3. Cada cosa en su lugar

Rose lloraba silenciosamente, con la espalda apoyada en el alféizar de una de las ventanas de la Torre cuando llegó Albus con Lily. La chica se limpió rápidamente las lágrimas y se bajó de la ventana.

—¡Prima, espera! —rogó Albus al ver que su intención era marcharse.

—Si os manda Lorcan, podéis decirle que se meta el pergamino por la nariz —empezó la chica, con los ojos enrojecidos. No era una persona llorosa, en ese sentido era más bien como su padre, pero la traición de Lorcan había sido algo difícil con lo que lidiar en esos días. Pudo engañar a su hermano, a su primo James, pero Albus era otra historia: él percibía esas cosas.

—Rosie... ¿por qué iba a enviarnos Lorcan? —La joven se volvió, envuelta en la taciturna luz del atardecer—. ¿Habéis discutido?

—A mí sí me preguntó por ti, pero no me dijo que fuese a buscarte. De hecho, creo que quiere hablar contigo, seguro que para hacer las paces —añadió Lily. Ya no tenía la cojera irregular de días atrás. El tobillo estaba curado por completo.

—Fue en Hogsmeade, ¿no? Desde entonces te noto triste...

Rose suspiró. No le hacía ninguna gracia tener que revivir todo aquello, pero hablarlo con alguien quizá menguara ese peso que parecía estar creciendo por momentos en su pecho. Y la persona ideal quizá fuera Albus.

—He traído píldoras ácidas para que lloremos todos —sonrió Lily.

—¿Tú ya estás bien de tu tobillo? —Rose, entonces, se percató de que su prima caminaba bien, y la respuesta fue una sonrisa brillante y un asentimiento de cabeza.

Lily conjuró varios cojines y ambas se sentaron sobre ellos, repartidos en un ala de la Torre. Albus cerró la ventana y aplicó un encantamiento silenciador. Rose, animada por las píldoras, que ocultaron sus lágrimas, y por el genuino interés de sus primos por su estado, rememoró entre ellos los últimos días. Había regresado a Hogsmeade bastante decepcionada; triste, pero sobre todo, decepcionada. La traición de Lorcan estaba arraigándose en su interior. Ella sabía que debía buscar una explicación, que Lorcan, a pesar de todo, no había besado a Abbey, pero que aquella no había sido una conversación normal por el nivel de intimidad entre los dos.


En cuanto Lorcan viera su cara, sabría que le había ocurrido algo. Así pues, Rose, fingiendo un dolor de estómago que no tenía, le pidió a Orleans que si alguien venía a buscarla, le dijera que estaba en cama, indispuesta. La visita de Lorcan no tardó en producirse. Después llegó el fin de semana, y el lunes, Rose recibió un pergamino por lechuza.

"¿Cómo estás de tu dolor de estómago? ¿Nos vemos hoy después de Pociones?"

Rose no podía ni quería huir; el fin de semana había sido duro, y no le gustaba pasarse el tiempo lidiando con posibles preguntas y respuestas. Se reunió con Lorcan a la salida del castillo más próxima al lago. El chico se acercó a ella inmediatamente, pero Rose hizo un gesto evitándolo, que Lorcan interpretó como una petición de espacio, nada más.

Caminaron hacia el lago, ambos con las túnicas abrochadas. Lorcan llevaba su pila de libros en el zurrón porque no le había dado tiempo a dejarlos en la torre, así que los depositó con cuidado sobre el césped.

—¿Cómo fue tu día? —preguntó, sonriendo a Rose de forma brillante, como si realmente disfrutara de su compañía.

—Algo ajetreado.

Tras un silencio espeso y una mirada demasiado larga de él sobre ella, Lorcan habló:

—Rose, ¿puedo besarte? Aquí no hay nadie —la chica se volvió, con los brazos en jarras, y respondió:

—Claro. En cuanto me digas qué hacías en Hogsmeade el viernes —la cara de Lorcan fue todo un poema. Abrió la boca, la cerró, se sonrojó y después miró hacia el lago.

—Solo hice unos recados.

Rose dirigió también la vista hacia el lago porque la visión de Lorcan mintiéndole volvió a sentirse como una puñalada.

—Bien acompañado, supongo.

Se hizo el silencio. Lorcan no sabía si hablar, y si lo sabía, quizá estaba tratando de intuir qué habría visto Rose.

—En realidad fui solo. ¿Estás enfadada porque no fui contigo? Las próximas salidas son para ti, Rose.

