Disclaimer: No poseeo ningún derecho sobre Scorpion o ninguno de sus personajes.
Muy agradecida a quienes estan leyendo, siguiendo la historia y comentando. Por favor haganme saber sus críticas. Este capitulo es un poco corto, pero es solo un preámbulo y promesa de que con lo que viene se van a derretir.
Incalculable
Capitulo III
Al día siguiente todos fueron a ver a Peige, ella estaba muy fatigada todavía, pero le dio una sonrisa a todos. Abrazo y beso mucho a Ralph. Se sentía tan agradecida de volver a tenerlo en sus brazos.
Todos estaban en la habitación Sylvester, Happy, Toby, Walter, Cabe y hasta Drew. En eso llego el doctor que la atendía.
-Buenas tardes. Agradezco mucho a todos la alegría que le transmiten a mi pasiente favorita, pero ella debe descansar.
-¿Su paciente favorita? Dijo Walter frunciendo el seño.
Todos se despidieron de Paige y salieron. Solo se quedo Walter.
-¿Cómo te sientes?
-¡Mejor!
-El doctor dice que en una semana podrás salir.
-¿En tanto tiempo? Yo ya me siento mejor.
-A mi me parece poco. Y aunque estos días que estes aquí vamos a cuidar de Ralph. Quiero que cuando salgas te vengas a vivir conmigo.
-¡¿Qué?!
-Si, se que talvez pienses que te sientes mas comoda en tu casa y yo podría llegar a cuidarte ahí. Pero en mi casa no harías nada, hay suficiente espacio para ti y Ralph. Siempre tendre algo a la mano para entretenerlo, además de que el resto del equipo me ayudará.
Peige no dijo nada. Solo veía fijamente a Walter.
-¿Acaso me estas preguntando o es una orden?
-Ya te dije que no te voy a dejar sola. Así que decide si tu te vienes a mi casa o yo a la tuya.
Peige hizo una mueca de cansancio y Walter se acerco a ella.
-¡Lo siento! No quice molestarte yo solo…
-Esta bien, solo dejame pensarlo.
-Si claro. Duerme.
Walter estaba muy feliz de terner a Peige de vuelta, pero la había observado cuidadosamente desde que despertó y sentía que algo le pasaba, algo diferente.
Así pasaron los siguientes días. Walter atento a cada cosa que ella necesitaba, con toda la amabilidad y cariño del que era capaz, contando que no era mucho lo que podía hacer. Pero Peige seguía extraña, fría, distante, nunca lo veía a los ojos, los escondía de de él. Solo cuando llegaba Ralph se veía feliz y relajada de nuevo. Walter estaba experimentando toda una oleada de nuevos sentimientos y sensaciones.
Por la gravedad de lo que ella paso, un psicólogo la estaba llegando a visitar a diario. Ella hablaba y hablaba con el, parecía que eran ya muy amigos. Una tarde Walter sintió que la sangre le hervía cuando vió por la ventana desde afuera como él abrazaba y consolaba a Peige, mientras ella era un mar de lágrimas. El quería ser el único que la abrazara y no solo eso quería hacer. Quería besarla, acariciarla, contemplarla de cerca por horas.
La semana pasó y finalmente Peige fue dada de alta. Walter le dijo a todos que le ayudarán a convencer a Peige de ir a convalecer a su loft. Y a peso de la insistencia de todos ella accedió. Esa tarde todos estaba en el garage decorando en motivo de bienvenida, esperando que llegara Peige con Walter y Cabe.
Peige estaba muy nerviosa, tendría que pasar mucho tiempo muy cerca de Walter. Efectivamente ella había pasado por un tiempo dificíl y sus sentimientos hacia Walter no habían cambiado, pero sus manera de pensar sí.
Esos hombres la habían golpeado, humillado y maltratado, pero lo que le afecto más, fueron los comentarios que le dijeron.
-¡Se olvidaron de ti! ¿Quién te va a reclamar? Por el niño rapido hicieron el trato. Pero como que a ti nadie te quiere.
Todas esas palabras y mas afectaron el inconciente de Peige. Y cuando se desperto en el hospital en los primeros instantes le dio gusto la actitud de Walter, pero rápido empezó a sabotearse ella misma.
-Solo lo mueve la lástima, la pena que le doy. (se decia a ella misma). Nunca le importe tanto. ¿Por qué ahora es tan atento? No puede ser que sienta algo por mi de la noche a la mañana, eso es imposible, me lo dejo muy claro anteriormente. Así que eso es, ¡solo lástima!
Peige dormia inquieta, soñaba que Walter la dejaba ahogarse en un pozo, que se reía de ella mientras la veía morir. Despertaba sudando y llorando. Esto no lo pasaba por alto a Walter, se preguntaba porque estaba tan inquieta y evidentemente seguia insegura. Esto lo afligia profundamente.
Una noche de las primeras desde que estaba ahí Paige hablaba con Cabe.
-Gracias por la ayuda. Me voy a descansar que mañana tenemos que salir temprano.
-De nada, pero tu no tienes porque acompañarnos, los chicos te traeran toda la información al terminar.
Walter se acerco y le dijo a Peige:
-Estas loca si piensas que vas a volver a trabajar, estas aquí para descansar.
-Walter yo ya estoy bien.
-Sabías que un 80% de muertes son recaídas por convalecencias mal cuidadas. Ven Ralph te llevo a dormir.
Peige los vió subir las gradas y se despidió del resto del equipo y se preparo para ir a descansar.
Walter había partido en dos su habitación con un biombo. La parte de Peige tenía una cama alta con edredones blancos, almohadas deliciosas, todo estaba decorado con luces blancas y tul.
La primera vez que Peige la vió quedo sorprendida.
-¡Walter es hermosa! ¿tu la arreglaste?
-Me alegra que te guste, si para ti.
-Pero me podría heber quedado con Ralph y no incomodarte en tu propio cuarto.
-No me incomodas, al contrario te quiero cerca.
Peige se sonrojo y bajo la mirada al piso. Al recordar lo que le dijo esa vez, pero la voz de Walter la saco de su ensoñación.
-Peige yo quería decirte…
-Walter tienes razón estoy muy cansada necesito descansar. Mañana podemos platicar.
-Claro, que duermas bien.
Peige se las arreglo para evitar hablar con Walter de otra cosa que no fuera laboral, por otros dos días, siempre encontraba una excusa.
Pero llego el día que por la noche:
-Peige ¿Cómo te sientes?
-La verdad cansada, pero bien.
-Ralph ya esta dormido y todo cerrado, subimos a dormir.
-Claro.
Walter subió detrás de Pige. Al entrar al cuarto Walter tomo las manos de Peige. La tomo desprevenida y no pudo esquivarlo.
-Peige tengo que decirte algo.
-Walter ya es muy tarde y…
-No, ya no puedo mas. Por favor escuchame.
Peige no tubo mas remedio que callar. Pero toda ella temblaba de tener a Walter tan cerca.
