NA: Hice una serie de cambios, pero lo hago con la mejor intención. Espero que no se enojen y los disfruten, recuerden que nada me pertenece.


Algo tiene el destino

III


Cuchicheos.

Cuchicheos.

Y más cuchicheos.

Uno pensaría que después de una semana y media los adolescentes de Tonan se cansarían de lo mismo, pero Kotoko comprobaba que no era así. Los demás estudiantes de su instituto se empecinaban en hablar a sus espaldas (incluso en su cara, en el caso de quienes le odiaban por su inteligencia) sobre la clase de vida que estaba llevando ahora.

Si un temblor de menor intensidad derrumbando su casa era suficiente para dar de qué hablar, que fuese televisado por todo el país y residiera en la vivienda del idiota enamorado de ella era la gota que derramaba el vaso.

(Que casi fuera un trending topic, el video con más vistos y la publicación con un desorbitante número de likes en la región no eran cosas que le gustara recordar).

No se cansaban de hablar.

E inventar.

Las veces que entraba a los sanitarios encontraba a las peores cotillas junto a la puerta en la espera de que diera arcadas, emocionadas por ser quienes hicieran saber la noticia de su embarazo.

¡Estúpidas!, pensaba la genio. Como si eso fuera posible en tan poco tiempo (y no es como si fuera a pasar en algún futuro próximo, o nunca, se decía con un ligero tono carmín en sus mejillas).

Si no era eso, en las paredes encontraba curiosos panfletos con mensajes y dibujos sobre ella y Naoki Irie.

Peor aún, una persona había hecho un blog —ahora con muchos seguidores— apoyando a la pareja y su idílica historia de amor.

Simplemente estaba sorprendida de los anodinos pensamientos que podían tener unos adolescentes inundados de hormonas y ni una sola neurona que pudiera hacer siquiera un trabajo mediocre.

Y para colmo de males, el otro involucrado recorría tranquilo los caminos de la escuela, guiñándole un ojo cada que pasaba junto a ella, sin intenciones de acallar las voces a su alrededor.

No era como si a ella le importaran los rumores, no, su paz era lo que quería de vuelta. Ya no podía ir a la biblioteca en calma, su lugar sagrado había sido profanado.

Eso tenía que acabar ¡ya!

Con un suspiro llegó finalmente a las puertas de la escuela, deseando llegar a casa de los Irie para leer con tranquilidad en la habitación que le había sido asignada; bueno, si es que podía, porque Machiko era una mujer demasiado insistente por atención, una hija y una nuera, y a pesar de dejarle descansar un tiempo, luego llegaba a ella haciendo cualquier clase de pregunta y nada sutilmente dejando entrever las buenas cualidades de su hijo.

¡Como si le vendiera un toro y no una mula!

Su padre tenía que apurarse en conseguir otro lugar para quedarse, pero viendo lo cómodo que estaba y lo mucho que tardó en hacerse con el dinero para la anterior casa, sabía que se avecinaba una larga estancia en donde los Irie.

—Escuché que ella fue quien pidió su mano a la familia por sus ideas liberales —pronunció una chica entre risitas, a su espalda, cuando bajaba los escalones de la entrada para llegar a los portones.

Puso los ojos en blanco internamente sin detener su camino.

—¡Naoki! —exclamó una chillante voz femenina en medio de la excitación que el final de la jornada traía, y sin siquiera proponérselo, a causa del acento, Kotoko la reconoció por haber tratado con ella hacía tres años, gracias a su fluido dominio del inglés.

Era Christine "Chris" Robbins, inglesa, cuyos padres se habían trasladado a Japón y que había batallado por mezclarse cuando su conocimiento del japonés dejaba mucho que desear.

