Enserio, muchas gracias chicas por comentar! Me hace muy feliz que les guste el fanfic, really. KarimeA, lo que Alfred sabe y Matthew qere qe no se repita, es algo que se contará más adelante, así que mantengo el suspenso. Este capítulo es extraño... así que dejo las advertencias:

ADVERTENCIAS: Shota.

Al principio pensé en no subir este cap, porque me sentí mal escribiendo algo así y por eso mismo no puse mucho detalle, pero era necesario hacerlo porqe probablemente en el prox cap haya lemon, aun no estoy segura de si ponerlo en el próximo o en el sub siguiente. Espero que lo disfruten y el shota no haya sido demasiado inapropiado T-T. ¡Nos leemos abajo!


Ángel para un final

Todo empezó en la sorpresa, en un encuentro casual,

pero la noche es traviesa cuando se teje el azar.

12 años

Alfred y Matthew estaban sentados juntos prestando atención a la clase de Historia. O por lo menos Matt lo hacía. La mente de Alfred divagaba por los lugares ocultos de la sala o se burlaba de su profesora, demasiada charla y muy poca acción para su gusto. Desvió la mirada suavemente hacia su gemelo y vio que tomaba apuntes en su cuaderno obediente, y en parte, estaba bien; Matthew era el preferido de Miss Lauren, y debía guardar la compostura, Alfred podía aburrirse y ser un mal estudiante porque la maestra realmente le odiaba y recriminaba el no parecerse en nada a su gemelo en cuanto a estudios se trataba, estaba en todo su derecho.

Suspiró sonoramente recibiendo una advertencia visual por parte de Miss Lauren y una risita de su hermano y para matar el aburrimiento, decidió rayar una hoja de su cuaderno. Con lápices tinta azul y rojo hizo estrellas y corazones por doquier y lo rellenó con sus cosas favoritas: hamburguesas, -había desarrollado un fuerte apego por la comida chatarra y continuamente debía soportar las advertencias de Arthur sobre que su estómago estaba creciendo tal vez demasiado, pero a Alfred realmente no le importaba la opinión que su padre tenía sobre él; Matthew siempre le apoyaba y nunca había estado de acuerdo con la tema del sobrepeso de su hermano, así que si Matt creía que Alfred era perfecto, él no tenía por qué preocuparse. Lo que su gemelo pensara sobre él era, realmente, lo único que le interesaba y tomaba en cuenta. No necesitaba ser atractivo para alguien que no fuese Matthew, así que si pensaba que él estaba bien, Alfred era feliz.

Escribió, luego, en la hoja la palabra Héroe y el logotipo de Mc Donald's, y unas malteadas, y nubes intentando imitar su rostro y el de su hermano, y la cara de un extraterrestre gris también. Con los ojos nublados y una expresión aislante, de la boca de ambas nubes dibujó dos globos, el primero apuntando desde su hermano: Necesito un héroe, Me estoy aferrando a un héroe hasta el fin de la noche. A Matthew le gustaba mucho esa canción, la cantaba siempre que dormían juntos y cuando él se recostaba sobre su estómago, y Alfred podía disfrutar de la dulce voz susurrando en su oído y las suaves caricias en su cabello. Sonrió pensando en eso mirando a Matthew por el rabillo del ojo y como su hermano no le correspondió se devolvió al dibujo y la nube que lo representaba expresó: Yo puedo ser tu héroe, cariño. Corazones con su nombre y el de su gemelo eran visibles por toda la hoja blanca y los colores rojo y azul eran evidentes, porque eran los preferidos de ambos. La decoró un poco más y terminó con un Te Amo Matthew, y la clase de Historia acabó con él.

Matthew estiró sus brazos delgados y se volteó para ver a su hermano mientras sus miradas se cruzaban. Los ojos azules brillaron y las mejillas del que los tenía violeta comenzaron a tener un tono rojizo. Alfred sonrió y deslizó su mano por el cabello ahora más largo de Matt –la única diferencia entre los gemelos, además del color de los ojos y la contextura: Alfred tenía hombros más anchos que su hermano y era unos centímetros más alto.- y no detuvo su mano hasta que tocó la piel del cuello. El menor se alejó nervioso porque alguien los viera y guardó los lápices y cerró su cuaderno. Alfred dejó escapar una carcajada y le tomó la mano para que salieran al patio.

