Déjate Lleva - Parte 2
Marinette no tuvo tiempo de pensar o reaccionar pues un segundo después una luz rosada cubrió todo su cuerpo revelando así su verdadera identidad.
- ...Marinette Dupain Cheng - Dijo Chat Noir con voz de alivio pero con una gran y tierna sonrisa en sus labios - en verdad eres tu...-
Él volvió a acercarsele, rodeándola para poder pararse nuevamente frente a ella.
- Tenía razón, eres tu - Repitió, no pudiendo controlar la emoción que se acumulaba en el pecho.
- Tu te enamoraste de Ladybug...no de mi - Dijo ella sin atreverse a mirarlo, por lo que había clavado su mirada en las curiosas botas que llevaba en rubio.
- Si... Primero me enamoré de Ladybug pero debo confesar que... llevo ya bastante tiempo enamorado de ti, Marinette... Aun que quizás sea redundante ¿no? Tú eres Ladybug así que...supongo que me enamoré de la misma chica dos veces -
Aquellas palabras se clavaron en el corazón de la azabache, llenándola de un calidéz un tanto inexplicable para ella ¿Quién lo diría? ¿Chat Noir se había enamorado realmente de ella? Saberlo la hacía sentir dichosa y feliz ...y entonces lo entendió...
Ella también se había enamorado de él, de ese gato tonto al que le gustaba hacer bromas sin sentido, de ese gato tonto que siempre se había preocupado por cuidarla, no importando si se trataba de ella como Ladybug o Marinette. Al fin había entendido lo que significaba ese nerviosismo que sentía cada vez que sabía que lo iba a ver cuando un nuevo akuma atacaba, esa emoción de verlo sonreirle como solo él lo hacía...
-... No sabes cuanto me alegra saber que siempre fuiste tu. - Chat Noir se acercó a ella, posando sus manos sobre sus delicados hombros, logrando sentir perfectamente cómo ella se estremecía. - Lo que me...entristece es...saber que tanto como Ladybug como en tu forma civil ya has rechazado mis sentimientos...Muy a pesar de lo que hemos vivido en éstos últimos días... ¿Aún no tengo ninguna esperanza de ganarme tu amor? -
Ladybug se enterneció ante las palabras de su gatito, ajeno a sus pensamientos y a lo que ella realmente sentía por él.
Supongo que es momento de aceptarlo y dejar ir a Adrien...
- Gatito tonto - Susurró ella, subiéndo una de sus manos a su propio hombro, solo para poder tomar una de las manos del ojiverde.
- ¡hey! Te estoy declarando mi amor por enésima vez y t...-
Chat Noir no pudo terminar de hablar pues ella se había encargado de sellar sus labios con los propios, ya no importándole nada más que ellos mismos en ese preciso momento. Por supuesto, él no se resistió en lo absoluto y correspondió sin dudarlo al tiempo que abrazaba con toda la calma que pudo a su no sólo compañera de batallas si no a su también compañera de clases.
- Perdóname...- decía ella entre besos y lágrimas que comenzaban a derramarse por sus mejillas - Estaba cegada por mis sentimientos hacia esa otra persona... -
Los guantes negros del felino desparecieron tras un pequeño destello de luz verde sobre estos, ante la mirada atónita de la heroína. Él solo quería poder limpiar las lágrimas que manchaban el hermoso rostro de la única chica a la que había amado... Y así lo hizo, mirándola tiernamente.
- No hay nada que perdonar, tu solo intentabas ser leal a tu corazón. No hay nada de malo con ello -
- ¿Cómo es que supiste que era yo? Es decir... el hecho de que yo soy Ladybug - Preguntó un tanto confundida y avergonzada, con voz apagada por el bochorno.
- En realidad tú como Ladybug y tú como Marinette no son muy distintas ¿Sabes? y... bueno... no sé si deba decir ésto pero... Digamos que últimamente pude detectar un aroma muy peculiar y fue demasiada la coincidencia de que ese mismo aroma fuese igual en "ambas" -
- ¿Un aroma? - volvió a preguntar aun más confundida.
- Si... - Chat Noir volvió a besarle, atreviéndose a morder el labio inferior de su azabache amiga, lográndo captar casi de inmediato ese tan especial aroma que emanaba de los poros de la chica - Hueles... - Se separó de sus labios solo para dirigir los propios hacia el cuello de la ojiazul y así poder besar y morder ligeramente el área - ...muy diferente cuando... -
Marinette soltó un suspiro, ladeando la cabeza para darle un mejor acceso al felino.
- ...cuando te excitas. - Terminó de decir él para finalmente clavar sus dientes con fuerza, haciéndo que su compañera se aferrase a él con ambas manos, enterrándo sus uñas en la espalda masculina del felino, claro fue que él no sufrió daño alguno gracias a su traje, pero bien ese gesto sirvió perfectamente para alterarle los sentidos.
- Chat... - Susurró ella cerca de su sensible oreja gatuna, que aun que parecia ser artificial, estaba conectada a si de tal manera que podía sentirla como una extremedad real de su cuerpo y es por ello que se estremeció al sentir el cálido aliento de la azabache.
- Ahora sé quién eres, mi lady ¿Querrás saber tú quién se oculta bajo ésta máscara? - La duda lo carcomía, él sabía que ella conocía su identidad civil, pero ¿Podría ella aceptarlo?
Marinette se quedó estática como piedra... ¿Estaba lista? En primer lugar se suponía que ninguno de los dos debería de saber su identidad, pero allí estaba ella frente a él tras haberse destransformando sin haberlo querido, aun que...de cierta forma se sentía aliviada, además él había sido lo suficientemente astuto como para saber que se trataba de ella...y entonces la duda hizo mella en su corazón aún más profundo... Ella no pudo descifrar la identidad de su compañero nunca ¿Él estaba bien con eso? ¿Qué pasaría si se negaba? Pero aún más importante ¿Qué pasaría si aceptaba?
Un ataque de pánico se apoderó de los sentidos de la chica, por lo que solo atinó a dar media vuelta para agacharse a abrir la trampilla que conducía directamente hasta su cuarto. Tal acción por poco y rompe el corazón del rubio y en su propio ataque de pánico solo pudo decir dos palabras:
- ¡Te amo! - Dijo, con voz potente, logrando que la azabache volviese a detenerse en su lugar. - Marinette ¿Es que acaso nunca podré ganarme tu amor? ¿Tan mal partido soy para ti? ... -
Tantas preguntas que comenzaban a formarse en la cabeza del portador del anillo del gato negro le estaban sacando de sus casillas. No sabía si quiera qué sentir ¿Miedo? ¿Rabia? ¿Tristeza? ... ¿Un poco de esperanza?
Marinette no se atrevió a responder, en cambio se mordió el labio inferior intentando armarse de valor, dándose cuenta de que realmente no quería abandonar así a su fiel compañero, quería girarse y besarlo para hacerlo callar ¿Es que acaso se había dado cuenta ya de que él ahora ocupaba su corazón?
Apretó ambos puños a sus costados e impulsó su cuerpo para entrar a su habitación. Chat miró sus acciones entendiendo que ella tan solo quería que la dejara en paz, así pues, con el corazón quemándole ante la decepción se disponía a dar media vuelta para irse... Sin embargo, justo antes de hacerlo, vió como ella sacaba su cabeza para poder verlo, estirándo después una de sus manos hacia él.
Chat no dijo nada, tan solo pudo dejar actuar a su cuerpo pues su mente se había puesto en blanco, así que cuando se dió cuenta ya se encontraba dirigiendo su propia mano aún desprovista de su guante hacia ella, pudiendo sentir así de pronto el calor de la habitación de la muchacha; se encontraba dentro, arrodillado frente a ella y sobre su cama.
Ella sonrió nerviosa y notablemente sonrojada, tomándo la mano de Chat Noir entre las suyas, acariciando su piel expuesta, sorprendiéndose al notar cómo el traje desaparecía en áreas en las que aún se adhería al brazo del ojiverde. Curiosa, siguió subiendo sus caricias muy lentamente por la extremidad de su compañero, quien la miraba como en un estado de hipnosis.
- ¿Te...gusta...- Empezó diciéndo ella pausadamente, mirándo directamente los ojos esmeralda del rubio - ... mi aroma entonces? Dicen que... eso suele pasar cuando hay química entre las parejas - Susurraba ella, sorprendiéndose asi misma por el repentino cambio de actitud en su ser, de pronto se sentía más segura.
¿Las parejas...?
Él asintió con la cabeza, aún sin poder escapar del trance en el que ella lo había metido, tragándo pesado y sintiéndo de un segundo a otro la enorme necesidad de volver a besarle...pero también restaba expectante ante cualquier movimiento de la azabache.
- A mi...me gustas tu...- Aseguró ella llevándo sus dedos de regreso hasta la palma de su mano. - No sé cómo ni cuándo pasó, solo se...que realmente me gustas y quiero...estar contigo -
Aquellas últimas palabras llenaron de alegría el corazón del rubio, no pudiendo evitar sonreir.
- Quiero... - Marinette se acercó a él, pegándo su delicado torso al fuerte de él, invitándolo a tomarla por la cintura, cosa que Chat no tardó nada en hacer, inclinando su rostro hacia ella, más por instinto que por otra razón - ...Chat... -
Él miraba los labios de ella moverse como si se tratase de una importante encomienda que debía cumplir: "No te pierdas de ningún movimiento, grábalo en tu memoria"
Cualquier cosa que ella hubiese querido decir no pudo salir de sus labios pues al fin habían alcanzado los de Chat Noir, impregnándose de su sabor y deleitándose con su textura. Aquel beso comenzó casi de manera tan inocente como el dado al borde del Arco del Triunfo, sin embargo pronto se volvió más y más intenso; ambos necesitaban de más, llegar a cada rincón de la cavidad bucal del otro y sentir sus cuerpos cada vez más unidos.
