Hola… bueno ahora no tengo mucho que decir, lo que pasa es que estoy un poco enojada ((detesto cuando la computadora y el internet fallan)), así que solo espero que disfruten del capitulo…

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ODIO EN TU MIRADA…

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Esa mañana, cuando Zafiro despertó, Serena aún seguía durmiendo a su lado; sonrió ligeramente y se acerco hasta besar sus labios suavemente. Miro el reloj y dio un suspiro al ver que se le había hecho tarde, tomo el teléfono que reposaba en la mesa de noche y marco un número ya conocido por el, después de todo ser su propio jefe tenía sus ventajas. Espero en la línea un par de segundos hasta que finalmente escucho la voz de su secretaria.

Srita Aino, el día de hoy no iré a la oficina… así que encárguese de mandarme todos los pendientes para revisarlos – le ordeno sin detenerse si quiera para darle los buenos días – ¿A su casa?... – titubeo la secretaria en un hilo de voz – A mi departamento en el centro – corrigió el peliazul – Enseguida Sr. – respondió la joven un poco intimidada por el tono serio del peliazul – Ah Sr. Black hace un momento llamaron para confirmar la cena de esta noche… – le informo antes de que este fuera colgarle – Es verdad, lo había olvidado… pero encárguese de confirmarla y también de hacer las reservaciones en el lugar de siempre – finalizo y colgó sin esperar una respuesta.

Dejo el aparato nuevamente en su lugar y regreso la mirada a la rubia que seguía plenamente dormida, lo que él ignoraba era que la rubia no había dormido a su lado sino que regreso a la habitación cuando el sol amenazaba con el nuevo día. Se acurruco nuevamente junto a ella e intento dormir un poco más, apenas había cerrado los ojos cuando su celular comenzó a sonar, se levanto molesto y busco el pequeño aparato dentro de su saco.

Diga – respondió sin ocultar su evidente molestia – Querido, lamento haber interrumpido tu descanso al lado de esa golfa. Pero necesito hablar contigo – escucho la voz de su esposa al otro lado de la línea.

Dio un suspiro y salió de la habitación, obviamente la llamada de la morena iría más allá de solo una conversación tranquila, y lo último que quería era despertar a la rubia.

Que diablos quieres – respondió una vez que se encontró en la sala – Tengo que hacer un viaje y Hotaru no puede venir conmigo… crees que podrías quedarte en casa esos días o prefieres seguir revolcándote con tu amante – le dijo con la voz sarcástica que tanto odiaba – Sabes perfectamente que adoro a mi hija y sabiendo que no estarás en la casa no veo por que no. Por cierto, quien sabe, quizá cuando regreses la casa tenga una nueva dueña – se burlo el peliazul – Tratándose de ti puedo esperar cualquier cosa querido, pero ni se te ocurra meter a esa a mi casa – le respondió enfatizando las ultimas dos palabras – Mide tus palabras por que "esa", como tu la llamas es la próxima Sra. Black y como no pretendo seguir escuchando tu dulce voz querida, llama a mi secretaria y dile cuando te vas – finalizo sin dar tiempo para que Rei respondiera cualquier cosa y colgó lanzando el teléfono contra la pared.

Definitivamente su día no había comenzado nada bien, Rei sabía perfectamente como alterar sus nervios, se sirvió una copa de tequila y la bebió de un solo trago, tratando de tranquilizarse, después de todo no podía dejar que sus planes para ese día se vieran afectados por alguien que no tenía la mínima importancia en su vida.

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Cuando Yaten despertó, se encontró con el departamento completamente solo, busco un poco de fruta y jugo en el refrigerador y se preparo algo para desayunar. Mientras estaba en el comedor el teléfono del departamento comenzó a sonar, dejo el tenedor sobre su plato y se levanto a atender la llamada.

