El.
Mi segundo día en America.
Levanté mi lata de cerveza y la choqué en un brindis imaginario con mi propio reflejo, que me devolvía el vidrio de la cocina del nuevo departamento recien arreglado por mi hermana para mí.
Me detuve en aquella imagen que me contemplaba por un momento: Patetico. Como mi vida.
Vamos, ¿a quién quiero engañar? Con 28 años no he logrado aún nada decente.
Y, aunque mis padres no me lo reprocharan jamás, yo no puedo evitar hacerlo. Lo unico que he logrado hacer bien desde que tengo memoria, lo unico que en realidad se hacer bien es música:
Tocar musica, componer musica...cantar musica...
ok, ok, si, llegue hasta la universidad , una buena universidad. Una muy buena en realidad, Porque, esta bien,
lo admito: logre una beca importante con mi música...
Pero mi sueño se quedo en la mitad... o mejor dicho, en la nada. Si lo miro objetivametne. o crudamente, como lo mira siempre todo el mundo hasta ahora.
Poco tiempo bastó para que me diera cuenta de que, por mas universitario que fuera, sin un título en mis manos, yo no era nadie.
La profecía se habia cumplido, tal cual a como ella me lo gritara...
"¡nadie Cullen, nunca serás nadie!"
Sus palabras aun resonaban en mi mente algunas veces... lo que ella pensaba, lo que yo pensaba, lo que demasiada gente pensaba... solo mi madre no pensaba asi.
" eres alguien, siempre seras alguien para mi, para nosotros...Deberias grabartelo, tu eres todo para nosotros" -me repetia constantemente, cada vez que tenia oportunidad.
Pero yo no estaba de acuerdo. querí a mi éxito, mi vida, mi dinero... mis cosas... Justo todo lo que habia perdido a los 26.
-"tal vez ya es hora de regresar a casa, hermanito."
Hora de regresar a casa...
Yo ya no tenía una casa.
Ya llevaba 10 años lejos de casa, del otro lado del océano. Y yo los habia abandonado a todos, por un sueño, uno que no habia logrado alcanzar ...
En crudas cuentas, al final no había a logrado nada, solo alejarme demasiado de las únicas personas en el mundo para las que era alguien.
Tal vez mi hermana tuviera razón (para variar) y ya era hora de que volviera al nido. Aunque de alguna forma aquello para mi significaba claudicar.
Ella observó mi rostro compungido en la pantalla de su netbook y agregó.
-bueno, en realidad no literalmente a casa. Ya sabes que por un año no necesitaré mi departamento en Nueva York, puedes instalarte alli... es un buen lugar...
- ¡No! ¡No pienso vivir en un lugar en lo que cada cosas que miras es rosa! -protest é, arrancando en ella aquella carcajada que tanto añoraba.
Pero su rostro se puso totalmente serio cuando hablo nuevamente y pude ver en sus ojos aquella determinacion que tanto admiraba y temia.
- Si me dices que vuelves a casa prometo arreglartelo a tu gusto...-replicó, haciendo un hermoso puchero.
Su ofrecimiento era una enorme caricia a mi corazón. ya sabia yo cuanto amaba aquel lugar, era su lugar. y tambien cuantas energias habia puesto en arreglarlo a su gusto para ofrecer cambiarlo todo solo para mi.
- No, no tienes que hacer semejante sacrificio por mi.-me negué .
- lo quiero hacer, eres mi único hermano..
Pude notar como, en un gesto que quiso pasar desapercibido, se escurrió rápidamente una lágrima de sus ojos.
-Bien, suspiré.
Ya sabia como terminaban ese tipo de conversaciones si no accedia. Ella estaba muy sensible con esto de su inminente viaje, era la primera vez que iba a estar por tanto tiempo lejos de casa... y , no darle la razon a mi unica hermana... Ella era la menor, pero cuando algo se le metia en la cabeza... eso era algo que habia aprendido bien: no era conveniente contradecirla.
-ok, ok... si, voy a ir, solo necesito un mes más aqui para arreglar mis cosas, -contesté, en un tono de voz que me resultó a mi mismo un poco mas alegre de lo esperado.
Tal vez yo tenia mas deseo de volver al nido del que estaba dispuesto a admitir.
- ¡genial! -grito. -es todo lo que necesito. - y desapareció del recuadro de la web cam, dejando un halo tras de si como si se moviera con supervelocidad.
