disimuladamente.

-No, no lo estoy, James.

Él se relajó visiblemente cuando escuchó su nombre y se acercó otra vez.

-Entonces, ¿confías en mí?

-Sí.-Dije despeinándole (no es que necesitase mi ayuda, pero, ¡es que tiene un cabello tan bonito!)

-Entonces, ¿quieres salir conmigo?- preguntó ansioso.

Fingí pensar por un tiempo y me reí ante la cara de miedo que puso.

-Claro que sí, mi príncipe.

Sonrió y me besó otra vez, y esta vez fue mucho más que un simple roce de labios. Terminó el beso y me abrazó con fuerza.

-Ahora que aceptaste ser mi Cenicienta y que vamos a vivir felices para siempre, tengo que ponerte los zapatitos, ¿no?-preguntó enseñándome los zaparos que había dejado en la escalera.

Los cogí con las manos y los arrojé al lago sin ninguna ceremonia. Él se quedó mirándome como si estuviese completamente loca, algo que dudo. Que lo sea, quiero decir.

-¿Qué pasó?-pregunté ante su cara perpleja.-Odio los zapatos de tacón.

-¿Y cómo vamos a hacer para sellar nuestra unión?-preguntó de espaldas a mí, mientras intentaba pescar los zapatos que flotaban en la orilla del río.

Lo empujé hacia mí, riéndome de su intento fallido de rescatar los zapatos, y felicitándome por dentro porque mi verdadera voluntad era empujarle al lago con ropa y todo.

-¿No se te ocurre nada?

Me sonrío y me besó.

Después de todo lo que pasé, creo que los cuentos de hada son bastantes idiotas- Y ese no fue un cuento de hadas. Es más un cuento de brujas, donde el castillo es real, la Cenocienta odia los zapatitos de cristal y el príncipe es miope y acaba alcanzando a la corredora de maratón.

Para mí no hay nada mejor: Es MI cuento de brujas.

FIN