Fer: chanananana contiii!

Kirihito: Al fin lo terminas.

Fer: Cállate uwu

Kirihito: Y más encima no salen todos los ocs

Fer: Claro que no idiota e-e

Kirihito: ¡Y aquí el fiiic!


Capitulo 2:

"El favor de Natsume"

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A primera hora de la mañana estuvieron los resultados de Natsume, la madre de Haruko. No eran buenas, para nada. El doctor llegó con los resultados a la habitación de la mujer encontrandola sentada en un sillón mirando por la ventana, el hombre se acercó a ella y le coloco su mano sobre el hombro de la mujer, esta de inmediato alzó la vista.

—Buenos días doctor—Dijo la mujer esbozando una pequeña sonrisa.

—Buenos días, Natsume-san—Dijo él—¿Puedo hablar con usted?

—Oh claro, por supuesto—El doctor se sentó frente a ella y comenzó a hablarle sobre los resultados que le habían realizado el día anterior. La expresión de Natsume al escuchar el diagnostico era de miedo y temor.

—Usted padece de leucemía y una muy avanzada—Sentenció el doctor. Una lagrima recorrió la mejilla de la oji-ambar—Con distintos tratamientos y remedios podremos alargar sus vida durante algunos años, pero todo eso dependerá de usted señora. Natsume estaba sin palabras, no sabía que decirle al doctor ¿Cuanto tiempo quizas viviría? ¿Como le diría a su hija? Debía prepararse para su muerte, ver que Haruko no quede sola, debe buscar a alguien con quién dejarla, pero ¿Quién? Se alejo de su familia y realmente no son muy bien recibidos por las dos partes de la familia y solo tenía a Roger, un muy buen amigo de casi toda la vida, a él le pediría que se haga cargo de los negocios familiares mientras que debía buscar a alguien que se hiciera cargo de su querida hija Haruko.

Suzuna y Haruko llegaron al hospital a eso de las nueve de la mañana. Ambas entraron en la habitación de Natsume encontrándose a la mujer con una bella rosa roja entre sus manos. Haruko al ver a su madre despierta y radiante a la luz del sol se acercó corriendo hacía ella arrodillándose a un lado de la cama, la mujer le miró sorprendida y conmovida.

—¡Lo siento tanto!—Exclamó la peli-roja—¡Lamentó que me tengas que tener como hija! ¡Soy una mala hija!—Natsume sorprendida ante lo que su hija le estaba diciendo le abrazo sobreprotectoramente. Mientras tanto Suzuna había decidió dejarlas solas.

—Hija mía no digas esas cosas—Dijo la mujer mientras las lagrimas corrían por sus mejillas. Estuvieron durante unos minutos abrazadas y lo que vendría derrumbaría completamente a Haruko—Hija debó decirte algo—La mujer limpió la humedad que habían dejado las lagrimas y se armó de valor para decirle a Haruko lo de su enfermedad terminal.

—No me gusta el tono que usaste—Dijo con temor Haruko.

—Se que esto te dolerá más a ti que a mí—Ahí la muchacha recordó lo que el doctor le había dicho el día anterior, sobre la leucemia y supuso que eso es lo que su madre le contaría.

—Vamos al grano—Haruko se había armado de valor para lo que escucharía a continuación aun que le partiera el alma

—Me diagnosticaron leucemia—Tal y como Haruko lo había supuesto.

—¿Vivirás cuanto tiempo?—Preguntó Haruko apretando los puños e intentando no llorar.

—El doctor me dijo que si me cuidaba con los tratamientos y medicamentos podría vivir unos cuantos años más, pero...—La mujer hizo una leve pausa—No creo que pueda soportar todo eso.

—Si, si puedes madre—Dijo la muchacha tratando de animar a su madre—Ya verás que si podrás.

—Me gusta que seas así de perseverante, pero en esta ocasión no sirve de mucho—Los ojos ambarinos de Haruko se cristalizaron—Mírame estoy envejeciendo, tengo menos fuerzas, estoy enferma y creó que será mejor que descanse.

—No digas eso—Insistió Haruko—No puedes dejarme sola.

—No quedaras sola—Dijo la mujer—Tienes a Suzuna, ella es una gran amiga, además buscaré a alguien que se preocupe por ti.

