¡Buenas!
Antes que nada quiero disculparme con todas ustedes y darle las gracias, muchas de verdad aAllySanpor hacerme caer en cuenta del grande error que cometí, pero debo confesarte a tiAllySany a los demás, que una de mis debilidades con los Fics, con casi todos, es el manejo de la cronología, LO SIENTO de verdad, es algo que he estado tratando de mejorar y agradezco mucho que puedan hacerme caer en cuenta antes de seguir cayendo en más errores, lo lamento mucho de verdad.
La aclaración paraAllySany a las que se hallan confundido, es que, en efecto, Shaoran es diez años mayor que Sakura, por lo tanto tiene 29 años, y es en esta edad que se le considera lo suficientemente mayor como para asumir el patriarcado de la dinastía. Ella tiene 17.
LO SIENTO DE VERDAD, juro por el Dios de los Fics (mi diosito lindo) :´(, que intentarme mejorar en la cronología de todo. Perdónenme.
Quisiera hacer un paréntesis para hablarles de la selección de tema principal para esta historia, si la quieren escuchar en un ratico que tengan libre, sin compromiso (solo dale hasta el piso, no mentiras¬¬), es Frozen de Madonna, y Memories de Within Temptation. Espero que les guste. Otro paréntesis, que no tiene nada que ver con nada, si son duchas en ingles, les recomiendo que vean los videos de Annoying Orange, búsquenla por ese nombre en youtube. Se reirán un montón. Lo he hecho creo que me dejo la sonrisa permanentemente grabada en la carota. Jajajajajajaja.
Gracias a todas las que me han dejado reviews y han agregado la historia a sus favoritas, espero poder contar con ustedes durante el trascurso de esta.
Los personajes de Card Captor Sakura pertenecen a CLAMP.
Hong Kong, Complejo de Casas Kinama.
Shaoran se sentó en la silla del despacho que había sido acomodado según sus exigencias, se frotó la frente pensando una y otra vez en lo que su tío le había dicho, y después, analizando cada expresión de su rostro, comprendió al fin que el viejo, lejos de estarle gastando una broma, iba a darle el control sobre las empresas de Li.
Un margen de muchas cosas que podía hacer, muchos proyectos que llevar a cabo, se fue forjando a su mente, cada uno de los proyectos que se planeara y se realizara tendría un resultado monetario magnifico, lo cual serviría para seguir anchando las arcas de la Dinastía Li.
Antes de salir de la mansión de su tío se prometo averiguar, de algún modo, como era la apariencia de la mujer con la que iba a casarse, claro que por lo que sabía no podía llamársele mujer a una chica de la edad que creía que tenia la joven Kinomoto.
Levanto el teléfono que estaba a su izquierda e hizo llamar a Wei, hacia unos meses servía para él y era muy eficiente, había pasado todas las pruebas que Shaoran había impuesto y contaba con su total lealtad, no iba a traicionarlo frente a su tío, no importaba cuantas argucias se inventara el viejo.
- ¿Si, hola? – Saludo del otro lado de la línea la profunda y, porque no decirlo, agradable voz de Wei.
- Wei…soy Li - dijo Shaoran - necesito que hagas algo por mí.
- Si está en mis manos, joven Shaoran, con gusto lo haré.- dijo el hombre, él era el único que lo llamaba "joven Shaoran" el resto de personas que habían servido en su vida, asignadas siempre por su tío, le llamaban "señor", no le importaba en realidad pero el hecho de que Wei le dijera joven, y que aunque Shaoran le había dicho que lo llamara señor, y este no lo hiciera nunca, le daba cierto aire de paternidad, figura que le había faltado desde niño. No podía siquiera concebir mezclar la palabra paterno con su sádico tío.
- Como sabrás, debo contraer matrimonio en unos meses, mi tío pacto un acuerdo desde que era niño, y es de esos acuerdos que no se pueden terminar.