Me rei a mi pesar: Ella se movía con supervelocidad.
.
.
Y aqui estaba, instalado en el ex departamento rosa de mi hermana menor, ahora pintado de azul.
Viviendo nuevamente en esta enorme ciduad, que de pronto se me antojaba tan desconocida como amenazante. Una ciudad de la que llevaba demasiado tiempo alejado.
La casa de nuestros padres no estaba lejos del departamento...Tal vez solo eran dos horas de viaje hasta los suburbios, pero todavia no los habia visto y no queria verlos todavia. No, hasta tener algo importante que decirles sobre mi futuro aqui. Algo como que tenia un trabajo por ejemplo. Pero un trabajo que incluyera hacer musica..
No era un idiota. sabia muy bien que nadie resuelve su vida en dos días, pero era muy conciente de que necesitaba dinero, urgente.
Mi hermana, tan previsora como siempre, (¿o deberia decir visionaria?) se habia molestado en dejarme el refrigerador y las alacenas llenas de comida.
Tambien me encontre con varias mudas de ropa nueva en los armarios de la habitación. Aunque no eran muy de mi estilo. Eran demasiado formales al lado de mis raidas camisetas y mis camisas a cuadros.
Ademas yo no queria vivir de ella, ni de mis padres, ni iba a esperar a que las provisiones se me terminaran para conseguir dinero.
Asi que, apenas me repuse del largo vuelo, y aunque era mi primer dia en la ciudad, luego de acomodar los escasos contenidos de mi maleta en los cajones y las perchas de mi nuevo cuarto, ducharme y vestirme con mis habituales camisetas, jeans desgastados y mi chaqueta negra de cuero, colgué mi guitarra en mis hombros y me pase la mañana recorriendo bares, pubs y pequeños recintos en aquella zona de la ciudad de la que habia oido tantas veces hablar, ofreciendome como músico.
nada.
Nadie queria a un desconocido como yo. Al punto de ni siqueira molestarse en escucharme cantar una vez, para ver si realmente valia la pena. Solo me decian, algunos hasta con cierto desprecio, cosas como -"eres demasiado..." y buscaban en su cerebro, por demasiado tiempo para mi gusto, algun adjetivo lo suficientemente conveniente como para justificar su infundado rechazo.
Pero yo no iba a rendirme, no aun.
Luego de tomarme un café con un sandwch caliente para renovar fuerzas cuando ya habia pasado bastante tiempo del mediodia, recorri las calles una vez mas, visitando otros cuantos lugares con el mismo resultado: nada.
Ahora estaba agotado. Andaba a pie, y mi guitarra comenzaba a pesar en mi espalda.
Pero ni loco usaria el auto de mi hermana para salir a buscar trabajo. Aquellos lugareños solo pensarían que yo era otro niño rico aburrido del dinero, y mucho menos me tomarian enserio.
El problema era que yo sí era un niño rico, aunque no lo quisiera admitir, pero uno que queria vivir de su propio esfuerzo.
Caminé un rato mas, esta vez sin rumbo, hasta que me di cuenta de que estaba en la gran avenida que cruzaba frente al parque central.
Las largas sombras de los edificios sobre la calle me hicieron notar cuánto del dia habia pasado ya. Me perdi por un momento en los destellos naranjas que comenzaban a colarse entre los edificios, creando una gama de colores tan surrealista que a cualquiera le cortaria la respiracion.
A cualquiera que se detuviera a observarlo, claro.
Pero, vamos, ya nadie se detenia a observar esas cosas. ¡La vida estaba siempre tan ocupada! Siempre habia cosas demasiado importantes.. Siempre se estaba lo suficientemente ocupado como para no detenerse por algo asi.
Suspiré, y recoste mi guitarra en un pequeño monumento de metal negro, sentandome en él. Entonces me percate de que la boca del metro que me llevaria de nuevo a casa estaba a escasos cinco metros frente a mí.
Decidi que ningun cataclismo sucederia si me detenia alli por los proximos instantes para guardar ese derroche de colores en mi retina.
A pesar del cansancio, una sonrisa de satisfacción se escapó de mis labios. El atardecer tenía siempre ese encanto mágico sobre mi, desde que era un niño. Supongo que mi madre tenía mucho que ver con eso, ya que soliamos quedarnos los dos sentados, quietos y silenciosos por largo rato, mirando como las luces de la tarde danzaban dentro del gran espejo de agua que comenzaba a escasos metros del sendero que salia del patio trasero de nuestra casa en los suburbios.
