Summary: "Y todo estaba bien", ese fue el final para la generación de Harry, Ron y Hermione. Cuando 19 años después sus hijos asisten a Hogwarts, ellos serán los protagonistas de nuevas aventuras.
Dsiclaimer: Los nombres y lugares de Harry Potter© son propiedad de Warner Bros., Little Brown y de la "Reina" J. K. Rowling. Yo solo los tomo prestados para pasar el tiempo y… jugar con ellos.
ERRORES DEL PASADO
Scorpius Malfoy era el hijo de Draco Malfoy y Astoria Greengrass, ahora Malfoy, tenía recién cumplidos los once años, y ese año iría a Hogwarts, junto a otros niños más.
Scorpius era un chico bastante callado para su edad, sus ojos azules grisáceos siempre denotaban tener un montón de conocimiento superior al de su edad. Esto era así debido a que desde que tenía memoria, el chico había tenido que convivir con los fantasmas de los errores de la familia de su padre, quien desde que él nació, se encargó de enseñarle que las cosas que él había hecho eran malas, erróneas y todo por tratar de complacer a su abuelo, Lucius Malfoy.
La historia de los Malfoy nunca fue del todo inocente, desde los primeros días de oscuridad bajo el temor de Lord Voldemort, Lucius se unió a sus seguidores, llegando a ser, casi, la mano derecha del Señor Tenebroso. Fue por ello que Draco creció en un ambiente donde el linaje de la sangre era lo más importante, a pesar de que había ocasiones en las que se cuestionó si lo que hacían estaba bien.
Ahora, 19 años después, Draco se daba cuenta de todos sus errores, los aceptaba y trataba de que su pequeño, su más preciado tesoro, no siguiera sus pasos. Jamás se perdonaría que eso sucediera. Por ello, intentaba que las visitas de Lucius a su casa fueran casi nulas, cosa que a veces resultaba imposible, justo como aquél día.
Su casa se encontraba a las afueras de Londres, era una casa bastante grande, de color blanco con tejas azules. Esta era todo lo contrario a la Mansión donde Draco había crecido; donde la Mansión era oscura y fría, su Casa tenía luz y vida. Los tres Malfoy regresaban de un día agotador en el Callejón Diagon, cuando encontraron la puerta de la calle entreabierta. Draco se puso en alerta sacando su varita.
—Quédense donde estan— les dijo a su mujer y a su hijo, la primera le veía con un tanto de miedo en los ojos—, iré a inspeccionar.
A pesar de que los días de oscuridad habían llegado a su fin, aun había seguidores de Lord Voldemort sueltos, y uno de los mayores temores de la pequeña familia era que fueran tras Draco, pues él había "traicionado" al Señor Oscuro, cuando mintió sobre la identidad de Harry Potter cuando éste y sus amigos fueron apresados en la Mansión Malfoy.
—¿Todo está bien, ma?—quiso saber Scorpius, minutos después de que su padre entrara en la casa.
—Todo bien cariño— le sonrió de manera algo forzada, se preguntaba qué era lo que estaba haciendo que Draco tardase tanto, ya que la Casa no era tan grande como una Mansión.
Pasados varios minutos angustiosos para Astoria, quien con Scorpius se había quedado como petrificada en su lugar a la entrada de la casa, la puerta de entrada se abrió de par en par y por ella salió Draco con cara de pocos amigos.
—Mi padre llegó de visita— anunció con voz sombría.
Astoria lo miró con comprensión, siempre era la misma historia. Cuando Lucius Malfoy decidía visitar a su hijo se dedicaba a molestar y a criticarle todo lo que estaba consiguiendo de buena manera en su vida actual. La forma en la que estaba educando a Scorpius era su tema preferido.
—¿Y tu madre?— preguntó esperanzada Astoria, pues sabía que si Narcissa Malfoy estaba presente, entonces Lucius sería menos duro con su esposo.
