Advertencias: Lemmon, yaoi, trío
.
5– Pijama – Dohko x Milo x Afrodita – 283 palabras
.
Estaban retozando en la cama, totalmente desnudos, los ecos del octavo templo devolvían sus risas y los chasquidos de sus labios. Milo siempre se ponía nervioso ante Afrodita, su compañero tenía una experiencia arrolladora y unos gustos exigentes que lo hacían sentir afortunado, pero vulnerable cada vez que compartían la cama.
El ruido de unos pasos se coló en lo profundo de su mente, mas se obligó a ignorarlo, si se distraía iba a hacerlo enojar. Afrodita en cambio lo empujó sin miramientos, preparándose a recibir aquel invasor a su privacidad.
Se trataba de Dohko, que vestido con una pijama con dibujos de animales llegaba con una sonrisa, si se percató de la situación que estaban compartiendo decidió ignorarlo. Su baja estatura y su cabello mal cortado le daban un aspecto absurdamente infantil, aunque la botella de vino que llevaba en el brazo desmentía su inocencia.
–No podía dormir, así que vine a compartir esto con ustedes.
Con total desfachatez se trepó en la cama, sobre las sábanas, colocándose entre ellos. Totalmente asombrados, los dos amantes aceptaron la copa que les ofrecía y se bebieron el vino. Era fuerte, y no tardó en embriagarlos.
A penas un poco más tarde la noche recuperó su ambiente inicial, aunque ahora la cama tuviera tres ocupantes y no dos. Sencillamente Dohko había escuchado los arrumacos y había querido unirse, le pareció que la forma más sencilla de lograrlo era no preguntarles.
A la mañana siguiente Milo supo que no tendría que volverse a sentir nervioso frente Afrodita, sí, el sueco era más experimentado que él, pero Dohko les había demostrado que –incluso los dos juntos– no eran más que un par de niños comparados con él.
.
.
6 – Taza – Kanon x Afrodita, Afrodita x Aldebarán – 208 palabras
.
Los habían plantado en el Santuario, todos los demás estaban realizando alguna misión larga e interesante y el patriarca había subido a Starhill. Ellos habían debido reunirse para acordar las guardias protectoras alrededor del Santuario, lo que decidieron hacer con una taza de café.
Era una situación extraordinariamente incómoda, porque Afrodita había tenido una relación romántica con ambos en el pasado… al mismo tiempo. Él no era un hombre serio, no lo había sido jamás; veía el sexo como un placer irrelevante, igual que una buena comida o buena pelea; compartía su tiempo y su cama con libertad y no solía involucrar sentimientos; pero ellos dos… ellos habían sido otra cosa. Inocencia y humildad por una parte, dominio y pasión, por otra. Ambos habían insistido en que podía ser algo serio, y habían sido tan persistentes… lo peor era que habría podido funcionar si no se hubieran enterado de la existencia del otro. En algún momento se habían juntado, habían hablado sobre él y la relación con ambos se había terminado el mismo día.
Por eso Afrodita hundió la nariz en su taza de café y aceptó que le asignaran todas las guardias nocturnas, era una venganza maliciosa, pero pequeña comparada con lo que les había hecho sufrir.
.
.
7 – Cena – Camus x Milo + Saga – 276 palabras
.
Cuando Saga supo que Camus y Milo habían iniciado una relación seria se presentó en el templo del Octavo custodio y le exigió que le invitara a cenar esa noche, dejándole claro que Camus tenía que estar presente también.
Milo se había irritado, luego se había llenado de nervios y al final había acudido con el francés para preguntarle si él sabía o podía imaginar qué podría querer el guardián de géminis. Camus trató de tranquilizarlo, aunque él mismo comenzaba a angustiarse. Saga era una presencia muy dominante en sus vidas y sin importar lo que quisiera decirles, dudaba de que fuese algo bueno. Casi se lo imaginaba negándoles de tajo verse, lo que sería sumamente ridículo.
Prepararon la cena juntos, en un tenso silencio; inconscientemente eligieron un platillo hecho a base de cabra, la carne favorita de Saga, y también eligieron vino griego. El invitado se presentó justo a las ocho, los saludó con amabilidad y se dirigió directamente a la cocina. Durante toda la cena nadie dijo nada importante, algún comentario hueco sobre el clima o la comida, poco más.
Después Camus preparó café y estuvieron mirándose las caras por un rato largo antes de que Saga se limpiara la garganta y comenzara a hablar. Al principio los nuevos amantes conservaron la cara un poco baja, avergonzados; después la subieron, sorprendidos; luego se sonrojaron; al final Milo estalló en risas, interrumpiendo el serio monólogo de Saga, increíblemente Camus lo secundó, aquello era más ridículo que lo que había imaginado. Saga había ido para darles una clase de educación sexual, por si no sabían cómo mantenían relaciones dos hombres, ¡era el colmo de la ingenuidad!
