Luego de decidirse por aquella maravilla de dormitorio hubo y rápido apretón de manos simbólico entre las chicas y los chicos, para luego seguir con el pequeño tour a la gran casa de tres pisos.

El cuarto que vieron después de ese en el segundo piso era el baño, al lado del improvisado gimnasio y diagonal a su nueva habitación. Tenía una gran ventana de vidrios ahumados que daba a la calle y una pequeña ventanilla a un costado para ventilación. También era de estilo occidental, excepto por los dos banquitos para enjabonarse de madera y el cubo para el agua.

—El tercer piso lamento decir que es privado —dijo Naruto muy solemne pero muy amablemente.

—¿Cómo que privado? —preguntó Sakura haciendo pucheros.

—Que no se va ahí sin la autorización de uno de nosotros —le aclaró Sasuke, sin pizca de la afabilidad que mostró su amigo.

—¿Pero por qué?

—Etto, Saku… deben tener buenas razones. Ahí están sus cuartos, ¿no?

—Hai. De momento está un poco desastroso, pero apenas se pueda se lo mostramos para que se sientan en su casa completamente —les sonrió el bishii.

—¿Son gays? Porque si es así, no se preocupen, Hina-chan y yo hemos visto de todo y si tienen sex-toys regados en el tercer piso nosotras…

—¡¿Pero qué mierda tienes en la cabeza, desviada pervertida?

—Umm, por el modo en que lo niegas, Sasuke-kun, pareciera que es verdad…

—Tienes razón, dobe, a esta yo me la…

—Ah, teme. Sólo ignórala y cállate.

Las chicas pusieron sus cosas en su nuevo cuarto, decidieron cómo organizarían sus cosas cuando todo estuviera listo, chillaron coros enteros emocionadas con todo lo que le pondrían a su nueva habitación, saltaron en la cama y obligaron a los chicos a saltar con ellas para celebrar (¿Sasuke también? sí, se sumó después de que le llegara un cojinazo por parte de Naruto), haciendo que los resortes del colchón salieran a relucir. Parecía que había que hacer algunas modificaciones.

—¡Jajajaja, sal de encima, Naruto-kun!

—Claro, si el teme me hace el favor…

—Hinata está sentada encima de mí…

—¡Hina-chan!

Camino a la cocina hablaron de que tendrían que cambiar el colchón. Corrieron la basura de encima de la mesa, sacaron unas cervezas y se pusieron a conversar de negocios.

—No está nada mal, podemos costearlo —concluyó Sakura luego que les dieran el costo de la renta.

—Perfecto. Cada pago mensual será por adelantado. No es necesario dar aviso adelantado en caso que se vayan a vivir a otra parte, pero si ya han pagado su renta no les daremos devoluciones —respondió Sasuke antes de darle otro sorbo a su Heineken.

—Está bien, siempre y cuando nos consigan un colchón nuevo… esta misma noche quisiéramos instalarnos, si no es problema.

—No, no es problema… a ver, ¿qué tal esto? Nos pagan ahora y de ese mismo dinero sacamos para comprar el colchón que necesitan, ¿vale? —propuso Naruto—. Aunque, claro, les tendremos que hacer un pequeño descuento por este mes, ya estamos a 3.

—Les pagaremos apenas consigamos un cajero automático. Después de comer algo podríamos ir de compras, ¿no te parece, Hina-chan?

—Lo siento, Sakura-chan, esta tarde no puedo.

—¿Pero por…? Ah, claro, tienes razón —le sonrió comprensivamente, cambiando en seguida el tema—. No hemos discutido las comidas diarias, ¿cómo se arregla esa parte?

Naruto y Sasuke se miraron circunspectos.

—Ahh…

—Pues…

Balbucearon al mismo tiempo. Ellos se las arreglaban saliendo a comer fuera todos los días, a veces acompañados, a veces por su cuenta, a veces sólo recalentaban la pizza del día anterior en el microondas. Entre hombres era una cosa, pero con mujeres era un asunto diferente.

—Sou ka —comprendió Sakura en una media sonrisa, mientras Hinata soltaba una risilla que decía que también había entendido.

—¿Qué tal esto?: Sakura-chan y yo nos turnamos para hacer las comidas con la ayuda de uno de ustedes que nos asista. Al menos la primera semana eso tendría que funcionar.