Afuera había bulla y estaba lleno de chicos y chicas corriendo y Matt acomodó los anteojos a su rostro, notando como una niña y un niño se acercaban cogidos de la mano. Alfred se adelantó jalando a su hermano del brazo y ambos estuvieron al lado de los chicos que eran uno de los pocos amigos que Alfred y Matthew tenían, no porque fuesen antisociales o algo por el estilo, sino que, sinceramente, su relación era tan buena que no necesitaban más compañía que la que ambos podían entregarse.

- ¡Hola Vash, hola Lily! –Alfred saludó animado a ambos rubios rodeando la cintura de Matt con su brazo y apegándolo a su propio cuerpo. A nadie causó extrañeza, era un comportamiento bastante común en los gemelos.

- Hola chicos –sonrió la niña. Vash carraspeó arreglándose la corbata.

- ¿Ocurre algo? –preguntó Matthew intentando zafarse del agarre de su hermano pero no lo logró. Con una sonrisa frustrada y vencida acarició el antebrazo de Alfred, que tensaba apretando. Sintió el mentón del mayor posicionarse en su hombro y la suave calidez y deseó estar en casa.

- Uhm… -Lily enrojeció- Ustedes son nuestros mejores amigos y creímos que… bueno, deberían saberlo primero.

- ¿Por qué están sujetados de la mano?

El ceño de Vash se relajó y Matthew los observó con ojitos curiosos. Alfred enarcó la ceja y la pareja se arrimó más. Lily levantó su mano entrelazada con la del otro rubio y sonrió ampliamente.

- Vash y yo somos novios. Lo somos desde ayer.

La noticia sorprendió a los gemelos, a pesar de que posiblemente hubiesen podido imaginarlo, porque Vash y Lily gastaban todo el tiempo juntos y los cuatro eran como una especie de unidad y Matthew y Alfred habían sido testigos de muecas y palabras más allá de la simple amistad, se les había difícil creer que una tímida Lily era capaz de ser una novia, y aun más que Vash pudiese ser romántico y cariñoso. Ninguno dijo palabra por algunos segundos y Vash se sintió molesto por ello.

- Bien, si hubiésemos sabido que se lo tomarían así…

- ¡Estamos muy felices por ustedes! –saltó Matthew de pronto lanzándose hacia delante y Alfred tuvo que cogerle mejor.- Simplemente no lo podíamos creer, pero se ven muy lindos juntos.

Alfred asintió, algo retraído. Dejaría que su hermano hablase por los dos. Él quería pensar.

- Muchas gracias, Matt.

- No tienes porqué. Es muy bueno que estén juntos. –El de ojos violeta desvió la mirada a Vash, juguetón- Trátala bien, niño armas. Quiero ver a Lily feliz.

Lily se sonrojó. Vash enarcó la ceja y en un momento desesperado le agarró los brazos, afirmándola a su cuerpo rápida y delicadamente a la vez, e hizo que sus labios con los de la niña se juntaran. Los ojos de Lily se abrieron de par en par y la lengua de Vash se internó en su interior; así no pudo hacer más y correspondió, cerrando sus ojos y rodeando el cuello del rubio.

Alfred pestañó un par de veces fijándose en la lengua que podía verse entre los labios de ambos novios, y su oído se agudizó para prestar atención a la saliva y el sonido de las bocas chocando. Miró hacia abajo, hacia su hermano y presionó su estómago.

Las mejillas de Matthew se colorearon como hacía tiempo Alfred no lo recordaba.

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

Al llegar a casa, los chicos lanzaron sus mochilas al suelo alfombrado del living. Arthur se apuró en ir a recibirlos secándose las manos porque limpiaba la cocina, con la sonrisa en la cara, estuvo feliz de ver a Matthew correr hacia él y abrazarlo. Alfred se quedó atrás, aislado de pronto en su propio mundo.

- Alfred, cariño, ¿te ocurre algo?

- Alfred está pensando en… -Matthew quiso molestar.

- ¡Cállate!

- Al, no le grites a tu hermano. –Alfred hizo un puchero y su padre le acarició la cabellera.- Vayan a su habitación y cámbiense de ropa, tengo que hablar con ustedes.

- ¿Sobre qué?