La chica cambió su lenguaje corporal de forma inconsciente, cruzándose de brazos.

—Quizá ya no hace falta que te preocupes por eso.

—¿Qué pasa, Rose? ¿Alguien te ha dicho algo? ¿Alguien que quizá quiera separarnos?

Rose se giró bruscamente. Se mordía el labio, sentía un nudo en la garganta y trató de sonar calmada.

—Nadie me ha dicho nada, Lorcan, pero, a menos que tengas una explicación más creíble que la que vi con mis propios ojos, adelante.

—¿Y qué viste, por favor? —Lorcan tenía un genuino autocontrol, pero en esa frase, se le quebró la voz.

—Digamos que fui a enviar una lechuza a mi tío Harry —Rose añadió una sonrisa falsa, repasando cada uno de los movimientos en el rostro de él.

Lorcan bajó la mirada.

—Me viste con Abbey —como recibiera un silencio a cambio, Lorcan trató de pensar por qué la chica había ido a enviar una lechuza y a cotillear en un sitio tan concreto. Supuso que esa pregunta estaba fuera de lugar si quería evitar el enfrentamiento—. Tenía que hablar con ella, pero no puedo contarte los motivos, o estaría traicionando a alguien.

—A mí lo que me preocupa, Lorcan Scamander, es que me has traicionado a mí.

—Entiendo tu enfado. Pero no tengo nada con Abbey y sabes que eres la única para mí —estableció Lorcan, con la mirada sombría, sin apartar la vista.

—¿Y por qué no me dijiste que tenías que hablar con ella y por eso no podías salir? —Rose intentó que la frase saliera de forma calmada, pero no pudo evitar gritar.

—No creí que fuera buena idea —Rose lo miró con furia. El autocontrol de Lorcan se estaba extinguiendo, se mesó los cabellos y sus piernas se movían de un lado a otro, nervioso. Si ocultaba algo, si no podía ser sincero con ella, ¿adónde iba su relación?

—No me gustan las mentiras.

—Lo sé... solo, confía en mí. Sabes que te lo diría si pudiera, pero, no estoy involucrado yo únicamente.


Rose tragó la última píldora ácida, puso sus brazos alrededor de sus piernas y miró al infinito.

—¿Y ya está? —Lily la miró, extrañada.

—Ya está, solo me dijo que no podía contármelo, pero que confiara en él. Así que yo también voy a pensar en ello y en que quizá no me interesa un compañero que no puede sincerarse conmigo.

Albus calló, mirando sus zapatos.

—Pero tú le quieres, Rose.

—El amor no es suficiente, ¿sabes? —Rose se mordió el labio—. Mamá siempre dice que hay que asegurarse de que tu novio es siempre tu mejor amigo.

—¿Ha vuelto a decirte algo? —inquirió Albus.

—Me ha pedido que nos veamos varias veces, y obviamente, lo he rechazado.

—¿Y dices que la viste con Abbey Justin? —volvió a preguntar, y su prima asintió—. Curioso. He visto a Lorcan varias veces, pero siempre solo. ¿Quieres que hable con él?

Rose negó con la cabeza.

—No. Es evidente que si es algo que no puede contar, tampoco te lo dirá a ti. Además… no creo que Lorcan me esté engañando con Abbey. Pero su mentira al decirme que no bajaría a Hogsmeade, me dolió. Y además de eso, también su negativa a confiar en mí.

—Abbey y tú tampoco sois amigas, no veo por qué no pudiera contarte eso que lo involucra a él y a ella —elucubró Lily.

—Quizá no sea un asunto solo de ellos dos —habló Albus, hasta entonces callado—. ¡Oye, Rose! ¿Y si a quien viste no fue Lorcan, sino a Lysander?

Lily se giró, sus enormes ojos marrones ensanchados por la sorpresa al recordar que ambos eran gemelos idénticos.

—¿Se cambiaron? ¿Cómo hacían los tíos Fred y George?

—Me temo que no. Aparte de que él ha confesado, no puedo equivocarme. Le conozco… —y Rose quiso añadir "le he besado", "le he abrazado", "conozco su olor", pero nuevas lágrimas amenazaron con romper su exterior ahora calmado.

—Prima, él te quiere y puedo demostrártelo —Lily se levantó, alisándose la falda, y Rose la imitó, temiendo que hiciera algo incorrecto.

