CAPÍTULO 2
Compasión.
Tor Lorek San, Bor Nakka Murr,
Natromo Faan Tornek Wot Ur.
Ter Lantern Ker, Lo Abin Sur…
Taan Lek Lek Nok…
¡Formorrow Sur!
Desde niña siempre me gustaron los cómics, eran mi adoración, mi posesión más preciada, porque con ellos sólo tenía que dejarme llevar por sus historias, y podía alejarme un rato de esta mugrosa realidad; mis favoritos eran los de linterna verde. No me malentiendan: Superman repartiendo golpes a Doomsday, Batman quebrando al Guasón, La Mujer Maravilla luchando contra Hades, Capitán Maravilla combatiendo a Black Adam, todo eso igual me gustaba, ¡hasta Aquaman tenía lo suyo!, pero nada de eso me impresionaba tanto como Hal Jordan partiéndole su madre a todos con el arma más poderosa del universo; un arma que también tengo ahora. El punto es que sólo tenía que cerrar los ojos, relajarme un momento, e imaginarme a mí misma al lado de la corporación enfrentándonos a otro puto villano espacial. Pero siempre el pinche mundo se las arreglaba para destrozar mis momentos felices en mi mente, como el golpe que me acababa de dar por culpa del estúpido autobús que se detuvo precipitadamente ante una luz roja; mientras me sobaba el golpe, empezaba a recuperar mi sentido de orientación, recordando a dónde me dirigía.
Algo que determiné en su momento es que mi madre no podía quedarse en ese hospital, ya que ese manicomio de BraveLabs la tenía detectada; una vez que curé sus heridas, con el anillo logré llevarla hasta donde vivían unos tíos míos; obviamente no me presenté, sólo les dejé una nota que decía que la cuidaran mucho, y como sabía que eran tan buenas personas, no temí por el estado de mi mamá, y tampoco tuve que preocuparme que la detectaran, ya que lo hice tan sigilosa y rápidamente, que creo estará a salvo por un buen rato. Me sentí mal en un principio, pero al ver cómo la empezaban a atender, me dije que era lo mejor por ahora. Mis tíos siempre fueron buenos, siempre ayudando a mi mamá en lo que podían, hasta que terminaron igual de jodidos que nosotros, pero igual, siguen abnegados y testarudos en rechazar un pedido de auxilio. Esa actitud me recordaba un poco a Daniel…
Luego me dirigí a casa por algunas cosas como dinero, comida, y ropa; pensaba llevarme mis cómics, pero como los tenía tan bien memorizados, los dejé bien escondidos, diciéndome a mí misma que regresaría por ellos. Me llevé lo menos posible para que todo cupiera en una sola mochila durante mi viaje; tuve la suerte de que no hace mucho, una amiga mía que había conocido en mi niñez, siendo ella más grande, se había establecido en Chiapas, y me mandó un correo preguntándome que si las cosas por acá estaban muy de mierda, era bienvenida a pasar un tiempo por allá. Ya tenía tiempo en haberme mandado esa invitación, pero logré mandarle un correo diciéndole que le tomaba la palabra; si las cosas estaban por ponerse feas, pensé que era mejor esconderme por un tiempo. Estaba determinada a volar hacia allá, pero antes de que mis pies se desprendieran de la tierra, me dije a mí misma que si debía mantener un bajo perfil, era en todos los sentidos, incluyendo en usar mi anillo; no quería tampoco yo ser detectada por nadie. Tomé el próximo autobús a Chiapas, y es donde estoy ahorita. Observaba la lluvia caer lentamente sobre el cristal de mi ventana, y el sonido produjo en mi un efecto arrullador, pero sabía que no podía dormirme, carajo, ¿cómo podría? Después de todo lo que sucedió en tan poco tiempo, y realmente no sabía qué hacer. Pero me sentía tan jodida…tal vez sólo unos minutos de sueño…
Pero antes de cerrar mis ojos, me percaté que el autobús ya se había quedado demasiado tiempo sin moverse, lo cual más que fastidiarme, me extrañó. Estaba por alzarme y ver qué ocurría, cuando en ese momento dos sujetos se levantaron rápidamente portando pistolas amenazando a todos los pasajeros:
–¡Órale cabrones! ¡No queremos chingaderas! Pásenos sus carteras, bolsas, mochilas, ¡todo!, ¿me escucharon? –dijo mientras el otro, aún armado, pasaba por los asientos recibiendo en una bolsa todo lo que se demandaba. El primer sujeto observó al conductor–. ¡Sigue conduciendo hijo de tu puta madre! ¿O qué, he? ¿O qué? –le dijo apuntándole con la pistola dos veces. El autobús empezó a avanzar otra vez.
