¿Y qué puedes hacer, para que te devuelvan la vida de la persona que amas? Nada.


Negociación

Gracia no creía en Dios, no lo había hecho nunca. De pequeña creía en sus padres, en que ellos podían arreglarlo todo, en que siempre la querrían. De niña, no le hacía falta ningún dios. Con el tiempo, empezó a tener fe en sus amigas también: creía en ellas, en su buena voluntad, en el hecho de que la apoyarían incluso en el aspecto más insignificante de su vida. Para ella, la fe en las personas era suficiente. Y entonces conoció a Maes. Depositó en él su amor y su fe. Creía en cada cosa que hacía su marido con la misma intensidad que él mismo. Confiaba en él, tenía plena fe en sus actos y decisiones. Creía en Maes.

Pero Maes se había ido, y ahora Gracia necesitaba un dios en el que creer. Y le daba igual qué dios fuera, mientras pudiese depositar en él su fe. Porque si no se perdería. Gracia necesitaba creer que Maes estaba en un lugar mejor. Ahora, por primera vez, Gracia creía en Dios. Depositó en dios sus esperanzas porque sabía que nadie le devolvería a su marido. Empezó a tener fe en la idea de dios para poder pedirle que cuidara de Maes, porque si no tenía la certeza de que había algo más se moriría.

Negoció con su mente, convenciéndose de la existencia de dios, para poder creer que algún día volvería a ver a Hughes. Porque necesitaba saber que estaba bien, que estaba esperándola, y que algún día podría volver su sonrisa vivaracha, sus ojos dorados y sentir el tacto de su piel. Aunque fuera en el cielo.

-Por favor, dios, déjame creer que volveré a verle.


Un review, una sonrisa.