Diga – respondió mientras encendía la televisión con el control remoto – Buenos días, se encuentra el Sr. Taiki Kou – escucho a un joven al otro lado de la línea – Mmmm… Si, el habla – mintió mientras cambiaba el canal. Sabía que si Taiki se enteraba de que lo estaba suplantando se molestaría pero realmente le intrigaba saber quien buscaba a su hermano, si acaban de llegar a la ciudad – Solo llamo para confirmar la cena de esta noche…

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Cuando Zafiro regreso a su habitación, Serena ya no estaba en la cama entro al cuarto de baño y a través de la cortina pudo ver la silueta de la rubia bajo la regadera. Sonrió al imaginarse el cuerpo de la rubia completamente mojado, sacudió la cabeza tratando de sacar sus lujuriosos pensamientos de su cabeza ya que tenía trabajo, además ya tendría tiempo para disfrutar de la rubia cuando regresarán de la cena.

Princesa… – la llamo mientras se recargaba sobre la pared – Esta noche quiero que luzcas espectacular, tengo una cena con amigo y quiero que vengas conmigo – le explico mientras tomaba una toalla de la repisa al escuchar la regadera cerrarse – Como quieras – respondió mientras abría la cortina dejándolo contemplar su desnudez.

Zafiro se acerco hasta ella y la envolvió con la toalla, mientras retiraba unos mechones de cabello de su rostro. A pesar de estar acostumbrado a la indiferencia que Serena salía mostrar, comenzaba a sentir la necesidad de que ella se interesará por él. En cuatro años nunca habían tenido una conversación en la cual ella no respondiera más que en simple monosílabos y mucho menos una pelea. Dio un suspiro al verla acercarse al espejo como si el no estuviera y salió de baño.

Hoy trabaje aquí, pero que te parece si vas a comprar un lindo vestido para esta noche y… no se has algo que te guste – le dijo desde la habitación.

Horas más tarde Serena estaba en el centro comercial, no era que le encantara ir de compras pero prefería eso a tener que quedarse en el departamento mientras Zafiro trabajaba ahí, lo único que realmente detestaba era el par de guardaespaldas que habían estado siguiéndola por cada una de las tiendas en las que había estado, era un poco vergonzoso ya gracias a ellos no pasaba desapercibida en ningún lugar.

Cuando finalmente encontró un vestido y unos zapatos para esa noche entro al salón de belleza que solía acostumbrar y donde afortunadamente se prohibía la entrada a los hombres por lo que sus vigilantes tenían que quedarse afuera. Ahí trabajaba el único hombre con el que solía hablar, su nombre real era Christopher, pero todos lo llamaban Cris, y tal vez el hecho de que fuera gay la hacía sentirse más tranquila, pasaban el tiempo hablando sobre cualquier cosa que "Cris" encontrara interesante y casualmente su tema favorito era decirle a Serena lo mucho que la envidiaba por tener al peliazul durmiendo en su cama. Lo único que Cris no sabía era que lo que cualquier mujer podía envidiar de su relación con el peliazul a ella le resultaba, repulsivo.

Dime querida, que quieres lucir el día de hoy – pregunto mientras jugaba con el cabello rubio de Serena – No se, esta noche voy a ir a una cena con Zafiro, has algo apropiado – respondió con un poco de indiferencia, nunca había sabido mucho sobre peinados pero confiaba en el gusto de su "amigo" – Muy bien querida, veras que el papacito se quedara con la boca abierta – le dijo emocionada a lo que solo atino a sonreír.

Le resultaba absurdo pensar como cada vez que salía con Zafiro se esmeraba más que nunca en su arreglo, siempre luciendo como una modelo de revista logrando llamar la atención de cualquier hombre que estuviera cerca de ella, de pronto la idea de "necesitarlo" llegó a su cabeza. Había estado dependiendo de Zafiro por tantos años que simplemente estaría perdida si él no estuviera junto a ella, no sabría como sobrevivir en ese mundo que le daba tanto miedo. Por que a pesar de que no lo amaba y no podría amarlo nunca, él se había convertido en su refugió. Y por más absurdo que pudiera parecerle, estaba viviendo dentro una jaula de oro donde podía tenerlo todo pero no era feliz, sino todo lo contrario, pero era una jaula de la que no quería salir.