- Sobre algo importante, niños. Ahora vayan y no se demoren.

Los gemelos asintieron perdiéndose en las escaleras. Alfred le agarró la mano a Matthew cuando entraron a su habitación y cerraron la puerta con seguro, de inmediato, el menor comenzó a quitarse el polar que usaba para la escuela y a buscar su polerón rojo, mientras su hermano le miraba fijamente. Alfred sabía que estaban creciendo, y sabía también lo que eso significaba, realmente lo que significaba. Recorrió con la vista las piernas de Matthew que según su apreciación estaban haciéndose cada vez más largas y delgadas, y sus muslos rechonchos y sus caderas inusualmente femeninas. Subió por su torso delgado y admiró las tetillas rosas, luego la clavícula, el cuello y finalmente otra vez el rostro de Matthew, y esos labios…

- ¿Puedo preguntar por qué me estás mirando así?

- Meditaba lo de Lily y Vash.

- ¿Qué tiene eso? –inquirió curioso.

- Yo nunca he dado mi primer beso.

- Alfred –Matthew parecía enfadado. Se puso una polera blanca sin mangas y sus delgadas extremidades quedaron al descubierto, se acercó a su hermano y rodeó el cuello con sus brazos- Nos hemos besado quinientas veces. ¡Desde los seis años!

- Pero eso no es lo mismo. ¿Viste cómo Vash ocupó su lengua? Nosotros nunca hemos ocupado nuestra lengua.

Logró hacerlo sonrojar. A pesar de que estaban a escasos centímetros de distancia el uno del otro, el rubio de media melena ocultó el rostro en sus propios cabellos que olían a fragancias frutales y suspiró sonoramente cuando su cintura fue rodeada por los brazos de su hermano. Él se estaba volviendo fuerte. Levantó la cabeza y la sonrisa heroica de Alfred impactó en sus ojos y no supo cuando su hermano había juntado sus narices y su aliento le golpeaba los labios con crudeza. Quiso separarse, pero Alfred se lo impidió. Miró hacia la puerta, había olvidado que estaba cerrada.

- ¿Podemos intentarlo? –Alfred sonó meloso.

- ¿Intentar qué?

- Ya sabes… besarnos. ¡Pero un beso de verdad!

- Alfred yo… no lo sé.

- ¿No quieres, Mattie?

- No es que no quiera. Pero tú sabes que papá va a matarnos si nos descubre haciendo esto.

- Hemos guardado muy bien el secreto por cuatro años. Vamos a seguir haciéndolo.

- No lo sé.

- ¿Qué te vuelve inseguro?

Matthew exhaló sintiéndose invadido. Se rascó una ceja y miró levemente a su hermano.

- Es que no está bien, Alfred. No lo está.

- ¿Qué? –Alfred le soltó echándose para atrás. Sacudió la cabeza y le vio con los ojos vidriosos a través de sus lentes- ¿Qué mierda estás diciendo?

- A mí también me duele –fue sumiso- Pero cuando creces, puedes ir dándote cuenta que no es del todo… correcto. Papá siempre nos dijo que los hermanos no se enamoran.

- Pero yo te amo. Te amo desde que nací.

- Yo también te amo –se apresuró en decir- Es sólo… ¿cómo haremos para vivir con esto?

Hasta el momento todo había sido confiable, juguetón, pequeños besos que no sumergían ni presionaban el vínculo tan profundo que compartían. Éste, era un nuevo paso. Si se besaban –un beso de verdad-, entonces era poco probable que pudiesen volver atrás. Y Matthew lo sabía. Él había sido lastimado toda su vida, y no deseaba serlo otra vez a causa de un tabú prohibido incluso por la ley. Había una parte de su cuerpo –su cabeza- que le decía que acabara con esto de una vez e hiciera su propia vida lejos del mundo que pertenecía a él y Alfred. Busca amigos, encuentra una novia, sé feliz, alguien normal. Y la otra, -su corazón- no paraba de llorar y pedir a gritos el contacto con los labios de su gemelo. Que le hiciera sentir especial en una historia fantasiosa. La esperanza contenida emergía desde lo más hondo y florecía al ras de su piel blanca poniendo las emociones en primer plano. El hecho de sentirse querido, de saberse importante, de entender que alguien lo amaría por siempre le llenó el pecho, porque tenía tanta confianza en Alfred. Bésalo, está destinado, tú eres él y él eres tú. Ustedes siempre van a tenerse el uno al otro porque se aman desde el principio y es simple inocencia la que guardan en su corazón.

