Capítulo 3

Era cerca de medianoche, cuando Hermione decidió que no podía dormir.

Nueve horas habían pasado, y aún no era capaz de eliminar la imagen de esos ojos y esa sonrisa burlona de su mente. Era malo, al punto en que estaba considerando severamente preparar una dosis de último minuto de una pócima para dormir. Para su mala fortuna, no tenía los ingredientes necesarios, pero lo que sí tenía era una botella cerrada de Vino Élfico… si no podía dormir por la noche, al menos podría beber.

Resignada a su noche de insomnio, Hermione levantó las mantas que la cubrían y se dirigió hacia la cocina, donde descorchó el vino y bebió directamente de la botella.

Su compromiso con el alcohol era lo más cercano a una relación que había tenido desde Ron. Lamentable, en realidad… pero el alcohol nunca la había desilusionado como los hombres, ni tampoco había olvidado su cumpleaños. No. El alcohol siempre estaba presente en su cumpleaños (y en Navidad, y en el día de San Valentín, y en la mayoría de los feriados comerciales, así como los fines de semana y esas largas e infinitas noches que pasaba con el Sr. Darcy y comida china). Era seguro asumir que prefería un buen vino del modo en que Harry apreciaba una escoba bien pulida, y Neville apreciaba la jardinería. Bastante poco característico de alguien con su reputación, siendo la morena devora libros del grupo, pero no era ni la mitad de mojigata como su reputación lo sugería.

Hermione probó su punto al moverse hacia su sofá, con la habitación a oscuras, y encontró el audífono en el centro de la mesita de café… atrayéndola por su necesidad sexual.

Bromeaba.

De cualquier modo, solo ver el auricular hizo que los dedos de sus pies se doblaran, aunque no de mala manera.

Claramente se había olvidado de él durante su paseo hacia la tienda de Rhiannon. De hecho, no era tanto el vibrador (al que había abandonado en el piso de la tienda… vibrando) lo que le molestaba más. Era el maldito audífono. Era la voz que salía a través de él, y la forma en que su cuerpo respondía ante eso… ante él.

Nuevamente, sus pensamientos vagaron hacia esa noche.

DM, le había dicho él. Mis iniciales son D y M.

Se dejó caer en el sillón más cercano, con la botella en la mano. No había dudas de que lo que había sucedido esa tarde había hecho mella en ella, pero el problema no era él siendo él lo que la mantenía sin dormir. Era el hecho de que no le importaba… para nada. De hecho, la simple idea de que su hombre misterioso fuera el mismo que vio en la tienda la dejaba…ligeramente… ¿emocionada?

Todavía cabía la posibilidad de que todo haya sido mera coincidencia, y que el hecho de encontrárselo en la tienda no tuviera nada que ver con esas iniciales (o esa voz, que ahora le sonaba conocida, ya que pensaba en ello).

No, había exagerado completamente.

Haberle cortado la comunicación había sido un gran error. Seguro había docenas de magos en el área de Londres con esas iniciales. El hecho de haber considerado que él era el hombre detrás de la voz era ridículo. Después de todo, ¿que estaría haciendo él, el extraordinario hurón botador, en una línea sexual telefónica? ¿Trabajando en ella, incluso?

Sí, había exagerado, y alcanzó una conclusión imposible basada en una mínima evidencia.

Repentinamente frustrada consigo misma por haber abandonado el vibrador, Hermione volteó hacia el audífono. Estaba exactamente donde lo había dejado la otra noche, después de la cual había salido del país por un viaje de negocios. Nuevamente recordó su conversación con el hombre misterioso, cuando le explicó sobre sus frenéticos horarios de trabajo y todo el viaje que éste conllevaba.

Él era… encantador.

Encantador, y nada similar a un hurón.

Con eso en mente, hizo algo que se juró no haría nunca. No de nuevo, de cualquier modo.

Levantó el auricular de la mesita y se lo colocó en el oído, esperando mientras el vino nublaba sus sentidos y el distante sonido de la lluvia repiqueteaba como música de fondo. Esperó pacientemente. ¿Por quién? No tenía la mínima idea. ¿Para qué? Solo lo deseaba.

-¡Hola! Te comunicaste con Sortilegios Weasley. Mi nombre es George, ¿en qué puedo ayudarte?