Ante ese vacío que comenzaba a llenarse de necesidad, Marinette acercó una de su manos hasta el cascabel del traje del ojiverde, jalando de él y descubriendo satisfecha cómo éste iba bajando a su ritmo y a su vez, abriéndo el cierre del que estaba sujeto. A ciegas tanteó el pecho del rubio, jadeando al notar los músculos bajo sus palmas y excitándose al sentir cómo él se removía gracias a sus acciones.
- Cada vez es más y más intenso... - dijo Chat con voz ronca y tremendamente sexy a oidos de Marinette - ...el aroma. Estás excitada...- Obvió.
- Dime algo que no sepa - Respondió ella, nublándosele la razón por lo que su cuerpo le pedía.
- Podría decirte quién soy - Insistió al tiempo que se separaba de ella por unos segundos solo para poder cerrar la trampilla encima de ellos, quedándo en penumbra dado que la luz del cuarto estaba apagada y afuera ya era de noche.
- No sé si estoy lista para saberlo...- Confesó ella, buscándo con sus manos el fino rostro del rubio - Quiero saberlo... pero... No podemos ser tan egoístas, ya es demasiado que tu sepas mi identidad -
- Shhh - Le acalló él para después empujarla suavemente por los hombros para indicarle que se recostara y ella lo hizo sin preguntar nada. Él se acomodó encima de ella, estirándo sus brazos para evitar el contacto físico - Preguntame lo que quieras - Susurró, sin importarle mucho lo que acaba de decir ella.
Hubo un silencio, ella quería levantar las manos para poder seguir con aquel juego de besos y roces entre ellos, sin embargo se contuvo y pensó bien su pregunta, una simple pero que revelaría demasiado.
- ¿Te conozco? -
- Si, me conoces - Respondió él con una sonrisa en el rostro, solo que ella no pudo verla.
El corazón de la azabache se le aceleró de golpe por enésima vez en esa noche, apretándo las sábanas bajo sus manos.
- ¿De-desde cuándo? -
Chat Noir amplió su sonrisa, ella misma estaba siguiendo con aquella dinámica que esperaba él que la condujera a descubrir si identidad.
- Un par de años ya -
El cerebro de Marinette comenzó a trabajar a mil por hora, existían pocos chicos a los que había conocido en los últimos años.
Luka, no... Él es más alto y su cabello no es rubio. Espera... no puede ser... ¿A-adrien?
Era imposible ¿Adrien era Chat Noir? Quien sabe, igual y no era él si no alguien más que estaba dejándo pasar por alto.
- ¿De dónde? - Se atrevió a preguntar.
Chat Noir bajó el torso un poco, haciéndole sentir su calor, poniéndola nerviosa al instante.
- Mejor pregunta por lugares específicos... - Sugirió él, acercándo su rostro al cuello de la chica, comenzando a repartir pequeños y suaves besos, sintiéndo satisfecho cómo la piel de la azabache se erizaba bajo su tacto.
- La... ¿la panadería? -
- Mmph, no... Vamos, Bugaboo, sé que puedes hacerlo mucho mejor - Sus besos bajaron hasta su hombro, pasándo por la clavícula y siguiendo hacia el otro hombro.
- La escuela - Afirmó ella sin pensarlo, sintiéndose desmayar por la manera en que él la atendía.
- La escuela - Repitió él a modo de respuesta sobre su oído para después moder su lóbulo lográndo arrancarle un profundo suspiro - Cierra los ojos, Princesa - Pidió él y confiándo en que ella lo haría aún sin lograr ver si lo hacía o no, y susurró las palabras que le quitarían aquel traje negro - "Plagg, garras fuera" -
Una luz verde iluminó todo el lugar y por unos segundos él pudo ver cómo Marinette había obedecido a su petición y se mantenía con los brazos a sus costados y con la respiración sumamente agitada. Sonrió.
- Dame tu mano - Volvió a ordenar, esperándo a que ella hiciera lo pedido, cosa que no tardó demasiado, subiendo su mano derecha lentamente, a lo que él la tomó y la dirigió hasta su rostro para indicarle que lo tocara - Siguiente pregunta...-
Ella tragó pesado, comenzando a tantear delicadamente el rostro del muchacho sin el antifaz; Pudo notar que el flequillo que solía llevar ahora no estorbaba en su frente, dejándola libre. Intentaba dibujar en su mente los rasgos que lograba captar con sus dedos e incluso abrió los ojos nuevamente pero la oscuridad en su cuarto era tal que lo único que percibía era una silueta completamente negra.
- Eres...¿famoso? -
Él volvió a bajar para poder acariciar los carnosos labios de la chica con los suyos, tentándola a más no poder.
- Y no solo como Chat Noir - Dijo para después depositar un beso en sus labios, después en su naríz, mejillas y frente - A veces es difícil compaginar mis dos identidades... En fin ¿Ya tienes mi nombre? -
Lo que empezó como miedo en el interior de la ojiazul se iba convirtiéndo poco a poco de pura emoción y regocijo ¿Sería posible en verdad que Chat Noir fuese esa persona de la que había estado enamorada por tanto tiempo?
- Creo...que...si - Decía ella, disfrutándo del roce de las manos de él que se habían colado sobre su pecho, peligrosamente cerca de sus senos. - Una última pregunta...-
- Dime -
- ¿Eres...un amigo? - Preguntó, sabiendo que confirmaría más y más lo que menos había creído posible.
- Soy tu amigo, siempre te consideré una buena amiga... Aun que me gustaría ser algo más que eso - Agregó, tomándo la mano de la chica con la que lo examinaba para poder depositar un beso sobre ésta.
Marinette sintió una repentina taquicardia, era él.
- Si eres quien creo que eres... entonces... creo que he sido una idiota todo este tiempo - Tomó el rostro del rubio entre sus manos para obligarle a besarle en los labios.
- ¿Y está bien? ¿Puedes aceptar lo que siento por ti a pesar de estar enamorada de alguien más? - Besó nuevamente su cuello, impregnándose del aroma frutal que poseía, intentado ignorar por el momento lo mejor que podía esa rica sensasión entre sus cuerpos. - ¿Me darías esa oportunidad? -
Ella no se atrevió a responder, solo se limitó a doblar sus rodillas para impulsarse un poco hacia ariba y aumentar el contacto entre ellos.
- Mmmph, oh Princesa, no me tortures así - Jadeó él, sintiéndo su ya marcada erección palpitar ante el roce de sus cuerpos - Solo dilo... aceptame o rechazame, pero hazlo ya...o no podré controlarme después y querré hacerte mía aún sin una respuesta -
Marinette sonrió.
- ¿Me estás amenazando, Chaton? -
- ja... No, ya te lo he dicho; yo solo advierto-
- En todo caso...estoy tentada a no contestar - Dijo ella sin poder negar lo mucho que deseaba a ese chico encima suyo, no importando si realmente se tratase de Adrien Agreste o alguien más.
Aquella invitación casi lo hace perder el control, estuvo a nada de abalanzarse sobre ella para cumplir con su pequeña "advertencia" pero se contuvo lo suficiente como para tan solo atrapar el labio inferior de la azabache para morderlo con ganas, intentando así descargar un poco de excitación, dándose cuenta que contrario a lo que pensaba, eso realmente había hecho que su líbido aumentara.
- Por favor, Marinette...Demonios, te deseo como no tienes una idea, responde, porfavor, no quiero cometer una tontería -
- ¿Por qué no? - Insitó, removiendo su cuerpo por debajo del masculino, estimulando conscientemente la dolorosa erección en sus pantalónes - Solo... déjate llevar -
Maldición... Pensó él antes de acatar al pie de la letra esas simples palabras, besándo con salvaje deseo los labios de esa mujer tan deseable que lo obligaba a sacar lo peor de él en ese mismo instante.
Aquella acción marcó el inicio de un acto que ya no podía ser detenido, ambos se entregaron a ese beso con total devoción y carentes de culpa. Ésta vez ambos estaban dispuestos a pagar las consecuencias y dejarse llevar.
Sus respiraciones se volvieron erráticas, sus cuerpos pedían por más, el constante roce entre ellos no era suficiente, necesitaban sentir la piel del otro sobre la suya... Y Marinette fue la primera en actuar, buscándo con sus manos alguna pista que la ayudara a despojar al rubio de la prenda superior de su cuerpo; por suerte pudo encontrar rápidamente los botónes de lo que aparentemente era una camisa y sin más dilación se dispuso a desabotonarla.
- ¿Tienes prisa, Bugaboo? - Preguntó quien ella aún podía identificar como Chat Noir, sin embargo ese tono calmo que usó la hizo estremecer y fácilmente pudo imaginar a Adrien Agreste en su lugar.
Eres tu...
- ¿Tu no? - Respondió con otra pregunta, armándose de valor para lo que pudiese venir después; no era tonta, sabía que la situación en la que estaban bien podía comprender actos para nada inocentes o castos y tampoco podía negar que era algo que desease, en verdad necesitaba entregarse a él.
- No tienes idea de cuanto he esperado por ésto... - Susurró él a su oído antes de ser él mismo quien se retiraba la camisa para terminar por lanzarla a algún lugar del cuarto de la azabache, tan solo pudiéndose escuchar el golpe seco que ésta dió al caer.
Acto seguido, el rubio hizo que Marinette se sentara debajo suyo para así poder alzar la blusa que llevaba puesta. Ella soltó un suspiro pero no se negó a las acciones del muchacho, dejándose hacer mientras podía sentir como la expectativa la hacía sentir ansiosa y al mismo tiempo el cómo la excitación iba subiéndo su temperatura, así como humedeciéndo su intimidad.