- Piensas que está mal…

Matthew sonrió tristemente y acarició un mechón de cabello que se levantaba de la cabeza de Alfred y parecía desafiar la gravedad. Al instante el rostro del mayor se sonrojó y su vista se suavizó.

- Supongo que está bien. Estará bien siempre que esté contigo.

Aquellas palabras fueron suficientes para que Alfred sonriera y Matthew se agarrara con más fuerza de su cuello y él de su cintura, y para que sus labios fuesen uniéndose de a poco y sus rostros sonrojados lo demostraran todo. Matt susurró lentamente que no tenía idea cómo hacer esto, simplemente abrió un poco la boca luego de unos segundos de contactos pueriles que imitaban los besos que se daban de niños (y que seguían regalándose hasta el día de hoy) y pudo sentir como algo tibio y húmedo le invadía por completo. Abrió sus ojos para mirar a Alfred, él los mantenía cerrados y hacía presión en la curva de su cintura, así que Matthew prefirió hacer lo mismo, y con torpeza, comenzó a imitar con su propia lengua.

Se estremeció cuando ambas se tocaron y por un instante, deseó retraerla, pero Alfred no se lo permitió, acariciándola con cuidado. Los labios de ambos se mojaron con la saliva que dejaban salir, y luego de un minuto que pareció una eternidad, Alfred se separó. Los ojos de Matthew aún estaban cerrados.

- ¿Cómo ha estado eso?

Matthew no contestó, pero dejó que dos lágrimas se deslizaran por su rostro de porcelana sin hacer algo al respecto, luego, súbitamente se lanzó al pecho de Alfred, donde fue recibido con cariño. Su cabello fue besado y sus manos cogidas, y oyeron el llamado de Arthur desde el primer piso pidiendo por su atención.

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

Matthew sentía que sus labios estaban secos e hinchados y los mordía con suavidad mientras estaba sentado en el sofá al lado de Alfred que parecía más feliz de lo habitual esperando que su padre les trajera algo de beber. Se preguntaba si Arthur notaría algo fuera de lo normal y preguntaría o si simplemente estaba paranoico. Los dedos de su hermano se colaban cada vez más para acariciarle los nudillos y le dio una mirada de advertencia. Alfred se alejó cuando notó que Arthur estaba arribando.

- De lo que quiero hablares… -empezó, entregándoles a cada uno un vaso y los chicos se lo agradecieron.- es sobre algo que he meditado mucho, créanme.

- ¿Qué cosa? –preguntó Alfred sin darle un sorbo a su jugo.

- He estado pensando que sería bueno que ustedes vieran a… que ustedes vieran a Francis.

El silencio reinó en la habitación por unos segundos y Matthew se acercó más a Alfred. El mayor reaccionó casi inmediatamente.

- No queremos ver a Francis.

- No es algo que deban decidir ustedes –siguió tranquilamente, bebiendo la taza de té- Es algo en lo que hemos estado de acuerdo Antonio, Francis y yo.

- Los que lo veremos seremos nosotros, y estamos realmente bien así.

- Alfred, no estoy preguntándote. Matthew y tú saldrán con Francis el fin de semana, irán a comer algo, bueno, él verá dónde ir. Niños, será divertido.

- No necesitamos verlo. Tú nos lo prohibiste durante seis años y él tampoco hizo algo por recuperar las visitas.

- ¿Qué dices tú, Mattie? –Arthur sabía cuánto Matthew quería a Francis y que probablemente estuviese feliz con idea de ver a su père otra vez, pero habían pasado tantos años que no se creía capaz de soportarlo. Agachó la cabeza.

- Yo no… no sé…

- Bueno, esto no es como si quisiera hacerlo o no. Saldrán el sábado con Francis y no se habla más del tema. Será bueno, verlo otra vez.

- ¡No lo haremos! –gritó Alfred.

- No me hables así. –Arthur se levantó, dispuesto a reprender a su hijo.

- Jódete.

