Advertencias: Puede matar neuronas. Los personajes de One Piece no me pertenecen.

Gracias especiales a: AcS-chan, Titiritera, Miderno, elenitaZL, Rena-chan, Priare, heiwa uchimaki, Bego-Bura-xD, Icimaru, Neonblack31, Stefi123, filipalope88, katie-mee, Lilipop19, Merle D'Vant, Nightmare96, Traffy, chibi gore y conego.

Lamento el retraso pero creo que ha valido la pena. Esto se acaba aquí, por lo que espero que os haya gustado y, sobre todo, os hayáis reído que era el fin principal de toda esta locura.

Muchísimas gracias por todo. Disfrutad del último capítulo :)


3. Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.


La situación era delicada. No necesitaba saber mucho más para darse cuenta de ello. Pero ahora sabía más y por ello era consciente del tesoro que había encontrado sin ni siquiera seguir un mapa.

No, la malicia pintó sus ojos mientras daba otra calada, había seguido muy bien todas las pistas del mapa, sólo no esperaba encontrarse semejante tesoro escondido al final.

¡Menudo premio se iba a llevar!

Respiró profundamente, ahora debía mantener la calma para poder dar bien los últimos pasos ante un enemigo tan poderoso y así asegurarse el poder alargar la mano hasta acariciar las dulces mieles de la victoria.

Estaba seguro que no podría disfrutarlo durante mucho tiempo, pero sería suficiente. Ya había estado una vez ahí y, esta vez, sabría bien como actuar para no perder el tiempo.

Lo siento, Bepo, espero que lo entiendas susurró antes de tirar el cigarro y aplastarlo con el pie consciente de que su acompañante se acercaba.

El cielo de la isla en la que habían atracado para unirse ambas tripulaciones estaba oscuro, algunas estrellas titilaban con fuerza sobre él. La arena que se movía bajo los pies de su invitado era el único ruido junto con el romper de las olas en la orilla que perturbaba la tranquilidad idílica de aquel punto en Red Line. La fiesta acabó tiempo atrás dejando a ambas partes cansadas, Sanji estaba seguro que sólo él y su invitado estaban despiertos por lo que era el momento perfecto.

Mi oso. —Escuchó la voz tranquila de Law nada más detenerse frente a él.

El cocinero ignoró completamente la demanda mientras encendía otro cigarrillo, por un segundo siendo el fuego del mechero la luz más potente en toda la isla. Dio una calada y alzó la mirada. Podía notar como el médico y capitán amigo se impacientaba. Desde que había pasado esos días con ellos, con Luffy mejor dicho, parecía que éste se había vuelto un rasgo más de su personalidad. Guardó el paquete de tabaco en el bolsillo del pantalón con parsimonia, parecía que todo estaba listo.

Sanji-ya, te aconsejo que me devuelvas a mi segundo si no quiere empezar una tonta pelea entre aliados. —Vaya, de pronto Law quería sonar amenazante.

Tranquilo, si te lo voy a devolver habló por primera vez—. Sólo quiero dejar unas cosas claras antes de hacerlo.

Trafalgar Law era un hombre de pocas palabras, y ante las intenciones declaradas de su interlocutor sólo elevó una ceja expectante.

No le hacía la más mínima gracia que Bepo hubiera desaparecido, y menos una noche en la que estaba cansado, acababa de llegar a su submarino y necesitaba dormir.

Además, algo le olía raro, Bepo nunca se iría de su lado sin razón, sin decir una palabra; ni se pondría en su contra, ni desobedecería una orden suya. Era su oso de confianza y lo necesitaba en ese mismo instante en el submarino.

Bepo no está muy contento con tu actitud últimamente.

Lo que pase en mi submarino es problema mío, Sanji-ya, agradecería que te mantuvieras al margen.

Y gustosamente lo haría no esquivó su mirada—, pero Bepo me ha pedido ayuda y yo no se la voy a negar.

Law no pudo evitar una mueca irónica en sus labios ante las palabras que el cocinero había expresado. Esta sí era una situación ridícula, Bepo acudiendo a un extraño antes que a su Capitán; más aún, para intentar resolver algo que le involucraba a él, al Cirujano de la Muerte; todavía podía darle una vuelta de tuerca más, Bepo estaba disgustado con algo que él había hecho.

Las carcajadas brotaron de sus labios antes de que se diera cuenta.

Ha sido una broma muy buena, Sanji-ya. Ahora me gustaría volver a mi submarino con mi tripulante.

Celos.

¿Disculpa?

Tu oso siente celos de nuestro Chopper. Creía que alguien como tú se habría dado cuenta enseguida, pero parece que el gran capitán Trafalgar Law está bastante ciego cuando se trata de sentimientos.

No le gustaba el tono que estaba tomando la situación

Y, según tu entender, Sanji-ya, ¿a qué se deberían tales celos en mi oso?

