Capitulo tercero.

Abrió sus ojos cuando el sol comenzó a golpearle en el rostro. Esto significaba que pronto comenzaría una nueva jornada llena de tareas que lo obligarían a ocupar su mente y no pensar en ella. Se dio vuelta nuevamente en su cama y se odio a si mismo cuando su mente revolvió toda la situación.

Con su habitual urgencia de despabilarse, se levantó de su cama y se vistió sin mucho decoro. Salió del dormitorio para luego caminar por el largo y ancho corredor lleno de personajes conocidos y otros no tan conocidos. Bajó las escaleras que unían los tres pisos y salió por el hall hacia las caballerizas, bajo la mirada desconcertada de la ama de llaves.

Como ya era costumbre que el amo saliese a cabalgar temprano, el encargado del establo, el señor Smith, le dejaba pronto el caballo para cabalgar. Lo sacó del establo y lo montó. Luego de que el caballo asimilase el peso de su amo, comenzó a andar cuando sintió las riendas tirar. Aumentó la velocidad del caballo hasta llegar al máximo. Para él era la mayor forma de liberar las tensiones y la ansiedad.

Había pensado en ella desde que la vio en Netterfield. La señorita Bennet le dio interés por su pasión y su descaro para con él. No le importaba si fuese atrevida y grosera, porque su carácter la diferenciaba del resto. Su carácter y energía falta lo atravesaron derribando todas las defensas con las objeciones del caso.

Su interés fue creciendo a medida que fue reconociendo sus verdaderos desaires a su persona y su extrema bondad para sus prójimos. Luego descubrió su inteligencia y como no temía dar a saber su opinión sin importar las consecuencias. Recordaba aquella particular frase que le dijo en aquél primer baile que comenzó por desarmarlo.

- Pensé que la poesía era la comida del amor.

- De un amor profundo, quizás. Pero si es una vaga inclinación, no servirá.

- ¿Y qué recomienda para fomentar al amor?- preguntó él, sin percatarse de interés que ya tenía por ella.

- Bailar- y se sonrió con delicada sorna-. Aunque su pareja sea apenas tolerable.

Ver que realmente no se impresionaba o intimidaba ante su presencia, lo hacia estar más inclinado a ella. Llegó a estar tan enfocado en la señorita que casi va en busca de Wickham para batirlo a duelo cuando supo de la estima que le tenía. Se sentía celoso de su cariño que él quería para su persona.

No fue sino hasta ese entonces que se dio cuenta del peligro que corría. Tanto él como Bingley parecían haber caído en los hechizos de las hermanas Bennet y necesitaban romperlo con inmediatez. Ni bien pudo, empacó sus cosas y se alejó de Netherfield. Para su desgracia, el fantasma de Lizzie parecía perseguirlo, volviéndolo más desesperado.

Requirió de varias noches con distintas damas de compañía para eliminar la frustración. Pero esto solo logró disminuirla vehemente. No sería sino, hasta una mañana lluviosa, que daría cuenta que intentar sacar a la señorita Bennet de su mente era en vano.

Su mente volvió a estar junto a ella cuando leyó la carta de su tía, lady Catherine de Berg. Comenzó a leer sin mucho interés la tediosa narrativa de su tía que solo hablaba banalidades. Cuando leyó el nombre de Elizabeth y la palabra compromiso en la misma frase, se puso de pie abruptamente y comenzó a caminar de un lado al otro releyendo el párrafo que afirmaba nuevamente su compromiso con el señor Collins.

Se detuvo nuevamente al leer el nombre de aquel hombre quien le sonaba levemente conocido. Tuvo que hacer un esfuerzo para recordar quien era. Ah. Era aquél parroquiano muy allegado a su tía que se presentó con ridícula ceremonia en el baile que dio Bingley el pasado noviembre.

¿Ese era el señor que la señorita Lizzie había elegido para ser su esposo? ¿Qué estaba pensando cuando le dio el sí? Seguramente, ella no se encontraba enamorada de él. Inclusive había una gran posibilidad de que ni siquiera le agradase. Siempre pensó que de casarse, Lizzie lo haría con Wickham, pero jamás se le ocurrió pensar en Collins. ¡Hasta celos sentía del afortunado señor Collins!