—¿Y para qué uno de nosotros? —preguntó Naruto haciéndole horrores a la idea de cocinar para cuatro personas todos los días.

—Pues en caso que haya que salir a comprar algo nos podrían acompañar a las tiendas cercanas, ni yo ni Sakura-chan conocemos este vecindario. O también para ordenar la cocina: uno lava y el otro seca… acá no hay ningún matrimonio y los cuatro vamos a comer por igual, me parece justo.

—¡A mi también! ¡Qué buena idea, Hina-chan! —hasta aplaudía por la alegría, además se daba cuenta de que la habitual timidez de Hinata se iba disipando.

Los hombres de la casa se volvieron a mirar circunspectos. Claro, ahí no había ningún matrimonio, pero las mujeres ya se estaban haciendo del poder de las decisiones domésticas y no había pasado ni una hora de su estancia.

—Pues ni modo… —sonrió el rubio, sometido.

—¿Tienen horarios para comer, para dormir, para trabajar? —la sed de información de Sakura era insaciable, no quería dejar cabos sueltos.

—Pues la verdad es que no, jejeje… —porque la vida de ambos es un lío inexplicable... ¿A que sí, teme?— ¿y ustedes?

—Tenemos un horario bastante flexible. Podemos estar de vagas todo el día o salir en la madrugada y regresar pasada medianoche después de una sesión de fotos en una playa a tres horas de distancia —comentó Sakura, recordando aquella sesión infernal para la última colección de una importante línea de trajes de baño, pensando en que ahora deberían darle a la agencia su nueva dirección en caso de que la van tuviera que ir a buscarlas por algún trabajo similar—. Además la mayoría de los sábados trabajamos extra de freelance.

—¿Freelance? ¿Eso no va en contra del contrato con su agencia? —preguntó Sasuke.

—No son trabajos como los de la agencia, aunque lo hablamos con ellos antes para evitar malentendidos. Un amigo tiene un taller de dibujo y nosotras le servimos de referencia. Es un dinero extra que nunca está de más.

—Genial, ¿tienen algunos que nos puedan mostrar? —preguntó el rubio, entusiasmado.

—Umm… no estoy segura de si traigo alguno en mi portafolio… —meditó Sakura.

—Dibujos de ustedes… ¿desnudas? —preguntó Sasuke alzando una ceja y robándole un ligero sonrojo a ambas muchachas.

—Pues… sí.

—Entonces olvídenlo. Tenemos muchos amigos hormonales que se la viven viniendo a esta casa. No vuelvan a sacar ese tema jamás si no quieren ganarse problemas con babosos indeseables acosándolas en su nueva casa —les aconsejó volteando hacia una ventana y bebiendo otro sorbo de cerveza—. ¿Quién cocinará hoy?

—Esto… ¿Hina-chan?

—¿A la suerte? La que pierda cocina —Sakura asintió con la cabeza.

—¡Piedra, papel o tijera! —exclamaron ambas al mismo tiempo. Sakura resultó la ganadora con su mano extendida.

—Entonces yo. Menos mal… —suspiró la de ojos grises.

—¿Qué quieres decir, Hinata? —un aura oscura emanaba de Sakura, amenazante.

—¿Neeeee? Etto… que así no tendré que limpiar la cocina mientras voy a comprar, jeje —su respuesta no convencía a nadie, terminó por convencerla dándole un repentino beso en la mejilla—. Ahora voy a ver qué tenemos para el menú, permiso. —Sólo espero que en el refrigerador haya algún comestible que no sea cerveza y pudín fuera de la fecha de vencimiento.

—Te acompaño —la siguió Naruto. Se perdieron tras la cortina de abalorios, no se alcanzaban a ver por sobre el mini bar desde la tradicional y baja mesa japonesa.

Sakura y Sasuke se quedaron frente a frente. Él le dio un último sorbo a la lata antes de improvisar algo de charla… sin muchas ganas.

—Y… ¿cuántos años tienes? —se le adelantó ella.

—Veinte —le respondió luego de tragar apresurado—. ¿Y tú?

—Dieciocho.

—¿Ya terminaste la escuela?

—Hai… ¿y tú qué haces?, ¿es verdad que sólo viven de rentas? Digo, algo más tiene que ocupar su tiempo…

—Hm. Bueno, todo ese desorden que ves allá… —le indicó los instrumentos al otro lado de la sala— es de nuestra banda. Hace como un año que regresamos de Alemania, juntamos algunos conocidos y formamos un grupo. Ahora estamos organizándonos para grabar algo y probar suerte en el mercado.