Draco suspiró con pesar, mientras tomaba algunas de las bolsas de su hijo. Scorpius le sonrió a su padre para darle ánimos, él sabía lo pesado que podía ser su abuelo cuando quería.
—Se fue a la casa de unas amigas… y como papá no tenía nada que hacer…
Astoria rodó los ojos, sin duda el pasatiempo favorito de Lucius Malfoy era hacer sufrir a su hijo.
Scorpius entró junto a sus padres en la casa, pronto un elfo doméstico joven apareció para ayudarlos.
—Gracias Dobby— sonrió Scorpius con agradecimiento, el elfo le sonrió.
—No hay de qué amo—dijo con voz chillona el elfo, sus ojos azules brillaron como dos bolas de tenis para desaparecer con un ligero "¡POP!", indicando que había aparecido en el cuarto del chico.
Dobby II era el elfo de los Malfoy. Draco había querido enmendar el pasado con su anterior elfo, Dobby I, pero poco después se enteró que mientras había salvado a Harry y sus amigos de la Mansión Malfoy, su tía, Bellatrix Lestrange, había logrado herirlo con un cuchillo, hiriéndole gravemente. El elfo no sobrevivió.
—No deberías ser tan amable con la servidumbre, Scorpius— una voz proveniente de la sala hizo que el chico se sobresaltara.
Scorpius trató de no soltar un bufido. Odiaba cuando su abuelo le reprendía por algo.
—Papá, con todo el respeto que me mereces, esta es mi casa— le dijo Draco—. Y yo le enseñé a mi hijo que no debe de tratar a los demás como si fueran inferiores a él, o algo semejante.
Lucius bufó.
—Siempre fuiste un debilucho— le soltó su padre.
Draco se tensó.
—Hijo, ¿por qué no vas a tu cuarto?
—Sí, papá— le obedeció Scorpius, pues ya sabía lo que venía a continuación.
Cada vez que su abuelo aparecía en su casa sucedía lo mismo, su padre y él discutían por todo durante horas hasta que su abuela venía a rescatarlos del aburrimiento de Lucius, pues eso era lo que le pasaba a su abuelo, cuando se aburría por estar solo en la vieja Mansión Malfoy iba directo a la casa de ellos, donde podía disfrutar de su pasatiempo favorito, quejarse de su hijo.
Scorpius suspiró, cerrando la puerta tras él. Sabía que las últimas discusiones de su abuelo y su padre eran debido a su carta de aceptación en Hogwarts, la misma que se encontraba en el escritorio que tenía delante de él.
Con algo de sigilo se sentó en el escritorio, y por lo que parecía la millonésima vez en el día releyó su carta. Sería una blasfemia si no dijera que estaba nervioso y emocionado a la vez, había leído tanto sobre Hogwarts en los últimos años, que hubiera sido casi un delito que hubiera decidido ir a otro colegio, tal como lo sugirió en repetidas ocasiones su abuelo paterno…, pero tanto le llamaba la atención Hogwarts que incluso había leído y comprado "Hogwarts, una historia". Libro que había encontrado en Flourish & Blotts (la librería mágica del Callejón Diagon), y el cual se había convertido en uno de sus libros favoritos.
Un ruido en la esquina de su cuarto lo distrajo de sus pensamientos, se trataba de su lechuza, Morgana, un ejemplar blanco y dorado de Tyto Alba.
—¿Quieres salir? —sonrió el chico al ver como el ave picoteaba la entrada de su jaula.
Scorpius abrió primero la ventana, y luego ayudo a Morgana a salir de su jaula. La lechuza salió volando desplegando su hermoso plumaje dorado. Ella había sido un regalo de su madre por cumplir los once años.
—Dobby— susurró Scorpius una vez que Morgana se perdió entre las nubes del cielo.
—¿Amo Scorpius? —apareció el elfo de repente.