—No hagas nada, Lily. Los intermediarios en estos temas solo causan confusión. Sin ofender, pero…

—Pero algo tienes que hacer, Rose —apoyó Albus, levantándose también—. No puedes estar constantemente elucubrando cosas que ni siquiera existen.

—Y eso me lo dice un Slytherin —sonrió Rose meneando la cabeza—. De verdad, chicos, solo quería desahogarme. Es cierto que tendré que poner una solución al tema, pero dejadme que lo haga sola.

Lily y Albus recogieron los cojines conjurados devolviéndolos a su estado normal, libros de texto del colegio; tras aquello, se despidieron de Rose y caminaron hacia la sala común de Slytherin. En el camino, un chico alto, rubio y espigado, parecía tener prisa. Los hermanos se miraron el uno al otro.

—¿Piensas lo mismo que yo, Albus?

—No sé si lo mismo que tú, pero me parece que ese chico necesita una conversación.


Rose se afanaba en terminar una redacción de los usos de la sangre del dragón cuando alguien se inclinó sobre ella.

—¿Podemos hablar?

Rose se giró y su corazón dio un vuelco para colocarse en su lugar después. Con la mano en el pecho, terminó de observar a aquel muchacho. Sus voces eran parecidas, pero no iguales.

—Oh. Lysander. Qué susto me has dado.

—Pensabas que era mi hermano, ¿no? —Lysander sonrió ligeramente y acompañó a la chica fuera de la sala para evitar regaños de Irma Pince, quien ya los miraba por encima de las gafas.

Se dirigieron hacia uno de los pasillos más cercanos a la zona, donde Lysander la interrogó sin rodeos.

—¿Os ha pasado algo a ti y a Lorcan? Mi hermano me dijo que habías aceptado ser su chica.

Rose se mordió el labio, y un rubor se extendió por su cara.

—Sí, acepté salir con él.

Lysander se apoyó en la columna más próxima y miró hacia el techo.

—¿Sabes cuántos años ha esperado mi hermano para pedirte salir?

—Habla claro, Lysander, sí, sé que ha esperado mucho tiempo, y sí, sé que me quiere. Pero pasó algo que no me gustó.

Lysander exhaló todo el aire contenido y dijo, benevolente.

—Por mi culpa.

—¿Perdón? —preguntó Rose, confundida.

—Le dije a mi hermano que no se lo contara a nadie, y veo que se lo ha tomado demasiado en serio. Aunque después de que te lo explique quizá vayas a gritarle a Lorcan y me grites a mí también. Bien. Prométeme que si te lo cuento harás las paces con mi hermano.

Rose comenzaba a sentir aún más inquietud en su interior. ¿De qué iba todo ese tema secreto? ¿De verdad quería saberlo? Tal como había dicho Albus, no aguantaría elucubrando posibles hipótesis en su mente.

—Dispara, Scamander.

—Promételo, Rose.

—No, no lo prometo. Veamos qué tienes que contar. Me impaciento por momentos.

Ambos se sentaron en el suelo. Una ventana solitaria iluminaba sus rostros a través de un haz de luz colándose. Las pisadas de algunos estudiantes se escuchaban, cercanas, a su paso para ir a otras zonas, acompañadas de algunas risas y comentarios.

—Abbey Justin. Aquel día, en Hogsmeade, se me iba a declarar. Digamos que lo supe. Y sabes cuán malo soy para hablar, Rose. Y lo bien que mi hermano se defiende con las palabras.

—¿Le gustas a Abbey y enviaste a Lorcan en tu lugar para que la rechazara? —a Rose se le abrió la boca como un buzón. Al final, Albus no iba mal encaminado…

—Nos odias, ¿verdad?

Rose no lo definiría como odio, pero tras ponerse en el lugar de la chica, tras entender que nunca obtuvo una respuesta sincera, pudo notar la rabia ascendiendo desde su estómago.

—Mucho. ¿Por qué hiciste eso?

—Abbey… ella es muy susceptible.

—Y sincera. ¿Y crees que se merece algo así?

—No. Rose. Soy yo, que soy inseguro cuando hablo con las chicas, maldita sea. No tengo la labia de mi hermano, y si iba a la cita, seguro que decía alguna palabra incorrecta.

—Aún así —Rose se giró para mostrarle su rostro enfadado—, ¿crees que Abbey no se dio cuenta?

—Tú nos identificas a pesar de ser idénticos —fue toda la respuesta de Lysander, cuyas manos se movían, nerviosas, por sus muslos.