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Taiki regreso al departamento por la tarde después de haber ido a recoger a Lita al aeropuerto, una vez que llegaron al departamento se encontraron a un Yaten profundamente dormido sobre el sillón de la estancia con el control remoto sobre su pecho y la televisión encendida. El castaño solo se encogió de hombros, ante la sonrisa de su esposa y optaron por dejarlo seguir durmiendo, después de todo aún tenían mucho tiempo antes de la cena de esa noche.

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Una vez que Serena termino sus compras en el centro comercial regreso al departamento, se encargo de guardar lo que había comprado dejando solamente lo que usaría esa noche. Se había decidido por un vestido color índigo entallado hasta la pantorrilla y había comprado un par de zapatilla color plata. Permaneció frente a su vestido por unos minutos, hasta los brazos de Zafiro la rodearon por la espalda.

Te veras hermosa con ese vestido puesto – le susurro mientras besaba su cuellos – Ahora te dejo para que descanses un poco antes de comenzar a arreglarte, mientras tanto yo terminaré de revisar unos papeles – le dijo mientras la liberaba del abrazo y salía de la habitación cerrando la puerta tras de si.

Serena solo dio un suspiro, no tenía ni la menor idea con quien irían a cenar pero de algo estaba completamente segura, todas las miradas estarían sobre ella por el simple hecho de ser la amante de Zafiro Black, ya podía escuchar los murmullos de las mujeres que estuvieran presentes "Pobre Rei", "No se lo merece", "Todo por culpa de esta mujerzuela" en fin esos eran los comentarios mas comunes. En realidad estaba acostumbrada pero había ocasiones en las que los insultos pesaban más sobre su cabeza, después de todo tenían razón ella no valía nada, o por lo menos era lo que Haruka le había dicho aquella noche.

Alejarme fue lo mejor… no merecías a tu lado a una mujer como yo – hablo una vez que sintió completamente sola, recordando un par de ojos color esmeralda, su corazón y su dignidad como mujer estaban tan pisoteados que realmente comenzaba a creer que merecía la vida que tenía. Lo único que nunca nadie podría arrebatarle, eran sus recuerdos… esos recuerdos que guardaba celosamente como prueba de que una vez ella también creyó en los cuentos de hadas y en los finales felices donde la princesa siempre termina al lado de su príncipe azul y viven felices para siempre.

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Faltaban poco menos de cinco minutos para los ocho de la noche que era la hora acordada cuando los hermanos Kou y Lita llegaron al restauran acordado, mencionaron la reservación hecho por su anfitrión e inmediatamente los hicieron pasar y los hicieron sentar en una de las mejores mesas del lugar.

Vaya, parece que tu amigo es muy famoso en este lugar – dijo el peliplateado después de ver la botella de vino que les había llevado mientras esperaban – Si, eso creo… – contesto el castaño encogiéndose de hombros – Y como lo conociste – pregunto Lita entrando a la conversación – Pues fue cuando estuve en la universidad, solíamos salir de vez en cuando – respondió mientras le servía una copa a su adorada esposa – Por cierto Taiki no crees que ya se tardo – se quejo el peliplateado mirando la hora en su reloj – No te desesperes, solo hemos estado aquí poco más de cinco minutos – lo animo, Taiki sabía perfectamente que la paciencia no era la mayor virtud de su hermano – Pues espero que no tarde demasiado, comienzo a sentir hambre – respondió mirando hacia las puertas del restaurant como si realmente fuera capaz de reconocer al amigo de su hermano.

El peliplateado estaba muy inquieto, no era verdad que tuviera hambre, algo dentro de el lo hacía sentirse extraño, bebió de un trago el resto de vino que aún quedaba en su copa. Desviando la mirada nuevamente frente a Taiki quien charlaba animadamente como la castaña. Y cerro los ojos tratando de controlar el sentimiento de rabia que lo invadía cuando el recuerdo de las veces que el también disfruto de la presencia la única mujer que había amado en su vida regresaban a su cabeza. La odiaba por haberlo hecho tan desdichado y sobre todo por que aún continuaba amándola.

Te encuentras bien le pregunto Lita poniendo sus manos sobre su puño regresándolo otra vez al mundo real Si, estoy bien sonrió después de haberse dado cuenta que por un momento se había olvidado del lugar en el que se encontraba Estoy bien… repitió nuevamente solo que esta vez lo hacía más para si mismo que para la castaña que lo miraba un tanto preocupada.