- Si lo sabía, aun me sorprende cuan retrogradas pueden ser las leyes de las dinastías -
Shaoran suspiró pesadamente, él pensaba exactamente lo mismo, pero tal como su tío le había dicho muchas veces, era una alianza estratégica, con el matrimonio podían darse por terminadas todas las rencillas empresariales y de cualquier otro tipo con los de las montañas.
- Resulta que solo conozco el nombre de mi prometida, y me surgen cierto tipo de dudas respecto a…su apariencia física –
Shaoran se sabía superficial, y sabia que Wei, aunque lo conociera hacia poco tiempo, tenia perfecta conciencia de ese rasgo, si, le gustaban las mujeres hermosas y maduras, con poco cerebro, pero la suficiente inteligencia para servirle en el lecho.
- Necesito enviar un espía a las Montañas, necesito que el espía me dé información de la chica, y me dé aunque sea una fotografía en donde pueda ver su apariencia.
- Eso va a estar muy difícil, joven, recuerde que, aunque sean habitantes de las montañas, tienen casi, casi la misma modernidad como para permitirse guardar su propia privacidad.
- Confío en que podrás hacer algo al respecto, se que conoces a mucha gente, Wei, y que en tus tiempos fuiste soldado, entre otras cosas, si es imposible no voy a matarte ni despedirte por qué no cumplas con mi requerimiento, pero quiero que, como lo dijiste antes, hagas todo lo que esté en tus manos para traerme aunque sea parte de esa información.
- Delo por hecho señor, ¿con cuanto tiempo contare? -
- No daré un límite, pero que sea lo más pronto posible, ah y Wei…- dijo Shaoran poniendo énfasis en la frase que siguió – nadie, sino las personas absolutamente necesarias, pueden enterarse de esto, lo cual excluye irrevocablemente a mi tío o a cualquier otra persona que tenga que ver con él.
- No se preocupe, joven, seré discreto.
Shaoran contaba con ello esperaría pacientemente a que Wei hiciera el trabajo. Lo hubiera hecho el mismo, pero lamentablemente cualquier actitud o evento en el que se viera envuelto pondría en alerta a su tío y arruinaría sus planes para conseguir siquiera de lejos, la apariencia de la mujer con la que contraería matrimonio.
Contra su voluntad se encontró pensando en cómo seria, si sería demasiado niña, aunque según sus cálculos y lo que había podido escuchar, no debía tener más de quince o dieciséis años.
¿A esa edad las chicas ya estaban lo suficientemente formadas?
A pesar de conocer a montones de mujeres comenzó a preguntarse como lucia una chica a esa edad, desde que era joven no se acordaba de haber prestado atención a las mujeres de su edad, a los trece miraba a las mujeres mayores, no a las niñas, y los años consiguientes no hicieron nada para mejorar o cambiar su concepto, por eso sentía una abierta pero discreta curiosidad por saberlo.
Aunque eso no haría la mayor diferencia, ¿cómo podía hacerle el amor a una mujer de dieciséis o quince años?, se sentía como un depravado solo de pensarlo…
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Wei cerró el móvil con el que había estado hablando, acababa de contratar a uno de los detectives privados más competentes de la agencia de agentes privados para la que trabajo cuando dejo el ejercito, conocía al chico, porque el mismo había sido parte de su entrenamiento, y le había dado su misión claramente.
Conseguir una fotografía de la única hija de Fujitaka Kinomoto.
El hombre había aceptado el reto, siempre era bastante temerario y le gustaba experimentar el riesgo para probarse a si mismo su valía. Ni siquiera por lo que dijeran los demás, aunque siempre recibiera halagos, sino para conocerse a sí mismo y saber hasta dónde podía llegar, no parecía interesarle su vida específicamente.
Sabía que Takashi Yamazaki haría un buen trabajo.
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Yamazaki respiraba agitadamente, había pasado los limites de las murallas de la villa de la montaña, siendo cuidadoso había evitado las cámaras de seguridad, cuando cruzo la barrera le pareció que pasaba de una dimensión moderna a una antigua en cuestión de segundos, aunque la muralla tenia los más altos niveles de seguridad, los que conocía bien, en su interior cada casa y cada camino se veía como una civilización de la edad antigua.