No pasaron ni dos segundos cuando pudo sentir como aquel osado muchacho atrapada sus dos senos con sus manos, primero moviéndolas despacio y hasta con decoro, cuidándo de no lastimarla o incomodarla de ningúna manera, sin embargo, cuando ella se atrevió a posar sus manos sobre las suyas para invitarlo a intensificar sus caricias, fue como si todo uso de la lógica se le fuera por el drenaje, aquello había sido el gatillo que había disparado sus instintos en un abrir y cerrar de ojos, obligándolo a aventar al colchón el delicado cuerpo de la mujer de sus sueños solo para poder abalanzarse sobre ella para besar sus labios con hambre y lujuria, paseando sus manos por todo el torso de la azabache, excitándose al saberla expuesta como nunca antes ante él.
- Chat... - Suspiró ella, extasiandose a mas no poder por lo que vivía y sentía, disfrutándo se cada beso, cada mordida y cada caricia intensa o suave, ambos casos por igual.
- Yo... perdón, creo que... - El ojiverde apaciguo sus actos intentando controlarse - ...creo que me excedí -
- ¿Tu crees? - Preguntó dulcemente ella, posando una mano sobre una de las mejillas del rubio y sintiéndose morir de amor al notar que aun en momentos como ese, él siempre se iba a preocupar por su bienestar - Está bien... no pares. A mi...me ha gustado - Confesó con las mejillas encendidas. - ¿O es que me estás diciendo que el bromista y deshinibido Chat Noir es en realidad muy tímido? - Bromeó un poco para tranquilizar a su compañero.
- Bueno, si es que en realidad sabes quién soy...creo que sabrás que si, suelo ser algo tímido a veces - Tomó aire para relajarse lo suficiente - ... ¿Sabes? Muero por poder verte, mi lady... ¿Puedo? -
Marinette se tensó, la única manera de poder hacer eso era encendiendo las luces de la habitación, sin embargo sabía que ya no había marcha atrás, tarde o temprano tenía que suceder por lo que un tanto cohibida, pronunció un quedo "está bien".
- Plagg...sé que debes estar por ahí. Solo un favor ¿Si? Enciende la luz - Llamó el rubio a su kwami.
- ¿Sabes cuán incómodo es lo que estás pidiendo, chico? ¿No te enseñaron lo que es el pudor y la vergüenza? - La voz ligeramente chillona y quejumbrosa del kwami del anillo del gato negro se hizo escuchar en la habitación, alertando inmediatamente a la ojiazul, cerrándo los ojos al instante - Esta bien, esta bien ¡Pero ni se te ocurra pedir nada mas! por que ni Tikki ni yo estarémos cerca ¿Oyeron? -
- ¡Gracias! -
Un momento después, las luces del cuarto se encendieron y Adrien pudo ver cómo un punto negro y uno rojo pasaban volando hasta transpasar el techo.
- Bien... eh... ¿Marinette? - Cuando hubo regresado su atención a la azabache se llevó una pequeña sorpresa al darse cuenta de que la chica había cerrado los ojos nuevamente y así los mantenía sin parecer tener la intensión de abrirlos. - Princesa... Abre tus ojos -
- Uhmmm - Fue todo sonido que pudo escuchar como respuesta.
- ¿O es que en serio eres una Princesa que necesita ser despertada por el beso de su apuesto príncipe? - Dijo él, acercándo su rostro al de ella, asegurándose de que la chica pudiese sentirlo.
- Ehm... ¿Quizás?...- Respondió Marinette tímidamente. Ni siquiera ella sabía porqué se mostraba tan rehacia a simplemente conocer la identidad del héroe pues en realidad si quería saberlo.
- Ok, en ese caso...-
Ella esperaba sentir en cualquier momento el roce de los labios del chico sobre los suyos, sin embargo aquel deseado contacto no llegó, confundiéndole y haciendole sentir ansiosa pero no queriéndo hacer nada.
Por su parte, el rubio aprovechó la inactividad de la azabache para recorrer con la mirada la bella imagen de su torso semi desnudo, lo increíble que se le veía ese sensual sostén negro con tirantes de encaje que llevaba usando y lo sexy que le resultaba poder apreciar aquella pequeña cintura que tanto lo volvía loco de tan solo mirarla con ese traje entallado cuando era Ladybug, aun que también debía confesar que se había fijado en ese mismo atributo en ella en su forma civil, además de sus anchas caderas y torneadas piernas.
Creo que ahora sé porqué me gustaban tanto "ambas"
Cuando se hubo sentido satisfecho de lo que sus ojos veían, impulsó su cuerpo hacia atrás para poder recorrerse y así poder bajar su rostro a la altura del abdómen de la chica, no dudándo ni un segundo más para depositar un suave beso en su estómago, acción que hizo que la nivea piel de la azabache se erizara al contacto.
- ¿Ch-chat? - Llamó ella en un suspiro, no logrando hablar claramente, al tiempo que abría los ojos de golpe debido a lo inesperado de la acción, topándose así con los relucientes mechones dorados que poseía el muchacho y un segundo después con unos grande ojos verdes que la miraban desde abajo. El corazón casi se le sale del pecho; esos ojos realmente pertenecían a esa persona que ella amó por tanto tiempo y por la que tan confundida se había sentido al encontrar en "Chat Noir" esa desenfrenada atracción y cálido sentir al estar a su lado...
¡Son el mismo! Gritó internamente ella, aún en un estado de shock externo en el que no podía apartar su mirada de la de él.
- Ehm debo decir que me fascina poder verte así, Marinette, en serio te ves adorable e increíblemente fascinante...pero... creo que necesito saber si aún después de esto no quieres matarme... - Dijo aquel rubio, abrazándola por la cintura, con su mentón clavado entre sus costillas.
A pesar de sentir cómo los colores invadían su rostro, Marinette no sabía bien cómo reaccionar, de alguna manera no se sentía tan cohibida como siempre que el modelo le hablaba en su día a día pero tampoco se sentía con la misma confianza con la que solía hablar con él siendo Chat Noir y por lo visto su cerebro había decidido que no moverse era su mejor opción.
- Adrien... - Fue lo primero que logró decir, posando una de sus manos sobre la cabellera rubia del ojiverde, casi como si quisiera acariciarlo.
- ¿Está bien que sea yo? -
El miedo volvió a recorrer la mente del muchacho... ¿Lo aceptaría? ¿O lo sacaría a patadas de su habitación ahora que porfin sabía de su verdadera identidad?
Las lágrimas en los ojos de la azabache comenzaron a acumularse y ésto fue algo que el portador del anillo no pasó por alto, comenzando a preocuparse aún más y sin saber si lo mejor era retirarse, lo que él no sabía era que dichas lágrimas significaban paz, alegría y regocijo por parte de la ojiazul, quién no podía creer todavía la suerte con la que había contado al descubrir que se había enamorado de la misma persona dos veces.
- Tan malo es... - Afirmó el rubio, queriéndo darle espacio a la azabache, deshaciendo su abrazo e intentando incorporarse en la cama, sin embargo ella misma se lo impidió, atrayéndolo lo más que pudo hacia ella, abrazándolo con todo el amor que sentía en ese momento, haciendo que recargase su cabeza entre sus pechos.
- En verdad ser Ladybug me trajo mucha suerte - Susurró ella, acariciando levemente la cabeza del que creyó siempre sería su amor platónico.
Adrien alzó un poco la mirada para poder ver a la chica, quién le regresó el gesto con un brillo especial en sus ojos. Él no quiso preguntar ni decir más, temía que rompiera con aquel momento que pudo sentir especial.
No supieron por cuanto tiempo permanecieron en esa posición, sin embargo lo cierto era que en ambos crecía nuevamente esa necesidad por volver a los besos y las caricias; Adrien fue el primero en retomar la acción comenzando a usar la yema de sus dedos para acariciar uno de los brazos de la azabache, subiéndo hasta su hombro y volviéndo a bajar, ésta vez en dirección hasta uno de sus senos, masajéandolo con cariño por encima del sostén.
Ella por su parte se mantenía quieta, disfrutando de ese cosquilleo suave sobre su piel expuesta, sintiéndose plena al saberse deseada y correspondida e intentando dejar de lado esa vergüenza natural que solía sentir al estar junto a Adrien Agreste.
Dios, esto es como el mejor de mis sueños... Pensaba ella justo antes de sentir como el rubio deslizaba uno de los tirantes del sostén desde su hombro y acto seguido se acomodaba encima suyo para poder besar tiernamente aquella porción de piel que para él resultaba ser de lo más suave que alguna ves hubiese tenido el chance de tocar y aquel aroma que desprendía lo estaba llevando al borde del total descontrol, sin embargo más podía el amor que le profesaba a la azabache que cualquier otro deseo bajo de sus instintos; quería hacerla sentir amada, quería hacerle saber que jamás la lastimaría, que de ahora en adelante jamás se apartaría de su lado.
- Princesa...- Le llamó y se sintió embelesado al notar como aquellos hermosos ojos de los que se había enamorado desde el primer instante en que los vió lo miraban, aquel día en que descubriéndo sus poderes, ambos habían quedado enredados por la cuerda del yoyo de Ladybug. Casi podía jurar que ese momento había sido uno que marcaría su destino, uno que estaba completamente seguro de abrazar y hacerlo suyo.
- Dime...- Animó ella al notar que el rubio se había quedado callado mientras la observaba devotamente, aquello fue suficiente para hacerlo reaccionar.