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Mientras tanto Serena se encontraba sentada en el asiento del copiloto en jaguar de Zafiro mientras este conducía lo más rápido que podía hacía el restaurante. La rubia miro por el espejo retrovisor para comprobar una vez más que su vida no era normal, como siempre no iban solos, la camioneta de sus carceleros iba detrás ellos, dio un suspiro y regreso la vista nuevamente al frente.

No puede ser – se quejo el peliazul cuando se detenían nuevamente por un semáforo en rojo – Demoraste demasiado en arreglarte – le reclamo a la rubia – Lo siento… – respondió Serena, agachando la mirada – No realmente no es tu culpa – balbuceo Zafiro mientras ponía el vehículo en marcha nuevamente.

Y realmente no era su culpa, mientras la rubia aún estaba terminando de vestirse Zafiro había entrado a la habitación y en el momento menos esperado se encontraba sobre ella haciéndola suya nuevamente.

Finalmente cuando llegaron al estacionamiento del restaurante Zafiro bajo de su lado y se dirigió hasta la puerta de la rubia, le extendió la mano para ayudarla a bajar. Cuando vio a la rubia salir del auto finalmente se podó dar el tiempo a ver lo sensual que lucia. Colocó una mano en la pequeña cintura de Serena y juntos comenzaron a caminar hasta la entrada del restaurante. Pero mientras más cerca estaban Serena se sentía más rara, era como si algo le gritara desde su interior y le pedía que no avanzara más. A unos pasos de la entrada se detuvo de golpe llamando la atención de Zafiro.

Sucede algo princesa – pregunto el peliazul, pero la rubia solo negó con la cabeza y retomo el camino. Zafiro nuevamente la rodeo en un abrazo, como lo había hecho siempre, como si a través de ese acto dejará en claro que esa mujer le pertenecía.

En el momento en que la pareja cruzo la puerta la mayoría de los hombres del lugar enfoco directamente su mirada a la rubia, y realmente nadie podía culparlos, Serena siempre había tenido la cualidad de atraer a los hombres y probablemente eso era lo que había terminado con ella. La miraban de la misma forma como lo había hecho Haruka cuando la vio por primera vez del brazo de Yaten, como si la desnudaran con la mirada.

Serena solo bajo la mirada intentado ocultar su rostro. Cada vez que salían de casa sentía tanto miedo de que alguien se acercara a ella y pudiera tocarla, tenía miedo de que la lastimaran. Y sin darse cuenta en que momento de aferro al brazo de Zafiro que la había soltado para saludar a uno de sus amigos.

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Desde su mesa Yaten se percato como todos lo hombres del lugar miraban con insistencia hacia la entrada, y fue la curiosidad lo que lo hizo enfocar la mirada al mismo punto en donde todos estaban concentrados, por un momento pensó que se trataba de algún artista o algo por el estilo, pero lo que sus ojos vieron fue algo que nunca imagino, ahí estaba ella, se veía tan hermosa como años atrás, pero no veía sola, ella venía aferrada al brazo de otro hombre, le parecía realmente imposible que ella estuviera ahí. Su corazón comenzó a latir tan a prisa al verla caminar hacia el, pero por alguna razón no parecía la misma mujer de la que se había enamorado, la rubia mantenía la mirada agachada y su cuerpo era aún más delgado que años atrás.

Taiki lo miro un poco extrañado y volteo la mirada hacia donde el peliplateado estaba mirando, ahí estaba su amigo, pero delante de el había una pareja que llamo su atención, no era en si la pareja, sino la mujer que venía del brazo de aquel hombre.

Serena… – balbuceo en un susurro. Pero inmediatamente regreso la mirada a su hermano, sabía que Yaten aún la amaba, pero también conocía el rencor que se había acumulado en el corazón del peliplateado y le preocupaba como fuera a reaccionar.

Pero Yaten estaba absorto en la imagen que tenía frente a el, al verla sintió tantos deseos de correr y abrazarla pero su odio hacia ella era aún más fuerte, quería una explicación, necesitaba saber por que lo había traicionado, por que se había marchado de esa manera.