—¿De verdad?

—Hmm —asintió pestañeando, mientras volvía a dar otro sorbo.

—¿Y qué hacían en Alemania?

—Naruto tiene un problema de herencia, quiso ir a arreglarlo personalmente y yo me ofrecí para acompañarlo. Estuvimos allá como… no lo sé, creo que año y medio.

—¿Tanto tiempo?

—Se presentaron otros asuntos estando ahí.

Sakura se quedó pensando. Recordó la cara de Naruto al mencionar a la persona retratada en el cuadro del segundo piso, y la urgencia de Sasuke por cambiar de tema al mencionarla.

—Una herencia… entonces la madre de Naruto…

—Hai. Su madre y su padre, igual que los míos. Es gracioso porque es así que nos conocimos —le dijo con toda naturalidad. Al ver que la joven se quedaba perpleja continuó hablando—. No pasa nada, pasó hace mucho tiempo. Pasó que coincidimos con el mismo loquero al que nos mandaban para "hablar de nuestro trauma" y similares estupideces.

—No jodas…

—Todos los martes y viernes nos topábamos en la sala de espera, yo iba entrando y él iba saliendo, luego de un par de semanas él comenzó a saludarme, y con el tiempo comenzamos a hablar. Un día el doctor no asistió y no le avisaron a mi hermano, quien era mi custodio legal en esos días, así que al llegar me encontré con Naruto y nos escapamos el resto del día dando vueltas por el centro. ¿Verdad, dobe? —le gritó a Naruto a través de la ventana del mini-bar.

—¿Qué cosa?

—Que nos conocimos en el psiquiatra.

—¡Jajaja, sí, es verdad!

—El asunto es que somos amigos desde entonces —terminó de confesarle a la joven frente a él dejando la lata sobre la mesa.

° O °

¿Qué haces acá? ¿Por qué no estás en la consulta?

El doc no vino, me quedé esperando por si venías.

¿Y por qué hiciste eso?

Jejeje, no sé tú, pero a mí ese tipo me deprime. Tengo algunas fichas, ¿vamos a jugar?

° O °

—¿De qué están hablando? —preguntó Hinata mientras recogía en una bolsa todos los congelados incomibles del refrigerador.

Naruto le contó la misma historia a la joven al tiempo que ponía algunas latas de conserva sobre el mesón de la cocina.

—Así que Alemania. Bueno, con Sakura hicimos algo parecido, pero por mucho menos tiempo.

—¿Ah, sí?

—Hai, nos escapamos dos meses a China. El año pasado le fue muy mal a Sakura-chan, ella quería entrar a la universidad, su sueño era estudiar Medicina…

—¿Y qué pasó?

—Un percance… no me corresponde hablar de eso —sacudió ligeramente la cabeza para sacarse los malos recuerdos y cambió el tono de voz por otro más relajado—. Quedó muy afectada, lo peor es que eso repercutió en los resultados de sus exámenes de admisión. Su madre nunca se enteró de la verdadera razón de su fracaso, pensó que era negligencia y falta de estudio, pero yo sé que ella dio su mejor esfuerzo. Sakura no le perdonó su desconfianza, así que se fue de la casa antes de cumplir los dieciocho. Estuvo viviendo conmigo un tiempo, y como vi que su ánimo no cambiaba con nada la convencí y nos fuimos a China.

—Lo que hiciste es muy lindo —le sonrió. Ella lo miró de reojo y le sonrió tímidamente antes de volver a bajar la mirada a la bolsa de basura—. ¿Y tú por qué no estás en la universidad? ¿No te interesa seguir estudiando?

—No… a mí… me echaron de casa… —le dijo con una sonrisa de oreja a oreja y la garganta ahogada.

Naruto se puso estático con sus palabras. Dejó el par de latas que sostenía en el mesón y fue hasta ella.

—Hina-chan… yo… lo siento, no sabía… —ella por toda respuesta sólo le negaba con la cabeza y continuaba sonriendo, pero la primera lágrima ya había comenzado a caer. Detuvo también su faena, hincada frente al refrigerador, deseando no ser consolada para no ser tentada a llorar con todas las ganas que se había aguantado desde que su padre le abriera la puerta de su hogar irremediablemente.

