Capitulo 3
Disclaimer Como saben los personajes no me pertenecen, son de S.M. Solo la historia aquí presente.
Chicas y Chicos aquí les dejo el tercer capitulo, aviso que solo queda uno más para el final. Quiero agradecerles inmensamente por sus reviews, sus follows y favoritos. Es increíble ver las notificaciones en mi correo de personas a las que le guste lo que escribo. Me emociona tanto, que me anima a escribir. Es algo que me gusta mucho. Las(os) invito a que dejen su comentario, cualquier sugerencia que tengan es bien recibida. Gracias y no les quito más el tiempo a leer. Les recomiendo un poco el uso de kleenex. Tal vez sea necesario.
Edward POV
Mi respiración comenzó a volverse errática, sentía como una opresión aumentaba en mi pecho. Marie me contó que creía sentir la presencia de Ephraim en esta casa, acechándola y perturbando su ya inexistente tranquilad.
Y de pronto como un flash, vino a mi mente el recuerdo de ayer por la noche cuando me estaba bañando y me quede dormido y como pude sentir la presencia de alguien, que me miraba intensamente. Y que al abrir los ojos no había nadie, más que yo.
─Marie, tu mencionaste hace rato, que no te diste cuenta de mi llegada aquí a tu casa ¿Verdad? ─la cuestione algo nervioso
─No Edward, yo no te vi, puesto que no estuve aquí hasta por la noche que llegue y me encontraste en la cocina. ─respondió sinceramente.
─Marie, yo me quede dormido en la noche cuando estaba tomando una ducha, desperté por que sentí la mirada penetrante de alguien y cuando abrí los ojos no había nadie más que la puerta abierta, después baje para ver de quien se trataba porque yo recuerdo perfectamente haberla cerrado y al buscar fue ahí que te encontré ─le conté perfectamente lo que me sucedió por la noche y en su mirada lo único que había era miedo.
─Edward necesito que te vayas de esta casa rápidamente, no puedes permanecer en este lugar un minuto más ─contesto apunto de las lágrimas.
─No, Marie yo no te voy a dejar sola entiéndelo, no lo hare, te ayudare, yo te lo prometí y te juro que lo voy a hacer.
─Eres tan terco, no cabe duda, hasta en eso te pareces a mi Anthony. ─espeto furiosa
─No, la terca eres tu Marie. ¿Por qué crees que te voy a abandonar cuando te dije que te ayudaría?
─Por la única y molesta razón Edward Cullen, que así como yo fui capaz de confundirte con mi esposo, el infeliz de Ephraim también lo pudo hacer, y querrá matarte a ti también para seguir con su estúpida venganza.
─Yo… ─susurre y como un balde de agua fría todo lo que Marie me contó creo en mi un miedo irrefrenable, una potencial amenaza y no por el temor a morir, si no por dejar sola a el alma de esta indefensa mujer y permitir que el demente ese, la siga torturando como siempre.
─Marie pronto va a amanecer y no he dormido nada, necesito descansar un poco. ─fue lo único que pude decirle.
─Te entiendo Edward. Además por las mañanas no me encuentro en la casa, salgo a tomar aire y me dirijo hacia el cementerio, donde está enterrada mi familia, a llorarles en su tumba ─me explicó.
─ ¿Pero en la mañana Marie? ─cuestione sorprendido.
─Si Edward.
─ ¿Así que vas por ahí espantando a las personas eh?─le pregunte entretenido tratando de aligerar un poco la situación.
─La verdad no me importa Edward la gente de este pueblo tiene bastante imaginación y hace tantos años que paso lo que paso que hay personas que ya ni me tienen miedo, porque conocen perfectamente mi historia y saben que soy incapaz de hacerles algo. Además para mí la luz del sol es lo mejor que puede haber en el mundo, desde que la obscuridad de la muerte de mi familia llego a mí. Así que te dejo descansar y en la noche seguimos platicando. ─su tono de voz sonaba triste y cansado.
Lentamente Marie se acerco a mí y me dejo un cálido beso en la mejilla, después se aparto de mí y se despidió.
─Descansa y duerme Edward Cullen, que cuando regrese yo estaré velando tus sueños.
Marie camino por el gran recibidor y sin más su presencia se desvaneció por la puerta, sin necesidad de abrirla para poder salir.
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En la soledad de la inmensa habitación y recostado en la hermosa y cómoda cama reflexione todo aquello que había escuchado hace unas horas.
El hacerme participe de la terrible historia que Marie me contó, no hizo más que provocarme una terrible repulsión hacia el infeliz que por pura y desgarradora obsesión había destruido su felicidad. No le importo la tristeza y casi locura que provoco en ella. El maldito demonio sin remordimiento y sin sentimientos de por medio más que el odio y la venganza de un amor que jamás fue correspondido asesino de manera cruel a la familia de Marie.