El otro sujeto dejó una bolsa con su compañero, y sacó otra recogiendo lo que faltaba. También se llevaba una que otra bolsa o mochila que llevaran. Cuando el tipejo llegó conmigo, sólo me le quedé mirando; se enfureció, gritándome "¿qué pendeja?", amenazándome una vez más de que le entregara todo; me apuntó con la pistola, y yo seguí sin moverme un centímetro. Sentí como la energía de mi anillo fluía terriblemente; fácilmente podría darle una lección a estos sujetos, pero una vez más la vocecita en mi cabeza me dijo que me detuviera. Si revelo el poder del anillo, no sé cómo salgan las cosas sin llamar demasiado la atención, ¡si no estuviera sentada y encañonada! Si hacía algo drástico…podrían detectarme, o peor, tratarían de rastrear a mi madre otra vez, y si la encuentran…mis tíos…
Bajé el brazo; no dije nada, me tragué mi rabia y en silencio les entregué la mochila que llevaba a un lado al igual que mi cartera; el tipo me las arrebató y se fue sin decir nada. Los ladrones una vez más llamaron nuestra atención, diciendo que nos bajarían a todos los pasajeros, y ellos seguirían su rumbo en el vehículo, y que si no acatábamos sus órdenes, matarían al conductor. Sabía que no lo haría, eran amenazas burdas, huecas, sólo para hacer que nos bajáramos y ellos disfrutar de su botín más adelante.
Me seguí quedando en silencio, hirviendo del pinche coraje de partirle su madre a estos cabrones hijos de la chingada. El pensamiento de mi madre volvía a mí, y me hacía gruñir por lo bajo. El autobús se detuvo, y poco a poco nos fuimos bajando de él; una vez que el autobús estaba libre de pasajeros, se cerraron las puertas, y el transporte siguió su camino. Aún todos estaban en grupo sin saber qué hacer exactamente ya que les quitaron todo; varios se juntaron tratando de armar un plan para salir de esa, mientras que otros decidieron tomar su propio derrotado camino. En cuanto a mí, la vida me ha enseñado que siempre debes guardar tu dinero en tu calcetín derecho por si te asaltan; llevaba más de cinco mil quinientos en billetes grandes, y sonreí para mis adentros. Muchos aún estaban viendo si juntaban lo suficiente para ver dónde podrían pasar la noche, ya que estaba obscureciendo, y casi decidí ayudar, pero recordé a lo que había venido, y no podía distraerme. Me abroché el suéter, me escogí de hombros, y eché a andar por mi lado.
No sé dónde me encontraba, pero realmente no me preocupaba en lo más mínimo: tenía dinero, y el anillo de poder, ¿qué más se puede pedir? Mientras caminaba, me puse a pensar en el anillo, y me empezó a intrigar el hecho de que siguiera mis órdenes…bastante bien. Cuando quise la batería de poder, acató sin el más mínimo y puto problema, incluyendo el hecho de crear un camuflaje tanto para mí como para mi madre. Me detuve, mirando el objeto en mi dedo; si podía ordenarle cosas así, quizá pueda decirme quién lo envió, y con qué propósito. En fin, no perdía nada con intentarlo… ¡ja!, esa fue buena.