- ... Te amo - Dijo, totalmente seguro de sus palabras lográndo arrancarle un suspiro a su compañera al hacerla sentir plena y feliz - Te amo y... ¡Dios! No sabes cuánto te deseo - Decía, mientras la veía intensamente a los ojos, muriéndo de ganas por hacerse uno con ella pero conteniendose hasta no estar completamente seguro de que ella quería lo mismo.
Una nueva oleada de excitación recorrió el cuerpo de la ojiazul al escuchar aquellas palabras que escondían suplica a lo que ella solo atinó a dejarse llevar por lo que sentía, besándo los labios del rubio, invitándolo a seguir.
Yo también te amo
No estuvo del todo segura si solo lo pensó o si aquellas palabras habían salido de su boca, para ella ahora su prioridad era que Adrien supiera lo mucho que ella también deseaba ese momento y que ésta vez nada impediría entregarse a él.
A pesar del silencio de la mujer que amaba, sus acciones le dieron luz verde para continuar con su labor, saboreando sus labios y bajando el otro tirante del sostén pudiendo así colar una de sus manos hasta el borde de la tela que formaba la copa que cubría su seno derecho, sonriéndo en medio del beso al sentir como la piel de la azabache volvía a erizarse.
Adrien entreabrió un poco los ojos solo para poder admirar la expresión en el rostro de Marinette, quién mantenía los ojos cerrados sin hacer nada más que entregarse a sus besos y caricias, ésto para él fue la mejor señal para no volver a detener sus acciones por lo que sin más, jaló hacia abajo el sostén para finalmente liberar los bien proporcionados senos de la azabache y acto seguido, sin avisar, separó sus labios de los de ella solo para poder atrapar con su boca uno de sus rosados pezones, pudiéndolo sentir ya erecto contra su lengua.
Tan repentina acción casi hace desfallecer a la inexperta muchacha, que ahora miraba excitada cómo Adrien besaba y lamía sus pezones logrando endurecerlos aún más de lo que ya se encontraban tras sus caricias. De repente se vió con la respiración errática y con un calor bochornoso en todo su cuerpo, especialemente en los lugares que Adrien tocaba. Cada roce de su lengua se sentía un choque eléctrico que se traducía en puro placer, cada caricia en la piel de sus hombros, brazos, cuello, abdomen y senos le quitaban un poco el aliento y a cada segundo que pasaba podía sentir como la humedad en su entrepierna aumentada más y más, estaba segura que para ese momento ya se encontraba totalmente empapada y definitivamente necesitaba atención.
Sin pensarselo mucho y presa de sus propias sensasiones, Marinette arqueó su cuerpo en busca de mayor contacto, consiguiéndolo fácilmente debido a la cercanía de sus cuerpos, ésto lo aprovechó el rubio... pasando un brazo entre la pequeña cintura de la chica y la cama, logrando así atraerla aún más hacia él, quedándo ella semi sentada en el colchón y pudiendo sentir perfectamente la creciente erección en el pantalón.
Supongo que no soy la única que necesita atención
Adrién soltó un jadeo involuntario debido a la sorpresa que se llevó al sentir una de las pequeñas manos de la azabache pasear demasiado cerca de su entrepierna para después subir para terminar de desabotonar la camisa que llevaba usando. Sonrió satisfecho de si mismo al notar como la chica se relamía al rebelar la musculatura de su torso.
- ¿Te gusta lo que ves, Princesa? -
Ella se volvió a relamer antes de poder contestar.
-...mucho... - dijo aún un tanto embobada, sin embargo al darse cuenta intentó recomponerse - ¿Así que el traje no está alcochado en algunas partes? - Bromeó, intentando mostrarse con aquella actitud segura que poseía como Ladybug.
- ¿Que tal si lo compruebas tu misma? - Sugería el rubio con una sonrisa ladina en los labios mientras se hincaba por un momento para ser él mismo quien se retiraba la prenda bajo la atenta mirada de Marinette.
Debería ser crímen ser tan malditamente sexy...
- ¿Y bien? - preguntó él, dejando caer la camisa a un lado de la cama para después comenzar a abrir sugerentemente el cinturón que llevaba.
Marinette mordió su labio inferior inconcientemente, sentándose bien en la cama para llevar sus manos a sus propia espalda con la intesión de desabrocar el sostén; sus pechos ya estaban a la vista y habían sido besados lo suficiente como para haber perdido un poco más la vergüenza así que sin mayor problema se lo quitó, mostrándose orgullosa.
- Wao... - Fue lo único que logró decir el Agreste, pues a pesar de que al quitarse el sostén no mostraba nada nuevo, para él resultaba tremendamente sexy esa actitud desinhibida en esa chica azabache que normalmente era tímida ante él.
- Debo decir... - Marinette se arrodilló un momento en la cama para inmediatamente después empujar a su compañero contra el colchón, cayéndo éste de espaldas con las piernas abiertas, posición que aprovechó ella para acomodarse allí, encima de él, posando sus manos en los fuertes músculos pectorales del rubio. -...que el traje no deja nada a la imaginación - Terminó diciéndo recorriendo con sus manos aquellos cuadritos del adbómen que definitivamente estaban demasiado bien desarrollados, o al menos lo justo como para hacerlo ver verdaderamente deseable a los ojos de ella.
Ésta vez fue Adrien quien se mordió el labio inferior, disfrutándo de la mirada lujuriosa que le regalaba la azabache y al mismo tiempo en un intento por seducirla.
- Lo mismo digo, bichito - Dijo, divertido. - Tus senos son tan perfectos como los hace ver ese traje de motas - Y dicho ésto, coló sus manos para apretujar ambos senos de la chica, masajéandolos por igual y amándo esa sensasión en sus palmas de los pezones endureciéndose, para después bajar lentamente, contorneando su cintura y su cadera, hasta finalmente posarlas sobre su firme trasero - Y al parecer éste también es tan delicioso como se ve -
Marinette gimió ligeramente cuando Adrien apretó con fuerza sus nalgas, excitándola más y más. ¿Era una pervertida al aceptar que ese tipo de trato rudo le gustaba?
- ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames así? - Reprendió ella, aún deleitándose con el perfecto cuerpo que tenía debajo y frotándo suavemente su pelvis contra la considerable erección , ganándose un gruñido por parte del rubio.
Para ese momento, la erección dentro de los pantalónes del ojiverde comenzaba a doler y los roces simplemente no le estaban ayudándo, le urgía algo más que eso pero no sabía qué tan buena o mala idea sería sobreponer su propio placer al de ella, aun que cierto era que también moría por despojar de sus últimas prendas a la azabache para poder tocarla.
Indeciso sobre qué hacer e ignorando la reprimenda de su compañera, lo único que se le ocurrió fue abrazarla por la cintura, apegándola completamente a su cuerpo; ambos jadearon por la acción, pero el sonido que él emitió fue aún más fuerte debido a la deliciosa presión que se hubo situado en su pelvis y la riquísima suavidad con la que los senos de la chica se presionaron contra su pecho.
Y así, con el placer comenzando a llenar sus sentidos, ambos comenzaron a restregarse de manera mucho más intensa el uno contra el otro mientras cedían al innevitable beso que se dió al encontrarse sus rostros tan cercanos.
Ambos se coordinaban en sus movimietos, tal y como siempre lo hacían cuando peleaban lado a lado en dónde tenían esa comunicación intachable y perfecta, esa en la que no había siquiera la necesidad de hablar para entender lo que vendría después...solo que ésta vez lo estaban usando para despojarse sincronizadamente del pantalón y calzado del otro, quedándo así solo en boxer y pantaleta. Para cuando se encontraron en dichas condiciones, Adrien pudo notar perfectamente la excitación de Marinette y viceversa, dado que definitivamente aquella erección era tan considerable que simplemente no podía pasar desapercibida.
- Eres hermosísima, Marinette... - Le halagó sinceramente tras observarla unos segundos pues no importaba lo que otros pensaran, para él ella era realmente como la más hermosa joya del planeta, resplandeciente y preciosa.
E increíblemente sexy
Marinette se sonrojó ante el comentario pero lejos de sentirse cohibida, se sintió dichosa y orgullosa de si misma.
Sin avisar de sus intesiones, Adrien se levantó de la cama para quedar parado sobre la madera del piso justo a la orilla de la cama, estirándo un brazo para indicarle a Marinette que se acercara a él, acción que ella no tardó en realizar, tomando su mano y dejándo que la guiase.
- Dame la espalda - Peticionó el ojiverde y Marinette lo hizo un tanto confusa, sin embargo acto seguido pudo sentir los labios del rubio sobre su espalda, causándole escalofríos generalizados que le erizaron absolutamente toda la piel.
Adrien besaba y mordía ligeramente cada porción de piel que tenía a su alcance; hombros, espalda, cuello, brazos...Mientras que subía sus manos hasta encontrarse nuevamente con los senos de la azabache, los cuales masajeó sin pudor.
- A-adrien...-
La continua fricción de la erección de su compañero contra su espalda y trasero la estaba desquiciando de a pocos y sumado a todo lo que le estaba haciendo al mismo tiempo, creía que la haría desmayar, simplemente no se dejaba llevar por el hecho de que se encontraba moviendo sus caderas cada vez que sentía aquel falo rozarle el trasero, presionando a propósito para deleitarse ante los gemidos que lograba arrebatarle al muchacho sobre su oído.
No aguanto más...
Sin poder evitarlo y deseandolo con locura, tomó una de las manos del rubio con una de las suyas y la guío hasta su entrepierna, en respuesta Adrien jadeó excitado por la sugerente acción de la ojiazul.
- Marinette...estás mojadísima - Le dijo roncamente al oído, tanteando con sus dedos la zona por encima de la ropa interior.
- Lo...lo sé ¿Es normal? - Preguntó un tanto avergonzada, pues en realidad no sabía que tan común era que una mujer lubricara tanto.