Había gestos que los hermanos compartían, pero Rose, incluso si sus gestos fueran iguales, sabría inmediatamente decir cuál de los hermanos hablaba con ella.

—Lysander, cuando quieres a alguien lo memorizas todo. Y si a mí Lorcan me hubiera dado el cambiazo contigo, no solo lo hubiera descubierto, sino que además me habría enfadado. Mucho.

Lysander asomó una ligera sonrisa, porque la situación tenía su gracia.

—Sabía que ibas a estar en desacuerdo. Realmente, cuando le pedí esto a mi hermano, mi intención no era que te lo ocultara; seguramente, al hablar con Abbey, él sí se dio cuenta de que lo que habíamos hecho estaba mal. ¿Cómo iba a contártelo? Le odiarías igual…

Rose suspiró, murmurando algo como "Lorcan, idiota". Pero el alivio de saber que solo fuera eso, que él no estaba involucrado con nadie más, que la historia de Lysander fuera cierta, aunque injusta para la pobre Abbey, vertieron en ella el bálsamo de esperanza y alivio que necesitaba.

—Voy a ponerle las pilas a tu hermano —se levantó, decidida—. Y en cuanto a ti, te recomiendo que hables con Abbey y te disculpes. Si además de rechazada es ignorada, no dudes de que ya no será vuestra amiga. De verdad, a veces no sé qué tenéis los chicos en la cabeza… creéis que somos tontas.

Lysander vio cómo Rose Weasley marchó hacia la torre de Ravenclaw. Recordó la charla que tuvieron Albus y Lily con él, contándole el problema que ambos estaban enfrentando. Había sido un idiota, perjudicando a Rose y Lorcan así. Miró un punto al infinito, respiró y, con manos aún temblorosas, sacó pergamino y pluma y comenzó a redactar una carta de disculpas.


Albus entró a la sala común, con las mejillas coloreadas y la respiración alterada, cansado: había corrido casi una hora por el lago para poder tener ese aspecto y hacer su farsa. Sin dilación, se dirigió hacia el cuarto que compartía con otros estudiantes, entre ellos Scorpius Malfoy y lo encontró allí, tumbado en la cama, mirando el techo.

—¿Qué quieres, Potter? Estoy ocupado.

Albus se preguntó a qué le llamaban en su familia estar ocupado. ¿Qué dirían si vieran a su madre, ama de casa, atendiéndolos a todos a la vez? Pero claro, el señorito Malfoy tenía elfos domésticos y mucho tiempo libre.

—Quiero… darte algo —la captación de sorpresa provocó que Scorpius se moviera en su cama, se incorporara, y lo mirara con interés. Siempre era un plus, para todos los estudiantes de Slytherin, que el hijo de Harry Potter te prestara atención.

—¿A mí?

—Sí. Bueno… yo… verás, te traje un regalo sin importancia —Scorpius contempló el papelito del paquete y lo reconoció enseguida: era de Honeydukes. Orgulloso, alargó la mano para cogerlo y cuando vio su interior, palideció—. Escuché a Ewan Carmichael decir que le encantaban las mamadas y…

Albus no pudo terminar la frase. Scorpius, completamente rojo, había agarrado su varita para lanzarle un maleficio de piernas de mantequilla, pero no por nada, el moreno era hijo del auror Potter y supo esquivarlo sin dificultad.

—Mira, Potter, esta noche ni se te ocurra aparecer por aquí porque llenaré tu cama con grindylows del lago, ¿entiendes?

Las risas desorbitadas de Albus podían escucharse hasta que éste salió apresuradamente de la sala común de Slytherin. Más tarde, sus propios compañeros de cuarto lo escoltarían hacia su cama felicitando la excelente broma que habían presenciado.


La pluma de Lorcan rasgaba el papel con mucha rapidez en un trabajo para Encantamientos en su sala común cuando su portador notó una presencia tras él.

—Escribiste mal "adquiriremos" —el chico se volvió para ver a Rose junto a él, con el ceño fruncido. El chico miró hacia la puerta. Salvo él y dos chicas más, estaba solo allí.

—¿Cómo has entrado? —Rose fue a abrir la boca y entonces Lorcan meneó la cabeza en un gesto desdeñoso—. Ah, a veces pareces más Raven tú que yo.

Lorcan se levantó, apartándose de sus compañeras, que compartían la mesa, y dejó sobre su libro el pergamino a medio rellenar.