Pero en esos momentos no tenía intenciones de admirar el entorno, había llegado allí por una misión encargada por el señor Wei, uno de sus mentores, así que no `podía fallarle cuando este había confiado siempre en el.
Había averiguado un poco del tema mientras hacia su viaje a las montañas, la hija de Kinomoto no era una chiquilla de sociedad, vivía enclaustrada en esa villa montañosa por ordenes de su padre y nadie nunca, al menos desde que tenía cinco años, la había visto nuevamente.
La gente de la villa era discreta y no salían nunca, parecían no querer contaminarse con el resto de la gente moderna, y respetaba eso. Había vivido en una villa similar y encontraba todo fascinante.
Japón era una tierra fascinante, tanto como lo era China, pero en distinta medida.
Nuevamente se reprendió por sus pensamientos y se dijo nuevamente que tendría tiempo de sobra para estudiar más sobre esa extrañamente modernizada villa.
Se escondió tras un árbol haciendo un recuento mental de lo que había podido averiguar, la casa más grande la mansión, era la del señor, debía entrar allí y de alguna manera averiguar en donde se encontraba la hija menor.
Después de eso solamente debía fotografiarla y llevarle la prueba al señor Wei.
Vaya, pensó el joven, esperaba que no fuera una afrenta imposible.
Se fue por medio de los bosques que rodeaban la villa, caminando sobre el empinado, por algo le decían Montañas.
Se escondió entre los arboles cuando escucho a lo lejos, con su oído agudo, el cabalgar de un semental.
Trepo rápidamente al árbol mas tupido y espero a ver quien se había atravesado en su camino.
Miro por entre las ramas, colgándose de cabeza hasta que sus ojos dieron con un caballo blanco que venía a toda velocidad, pero con pinta de cansado.
Pensó que era un diablo con suerte.
Quien lo montaba no podía ser otra persona que la hija de Kinomoto, por lo que había visto de la villa las mujeres no vestían elegantemente, tan solo tenían kimonos para el diario. Pero el kimono que portaba la mujer que cabalgaba tan rápidamente era sin duda de los regentes de la villa.
Para su consternación y suerte la muchacha detuvo el caballo muy cerca del árbol donde había trepado con una elegancia y distinción que terminaron de convencerlo de que se trataba de la hija de Kinomoto, pero no podía verla bien, lo suficientemente bien para que, en caso de no poder fotografiarla al menos pudiera darle la descripción de su físico a Wei.
Por lo que alcanzaba a ver del perfil no podía tener más de quince años. Aunque debía admitir que tenía una belleza infantil demasiado femenina para no ser tenida en cuenta, la piel brillaba por el sol y el kimono hacia que se viera casi luminosa, como un pequeño ángel. Definitivamente cuando creciera alguien iba a tener mucha suerte.
Bajo silenciosamente del árbol cuanto esta se sentó en las faldas de uno de los que estaba más allá, aun seguía de perfil y no podía darse una imagen adecuada de ella, solamente lo que el kimono dejaba traslucir, unos brazos delgados y manos austeras, y un cuello también delgado, blanco y de cabellos castaños.
Por estar admirando el envés de su cuello cometió el cuantioso error de pisar una de las hojas secas que se atravesó en el camino de su pie, si fuera otra persona no habría sido escuchado pero se quedo de piedra cuando, aun a pesar de estar oculto tras un árbol la muchacha levanto su perfil, en sus hombros podía apreciarse cierta rigidez.
Se levanto rápidamente sin darle tiempo a Yamazaki de verla realmente, subió a la yegua y el saco la cámara esperando tener una imagen lo suficientemente buena, al menos de espalda.
Cometió otro error, la lente de la cámara se reflejo en el sol lo cual produjo un destello que hasta el más estúpido vería y Yamazaki estaba seguro de que ella lo había percibido, en tanto se alejaba le tomo mas fotografías.
