TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 3: El fantasma de una sonrisa
John
Ver a Bobby afeitado, con el cabello perfectamente engominado y el impecable traje de poliéster casi le da un ataque de risa. Se contuvo a duras penas, la morgue del Instituto de Análisis de Amenazas Biológicas de Alta California no era el sitio más adecuado para reírse de su colega.
- Agente Hawkes – le saludó su amigo inclinando la cabeza – le estaba esperando ¿ha tenido un buen viaje desde Washington?
- Largo agente Rogers. ¿Algún indicio de ataque biológico?
- El doctor nos espera con el cadáver – ambos se habían metido ya en su papel, el forense les saludó al otro lado del cristal de aislamiento conectando el altavoz – Es mi compañero el agente Brady Rogers, el doctor Ramírez, jefe de epidemiología
- Encantado señor Rogers, ¿prosigo agente Hawkes? – la voz sonó un poco distorsionada por la mascarilla y el altavoz
- Si, por favor – sugirió Bobby – me comentaba que la única anomalía del cuerpo es su solidificación ¿no?, ¿La causa de la muerte?
- La sangre se ha solidificado, perdiendo por completo su fluidez natural y adquiriendo una dureza pétrea, así como cada tejido de su cuerpo, cabello, uñas, la composición química es la misma como ya le he comentado, lo que cambia es el estado de la materia – comentó el científico girando el cuerpo con ayuda de la camilla debido a su rigidez – los intentos de extraer sangre o tejidos por los métodos usuales han sido inefectivos por lo que nos hemos visto obligados a seccionar un par de dedos y laminarlos con una sierra para roca. La resonancia magnética indica que todo el interior del cuerpo está solidificado de la misma manera. Agentes, este hombre está muerto porque su corazón no late, su cerebro carece de actividad eléctrica y no respira pero no sabemos cómo ha llegado a este estado, no tiene ninguna señal de inoculación, ningún golpe y ninguna picadura.
- Pero eso es imposible – murmuró John - ¿no lo han descongelado para examinarlo?
- ¿Ha dicho que se llama Rogers, agente? Como le dije a su compañero cuando entró, el sujeto no está congelado, aunque le parezca un término de ciencia ficción, este hombre está petrificado.
- ¿Perdón?
- La estructura molecular de sus células se ha, como lo diría "mineralizado"
Las víctimas que aún vivían estaban ingresadas en un hospital de San José. John se quedó mirando a ambos hombres, alrededor de los treinta como el cadáver petrificado, de clase media baja, y origen anglosajón. Estaban conectados a respiración artificial y sus constantes y actividad cerebral estaba controlada por sendos monitores. Nadie había reclamado los cuerpos y aún no sabían sus nombres.
- Parecen tipos normales Bobby – murmuró – como tú y yo
- Esos son los peores amigo – se acercó a uno de los monitores y murmuró – espero que no estén conscientes dentro de esa cáscara
Ambos monitores comenzaron a dar lecturas irregulares, la actividad cerebral aumentó y el corazón de ambos latió más acelerado. Los cazadores cruzaron una mirada de comprensión, aquellos hombres estaban conscientes y atrapados dentro de un cuerpo paralizado.
Sam
El primer día de clase con sus nuevos compañeros fue un asco, como todos los primeros días de clase de toda su trayectoria de primeros días de clase. Quizás un poco más porque Dean seguía sin hablarle desde la tarde anterior.
Llegó a la cabaña, él había comido en el instituto (asquerosa comida de instituto como todas las comidas de instituto) y Dean no había comido, estaba sentado en el único sillón y leía uno de sus libros de texto.
- ¿Por qué no tienes literatura? – le dirigió por fin la palabra como si jamás hubieran discutido
- Sí que tengo
- Ah, tenías clase hoy – murmuró dejando el manual de historia en el armario que le había acondicionado como escritorio asegurando una balda a la altura de las dos puertas abiertas.
- ¿Has comido? – preguntó Sam colocando sus libros en su improvisada área de estudio.
- No tenía hambre
Hay dos frases que si salen de la boca de Dean Winchester puedes estar seguro de que está jodido: "Estoy perfectamente" y "No tengo hambre" y cuando has pasado toda tu vida con él aprendes a prestarles atención automáticamente en cuanto las pronuncia porque si no lo haces se puede organizar una catástrofe de proporciones irreparables.
- No tienes fiebre – el más joven puso una mano en la frente y otra en el cuello de Dean – y el pulso es firme
- Y tú no eres médico así que deja de sobarme – se rió su hermano – estoy perfectamente, sólo que no tengo hambre
- ¿Qué ocurre? – exigió, empezando a asustarse de verdad.