—Hola, lamento el comportamiento de mi abuelo…— comenzó el chico.
—Dobby entiende, señor— le sonrió el elfo—. Aún existen magos que se niegan a lo que estan estableciendo las leyes mágicas desde la caída de Usted–Sabe–Quién.
—Dobby… ¿qué tan malo esta halla abajo?
El elfo hizo una mueca.
—Dobby prometió no decirle nada al señor Scorpius— las orejas de murciélago del elfo se movieron como alas, se notaba su nerviosismo.
—No importa, sólo… quería saber.
—Hay veces, señor, en las que es mejor no saber mucho.
—Lo sé Dobby, pero me preocupa papá. Ya sabe cómo le afectan estas apariciones repentinas del abuelo— finalizó sentándose en su cama.
El elfo se acercó al chico y le dio unas palmaditas en la espalda.
—¿El amo quiere jugar a snap explosivo? —Scorpius negó con la cabeza, sabía las tácticas de distracción del elfo.
—No quiero meterte en problemas, sólo quería saber…
—Dobby aceptará el castigo gustoso, solo quiero que el amo Scorpius este bien.
—Estoy bien Dobby— le dijo un poco más seguro el chico—. Ahora ve a ayudar a mi madre, antes de que mi abuelo…
El elfo asintió, recordando con estremecimiento la última vez que el abuelo del chico había ido a su Casa. Él se había quedado haciéndole compañía a Scorpius, dejando de lado los quehaceres más importantes, como la cena. Esa noche Dobby recibió un crucio por parte del abuelo del niño. Draco Malfoy nunca supo cómo pedirle perdón.
—No se preocupe amo Scorpius, cuando termine vendré a hacerle compañía…
Sin dejarle tiempo al chico para protestar, el elfo se desvaneció en el aire.
Una vez que Scorpius comprobó que Dobby se había marchado, corrió a su armario y del fondo extrajo una caja llena de chucherías de Sortilegios Weasley, de las que sacó un par de orejas extensibles. Había usado muchas veces ese artefacto para escuchar pláticas de sus padres, como las discusiones para sus regalos de Navidad o Cumpleaños, salvo que ese día las usaría con otro propósito: ganarle de antemano a su abuelo en sus quejas hacia él.
Con el mayor de los sigilos, Scorpius salió de su habitación y se pegó al barandal de la escalera, misma que daba al pasillo donde se encontraba el despacho de su padre y a la sala, en alguno de esos lugares debía estar llevándose a cabo la nueva Guerra Familiar.
—… el chico debería aprender los modales dignos de un Slytherin— escuchó Scorpius decir a su abuelo.
—Como yo eduqué a mi hijo, no es de tu incumbencia— susurró su padre, aunque por el sonido de la voz, parecía que estaba bastante cerca de la oreja extensible—, me sentiré orgulloso de él sea cual sea la Casa en la que quede.
—No puedes decirlo en serio— le atajó molesto Lucius.
—Lo hago, ya te lo dije mil veces. Prefiero que mi hijo viva feliz a que pase una vida miserable como la mía.
—Insolente.
—Para nada, sólo honesto querido padre— Scorpius pudo escuchar la sonrisa socarrona de su padre tras la frase—. ¿O debo enseñarte la marca de mi ante brazo izquierdo? Es una prueba bastante factible, sobre que mi vida fue miserable.
Scorpius sabía sobre el pasado de su padre. A veces se preguntaba cómo no había tenido el valor de enfrentarse a su abuelo y así evitar sufrir tanto.
—Son errores que uno comete, hijo— le dijo una vez cuando se lo preguntó—. Por ello debes prometerme que pase lo que pase, jamás intentarás cumplir con alguna expectativa, da lo mejor de ti. Y nunca te olvides tampoco de tu prójimo, de hacer verdaderos amigos, amigos que nunca te den la espalda.