A pesar de los años que llevaba viviendo lejos, aun no habia logrado borrar esa antigua costumbre de contemplar las luces del atardecer.
Baje las escaleras de la boca del metro con otro animo. Incluso, iba tarareando inconcientemente una de mis canciones predilectas, hasta que, en la interseccion de los tuneles, el eco de mi propia voz me dio una idea.
Ya que nadie habia dado hoy la oportunidad de cantar y demostrar que mi voz valía a la pena... yo les daria la oportunidad todos de oirme.
No lo dude ni un segundo mas y me detuve junto a la habitual saliente en la pared de oscuros ceramicos, en la interseccion del tunel, serviria perfectamente de asiento, o para apoyar mi pie.
Desenfunde mi amada guitarra con calma, colgandome nuevamente la funda en la espalda y tome unos minutos afinandola. Para cuando termine, encontre que ya habia varios transeuntes detenidos y con miradas espectantes.
Sonrei. esto era buena señal.
Comence a rasguear lentamente las cuerdas de mi guitarra mientras interiormente me debatia en la desicion de que cancion cantar...
Elegi una que yo mismo habia compuesto, años atras,justo cuando pense que mi vida por fin tomaba su rumbo y salia de mi tunel habitual de melancolia.
Noté que la gente se detenia a escucharme, formando un pequeño corro a mi alrededor y seguí cantando.
No tenia prisa ni idea de cuanto tiempo llevaba ahi, fue solo cuando uno de los transeuntes dijo que el proximo era el ultimo tren que pasaríaa que decidi que ya era hora de marcharme. fue cuando me percate de la pequeá caja junto a mi pie, llena de monedas y billetes...
.
.
Mis ojos volvieron a centrarse en la imagen que reflejaba el vidrio de la cocina. No tenia tan mala apariencia despues de todo.
-solamente sigues siendo demasido blanco, demasiado alto y demasiado desgarbado... y tu cabello, como siempre, esta demasiado revuelto. -dijo aquella vocecita interior que jamás se callaba.
La pequeña pila de billetes y monedas que habia recolectado seguia sobre la mesa. Eso no era lo que buscaba,
pero pude evitar cierta satisfaccion al pensar eran una especie de prueba, una clara señal de que a la gente le gustaba lo que escuchaba.
Mire el reloj de pared y agradeci qeu aun fuera temprano. Esa mañana saldria de nuevo a recorrer lugares, esperaba tener mejor suerte y consguir algo para no tener que caer de nuevo en aquel tunel... aquella no era una opcion que estuviera considerando seriamente tomar.
Bajé por el ascensor silbando bajito.
Estaba llegando a las enormes puertas del edificio cuando la vi: una muchacha delgada, de rasgos estilizados y piel palida corria por la vereda vacia con el brazo extendido, seguramente atajando un taxi.
Sin entender la razon de mi reaccion, su propio apuro me urgió y termine corriendo hasta el borde de la vereda, intentando alcanzarla y llegando justo cuando ella desaparecia dentro de un taxi.
Un exquisito rastro de fresas y flores silvestres se filtró por mi nariz en ese momento y me volvi, buscando a mi alrededor el origen de aquel perfume tan perfecto, pero la vereda seguia igual de vacia.
No, ella no puede oler de esa manera.
Sacudi mi cabeza mientras caminaba rumbo a la boca del metro con mi guitarra a la espalda igual que ayer.
La imagen y el recuerdo de aquel prefume, cuyo dueño no podia ser otro que aquella muchcaha, me perdiguieron toda la mañana.
Aquellos cabellos castaños, largos y ondulados remolineando en la brisa, sus blancas mejillas sonrojadas por la carrera, su delgada mano con graciles dedos extendidos haciendole señas al taxi... toda su figura, estilizada y escondida dentro de ese formal traje sastre que se veia a la legua era extraño a ella, no abandonaba mi mente.
Sin darme cuenta, una melodia comenzó a bullir en mi cabeza mientras caminaba, y apenas logré sentarme ya en el metro, saqué de mi bolsillo la pequeña libretita que llevaba siempre y comencé a escribir la musica de esa nueva cancion que poco a poco iba tomando forma en mi mente.