Hermione palideció – Eh…

Justo como la última vez, se escuchó una risita al otro lado de la línea – Bromeaba.

-Bien – rió ella, a medias, tratando de disminuir su nerviosismo y formar una respuesta coherente – Entonces, ¿conoces a George Weasley?

-Estoy seguro de que la mitad del mundo mágico conoce quién es George Weasley. Es un buen amigo de Harry Potter, ¿o no?

Hermione tragó pesado, escuchando los nombres de sus amigos cercanos con duda – Es cierto – razonó – El Profeta se asegura de publicar siempre algo sobre Harry… Harry Potter y sus amigos.

-Especialmente sobre la bonita castaña…

-¿La bonita castaña? – repitió ella, con las mejillas encendidas.

Aunque no era capaz de verlo, era evidente que había asentido.

-Ya sabes, la que tiene el nombre extraño. Ella aparece en el periódico al menos tres o cuatro veces al mes, abogando por los derechos de los Elfos Domésticos y persiguiendo y derrotando a los criminales. Una chica muy activa, ¿no lo es?

-Eh… yo… sí, supongo que sí.

-…Pero no me llamaste para que conversemos sobre Hermione Granger, ¿verdad?

Algo tiró de los músculos de su pecho al momento en que su nombre salió de sus labios… con esa voz. – No me molesta. Eh, yo en realidad llamaba para disculparme por lo que sucedió la última vez.

-No pasa nada – le aseguró él, sonando sincero - Estoy aquí para tu placer, ¿recuerdas? Eso significa que puedes hacer lo que te plazca, por cuanto tiempo quieras, sin más cuestionamientos. Todos mis clientes pueden hacerlo.

-Suena solitario – pensó ella en voz alta, antes de poner detenerse – Ser usado de esa forma.

Nuevamente lo escuchó reír, aunque sonaba algo más afectivo – Aprecio tu preocupación, pero no lo veo como "ser usado" de esta forma. Es algo más personal que eso, algo similar a una terapia. De hecho, te contaré un pequeño secreto – le ofreció él – La mayoría de los clientes no están buscando gratificación sexual. Solo alguien con quien conversar, y no me molesta ser esa persona.

Ella parpadeó sorprendida – Bueno eso es… bastante admirable.

-¿Yo? ¿Admirable? – rió él – Es la primera vez que me llaman así.

-¿Oh?

-Hablando de soledad… - indagó él, cambiando imperceptiblemente de tema - ¿Cómo está tu vida sexual?

Hermione suspiró con burla – Tan activa como el Profesor Binns, un lunes por la mañana.

-O cualquier mañana.

-O cualquier mañana – coincidió ella, sonriendo – tomaré eso como una confirmación de que fuiste a Hogwarts.

-Así es – aseguró él - … pero suficiente sobre mí.

-Oh, oh…

-¿Oh, oh?

-Siento que viene otra de tus "inocentes" e "inofensivas" preguntas – aclaró la bruja.

-Como, por ejemplo, ¿Cuáles son tus iniciales? – bromeó él.

Ella frunció sus labios, asintiendo – Me merecía eso.

Nuevamente se escuchó su risa, esta vez a expensas suya – Es insultante que creas que desperdiciaría mi pregunta en algo tan insignificante como tus iniciales – la reprendió él, sarcásticamente – Si realmente quisiera exponerte, simplemente te preguntaría el nombre.

Hermione se congeló.

-…Pero no lo haré – siguió él - … porque me ganaría mi despido.

El nudo que tenía en el pecho se soltó un poco – Entonces… ¿qué vas a preguntarme?

Hubo una pausa en la línea, recordando sus conversaciones previas, de cerca de tres minutos. Tan larga, de hecho, que Hermione se preguntó si es que él seguía ahí, o si la llamada se había cortado, o si él la había dejado colgada como ella lo había hecho la vez anterior. La última opción le dejaba un hueco inconsolable en el estómago, uno que crecía más y más con cada segundo que pasaba.

Finalmente, después de esos tres minutos de espera, el silencio llegó a su fin.

-¿Cuál es tu banda favorita? – preguntó él, en un tono ligeramente diferente del usual.