Esa vez había sido una de las pocas veces en las que su padre le había admitido cuánto daño le había causado su abuelo. Y por ello era que, uno de los pactos que entre ellos habían hecho, de padre a hijo, era de que nunca iban a tratar de ser como él lo había sido con su abuelo, siempre tendrían la confianza para hablar el uno con el otro, serían los mejores de los amigos. Su padre siempre le daría consejos, pero nunca le obligaría a hacer nada que fuera contra lo que él creía, quería o pensaba.
Scorpius sospechaba que, por la historia que sabía de su padre, ese cambio se había dado gracias a Harry Potter, y tal vez un poco más por su madre. Astoria sin duda ejercía una gran influencia en la nueva forma de ser de Draco.
—¿Cómo te atreves? —espetó la voz de Lucius— Tú, quien falló…
—¿Por qué sigues viviendo en el pasado, papá? —quiso saber Draco, su voz denotaba cansancio.
—El pasado no se olvida.
—En eso te secundo, pero— Draco suspiró—, ¿no crees que es hora de dejarlo ir?
—Mis ideales seguirán siendo los mismos hasta el día de mi muerte— concluyó Lucius.
—De acuerdo…— un sonido como de pasos alertó a Scorpius de que era momento de dejar de espiar.
Una vez que estuvo de vuelta en su recámara se puso a pensar sobre todo lo que había escuchado. Se sintió en parte culpable, pues todo había surgido porque su abuelo quería que estuviera en Slytherin como toda su familia. El peso en el estómago, por el nerviosismo que ya tenía de antes, acrecentó.
No quería ser la decepción de su familia, el que le causara problemas a su padre.
La cena transcurrió en un silencio agobiante, hacía minutos que Narcissa Malfoy se había unido a su esposo en la casa de su hijo, pero aun así el ambiente estaba tenso, tanto que Scorpius estaba seguro que si tomaba su cuchillo y lo pasaba por el aire podría cortarlo.
—Te ha quedado delicioso— le felicitó Narcissa a Astoria.
—No lo hubiera logrado sin la ayuda de Dobby— sonrió la mujer.
Lucius hizo una mueca de desagrado que disimuló cuando su mujer le miró con severidad.
—Sin duda— sonrió sarcásticamente el hombre.
Draco apretó los puños por debajo de la mesa.
—Tu padre me dijo que hoy recibiste tu carta, ¿no es así Scor? —sonrió Narcissa.
El chico, quien hasta ese entonces había estado jugando con los brócolis en su plato, miró a su abuela.
—Eh, si abuela. Hoy recibí mi carta— le devolvió la sonrisa.
Después de su abuelo paterno, Hyperion Greengrass, su abuela era sin duda su favorita.
—Me ale…
—Deberás saber entonces, que ahora más que nunca deberás pensar en qué Casa estrás— interrumpió Lucius.
—Aún no lo sé— dijo firme Scorpius.
—Slytherin ha sido la Casa de los Malfoy por siglos— sonrió su abuelo—, así que… es tu deber seguir la tradición.
—¡Oh, vamos Lucius! —le regañó su mujer— Scorpius puede ir a cualquier Casa— dijo para luego, mirando a Scorpius, añadir—, no importa cuál sea, siempre serás nuestro orgullo.
—Eso mismo digo— sonrió Draco levantando su copa de vino, acto que molestó a Lucius.
—Pero, ¿qué es esto? —dijo en tono despectivo— ¿No se dan cuenta de que es importante?
—Ya no lo es, la fuerte división y rivalidad de las Casas en Hogwarts ha sido una de las peores cosas que han sucedido dentro del Colegio— le contestó Astoria sin dejar de sonar respetuosa—, si mi hijo es apto para otra Casa que no sea Slytherin, lo aceptaremos igual. Yo misma casi fui seleccionada para Ravenclaw.
Lucius rodó los ojos.
—Claro, pues tus abuelos pertenecieron a esa Casa…— refutó el viejo.