Solo pudo encontrar una respuesta que rondaba a la necesidad que debía pasar su familia ante su inseguro futuro. ¡Estaba claro que ese era el problema! Pero eso no significaba que podía ser la única solución; el podía ser la solución. Fue en ese momento que se dio cuenta en lo mucho que amaba a la señorita en cuestión. Ya no tenía que negar cuanto la admiraba y deseaba. De ninguna manera permitiría que la mujer que lo había humillado y enamorado a la vez se casase con otro hombre que no fuese él.

Para su suerte, la señorita Bennet iba a transportarse desde Netterfield a Rosings con el fin de conocer a lady Catherine. Claro que su tía lo puso en un termino mucho más demandante: la razón por la cual la señorita Bennet visitaba Rosings era la de recibir la aceptación de Lady Catherine como esposa de Collins. Darcy no pudo evitar pensar, con un poco de sorna, cuan enojada estaría Lizzie ante tal descabellada solicitud. Sin duda debía ir a Rosings y ver a la señorita Lizzie y hacerla señora de Pemberley.¡No había manera que rechazase tal conveniente y benefactora propuesta!. Ordenó empacar su ropa y preparar el carruaje. Se vistió con su ropa de viaje y, para no perder el tiempo, se fue a caballo desde Pemberley a Rosings para llegar un día después de la llegada de la señorita Bennet.

Estaban tomando el té cuando Darcy apareció, sorprendiendo a todos. Dio un frío pero cortes saludo a su tía y prima. Un intento saludo indiferente a la señorita Bennet y un saludo con real indiferencia y una despreciable mirada al señor Collins. No pasaron cinco minutos luego de los correspondientes saludos que Collins ya estaba a su lado alabando su presencia. El no prestaba atención en absoluto porque prestaba toda su concentración en observar a Lizzie desde lejos. Por lo poco que la conocía, podía decir que la señorita estaba sumamente incómoda y hasta molesta de estar allí. ¡Era una suerte que la señorita Lucas estuviese allí!. Al menos, cuando hablaba con la señorita Lucas, podía observar a la habitual y cordial Lizzie. Pero bajo la atmósfera de Rosings, parecía hostil y triste.

A la hora de la cena, recibieron a otro huésped que sí era esperado: su primo, el coronel Fitzwilliam. Darcy desvió un poco su atención de Lizzie a su primo, a quien realmente se alegraba de ver. Pero esto duro poco ya que pronto el coronel hablaba anímicamente con la señorita Elizabeth. No pudo evitar en pensar que iba a matarlo sino se alejaba inmediatamente de la señorita. Evidentemente, Elizabeth se percató de la mirada penetrante con la que él la observaba. Pero en vez de cohibirse, la señorita sonrió con sorna y dijo:

- Coronel Fitzwilliam, podría decirme usted porque el señor Darcy me mira de esa manera?.

- Realmente, Darcy. ¿Qué haces allí, sentado, solo y observándonos de esa manera?.

Darcy abrió la boca para contestar algo, pero fue interrumpido por su tía.

- ¿ Qué está diciendo, FitzWilliam?. ¿De qué hablan?. ¿Qué le estás contando a la señorita Bennet?. Déjenme oírlo.

- Hablábamos de música, señora- dijo Darcy, un tanto exasperado. Su tía se explayó de lo tanto que le gustaba la música y le aconsejó a Lizzie que debía practicar mucho más para mejorar.

Cuando terminaron de tomar el café, le fue requerido a Lizzie que tocara. Ella se sentó de inmediato y comenzó a tocar. A su lado, se sentó el coronel FitzWilliam. Darcy, con su habitual cautela, se dirigió hacia el piano, y se colocó de modo que pudiese ver el rostro de la hermosa intérprete. Elizabeth notó lo que hacía, y a la primera pausa oportuna, le dedicó una amplia sonrisa, y le dijo:

-¿Pretende asustarme, señor Darcy, viniendo a escucharme con esa seriedad? Hay una especie de terquedad en mi, que no me permite que nadie me intimide. Por el contrario, mi valor crece cuando alguien intenta intimidarme.