Intentaría acercarse a la mansión pero no estaba seguro de poder obtener algo mas, había tenido una oportunidad de oro pero la había perdido. Esperaba que esto no hiciera estragos en su atolondrado ego, ya tenía suficiente con tener esa tendencia en su sangre de hacer cosas indebidas y de vivir al límite para probarse a sí mismo que era mejor que lo que su padre había querido para él.
Acechando como una cobra, invisible como un espíritu y rápido como una liebre Yamazaki llego a los límites exteriores de la mansión del líder, sin ser visto o detectado.
Trepo por la pared ayudado por ciertos trucos con la cuerda que había aprendido de Wei, nadie estaba vigilando ese lado lo cual le dio una ligera idea de que la seguridad en esa casa se limitaba a la barrera alrededor de la villa y a unos cuantos dentro de esta.
Cuando encontró soporte se encontró con la habitación de instrumentos. Forzó sin éxito la ventana, descendió nuevamente lo suficiente para poder escuchar la discusión que se estaba llevando a cabo dentro de la casa en una de las habitaciones interiores.
- ¿En dónde estabas?, te buscamos por toda la casa y no te encontramos… pensé…pensé – vociferaba un hombre, parecía, por lo que escuchaba, bastante preocupado.
- Estaba montando a Yuki, padre, es lo que hago de vez en cuando.- dijo la voz femenina, demasiado dulce. Y demasiado asociable a la jovencita del caballo, si, estaba claro que la del kimono era la hija menor del regente.
- Tienes que entender que debes dejar de salir de esa manera. Alguien pudo acompañarte.- Yamazaki dudaba mucho que ella necesitara seguridad incluso en los alrededores, lo cual le llevo a preguntarse cuál era el motivo por el cual el Fujitaka se sentía de esa manera si su hija montaba por los alrededores de su propia villa.
- No podía pedirle a algún empleado que me acompañara, ya tienen suficientes cosas que hacer.- la cuerda se balanceo un poco dándole un poco mas de espacio para escuchar. Una sombra de un azar lo cubría y bien podía balancearse hacia ese árbol si escucha a alguien o algo pasar cerca de él.
- No me importa, no volverás a salir sin una escolta – había algo más serio en toda esa discusión, solo que el hombre que hablaba claramente estaba manteniendo algo en secreto.
- Pero papá…- protesto la muchacha, en su tono se evidenciaba tal tristeza que Yamazaki, aun con su corazón de acero, se sintió intimidado.
- No quiero peros, Sakura, no vuelves a salir a menos que alguien te acompañe.- silencio, la mujer no estaba discutiendo, si, era una villa algo anticuada, aunque no podía decirse que en las dinastías en las que había prestado sus servicios fuera algo diferente, si, las mujeres tenían ciertas libertades, pero estaban condenadas por su género a no ser tenidas en cuenta respecto a decisiones importantes.
-¿Desea algo mas, padre? –sumisión, no podía describirlo de otra manera, el espíritu de esa joven se adaptaba a los deseos de los demás, sorprendentemente también podía afirmar eso.
- No, vete a tu habitación, te quedaras allá hasta el día de mañana, tienes prohibido bajar, se te hará llevar la comida.
Con los pasos que siguieron a esa frase podía hacerse un camino mental, apoyo un instrumento de alta escucha contra la pared de madera pulida y se dio la vuelta en la cuerda para poder escuchar detenidamente.
Pasos livianos parecían subir una escalera, después escucho el sonido de una puerta al cerrarse y un llanto doloroso.
Trepó por la cuerda sin hacer ningún sonido escalando la manera con sus zapatos anti ruido y anti desliz, el llanto se hacía más fuerte al otro lado de la casa, usando sus habilidades con la cuerda siguió trepando hasta el techo de teja de madera.
Había aprobado su examen de liviandad al mismo tiempo que el de fuerza, podía no pesar y ser fuerte, y eso le había reportado beneficios cuantiosos en sus misiones.
Escucho un ruido detrás de él y miro hacia un pájaro que estaba posado en uno de los arboles de al lado, el pájaro lo miro como interrogándolo, pájaro…era verde, de pico grande y bastante cabezón y gordo.
