Capítulo 3

Pinkie Pie

La tarde se echó sobre Liberty City como un manto de colores apagados y poco brillantes; el estado de Alderney brillaba al norte y humeaba al sur, marcando la diferencia entre ambos extremos. Se suele decir que Alderney es la hermana fea de Liberty City, incluso sus ciudadanos evitan en todo momento entrar en dicho estado; no se sabe con certeza de donde procede semejante animadversión, muchos apuntan a que es cosa de los peinados extravagantes de los que hacen gala los aldernianos. O también es posible que el café cargado de las cafeterías tuviera algo que ver. Aún y con todo, la antipatía de los libertonianos por los aldernianos era más que palpable, por lo que siempre mantenían las distancias.

Mucha gente en Alderney asegura que su estado es el más representativo de América; y en cierto modo tienen razón, ya que posee cierto contraste que ni siquiera Liberty tiene. Los barrios del norte son eminentemente residenciales, con niveles de renta medio altos, sobre todo en la parte más superior como el barrio de Westdyke, donde se apiñan las mansiones más grandes y lujosas, hogares de ricos de alta gama y famosos tanto de medio pelo como de pelo completo.

En cambio en barrios como Leftwood o Alderney City se concentraba la parte más urbanística del estado, con empresas de envergadura media-alta de ancho capital y oficinas de lo más variadas, siendo el sitio a donde todo el mundo le gustaría vivir al menos por una vez.

En contrapunto, los barrios del sur eran completamente diferente; apiñados en una amalgama de fábricas, algunas de ellas abandonadas, almacenes, refinerías, industria pesada, un gran puerto comercial, una central nuclear y hasta una penitenciaría, el sur de Alderney era la zona más industrial de todas, donde se concentraba el sector servicios no solo de Alderney sino que hasta de la propia Liberty City. Eso, junto con algún proyecto urbanístico que la mayoría de la gente preferiría no habitar, hacía a sus barrios los menos populares de todos, viéndose como la cara fea y sucia del estado.

Aun así, había gente que le daba igual estos pormenores, sobre todo cuando para ellos no eran pormenores, sino un simple detalle; en esa categoría entraba Pinkie Pie. Pinkie es una chica polifacética en todos los sentidos, todo el que la conocía lo suficientemente bien lo sabía. Alegre, fiestera, imparable y pizpireta, Pinkie era sinónimo de diversión, todo el barrio de Leftwood la conocía por la misma razón; y no sólo porque todas las mañanas repartía el periódico a la misma hora a los vecinos yendo en bicicleta, organizara fiestas de cumpleaños a los niños o entretuviera a los más mayores con sus chistes y payasadas. De por sí Pinkie se había ganado todo el cariño del barrio casi sin proponérselo, y lo había conseguido simplemente yendo a trabajar siempre con una sonrisa y viendo la cara alegre de la vida, por muy dura que esta fuera. Siempre dispuesta a ayudar y a alegrar a los demás cuando estaban tristes o desanimados, Pinkie era la contraposición de todo lo que enfurruñaría a un americano de clase media.

-Esta ciudad necesita más gente como tú, Pinkie.

-Oh, me halaga usted señora Norrington, no es para tanto…

-¿No es para tanto dices? Tonterías, ya podría aprender la gente de ti… gracias por la fiesta del otro día que le hiciste a mi nieto, por cierto, le encantó.

-¡No es nada, ya sabe que a mí me encantan las fiestas! Y, por supuesto, cuente conmigo para la siguiente.

-Por supuesto, no se lo pediría a nadie más.

Aunque no tenía ningún trabajo fijo alternaba haciendo de todo un poco, lo que ella misma denominaba multitarea; por las mañanas repartía la prensa diaria recorriendo el barrio en bicicleta, cuidaba de niños pequeños por las tardes, organizaba fiestas de cuando en cuando, su especialidad, y hacia recados variados para todo aquel que la pidiese ayuda, incluso sin cobrar en ocasiones.