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Un movimiento de Zafiro la hizo volver la mirada al frente, sintió como su cuerpo comenzaba a temblar, no podía creerlo, era el, Yaten estaba ahí, con su mirada completamente sobre ella, en ese momento su cuerpo dejo de responderle. Quería salir corriendo pero en lugar de eso continuo caminado del brazo de Zafiro.

Pasaron junto a la mesa en la que se encontraba Yaten, pero en lugar de continuar mirándolo enfoco la mirada al frente, como si nunca antes lo hubiera visto, como si todo el amor que algún día se habían tenido no hubiera significado nada. Después de todo ella ya no era la misma, había dejado de ser la mujer que el peliplateado conoció, y lo único que había quedado era un cuerpo ultrajado y un alma destrozada después de aquella noche.

Serena cerró los ojos por un segundo tratando de contener las lágrimas que amenazaban con salir de sus celestes, no podía llorar, no quería hacerlo. No podía mostrar su dolor ante nadie, después de todo ¿Para que hacerlo?, si de cualquier forma nadie podía rescatarla de la obscuridad en la que estaba viviendo y probablemente no quería que nadie lo hiciera, por salir significaba que tendría que contarle a alguien lo que la había hundido en esa obscuridad.

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Mientras Yaten seguía a la rubia con la mirada, un hombre se aproximo hasta su mesa, pero estaba tan impresionado que ni siquiera noto cuando Taiki se puso de pie para recibir a su amigo y presentar a la castaña, sino hasta que el hombre llamó su atención.

Es una mujer hermosa – las palabras del hombre pesaron lo suficiente para que el peliplateado lo mirara por primera vez – Perdón – balbuceo el peliplateado – La Srita, Serena – le explico señalando con la mirada el lugar donde se encontraba la rubia – Perdón, el es mi hermano Yaten y el es Andrew – señalo Taiki presentándolos, después de todo en ese momento lo mejor era tomarse las cosas con calma – Y… ese tipo es su esposo – pregunto el peliplateado regresando la mirada pero ahora al peliazul que estaba al lado de Serena, ignorando las formalidades de Taiki – El es Zafiro Black… y no, no es su esposa, pero la cuida incluso más que al Sra. Black – respondió mientras llamaba al mesero con un movimiento de mano – Entonces… – balbuceo Yaten – En efecto ella es su amante, pero no dudo que en cualquier momento se divorcie para casarse con ella… después de todo escuche que ya viven juntos y además tienen una relación de cuatro años – le explico, mirando de reojo a la rubia.

Yaten no podía creer todo lo que acababa de escuchar, le parecía increíble, como si estuvieran hablando de otra persona, se preguntaba en que momento la dulce mujer de la que aún estaba enamorado había desaparecido dejando en su lugar a una completamente diferente. Observo como el peliazul se aproximaba a Serena y la besaba en la mejilla, en ese momento sintió deseos de aproximarse hasta ellos y alejarlo de la rubia. Pero no tenía derecho a hacer nada, ella había dejado en claro que no lo quería dentro de su vida, sin embargo los últimos cuatro años una parte de él guardaba la esperanza de que ella le diera una razón, algo que justificará su ausencia y… lo que en realidad deseaba era que ella volviera. Añoraba su sonrisa, sus besos, su perfume, su voz diciéndole que lo amaba y sobre todo necesitaba volver a sentirse entre sus brazos.

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En todo el rato que llevaban en aquella mesa Serena no había tenido el valor para volver su mirada al hombre que sabía continuaba mirándola insistentemente, de pronto comenzó a sentir un pequeño mareo después de todo no había comido en todo el día.

Te sientes bien, luces muy pálida – pregunto el peliazul, mientras dirigía su atención completamente a la rubia – No, yo… necesito ir al tocador – se disculpo y se alejo hacia el lugar donde se encontraba el baño para damas.

Se enjuago el rostro buscando tranquilizarse un poco, pero no podía y como podría hacerlo sabiendo que Yaten estaba tan cerca de ella, no entendía por que si ella se había alejado lo más posible ahora él estaba ahí, por que la vida se empeñaba en torturarla. Sabía que dentro del corazón del peliplateado no existía nada más que despreció por ella, pero no podía evitar que eso le doliera, pues como hacer para que el hecho de que la única persona que has amado te odie, no te lastime.