Naruto suspiró y la tomó en brazos. No le dijo nada, sólo se la llevó de ahí. Al pasar por la sala se puso en su papel de bufón, ese al que acudía cada vez que quería ocultar algo, se apresuró y se preocupó de que no le vieran el rostro a Hinata, quien se sentía confundida y conmovida por ser resguardada de esa manera.

—Naruto-kun, ¿qué le pasó a Hinata?

—¡Es terrible, se cortó el dedo! —le dijo a la preocupada peli-rosada mientras corría a la escalera— ¡Si no llego al botiquín luego va a desangrarse!

—¡¿Na… nani?

—Estúpido dobe… —bufó Sasuke cuando ya se había ido— no sé cuál es su afán de siempre hacer tanto escándalo.

Subió la escalera con la muchacha en brazos, no se le hizo difícil por lo ligera que era. Llegó así mismo hasta el tercer piso, Hinata recordó la restricción de ir ahí así que cerró los ojos hasta sentirse sentada sobre lo que supuso que era una cama. Seguía lagrimando un poco, aunque con el escándalo de recién se le había pasado en algo la pena.

—Si te dejaba ahí ibas a seguir llorando y los otros se darían cuenta; si te abrazaba llorarías con más ganas; si intentaba sacarte de ahí para que fueras al baño también habría sido obvio que estabas llorando, así que… pensé que lo mejor era disfrazar el momento. Puedes abrir los ojos, no te preocupes.

Lentamente abrió sus luceros plateados, buscando con la mirada el rostro del rubio.

—Arigatou… —le susurró.

—¿No te parece molesto llorar en público?

—Hai.

—Vas a tener que retocarte la cara, las lágrimas hicieron lo suyo. ¿Estás mejor, quieres hablar de eso?

Ella volvió a bajar la mirada. Otra vez la atacaron las ganas de llorar. Él ahora se sintió en libertad de abrazarla mientras que ella sollozaba.

—Está bien. De verdad lo siento mucho.

—No… yo lo siento… —le dijo alejándose de él— no quiero importunarte con mis problemas

—Nada de eso —le pasó el dedo por su mejilla—. Aunque admito que me haría sentir mejor que te descargaras, no es bueno guardarse las penas. No tiene que ser conmigo, si quieres llamo a Sakura-chan para que…

—No —le interrumpió. Suspiró pesadamente, dio un vistazo al lugar en el que estaba: un cuarto como del tamaño de su nueva habitación, estaba oscuro por las cortinas que estaban cerradas. En un rincón había un escritorio con una laptop, un tazón sucio y una libreta abierta en la que habría estado escribiendo algo. Junto a él reposaba una guitarra eléctrica y un pequeño amplificador. La cama matrimonial en la que estaba sentada tenía un único velador y frente a esta tenía un gran espejo en el que se veía a ella misma reflejada tras la espalda de Naruto, quien estaba arrodillado frente a ella.

—Espera, voy por un pañuelo —le dijo él al ver la cara de sorpresa por ver su imagen con el rímel bañando su cara— Ahh… ¿dónde los dejé…?

Ella se quedó sentada viendo cómo él buscaba la caja con toallitas de papel. Observó su cuerpo, su cabello, sus manos, sus movimientos, su tono de voz, el olor que inundaba el cuarto. Neji se equivocaba, el dueño de casa era en realidad una buena persona, no tenía nada que ver con el malnacido de Sasori. Cuando volvió hasta donde estaba ella le limpió la cara él mismo, tirando los pañuelitos después en cualquier parte.

—Soy todo oídos —dijo sonriendo, ella lo imitó.

—Luego de que el ánimo de Sakura-chan decayera se le hizo difícil mantener sus trabajos. Se conseguía un empleo y al poco tiempo la despedían. Hasta que le sugerí asistir a una audición para la agencia en la que trabajamos ahora. Le fue bien, se notaba que realmente le gustaba. Entonces Sai, un amigo muy talentoso, nos pidió que posáramos juntas en una sesión para una campaña de maquillaje que dirigía un conocido suyo. Ella lejos de ponerse celosa o sentirse amenazada me apoyó para seguir modelando, estaba contenta de que nos dedicáramos a lo mismo.

—No me sorprende que terminaras haciendo lo mismo, eres muy bonita.

Ella negó con la cabeza.