- He tenido el placer suficiente de conocerla lo suficiente para saber que se complace a veces en sustentar opiniones que de hecho no son suyas.

- Tengo curiosidad de saber como se comporta mi primo con extraños- declaró su primo.

- Se lo diré. Pero prepárese para algo horrendo. La primera vez que lo conocí fue en un baile. ¿Y sabe lo que hizo este caballero? Pues no bailo más de cuatro piezas, inclusive cuando escaseaban los caballeros y había varias damas sentadas.

- En ese entonces, solo conocía a mi compañía...- intentó explicar Darcy. Para desgracia de Darcy, su primo y Lizzie parecieron haberse unido para atormentar el orgullo de Darcy.

- Reconozco que no tengo la habilidad que poseen otros de conversar fácilmente con personas que nunca han visto. No puedo hacerme a esas conversaciones y fingir que me intereso por sus cosas, como se acostumbra.

Como era de esperarse, Elizabeth supo responderle con inteligencia al comparar su falta de desempeño con la que tocaba el piano y su falta de relacionamiento con extraños.

- Debería de tomar el concepto de su tía y practicar.

Darcy sonrió y dijo:

- Tiene usted razón. Ha empleado usted el tiempo mucho mejor que yo.

Momentos después, Lizzie se disculpó para irse descansar. Darcy calculó que debía de estar cansada de la impertinencia de Lady Catherine. Eventualmente, todos se retiraron a descansar. No pudo dormir hasta muy entrada la noche. El rostro de Lizzie no salía de su cabeza. Ni sus palabras o su sonrisa. Y sus ojos...sus ojos que penetraban cualquier alma. Suspiró.

¿Cómo había llegado allí? ¿En qué momento le había dado tanta importancia a la existencia de dicha señorita? ¿Cuando comenzó a amarla? Eso ya no importaba. Ella estaba impregnada en su piel y en su alma. Su amor por ella hacía imposible la idea de olvidarla o dejar que se casase con otra persona. ¡No podía permitir eso! ¡Debía tenerla, debía ser suya!

¿Y que tal si le respondía una negativa? ¡Jamás!. Era una oferta demasiado buena como para rechazar. Cierto que dirían cosas horribles de esa unión. La familia de Lizzie y el compromiso roto daría mucho de que hablar. Pero no podía evitarlo: el la amaba. La necesitaba, la deseaba y la quería a su lado. ¡Aunque Inglaterra ardiese se casaría con Lizzie!.

Con esa decisión en la mente, salió a cabalgar a la luz del amanecer y volvió para desayunar cuando la mayoría de los huéspedes estaban todavía durmiendo. En la mesa, estaban solo dos personas: la señorita Lucas y su primo. Si bien estaba sumido en sus pensamientos, no pudo obviar el trato un tanto inadecuado que se tenían su primo con la señorita: hablaban y reían con la complicidad de quien se conoce desde hace mucho tiempo. Este comportamiento continuó aún camino a la iglesia. No había quien los entretuviese más de dos minutos para volver a hablar mutuamente.

Al menos, tenía algo en que pensar en la aburrida misa. ¿Cómo le diría a Lizzie su propuesta? Tenía que ser rápido ya que en dos días se irían de Rosings. La observó sentada a su costado, mientras mantenía una conversación a susurros con su primo. ¿Por qué no puede mantener esa cercanía con él?, se preguntó un tanto mortificado.

Observó un poco más la escena, para notar como el rostro de ella iba cambiando. De curiosa, pasó a estar sorprendida. Y de sorprendida, paso a estar enojada. Se aferró al banco delantero, intentando contener sus emociones, para luego ponerse de pie y salir corriendo hacia la puerta, bajo la mirada de todos los presentes.

Darcy tardó unos segundos en reaccionar. Cuando menos lo pensó, se fue corriendo detrás de Lizzie pero se detuvo un segundo para observar la cortina incesante de agua. La siguió con la vista hasta perderla en la bajada que hacía el camino. Entró a correr hasta la bajada y vio como Lizzie doblaba y cruzaba el puente de piedra que daba al Templo de Apolo. Con largos pasos, Darcy demoró muy poco tiempo en bordear el templo y encontrar a Elizabeth.