—¿Un tutor?—Cuestiono la chica—¿Me dejaras con un tutor?

—No lo veas de esa manera—Dijo la mujer—Aun no se quién será.

—Esta bien...—

—De momento tendré que quedarme en este lugar y no podré volver a casa—Dijo Natsume—Así que si puedes pedirle a Suzuna que se quede en casa contigo o que tú vayas a su casa—Haruko asintió—Ahora vuelve a casa y descansa.

—Pero si acabo de llegar—Dijo triste la muchacha.

—Ve a descansar, estoy segura de que no pudiste dormir bien—Y estaba en lo correcto.

—Si, tienes toda la razón—

—Entonces ve a casa, cariño—Natsume le dedico una sonrisa cálida. Haruko estaba por salir de la habitación cuando sintió que algo se le olvidaba preguntarle a su madre.

—Madre ¿Quién te trajo esa rosa?—Preguntó la peli-roja apuntando hacía la mesita que estaba junto a la cama.

—Oh esta rosa—La tomó entre sus dedos y sonrió—Me la trajo Roger, un viejo amigo.

—Otra cosa—Dijo Haruko desde la puerta.

—¿Qué cosa?—Preguntó la mujer.

—No olvides que te quiero mucho—Natsume se sorprendió ante aquellas palabras que hacía tiempo que no las escuchaba salir por los labios de su hija. Sonrió de lado.

—Yo también te quiero, más bien te amo, Haruko—La joven sonrió devuelta y salió de la habitación encontrándose con Suzuna.

—En casa te lo cuento todo—Una sonrisa nostálgica apareció en el rostro de Haruko, Suzuna asintió y se fueron hasta la casa de Suzuna.

Mientras tanto en el hospital, Roger, el viejo amigo de Natsume volvió a ver a la mujer...

—Me alegro que llegarás, Roger—Dijo Natsume sonriente.

—No podía resistirme en volver a verte—Dijo el hombre. Este era alto, de cabellos rubios y ojos almendrados.

—Llegas en el mejor momento—

—¿Enserio?—Preguntó curioso Roger—¿Qué clase de favor me pedirás esta vez?

—¿Como lo supiste?—Rió la mujer.

—Dios, Natsume, te conozco bastante bien—Dijo el hombre—¿Y bien?

—Bueno ¿Recuerdas a Taiga cierto?—Preguntó la mujer.

—Oh si lo recuerdo—Contestó el rubio—El amigo de Haruko.

—El mismo—Sonrió Natsume—Bueno él y Haruko son de la mismo edad y este chico era como de la familia y era como un hermano para Haruko.

—Si, así era—

—He oído que el volvió a esta ciudad—Explicó la mujer—Y necesito que lo busques y me lo traigas hasta aquí, debo hablar con él.

—Pero Natsume ¿Como piensas que lo encontraré?—Preguntó Roger.

—No lo se, recorre distintos lados de la ciudad...—Pronto Natsume recordó algo que le sería de mucha ayuda—espera...recuerdo que a él le gustaba ir por las tardes a la ribera del río, tal vez puedas encontrarlo ahí.

—Esta bien Natsume, iré ahí cada tarde para encontrarlo—Dijo el hombre esbozando una sonrisa.

—Muchas gracias, Roger—Dijo Natsume—No como podría agradecerte.

—Ya has hecho mucho por mi—La mujer abrió sus ojos sorprendida—Y lo sabes muy bien, querida Natsume.

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¿cuanto tiempo llevaba su hermana allí? Una, dos, tres semanas tal vez, sin despertar. Él le iba a ver todos los días con la esperanza de que despertará, pero nada cambiaba, la pobre Ayami seguía igual. Yami llegó al hospital con un hermoso ramo de flores, era un ramo de bellos narcisos, el muchacho coloco las flores en agua y las dejó en la mesita que estaba junto a la cama de su hermana.