- Ladrón…- cantaba lentamente en voz de pájaro…en donde había leído sobre esos animales… ¿cuál era su nombre?… ¡ah sí!, loro.
No tuvo tiempo de hacerse una idea mental de una de las habilidades de ese particular animal, cuando este empezó a gritar.
-¡Ladrón, ladrón, ladrón! –
Escuchó gritos masculinos y después pasos rápidos dentro de la casa y desde lo lejos en la muralla.
Maldiciendo al pajarraco y prometiéndose a sí mismo que se la pagaría lanzo la cuerda a uno de los árboles y haciendo gala de sus habilidades de trepador comenzó a deslizarse de árbol en árbol… (N/A: para las que han visto alguna de las películas chinas y japonesas de John Wo, el tigre y el dragón y mas, podrán hacerse una idea de cómo trepaba los arboles Yamazaki)
Cruzó de un salto la muralla y encontró su auto sin placas a un lado del árbol, exactamente donde lo había dejado.
Imaginaba la cara de Wei cuando le contara que un pájaro parlante y de color verde vivo había echado a perder la misión y había estado a punto de hacer que lo atraparan.
Piso el acelerador a fondo y se perdió entre la espesura conduciendo hasta el aeropuerto en donde le esperaría un avión para llevarlo a Hong Kong.
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- Jajajajajajaja – se reía lúgubremente Wei cuando Yamazaki le terminó de relatar lo que había acontecido, una vez aterrizo en Hong Kong y fue a visitarlo – no importa muchacho, me sorprende que hayas conseguido llegar tan lejos sin ningún sobresalto.
- De todas maneras no pude conseguir un buen ángulo para las fotografías de la hija de Kinomoto, señor, temo que su patrón quedara decepcionado.
- Le dije que haría hasta donde podía, no voy a arriesgar la vida de un hombre por sus exigencias, así su tío lo haya hecho y le haya enseñado a ser así. – dijo Wei en un tono de voz bajo pero fuerte y de poder a la vez.
Yamazaki le paso las fotografías impresas en papel a Wei quien se quedo mirándolas seriamente.
- Parece una buena amazona…- comento distraídamente el dibujo del kimono de la mujer que estaba de espaldas. – grácil como el viento, rápida y ágil como el agua... me pregunto cómo será su rostro.
Yamazaki tenía la misma inquietud, pero no lo comento a Wei, no quería meterse en problemas.
- Ojala sea suficiente para su patrón, señor, es un poco pequeña, pero seguramente con el tiempo se convertirá en una hermosa mujer.
- El joven Li tendrá tiempo de sobra para verla crecer, se trata de su prometida.
- ¿El señor Li? ¿Shaoran Li? – pregunto Yamazaki sin poder creerlo.
- Así es – dijo Wei en voz baja.
- Me alegra, no me imagino a una impúber como ella casada con Fen Li -
- No – dijo Wei sonriendo – se va a casar con el sobrino de Li, en unos dos o tres meses, pero nunca se han visto la cara, y no se conocen ninguno de los dos, así que el joven Li quería saber al menos con quien se iba a casar.
Wei le conto todo eso a Yamazaki, sabía que podía confiar en el muchacho.
Yamazaki pensó en esa pobre chica y en todo el dolor que había trasmitido su llanto, parecía y se escuchaba como el llanto de una niña a la cual ha sido arrebatado un juguete. Seguramente se trataba de una chiquilla callada, sumisa y sin voz ni voto.
Salió de la oficina de Wei esperando haber sido de utilidad y recordando que algún día tendría a ese loro en sus manos.
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Wei estacionó el auto suspirando pesadamente, había llamado unas horas antes al joven Shaoran para comentarle las novedades que tenia, como había supuesto el joven no estaba ni de lejos conforme con lo que había pasado y Wei sabía que aunque la seguridad de las Montañas fuera casi nula, se incrementaría ahora que sabían que alguien había espiado sus entornos.