A pesar de la constante tensión palpable en el ambiente, el cocinero disfrutaba de la situación, es decir, para conseguir la mejor receta, primero tenías que tener mucha paciencia para buscar los ingredientes y luego buenas manos para cocinarla; Law daba la talla para convertirse en el plato estrella del menú, y las cartas con la que jugaba estaban a su favor. Sólo tenía que esperar que el horno estuviera en su punto para empujarlo dentro. Luego, se doraría solo.

Bepo te ha visto demasiado apegado a Chopper, compartiendo bastante tiempo, largas charlas con él; mientras que al pobre Oso apenas lo saludaste cuando llegaste a tu submarino. Law seguía impasible—. Además, Bepo no sabía que Chopper también es médico… Nuestro osito se puso mucho más triste al saber que el reno tiene más cosas en común con su querido capitán que él.

Tonterías.

¿Estás seguro? —inquirió tras unos minutos disfrutando de la última calada de su cigarro¿Capitán Law?

Y ahí estaba el resultado de toda la presión, Law por un segundo aferró su agarre sobre la nodachi con más intensidad. Podía verlo, estaba pensando y dándole vuelta a sus palabras para comprobar si eran o no veraces. Primer paso conseguido, Sanji había podido introducir la duda en el Cirujano.

Devuélveme a Bepo, ya.

Te dije que lo haría, pero también hay algunas condiciones.

Ya he captado el mensaje, Sanji-ya

No lo creo. —Le cortó sin evitar la sonrisa lasciva—. Hay algo que quiero que hagas por mí antes de decirte dónde está Oso.

¿Así que esto no es por mi oso? Prefirió eludir el hecho de que aquello sonaba a orden encubierta porque le gustaba hacia dónde conducía toda la conversación.

Law pronto averiguaría la verdadera razón del cocinero para hacer aquello, y cuanto antes lo supiera, antes podría recuperar a Bepo y volver al submarino.

En parte sí.

No es muy noble por su parte, Sanji-ya.

Soy un pirata, como tú, Trafalgar.

Entonces, acabemos esto antes—

No, no, no volvió a cortarle por segunda vez, se notaba el enfado en el rostro de Law, una vez podía dejarlo pasar, dos era más complicado—, como bien dijiste, somos aliados y hay aspectos infranqueables, como que no puedes matarme.

Dónde está Bepo.

Cámbiame al cuerpo de Nami.

Mi oso.

Mis melones.

Mi oso.

Mis melones

Si te cambio, ¿cómo sabré dónde está Bepo? Cambió de estrategia.

Venga ya, Trafalgar, no duraré ni un minuto antes de que se de cuenta, y te obligue a deshacerlo, para entonces te lo diré.

Pensaba que ya sabrías que no acepto órdenes de nadie, Sanji-ya. Law comenzó a desenvainar amenazadoramente su nodachi con un dedo.

Tranquilo, Law. —Fue un segundo de pánico en el que su ceja se arrugó, replanteando el plan, si conseguía que el cirujano se interesara por su proposición quizá ganaría más tiempo—. Sólo es un juego, un momento de disfrute y placer para mi. Ya sabes, yo consigo un viaje al paraíso; y Bepo vuelve contigo, además de que te dejo mi cuerpo para que experimentes con él mientras tanto todos los cambios que se puedan producir. Estoy seguro que te interesa mi oferta, cuanto más tiempo esté allí más pruebas podrás hacer.

¿No es mejor que lo haga cuando estéis dormidos? Así podrás disfrutar más. —Ahora Law negocia—. Devuélveme a Bepo y cuando vuelva al submarino te concederé tu pequeño deseo.

Sanji se detuvo por un segundo analizando la nueva posibilidad que Law le había ofrecido creando y mejorando los planes. ¿Cómo había sido tan estúpido de no pensar en ello? Resopló feliz, Trafalgar Law era un enemigo de cuidado, un tipo demasiado inteligente y agresivo. Y el único que podría cumplir su deseo.

¿Puedes anestesiarme?

Law no necesitó más palabras para entender la nueva vuelta de tuerca que el cocinero le había dado a su idea original. Le gustaba como pensaba y cómo se adaptaba a los cambios de la situación. También sabía que ahora él tenía la superioridad e iba a jugarla según sus reglas. Sonrió dejando que el brillo malicioso de su retorcida mente llenara sus ojos plata. Law sólo quería a su maldito oso de vuelta para poder dormir en paz. Aunque a partir de ese momento, tampoco se jugaba nada, todo sería atraer al cocinero y hacerle confiar en él. Hacía tiempo que no experimentaba sobre cuerpos con corazones cambiados. Iba a aceptar.

Sanji-ya, ¿por qué no te viene a mi submarino? Volvió a enfundar la nodachi—. Allí estaremos más cómodos.

Ahora sí estamos hablando el mismo idioma.

El cocinero dio un paso hacia las naves, pero el cirujano al pasar por su lado lo detuvo con una mano en el hombro.

Mi oso.

Trafalgar, Bepo es un buen oso, y mi hermano, así que espero por tu parte-

Sé cómo tratar a mi tripulación, Sanji-ya.