—Buenos días, Ayami—Dijo el muchacho sentándose junto a ella. Ayami y Yami eran gemelos, y ella quedó en coma en un atentado ocurrido antes del cumpleaños de Yami. Extrañaba muchísimo a su hermana—Me pregunto cuanto tiempo más estarás así—El muchacho de cabello azul rey paso sus dedos entre medio de los cabellos de la chica, luego acarició su rostro mientras sonreía. De pronto cierta muchacha llega a la habitación, esta mantuvo silencio desde el marco de la puerta. Era una muchacha de largas piernas, cabellos semi-largos color crema y piel tostada, era compañera de curso del muchacho.

—Ejem—Dijo la peli-crema aclarando su garganta y haciendo que Yami volteará a verle—¿Puedo pasar?

—Chiyo-san, hola—Dijo tras una sonrisa—Tan temprano y por estos lado—Él sabía a la perfección que su padre trabajaba en aquel hospital.

—He venido con mi padre—Contestó la muchacha—También he venido a jugar un rato con Yato-san.

—¿Quién es él?—Preguntó curioso el chico.

—Oh cierto, dudo que lo conozcas—Rió Chiyo—Es un niño de siete años que sufre de bullyng y llegó con graves heridas tras un accidente que tuvo en su escuela.

—Ya veo—Le hizo pasar—Encuentro que es un lindo gesto lo que haces con Yato—Yami sonrió.

—G-Gracias—Balbuceo la oji-negra—Realmente me gusta hacerlo.

—¿Te gusta ayudar a los niños?—Preguntó Yami, Chiyo se encontraba mirando por la ventana y volteó para responderle.

—Me encanta—Sonrió radiante haciendo ruborizar levemente al chico—De hecho me encantaría poder trabajar con niños como profesora o estudiar educación diferencial.

—He oído que es una carrera universitaria muy linda—Articulo Yami.

—Lo es—Afirmó la chica—Y a ti Yami-san ¿Qué te gustaría estudiar?—El muchacho calló por unos largos minutos.

—La verdad es que no lo se—Dijo el muchacho—No se porque no lo había pensado

—Deberías ya comenzar a pensarlo—Aconsejó Chiyo—Tienes solo este último año para escoger lo que estudiaras.

—Tienes razón—Suspiró el muchacho—Comenzaré a buscar—La mirada de Chiyo que estaba sobre Yami ahora estaba sobre Ayami.

—y ella...—Hizo una pausa sin dejar de mirar a la muchacha—¿Como ha estado?

—Estable dice la doctora, pero...—Mira con nostalgia a su hermana—No saben cuanto demorará en despertar.

—Ella despertará, lo se—Dijo Chiyo con toda seguridad.

—No ves el futuro como para que lo digas así de segura—

—No, pero mi intuición de mujer me lo dice—Sonrió levemente la peli-crema—Además solo debes tener esperanza y pensar positivo, de todas formas la esperanza es lo último que se pierde ¿O no?

—Estas en lo cierto, gracias Chiyo-san—

—Otra cosa ¿Sabes que tu hermana puede oir todo lo que hablamos?—Cuestiono la morena.

—¿Enserio?—Preguntó él impresionado—No, no lo sabía—Chiyo rió ante la reacción del peli-azul.

—Deberías comenzar a hablarle más, tal vez así despierte más pronto—

—Gracias por ese consejo—

—Bueno yo ahora debo irme—Dijo la muchacha caminando hacía la puerta—Iré a ver a Yato.

—Que te vaya bien—Dijo él—Mandale saludos de mi parte.

—Un día te llevaré a verlo algún día—Dicho esto Chiyo se fue y nuevamente quedaron solos Yami y Ayami.

—Mañana traeré algo de música para ti—Dijo Yami a su hermana—De esa que solíamos escuchar cuando pequeños, con las que hacíamos conciertos a nuestros peluches...que buenos momentos

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Tal y como Natsume había dicho, Taiga aún iba por las tardes a caminar por la ribera del río igual que cuando era pequeño. El muchacho estaba recostado en el cesped, le viento jugueteaba en sus castaños cabellos, recorría su rostro también. Estaba en paz, sólo él, el ruido del agua correr y el viento, o al menos así fue hasta que cierta persona le habla al muchacho.

—Disculpe—Dijo una voz masculina llamando la atención del muchacho. Taiga abrió los ojos y miro al hombre el cuál le pareció conocido—¿Usted es Fuji Taiga?