Para ganar unos yenes, le había dado clases intensivas del idioma, sorprendiéndose de lo habilidosa que era la chica (no que fuera a admitirlo en voz alta). De manera penosa, Chris había sido colocada en el F cuando hizo el examen de ingreso (porque no lo entendía del todo), y cuando tuvo la oportunidad de hacer el cambio, decidió no hacerlo para quedarse junto al que decía era el amor de su vida, al chico que ahora llamaba.

—¡Otra vez están involucrándote con Aihara! ¡Sabes cuánto lastima a mi corazón oírlo! —profirió y muchos rieron a carcajadas.

—Qué patético —se dijo Kotoko en voz baja, deseando salir de una vez de los terrenos de la escuela, pero sin apresurar el paso porque ella no era así.

—A mí me parece lindo —comentó a su lado Satomi, una de sus compañeras de clase. —Y Naoki es guapo y simpático, aunque sus notas no sean sobresalientes.

—¿Tú también? —preguntó en tono irónico deteniéndose a mirarla.

—¿Me vas a negar que no te gusta aunque sea un poquito? —inquirió la otra acomodando su flequillo disimuladamente para voltear hacia donde el mencionado y Chris charlaban, acompañados por otros compañeros.

—No —soltó impertérrita.

Satomi dejó escapar un suspiro. —Qué mal, harían tan buena pareja. Imagina los hijos de ambos. Qué daría yo porque alguien así de apuesto me mirara. —Parecieron brillar estrellitas en sus ojos.

Una conmoción se hizo a su derecha y de soslayo notó que el grupo de Irie se aproximaba —a excepción de él—, junto a los típicos chismosos deseosos de qué hablar.

—Kotoko —Chris se acercó hasta ella y asió sus manos en un gesto de súplica. Ni porque era inglesa, pensó la aludida, terminando el contacto físico—. Dime que todo lo que dicen son mentiras y que no quieres quitarme a mi único amor —dijo con sus orbes cerúleos llorosos, y sus manos a manera de plegaria. —Que su poca inteligencia no te importa.

Se escuchó la réplica de Irie a lo lejos.

—Es un estúpido —respondió con acritud recordando la serie de cosas que decían sobre ellos y odiando la atracción que Chris estaba provocando. —No tiene nada de especial.

—¡Kotoko, no digas eso! Es el hombre más maravilloso del mundo —la rubia suspiró profundamente, y un par de exhalaciones a su alrededor secundaron sus palabras. —Pero no me has dicho si…

—El idiota puede tener mucho atractivo según ustedes, mas que no pueda alcanzar una buena nota significa que no es madera para buen esposo. ¿Por qué querría una genio como Kotoko a alguien así? —Jinko, otra de sus compañeras, que había permanecido callada a las palabras de Satomi, fue quien habló.

—Bueno, sí —admitió Chris frotándose la nuca, siendo ella la más lista de los de su clase—. No es muy inteligente que se diga —volvió a repetirse la queja de Irie—, pero lo solucionaremos cuando el momento llegue.

—¿Estás defendiéndome, Chris? —el castaño se abrió paso entre la gente, y su rostro lucía un poco enfadado—. Porque no lo parece —ironizó cruzándose de brazos.

—Naoki, tienes que admitir que no eres muy listo. —Una serie de asentimientos le siguieron a las palabras de un chico pelinegro, provenientes de las chicas que suspiraran antes. —Y que tus notas no son algo con lo que puedas hacerte de un buen trabajo, ni siquiera en la compañía de tu padre.

—Gracias, para eso son buenos los amigos —musitó Naoki con el rostro sonrojado.

—¿Ya lo ven? —intervino Jinko de nueva cuenta—. ¿Entonces por qué creen que un idiota como él podría tener algo con nuestra genio?

Los estudiantes de Tonan allí reunidos comenzaron a dar asentimientos, haciendo notar la falta de virtudes en ese aspecto de Irie, y lo inconveniente que sería continuar asumiendo que ella lo aceptaría. El recién hecho club de fans de la pareja tenía las cabezas bajas lamentando que él fuera tonto.