No habia terminado toda la idea aun cuando llegue a mi destino, pero decidi que me concentraria en ella mas tarde.
Recorri nuevamente calle tras calle y bar tras bar hasta el mediodia sin exito.
Cansado y hambriento, decidi gastar algo del dinero que habia "ganado" el dia anterior en un plato de comida caliente cuando el olor a pasta y salza proveniente de un pequeño restaurate hizo que mi estomago crujiera.
La bella italia -clamaba el cartel.
Empuje la puerta de madera y cristal, adentrandome en aquel aroma suculento que tanto me gustaba, y me sente en el rincon mas apartado que encontre.
Una camarera algo provocativa me trajo el menu y espero la orden sin dejar de devorarme con la mirada.
Tanta insistencia en mirarme termino haciendo que instintivametne buscara mi reflejo en algun espejo para comprobar que todo estaba en su sitio.
Elegi el plato del dia, era el mas economico y tambien mi preferido: lasaña.
Mientras lo esperaba, me perdi por un momento comtemplando aquel lugar: era calido y familiar, el tamaño justo como para sentirse comodo, ni ostentoso ni burdo.
Algo me llamo la atencion en la pared del fondo, cerca de donde yo estaba sentado, era un cartel algo arrumbado:
"noche de karaoke, hoy: ..."
Pero mi corazon salto al ver aquel hermoso piano en el cual estaba apoyado dicho cartel. Estaba cerrado, y cubierto con una funda de cuero negra con evidentes rastros de polvo, pero mis extensos conocimientos universitarios me dejaron saber enseguida que aquel era un instrumento demasiado lujoso para estar alli, y un verdadero desperdicio tambien, ya que estaba arrumbado.
Mientras devoraba mi plato de lasaña trate de imaginarme como habrian sido las noches de karaoque en un lugar como aquel. No pude resistirme al terminar, y caminé hacia el piano, recorriendo con mis dedos la polvorienta funda y
preguntandome la razon por la que un instrumento tan valioso como aquel hubiera quedado alli, en un rincon, casi olvidado.
-hermoso instrumento ¿verdad?
La voz algo opaca de un hombre mayor y pulcramente vestido me sobresalto y guarde mis manos en los bolsillos.
-lo siento.
-no, no te disculpes. Eres musico, por eso te llamo la atencion.
Sus pequeños y viveces ojos grises me escrutaban con atencion.
- asi es, señor...es cierto. Este es uno de los mejores pianos que hay...
Iba a hacer la pregunta que rondaba mi cabeza pero el hombre se me adelanto.
-mi esposa... ella lo tocaba en las noches. luego de que muriera todo aquello se terminó.
Su voz se apagó y me senti un completo idiota por mi curiosidad.
-oh, lo lamento, no tenia idea...
El hombre sacudio una mano, quitandole importancia al asunto. Evidentemente era el duño del lugar. Podia notar que los camareros me observaban con cierto recelo.
- no, no esta bien. No te preocupes. - dijo, luego de aclararse la vaoz.- La verdad es que nunca he decidido realmente que hacer con el. No podria desprenderme, y aunque me gustaria volver a oirlo pero todavia no he encontrado a nadie a quien le interese tocarlo... los musicos de ahora aprecian otras cosas.
Asenti, sonriendo a mi pesar.
- es verdad, mi madre suele quejarse de lo mismo, hasta piensa que soy una especie de bicho extraño por mi pasion por el piano y las obras clasicas.
Habia hablado casi sin pensar, y por un momento me arrepenti de haberlo hecho. Pero sus palabras me recordaron exactamente a las protestas de Esme por lo que la gente llama musica ahora.
- oh, ¿asi que tocas clasicos...? -dijo, observandome nuevamente con aquella mirada apreciativa.-pense que eras solo otro de esos musicos callejeros que suelen pasar por aqui...
- bueno, no soy la gran cosa en realidad, pero si toco el piano desde nño. Solo que no puedo llevar uno comnigo todo el tiempo, asi que tuve que adaptarme a otros instrumentos. -dije, encogiendome de hombros, y tratando de minimizar el asunto.
- ¿y, tocas en algun lugar?
- en realidad aun no, este es mi segundo dia en la ciudad... estaba buscando trabajo... solo que me detuve a almorzar, el aroma de su comida fue demasiado tentador.