Lo primero que hice fue preguntarle al anillo si podía escucharme, y al responderme éste, sonreí; le pregunté que si sabía de dónde provenía; me echó en cara lo más predecible, que venía de Oa, cede de los guardianes del universo, y demás. Eso estaba padre, pero no era lo que quería escuchar; quería respuestas. Rectifiqué mi pregunta, para saber si alguien lo había mandado conmigo, de otra dimensión:
–Revisando trayectoria de búsqueda, analizando…confirmado: traslado de partículas a través de túnel dimensional ocasionado por energía desconocida.
–¿Energía desconocida? ¿Es decir…no sabes quién se encargó de que llegaras a mí?
–Bloqueo en memoria central.
¡Vaya! Eso era nuevo; en todos mis años leyendo acerca de linterna verde y las diferentes funciones que tenía el anillo, nunca escuché de una donde se podía bloquear la memoria del artefacto. Aparentemente, quien sea quien me haya lanzado ese anillo, si realmente fue alguien, no quiere que sepa quién es. O en otro caso, si no fue nadie, significa que algo debió suceder para no poder abrir los archivos secretos del anillo. Terminé mi interrogatorio queriendo saber por qué podía acceder a las demás energías del espectro emocional. Datos insuficientes. Bloqueo en memoria central, fue todo lo que recibí como respuesta.
Me lo imaginaba: jodida y sin respuestas. La frustración fue tal que me hizo patear un bote de basura que estaba cerca de mí, ¿cómo esperaban que detuviera a los malos si no me decían el cómo ni el porqué? Me detuve en una cervecería, y mandando todo al carajo por un momento, me compré un sixpack bien frío. Empecé a beber, chorreando el líquido por mi garganta, ardiéndome en un primer momento; en el segundo trago fui enviada al paraíso. Me senté en una de las mesas de servicio que a veces encuentras en una de esas tienditas, y seguí con mi bebida tranquilamente mientras mis pensamientos iba y venían al compás de las gotas de lluvia; necesitaba un polvo, sin duda, pero era extraño que no lo requiriera con urgencia. Me terminé la primera cerveza, y decidí que era momento de buscar dónde pasar la noche; mientras me levantaba, una mujer se me acercó, una pordiosera, extendiéndome su mano. Me preguntó que si tenía algo que comer para compartirle, y secamente dije no, pero cuando volvió a insistir, poniendo de excusa de que sus hijos no han comido, le grité diciéndole que consiguiera un puto trabajo.
Dios, cómo me cagan los pobres. Mi madre y yo cuando atravesábamos una etapa difícil, nunca mendigamos a nadie, sino al contrario, nos pusimos las pilas para que hubiera algo en la mesa: yo me ponía a trabajar y ella también, así de simple. Cuando la despidieron, ella perdió la esperanza, y todo se fue a la mierda.
La vieja aún seguía terca creyendo que podría sacar algo de mí, pero justo cuando estaba por dar la media vuelta, otra persona se unió a nosotros: una monja, quien le dio algo envuelto en un paño morado, seguramente comida e hizo que se fuera dándole una bendición; yo simplemente me quedé ahí sin decir nada; la monja volteó a verme, y yo me le quedé mirando con cara de pocos amigos:
–Al ayudar al prójimo te ayudas a ti misma –me dijo tranquilamente. Yo suspiré enojada y me di la media vuelta; ella me tomó del hombro–. Te hace falta compasión.
–¡Ve a que te den por la cola! –le dije molesta soltándome, ¿cómo se atrevía a tocarme sin conocerme?
–No tienes porqué expresarte de esa forma.
–¡Hablaré como se me venga en gana! ¿Quién te crees? ¿Porqué no te metes en tus asuntos, hermana?
