Te Pido Perdón

By Princesa Jesibel

Capítulo III

Tristezas

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Haruka estaba peor que un león enjaulado y hambriento, no podía digerir lo que Darien le había hecho a su querida princesa, a su cabeza de bombón.

—¡Yo lo mato! —se volteó para ir a su carro, pero una mano sobre su brazo la detuvo.

—Haru, por favor —suplicó.

—Por Dios, sirena como quieres que me calme si ese desgraciado le rompió el corazón a cabeza de bombón ¡solo por una calentura! —escupió con rabia, con rencor… al borde del odio.

—Recuerda lo que dijo Setsuna que la pequeña dama está en camino y Serena necesita nuestro apoyo, no que le provoquemos más dolor.

Pero eso no le devolverá aquella luz que poseía cabeza de bombón, esa luz murió —empuñó sus manos y cerró sus ojos— es cosa que la mires, parece un zombie.

Michiru pensó que quizás Haruka tenía razón y Serena jamás regresaría a ser la misma, pero se abstuvo de hacer comentario alguno.

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Las semanas pasaban y todo parecía transcurrir normalmente pero no era así, ya que algo malo estaba en el aire… una tragedia se podía sentir y una jovencita de cabellos negros como la noche, se encontraba meditando frente a un fuego que se avivaba cada instante más y más.

—¿Qué es esta sensación? no es nada bueno y debo averiguar que es. Ahora más que nunca debemos proteger a Serena —salió del cuarto y comenzó a llamar a las chicas (menos serena) se reunieron en el templo Hikawa.

—¿Estás segura Rei? —su voz se oía temerosa.

—Sí Lita, es una fuerza maligna y muy poderosa y está sobre nosotros…

—Deberemos averiguar más antes de decirle a Serena.

—Crees que sea prudente decirle Amy, no la he visto muy bien últimamente —reveló la blonda.

—Yo también la he visto nada bien Mina, pero no sería justo no decirle. Además ahora que ella y Darien están separados debemos tener más cuidado. Serena está muy débil y vulnerable.

—Tienes razón.

Pero ellas no imaginaban que no solo existía ese peligro, sino otro peor… uno que es silencioso y peligroso… LA DEPRESION…

Serena iba todos los días a la universidad, pero estaba como ausente, distinta, se la veía mas delgada, ojerosa, apagada, a su alrededor casi nadie lo notaba a excepción de sus guardianas.

—¡Te lo dije sirena! ese infeliz destruyó a cabeza de bombon, mírala.

—Lo sé Haru, pero ella debe superar esta dura prueba.

—Mmm… no estoy de acuerdo contigo Michiru… no estoy de acuerdo contigo —masculló molesta

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Mientras en otro lado del Campus

—¿Vieron a serena? —preguntó la rubia que recién se la había topado en el baño y al verla se impactó por su aspecto.

—Sí Mina y parece un zombi… me preocupa, está demasiado delgada… se ve fatal.

—Yo he escuchado que no duerme, no come, y solo está estudiando —señaló incrédula Amy.

—Sí eso es verdad Amy, ella sola se está destruyendo y no es bueno… debemos hacer algo.

—Yo creo que nos equivocamos y debimos haberle permitido viajar a Estados Unidos —dijo arrepentida Rei— creo que fuimos muy egoístas chicas.

—Creo que tienes razón Rei, no medimos las consecuencias realmente —suspiró— juro que odio a Darien ¡LO ODIO!

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Con el pasar de los días, las chicas seguían observando a Serena… ella estaba tan distinta, apagada, frágil, destruida… y les dolía en el alma, pero no era la única que sufría. En un departamento estaba un joven completamente borracho, con una barba de días completamente sucio, parecía un pordiosero. Y las chicas no eran las únicas que se preocupaban por sus amigas, un rubio de ojos verdes, también lo hacía por su amigo.

—Darien ¿estás aquí? —preguntó mientras entraba al departamento con la llave que estaba bajo la alfombra— ¡soy Andrew! ¡DARIEEEENNNN!

Cuando lo vio, casi se desmaya de la impresión, no podía creer que ese sujeto que veía era su amigo aquel hombre ordenado, aplicado, perfeccionista que conocía desde hacía años.

—Darien pero ¿qué demonios te pasó?

—Aanddrrew aamiggo hip qquue aallegggriia vvertte.

—Estás borracho —reprochó— ven —se inclinó y ayudó a levantarlo— te darás un baño de agua fría —lo llevó a rastras hasta el baño— ¿Por qué demonios hiciste algo así?

—Sssoolloo ffeestteejjabba mmi ddesggracciaa.

—Hay amigo, eres un idiota —Andrew lo bañó y aseó dejándolo como lo recordaba, mientras terminaba de vestirse, Andrew le preparaba un café bien cargado.