Se detuvo un segundo para observarla detalladamente: estaba recostada en una de las paredes, respirando con dificultad por el ejercicio y tenía las mejillas rosadas y el cabello todo revuelto. Se veía más apetecible y delicada que nunca. Su sosiego duró solo unos segundos hasta que notó su presencia y se sobresaltó.

- Señor Darcy…- dijo ella en un susurro.

- Señorita Elizabeth-, dijo mientras daba a un paso hacia ella. Era ahora o nunca.-He luchado en vano y ya no puedo dominarme más. Estos meses han sido un tormento. Vine a Rosings con el único objeto de verla a usted. He luchado contra mi buen juicio, contra mi familia, la inferioridad de su cuna, mi rango y muchas cosas más, pero estoy dispuesto a dejarlas a un lado y pedirle que acabe con mi agonía.

- No entiendo…

- La amo... con toda mi alma. Por favor, haga el honor de aceptar mi mano-. Ya está, lo había dicho. No había sido tan malo después de todo. Observó expectante a Lizzie, quien tenía una expresión indescifrable.

- Señor yo... aprecio todo lo que ha sufrido y lamento mucho causarle dolor, créame, no fue de forma consciente- respondió tímidamente.

- ¿Esa es su respuesta? - ¡¿Solo eso le iba a decir!?. ¿Acaso tiene idea de lo que le estaba proponiendo? ¿Todo lo que requería para casarse con ella? ¿Su nombre manchado? ¿Permeberly desacreditado? ¿COMO PUEDE SER QUE SE LE ESTUVIESE NEGANDO?

- Sí. Señor.

- ¿Usted... se burla de mí?- dijo, comenzando a temblar de ira.

- No.

-¿Está rechazándome?- ¿Acaso solo iba a hablar en monosílabos?

- Seguro los sentimientos que, según dice, han frenado sus intenciones le ayudarán a superarlo- y notó un deje de fastidio en su voz.

- ¿Puedo preguntar por qué, con tan poca civilidad, me rechaza así?- ya estaba más allá del fastidio. ¡Esto era absurdo! ¿Qué le había hecho él para recibir tal maltrato?

-¿Y puedo preguntar por qué, con tan evidente intención de insultarme, decidió decirme que yo le agrado en contra de su buen juicio?

- No, créame, no quise...- Tal vez tendría que haber sido un poco más caballeroso, pero no creyó necesitarlo.

. Si yo fui incivilizada, esa es suficiente excusa, pero tengo otras razones y lo sabe- dijo, gritando exasperada-. ¿Cree que haya algo que pudiera tentarme a aceptar al hombre que arruinó, tal vez para siempre la felicidad de mi querida hermana? ¿Lo niega, Sr. Darcy, niega que separó a dos jóvenes que se amaban el uno al otro, exponiendo a su amigo a la censura del mundo por capricho, y a mi hermana al ridículo por sus esperanzas rotas, y envolviéndolos a ambos en el peor de los sufrimientos?

-Ahh…era eso. – No, no lo niego.

-¿Cómo pudo hacerlo?- preguntó Elizabeth, afligida y con los ojos bien abiertos.

- Porque creí que a su hermana le era indiferente.

- ¿Indiferente?

Los observé con cuidado y vi que su apego era más fuerte que el de ella- dijo Darcy, sin titubear.

-¡Es o es porque es tímida!- exclamó Elizabeth, furiosa.

-Bingley también y se persuadió de que ella no sentía lo mismo- lo dijo con mayor seguridad de la que sentía. Esto no iba bien…

- Porque usted lo sugirió.

- Fue por su propio bien.

- ¡Mi hermana apenas me muestra sus sentimientos a mí! Supongo que sospecha que su fortuna no tuvo nada que ver...

- ¡No! Nunca le haría a su hermana tal deshonra, aunque sí se sugirió...- comenzó a decir Darcy.

- ¿Qué cosa?- le espetó Elizabeth.

- Se volvió perfectamente claro que un matrimonio ventajoso- dijo sin premura.