El complejo de casas le dio la bienvenida, las rejas blancas se abrieron y encendió el auto nuevamente para dirigirse a la mansión número 22, la que había comprado el señor Li, sin la influencia de ese tío suyo.
Cuando estaciono en el empedrado de enfrente pensó que lo mejor era salir de esta diligencia lo más pronto posible.
Oprimió el botón del timbre y la lúgubre música indico su llegada.
Cerrando los dedos con fuerza sobre el sobre de manila en donde estaban, en la mejor resolución que había podido encontrar, las fotografías de la hija de Kinomoto, empujo la pesada puerta cuando esta se abrió con un clic automático.
La casa estaba en silencio pero no podía pedir otra cosa ya que el joven Li siempre había querido vivir solo, lejos de los vigilantes, así que comprendía a cierto grado el silencio casi sepulcral de su casa.
Sabía en donde estaba el despacho del joven pues este había hecho de esa habitación su propio entorno personal, tan educado y rígido como él, pero con el toque juvenil que caracterizaba a las personas de su edad.
Toco la también pesada puerta de ese despacho, alejo cualquier pensamiento que pudiera ser interpretado como temor, no podía darle algún tipo de arma al joven Li, Wei quería sentirse seguro.
- Adelante – dijo una voz oscura, Wei empujo la puerta y entro a la habitación iluminada por una lámpara tradicional china.
- Buenas tardes, joven – dijo Wei quedándose a un lado de una de las sillas.
- Siéntate, Wei, en seguida terminare –dijo el joven enfrascado en algún tipo de lectura de un libro extremadamente grueso. El joven podía ser lo que quisiera pero era bastante serio y educado en sus modales.
Wei espero pacientemente a que el joven Li terminara de leer o instruirse en lo que fuera que estuviera haciendo.
Cuando las tapas del libro resonaron y este cayó sobre la mesa de madera oscura, Wei comprendió que había llegado el momento de la verdad.
- ¿Y bien? – pregunto Shaoran mirando intensamente a Wei.
- Tal como se lo dije por teléfono, se consiguió un acercamiento bastante acertado de la joven Kinomoto, Takashi hizo lo posible pero tuvo intervenciones indeseables y no pudo completar la misión de la manera en que a usted le hubiera gustado.
Shaoran señalo el sobre que había dejado Wei en la mesa, este asintió y Shaoran estiro su brazo hasta que cerro los dedos sobre el material de papel.
Lo abrió lentamente y saco las fotografías que había tomado el ayudante de Wei.
Miro lentamente cada fotografía, intentaba, por medio de ese riguroso examen, hacerse una idea de lo que era Sakura Kinomoto en realidad.
Si, tenía un cuerpo delgado y, por las fotografías, podía concluir que ágil, su cabello corto era de color castaño y los reflejos del sol le daban un toque de fuego que, sospecho, solo se veían con esos rayos.
La fineza de la tela con que estaba vestida le daba a Shaoran una idea de las riquezas que poseía esa familia y esa vena de avaricia que su tío había logrado sembrar en el hizo su aparición en ese momento.
Los campos detrás de la figura blanca también prometían prosperidad y riqueza, lo cual hacia, como su tío lo había dicho, que su alianza fuera bastante ventajosa.
Pero por más que intento hacerse una imagen de su rostro no pudo elaborar ninguna, a pesar de tener en esas fotos material suficiente para hacerlo.
Suspirando lanzo las fotografías a la mesa y miro a Wei.
- ¿Qué posibilidades hay de que tu espía vuelva a intervenir en ese sitio? –
- Pocas señor, aunque fue fácil entrar para él, parece que la seguridad se alerto de su presencia y en este momento deben haber incrementado las medidas por lo que Yamazaki estaría en riesgo de verse envuelto en algún tipo de rumor o algo similar respecto a la seguridad de la joven Kinomoto. Antes de que se alertaran de su presencia, Yamazaki presencio una discusión entre el padre de la chica y ella, parecía que el estaba bastante preocupado por su seguridad y después de esto, creo que si no la mantiene prisionera en la casa Yamazaki escucho mal.