—Me alegra mucho verte —admitió Lorcan, bajando la voz mientras caminaban fuera de la torre, y rozó la mano de la chica con su dedo. Rose se sobresaltó, pero aceptó el roce sin decir nada—. ¿Ya no estás enfadada?

—Lysander me ha contado todo.

—Oh —la cara de Lorcan se desencantó del todo—. Y supongo que has venido a decirme cuán idiota he sido por dejarme llevar por la idea.

—Más o menos...

Había un banco junto a una enorme pintura, y ambos se sentaron allí. Las columnas les daban suficiente privacidad, no era un lugar de paso salvo que quisieras ir a los baños de prefectos. Por algún motivo, a Rose ya no le importaba.

—Lysander hablará con ella. Se dio cuenta de que no era justo para Abbey. Lo que ya no sé es si ella querrá escucharle. Mi hermano no es muy diferente a mí; no sabe qué decir cuando se le declaran sin ofender a la otra persona.

—Puede escribirle una carta. Creo que así es más sencillo —propuso Rose.

—Sí. Es otra opción. Se lo diré.

Tras un enorme silencio en el cual Lorcan respiró entrecortadamente, se pasó las manos por sus pantalones y mantuvo la mirada perdida, Rose habló:

—Estás nervioso, Lorcan, y sé lo que vas a hacer en cinco segundos —en lugar de enfrentarla con la mirada, Lorcan se tapó la cara. Su mano fue agarrada con fuerza—. No puedes huir. Tienes que enfrentar las cosas. En la vida no siempre hay que reír, Lorcan. Es mejor que aprendas eso.

El joven continuó con la mano sobre la cara. La voz, temblando, preguntó:

—¿Eso quiere decir que ya no quieres verme más? ¿Te he decepcionado?

—Mírame, Lorcan —el chico alzó sus azules ojos llenos de lágrimas—. Me has decepcionado. Pero eso no quiere decir que no te quiera. Lo he pasado mal estos días, pensando que querías a otra persona, pensando que tenías algún motivo oculto para mentirme.

—Abbey solo es una buena amiga... que está enamorada de mi hermano. Ella es la única que pierde en esta situación. —Lorcan enjugó las lágrimas con su mano y trató de calmar su nerviosismo.

—Lo sé —Rose lo abrazó. Y, por Merlín, abrazarle era tan reconfortante; sentir su calor, su aroma, su presencia. No podía dejar a alguien tan importante en su vida por un malentendido. Lorcan tenía sus miedos, sus traumas, como cualquier otro mago de su edad, como ella. Pero también tenía excelentes virtudes que hacían su vida feliz. Esa complicidad, ese modo de entenderse, puras bendiciones.

Lorcan trataba de calmarse agarrando la túnica de Rose con fuerza. Cuando la respiración se hizo más calmada, el chico notó unas suaves manos pasando por su cabello, revolviéndolo con calma. El nudo en la garganta fue desapareciendo, reemplazándose por un incómodo ardor en la parte baja del estómago cuando alzó la vista y Rose Weasley lo besó apasionadamente. Lorcan tuvo que retirarse para poder calmar su cuerpo y los latidos acelerados.

—Mierda, Rose —murmuró mientras la chica lo miraba con deseo profundo—. Para o tendremos problemas.

—¿No te jactabas de tu estupendo autocontrol? —sonrió malévola, con el rostro a dos milímetros del suyo.

—¿Y tú temías no dar la talla? —se burló Lorcan. Y tan repentinamente como se arrimó a él, Rose se apartó para introducir la mano en un bolsillo de su túnica—. Por cierto, te he escrito algo.

Lorcan alzó las cejas, sorprendido, y abrió el pergamino: en caligrafía elegante y cuidada, pudo leer:

Enhorabuena. Has elegido a un Gryffindor. Somos sinceros, impulsivos, a veces testarudos,

pero nuestro instinto de protección nos obliga a conservar lo que queremos en nuestra vida.


FIN

FF_FF

28/08/14


Notas de autor: Estos fueron los tres títulos que se me asignaron para escribir una historia de HP y aumentar así el número de fics en castellano. Siempre he querido escribir sobre los hermanos Scamander, así que aproveché y reuní también el tema de los miedos irracionales y aquellas cosas que nos paralizan que para otros pueden ser incomprensibles, pero que cada uno vive a su manera.

Espero que os haya gustado y estaré encantada de recibir vuestras opiniones.

Besos.