–Ayudar al prójimo, ayudarte, es mi asunto.
Ella seguía tranquila, y la situación empezaba a volverse más bizarra, ¿quién era esta tipa?, ¿"la novicia justiciera"? Me miraba de una forma extraña, dura, pero como si me conociera de hace mucho. Me sentí incómoda; tomé lo que quedaba del sixpack y me largué de ahí echando humo. La situación cada vez se hacía más de la chingada conforme pasaba el tiempo; me caga que me digan qué debo hacer, en especial cuando es algo estúpido. Compasión, si claro; el mundo nunca tuvo compasión por mi madre o por mí, ¿por qué yo iba a tenerle compasión a los demás? La compasión es para quien se lo merece, para quien realmente lo necesita, ¡y a esa anciana no la conocía!, ¿por qué voy a dar algo mío por alguien que ni conozco?, si uso este anillo y tengo este poder lo uso para salvar a quienes en verdad me importan, ¿los demás qué? Eso eran los pensamientos que pasaban en mi cabeza mientras me terminaba la cuarta lata de cerveza que había comprado. La lluvia no era fuerte, pero continuaba constante, y ya mi cabello estaba empapado; debía encontrar un hotel pronto. En ese momento entré en una calle que estaba más o menos habitada, y a la mitad, divisé una figura que me llamó la atención; me mantuve donde estaba y miré bien, dándome cuenta de quién era: ¡el puto ladrón del autobús! El tipo caminaba apresuradamente tratando cubrir su cuerpo de la lluvia. Aplasté la lata que tenía en mi mano, y la dejé caer a mis pies. Una sonrisa se dibujó en mi rostro; esto era perfecto. Ya casi obscurecía, y realmente estaba de humor para golpear algo. Seguí al sujeto por algunas callejuelas de la zona, y vi que se detuvo justo frente a un portón viejo y oxidado. No había nadie más en esa calle que nosotros, así que me dije que era el momento de la venganza. No dudé en lo más mínimo, e hice que el anillo materializara una mano gigante que se lanzó hacia él, atrapándolo rápidamente; él gritó sorprendido, pero no por mucho tiempo cuando mi mano lo estampó contra el suelo, haciendo que gimiera de dolor; me acerqué a él, y cuando me miró, hice aparecer un bate que le dio justo en la cara, y luego recordando mis antiguas clases de karate, hice que mi pierna fuera cubierta por una bota de armadura grande, pateándolo de vuelta hacia el portón, pero lo hice con más fuerza de la necesaria, y lo mande por arriba del mismo. Envolví mi cuerpo en energía y di un salto hacia donde estaba; el lugar estaba lleno de casas en mal estado, pero eso no fue lo que me importó, ya que una vez que lo vi en el suelo adolorido, fui hacia él amenazante; me burlé de él, pateándolo un par de veces más; le exigí que me devolviera todas mis cosas si no quería que las cosas se pusieran realmente feas por aquí. Dios, esto se sentía genial; ¿qué te parece hijo de la chingada? Sentía el latido de mi corazón demasiado fuerte y las manos me temblaban, pero siempre con una sonrisa. ¿Qué me estaban diciendo de la compasión? ¡Quién la necesita! ¡Así se resuelven las cosas!
En ese momento, escuché un pequeño grito el cual me distrajo un momento de mi presa; alcé la vista para ver que era una mujer, quien inmediatamente corrió hacia al sujeto y lo tomó entre sus brazos. Aparentemente, por todos los balbuceos de ella, me enteré de que era su esposa. Noté como otras personas salían de la misma casa…y eran niños. También pude divisar a algunas personas que miraban desde los hogares deplorables, alumbrados levemente por la luz de mi anillo. Escuchaba los balbuceos de la mujer, pero nada que me interesara, ¡joder! No estaba para aguantar eso, ¿qué le pasa a la gente hoy en día que es tan molesta? Alcé mi brazo haciendo que mi brillo fuera más poderoso, y la mujer sólo pudo cubrirse para recibir mi ataque…un ataque que nunca llegó. Escuché a los niños llegar, y mi ánimo se fue por los suelos; la mirada de los niños y sus manitas alzadas contra mí tratando de defender a sus padres fue…bueno…me partió la madre.
