Todos los personajes y el contexto pertenecen a la brillante Suzanne Collins.

Advertencias: Situaciones adultas, spoilers de Sinsajo.

Need

Gale está al otro lado de la puerta.

Katniss aspira desde el sillón el olor a menta que despide su cuello, imagina sus ojos grises dilatándose ante la mirada azul de Peeta, quien tiene mal abrochados los pantalones y marcas de mordidas en el cuello pálido.

Sabe que Gale está imaginando demasiado, que sabe que hay una chica ahí, pero que puede ser cualquier otra. Que el ambiente huele a sudor y a eso y a Katniss le aterra la idea de salir de debajo de las mantas.

Pero sus pies asoman por un lado del sillón, sólo lo suficiente para ser vistos por Gale.

El silencio se extiende entre ambos, condensando el aire y haciendo que las piernas le tiemblen demasiado.

Cuando Gale habla, su voz se escucha diferente, masculina, mayor.

–Fui a buscar a Katniss a su casa, pero no había alguien. Supuse que tu sabrías dónde está.

–Justo aquí– dice Peeta mientras señala los pies de la chica.

–Oh, ya veo.

Escucha los pasos de Gale alejándose de ella, y después, el sonido de algo que se rompe. Gale le ha dado una patada a uno de los estúpidos gnomos de jardín de Peeta, y lo ha dejado hecho pedazos.

Cuando Katniss sale del sillón quiere gritar, quiere golpear el pecho de Peeta, jalarle el cabello y mirarlo con odio.

Así que lo único que hace es murmurar, hablar por lo bajo, casi escupiendo ácido por los labios.

–Idiota.

Sweet

Mientras camina hacia el bosque, el peso de lo que acaba de hacer cae sobre sus hombros como un yunque gigantesco. Le dijo a Peeta que era un idiota, salió corriendo de su casa, fue a buscar a Gale.

Tres ramitas apuntan hacia el norte, hacia en el lugar en el que siempre se encontraban. Camina silenciosa como siempre, el arco y las flechas colgadas en la espalda, rebotando con cada paso que da. Las nubes se vuelven grises sobre su cabeza y un viento helado mece su cabello de un lado hacia otro, le congela las pupilas y le entume los dedos.

No quería que Gale se enterara así. No quería que la encontrara en casa de Peeta, que rompiera su burbuja de intimidad y la obligara a admitir demasiado pronto algo de lo que ni siquiera ella está segura. Se siente estúpida, mil veces ridícula y furiosa con Peeta por haber hecho tan obvio que ella estaba ahí.

Pero también se siente culpable.

Por no poder admitir frente a su mejor amigo que quiere estar con Peeta, por no poder perdonar a Gale, por odiarlo aunque el sentimiento le carcoma las entrañas.

–Así que tu y Mellark, ¿eh? No es que sea sorpresa, pero no creí que fueras tan estúpida como para estar con alguien que pasó semanas intentado matarte.

La voz de Gale rompe la tranquilidad del bosque y le llena los labios de respuestas cortantes, pero no puede hablar. Se sienta a un lado de Gale y mira su aliento formando nubecitas de vapor caliente dentro de la atmósfera helada.

Recuerda a Prim, en llamas, corriendo mientras el miedo y el dolor la consumían hasta convertirse en un trozo de piel chamuscada , un aliento febril la inunda y la imagen de su hermanita muerta y la trampa de Gale se mezclan, se funden hasta convertirse en el mismo terrible acto que la dejó marchita por dentro.

No hablan. Simplemente esperan. El chico y la chica que se conocieron tantos años atrás, unidos por la necesidad de mantener vivas a sus familias. Pero incluso eso les ha sido arrebatado y no pueden encontrar algo en común, algo que los una fuertemente a pesar de todo.

Están a centímetros de distancia, bastaría extender su mano para tomar la de Gale, así que lo hace. Sus manos de cazador se sienten demasiado bien, callosas y fuertes, de piel aceitunada como la suya.

–Perdón

Escuchar las disculpas de Gale es más de lo que puede soportar, pero asiente mientras mira hacia la espesura del bosque (aún no se atreve a ver sus ojos) y un par de lágrimas gordas escurren por sus mejillas.

La realidad es que no puede perdonar a Gale, no concibe lo que significa perdón. ¿A caso es olvidar? Pues ella no puede olvidar lo que pasó en el capitolio, por más que lo intente. Tal vez perdón sea dejarlo ir en paz, superar el rencor que la destruye un poco cada día. Eso sí puede hacerlo. Y sólo se le ocurre una manera.