Hermione parpadeó sorprendida, pero no desilusionada – Bueno, es difícil reducirlas a una sola, pero recientemente estuve escuchando mucho a Muse – explicó ella - ¿Conoces a Muse?

-Tengo una entrada para su show, este sábado.

El nudo se hizo más fuerte – Yo también.

Una nueva pausa se sintió del otro lado. Aunque, a diferencia de la anterior, esta estaba acompañada de algo.

Hermione escuchó atentamente, reconociendo la voz de Matt Bellamy. Parecía que, en vista de su mutuo interés, su hombre misterioso estaba reproduciendo "Histeria". Cerró sus ojos, concentrada en la canción.

Una pequeña voz en su cabeza le confirmó que sus previas sospechas estaban lejos de ser verdad. No había forma en el mundo de que el chico hurón escuchara música muggle, mucho menos que fuera a asistir a un concierto muggle.

Esa idea le permitió relajar la tensión de sus músculos, pero el nudo en su pecho permaneció.

-Me gusta hablar contigo – le confesó él – ya sabes… así.

Ella sonrió – También a mí.

Otra risa por la línea, cálida y cordial – Bueno, eso no significa que no disfrute hablando contigo de la otra forma, también…

-No tengo idea de lo que estás hablando – bromeó ella - ¿Te molestaría recordármelo?

-Tú, pequeña y traviesa…

Hermione rió.

-…belleza.

-Oh, no sabes eso – contestó ella – Podría ser horrible.

-Podrías serlo – accedió él – También podrías ser arrebatadoramente hermosa sin que lo supieras. Apuesto a que se trata de la segunda opción – profundizó su hombre misterioso – Si tuviera que adivinar, diría que lo mejor está en tus ojos… en el modo en que observas a la gente y a las situaciones, el modo en que absorbes información, perdida en tu propia mente.

Ella respiró profundamente, ligeramente consciente del calor que inundó su rostro y cuello – Eso es…

-¿Aterrador?

-Iba a decir profundo.

-Funciona para mí – decidió él, confiado en sus aseveraciones - ¿Te gustaría que continuara?

Hermione arqueó una ceja - ¿Hay más?

-Por supuesto que hay más. Soy profundo, ¿recuerdas?

-Claro – sonrió ella – Continúa.

Él aclaró su garganta.

-No creo que estés desesperada, como tú crees que yo creo. Pienso que podrías salir de tu casa ahora mismo, y encantar a una docena de hombres sin siquiera pestañear. Creo que el núcleo de tu problema es que realmente no sabes qué es lo que quieres y que, a causa de ello, te resulta difícil establecer relaciones fuera de tu círculo íntimo de amistad.

Ella parpadeó, sorprendida – Bueno…

-Si tuviera que seguir adivinando, diría que saliste con alguien muy cercano a ti, y que la relación no terminó bien, no porque no hubiera interés entre ustedes, sino porque nunca estuvieron destinados a estar juntos.

Hermione tomó otro sorbo de vino, sintiéndolo necesario - ¿Acaso psicoanalizas todos tus clientes?

-No – respondió él, casualmente – Solo los que me interesan.

-Oh, cielos… te imploro me digas qué, acerca de mi mundana existencia, encuentras interesante.

Ante esto, él rió – El hecho de que utilices palabras como "implorar" o "mundana" en una conversación regular, en primer lugar.

Ella hizo una mueca.

-…Y el hecho de que aún no lo sabes.

-¿Qué es lo que no sé? – preguntó Hermione, con su última declaración despabilándola de su sopor.

-Bueno, ¿por qué arruinaría toda la diversión al decírtelo? – se burló él.

Ella se incorporó un poco - Porque…

-Vamos… - la interrumpió suavemente – Un poco de ambigüedad nunca mató a nadie.

-Bien – frunció el ceño – Pero te aviso desde ya, no acepto bien los rechazos. De hecho, unos cuantos ya experimentaron mi furia y apenas vivieron para contarlo.

-Querida, siempre y cuando reserves esa furia para mí… estoy dentro. Cadenas, látigos, esposas, lo que quieras.

Ella levantó las cejas – Eres un masoquista, entonces.

-Solo busco complacerte – aclaró él – Dime, ¿qué te complace?