- ¿Mi hermana le dio esa impresión?- Elizabeth se notaba muy ofendida.

- No. Sin embargo, debo admitir que está la cuestión de su familia- objetó él, intentando de exponer de la manera más dócil lo insufrible que era su familia.

-¿Nuestro deseo de casarlos? Al Sr. Bingley no parecía molestarle.

- No, era más que eso.

- ¿Cómo señor?

Ya no lo pudo contener. - Fue la falta de propiedad mostrada por su madre, sus tres hermanas menores e incluso por su padre. Disculpe. A usted y a su hermana debo excluirlas de esto.

La expresión de Elizabeth lo destrozó. La veía tan desilusionada y desahuciada, que vio como toda esperanza se desplomaba en sus ojos. Pero pronto recuperó el habla para pronunciar el peor nombre de todos.

- ¿Qué hay del Sr. Wickham?

Wickham otra vez. Darcy dio un paso adelante para acercarse a ella.

- ¿El Sr. Wickham?- no pudo ocultar en su voz lo indignado y enojado que estaba.

- ¿Qué excusa pudo tener por haberlo tratado así?

- ¿Tanto le interesan los asuntos de ese caballero?

- Me contó de sus infortunios-. La manera en la que ella lo defendía, lo ponía rabioso.

- Oh, sí, sus infortunios han sido muy grandes- realmente, Wickham se las ingeniaba para arruinarle la vida.

- ¿Usted arruinó su vida y se atreve a hablar con sarcasmo?- Realmente, no lo podía creer.

Así que ésta es su opinión de mí? Gracias por explicarla tan afondo. Tal vez estas ofensas habrían pasado por altas si su orgullo...

- ¡¿Mi orgullo?!

-...No hubiera sido herido por la sinceridad con que admití mis escrúpulos. ¿Podría esperar en que me regocijara en la inferioridad de sus circunstancias?

- ¿Y esas son las palabras de un caballero? ¡Desde el momento en que lo conocí, su arrogancia y su egoísta desdén hacia los sentimientos de los demás hicieron darme cuenta que era el último hombre en el mundo con quien yo podría llegar a pensar en casarme!

Sin quererlo, Elizabeth se fue acercando al rostro de Darcy hasta quedar a pocos centímetros. Podía ver el color de sus grandes ojos y la intensidad con la que lo observaba. Una gota de su cabello resbalaba por su nariz y llegaba a sus suaves labios. Se entristeció mucho al percatarse que jamás podría tocas esos labios. Ya había perdido lo oportunidad de poder besarlos como el quería.

Pero al estar tan cerca y tan lejos no se pudo contener. Posó sus labios en los de Elizabeth como si el contacto quemase. No notó resistencia por parte de ella, aprovechando a colocar su brazo alrededor de su cintura y estreñirla sobre él. Para su sorpresa, Elizabeth se dejó llevar y acarició su cabello con frustración.

No supo cuanto duró el beso cuando ya había terminado. Elizabeth le dio un fuerte empujón que le bastó para volver a la realidad.

- Perdóneme, madam, por haberle quitado su tiempo.

Caminó bajo la copiosa lluvia con el orgullo completamente herido y el corazón absolutamente resquebrajado.

¡Buenas, mis queridas lectoras! Primero, pido disculpas por mi atraso de actualización. Lamentablemente, tengo toda una vida llena de compromisos donde poco tiempo queda para escribir.

Como ya leyeron, este capítulo esta redactado desde el punto de vista de Darcy. No pude evitar utilizar escenas y diálogos de la película porque son demasiado geniales como para no hacerlo. La declaración en la película es mucho más apasionada. Y díganme sino esperaban que se besaran al final de la discusión.

Espero que les guste este capítulo y dejen muchas reviews que me incentiven a escribir consecutivamente.

Por último, les cuento que publique un capítulo de "Becoming Jane". Para aquellas que no saben, es una película basada en el supuesto romance entre Jane Austen y Thomas Lefroy. Se las súper recomiendo!

Por cierto, comparto con ustedes que tengo pagina de Facebook sobre esta parejita que se llama Señor y Señora Darcy.

Nos leemos pronto, Aknuk.