Un ligero y casi imperceptible sentimiento de compasión se deslizo por entre los fríos recovecos del corazón de Shaoran, pero fue sustituido nuevamente por lo que era, un corazón despiadado así educado.
- Maldición – murmuró para si, finalmente el propósito de su tío se cumplía y tendría que conocer a la que iba a ser su esposa el mismo día en que se casaran.
Era injustamente medieval.
- Ningún medio de comunicación tiene conocimiento sobre la apariencia de la hija de Kinomoto, parece que la ha criado entre algodones y como a una monja, solo la conoce la gente de esa villa, y si lo que Yamazaki cuenta es cierto, son lo suficientemente leales como para poner en evidencia lo que el líder de su comunidad se ha empeñado en mantener en secreto.
Shaoran asintió con desgana. Wei tenía razón, por mas que había atacado la red la apariencia física de la hija de Kinomoto era una sombra de duda, desconocimiento, jamás había sido fotografiada y solamente se conocía su biografía por datos aledaños de los cuales no podía sacarse ninguna conclusión.
Maldijo nuevamente y le pidió a Wei que se retirara, ya tenía suficiente de decepciones desde la semana anterior.
Había tenido que acudir a la mansión de su tío nuevamente, allí bajo su absoluta presión había firmado todos los documentos en donde Fen Li traspasaba todas las acciones, todo el mando y la dirección, propiedades financieras y acciones, pasivos y activos a Shaoran Li.
Una vez que el falleciera y el matrimonio se llevara a cabo el joven iba a ser el dueño del imperio Li
A la semana siguiente tendría su primer encuentro real y personal con Fujitaka Kinomoto y su hijo mayor Touya. Le hubiera gustado escribirle a Kinomoto diciéndole que también trajera a su hija, pero sabía que él lo consideraría imposible, ya había escuchado que el pacto consistía en que se vieran solamente en el momento de contraer matrimonio.
Absurdo.
Se froto las sienes con fuerza y miro hacia el interior de sus parpados suplicando para
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La semana trascurrió de una manera lenta y metódica para Sakura, su padre, lejos de levantarle el castigo impuesto por haber salido al aire libre, lo había incrementado de una manera alarmante, la única permitida a visitarla era su amiga Tomoyo y el único contacto que podía tener con el aire libre era el que se daba en su ventana.
Se sentía desesperada y aburrida, pero no podía hacer nada, un custodio estaba siempre al final de las escaleras de la casa grande para impedir que escapara o se le diera por ir a montar nuevamente, la imposición de su padre se extendería hasta el día de su matrimonio según le había informado su hermano.
Desconocía las razones que tenía su padre para torturarla de esa manera, pero acataba las ordenes al no tener más opción, escapar no era una alternativa, no podía poner en entredicho el orgullo y la autoridad de su padre de esa manera tan brutal. Escaparse consistiría en una casi derrota entre los líderes que su padre conocía y romper la alianza que se había forjado con los Li acarrearía muchos enemigos a su padre.
Si, nadie necesitaba repetírselo, lo sabía desde que había tenido uso de razón y le habían repetido esa frase una tras otra vez.
Escuchó unos golpes en la puerta y murmuro que pasara quien quiera que fuera.
Cuando la puerta se abrió encontró en el umbral la figura encorvada de su padre.
- Buenas tardes, pequeña Sakura –
Hacía muchos años que su padre no la llamaba así, pero no se permitió sentirse conmovida o algún otro sentimiento de igual calidez. Su padre había sacado a lucir todo el rencor que la joven se sentía capaz de sentir.
- Buenas tardes, padre – no le llamo papa, ya no volvería a hacerlo nunca más.
El hombre cerró la puerta tras de él y se acerco lentamente a la cama de la muchacha, ella se encontraba sentada en la esquina de la habitación en una silla mecedora al lado de la ventaba.
- No deberías estar tan cerca de la ventana – comento Fujitaka mirando alternativamente a la ventana y mas allá, a algo que Sakura sabia, no estaba en posición de ver.