Pues lo estabas haciendo muy bien ironizó.

Bepo no es tan delicado como crees. Bepo es mi camarada más cercano y mi mejor hombre a bordo. Nada ni nadie puede sustituirlo.

Menuda declaración de amor. Sanji no evitó sonreír mientras elevaba el rostro¡Lo has oído, Oso!

Capitán… Masculló con voz temblorosa el oso mientras salía de entre el boscaje que rodeaba la playa a esa altura.

Sus pequeños ojitos oscuros brillaban emocionados, y antes de darse cuenta había roto a correr hasta llegar a Law y cogerlo en volandas para darle un fuerte abrazo de oso. El hombre estaba inmóvil intentando preservar sus costillas y concentrándose en respirar adecuadamente para que ese bonito reencuentro no acabara trágicamente.

Cuando el oso se sintió satisfecho, o se dio cuenta de la situación, lo soltó y separándose un par de pasos de ambos se irguió antes de bajar la cabeza afligido y pedir perdón.

Vamos ordenó Law a ambos hombres a la par que entregaba su nodachi a un Bepo extremadamente satisfecho.

Ninguno de ellos se perdió el brillo que de nuevo llenaba los ojos del oso, luego los tres volvieron al submarino, hacia la enfermería de Law.

Sanji inquieto no esperó ni un segundo para quitarse la chaqueta, remangarse la manga derecha de la camisa y tumbarse sobre la camilla.

Law paseó sus ojos entre el hombre rubio y Bepo, sopesando el sueño que tenía. Suspiró, al menos cuando se levantara tendría entretenimiento asegurado. Cogió un par de guantes de uno de los cajones y preparó una dosis de anestesia. No se molestó en comentarle las contraindicaciones o la posibilidad de que no funcionara, pero a esas alturas de la noche sólo quería volver con Bepo.

Veamos Sanji-ya, te voy a inyectar una dosis máxima que tardará algunos minutos en hacer efecto y durará entre doce y veinticuatro horas.

Vale, venga. —Su sonrisa le apremiaba más que la voz, pero Law no tenía prisa alguna.

Normalmente habría que hacer una prueba para asegurarse que la anestesia no producirá ningún.

¡Corta el rollo y pínchame!

El médico se encogió de hombros, la inyección en su mano derecha enguantada, llevaba mascarilla de protección, pero aún así, lo supo. Sanji estaba seguro que estaba sonriendo y que no se lo iba a tomar como una venganza.

¿Qué dijimos de las órdenes, Sanji-ya?

Nada de órdenes masculló sin abrir los labios.

En cuanto me asegure que el efecto es profundo, usaré mis poderes para cambiar vuestros corazones, sólo dispongo de un par de segundos, si es demasiado pronto, ella llegará con tu cuerpo despierto, demasiado tarde y también tu corazón estará dormido en el otro cuerpo.

¡Cómo! Hasta Bepo dio un salto del susto.

Así que quiero saber por qué quieres correr este riesgo, sin contar con el momento de despertarte…

¿No lo entiendes? En la mente de Sanji quedó todo enterrado bajo una sola palabra¡Melones! No solo eso, todo el cuerpo de Nami para mí solito, y con suerte, si sé actuar también, me hago con la morena de paso. Mis dos flores, todas mías…

¿Sanji-san está bien? La voz de Bepo trajo al cocinero de vuelta al mundo real.

Recuerda, nuestro trato, Law. —Él sonrió, al menos en eso sí tuvo razón, su principal motivo de actuar fue Bepo.

Nada de lo que preocuparte, Bepo es mi oso, Sanji-ya.

Pues venga, rápido, pínchame. —Le expuso el brazo.

La inyectó y espero a que poco a poco tomara efecto, entonces usó los poderes de su akuma no mi y cambió los corazones del cocinero con la navegante. Para entonces el cuerpo estaba dominado por la anestesia, todo había salido bien. Ahora era el momento de descansar y luego podría someter el cuerpo del cocinero a diferentes pruebas encefálicas y cardíacas que su mente ya comenzaba a planear.

Tampoco podía negar que le había gustado negociar con el cocinero, quizá querría pasarse a su tripulación. Sonrió, para ello necesitaría primero aumentar el número de féminas en el submarino, lo que sería un quebradero de cabeza. Tiró los guantes a la basura y salió de la enfermería cerrando con llave la puerta, fuera en el pasillo le esperaba su oso. Dibujó en sus labios una mueca ladeada, por fin estaba en casa.

Bepo, a dormir.

Sí, mi capitán contestó con la mayor sonrisa que podía permitirse, feliz de que su Capitán siempre volviera finalmente a él.


N/A: Si os apetece, no os olvidéis que podéis comentar, poner en favoritos/alert y visitarme en la Loquería... En fin todas esas cosas que me hacen sonrojar y que agradeceré hasta la eternidad ^^

También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate :3

¡Muchísimas gracias por leer!

PL.