—Yo estaré orgulloso de mi hijo, aunque éste sea Seleccionado en Hufflepuff— le sonrió Draco a su hijo para darle ánimos. Él mejor que nadie sabía lo que pasaba por la mente de su pequeño, pues veintisiete años atrás él había estado en su lugar.
—Pamplinas— escupió con odio Lucius—, si tu hijo va a Hufflepuff olvídate de tu Herencia.
—Ya no te tengo miedo, padre— le respondió Draco con tranquilidad—. Puedes hacer lo que te plazca, a mí ni todo el oro de Gringotts podrá hacerme cambiar de opinión, pues amo a mi hijo.
Narcissa se aclaró la garganta.
—Creo que es hora de irnos, Lucius— dijo con la mirada fija en su marido, quien parecía estar a punto de decir algo—. Seguramente hoy han tenido un día agotador.
—No te imaginas cuánto— le respondió Draco mirando fijo a su padre.
—Bueno, nos retiramos.
Dobby apareció en la sala llevando los abrigos de los abuelos de Scorpius y una bolsita con Polvos Flu. El primero en irse fue el Señor Malfoy.
—Perdónalo hijo— le pidió su madre a Draco, a modo de despedida—. No sabe lo que hace.
—No es fácil, madre.
Narcissa suspiró.
—Buena suerte en Hogwarts, Scorpius— le sonrió a su nieto.
—Gracias abuela.
Sin decir nada más, Narcissa desapareció tras las llamas verdes de la chimenea, dejando tras su partida un silencio descomunal en la salita de los Malfoy.
Astoria abrazó a su esposo, se veía agotado y no por haber ido al Callejón Diagon y haber pasado el día comprando cosas.
Scorpius, sin decir nada, se fue a su habitación. Su cabeza era un torbellino de preguntas casi sin respuestas. De lo que estaba realmente seguro era que si no quedaba en Slytherin su abuelo le iba a armar, literalmente, la Guerra a su padre.
Al entrar en su habitación se dio cuenta de que Morgana ya había regresado, el suave ulular de la lechuza lo tranquilizó.
—Ha sido un día pesado— le dijo a la lechuza, mientras la acariciaba.
El chico se apresuró a cambiarse de ropa por sus pijamas. Cuanto más rápido se metiera en la cama, más rápido terminaría ese día horrible. Lo único que lo mejoraba un poco era el hecho de que iría a Hogwarts y su nuevo baúl lleno de los materiales para el Colegio, contando con su nueva y más preciada adquisición: su varita.
Scorpius se acostó en su cama, pero no podía pegar el ojo. Él siempre analizaba todas las situaciones, y lamentablemente no tenía amigos con los que compartir sus penas. Era patético pensar que un niño de once años no tuviera amistades, salvo por sus padres. Y es que eso no se debía a que Scorpius no tratara de hacer sociales, de hecho más de una vez en las fiestas de Navidad había tratado de hacerse amigo de los hijos de los "amigos" de su padre: Gregory Goyle y Blaise Zabini, pues ambos tenían hijos de su edad. Pero no importaba cuanto tratara, Cayo Goyle y Augustus Zabini, nunca querían estar cerca de él, alegando que era hijo de traidores, a pesar de que sus propios padres intentaban ser cordiales con Draco y Astoria.
—¿Puedo pasar? —preguntó desde la puerta la voz de su padre. Scorpius asintió.
Draco avanzó por la habitación con calma, observando cada detalle.
—Este cuarto no será lo mismo sin ti— le sonrió su padre, mientras se sentaba a los pies de su cama.
—Eso creo— murmuró Scorpius a modo de respuesta.
—¿Sabes? —Scorpius miró atento a su padre— La vida nunca es fácil, pero si le ponemos trabas en el camino será peor. Lo que… dije en el comedor durante la cena, es verdad. Nunca me sentiré menos orgulloso de ti si quedas en otra Casa.