Lo peor es que ese idiota estaba loco, solo una persona demente podría asesinar también a un niño pequeño que es incapaz de defenderse.
Un instinto de protección surgió en mí ante las palabras de Marie. Pero el ver la tristeza que reflejaba el rostro de esta hermosa mujer, se produjo en mí un vacio inmenso, como si de un solo tajo hubieran destrozado también mi corazón. Mi mente de escritor me permitía creer ciegamente en que tal vez mi cuerpo es la reencarnación de Anthony el esposo de Marie y como tal mi propósito es ayudarla a que encuentre la paz que ella tanto necesita.
No sé de qué manera la ayudare, pero le prometí que lo haría. Aunque eso signifique perder a esa mujer tan hermosa, que con tan solo mirarme fue capaz de derretir mi corazón.
Cerré los ojos y pensando que cuando despertara, Marie estaría aquí como me lo prometió. Me dirigí al mundo de los sueños sin que nadie me interrumpiera y así poder descansar lo más que pudiera, para al despertar encontrar la manera de alejar al infeliz demonio que como un depredador, está presto a destruir la poca esperanza que le queda a Marie por encontrarse con su familia.
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Me encontraba jugando con mi hermoso hijo Ethan en la gran sala, esperando a que fuera la hora para que mi amada esposa regresara de su salida con sus amigas. Aun a pesar de los 2 años que llevamos casados me gusta recordar lo impresionante que fue la manera en como aquella mujer había aparecido en mi vida. La verdad es que fui un tonto al haber esperado tanto tiempo para hablarle, pero cuando al fin me decidí a hacerlo, hice mi entrada triunfal como buen mozo, al rescate de la doncella que se encuentra a punto de caer en las garras del temible dragón, en este caso de su increíble inclinación por la torpeza y el peligro, cuando estaba a punto de caer al piso. En ese momento sus hermosos ojos verdes quedaron marcados a fuego vivo en mi memoria. Así que no deje pasar ningún tiempo más y me acerque a sus hermanos para pedirles el permiso de cortejar a Marie, cuando ellos aceptaron y más aun la dueña de mis pensamientos lo hizo me volví el hombre más afortunado del mundo. No hubo mayor momento de felicidad para mí que el hacerla mi mujer ante Dios. De la misma manera, cuando la piel de Marie fue mía por completo el día de nuestra luna de miel después de nuestra boda. Dicha que incremento con el nacimiento de Ethan.
Nuestra vida era perfecta, aun y sabiendo que había personas que no estaban tan felices por nuestra preciada alegría. Una de esas personas era Ephraim, el mejor amigo de mi mujer y su eterno enamorado. Hace mucho que no se sabe de él. Yo intente averiguar por el bienestar total de mi esposa, porque sabía perfectamente, que necesitaba de su presencia en su vida para ser completamente feliz, pero lo poco que supe es que la gente decía que había hecho un pacto con el demonio, del que poco se sabía. Pensando en que son simples suposiciones no quise atormentar a mi mujer con eso. Pero estaré al pendiente, del momento en el que algo llegue a ocurrir.
Mientras recordaba, mi pequeño se quedo dormido en el sofá, lo lleve a la recamara para acostarlo. Al dejarlo cobijado y seguro con la luz prendida por si despertaba no tuviera miedo al verse solo en nuestra recamara, baje a la cocina para preparar la cena y darle una sorpresa a mi mujer. Estaba concentrado preparando el pollo en salsa de mostaza que tanto le gustaba a Marie, cuando alguien toco la puerta. Me dirigí hacia el recibidor dispuesto a ver de quien se trataba, tal vez era mi despistada mujer que olvido las llaves, sin embargo cuando salí no había nadie.
Iba a entrar a la casa, pero justo cuando voltee alguien me abrazo por detrás, pensé que era mi esposa, solo que esos no eran sus brazos, estos eran mucho más fuertes y de hombre, sin darme cuenta por la rapidez del acto, me encajo un cuchillo en el pecho directo en mi corazón y caí de rodillas al piso.
─Vaya Anthony Masen, hasta que al fin nos vemos la cara.
Voltee mi mirada hacia arriba para encontrarme con los negros ojos del desgraciado de Ephraim Black. Quien me miraba con un gesto cínico y burlón en la cara.
─¡Maldito! ─le grite, lo más fuerte que pude.
─Ay infeliz, es mi momento para ser feliz con mi amada Marie y nadie podrá impedírmelo. ─una risa demente estallo en el silencio de la casa.
─Deja a mi mujer en paz ─intente pararme pero lo único que conseguía era ensuciar cada vez más el piso con sangre.
─No, no, no Tony, tú en unos cuantos minutos más morirás, ya solo me queda un estorbo del cual librarme. ─Mientras hablaba iba destrozando todo a su paso.
─No, mi pequeño no, el no tiene la culpa de nada.