Aunque lo que más le gustaba a Pinkie además de las fiestas era cocinar, especialmente pasteles, tartas y casi cualquier cosa dulce que se preciara. Más de una vez había intentado entrar en la escuela de hostelería para poder obtener un certificado profesional, pero entre que el precio de la matricula se había disparado en los últimos años y cada vez la ponían más pegas siempre que lo intentaba, las posibilidades se reducían cada vez más. Aun así eso no la desanimaba y lo seguía intentado, aun a pesar de las negativas.

Una vez que terminó de trabajar por la tarde cuidando de un par de niños gemelos que ella conocía, Pinkie volvió a su casa andando, ya que no estaba muy lejos de allí. Leftwood destacaba por ser un barrio pequeño en comparación con otros más comerciales; situado a caballo entre Alderney City y Westdyke, el ambiente era más tranquilo y urbano, sin mucho tráfico por las calles y con una afluencia de gente más fluida y no tan densa como en los barrios aledaños. Los edificios poseían una estética muy americana, con tejados rectos, y diseños en ladrillo rojo y caliza. A Pinkie la gustaba mucho su barrio, era donde había nacido y crecido, y lo último que haría sería abandonarlo, eso por descontado. Allí era donde estaban sus amigos y conocidos, irse de allí supondría dejar todo lo que tenía atrás. Y eso incluía a sus padres y hermanas, por lo que ni siquiera se la había pasado por la cabeza.

Tras unos breves minutos llegó a su edificio y subió hasta el último piso, donde ella vivía.

-¡Ya estoy en casa!-exclamó ella nada más entrar.

-Ah, Pinkie, cielo… te ha llegado una carta certificada de la escuela-la comentó su madre en ese momento, saliendo de la cocina.

-¡Oh! ¿¡De veras?! ¡Dame, dame!

Su madre la entregó el sobre y Pinkie lo cogió con alegría contenida, esperando que fuera la respuesta ansiada; rompió la solapa superior directamente y sacó el papel, leyéndolo rápidamente. En un momento dado su sonrisa flaqueó en un flojo intento por mantenerla, cosa que su madre reparó enseguida.

-Oh, lo siento, cariño…

-No, no es nada… quiero decir, lo puedo volver a intentar…-murmuró Pinkie, recuperándose a trompicones.

-¿Y por cuánto tiempo más, Pinkie? No es que no quiera que hagas esto, ya sabes que yo te apoyo, pero el problema es que esa escuela es muy cara, los precios en Algonquin están por las nubes…

-¡Pero mamá, es una oportunidad única, y lo sabes! ¡Es la escuela de hostelería más prestigiosa de todo el estado, allí aprendieron a cocinar un montón de chefs y pasteleros muy famosos!

-Lo sé, Pinkie, pero apenas tenemos dinero…

-¡Me lo pagaré yo! ¡Para eso trabajo, para pagarme la matrícula! ¡Puedo hacer horas extras en casa de los Johnson, puedo pedirle a la señora Twee que me dé un adelanto de la fiesta de su padre! ¡Y si es necesario le puedo pedir al señor Morrison que me amplíe la zona de reparto! ¡Por favor, mamá, por favor, sabes que es mi sueño!

Ante eso su madre tan solo suspiró hondamente y con gesto apenado, como si se estuviera preparando para decir algo importante. Finalmente habló.

-Lo siento, cariño, pero no vamos a poder seguir intentándolo. Tu padre me ha dicho que no va a poner ni un dólar más de su parte, y ya sabes por qué no puede ser. Y él te quiere y te apoya, Pinkie, tanto como yo, pero es que son demasiados gastos, hija. Compréndelo.

Ante eso Pinkie no dijo nada, tan solo bajó la mirada con la boca temblándola, en un intento desesperado por mantener su sonrisa; sin embargo finalmente acabó por ceder, dibujando en su cara un triste semblante. Sin decir nada más a su madre se dirigió hacia su habitación, con paso lento.

-Pinkie, cariño…

Sin embargo ella no contestó, cerrando la puerta de seguido y encerrándose en su habitación; por su parte la señora Pie tan solo dejó escapar una dolida mirada, sin poder evitar sentirlo por su hija.