—Pero el abuelo se enfadaría contigo…— Draco meneó la cabeza.
—Deja al abuelo con sus tonterías. Yo te quiero hijo, y no quiero que sufras. Vive tu vida, deja que el Sombrero Seleccionador sea quién decida donde debes estar.
—¿Aunque sea Hufflepuff? —preguntó el chico haciendo una mueca.
—Aunque seas de Hufflepuff— rió Draco—. Lo importante es que sigas siendo tú mismo, tu esencia, no la pierdas. Pues ha habido muchos magos que lo han hecho… aun siendo de otras Casas— sonrió al recordar su segundo año—. Un claro ejemplo fue mi segundo Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
—¿En serio?
—Gilderoy Lockhart, ese hombre era muy inteligente y astuto, fue alumno de Ravenclaw, pero pudo más su astucia y avaricia… deseo del poder que perdió el rumbo de quién era, estafando a muchas personas— Scorpius estaba atento a cada palabra de su padre—. Pero, un día su astucia encontró a su némesis…, creo que es la única cosa que he admirado de Ronald Weasley en mi vida.
—¿Qué sucedió?
—Ese año en Hogwarts estaban sucediendo cosas horribles, la Cámara de los Secretos había sido abierta…— su mirada se tornó lejana, como recordando un mal recuerdo—, casi al final del ciclo escolar se anunció que Ginny Weasley, hermana de Ronald, había sido secuestrada por el Heredero y el Monstruo que habita en la Cámara… sólo Harry Potter y su fiel amigo pudieron rescatarla, aunque era trabajo de Lockhart, quien alegaba conocer la entrada de la Cámara.
—¿Tu sabes dónde queda?
—La verdad que no lo sé— le respondió con seguridad—. Pero, sólo por ver los horrores de lo que podría hacer… hoy no quisiera descubrirlo, a pesar de que cuando era chico moría por servirle al Heredero.
Scorpius pensó en algo para distraer a su padre, ya que sabía que estaba recordando sus "años oscuros", como él secretamente llamaba a la época en la que Draco había servido a Lord Voldemort como Mortífago.
—¿Qué sucedió con Lockhart? —se apresuró a preguntar.
—Nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurrió aquella noche, o cómo Potter y Weasley rescataron a la hermana de éste. Lo que si se supo era de que Lockhart había intentado lanzarles el hechizo obliviate a los dos con la varita rota de Weasley— sonrió un poco al recordar los problemas que había causado esa varita—. Lockhart aún se encuentra en San Mungo.
—Vaya— murmuró Scorpius, imaginando qué había podido pasar en la Cámara de los Secretos.
—Por eso hijo, si algo he aprendido de mis errores del pasado, es que no debes de tratar de ser lo que los demás esperan de ti— le dijo serio, mirándolo a los ojos—. Y recuerda siempre, no importa lo que suceda, siempre te querré porque eres mi hijo.
—Yo también te quiero, papá— le abrazó Scorpius.
Desde la puerta de la habitación Astoria Malfoy miraba la escena con ternura.
Aclaro que… hace unos días abrí una cuenta en Potterfics, bajo mi mismo nombre, donde estoy colgando todos mis fics, así que… estimados lectores de ambas cuentas, no se alteren si ven una Aye436 en Potterfics o en , soy yo.
Por otro lado… ¡Me registré en Pottermore! ¿Quién más lo ha hecho? Yo tuve que esperar tres días, porque el segundo cometí la estupidez de hacerle la cuenta a mi hermana y yo me quedé afuera por cuestión de segundos.
Además quería contarles que hice una "Fan Page" en Facebook, si buscan Aye436 (escritor/autor) podrán acceder a la misma.
Muchas gracias por sus comentarios, es bastante satisfactorio el saber que les gusta. Espero sus comentarios sobre este capítulo.
Nos leemos pronto.
XOXOX
Aye436