- Si no miro el paisaje me voy a enloquecer – comento la joven susurrando mientras evitaba mirar a su padre.
- Es por tu propio bien – dijo Fujitaka en voz suplicante.
- Desde que tengo 3 años y mi madre murió he escuchado esa frase como justificación de todos los actos terribles que cometes conmigo, padre.- dijo la joven sin inmutarse pero con un dejo de ira en su voz.
- Si te contara la pesada carga que pesa sobre mi entenderías en gran medida por que actuó como actúo contigo, Sakura.
- Si no me lo explicas no entenderé nunca – dijo Sakura apartando su vista de la ventana y fijándola en su padre.
- No puedo decírtelo, traicionaría a mis propias promesas. – dijo el hombre abatido.
Sakura volvió a fijar la vista en la ventana e intento concentrarse en los pájaros que volaban en los arboles y no en la figura encorvada de su padre.
- Dentro de unos días visitaremos la empresa multinacional de tu prometido, terminaremos de acomodar todos los paréntesis referentes a su boda.
Sakura no se permitió emocionarse por esa información, cuando su padre había dicho la palabra "visitaremos" hacía referencia a él y a su hermano, ella, como siempre se quedaría en su claustro sin ningún tipo de entretención ni opción.
- Que tengas suerte – le dijo Sakura sin mirarlo, sentía sus ojos verdes llenos de lágrimas de frustración.
- También creo que es hora de que sepas que la chica Daidoji, la menor, será asignada como tu doncella personal y partirás con ella hacia tu matrimonio, permanecerá contigo todo el tiempo.
Sakura se sintió aliviada y mortificada al mismo tiempo. El alivio de tener a alguien conocido cuando partiera hacia China, y la mortificación por impedirle a Tomoyo tener una vida normal, con una familia y con un esposo por irse con ella como su doncella.
- Padre, no creo que la señora Sonomi apruebe que Tomoyo…
- Fue decisión personal de Tomoyo, la señora Daidoji tiene las suficientes hijas para casarlas con quien quiera, a Tomoyo se le ofreció la opción y la acepto gustosa. -
Sakura sabia el por qué de la decisión de Tomoyo, ella estaba enamorada del prometido de su hermana mayor, Senea, y sabia que para Tomoyo sería demasiado cruel verlos juntos mientras ella sufría, estaba escogiendo la opción de huir de su sufrimiento y había encontrado la salida convirtiéndose en la doncella personal de la hija de jefe.
Sakura sabía que no podría disuadir a Tomoyo de su decisión, y agradecía internamente contar con alguien para emprender ese viaje sin retorno que significaría su boda.
Quiso ir hacia donde su padre y abrazarlo, quería que le contara el porqué de su recelo, darle las gracias por al menos permitir que Tomoyo se quedara con ella. Tantas cosas.
Cuando su puerta se cerro, solo en ese momento, las lagrimas volvieron a salir rebeldes de sus ojos.
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Fujitaka se tomo los dos analgésicos de alto alcance mientras permanecía acostado en su cama. Había cumplido con su cometido, al menos había dado a Sakura un poco de estabilidad en esa vida que la esperaba.
Rogaba con todo su ser que solo la esperaran cosas buenas y que ese sufrimiento al que la estaba sometiendo fuera pasajero y pudiera encontrar su felicidad en China.
Se movió hacia el final de la cama hacia la mesa de noche labrada en donde reposaba el retrato de su esposa muerta, la madre de sus hijos, y la causa indirecta de su manera de actuar en esos momentos.
- Perdóname, Nadeshiko – dijo el hombre torturado. Pero una parte de él se sentía bien, al menos con lo que hacía mantendría a Sakura alejada de la verdad de sus actos, de su afán de protegerla y de las crueles y desesperadas medidas que había empleado para hacerlo – perdóname, Sakura.
Gracias otra vez por sus mensajes, espero que este capítulo también les haya gustado, nos leeremos en el próximo, un abrazo grande y gracias nuevamente por toda su paciencia.