Alfred cogió la mano de su hermano corriendo hacia su habitación. Arthur se quedó abajo sintiéndose tan impotente. La puerta del cuarto de los gemelos resonó en toda la casa.

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

13 años

Alfred besaba a Matthew profundamente sobre su cama, empujando sus manos sobre la chaqueta de franela del piyama de su hermano y queriendo desabotonarla para tocar la piel más allá. La boca del rubio sabía increíble, pero quería probar su cuello, y su lengua bajó chupando el cuello y la clavícula mientras el menor suspiraba. Jamás había sentido cosas así, habían comenzado a hacerlas hace unos meses porque las emociones y el cuerpo les pedían más a cada minuto que se besaban.

Las manos de Alfred rozaron los muslos y Matthew abrió las piernas para dejar a su gemelo acomodarse mejor entre su cuerpo. Sentir sus intimidades rozando era como llegar al cielo, y Alfred intentaba callar con sus manos los suspiros que se les escapaban a ambos.

- Oh… -sonrió, jugueteando con la nariz de Alfred, que parecía sensible a cada contacto.

- Mattie…

- ¿Mmm?

- Cambiemos.

Matthew asintió, y se puso sobre su hermano inmediatamente el cayó en la cama. Comenzó acariciando el cuello, luego pasó por el pecho de Alfred y finalmente, a dónde quería llegar: su pantalón. El mayor aún no se ponía la ropa para dormir, así que fue necesario que Matthew desabrochara el cinturón café y luego se preocupara de bajarlos hasta las rodillas.

- Siéntate –ordenó y Alfred obedeció. Estaba tan emocionado por lo que vendría ahora.

Matthew había prometido hacérselo y lo había molestado con ello todo el día. Ni siquiera pudo prestar atención a las clases porque el imaginarse a Matthew agachado entre sus piernas constituía toda su mente. Ahora las palmas le sudaban y no podía esperar por sentirlo.

- Espero que sea… realmente no estoy seguro de cómo hacerlo.

- Mattie –dijo, para darle confianza con una sonrisa- No te preocupes, sé que lo harás muy bien. Va a gustarme. Nos va a gustar.

Matthew asintió, tomó entre sus manos los bóxer azules de su hermano y con cuidado y timidez los jaló hasta que la pelvis de Alfred pudo verse, y se encontró nervioso, pero tomó una gran bocanada de aire y siguió su camino. De a poco, tuvo a su vista la erección de Alfred –aún algo pequeña, pero lo suficientemente grande para Matthew- y se lamió los labios. La cabeza del mayor comenzó a bombear e hizo un pequeño sonido al sentir el aire en contraste con su miembro caliente.

Matthew observó el pene de su hermano por algunos momentos, luego lo tomó entre sus manos delicadas recibiendo un quejido por parte de Alfred. No sabía cómo empezar, nunca había visto a alguien hacer esto y menos se lo habían explicados, y a decir verdad, ni siquiera quería hacerlo, pero Alfred había insistido tanto y él simplemente no pudo negarse.

Acercó su boca lentamente, primero tocándolo con los labios húmedos, luego se aventuró a un poco más y lo beso. Alfred jadeó y pegó un fuerte gemido cuando Matthew se lo metió a la boca, recibiendo una señal de los ojos de su hermano. Arthur estaba abajo con Antonio.

La lengua de Matthew se sentía bien contra su hombría y su saliva aun más, no tardó mucho en eyacular directamente en la cavidad bucal del menor, que lo rechazó de inmediato. El semen cayendo por su cuello y hasta su estómago fue la mejor escena que Alfred había visto jamás.

Se sacó toda la ropa y colocó su piyama, e hizo que Matthew se acurrucara a su lado mientras se cubrían con las sábanas. Aún sonrojado, Matthew descansó su cabeza contra el pecho de Alfred.

- Te quiero –susurró el de ojos violetas. Su hermano le limpió el hilo blanco que colgaba sobre sus labios.

- Yo te amo, Mattie. Te amo tanto. Vamos a hacer esto bien por siempre.

Matthew sonrió abrazando el torso de Alfred, mientras tuviera al rubio junto a él, todo iba a salir bien. Era una promesa.


Quise hacer algo más o menos suave, así que espero que les guste. Reviews, sugerencias, todo es aceptado! Gracias y nos vemos en el prox cap!