-Oh, cielos… - suspiró Hermione, bebiendo más vino – Ehh… ¿en la cama?

-Seguro, pero algo me dice que lo prefieres en otra parte. Estoy pensando en el exterior, o en un sitio público.

-¡Já! –exclamó ella – Ahí es donde te equivocas. Nunca tuve sexo en el exterior o en un sitio público.

-Pero lo harías – concluyó él – Ya sé que no tienes miedo de pensar fuera de lo común, considerando el modo en que nos conocimos, y que te gusta estar en control, considerando tu preferencia de follar desde arriba. Aunque la última podría no estar relacionada con tener el control, sino más bien con la estimulación natural del clítoris… lo que me lleva a preguntar… ¿tu novio le prestaba suficiente atención a tu clítoris?

Hermione tragó pesado – Él… ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Tomaré eso como un firme no – asumió el hombre, con algo de burla.

Ella entrecerró los ojos – Si debes saberlo, él bajaba en mi al menos tres o cuatro veces a la semana. Algunas veces diariamente.

-¿Lograba hacerte acabar?

-Yo… él… eso… - Hermione respiró lentamente – No me resulta fácil alcanzar un orgasmo – replicó, sin saber por qué sentía la necesidad de defender a Ron – No es que sea asunto tuyo.

-Me pareció que alcanzabas tu orgasmo bastante bien la última vez que hablamos.

Ella abrió su boca, horrorizada, y luego la cerró.

-No te cierres tanto – le murmuró él – Esto se trata de ti, de hacerte sentir bien. Solo cierra tus ojos… déjame guiarte.

-¿Guiarme…? – repitió Hermione, levemente.

Con eso, la temperatura en la habitación comenzó a subir hasta llegar a arder. No tenía idea de cómo era él, o qué es lo que haría. Hasta donde sabía, podría ser un asesino serial con un garfio por mano y un diario escrito a mano con los detalles de sus asesinatos. Pero de igual modo no sonaba peligroso… no de un modo asesino. Tal vez solo como el tipo de chico malo reformado, lo que era peligroso de una forma especial, pero trató de no darle muchas vueltas al asunto.

En contra de su propio juicio, siguió sus instrucciones.

Sus ojos cayeron cerrados. Dejó a un lado la botella de vino, e inhaló y exhaló lenta y acompasadamente, tratando de calmar el desaforado latir de su corazón. Todo, incluso el repiqueteo de la lluvia y la música al otro lado del audífono, se desvaneció. La habitación estaba en silencio, salvo por el sonido de su lenta respiración y la suave voz a su oído.

-Quiero que imagines un campo extenso – comenzó él - … en verano, todo cálido, y hay una ligera brisa moviendo el césped y las puntas de tu cabello, mientras permaneces recostada bajo un sauce con tu libro preferido entre tus manos. Tu cabello llega hasta tus codos en largas y rizadas trenzas, y estás usando un pequeño vestido blanco de verano. La tarde está terminando, lo que significa que el sol está escapando por el horizonte, coloreando el cielo despejado con los pálidos colores del crepúsculo. Estás absorta en el libro, aprovechando la ligera luz que aún queda, con esos grandes y brillantes ojos tuyos escaneando de izquierda a derecha. Por dentro, una llama se enciende cada vez más fuerte con cada palabra que absorbes, con cada segundo que pasas en esa realidad fantástica. No quieres que termine, pero lo hace… dejando tu piel bronceada caliente con deseo y tu corazón latiendo rápidamente. Es una sensación familiar, una que conoces bien…

Hermione escuchaba cuidadosamente, sintiendo a su subconsciente ilustrar la imagen. Su voz resonaba profundamente en su cuerpo, donde llegaba a escucharlo y sentirlo, luchando contra la avalancha de sensaciones que brotaban de su pecho al oírlo colorear su mundo imaginario con palabras tan acertadas.

-Necesitas liberación – le susurró él, narrando los pensamientos y sensaciones corriendo por sus venas.

Sus labios se entreabrieron, cuando aprovechó para inhalar una gran cantidad de aire. – Sí… - le susurró en respuesta, como una confesión más que una confirmación.

Por un momento, su hombre se mantuvo estático ante su declaración. Luego siguió.