En aquel instante, ya no era una Linterna Verde, sólo una chica con un anillo cuyo poder no comprendía, amenazando a una mujer inocente. ¿Qué carajos está mal conmigo? Todos me miraban, con rabia, con miedo, con dureza, y aunque correspondí sus gestos tan simples, por dentro estaba hecha una tormenta. La mujer se descubrió, y me miró con mucho miedo; mi vista regresó a ella y la miré con dureza, lo cual la intimidó; sólo respondí que quería mis cosas de vuelta.
La mujer preguntó a qué se refería, y yo dije que ese bastardo se las había robado junto con otro inútil. Se hizo el silencio entre la mujer y yo. El tipo poco a poco se quiso levantar, y de la nada, llegó el otro ladrón dispuesto a ayudarle. Después de algunas explicaciones, y contestaciones sin sentido por parte de ellos, me invitaron a pasar a su casa para resguardarme de la lluvia, y aclarar la situación. La tensión se hizo más fuerte, y claro, yo estaba por berrear como nunca lo había hecho. Pero la sensación que tuve antes me invadió, lo cual me hizo permanecer en silencio; pensé en sólo irme, pero como la lluvia comenzaba a volverse más fuerte, me dije que no sería una mala idea…
Lo siguiente que sucedió es que ahora estábamos en una pequeña sala, yo sentada frente a los dos sujetos que me asaltaron (descubriendo que son hermanos), y la mujer de antes. Empezaron a explicarme que ellos no eran de por aquí, que antes vivían del cultivo o algo por el estilo, realmente no estaba poniendo mucha atención, ya que estaba muy cansada; aparentemente, un pariente suyo terminó siendo dueño de las tierras de por aquí, y como él tenía resentimiento con ellos por quién sabe qué, arruinó sus cultivos, y ellos desesperados se vinieron acá, dónde tampoco, gracias al jefazo ese, no recibieron mucho apoyo. A mí realmente no me interesaba eso, yo sólo quería mis cosas de vuelta, y bien se los externé, ¿qué quieren de mí?, ¿compasión?, ¿caridad? ¡Son ladrones! El hecho de no tener trabajo no es excusa para robar en los camiones, porque les quitan el dinero a personas que se esforzaron realmente para conseguirlo. ¡Joder! Y el otro sujeto…era el claro ejemplo de que alguien en el poder puede joder a todos los demás. Sin embargo, ante ese último pensamiento, miré mi anillo, y al recordar la sensación que tuve cuando iba a atacar a la mujer, no pude evitar remordimiento. ¿Soy tan mala como ese engendro? Hubo más explicaciones sin sentido, pero honestamente no tenía ganas de escuchar; sólo dije que quería mis cosas, y me largaría por la mañana. Fin del asunto.
El otro hermano se despidió del otro y su mujer, saliendo de la casa. Me quedé en el sofá tumbándome para estar más cómoda; nadie me dijo nada, sino que el otro sujeto me trajo la mochila cerca de donde estaba, para luego hacer que toda su familia se fuera a sus respectivas habitaciones. Me acerqué a mi mochila cerciorándome de que todo estaba ahí, y al ver que todo estaba en orden, me tumbé otra vez rememorando historias de linterna verde, antes de irme de ahí en pocas horas; claro, ¿no esperarán que me quede en una jodida casa de mierda con un ladrón de poca monta, verdad? Soy más inteligente que eso. No quiero dormirme en la noche y ser sometida para que me roben el anillo. Sólo me quedaré un rato a descansar antes de irme. Pasaron ya unas horas desde que todos se fueron a dormir; yo igual me sentía algo somnolienta al recordar cómo el linterna verde Kyle Rayner, en el número 13 de la nueva serie, canalizaba la luz roja de la ira, para al final canalizar la luz azul de la esperanza para curar las heridas de algunas personas. Un momento memorable, debo decir; yo también quiero hacer eso…pero aún no sé cómo.