- No lo sé, pero...puf, me encanta - Y era verdad, Adrien era tan inexperto en esos temas como ella misma.
Sin poder contener más las ganas, Adrien se abrió paso por debajo de las bragas, topándose enseguida con suaves rizos, característicos del área y un poco más abajo, con aquella línea vertical que ocultaba el punto más sensible de la azabache.
- Mmmph...Adrien...- Suplicó ella, gozando enormemente del tacto de los dedos del rubio sobre su resbaladizo sexo mientras contoneaba sus caderas para estimular ese falo que podía sentir en el hueco de su espalda.
Sin más demora, el aludido hizo uso de su otra mano para abrir la labios menores de la muchacha y así usar un solo dedo haciendo contacto directo con su ya hinchado clitoris, maravillándose con lo increíblemente fácil que era manipular la zona gracias a la lubricación previa.
Marinette no tardó ni medio segundo en reaccionar ante el roce proporcionado a su sexo, acelerándosele la respiración de golpe y comenzando a gemir por lo bajo, intentándo contenerse lo suficiente como para no llamar la atención de sus padres, que para esas horas seguramente estarían en la panadería, preparando lo necesario para el siguiente día y dado que había dos pisos de separación quiso suponer que aún así tendría cierta libertad en cuanto a volumen.
Por su parte, y a pesar de la tremenda erección que no cedía a pesar del tiempo transcurrido, Adrien parecía haberse olvidado de la atención que hace unos minutos atrás quería recibir; lo delicioso y excitante que resultaba masturbar a Marinette había ganado contra sus propios deseos, escucharla gemir se estaba convirtiéndo en algo adictivo, necesitaba escucharla y saber que era él quién la estaba haciendo disfrutar de esa manera.
Los movimientos de ese único dedo sobre ese pequeño botón en el centro habían comenzado lentos y torpes, aprendiendo lo que podía o no hacer, concentrándose en las reacciones que provocaba y gracias a ello, ahora esos movimientos eran mucho más rápidos e incluso había sumado un dedo más a la ecuación, frotándo de arriba a abajo, empapando sus manos de aquellos fluídos, producto de la excitación y placer de la azabache.
- Mételos...- Susurró ella sin pensarlo mucho, apenas pudiendo controlar su respiración, sin embargo lo había dicho tan bajito que él no pudo escucharla, por lo que prosigió en su tarea, algo de lo que ella se pudo dar cuenta apenas un minuto después así que sin aviso alguno, tomó la muñeca de la mano que la masturbaba y la empujó hacia abajo, sabiendo que eran dos dedos los que Adrien estaba utilizando por lo que fácilmente dichos dedos lograron penetrarla, obligándola a soltar un gemido largo y fuerte.
Tal acción casi hace el rubio perdiera la razón, sus dedos se habían hundido entre los pliegues de la vagina, sintiéndose extremadamente caliente y estrecho. Por mero instinto comenzó a sacar y meter sus dedos a un ritmo constante y bien marcado mientras que mordía y besaba los hombros de la muchacha.
- ¿Te gusta? - Preguntó con voz ronca y totalmente excitado.
- Ah...ahhm... S-si...- Marinette apenas si pudo contestar. Las sensasiones que ahora mismo sentía no se le podían comparar en nada a lo que sentía cuando ella misma se masturbaba de esa misma manera y simplemente era algo que no podía ocultar.
Buscando mayor comodidad, Adrien giró el cuerpo de Marinette sobre su propio eje sin siquiera sacar sus dedos, ésto para poder recostarla nuevamente en la cama y tener una mucho mejor vista de las expresiones y el cuerpo de su ahora amante. Él por su parte, se arrodilló a la orilla de la cama en el poco espacio del que disponía, quedándo su rostro justo entre las piernas de la azabache, pudiendo ver perfecamente la anatomía de su sexo y el cómo sus dedos entraban y salían libremente. Ya en aquella posición que le permitía un poco más de libertad, hizo uso de su otra mano para masturbar directamente el clítoris, totalmente hipnotizado por los aromas y texturas que iba descubriendo.
No pasó mucho tiempo para notar cómo Marinette comenzaba a retorcerse sobre la cama de una manera cada vez más desesperada, moviendo las caderas al ritmo que él marcaba, obligando así a que las penetraciones de sus dedos fueses más profundas.
Adrien se relamió, acercándo su rostro a escasos centímetros del sexo de la azabache, mirándo hacia arriba para encontrarse con los ojos expectantes y dilatados por la excitación de Marinette, quien también se encontraba masajeando sus propios senos, brindándole así una escena demasiado erótica que lo animó a hacer lo que tanto se le había antojado hacer; así que sin más, y sin dejar de mirarla a los ojos, hundió su boca en el sexo de la azabache, lamiendo y disfrutando de aquellos fluídos que él mismo había provocado y sorprendiéndose por lo increíblemente bien que sabían y se sentían sus pliegues entre su lengua y labios.
- ¡Dios! ... Ah...- Marinette hacía de todo por evitar gemir demasiado alto; en un principio había optado por toparse la boca con sus manos pero al no ser suficiente, lo único que encontró fue usar su enorme almohada en forma de gato para ponersela encima de la cabeza y así ahogar los sonidos - ¡Adrien! ¡PARA! ¡Para, porfavor! ¡Es demasiado! - Gritaba ella debajo de la almohada.
Sin embargo, Adrien la ignoró y sonrió mientras seguía lamiendo y succionando, así como metiendo y sacando sus dedos de aquella estrecha cavidad que a cada estimulación se iba apretando cada vez más y más.
- De eso nada, Princesa... - Logró decir, pues no quería dejar de estimularla en ningún momento y tras esas palabras, aceleró sus movimientos, haciéndo que Marinette enrredara sus piernas sobre sus hombros, atrapándole la cabeza y acercándolo aún más, obligándolo a intensificar cada acción.
La tensión en las piernas de Marinette iba en aumento, su respiración era errática y se aferraba con los puños cerrados a sus sábanas; estaba a punto de alcanzar su orgasmo y ella lo sabía. Contuvo el aliento y arqueó su cuerpo, un segundo después, una explosión de verdadero placer la llenó por completo desde el centro de su sexo, haciéndola convulsionar debido a los espasmos en su interior.
Ante tan exquisito final, Adrien no pudo evitar gemir aun entre las piernas de su amada azabache, sintiéndo aún en sus dedos como las paredes de la vagina se contraían y deseando como loco poder llegar a sentirlo sobre su propio sexo.
- ¿Todo bien, hermosa? - Preguntó divertido, viendo cómo Marinette había relajado al fin todo su cuerpo y aún mantenía su rostro cubierto por esa almohada curiosa, por lo que fue él mismo quien se la quitó de encima, descubriendo el bello rostro de la muchacha, que se encontraba intentando regular la respiración que por unos segundos le había faltado.
- Creo que acabo de morir - Contestó ella, mirándo al techo aún sin poder creerse el tremendo orgasmo que había experimentado.
No, ésto no había terminado aún, apenas era el comienzo.
Adrien sonrió y sin decir nada se impulsó hasta quedar nuevamente encima de Marinette sobre la cama, comenzando a besar su cuello, hombros, pecho, senos...todo lo que pasara por su camino, asegurándose de que ella pudiese sentir lo duro que estaba.
- ¿Estás tan muerta como para dejarme así como estoy?
Contra todo pronóstico, pues ella pensaba que no habría fuerza en el mundo que la hiciera reaccionar nuevamente, no fue así; sentir los labios del Adrien sobre su piel, incitándola estaba funcionando de maravilla y ni qué decir acerca del insistente roce de su erección sobre su pierna.
- Éste gato necesita amor - Decía Adrien a forma de juego, no dejando nunca de lado ese lado tan..."Chat Noir" que sin querer había enamorado a Marinette.
Marinette se mordió el labio inferior y reactivó el movimiento en sus brazos, alzándolos para poder posar sus manos en la ancha espalda del rubio, notando inmediatamente cómo la piel bajo sus yemas se erizaba. Sonrió satisfecha y enseguida atrapó los labios de su contrario con los suyos, encendiéndo nuevamente el calor entre sus cuerpos, atrayéndolo a ella para poder sentir de mejor manera la erección que aún se encontraba presa por la tela del boxer que él llevaba usando.
Sin romper el beso, ella coló una de sus manos por entre ambos cuerpos con la única intensión de encontrarse directamente con aquel falo que tanto la llamaba. Cuando al fin hubo contacto, Adrien suspiró en medio de los besos, nunca antes se había sentido tan sensible.
Marinette prosiguió con un lento vaivén de arriba a abajo que estaba torturando al rubio, dándose cuenta de que la tela de su boxer estaba húmeda, al principio aquello la desconcertó pero rápidamente asoció aquello con ese proceso muy igual al de la mujer...
Debe ser líquido preseminal... Se sonrojó un poco al pensarlo pero aun con ello no detuvo sus movimientos.
- Marinette... - Adrien había agradecido mentalmente que su compañera se animara al fin a tocarle pero definitivamente necesitaba un contacto más directo, por lo que él mismo bajó su boxer de la parte frontal para al fin liberar su erección, porción de piel que inmediatamente chocó contra la mano de la azabache, sintiéndola sumamente caliente y que sin dudarlo tomó con su mano, sintiéndo la suavidad de la piel y la dureza de la extensión. - Ah... Mari...nette... -
- Estás muy duro -
- Lo sé... apriétala más - Ordenó el rubio, echándo la cabeza hacia atrás para después dejar caer su cuerpo a un costado de Marinette, ella siguió sus movimientos sin ningún problema, acomodándose a su lado, besándole y al mismo tiempo masturbándolo como bien podía entender y como él le había indicado.