—Si, soy él—Contestó el chico—Y usted me parece conocido, pero no recuerdo con exactitud donde lo he visto.

—Te daré una pista—Sonrió el hombre, Taiga le observo intrigado—Nagumo Natsume—Los ojos color chocolate del muchacho se abrieron de par en par, hacía años que no escuchaba el nombre de aquella mujer. Pronto reconoció al hombre.

—Eres Roger ¿Verdad?—Preguntó Taiga, el hombre con una sonrisa asintió.

—Natsume tenía toda la razón, me dijo que estarías aquí—Dijo Roger—Y pues lo estas, estas aquí.

—Ella aún lo recuerda—Dijo Taiga sonriente.

—Por supuesto y a ti te recuerda mejor que a nadie—Dijo el hombre—Bueno volviendo a mi misión.

—¿Eh, misión?—Cuestiono él extrañado.

—Así es, Nastume me encomendó la misión de encontrarte y ahora que te he encontrado debo llevarte con ella—Explicó Roger.

—¿Y porque?—

—Ella esta enferma, no le queda mucho tiempo de vida—Aquello impresiono mucho a Taiga, la mujer que tanto le había ayudado en su niñez estaba por morir y nada se podía hacer en contra.

—¿Qué le ocurrió?—Preguntó con preocupación.

—Tiene leucemia—Contestó el hombre.

—Necesito verla—Dijo decidido.

—Y para allá vamos—Dijo Roger—Iremos al hospital.

Natsume les esperaba, o más bien esperaba a Roger con noticias de la búsqueda de Taiga, pues no pensaba que su amigo le encontraría tan rápido y fue todo lo contrarío, aun que no habría sido posible sin aquel importante dato que le había dado a Roger. En fin, la mujer leía muy concentradamente cuando tocan a la puerta de su habitación, esta mira en dirección a ella y con una melodiosa voz dice:

—Pase—Vuelve a su lectura y oye el abrirse de la puerta.

—Mira te traje una sorpresa—Dice Roger y entra Taiga.

—¿Qué me trajis..te?—La mujer miró sorprendida a Taiga, le habían encontrado muy rápido—Taiga...

—Natsume-san—Dijo sonriendo ladino mientras caminaba hacía la cama de la mujer para abrazarle—Ha pasado tanto desde la última vez que nos vimos.

—Estas tan grande, me alegro verte...antes de morir—Lo había dicho con un tono bastante nostálgico que entristeció a Taiga.

—Me da pena oirlo de ti, Natsume-san—Dijo el castaño.

—Lo siento—Dijo la mujer—Y más encima debo pedirte un gran favor antes de dejar este mundo.

—¿De que trata, Natsume-san?—Preguntó Taiga.

—Es sobre Haruko—Contestó Natsume—Tu y ella alguna vez fueron muy buenos amigos y se entienden bien, son como hermanos y quiero que la cuides.

—¿Quiere que sea como su guardaespaldas?—La mujer le asintió.

—Algo así, ella es algo torpe como para cuidarse sola—Dijo entre sonrisas la mujer—Se que no podría ella sola y que necesita de alguien que le entienda y le apoye, y pienso que tú eres el indicado—Taiga sonrió.

—Esta bien, lo haré—Dijo el muchacho—De esta manera zanjare todo lo que usted ha hecho por mi.

—Una cosa más, cuando creas que Haruko es capaz de cuidarse por si misma y ser lo suficientemente independiente para mantenerse, quedaras libre de este favor—Taiga asintió—En esos momentos mi favor quedará zanjado.

—Cuente con mi ayuda—

—Cuida mucho de mi querida Haruko, por favor—Pidió la mujer.

—La cuidaré, Natsume-san—Le sonrió—De verdad que lo haré.


Fer: Y aquí termina el capitulo.

Kirihito: Genial :3

Fer: Gracias.

Kirihito: ¿Y hoy no hay preguntas?

Fer: Nop uwu

Kirihito: 7-7 Bueno

Fer: Así que nos despedimos.

Kirihito: No olviden dejarnos review 7u7

Fer: Si, si no, no podremos saber si les gusto o no uwu

Los dos: Matta ne minna! Cuidense!

(Subido en...)

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