─No. Claro que no tiene la culpa, pero no quiero tener que compartir a Marie con ese pequeño bastardo.
El perro ese, subió las escaleras en busca de mi hijo.
No podría permitir que el maldito le hiciera algo malo a mi niño, así que como pude me fui arrastrando por todo el piso, dejando el camino de sangre a mi paso, para que cuando llegara Marie, se percatara y le hablara a la policía.
Como pude me levante del piso y subí las escaleras lo más rápido que la herida me lo permitía. Justo cuando iba a terminar los escalones escuche el llanto de Ethan, sentía que mi corazón estaba a punto de romperse, por el miedo de que algo le sucediera. Las fuerzas me estaban abandonando y volví a caer al suelo. Me arrastre como pude a la recamara, pero cuando iba a entrar, me percate de que el llanto de Ethan había parado. Cuando entre, el desgraciado de Ephraim estaba asfixiando a mi bebe con la almohada. Gruesas lágrimas caían por mis mejillas. Quería levantarme y golpear al animal que estaba enfrente de mí. Pero no tenía fuerzas, lo único capaz de consolarme fue que moriría y mi hijo estaría conmigo. A donde sea que vaya estaré con él y nadie más podrá hacerle daño. Sin embargo mi amada mujer, se quedara sola e indefensa. Solo espero que llegue la policía, e intervenga por el bien de mi mujer.
El dolor se vuele insoportable. A lo lejos escucho los gritos de Marie, quiero decirle que se detenga, que no suba. Pero no puedo emitir sonido alguno, por más que intento, cada vez me cuesta más el respirar. Sé que mi mujer es adicta a buscar el peligro y subirá presa del miedo a buscarnos. Me doy cuenta que Ephraim se deja caer por la ventana. Cierro mis ojos y lo único que soy capaz de pronunciar y como un susurro es un "lo siento mi amor". No soy consciente de nada más que de la oscuridad en la que me estoy sumergiendo.
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─ ¡NOOOO! ─Me despierto gritando, mi cuerpo es presa del pánico y de una tristeza absoluta, no puedo recuperarme del estado en el que ese sueño me dejó. Por un momento fui capaz de sentir lo que sintió Anthony ese fatídico día. El miedo y la desesperación por no poder ayudar a su hijo Ethan.
No hay nadie, me fijo en mi celular y son las 10 de la noche, no puedo creer que haya dormido tanto tiempo. Me levanto de la cama para prender el foco. Extrañado de que Marie no esté a mi lado como me lo prometió. Me dispongo a entrar al baño, para darme una ducha, pero cuando estoy a punto de hacerlo, comienzo a escuchar el sonido de cosas rompiéndose. Mi corazón no se recupera aun de la pesadilla que tuve, me cuesta trabajo respirar. Marie tal vez puede estar en peligro. Por un momento me pongo en la piel de Anthony y en lo que sintió ese día. Como puedo, me salgo de la recamara. Escucho el grito de Marie.
─ ¡¿Qué es lo que quieres maldito?! Déjame en paz, no te das cuenta que por tu culpa mi alma no puede descansar. ─Marie lo cuestiona
─No zorra, no puedo dejarte en paz, llevo años esperando el momento perfecto para hacerte mi mujer y llevarte conmigo al infierno. No voy a permitir que el estúpido de Masen intervenga de nuevo.
Es la voz profunda de un hombre, la misma voz del hombre del sueño. El miedo me frena y me quedo parado en el pasillo.
─ ¡Anthony está muerto junto con mi hijo, tú los mataste! ─le grita desesperadamente.
─Mira estúpida, no juegues conmigo, se que él está aquí. Y justo como hace casi 80 años lo asesine, lo volveré a hacer y mil veces más, para alejarte de el nuevamente.
El miedo sale de mi cuerpo, siendo reemplazado por otra cosa, que no se explicar. Por un momento siento que no soy Edward Cullen. El alma de Anthony Masen reemplaza mi cuerpo, no sé cómo pero lo siento. Y como una fuerza invisible, me siento capaz de derrotar al maldito. Esta vez ella no está sola, esta vez estaremos juntos en esto y así será hasta que nuestras almas se vuelvan a encontrar.
Bajo las escaleras y lo veo. Un hombre de casi dos metros de altura, moreno y con los ojos más negros que la noche.
─Esta vez Marie no está sola ─hablo con un tono de voz fuerte y decidido.
Llego hasta donde se encuentra Marie, la miro a los ojos, me acerco a ella y le susurro al oído.
─Tranquila mi amor, ya estoy aquí ─amorosa y pacientemente tomo su mano, beso su mejilla y soy capaz de inspirarle confianza porque ella sonríe y sé que sabe quién soy.
─Aquí me tienes Ephraim Black.
─Vaya Anthony Masen, hasta que nos volvemos a encontrar.
Continuara…