Regret

Besa a Gale despacio, sin mover las manos de los costados. Ninguno de los dos separa los labios, son sólo bocas que se encuentran, que saben a nieve derretida y agujas de pino. Es un beso corto, frío, incómodo.

Es un beso de despedida.

Cuando se separan, los ojos de Gale brillan con la luz que se cuela entre las hojas de los árboles y su pecho sube y baja con el sonido de una respiración entrecortada.

Ve el fuego en sus ojos, ve su propio reflejo de venganza e ira en el chico que está frente a ella, y sin lugar a dudas, logra aclarar su mente.

Katniss lo entiende ahora. Necesita a Peeta como el aire para respirar, necesita sus manos tibias en su espalda, su cabello rubio en sus labios y el océano de sus ojos azules para hundirse en él, para tranquilizar su piel chamuscada y derretida. No puede estar con Gale, porque es fuego y francamente, no necesita acercarse más al sol.

Así que cuando Gale lo pregunta, sólo hay una respuesta posible:

–¿Lo amas?

–Si– la palabra es tan obvia, que casi se echa a reír cuando se da cuenta que esa opresión en el pecho por ocultar la verdad se desvanece rápidamente.

–Bien, Catnip.

Culpa

Se entera que Gale estaba en el distrito 12 por algún estúpido e intrascendente asunto gubernamental. Por supuesto, Sae estaba enterada y le hubiera advertido "si no hubieras pasado ¡todo el día en casa ese chico haciendo quién sabe que cosas!".

Corre de regreso a casa de Peeta y lo encuentra sentado frente al fuego, con los vaqueros desgastados aún si abrocharse bien y el torso desnudo brillando bajo la luz que desprenden los maderos de la chimenea.

Cuando voltea para encontrarse con su mirada, una ola de culpa la atraviesa como un hierro hirviendo. Lágrimas cruzan su rostro pálido, y sus ojos azules, inyectados en sangre, se entrecierran con esfuerzo.

–Peeta, lo siento.

–Pensé que te habías ido, con él, para siempre– dice Peeta con un hilo de voz mientras clava sus uñas en sus rodillas y se balancea incontrolablemente hacia atrás y hacia delante. –¿Quién eres, Katniss?

Peeta está teniendo un flashback. Tiembla se pies a cabeza y se sostiene de la orilla de la mesa con una mano mientras con la otra jala sus rizos rubios hasta casi arrancarlos. Katniss sabe que es su culpa, que haber huido al bosque con Gale desencadenó el veneno que corre todavía en la sangre de Peeta. Fue su culpa, así que tiene que remediarlo.

Fuera, un resplandor de luz cruza el cielo y un estruendo hace que sus articulaciones se tensen. La lluvia empieza a caer implacable sobre los tejados.

Peeta grita de dolor mientras estrella su frente contra la orilla de la mesa una y otra vez. La palabra muto escapando interminablemente de sus labios.

Lluvia

Se acerca a Peeta muy despacio, como le aconsejó el doctor Aurelius. "No hagas movimientos repentinos, háblale con voz calmada, intenta alejarlo de objetos peligrosos, recuérdale la realidad"

–Hey, Peeta. Soy yo, Katniss. ¿Me recuerdas? Me regalaste una hogaza de pan hace unos años.– Dice Katniss con el tono de voz más calmado que logra. Por alguna extraña razón, no considera apropiado recordarle que estuvieron juntos hace algunas horas. Prefiere retroceder más en el pasado, cuando las cosas eran más sencillas.

–Estaba lloviendo, ¿real o no?

–Real. Estaba lloviendo, justo como ahora.

Peeta aleja su frente del borde filoso de la mesa y fija la mirada en las ventanas, que escurren agua de lluvia a caudales.

El chico se pone de pie y cruza rápidamente el umbral.

Katniss corre detrás de él hasta llegar al centro de la aldea de los vencedores, ese lindo jardín con una fuente en el centro.

Está empapada y helada hasta los huesos y Peeta está igual, con el pelo oscurecido por el agua pegándosele a la frente y los labios amoratados por el frío. Tiembla incontrolablemente.

La chica se acerca para ver los ojos de Peeta. Azules de nuevo. No tienen el color turbio que los acecha durante un ataque, el chico del pan vuelve despacio. Deja de jalarse el cabello y sus manos caen sobre sus muslos. Levanta la barbilla y encuentra unos ojos grises mirándolo a través de una cortina de lluvia.

–Katniss.

Su propio nombre en labios de Peeta suena dulce.

Salvation

Katniss corre hacia el chico y enreda los brazos alrededor de su cuello. Se besan con los labios mojados, la lluvia cae sobre ellos sin detenerse un segundo. Sus ropas hacen sonidos extraños al separarse y el frío del exterior se arremolina a su alrededor. El agua los une, casi los santifica cuando sus labios se separan y sus alientos se encuentran en un beso sin labios.