—Comparada con Sakura… ella sí que es hermosa. Tiene todo lo necesario para ser modelo: el cuerpo, la cara, la actitud, el talento… yo soy muy tímida, no soy como las modelos europeas, tengo demasiadas curvas… soy demasiado… voluptuosa —notó que él iba a reclamarle por sus palabras, así que siguió hablando—. ¿Recuerdas ese segundo trabajo que tenemos que mencionó Sakura-chan? Sai es quien nos contrata. Recuerdo cuando llegó pidiéndonos que posáramos para un proyecto… era para una exposición en la que participarían varios fotógrafos y dibujantes de vanguardia. Nos necesitaba para unos retratos en carboncillo y unas fotografías en blanco y negro… —suspiró despacio y corto— desnudas.

Se calló un momento. Se mordió el labio.

—¿Y…?

—Mi papá es alguien de dinero, de posición social, de poder. La exposición fue un evento relativamente importante, era un evento de caridad así que hubo mucha concurrencia; mi padre entre ellos. Aún recuerdo la rabia con que me miró al volver a casa ese día, luego de darme un sermón de lo vergonzoso que había sido haber visto a su propia hija posar como una mujerzuela y vista por tanta gente de sus círculos sociales me dio una bofetada y me corrió de su casa. Apenas me dio tiempo para recoger algunas cosas antes de salir a medianoche junto con Sakura, quien en ese tiempo se estaba quedando conmigo —su voz se oía clara, pero seguían saliendo lágrimas de sus ojos.

—¿Sólo por unas fotos?

—No fue eso solamente. Desde hace algunos años que él pareciera haber perdido cualquier dejo de cariño por mí, el convertirme en modelo sólo fue una excusa para sacarme de su vida definitivamente. No sé qué hice tan mal para que llegara a odiarme.

En todo el relato ella no mencionó a su madre ni una sola vez, así que Naruto temió preguntar por ella. La abrazó otra vez, esperó que volviera a llorar pero no fue así. Al sentir que ella ponía sus brazos en su espalda comenzó a sentir que la tenía muy cerca… demasiado cerca. En sus brazos tenía a esta chica, que era preciosa, lo suficientemente vulnerable como para volverla la más tentadora del planeta. Rompió el abrazo antes de que fuera tarde.

—Gracias por confiar en mí —le dijo como si ningún impulso pecaminoso se hubiera instalado en su conciencia pensando en ella.

—Gracias por hacer que confíe en ti —le respondió como si no estuviera siendo afectada por los mismos impulsos, sin poder mirarlo a los ojos.

Entonces el error vino. A él le causaba ternura que ella fuera tan inhibida, deslizó su índice desde el lóbulo hasta el mentón de Hinata, causando que ella lo mirara. No era su intención encontrarse con esos ojos, que le confesaban ser muy, muy heterosexuales.

Küss mich… Ich erwarte dich.

Naruto se acercó a su boca. Sus manos se dirigieron solas hasta su cintura, sosteniéndola con firmeza. Ella lo recibió lentamente, con una inocente torpeza, enlazando sus brazos alrededor de su cuello. Dos nubes rosáceas colorearon sus mejillas. Él sintió la boca de la joven chocar contra la suya suavemente, no pudo aguantar mucho antes de morder su labio y luego buscar la lengua de Hinata con la suya propia. Le sacó el abrigo y acarició sus suaves brazos.

Ella está prohibida, lo prometiste.

La empujó con su propio cuerpo hasta recostarla, separándose de su boca sólo para acomodarla más adentro de la cama. La tomó de sus muñecas sosteniéndolas a ambos costados de su cabeza, Hinata intentó en vano liberarse, dejó que él tomara el control. Cerró los ojos. Él estaba sobre ella, besando su cuello, sus hombros, su pecho. Rozó su sexo con el de ella a propósito, robándole el gemido que tanto quería escuchar de ella.

Ich verlier mich tief in dir sein.

Soltó sus muñecas. Ella agarró el polerón por la solapa, se lo quitó y lo lanzó lejos. Sus suaves y pálidas manos las dejó subir a través de sus brazos mientras que él llevaba su grandes y fuertes manos a las femeninas caderas, apretándolas entre sus palmas con ganas antes de viajar hasta su cintura, arrastrando la fina camisola floreada hasta revelar su tierno vientre juvenil… invitación a hundir su boca en aquel bonito sitio. Ella recibió los besos sobre sus costillas con una mezcla entre risa y estertor, y luego los besos cerca de su ombligo con un ahogado quejido. Él no pudo sino regresar a sus labios, pero ella se le escapó yendo directamente a su cuello. Ahora el que gemía era él, roncamente. Ella sonrió halagada al saber que había adivinado bien, pero su confianza se derrumbó al notar que él volvía a tomar su camisola para comenzar a quitársela.