Se limpió el rostro con una pequeña toalla, retoco su maquillaje y salió del tocador tratando de lucir tan espectacular como siempre, pero en cuanto cruzo el marco de la puerta se encontró a Yaten, el peliplateado estaba recargado sobre una de las paredes con la mirada sobre ella. Serena apretó su bolsa como si de ello dependiera su vida, lo observo a lo ojos por un instante pero no fue capaz de mantenerle la mirada, como hacerlo si no soportaba ver el odio que se reflejaba en aquellos mismos ojos que una vez la miraron con amor. Bajo la mirada por un par de segundos, se recordó a si misma que el peliplateado ya no formaba parte de su vida y levanto nuevamente la mirada, pero esta vez sin mirarlo a él sino hacía el pasillo y comenzó a caminar pasando junto a Yaten como lo haría con cualquier otro desconocido.

Yaten no podía simplemente dejarla ir, quería una explicación, quería conocer las razones por las que había estado sufriendo, necesitaba escucharla decir que había dejado de amarlo, entonces, quizá podría seguir adelante con su vida.

Esta vez no puedes huir – le dijo el peliplateado sujetándola del brazo y provocando una mueca de dolor en el rostro de la rubia – Suéltame… – le pidió Serena intentando liberarse de su agarre – Olvídalo… no pienso soltarte hasta escuchar el porque – le exigió sin soltarla un poco – Lo mejor es que te olvides que volvimos a encontrarnos, continua con tu vida… – le dijo Serena sin atreverse a mirarlo a los ojos – Que fácil es para ti, pero no puedo hacerlo… no sin ante escuchar una explicación, una razón de por que me abandonaste – le susurro cerca del oído, después de todo no era el lugar ideal para armar una escándalo.

La forma en la que Yaten le había dicho esto último la hizo mirarlo a los ojos, podía respirar su fragancia y sintió deseos de refugiarse entre sus brazos, pero no podía hacerlo, sintió como una de las manos del peliplateado acaricio su mejilla y cerro los ojos ante el contacto del roce contra su piel. Pero a lo lejos pudo escuchar la voz de Zafiro, regreso del sueño en el que comenzaba a sumergirse y lo alejo de ella.

No te atrevas a ponerme una mano encima otra vez – le advirtió comenzando a caminar lejos del peliplateado sin volverse siquiera para mirarlo.

Yaten se quedo observando el lugar por donde la rubia se había marchado, se sintió completamente un estúpido por un segundo se olvido de todo y le pareció que estaba otra vez frente a la mujer que había amado, pero definitivamente ella no era la misma. Apretó sus puños a sus costados, no se daría por vencido tan fácilmente, por fin sabía donde estaba después de cuatro años y no se marcharía hasta escuchar de su propia voz la razón por la cual lo había dejado a pocos días de su boda. La razón que Haruka le había dado ya no era suficiente.

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Bueno y que le pareció, la verdad es que no quede muy convencida, siento como si hubiera estado trabajando bajo presión y… en fin no quede muy conforme. Así que espero que no hayan quedado decepcionadas y si así fue pues realmente no puedo culparlas…

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No se, siento que el reencuentro, no era lo que todas esperaban y de hecho no era lo que yo imaginaba, pero conforme fui escribiendo se me salió de control y termino en esto. Además surgió en mi cabeza otro tipo de cosas que no pude poner ahora por que simplemente un restaurant no es el lugar adecuado para sacar a relucir ciertas cosas… así que creo que tendré que propiciar otro encuentro más, pero más intimo para ciertos detalles… que, bueno ya verán.

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PD.- Acepto dudas, comentarios, quejas, reclamaciones, linchamientos, no se lo que crean conveniente… :)

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Y por ultimo y no menos importante, muchas gracias por leer, realmente estoy agradecida con todas ustedes, por darle una oportunidad a mí historia. Las quiero mucho, se cuidan, bye…

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Atte.- KuMiKo Kou

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