Cuando oye hablar a Peeta, sabe que ha vuelto, y sabe que lo que pasó hace unas horas en el bosque con Gale no podría cambiar lo que siente, ni en mil años.

–Te amo.

–Yo también te amo.

El agua sigue cayendo del cielo, como una bendición que baja y choca estrepitosa sobre sus cuerpos conjugados.

–¡Ey, niños, les va a dar pulmonía!

El grito de Haymitch los separa y ven al hombre corriendo hacia ellos con una sombrilla.

Ridículo, piensa Katniss, no es como si pudieran estar más mojados de lo que están ahora. Pero dejan que Haymitch los cubra bajo la tela negra del paraguas y los tres caminan apretujados hacia la casa de la chica.

El fuego del hogar los recibe inmediatamente junto con el olor del estofado que prepara Sae. Comen los cuatro en la cocina, y las manos de Katniss y Peeta no se separan ni por un instante bajo la mesa.

Haymitch les guiña un ojo antes de salir por la puerta acompañado con la anciana. Ahora que ha dejado de llover, un par de rayos de sol tímidos aún alcanzan a bañarlos antes de que el crepúsculo traiga oscuridad.

Katniss y Peeta, aún con las manos entrelazadas, suben a la habitación.

Always you

Katniss se derrite en la cama, las sábanas blancas tragando su cuerpo delgado, la piel ardiendo con anticipación.

Respira entrecortadamente, su aliento escapa entre sus dientes demasiado ruidoso. Ve su pecho levantarse una y otra vez.

Bajo la luz de la luna que entra por los cristales de la ventana, borroso entre motitas de polvo, Peeta camina hacia ella. Sus piernas se mueven rítmicas, acompasadas, haciendo que la tela de los vaqueros emita un extraño sonido que se confunde con el tintineo de la hebilla de su cinturón al bajar y chocar contra el suelo.

Katniss se incorpora en la cama antes de que Peeta la alcance y comience a besarla. Sus labios se encuentran, se separan y se juntan. La chica siente un pequeño volcán en el pecho que arde durante mil exhalaciones, hasta que sus bocas toman caminos separados.

La de Peeta se mueve hacia los hombros de Katniss, llenos de pecas y quemados por el sol. La de la chica besa un par de rizos rubios y después se detiene en su frente. Él comienza a quitarle la blusa, deslizando los tirantes bajo sus brazos.

Las manos de Katniss se posan entre los omóplatos del chico, sintiendo los músculos de su espalda contraerse entre cada respiración. La humedad de la lluvia repta entre sus cuerpos y ella se deshace de la blusa, la tela quema sobre su piel ardiente.

Sus torsos desnudos chocan con un sonido pegajoso. La chica siente los labios de Peeta en sus clavículas, llenando su cuello de saliva mientras jadea en busca de aire. La habitación se siente demasiado caliente. Sus manos se mueven solas hasta encontrar la espalda baja del chico y se posan ahí, trazando círculos uniformes.

Los labios de Peeta viajan cada vez más abajo. Ambos están tumbados en la cama y la boca del chico choca contra sus costillas, contra su ombligo. Cuando alcanza la orilla de los pantalones, usa ambas manos para bajarlos junto con la ropa interior.

Le cuesta trabajo comprender que está completamente desnuda bajo el cuerpo de Peeta. Se siente pequeña y atrapada, asustada. La luz de la luna se refleja en los músculos cincelados del abdomen del chico, que entrecierra los ojos mientras busca de nuevo los labios de Katniss.

Es entonces cuando siente eso. Algo duro que se recarga contra su centro y que hace que sienta los latidos de su corazón en el vientre. Mueve su mano contra él y lo acaricia sobre la tela de la ropa interior. Peeta lanza un gruñido mientras mueve las caderas, acompasándolas con las manos pequeñas de Katniss. Él se sostiene con una mano a cada lado de ella, mientras se besan de nuevo.

Peeta hace un sonido extraño, casi de dolor y la chica sabe que la poca ropa que le queda lo está molestando, así que la desliza hacia abajo hasta que el chico queda completamente al descubierto. La mano de Katniss se mueve de nuevo hacia Peeta y aprieta, se mueve hacia arriba y abajo, juega con la punta y jadea mientras sus ojos se encuentran.

El azul en los ojos del chico se vuelve casi violeta bajo unas pupilas tremendamente dilatadas. Las manos de él viajan hacia el centro de ella y juegan con el pequeño botón de nervios hasta que Katniss se revuelve entre las sábanas y lanza grititos de placer. Usa dos dedos para penetrarla, pero ella quiere más. Lo necesita.