- ¿Así? - Preguntó tímida por saberse totalmente inexperta.
- Así... Lo haces muy bien -
Marinette se mordió el labio inferior y aumentó el sube y baja sobre el miembro erecto entre su pequeña mano, observándo cómo la piel se estiraba y escuchándo los suaves jadeos que Adrien no podía evitar soltar.
Maravillada y un tanto ensimismada, Marinette se dejó llevar al punto de ir recorriendo poco a poco su cuerpo hasta que sin pensarlo, su rostro se encontraba ya a la altura de la pelvis del rubio, pudiendo ver a la perfección sus propios movimientos con la mano y cuando menos se dió cuenta, ya se encontraba arrodillada entre las piernas de Adrien, quién le había dado espacio suficiente para hacerlo, deleitándose la mirada con lo increiblemente sensual que se miraba Marinette en esa posición, con sus senos libres y esas increíbles curvas que se acentuaban, sin embargo pronto toda su atención se dirigió nuevamente al área que Marinette estimulaba pues pudo sentir de pronto cómo al menos la mitad de su miembro era envuelto por un calor húmedo y delicioso que resultó ser la boca de la azabache, quién ahora se encontraba regalándole su primera felación, cosa que casi lo hace desmayar.
Demonios... no podré sacarme ésta imagen de la cabeza en un buen tiempo... Pensó él, sintiéndose en la gloria misma al tiempo que posaba un de sus manos en la cabeza de Marinette para ayudarla a marcar un ritmo más constante, sumándo también un ligero vaivén de sus caderas para penetrar en su boca.
- Ugh...Marinette, me voy a correr en tu boca si no paras - Dijo él, advirtiéndo lo inevitable, a lo que ella alzó la mirada sin dejar de masturbarlo con su boca, lengua y manos - Uf... no sabes lo increíblemente sexy que te ves así...-
- Mmmh...me gusta... - Dijo ella, al fin separando su boca de aquel trozo de carne que tanto le había gustado saborear y sentir; tan suave y duro a la vez.
Adrien sonrió y la dejó continuar un rato más, disfrutando de su lengua y succiones hasta el punto en que comenzó a sentir un ligero cosquilleo en la base de su pene, indicándole que no faltaría demasiado para terminar, por lo que muy a su pesar, apartó a la azabache empujándola suavemente por los hombros, aprovechando también para quitarse el boxer que aun estaba a medio camino por sus piernas, todo ésto bajo la atenta mirada azulada de Marinette, quien también tenía un chistoso gesto de reproche en su rostro.
- Hey, no me odies, bichito... ¿Querías continuar? -
Ella asintió con la cabeza, mirándolo de una forma "inocente" que casi logra convencer al rubio, pero no se dejó manipular por lo adorable del berrinche de la ojiazul.
- Me encantaría, en serio es delicioso, pero creo que podrás perdóname si cambiamos de...actividad -
Dicho ésto, Adrien hizo que Marinette se sentara sobre su pelvis, haciéndo así que sus sexos al fin entraran en contacto directo, haciéndolos contener el aliento y subir aún más la temperatura.
Adrien se mordió el labio al sentir en su miembro el calor que la intimidad de ella le brindaba, así como los fluídos que manchaban su propia piel.
- Estás tan mojada...Tan...lista para mi -
Quizás Adrien aún conservaba algo de autocontrol por el mero pensamiento de no hacer nada indebido que incomodase a su princesa pero ella definitivamente había perdido toda cordura al momento del contacto entre sus sexos; podía sentirlo duro debajo de ella y fue ahí cuando la necesidad por sentirlo dentro la hizo comenzar con un sugerente movimiento de caderas que provocaba un delicioso y excitante roce que Adrien ayudó a intensificar tras colocar sus manos sobre las amplias caderas de la chica y empujar hacia abajo.
- ¿Lista? - Alcanzó a preguntar él con dificultad, mirándo directo a los ojos a la azabache, quien en ningún momento rompió contacto visual con él.
- S-si...- Respondió ella con la voz entrecortada por tan exquisito movimiento.
Toda acción cesó por un pequeño instante, momento en que aprovecharon para volver a besar sus labios sin prisa alguna, disfrutándose el uno al otro y haciéndose saber lo especial que era para ellos lo que vendría después.
Marinette recargó bien sus rodillas sobre el colchón para ganar equilibrio y rompió ligeramente ese contacto entre sus pieles solo para poder colar una mano entre sus sexos y tomar el miembro del muchacho para acomodarlo en su entrada.
- Marinette... -
Adrien, ayudado de la fuerza de sus brazos, detuvo la inminente unión que estaba por concretarse. Él sabía lo mucho que amaba a esa chica, tanto que sería incapaz de causarle ningún daño y mucho menos de hacerle sentir obligada a nada.
- ¿Estás segura de ésto? -
Marinette sonrió ante la ternura que le causó la preocupación de su compañero y olvidándose por un segundo de que aún sostenía en su mano la palpitante erección del rubio, usó la libre para atraer el rostro de Adrien al suyo para finalmente besarle.
- Te amo, Adrien... y jamás he estado tan segura de algo como de lo que estoy a punto de hacer contigo -
El corazón del muchacho se aceleró ante las palabras de su bella compañera; se sintió dichoso y renovado, como si solo esas palabras hubiesen borrado cualquier duda en su cabeza.
- Yo te amo a ti, Marinette...- Decir el nombre de aquella chica junto a tan intima frase lo hizo caer en cuenta de la increíble experiencia que estaba viviendo.
Un gato negro también puede tener suerte... Pensó, sintiéndose feliz
Y así, tras haberse sincerado el uno con el otro, expresándo su sentir, Adrien retiró la fuerza que ejercía en sus brazos para retener a la azabache para así indicarle que continuara; ella no se hizo esperar y volvió a dirigir la punta del miembro erecto del muchacho a su entrada, jadeando al sentir caliente y sintiéndose ella misma mojar aún más ante lo que vendría después.
- Con cuidado...No quiero lastimarte - Pidió el rubio.
- Tranquilo...Estaré bien -
Marinette besó dulcemente los labios de aquel chico que tanto amaba mientras de dejaba caer sobre la pelvis de Adrien, pudiéndo sentir perfectamente cómo aquel trozo de carne se abría paso en su interior. Pronto ambos sintieron el inminente tope que marcaba la virginidad de la muchacha, sin embargo éste cedió fácilmente, haciéndo jadear de placer al rubio y contener la respiración a la azabache, apretándo los ojos con fuerza y parándo en seco toda acción, ésto hizo que Adrien se preocupara, acunando el rostro de la chica entre sus manos, mirándole preocupado.
- Hey...¿Estás bien? - Preguntó, plantándole un beso en la frente y después por todo el rostro en un intento por hacerla sentir mejor.
- Si... estoy bien, gatito - Respondió ella, justo como solía hacerlo cuando se encontraban en alguna lucha contra un akuma.
Él sonrió ligeramente ante aquella respuesta, no olvidándo la valiente forma de ser de aquella chica. Moría de ganas por moverse y volver a sentir cómo las paredes de la ojiazul lo apretaban dentro de ella, pero no quería ser el causante de nada que arruinara el ese momento tan especial
Marinette no tardó demasiado en retomar su tarea, confiada en que pronto ese ardor dentro suyo desaparecería, así que apoyándose en los hombros de su amado para ganar equilibrio e impulso además del que le daban sus piernas, comenzó con un suave vaivén de sus caderas sobre la anantomía de su pareja, quién ante tan delicioso sentir dejaba caer su cabeza hacia atrás de vez en cuando, pero nunca si apartar su mirada de la de Marinette.
Tras unos pocos minutos, Marinette comenzó a soltar jadeos largos y gemidos quedos, todo bajo la atenta mirada de Adrien ¿Había acaso mejor visión que la que ella le ofrecía? Montándolo y contoneando su cuerpo, meciendo sus senos al ritmo de sus sensuales movimiento.
Uf...estoy en el cielo
El rubio estaba maravillado con las nuevas sensasiones que su cuerpo y su mente experimentaban en conjunto, extasiandose con aquella humedad ajena que se extendía ahora también por todo su miembro y esa presión que lo estaba llevando al mismísimo paraíso.
Marinette, por su parte, al fin había dejádo atrás ese extraño ardor, reemplazándolo poco a poco con espasmos de verdadero placer en lo más profundo de su ser. Cada vez que la punta del miembro de Adrien tocaba su fondo se sentía increíblemente delicioso, animándola a seguir con movimientos aún más marcados para lograr hacer que esa misma sensasión pudiese repetirse una y otra vez.
- Wao... si pudieras...verte ahora...mismo... Te enamorarías de ti misma - Dijo el rubio con dificultad ante tanto movimiento, totalmente perdido en lo que veía; realmente embelesado por la erótica escena que le regalaba la azabache el verse totalmente entregada.
Marinette se sonrojó ante esas palabras, deteniéndo sus movimientos por el bochorno que le causó.
- Calla... no hagas que me avergüence -
- ¿De qué? Eres realmente hermosa...- Adrien estiró sus manos para alcanzar los elásticos que amarraban las coletas de la chica - y..¡dios!...eres realmente sexy - Tras lo dicho, jaló los elásticos hacia abajo con cuidado para retirarlos y deshacer el peinado de la azabache, lográndo así poder verla con el cabello suelto, aumentando la belleza de la chica ante sus ojos. Adrien se relamió los labios, demostrándo su creciente deseo. - Soy el gato con mas suerte de este jodido mundo -
Acto seguido, volvió a colocar sus manos sobre las caderas de Marinette y sin decir "agua va", comenzó a embestirla desde abajo, aprovechándo que aún se encontraba dentro de ella.