—Aquí tienes tu café Darien —le tendió una taza de café negro y sin azúcar, tal como le gustaba al moreno y dos aspirinas.

—Gracias Andrew —se llevó el dedo índice y pulgar hasta el tabique de su nariz— se me parte la cabeza —gruñó molesto con sí mismo.

—Con la borrachera que tenias —reprochó— era para que no te doliera —fue sarcástico.

—Solo quería ahogar mis penas… tratar de olvidar… ya no doy más hermano —su voz se quebró y dejó caer una lágrimas por sus mejillas.

—Dime ¿qué te está pasando? Quizás pueda ayudarte —ofreció fraternalmente.

—Andrew yo —dudó un momento en continuar contándole, pero decidió continuar— yo engañe a Serena —el rubio pestañó varias veces seguidas.

—¿Queeeee? pero ¿qué estás diciendo? —dijo incrédulo.

—Sí amigo, y ella se enteró… —suspiró resignado— bueno me encontró en pleno acto.

—Oh mi Dios, ¡eres tonto o que! ¿Cómo pudiste?, ¿cómo le hiciste algo como eso a Serena?

—¡Lo sé! y estoy pagando con creses mi maldito error… pero estoy arrepentido amo a Serena con todo mi corazón… pero ¡FUI UN MALDITO INFELIZ!

—Eso tenlo por seguro, ella es una persona dulce pero no come vidrio y tú la lastimaste de la peor manera posible… no, no la lastimaste, la traicionaste que es peor aún —lo miró con los ojos entrecerrados— con razón oí a las chicas hablar preocupadas sobre Serena.

—¿Qué le pasa a mi princesa? —preguntó preocupado.

—Creo que ya no es tu princesa —señaló irónico y molesto ante lo cara dura del moreno— Estuvieron diciendo que no come, la ven ojerosa, muy delgada... Darien, Serena está mal —Darien se sintió podrido.

—¡Es mi culpa Andrew! —comenzando a llorar— ¡yo lastimé a mi princesa! y ahora ella se está dejando estar por mi culpa.

Eso debiste pensarlo antes de cometer esa estupidez. Creo que iré a verla —Andrew se levantó del sofá y se despidió de Darien dejándolo solo.

—¡Debo hablar con serena! —dijo en un susurro— ¡princesa perdóname! Por favor, perdóname.

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Mientras tanto en la casa de los Tsukinos el caos comenzó a aparecer

—SAMMY, LLAMA A TU HERMANA PARA QUE BAJE A COMER —gitó ikuko desde la cocina hasta el segundo piso.

—ESTA ESTUDIANDO, MAMA —fue el grito en respuesta de su hijo menor. Ikuko caminó hasta el pie de la escalera para no continuar gritando.

—No pasara nada si baja a comer, así que llámala igual —nuevamente señaló su madre.

—¡Sí mamá! —Sammy llamó al cuarto de su hermana sin imaginarse la Dantesca imagen que vería al cruzar la puerta.

—Serena tonta, dice mama que… —no pudo continuar al ver en el piso, desmayada y en un charco de sangre inconsciente a su hermana.

—Serena hermanita despierta… ¡MAMAAA! ¡PAPAAA! —zamarreándola— Serena tonta ¡no hagas estas bromas!

—Hijo ¿qué pasa? —cuando vio a su hija en el suelo se arrojó hasta ella y la tomó en sus brazos— SERENA HIJA DESPIERTA, SERENA… SEREEENNNAAAA… Dios por favor no… nooo… ¡NOOO!

—Sammy, ¿qué pasó?, ¿qué ocurrió?... mi bebita ¿qué le paso a mi bebita? —desesperado.

—No lo sé papá, mamá me pidió que viniera por ella para cenar y la encontré así —dijo con lágrimas en sus ojos.

—Llamaré a la ambulancia —anunció Ikuko que había permanecido en shock por unos segundos.

Ikuko salió corriendo por el teléfono para llamar a la ambulancia, que no tardó ni 5 minutos en llegar, cuando la subían a la ambulancia, el médico habló con los padres.

—La joven ha estado deprimida, algo parecido que la tenga en este estado —preguntó mirando a su madre. Lo cual rápidamente Sammy contestó.

—Su novio la engañó y terminaron la relación —suspiró— desde hace semanas que mi hermana ha estado deprimida, doctor —los padres de Serena se miraron entre sí y luego dirigieron la mirada hacia el pequeño que los dejó completamente anonadados al enterarse de aquella información.

La ambulancia salió rápidamente de la casa de los Tsukino hacia el hospital, llevando a una Serena moribunda, completamente sumida en la tristeza total y debatiéndose entre la vida y la muerte.

—Doctor noté esto —señaló un enfermero que iba en la ambulancia.

—Sí, esta sangre es por un embarazo… la jovencita está perdiendo a su bebé.