—Kotoko, aún no me has respondido —soltó Chris, su mirada se veía esperanzada.

Cómo era insistente, pasó por la cabeza de Kotoko, mirándola sin expresión, agradeciendo que en adelante su paz regresaría a ella. Había que terminar de una buena vez con eso.

—¿No ha preguntado Jinko quién querría a un idiota? —Rió entre dientes, aunque era consciente de que debía dar una respuesta clara. —Es él quien quedó claro hace una semana tenía sentimientos por mí —continuó burlona, desahogándose de los comentarios recibidos durante la semana, y unos pocos soltaron unas risitas.

—No se burlen —susurró una Chris comprensiva, acariciando el brazo del susodicho alentadora.

—¡Ya basta! —gritó Naoki, interrumpiendo a Kotoko antes de continuar. Ella enarcó una ceja. Chris se alejó sorprendida. —Puede que para todos sea un idiota de cara bonita —él se sonrojó al reparar en sus palabras, pero alzó su puño en posición de lucha—. Pero este idiota de cara bonita les va a demostrar que se equivocan —la miró con fijeza acortando la distancia entre los dos—, te venceré en los exámenes de medio curso y verás que no soy el idiota que piensas.

Kotoko dejó escapar una carcajada llena burla, y todos los demás presentes se rieron divertidos, incluso Chris agachó la cabeza apenada.

El rostro del castaño adquirió un bochorno inigualable y bufó.

—Bien —repuso cruzándose de brazos—. Apareceré en la lista de los cincuenta primeros, y veremos quién ríe al último.

—¡Ese es mi Naoki! —apoyó Chris aplaudiendo animada. —¡Demuéstrales! ¡Así seremos felices tú y yo cuando lo hagas!

—¿Qué! —exclamó él. —No, Chris, no digas eso, tú eres mi amiga. —Sus brazos se movieron agitadamente.

—¿No me digas que sigues enamorado de ella a pesar de todo? —Él se quedó en silencio. —¡Oh Naoki! ¡No dejaré de luchar por ti! ¡Ella no va a ganarme! —La rubia se lanzó a abrazarlo y Kotoko lo vio devolverlo incómodamente, aunque no con un gesto de desprecio, más bien de condescendencia.

Ella se rió entre dientes por lo patético de la escena. —Ya lo veremos —dijo antes de dar vuelta e irse decidiendo que su tiempo allí había acabado.

Y se le hizo extraño pensarlo siquiera, pero no supo si respondía a las palabras del idiota o al expreso desafío de la inglesa.

«...»

Tres días después, con su hermanito observándole preocupado desde su cama al ver los libros desperdigados por la habitación, Naoki se lamentó su ferviente declaración llevada por el calor del momento.

No le había gustado que se burlaran de él y de sus sentimientos, pero había que ser realmente un idiota para pensar que podría salir bien en los próximos exámenes si nunca había tenido buenas notas y no comprendía mucho de lo que veía en clases.

Se había humillado por completo en el patio, y lo haría otra vez cuando los resultados salieran, no iba a lograrlo.

—Me gustaría poder hacer algo para ayudarte —murmuró su hermano consolador.

—Gracias, Yuuki, pero no creo que nadie pueda ayudarme. Yo solo me metí en esto —cruzó sus brazos detrás de su cabeza y se recostó en el suelo. Suspiró. —Y pensar que quería demostrarle a Kotoko que soy bueno para ella.

—Podrías contratar un tutor —sugirió Yuuki, entusiasta. —Dile a papá y te dará el dinero.

—Pensándolo bien, no es una mala idea. —Esbozó una sonrisa, no todo estaba perdido.

Era un tonto por seguir teniendo sentimientos por Kotoko después de saber cómo ella lo repudiaba, mas no podía arrancárselos del corazón y hacer como si nada pasara. Si necesitaba pasar por alguien más listo para que ella le considerara, lo haría. No se rendiría tan fácilmente, él era una persona muy obstinada.