Escuché unos pasos llegando hacia mí, y volteé encontrándome con una mocosa. Se quedó ahí, viéndome, cargando un estúpido peluche:
–¿Qué? ¿Qué quieres? –le dije con fastidio. La niña siguió ahí, mirándome, como sorprendida.
–¿Eres un superhéroe? –preguntó inocente, aunque fue una pregunta estúpida.
–No, soy una superheroína, ¿qué eres ciega?
–Ah, perdón –dijo escogiéndose de hombros–. ¿Usted va a ayudar a mi papá?
El silencio que provoqué ante su pregunta se podía cortar con un cuchillo. Me le quedé mirando, sorprendida, y muy enojada. ¿En serio me había preguntado eso?, ¿después de todo lo que su padre me hizo espera que lo ayude? Estaba bien pendeja esa niña. La miré, expresando lo único que se me vino a mi mente por tanta rabia: ¡Tu papá es un imbécil y un ladrón! No se merece mi ayuda…ante esas palabras, ella se quedó en silencio, abrazando su juguete. No, no, no, ni pretendas sentirte mal; recuerda mis palabras mocosa: cada quien cosecha lo que siembra. Sonreí para mis adentros al haberla puesto en su lugar, y vaya que se sentía bien. Volví a concentrarme en mis pensamientos, pero la mocosa seguía sin irse, ¡carajo!, ¿qué más quería? ¿Porqué los niños no entienden a la primera?
Ella volvió a hablarme, y yo le dije que se fuera al demonio.
En serio creía que podría ayudarla. Volvió a llamarme unas dos veces más sin poder pronunciar bien la palabra superheroína; superheruana era todo lo que oía, hasta que me harté y me digné a verla:
–¿Qué quieres?
–Si me ayuda, le daré al señor orejotas. No es mucho, pero es lo que más me gusta…
Estaba por insultar a la niña, pero al incorporarme y verla claramente, algo me sucedió. Fue como un balde de agua fría, como si sufriera de pronto un dejavú a lo ojete. Yo…yo había vivido esto antes. Miré con más atención a la niña, y sin saber porqué, me sentí transportada exactamente ocho años en el pasado, donde una yo más pequeña, se acercaba a un adulto de negro corazón, pidiéndole que no la abandonara a ella y a su madre…a cambio de unos cómics…
¿Verdad que no nos vas a abandonar?... te daré mis cómics, papá, por favor, ¡por favor!... prometo que seré una niña buena, pero no te vayas…
Siempre obtuve silencio.
¿Y si sólo me quedo callada?, ¿qué pasaría si no le respondo?, esta niña está dispuesta a entregarme algo muy preciado sólo por obtener un signo de esperanza, algo a lo que aferrarse, algo que le he estado negando desde que me habló. De pronto el cansancio y el sueño se apartaron de mí, permitiendo que el maldito sentimiento quemara mi garganta como ácido hirviendo; si, recuerdo cómo de mi padre obtuve solamente silencio, cómo siempre obtuve evasivas de su parte…hasta que se fue. Hijo de puta, ojalá te pudras en el infierno. Le he hecho lo mismo a esta niña… ¿y eso en qué chingados me convierte? Volví a prestarle atención, ¿cómo crecería esta niña sabiendo que al tratar de ofrecerme su cosa más preciada sólo perdía el tiempo?, ¿cómo sería su actitud en un futuro si en este momento simplemente le digo que se vaya a la mierda?, ¿sería…como yo? Sin anillo, sin poderes, sólo una vida de pobreza y amargura, sintiendo que si nadie le echó la mano en la vida, si nadie escuchó sus suplicas, ella no tenía que hacerlo tampoco. Salí de todo mi embrollo mental al escuchar su voz nuevamente. Nunca olvidaré como me miró, con tal compasión y esperanza, con tal necesidad de aferrarse a algo ciegamente. Si le prometía ayudarle, ¿qué pasaría si no puedo al final? Sería todavía peor:
–Señorita… ¿superheraina?…. –inquirió.