- Uhmmm... ¡A-adrien! - gimotéo la ojiazul, teniendo que reforzar su agarre sobre los hombros del rubio para no caer hacia el frente. - ¡Mmmhp, ah, dios! - El placer en su centro se estaba ocumulando, definitivamente el dolor había pasado por completo y ahora todo lo que podía sentir era placer infinito.
- Eres tan...estrecha... Es riquísimo - Decía él, ignorándo la tensión que comenzaba a acumularse en sus muslos, adbómen y caderas, así como la respiración que comenzaba a fallarle.
Marinette ni siquiera se molestó en contestar, estaba demasiado perdida en sus propios placeres como para que le fuese posible hacer algo más que gemir.
Un momento después, Adrien atrajo el cuerpo de Marinette al suyo al abrazarla por la cintura y espalda, obligándola a tener que reposicionar sus manos esta vez sobre el colchón, logrando así que los pechos de la azabache le quedaran justo a la altura perfecta para llevarselos a la boca, todo ésto mientras seguía penetrándola, aun que ya no tan profundo debido a la posición. Ella no podía quejarse en realidad, ya que se encontraba tan sensible que para ese punto era casi imposible para ella no sentir demasiado por mínimo que fuese el contacto entre sus sexos.
Adrien besaba y lamía los pezones delante suyo con total gusto, gozoso y excitado a tope, sintiéndo como poco a poco su orgasmo se aproximaba, por lo que un tanto a regañadientes paró en seco sus penetraciones para poder cambiar de lugar con su pareja, dejándola tumbada en la cama debajo de él, con una expresión un tanto confundida y de reproche al mismo tiempo.
- ¿Qué pasa...? - Preguntó, mientras veía como el rubio se acomodaba entre sus piernas, de rodillas en la cama.
- Quiero probar otra posición... ¿Te molesta, Bugaboo? - Decía él, mientras sostenía una de las torneadas piernas de Marinette para elevarla y colocarla sobre uno de sus hombros
- Lo que me molesta es que sigas llamándome Bug... ¡Aahh! -
La azabache no tuvo oportunidad de terminar su réplica, pues el rubio no quiso esperar a ello y entró de una firme estocada nuevamente en aquellas paredes calientes y resbaladisas.
Marinette descubrió que esa posición le brindaba mayor comodidad a ella y sobre todo: más placer.
¡Dios! ¿Cómo es posible poder sentir cosas tan intensas? No parece real Pensaba ella sin poder seguir quejándose de nada contra su querido compañero, ya importándole poco el cómo la llamase, lo único que ella quería era que no dejara de moverse, produciéndo así un curioso sonido de golpeteo, piel con piel, que le causaba morbo.
- ¿Y bien? - Preguntó Adrien, aminorando un poco sus penetraciones y besándo la pierna sobre su hombro.
- ¿Q-qué? - Preguntó esta vez Marinette, no sabiendo qué era lo que él quería saber.
- ¿Te gusta así o prefieres volver a lo de antes? - Él ni siquiera sabía como es que tenía la fuerza de voluntad suficiente como para contener sus ganas de arremeter contra la ojiazul.
Ella se mordió el labio inferior, no respondiéndo e impulsando sus caderas para conseguir que el muchacho entrase y saliese de ella en contra de su voluntad.
- Ah...maldición... Te mueves delicioso...- Gimió, dejándose llevar por las deseos de la azabache, jalándola hacia él por las caderas y penetrándola con fuerza y velocidad, mientras que ella clavaba sus uñas en sus muslos al no saber de qué otra forma intentar descargar tanto gozo.
- Me siento... Ah...dios, me siento a punto - Advirtió la azabache, notando cómo sus piernas se tensaban. - A-adrien... Voy a...-
El aludido besó los labios de ojiazul con ferviente deseo, extasiado por la escena y lo increíble que se sentía esa presión que a cada embestida lo apretaba más y más, sorprendiendose de si mismo al no haber cedido ya ante tan deliciosa sensación para terminar de una buena vez... Pero no, él quería hacerle disfrutar tanto como pudiera antes de su propia liberación...
...demonios, y no puedo terminar dentro de ella... No usamos condon Se lamentaba el rubio.
- Marinette, debo...uf, debo salir antes de terminar - Advertía mientras seguía penetrándola.
- No... por favor, quiero sentirte - Pedía ella, viéndose totalmente perdida, con los ojos entrecerrados debido a tan intenso placer - Está bien, no te preocupes, no pasará nada -
Me encuentro en un punto de mi periodo en el que no soy fértil... no debería pasar nada
- Pero...-
- ¡Adrien, solo hazlo! -
Un segundo después, la espalda de Marinette se arqueó involuntareamente y los músculos de su interior comenzaron a estrujarse sin compasión alguna sobre el miembro de Adrien, obligándolo así a alcanzar su propio orgasmo, vacíandose por completo en el interior de la azabache, quien logró sentir perfectamente el momento en que parecía hacerce aún más ancho de lo que era para después sentirlo derramarse caliente e increíblemente delicioso.
Ambos cuerpos convulsionaban ligeramente y Adrien se había dejado caer sobre el cuerpo de Marinette, no sin antes asegurarse de que ella estuviese cómoda y a salvo de su peso, saliendo de su interior con cuidado en un movimiento que les robó un suspiro a los dos e intentándo mantener la mayor parte de su peso sobre sus antebrazos.
Azul y verde se miraban con suma intensidad y amor, apenas terminándo de asimilar que la gran experiencia que acababan de vivir realmente había sucedido y que no se trataba de uno más de sus sueños; que se encontraban piel con piel, sintiéndose y diciéndose con la mirada lo mucho que se amaban.
Ambos se sonrieron con ternura.
- No puedo creer lo perfecto que ha sido - Susurró Adrien, dejándo caer un poco más su cuerpo para poder acomodar su cabeza entre los suaves senos de la azabache, a lo que ella reaccionó naturalmente llevando una mano a hacia sus mechones rubios para jugar con ellos.
- ¿Tu no puedes creerlo? ¡Yo no puedo creerlo! - dijo ella con voz de ensueño y una sonrisa permanente en su rostro, mirándo a ningún lugar en el techo - Fue... -
- maravilloso... - Completó Adrien.
- Si...- Admitió Marinette, sintiéndose increíblemente bien y plena, como nunca antes.
Se quedaron así unos minutos más; Adrien escuchándo como los frenéticos latidos del corazón de Marinette iban relajándose poco a poco y ella acariciando los suaves mechones de él, disfrutando de la calidez de su cuerpo sobre el suyo.
Al cabo de un tiempo, Adrien se acomodó a un lado del cuerpo de la azabache para no terminar por aplastarla con todo su peso, abrazándola por la espalda y apegándose a ella, sintiéndo con toda calma la suavidad de su piel y embriagándose con su suave aroma.
No supieron cuánto tiempo permanecieron así, en completo silencio, tan solo sintiéndose y sabiéndose cerca, pero cuando Marinette estaba por quedarse dormida entre los brazos de su querido gatito, unos pasos en el piso de abajo terminaron por hacerle abrir los ojos de golpe, con cara de espanto y tomándo su ropa como rayo para comenzar a vestirse.
- ¿Qué pasa, bichito? - preguntó un confundido Adrien, no sabiéndo si imitarla o no.
- ¡Ssh! ¡No hables! Ecuestate a la orilla de la cama y... - Tomó su peluche de gato y se lo aventó, comprobando que si lo cubriera lo suficiente - y no te muevas, no hagas nada... Mi mamá...-
- ¿Carino? ¿Puedo pasar? -
La voz de Sabine, la madre de Marinette, se escuchó justo desde debajo de la trampilla que conectaba directamente con el piso de abajo justo en el momento en que Marinette había bajado por las escalerillas que llevaban a su cama... y ahora mismo daba gracias a todos los cielos por que su cama se encontrara arriba o seguramente Adrien podría ser visto fácilmente.
- ¡Claro mamá! - Exclamó Marinette, habiéndose vestido con su pijama, aun que sintiendo una extraña sensasión en su entrepierna, fue entonces cuando recordó que Adrien había terminado dentro de ella, por lo que en ese instante sus movimientos se volvieron un poco más cuidadosos por la mera incomodidad que sentía por la humedad ajena.
Un segundo después su madre abría la trampilla por encima de su cabeza, tan solo para pasarle a su hija una bandeja con galletas de mantequilla recién horneadas.
- Toma, cariño. Creí que ya estarías dormida, ésta vez tu padre y yo teníamos un pedido de pastel y no pude subir antes a subirte la cena. ¿Terminaste con tu tarea? -
Marinette recibió gustosa la pequeña bandeja.
- Si, terminé desde hace un tiempo ya... ehm.. ¿Qué hora es? - Quizo saber, al no ser nada conciente del tiempo que había transcurrido en su encuentro con Adrien.
- Cerca de las once, así que no comas demasiadas galletas y ve a dormir, mañana tienes clases -
- Claro, gracias mamá -
Sabine se disponía a bajar por las escaleras para dejar a su hija a solas, sin embargo se detuvo, llamemosle instinto de madre, pero algo le decía que algo no era tan normal como solía ser.
- ¿Te encuentras bien, cariño? - Preguntó a su hija y ésta se alarmó un poco cuando la mayor hizo ademán de querer entrar a su habitación, aun que no lo hizo.
- S-si... Perfectamente ¿Por qué no debería de estarlo? - Decía nerviosa la azabache - No te preocupes, mami, en serio, todo está muy bien - Y no podía ser mas cierto, solo que era obvio que no le iba a decir que el amor de su vida se encontraba a unos metros de ella totalmente desnudo después de haber hecho el amor con él ¿Verdad?