¡Lo prometiste!

El celular de Naruto sonó dentro de su pantalón. Ambos se miraron como si salieran de un profundo hechizo, Hinata volvía a evitar esos ojos azules, Naruto se aclaró la garganta y se salió de encima de ella para sentarse al borde de la cama.

¿Qué mierda hice?

—¿Mm… moshi-moshi?

Dobe, ¿qué están haciendo? Tenemos hambre.

—Claro… gomen, es que nos entretuvimos conversando…

Pueden conversar mientras van a comprar los ingredientes para cocinar, apúrense y bajen de una buena vez.

—Hai, hai… ya vamos.

Cortó la llamada y se quedó con el aparato en una mano, mientras que con la otra se sostenía la cabeza. No se volteó a mirar a Hinata, sólo se fue a buscar su ropa, se vistió y buscó algo en un cajón. Fue hasta ella, le tomó la mano y le puso una bandita adhesiva en uno de sus dedos.

—Ahí está, el crimen perfecto —le dijo tratando de hacerla sonreír. No dio resultado—. Escucha, lo siento mucho, no debí haberme aprovechado…

—No soy una niña, no hice nada que no quisiera —se fue al otro lado de la cama para ponerse de pie y acomodarse la ropa, agachando la mirada y esforzándose horrores por hablar fuerte y claro. Luego se ganó frente al espejo, aún se notaba que había estado llorando— ¿Me prestas el baño?

—Claro… es por acá.

Salieron del cuarto, la joven tomó su abrigo y siguió al rubio, pensando solamente en lo que hubiera pasado de no haber sido interrumpidos. Por el tono que había usado para disculparse ya sabía que él no tendría intenciones de repetirlo. ¿Por qué lo había hecho? ¿Acaso tan devastada se encontraba que no podía evitar echársele encima al primer tipo que le ofrecía el hombro? Cerró los ojos, intentando alejar la vergüenza, pero ésta regresaba como si fuera una fotografía en la que él quedaba inmortalizado mientras besaba su vientre y se aferraba territorialmente a su cintura.

Al abrir los ojos se fijó en que el tercer piso era más pequeño que el segundo, estaba el mismo espacio común frente a la escalera pero no había ningún pasillo; la misma sala daba a dos puertas a cada lado de ésta. Había dos altares funerarios, uno haciéndole honores a una mujer y un hombre, ambos japoneses; Supuso que eran familiares de Sasuke. El otro a la misma mujer del retrato del segundo piso y un hombre muy parecido a Naruto. No había ningún desastre, todo estaba bien ordenado. La única razón para no dejar que subieran ahí parecía ser evitar que vieran los altares.

Naruto abrió la puerta contigua a la de su habitación y le indicó a Hinata que pasara. Él se quedó esperándola afuera, escuchando como ella se lavaba la cara, mirando de reojo cómo se corregía los restos de maquillaje corrido con papel sanitario. Se desgarraba por dentro al pensar lo que podrían estar haciendo en ese momento de no haber sido interrumpidos. Dio un paso atrás para poder ver mejor su figura curvilínea, sus caderas, su cintura, su largo cabello oscuro, sus prominentes pechos, su piel cremosa. Cuando ella salió del baño su cara había perdido casi todo su maquillaje, se veía más linda que antes.

—Ok, vamos —dijo Hinata. No podía mirarlo a la cara, su voz carecía de potencia, caminaba con la cabeza gacha—. Quiero pasar al cuarto a buscar un sweater, si quieres me esperas en la cocina.

—De acuerdo. Y, Hina-chan…

—Lo sé, ni Sasuke ni Sakura deben enterarse. No volverá a repetirse.


NEHEZ-UCHIHAyup, si me preguntan a mì, dirìa que el plan de neji era bastante bueno (aunque medio desviado).

ETOLPLOW-KUNmuchas gracias, espero que te guste el capi 3

Anna Walkerya la cosa comienza a tomar forma de a poco, en algunos capítulos màs comienzan a aparecer los otros personajes. espero que te guste lo que sigue de trama. saludos!