- Nada
- Dean… - se sentó frente a él y le miró a los ojos, tragó saliva, si hubiera seguido enfadado y no le hubiera hablado lo atribuiría a su enfado, la herida estaba bien, no tenía fiebre… tenía que haber algo más que no quería decirle – sé que te pasa algo, por favor
- No es nada
- ¿Es papá? – el pecoso se mordió los labios y evitó su mirada, el corazón le dio un vuelco en el pecho – ¿le ha ocurrido algo?
- No es papá Sam, estoy cansado ¿vale? Y aburrido… ¿y si vamos al cine? Creo que ponen la nueva de Bruce Willis – el chico se tranquilizó un poco, quizás solo se tratara de eso, tenía que buscarle algo que hacer o su hermano empezaría a buscarse problemas como hacía siempre.
- Vamos a hacer un trato, come algo y descansa mientras voy a la biblioteca y busco material para el trabajo de estadística y cuando vuelva vamos a la sesión de las siete – propuso el chico – si me voy ahora para las seis estoy de vuelta.
- Tenemos que conseguir un televisor como sea – sonrió el mayor – OK, no me dejes tirado.
Había olvidado los malos rollos de esa mañana con un grupo de compañeros de su clase, y esta vez la señora Grimes incluso le sonrió cuando le mostró su carnet de estudiante. Apenas tardó unos minutos en localizar todas las fuentes que necesitaba y en una hora el trabajo estaba hecho a falta de pasarlo a limpio, pero eso ya podía hacerlo en la cabaña.
- ¿Tienes prisa Sam? – Rachel y un par de amigas se unieron con él en la puerta – vamos a la cafetería a tomarnos un batido, ¿te apetece?
- El chico miró la hora, aún no eran las cinco de la tarde, hasta las seis y media tenía tiempo, ¿por qué no? Lo cierto era que había comido poco, tenía hambre.
- Un rato, tengo algo que hacer a las seis – aceptó
- Esta es Nicky y esta es Katie – le presentó a sus amigas, rubias ambas, una de cabello corto y más bajita y otra alta, casi tanto como Sam – Chicas este es Sam
Se lo pasó muy bien con ellas, hablaron del colegio, de los otros compañeros, de Fairmont, de los profesores. Lo pusieron al día de todos los cotilleos y chismes que corrían entre los pasillos del instituto. Eran muy simpáticas con él y lo trataban como si le conocieran de toda la vida, el muchacho estaba encantado.
Cuando terminó su merienda y Nicky le ofreció llevarle a su casa para pasar a limpio el trabajo de estadística y hacer los gráficos con su ordenador, el chico la acompañó de buena gana, se había olvidado por completo de su hermano.
Dean
Llevaba tres días sin ducharse, pero tendría que hacerlo si iba a ir al cine. Qué pereza. Se desnudó con dificultad y durante un momento estuvo tentado de quitarse el vendaje, pero él solo no sería capaz de colocarlo después así que con un poco de cinta americana y una bolsa de plástico lo cubrió para que no se mojara.
Le apetecía ver la película, no era ninguna "Die Hard" pero parecía divertida y estaba tan aburrido sin poder ir a ningún sitio, así no estaría tan pendiente del teléfono y de porqué su padre no había llamado aún.
Trataba de convencerse a sí mismo de que no había problema, John solía olvidar llamar durante uno o dos días si coincidía con otros cazadores. Estaría enfrascado en su investigación, y Bobby le tendría metido entre libros buscando leyendas antiguas que encajaran con el caso. Sonrió, cuando su padre cazaba con Bobby no tenían que preocuparse por que les hiciera investigar a ellos.
Se secó y se vistió, debería buscar algún lavadero público, se estaban quedando sin ropa limpia. La ducha sirvió para despejarse un poco. Se hizo un sándwich y fue a coger el libro de literatura de Sam para hacer tiempo hasta que este volviera.
Junto al mismo había una antología de Ovidio, por la portada debió ser de la época de Troya y de los dioses del Olimpo. Como "La Odisea" le gustó cambió de idea y se sentó a leer lo que se suponía que era poesía épica de la Grecia clásica. "Esos griegos antiguos deberían complicarse menos a la hora de contar historias, y resumir un poco" Pensó absorbido por el pasaje del sacrificio de Afrodita y cómo Perseo petrifica al Kraken con la cabeza de Medusa.
Estaba oscureciendo, levantó la vista y gruñó en voz alta "Típico". Tenía un poco de hambre, se calentó un sobre de sopa pensativo. Apenas eran las siete y media, seguro que Sam estaría aún en la biblioteca concentrado en su trabajo de estadística y no recordaría que habían dicho de ir al cine. "Si no te hubieras duchado seguro que sí habría venido, eso te pasa por querer ahorrar tiempo"
Pero bueno, ya que se había duchado, puesto ropa limpia, ¿iba a quedarse un día más sin salir de la cabaña? Ya estaba bien, con no forzar el brazo… Cogió su chaqueta de piel, un poco de dinero y decidió que era hora de ver si había algo interesante en Fairmont.
_ Continuará