Quiere estar con él, quiere sentir sus cuerpos como arcilla, juntándose bajo el calor de la habitación, modelándose infinitamente bajo dedos trémulos y jadeos lacerantes.

Peeta la mira a los ojos, preguntando si está bien. Katniss asiente mientras embiste contra él.

Cuando la penetra, sus piernas se vuelven gelatina y el dolor que alguna vez le dijeron que sentiría se convierte en nada bajo el placer de ese otro cuerpo que se mueve debajo de ella, que encaja perfecto dentro de ella.

Peeta se mueve rítmicamente junto con las caderas de Katniss, sus ojos no se separan ni un segundo. Se mueven al unísono, con el sonido del aire meciendo las ramas de los árboles del jardín como música de fondo.

De pronto, Katniss siente un fuego diferente, raro, caliente y perfecto que se expande desde su vientre y se deja ir, explota con el nombre de Peeta en los labios en una sola contracción que retuerce todos sus músculos.

Peeta también termina, y siente líquido caliente escurriendo bajo sus muslos mientras los ojos del chico recobran su color azul calmado.

Sus pechos se mueven agitados arriba y abajo. Sus bocas se vuelven a encontrar hasta que se duermen con las piernas enredadas bajo el revoltijo de sábanas y ropa húmeda. Antes de que el sueño la arrastre, Peeta susurra un "te amo" directo en su oído.

Siempre

A mediodía baja a desayunar, con el cabello enredado y unas manos que se mueven solas hasta entrelazarse con las de Peeta.

Dos minutos después lo besa con el sonido del fuego de la estufa crepitando como música de fondo. Son treinta segundos de labios que chocan, manos que se mueven demasiado temblorosas, casi tímidas, caderas que encajan sobre la tela y una columna que se recarga en las repisas de la cocina.

Son Katniss y Peeta, ambos en llamas, besándose como si el mundo se acabara mañana (quién dice que no lo hará). Son dos cuerpos bajo un saco de dormir, escondidos en una cueva mientras escuchan la lluvia. Son dos almas que se encuentran, que respiran con la boca abierta hasta que sus alientos se mezclan y se vuelven el mismo.

Están rotos, y siempre lo estarán. Pero si juntan los fragmentos, tal vez haya una persona completa escalando, intentando sobrevivir, dispuesta a comer bayas venenosas en una arena que poco a poco se vuelve un mal sueño.

Miedo

Sale a cazar.

Los recuerdos de la noche anterior se extienden como agua dentro de su cerebro. Se repliegan, se expanden y hacen que la caminata a su lugar de caza tarde el triple de tiempo de lo normal.

Se sienta en una roca y examina cada uno de los lugares en los que Peeta la besó. Aún siente los labios del chico trazando caminos en su piel chamuscada.

Está a punto de sonreír, pero se da cuenta de algo.

Recuerda una conversación que tuvo hace tiempo con su madre, una en la que explicaba cómo venían los niños al mundo, y qué hacer para evitar traer uno cuando aún no es tiempo.

Se da cuenta que ignoró por completo los consejos de su madre.

El miedo la inunda por completo. Lo siente reptando como una serpiente en sus articulaciones, endureciendo sus músculos, llenándole la boca de algodón.

Cae de bruces en el suelo y la posibilidad que se asentó en su mente como veneno demasiado poderoso, la abruma y la deja hecha pedazos, sentada en el bosque, llorando ante solamente la perspectiva de lo que podría pasar si fuera cierto.

Por favor, que no sea cierto.

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Muchas gracias por los reviews, las críticas y las recomendaciones. Como espero que se haya notado, intenté hacer el lemmon un poco más despacio. Ya saben, era importante, siendo la primera vez, pero la verdad es que me cuesta trabajo ser explícita. Creo que un lemmon queda mejor si se hace más "matafórico", sin usar las palabras exactas. Porque ellos no sólo tienen sexo. Son dos personas reencontrándose, amándose.

Para los que creyeron que era Haymitch en la puerta, en el capítulo pasado ¡pues no! *insertar risa diabólica* De hecho, necesitaba despedirme del personaje Gale antes de poder dar el siguiente paso en la relación de Katniss y Peeta. Creo que hasta que Katniss se despide de él, es cuando realmente se da cuenta de que lo que siente por el chico del pan es amor.

Recuerden que sus comentarios es de lo que se alimenta esta historia, y me siento sumamente honrada de que les guste. Gracias a los que pusieron la historia en sus favoritos y a los que le pusieron alerta.

No me queda más que pedirles, humildemente, que me hagan saber lo que piensan sobre este fanfic que me quita el sueño.