El llamado en la puerta lo sacó de sus ensoñaciones, en las que planeaba decirle el día siguiente a su padre sus planes.

—Pase —indicó incorporándose con una sonrisa para recibir a su madre.

—Cariño, me hace sentir tan orgullosa viéndote estudiar tanto para salir bien en las próximas pruebas —dijo ella hincándose en el suelo para abrazarlo—. Pero toma un descanso, mira lo que traigo.

Su madre sacó emocionada su teléfono y presionó algunas partes en la pantalla antes de ponérsela para que viera.

Sintió a Yuuki colocar su cabeza en su hombro para observar también.

Una horrible voz proveniente del teléfono los hizo apartarse horrorizados y su madre con rapidez redujo el volumen. Al acercarse nuevamente vieron en la imagen una niña de seis o siete años de aspecto familiar, cantando a todo pulmón.

O rompiendo todos los cristales, para ser exactos.

—¿Ella es quien creo que es? —preguntó entrecerrando los ojos, reconociendo los cabellos cobrizos de la chica de la que estaba enamorado, rodeada de un aire de inocencia.

—¡Sí! ¿No es adorable? No canta muy bien, pero… —su madre abrazó el teléfono a su pecho. —Se ve tan linda.

—Mamá, ¿cómo conseguiste un video de Kotoko cantando como cacatúa? —quiso saber su hermano, volviendo a su cama limpiando exageradamente sus oídos.

Naoki rió y su madre apretó los dientes.

—No seas grosero, Yuuki —reprendió ella—. Le dije a su padre que me hubiera gustado ver alguna foto de Kotoko de cuando era niña, y él contactó a un familiar de su esposa, que vive muy lejos con los demás, pidiéndole que le enviaran algunas de las imágenes que tenían con ellos, ya que aún no recuperaban todo lo que había entre los escombros.

Ella hizo una pausa para suspirar con tristeza.

—Un primo de Kotoko le envió esto, el video es de cuando han ido al pueblo, al parecer los tíos insisten en que todo los niños hagan una presentación de canto cuando son pequeños. ¡Es una suerte que no lo hubieran borrado! —exclamó—. ¡Es mejor que una simple foto sin movimiento! —celebró volviendo a reproducirlo.

Naoki sonrió admirando la felicidad de su madre, que finalmente tenía una hija bajo su techo.

Y sus ojos adquirieron un brillo sagaz maquinando una idea.

—Mamá —llamó y ella asintió—. ¿Crees que podrías enviármelo? —cuestionó sonriendo inocentemente.

Su madre respondió afirmativamente antes de comenzar a hacerlo.

Por eso amaba a Machiko Irie.


NA:

Saludos.

No podía dejar fuera la prueba humillante y cuando Kotoko se sitúa en la lista, ¿a que no?

¿Qué dicen del capítulo? Como dije, hice mis arreglos. Es la ventaja de los universos alternos, y además la inspiración me llegó de tal forma que cuando quise quitar las referencias a nuestros tiempos no me convencía el resultado.

También tuve que mover a los personajes a mi voluntad, pero lo hice de buena intención, que conste. Además estoy haciendo mi intento en humor, me gustaría tener sus apreciaciones.

Quise hacer el capítulo largo porque me ausentaré unas semanas por mis vacaciones, espero que hubiera sido para bien.

Finalmente, ¿algún comentario? A los autores nos ayudan a crecer, y aunque no escribimos por los reviews, son un buen aliciente para continuar ja ja =)

Cuídense.

Besos, Karo.

Reviews, reviews:

Laura Sofia: Gracias por el review, la verdad que no sé por qué tampoco no se me ocurrió antes (para pedírselo a alguien), pero imaginarse a Irie y a Kotoko invirtiendo sus papeles es súper interesante. Me alegro que te guste, ojalá que continúes leyendo.