III. PLANES

—Sigues enfrascado en lo mismo ¿no? —la voz interrumpió el libro aburridísimo de Teoría Social que estaba leyendo, se volvió, reconocía esa voz, era la que le acompañaba en sus noches de más temor y paranoia, muchas veces inducida por sustancias psicotrópicas.

—Siempre tarde… —contestó observando el Rolex que llevaba.

—Es mi carta de presentación… —le contestó el ojiverde mientras lo abrazaba afectuoso, el melio le correspondió con igual fuerza, un año habían pasado desconectados.

Había pocos comensales en el Grand Tier Restaurant del Opera House, lugar favorito de Milo.

—Una muy mala por cierto —contestó con su sonrisa encantadora, la misma que usaba cuando algo bello tenía delante.

—Lincoln Square estaba bastante lleno para ser martes, en fin… dime ¿Qué es de ti? ¿Ya por fin te vas a vivir con él? ¿Hay planes de boda, hijos, casa y un perro? —soltó a quemarropa Aioria.

—Ni boda, ni hijos, ni nada —les sirvieron vino tinto a ambos, Milo levantó su copa contra la de Aioria—. Nada, ya lo sabes, trabajo y más trabajo, recibí tu correo obsceno respecto a mi cumpleaños por cierto…

—¿Miedo a establecerte? ¡Bah! Tus idioteces de toda la vida —se rio y casi escupió el vino—. No tienes que agradecerme, aunque para ti no sea algo importante para mí sí lo es, tengo vacaciones, al fin, así que voy a estar aquí dos semanas, justo en tu cumpleaños, hablé con Camus para quedar con él y organizar algo… —dijo a tientas, sabía cómo era Milo respecto a Camus.

—No lo sé Aioria, la verdad es que después de haber vivido tantos años contigo, no es fácil y del cumpleaños, yo preferiría que no, ya sabes que no es un buen día para mí… —confesó con cierto dejo de amargura en la voz.

—No fue tu culpa, lo de tu madre, lo sabes… lo tuyo y mío, bueno en eso ambos tenemos culpa… —admitió observando la ensalada que plantaban delante de ambos.

—Yo estaba muy borracho para conducir y si no lo hubiese estado mi madre no habría tenido que ir a recogerme y no habríamos chocado… no pasa un día en el que no desee cambiar eso… pero no puedo, para colmo de males fue en mi cumpleaños…

—Vale, vale, ya hemos hablado mucho de eso, tu terapeuta carísimo que yo pagué y al que fuiste poco menos de dos meses también te lo dijo: que no es tu culpa… de todos modos voy a quedarme aquí para hacer algo, aunque sea podemos salir a cenar y… —sacó del bolsillo un sobre que le entregó— Feliz cumpleaños, pedazo de cabrón…

—Todavía no es… pero gracias —susurró.

—¿No lo abres?

Ante la invitación de su ex amante accedió más animado y encontró dentro una tarjeta escrita a mano por Aioria:

"Vale por lo que más quieras", dentro había también una bala.

—Muy gracioso Aioria, ¿es otra de tus bromas? ¿O es que yo no tengo muy buen sentido del humor y no entiendo?