-Ya está oscuro. Dejas el libro abajo, y con tus ojos cerrados… te acomodas en el pasto, respirando dentro y fuera… la falda de tu vestido se amontona en tus caderas, y las puntas de tus dedos viajan por tu torso, sintiendo la tela, y alcanzando el borde inferior…

Hermione exhaló, y se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración.

-Ha pasado mucho tiempo para ti… - le dijo él, reflejando sus emociones con sus palabras – Añoras el toque de otra persona. Añoras esa liberación, y ese ardiente y penetrante fuego…y aunque estás sola en ese campo, escuchas una voz y tu cuerpo responde a ella con una chispa de energía… una que sale del fondo de tu cuerpo y llega hasta las puntas de tus dedos… dejándote respirando agitada y con los dedos inquietos por mantener el ritmo… -hubo una pausa en su relato. Ella estaba pendiente de él, jadeando por fuera, ronroneando por dentro – Lentamente, tus dedos acarician la parte interna de tus muslos, subiendo aún más el límite de tu vestido, y permitiendo que la fresca brisa de verano te haga cosquillas sobre la piel desnuda, logrando que tu pecho se contraiga y las puntas de tus senos se endurezcan en respuesta. Las frotas con tu mano libre, primero sobre el vestido y luego por debajo… cuando bajas los tirantes y bañas tus pechos desnudos con la oscuridad de la noche. Es una situación precaria… pero no te avergüenzas por ello. Vives para el peligro. Te excita, casi tanto como lo que está haciendo tu otra mano entre tus piernas…

En algún momento, su relato se había convertido en realidad. Hermione estaba desparramada en el sofá, con las rodillas elevadas y las tiras del pantalón de su pijama desatadas, dándole lugar a su mano para atravesar la tela de sus bragas. Era una realidad asumir que estaba mojada ahí abajo, no tremendamente, pero lo suficiente como para humedecer las puntas de sus dedos mientras se frotaba en lentos círculos.

Sin pretenderlo gimió, con la respiración agitada, inconscientemente informándole a él sobre sus acciones.

-Estás pensando en él … - continuó suavemente – En algún lugar del mundo, él está pensando también en ti… en lo que te haría… lo que haría contigo…sobre las distintas maneras en que te devoraría… a tus labios… tu cuello… tus senos… y más abajo… donde tu dulzura lo atrajo desde la primera noche, desde la primera vez que te escuchó deshacerte de placer. Es algo tortuoso, ¿no? Estar tan lejos, a tanta distancia… pero encuentran el modo de superarlo. Te lo imaginas suspendido sobre ti, frotando sus labios contra los tuyos, besándote suavemente… porque nadie se tomó el tiempo nunca de hacer solo eso… de demostrarte afecto en el medio de la pasión y del lento y creciente deseo. Si él pudiera… te besaría por horas, pasaría sus dedos por tu cabello y atraería su boca a la suya, usando sus labios primero y luego la gentil caricia de su lengua, adelantándote lo que seguiría…

Hermione abrió sus ojos en ese momento, lentamente, sorprendida por la humedad bajo sus párpados, rápidamente secando sus ojos.

-Ha pasado mucho tiempo para él también…

Ella suspiró, escuchándolo.

-No se trata solo de la liberación, sino más bien sobre la cercanía con otra persona, el calor humano compartido… la entrega mutua. –Su voz tembló ligeramente. Se tomó un par de segundos para componerse a sí mismo, y luego continuó – Tus labios se separan… y en ese momento, se toma el tiempo para mirarte, admirarte, estudiar tus pestañas y los contornos de tu rostro y cuerpo, antes de bajar de tu boca a tus pechos, a tu abdomen y luego a tu centro. Llega a ti como olas… la sensación de su lengua contra tu húmedo calor. Quieres gemir, pero todo lo que puedes hacer es respirar, entrelazando tus dedos en su cabello y temblando contra él, mientras bebe de ti.

-Dioses… - soltó Hermione, con el pecho subiendo y bajando al ritmo de sus caricias – Es como si hicieras esto para vivir, o algo por el estilo.

Una risa gentil se escuchó al otro lado, antes de que continuara – Con toda honestidad, él ha querido hacer esto por mucho tiempo, más de lo que eres capaz de comprender, y se nota en el modo en que se toma su tiempo para probarte y sentirte, lamiendo tus áreas más sensibles una y otra vez, llevándote cada vez más cerca del borde del precipicio, hacia la caída libre.