La habitación de Pinkie era muy colorida, pintada de rosa salmón y con otros colores fuertes y vivos; pero en ese momento Pinkie apenas se fijó. Con expresión vacía se tumbó en la cama, mirando al techo fijamente, como si se esperara encontrar algo en él. Normalmente ella no era de esas chicas que dejaban que la tristeza las embargara, pero en esos momentos sentía que necesitaba soltarlo, hablarlo con alguien.

Sin pensarlo más se levantó y se dirigió a su ordenador, un viejo sobremesa con pantalla de tubo que corría con la última versión de Windows gracias a que una vez llegó a organizar una fiesta para un chico del barrio que era programador, instalándola la última versión como agradecimiento. Lo encendió rápidamente y entró en el skype, echando un vistazo a la lista de contactos. Clicó en uno en concreto y lo llamó en videollamada. Tras unos breves segundos de espera, en la pantalla apareció una chica algo más mayor que ella, de pelo violáceo apagado y ojos grisáceos, con una expresión austera en su rostro.

-¡Hola Maudie!

-Hola Pinkie ¿Qué tal estás?-inquirió Maudie, con una absoluta cara de póker.

-Oh, pues…

Pinkie quiso continuar, pero entonces se quedó callada, con la boca semi abierta y expresión inacabada. En un momento dado Maud reaccionó.

-¿Qué ha pasado, Pinkie?

Sin decir nada más al respecto, Pinkie empezó a contarla lo que había pasado, tratando de verse lo menos triste posible, pero se podía entrever que la dolía más de lo que ella misma podría admitir. Una vez que terminó con sus explicaciones, Maud habló.

-Si lo que necesitas es dinero yo te puedo ayudar…

-No, no, Maudie, eso no, en todo caso querría pagármela yo, de mi propio esfuerzo. Entiendo que papá no pueda seguir ayudándome, pero… siento como si se me escapara mi sueño. Intento sonreír, ver algo bueno, pero es que no lo hay… no lo hay-masculló Pinkie.

-Sabes que no es un problema para mí, me va bien por aquí.

-No, no, de verdad, es solo que… necesitaba hablarlo contigo, eso es todo.

-Pinkie, sabes que una de las cosas que menos me gustan es verte infeliz. Soy tu hermana mayor, y como tal debo cuidar de ti cuando lo necesitas.

-Lo sé, y te lo agradezco, Maudie, pero quiero ganarme esto yo sola. Entiéndelo, por favor.

Por su parte Maud se quedó estática, con la misma expresión durante todo el tiempo que duró la conversación. Finalmente se pronunció tras unos breves segundos de silencio.

-Está bien, respetaré tu decisión. Pero ya sabes que sigo aquí si me necesitas.

-Gracias Maudie… te echo de menos ¿Qué tal por San Andreas?

-Bien, el norte es un buen lugar, hay sedimentos de todo tipo que originan muestras interesantes. El seco ambiente de Gran Señora y el influjo del pacífico también influencian mucho.

-Qué bien… cuéntame más cosas.

Cuando hablaba con su hermana todo lo demás parecía diluirse, como si no existiera, incluso los problemas más inmediatos. El resto de la tarde pasó rápidamente sin que Pinkie se diera cuenta. Al fondo desde la ventana de su habitación se podía ver el skyline de Liberty City brillando en la noche.


En un principio la historia y el trasfondo de Pinkie iba a ser muy distinto, pero al final preferí por algo mucho más sencillo, sobre todo teniendo en cuenta de que se trata de alguien como Pinkie. Además, ciertos detalles también están cambiados, pero la idea de ubicarla en Alderney sigue inalterada. En cuanto a Alderney se refiere está basada en Nueva Jersey y es un estado aparte, aunque comparte algunos servicios con Liberty City como el de policía o el de bomberos, pero administrativamente hablando van aparte. En cuanto a San Andreas es la misma que se ve en GTA V, ya que es la versión más nueva y actualizada de todas, pero por ahora no todas las tramas se desarrollarán allí. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!