Sabine sonrió, había algo en su hija que le decía que algo había sucedido, sin embargo confiaba en su hija y decidió no insistir más.
- Esta bien, hija. Buenas noches -
- ¡Hasta mañana! - Dijo Marinette animadamente, observando a su madre retirarse y cerrar la trampilla debajo de ella.
En ese instante Marinette corrió directo al baño para poder encargarse de aquella pequeña incomodidad entre sus piernas, notándo un ligero ardor en el área.
Cuando se disponía a regresar a su cama se llevó un buen susto al encontrarse cara con Adrien, recargado en el marco de la puerta en una posición coqueta y completamente desnudo todavía, regalándole una de esas sonrisas traviesas que bien le conocía a su alter ego.
- Así que... ¿Todo está "perfectamente"? - Dijo el rubio, no dejándole pasar.
Ella se aguantó una risita no pudiendo evitar sonreirle.
- Gato tonto... - Dijo a modo de respuesta.
- Hermosa catarina -
Marinette lo miró fijamente, sonrojándose a tope por el inesperado y bello contra ataque.
- De...deberías vestirte - Sugirió la azabache, intentando pasar desapercibido su, de hecho, notirio sonrojo, no pudiendo evitar admirar aquel cuerpo esculpido por los mismísimos dioses.
- No creo, más bien tu deberías desvertirte, Princesa -
El osado muchacho empujó suavemente a la azabache de vuelta al interior del baño, besándola lenta pero apasionadamente, cerrándo la puerta tras de si para inmediatamente comenzar por quitarle la blusa a la azabache.
- ¡Adrien! ¿¡Qué haces?! -
- Tranquila, prometo no hacer nada "malo". Solo quiero bañarme contigo ¿Se puede? -
Marinette se mordió el interior de la mejilla, pensando en la petición del rubio.
- Ok... ¡Pero no intentes nada!..Todavía no me recupero del todo... -
A Adrien le pareció graciosa la manera en que la azabache modulaba su tono y volumen de voz entre lo que decía, terminando con un susurro vergonzoso.
- Puedes confiar en mi, palabra de gato -
- En el único gato en el que confío eres tu...-
Entre besos, abrazos y caricias, Adrien logró despojar de sus ropas a su compañera, quién a ciegas había abierto la llave de la regadera para que el agua comenzara a calentarse.
Cuando al fin el agua estuvo a una temperatura adecuada, Adrien guió a la azabache hasta la lluvia de agua que les regalaba la regadera mientras aún seguía besándola, centrandose esta vez en la piel del cuello.
- Nunca me voy a cansar de esto - Dijo él, tanteando la pared de un costado para alcanzar el jabón en barra y así poder empezar a pasarlo por la espalda de Marinette, quien riendo gustosa lo dejaba maniobrar.
- Je, creo que ahora voy a extrañarte cada vez que me bañe sin ti - Decía la ojiazul, aferrándose en un abrazo al pecho y espalda del rubio.
- Me parece perfecto... Así nunca te olvidarás de mi -
- Nunca podría olvidarme de ti, chaton -
Continuaron aquel ritual sin mucha demora; Adrien asegurándose de limpiar cada parte del piel nivea y Marinette haciéndo lo mismo.
- Ven ¿Puedes sentarte en el piso? Quiero lavar tu cabello - Pidió Marinettte, a lo que el muchacho obedeció sin chistar, sentándose en el suelo mojado pero tibio debido al agua caliente.
Marinette tomó su shampoo y vertió un poco de éste directamente en el rubio cabello de Adrien, quién sonrió contento mientras dejaba que ella masajeara toda su cabeza.
- ¡Mmmmh! Huele riquísimo - Exclamó Adrien, arruyándose con el masaje y el aroma que desprendía el producto - Aun que tu hueles mucho mejor... - Puntualizó, seguro de ello.
Marinette rió, pero no dijo nada.
- ¿Marinette?... - Le llamó él después de un minuto.
- ¿Ajám? - Respondió ella, haciéndole saber que tenía su atención.
- Sé que no dijimos nada antes...o...durante, pero... ¿Qué pasará ahora con nosotros? Es decir... Tu, yo... nuestra relación...-
Marinette se enterneció, sonriéndo nuevamente mientras enjuagaba el cabello de Adrien.
- ¿A qué te refieres exactamente? - Preguntó, aún a sabiendas de lo que realmente quería decir él.
Adrien se levantó para encarar a la azabache, tomándola de las manos y acercándola a él.
- Tu... ¿Querrías ser mi novia? - Preguntó, decidido y completamente serio, como pocas veces se le solía ver. - Es decir, antes ya me has rechazado y... -
Marinette lo acalló posando un dedo sobre los delgados labios de su compañero, sonriéndole ligeramente, conmovida por aquella inseguridad que lo envolvía.
- Te rechacé incontables ocasiones siendo Ladybug e incluso lo hice siendo Marinette... E irónicamente lo hice pensando en ti, en Adrien Agreste, sin embargo muy en el fondo no quería aceptar que también me había enamorado de Chat Noir - Marinette se apegó al cuerpo del rubio, recargando su cabeza en su pecho, sintiéndose feliz al notar que los brazos del muchacho le correspondían y notando como los latidos se encabritaban una vez más - Por supuesto que quiero ser tu novia, nada me haría más feliz, gatito-
Adrien afianzó su abrazo, recargando su cabeza sobre la de ella, sintiéndose en paz y por primera vez en mucho tiempo, increíblemente afortunado y feliz. Tales eran sus emociones que ni siquiera encontraba manera de demostrarlo.
- Gracias - Apenas si alcanzó a susurrar con la voz quebrada.
- Gracias a ti, por nunca rendirte conmigo -
Toda inseguridad se había esfumado y por primera vez Marinette podía mostrarse como realmente era frente a Adrien, sin tartamudeos, sin palabras sin sentido, sin ese nerviosismo que la abrumaba y no la dejaba ser. Ahora no podría ser de otra manera, pues sabía que tenía frente a sí a la persona en la que más confiaba.
- Jamás dejaré de luchar por ti -
Un beso selló aquel trato en el que ambos se comprometían silenciosamente a nunca dejar ir al otro. El inicio de una relación que ciertamente sería difícil y bella al mismo tiempo, no imporándole a ninguno de los dos las barreras que tuviesen que atraversar para ser felices y eso incluía al famoso padre del muchacho, así como las muchas chicas que seguramente estarían en contra de su noviazgo.
- ¿Me ayudas con mi cabello, Chaton? -
Dijo la ojiazul ofreciéndole la botella de shampoo a su opuesto, quién contento aceptó y se dispuso a su tarea.
ooo
- Buenas noches, mi lady -
El héroe portador del anillo del gato negro hacía acto presencia en la cima de la Torre Eiffel a un lado de su compañera, saludándole galantemente, como siempre solía hacer.
- Hola, chaton. ¿Listo para el patrullaje? Hace tiempo que no lo hacíamos -
- Más listo que nunca, siempre es un placer compartir una noche a tu lado, Bugaboo. Pero me gustaría hacer algo antes de comenzar, si no te importa - Decía él mientras se acercaba al cuerpo de la heroina moteada, rodeando su cintura con un brazo y atrapando su rostro con su mano libre.
- ¿Qué pretendes, Chat Noir? - preguntó divertida y también ansiosa por querer que el gato completara sus intensiones - Déjame decirte que tengo novio ...-
Chat sonrió, siguiéndole el juego.
- Ah... ¿si? ¿y besa tan bien como beso yo? -
- pues... ahora que lo pienso, quizás es que ambos besan muy bien -
- Bueno, quizás deba besarte para que después puedas comparar ¿no lo crees, Bugaboo? -
- Quizás...-
Sin poder esperar más, ambos se fundieron en aquel anhelado beso que en un instante les robó el aliento y les aceleró el corazón, entregándose al otro sin ningún impedimento.
- No quiero...ser...aguafiestas, pero...- Intentaba hablar el rubio entre besos - ¿Te tomaste la pastilla? -
- Tranquilo, gatito. No será necesario, ya lo he comprobado, sabía que no pasaría nada porque acababa de tener mi período -
- Aunque debo decir que no me molestaría tener dos o tres gatitos en un futuro... Creo que por ahora es mejor no arriesgarnos demasiado -
Ladybug sonrió, sabiendo que se refería a una posible familia.
- A mi tampoco me molestaría - Admitió la azabache, colgándose del cuello del rubio y pegando su frente a la de él. - Pero antes debemos derrotar a Hawk Moth y terminar nuestros estudios -
- Si, bueno, pero tampoco me molestará intentar y fallar una y otra y otra vez. ¿Si me entiendes? - Chat le guiñó el ojo juguetonamente a su compañera.
La catarina se sonrojó al entender las palabras de su pareja.
- Creo que si... - Le besó en la nariz tuviendo que pararse de puntitas y enseguida se escapó de su abrazo para correr lejos de él, tomando su yoyo y hacerlo girar - ¡Pero ahora debemos patrullar! -
Y sin más, Ladybug saltó al vacío, haciendo uso de su yoyo para asegurar su agarre del edificio más cercano.
Chat Noir, por su parte, sonrió contento pensando en lo que les depararía el futuro...y por primera vez en mucho tiempo, podía asegurar que todo sería maravilloso si se encontraba a lado de la persona que más amaba.
FIN
Notas de la autora:
Fiiiiin! Madre mía! Ni yo me lo creo, al fin hemos llegado al final de éste two shots que terminó siendo un...¿Three shots? Jajajaja
Espero les haya valido toda la espera!
Ahora es momento de terminar con Siempre Tuya! Ya se acerca su final! ¿Quien espera ese nuevo capítulo?!
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