–Es…superheroína –dije secamente. La miré seriamente–. Mocosa, ¿dónde vive ese tarado que odia a tu familia?
Para mi sorpresa, la dirección que me dio la niña no era incorrecta. Era una mansión protegida por muchos oficiales; con mi camuflaje los pasé sin problemas. Ya era muy noche, así que el tipo debía estar dormido. Logré colarme a su habitación, y llegué hasta donde estaba él, durmiendo en una enorme cama. Con mi anillo no fue difícil sacarlo de ahí, y taparle la boca con un cintillo de energía esmeralda. Él estaba sorprendido, desorientado, cosas que yo ya esperaba, y aunque mi corazón latía muy fuerte y me seguían temblando las piernas por lo que estaba haciendo, agregándole el cansancio y el frío, seguí con una voz firme: "No, esto no es un sueño, así que mejor atiende lo que voy a decirte, dije sin quitarle la mirada de encima, aunque… ¡carajo! ¿Qué más le digo? Realmente no tenía planeado nada… ¿eso hubiera sido lo que diría una superheroína? Mierda. Recordé a la mocosa con su peluche, y continué, hablándole directamente de la familia, cómo vivían, y cómo les estaba afectando, pidiéndole encarecidamente al hijo de puta que corrigiera ese descuido.
Le solté el cintillo, y más allá de insultarme o asustarse, se mantuvo callado y asombrado. Ok, esperaba algo distinto. Era la primera vez que amenazaba a alguien teniendo poder, y esperaba gritos de sorpresa o algo así como en las películas de Punisher. El sujeto me miró duramente, desafiante, y así se mantuvo hasta que de su boca lanzó el argumento de qué podría hacer yo si no me hacía caso; ¿qué?, ¿con el anillo no tuviste suficiente prueba? El brillo se intensificó, pero antes de enojarme, miré bien al sujeto, y reconocía algo en su mirada. Me recordó a Daniel, una sombra de dolor, una tristeza de tiempo atrás…sé cuándo un hombre oculta algo, ¡siempre lo he sabido! Tengo experiencia en ello, y éste no es diferente a los otros. Me acerqué a él, me arrodillé, y lo miré de frente; tenía razón, a final de cuentas, ¿qué podría hacer yo?, ¿amenazarlo como lo hice con la mujer? Eso no lo hace un superhéroe… ¡menos una superheroína!...a todo esto… ¿qué fue lo que provocó tanto odio?
Le pregunté, y él se mantuvo callado. La sombra de dolor se intensificó todavía más. El silencio se vio reemplazado poco a poco por sus palabras, que me comenzaron a contar una historia de traición, pero no de esas ridículas que muestran en las telenovelas, sino de las buenas, al menos para mí. Su padre era pobre, y la madre vivía del cultivo, y cuando se enamoraron, la familia de ella no le pareció, y menos cuando hubo un niño de por medio; los mandaron lejos a ambos, y cuando dieron a luz, ella murió. Todo el odio del padre se transmitió al hijo, al que me estaba contando esto, y ahora podía vengarse. Puedo decir que me dejó callada, y con la pinche pregunta, ¿quién es más culpable? La familia pobre que provocó el dolor, o el hijo despechado que ahora les provoca dolor. ¿Ahora cómo chingados decido?