La mano de Hermione se movía más rápido ahora, en círculos más estrechos, haciendo que su espalda se arquee y el sudor se acumule en su frente, donde las fibras de cabello quedaban adheridas.

-Han pasado incontables minutos ya, quizás una hora. No tienes idea, ya que estás absorta en los movimientos entre tus piernas, en la intensa lengua de tu compañero y en la punta de su dedo índica que busca tu entrada. En respuesta, bajas la mirada hacia él, transmitiéndole los deseos que arden dentro tuyo… superada por la sensación de su dedo mientras se une a esos deseos, avivando la llama de tu pasión, moviéndose en tu estrecho canal, entrando y saliendo, girando y jugando contigo mientras simultáneamente usa su lengua para lamerte y follarte con un vigor que nunca experimentaste antes.

En un instante, sus músculos se tensaron, congelados en el fuego de sus palabras, en la inflexión de su voz y en la tensa y cegadora explosión que la siguió.

Hermione se arqueó contra el sillón, jadeando y con el pecho agitado, con los dedos temblando y el corazón hundiéndose más y más en las sensaciones.

Pasión.

Fuego.

Suspendida en esa posición por lo que se sintió una eternidad, cayó hacia atrás contra el respaldo del sofá. Cerró los ojos con fuerza cuando la realidad de lo que acababa de ocurrir terminó de perforar sus defensas.

Lo hizo de nuevo.

Le dio otro orgasmo… y esta vez, sin el vibrador. Merlín…

Tragó pesado, haciendo lo imposible para tratar de calmar los nervios que llenaban su cuerpo.

Pasó un largo tiempo antes de que alguno emitiera palabra, tanto tiempo que casi olvida que él seguía ahí.

-Verdad o Reto – intentó el.

Hermione exhaló, corriendo su cabello hacia un costado y bajando sus piernas hacia el suelo, consiguiendo acomodar sus emociones – Reto – le dijo, sin pensarlo.

Sus siguientes palabras hicieron que el calor que tenía en el pecho volviera a la vida, encendiéndose con fuerza, respondiendo a él del único modo en que su cuerpo sabía hacerlo.

-Reúnete conmigo – pidió él, arriesgándose a todo – Esperaré por ti en el pub, el que está en la misma cuadra del sitio del concierto.

Ella no podía pensar. Solo podía hablar – Cómo… ¿cómo sabré identificarte?

-Lo sabrás – dijo él, simplemente, provocando que la voz en su mente volviera a hablar, repitiendo lo obvio – Trae un amigo, si prefieres. Solo… ten presente que no tengo malas intenciones.

-Es bueno saberlo – agregó Hermione, sintiendo una pequeña sonrisa estirar de las esquinas de sus labios, y teniendo la ligera sospecha de que él también estaba riendo – Pero… ¿no tendrás problemas por encontrarte con un cliente?

Él hizo una pausa. De tres segundos – No te preocupes por eso – le dijo, como si hubiera decidido algo – Por algunas cosas vale la pena arriesgarse, ¿sabes?

La calidez eclipsó sus dudas – Sí… creo que lo sé.

Reinó el silencio.

Un cómodo silencio.

Duró un minuto, quizás dos. Lo suficiente como para que los latidos de su corazón regresaran a la normalidad.

-Yo… supongo que te veré el Sábado… - dijo ella, oyendo sus palabras y sintiendo su peso, así como el peso que ahora descansaba en sus ojos.

Con un vistazo al reloj, notó que era la una y media de la mañana. Debía despertarse en menos de cuatro horas para ir a trabajar, y aunque ahora estaba exhausta a más no poder, también estaba atenta y consciente de cada sonido que llegaba desde la línea. Por suerte, su voz se escuchó después.

-Te veo el sábado – le confirmó, imitando su nerviosismo y anticipación – Intentaré no decepcionarte.


Como siempre, eternamente agradecida por sus comentarios, no dejen de escribirlos! me encanta leer sus opiniones al respecto del capítulo, y este deja mucho de qué hablar, no? ;)

Gracias por leer!