El hombre sonrió y palmeo mi espalda. Luego clavo sus brillantes ojillos en mi y preguntó.
- ¿y que es lo que buscabas, muchacho?
Levante mis hombros... ¡tantas cosas! pense un momento mientras contestaba.
- ummm bueno, por el momento solo un espacio donde tocar mi musica.-dije.
-bien, porque yo en este momento estoy necesitando de un muchacho que quiera hacer musica.
El hombre sonreia de nuevo, saco entonces una pequeña llave luego de un momento de escarbar dentro de su bolsillo, y se inclino para quitar el cerrojo que sellaba la funda del piano.
Una sonrisa radiante se dibujo en mi rostro casi involuntariamente.
-¡Melisa! -llamo, sorprendiendome de repente por la potencia que adquiriera su voz.
Dos segundos despues, una de las mucamas aparecio por uno de los pasillos.
-llevate esta funda y limpiala.
-si señor.
El rostro de la muchacha tenia una enorme sonrisa de emocion y sus ojos brillantes se movian de mi rostro hasta el de aquel hombre sin poder dejar de sonreir.
-vamos niña, muevete que no tenemos todo el dia. -bramo el hombre, pero ahora su voz se me antojo mas paternal que amenzante.
-si señor.
La muchacha, tomando al funda en sus manos, se alejo de nosotros lo mas rapido que podia, aun sin perder aquella sonrisa en los labios.
Mis manos recorrieron la superficie desnuda del piano con admiracion. El color caoba lustroso de la tapa contrastaba con la palidez de mi piel. Con una mirada interrognate tomé el borde de la tapa de las teclas y el hombre asintio.
Luego de retirar la banda de terciopelo rojo que protegia las teclas, las recorri lentamente,casi con reverencia, comprobando tambien su afinacion.
Sonrei satisfecho: definiitivamente este era uno de los mejores pianos.
Retire el taburete redondo de caoba que estaba guardado debajo y me sente, cerrando los ojos y dejando que mis manos corrieran ahora libremente por el teclado buscando su propia musica. Tal como solia hacerlo cuando era niño en el piano de mi madre.
Estaba en la gloria. Las piezas fueron surgiendo una tras otra de mi cabeza y para cuando termine,
una salva de aplausos me sorprendio despertandome de mi ensoñacion. Por un segundo habia logrado olvidar donde estaba.
-¡magnifico muchacho, magnifico!
El rostro emocionado el hombre no dejaba de sonreir y senti un calor en mis mejillas.
- Me preguntaba si te gustaria tocar para nosotros por las noches. es evidente que tienes mucho talento, asi que no me extrañaria que nos durases poco tiempo.
- por mi no hay problema, -dije alzando los hombros. -es lo que estoy buscando.. y si a usted le sirve...
- bien, no puedo pagarte la gran cosa muchchacho, pero te pagare como al mejor de mis meseros y las propinas son tuyas.
No tenia idea de cuanto era el salario de un mesero pero no me importaba, si todas las noches tocaria ese piano y me pagarian por hacerlo...
- Mi nombre es Aro volturi, muchacho.-bienvenido a La bella italia. -dijo el hombre, extendiendo su mano.
- el mio es Edward Cullen, -dije estrechandosela.- y para mi es un placer.
- el almuerzo corre por la casa-hablo de nuevo. -y puedes elegir el postre que desees.
me sonroje. no pensaba tomar un postre, no traia dinero suficiente para ello.
-óh, no ,no, no se moleste.
-es lo menos que te mereces despues del concierto que nos has dado ,hijo.
Aro Volturi chasqueo los dedos y la provocativa camarera que me habia atendido al llegar aparecio de nuevo.
-sirvele una porcion de nuestro mejor pastel al muchacho. -bramo.
La muchacha desaparecio tan rapido como llego, no sin antes hecharme una languida mirada y contonear de un modo algo exagerado sus caderas.
Me sente a la mesa nuevamente, esta vez junto al sr Volturi, y platicamos un largo rato mientras me devoraba una enorme porcion de un delicioso pastel de fresas.
Por primera vez en muchisimo tiempo me sentia feliz. Mi vida comenzaba a cambiar.
Nota, aqui el segundo capitulo y la presentacion de nuestro amado personaje.
Espero que les vaya gustando la historia. trataré de actualizar en estos dias.
gracias por leer!