Después de mucho silencio, le dije suavemente que a veces la vida te puede tratar como una mierda, pero no por eso puedes siempre tratar como mierda a los demás; cierto, la familia de antaño la jodió, pero…ya aprendieron la lección, ¡carajo! Hay niños muriendo de hambre… ¡no puedes dejar que un coraje personal te haga cometer estupideces contra toda la raza humana! Al haber pensado eso, minutos después, la ira mental que tuve fue mucho peor.
¡Chingo a mi madre! ¡Chingo a mi madre! ¡Chingo a mi madre! Me sentía como el puto niño-astro del cuento de Oscar Wilde: todo mierda en un principio, y al final se te regresa todo. Creo que el universo no pudo regresarme mejor todo mi orgullo que con este momento, diciéndome en todas su letras: ¡téngala Sofía! ¿no que no? Suspiré para mis adentros una vez más y volví a hablarle: eso no te vuelve mejor, ¡mierda! Lo sé, tiene razón. El hecho…de que a veces nos hagan mal, o cualquier cosa…no es una excusa para hacérselo a otras personas…quizá un poco a las mismas, pero todo tiene un límite…hasta que debes tener compasión…
El brillo del anillo cambió de un tono esmeralda a un tono púrpura clarísimo; este era el brillo especial de la tribu índigo, la luz de la Compasión. El brillo envolvió al sujeto, dejándolo inconsciente. Viendo que ya no volvía a levantarse, me puse de pie y me acerqué a la ventana de la habitación. Sí que fue una rara charla; creo que él también tiene que lidiar con sus propios demonios. Lo dejé en su cama, y me percaté de que mi anillo seguía teniendo el brillo índigo; recordé a la niña, y antes de que pudiera hacer algo, me vi envuelta en la luz de la compasión impidiéndome ver nada más, para luego salir del resplandor que me rodeaba dándome cuenta que había vuelto a la casa de la niña; olvidaba que la tribu índigo tiene habilidades de tele-transportación. Me di la vuelta encontrándome con la niña abrazando su peluche mientras dormía en el sillón que antes yo ocupaba. Escribí una nota diciendo que les dejaba la ropa y la comida; algo me decía que las cosas iban para mejor. Salí de la casa, dispuesta a experimentar con mi nuevo poder índigo; así que imaginaba dónde quería estar y aparecía, ¿no? Pues bien, antes de que se me acabe la compasión y la paciencia de tener que soportar tanto pinche misterio, ¡quiero estar con quien me dio este puto anillo!, para que me de unas cuantas respuestas. La luz una vez más me envolvió, y aparecí en una especie de campo extenso; no era precisamente el lugar que esperaba:
–Esperaba tu llegada, Linterna Sofía.
La voz a mis espaldas me resultaba conocida, y al girarme me encontré a la misma monja con la que me había topado en el incidente con la pordiosera. Imaginen mi expresión de qué pedo al verme en esta situación; ¿esta monja qué tenía que ver conmigo?
–Este, creo que me equivoqué de lugar…
–No, ciertamente. Permíteme presentarme, creo que ya no es necesario que esconda mi apariencia.
En ese momento, la monja empezó a encogerse, dejando sus ropajes negros por unos rojizos, y su tez se volvía completamente azul, con facciones aún muy femeninas. Al verla, mi corazón dio un viaje de ida y vuelta por el mundo entero; yo conocía a esta persona, y lo sé porque no es una persona, sino que es una de los guardianes del universo y de la corporación Linterna Verde; y lo mejor de todo es que no era cualquiera de ellos, sino una de mis favoritas.
Sayd…
–Creo que las presentaciones sobran…es un placer conocerte al fin –dijo con una sonrisa y una leve reverencia mientras flotaba delante de mí–. Me preocupaba que el anillo no pudiera detectar a nadie, pero me alegra haberme equivocado. Y me imagino que tendrás algunas preguntas…
¡Puta madre! Ahora que tenía las respuestas al alcance…no sabía con qué pregunta comenzar.
