Mientras corro hacia la plaza, oigo la voz de la alcaldesa. Está dando la bienvenida a todo el mundo, y pronto se pondrá a contar la historia de Panem y de cómo el Capitolio tuvo la bondad de dejarnos vivir y no borrarnos del mapa como hizo con el Distrito 13. Se supone que hay que llegar con antelación para escuchar todo el discurso pero nadie se ha dado cuenta, y la señora que pasa lista no hizo comentarios.
En cuanto entro, veo que está abarrotada. Frente al edificio de Justicia, se ve el escenario improvisado que han traído expresamente para la Cosecha. En él está la alcaldesa en el podio dando su discurso, y detrás sentado en una silla, está el escolta. Se llama Isaak Bagatelle y nos ha visitado cada año para llevarse a los tributos que nos representarán desde que tengo uso de razón. Al principio pensé que era una mujer, ni siquiera me dio pistas el hecho de que se llamase Isaak, que es un nombre de varón. Antes se ponía vestidos y llevaba el pelo largo, incluso su voz tenía un timbre muy femenino. Con el tiempo fue cambiando, seguía teniendo un cierto aire andrógino pero su apariencia era en general mucho más masculina.
Isaak lleva el look más natural que le he visto en años, que ya es todo un logro para alguien que viene de un lugar con tendencias tan efímeras como extravagantes. Pelo corto castaño con reflejos verdes. Flequillo largo peinado hacia un lado, tapándole el ojo derecho. Sus ojos son verdes, pero no un verde natural, sino de un tono más artificial e intenso, muy probablemente lentes de contacto, o algún tipo de operación quirúrgica. Llevaba puesto un sombrero de copa marrón oscuro con un traje marrón de terciopelo a juego, una pajarita verde con purpurina y un paraguas también verde; a pesar de que es un día soleado.
A su lado están los dos ganadores del distrito 3, Kernel y Beetee. Kernel como siempre sentado muy erguido. Cada año le veo en este mismo lugar, y cada año va igual de elegante. Parece un abogado. Kernel tiene fama de cínico, engreído y arrogante por los comentarios ácidos y cargados de veneno de sus apariciones televisivas. Sus labios muy finos, casi siempre están torcidos en una media sonrisa; su nariz es estrecha, sus ojos, algo ojerosos y de un azul muy claro, están situados bajo unas cejas prácticamente rectas; tiene un hoyuelo en la barbilla impecablemente afeitada y en su cuello una nuez muy marcada. Kernel es alto pero delgado, y un área inquietante que te hace sentir incómodo y expuesto sólo con mirarlo. Incluso su ropa tiene algo perturbador, un traje negro perfectamente planchado, sobre una camisa blanca sin una sola arruga, una inmaculada corbata a rayas azules y negras, sin olvidarse de sus pantalones y sus zapatos relucientes.
Es curioso que una persona como él compartiese el nombre de mi padre, tan cordial y siempre de buen humor.
Mucha gente no ve a Kernel como un ganador real. Dicen que lo único que hizo fue huir y esconderse, y salir el último día a rematar al último tributo malherido. Sin embargo, él ha sabido siempre defenderse de esas acusaciones, sin miedo a decirlo en público. En verdad... a la gente le gusta un buen duelo verbal de vencedores. Después de los juegos escogió como su talento la psicología, incluso ha publicado un par de libros al respecto. Así que sabe cómo defenderse en un debate, sobre todo si se trata de él mismo.
Yo creo que él es un ganador legítimo, estoy de su parte, aunque eso no quita que me parezca intimidante.
Beetee también iba muy bien vestido, pero más casual, no llevaba corbata, y se había dejado crecer una perilla. Su pose era también más natural. Recuerdo cuando él ganó. Nadie se esperaba que los Juegos iban a terminar en ese mismo momento, pues aún quedaban bastantes tributos en la Arena. No recuerdo exactamente cuántos, solo se que antes de él, un tributo del distrito 4 tenía el record de ser la persona que más contrincantes había aniquilado de una sola vez. Un tipo que atrapó a tres tributos en una red y los sumergió en un lago hasta que murieron asfixiados. Beetee le arrebató ese título y desde entonces, nadie le ha superado. Es un logro algo macabro a decir verdad y no creo que él esté orgulloso de ello. Pero le salvó la vida y es lo que cuenta.
Hubo también una ganadora en nuestro distrito, pero ya hace algunos años que murió. Fue algo inesperado y extraño. Hubo mucha polémica al respecto porque su familia quería enterrarla en el Distrito 3, su patria y hogar, pero como ganadora de los Juegos del Hambre, debía ser enterrada en el Capitolio junto con todos los otros. Así son ellos. Hasta de nuestros fallecidos se adueñan.
Me tomó unos minutos encontrar a mis amigas entre tanta gente. Penny y Canaima. Penny tiene 18 años, así que es su último año y está bastante afectada porque está convencida de que ella va a salir elegida. Lleva semanas así. Canaima tiene mi edad, 15 años. Las tres vamos a clases juntas y somos sujetos de experimentos. Penny y yo de alimentos y Canaima de cosméticos y productos de belleza. El peligro de este trabajo es que nunca sabes si al probar algo te va a afectar o no. Canaima perdió todo el pelo por culpa de un tinte y su cuero cabelludo se vio rojo y descamado hasta que el nuevo pelo empezó a crecer. Eso fue hace un par de meses. Ahora tenía el pelo muy cortito, como un chico. Pero como se solía quedar con algunas muestras de maquillaje de las que probaba, aún seguía viéndose femenina.
—¡Hey Wiress! ¡Aquí estamos! —dice Canaima haciéndome señas en cuanto me ve.
Yo me acerco.
—Siento llegar tarde, fuimos a recoger a papá a la estación y perdimos la noción del tiempo. ¿Cómo están?
—Mal —dice Penny—. He soñado que salía elegida y seguro que ha sido un sueño premonitorio.
Penny tenía los ojos muy rojos e hinchados. Me podía hacer una idea de por qué.
—No vas a salir. Ya lo verás —le dije para animarla—. Yo también estoy preocupada, todos lo estamos, pero lo que tenga que pasar pasará igualmente, independientemente de nuestro estado de ánimo.
—Wiress tiene razón, Penny. Yo también lo estoy, pero no vale la pena preocuparse, en unos minutos escogerán a alguien y estarás libre para siempre de esta cosa. Piensa en eso.
—Por cierto —pregunto a Canaima para alejar la conversación de ese tema—. ¿En serio es ese Isaak o es su hermano gemelo malvado?
—Te juro que yo me pregunté la misma cosa. Pero al parecer sí que es él.
—Quizá en el Capitolio está de moda este año el vestir normal.
—¿Ser un bicho raro es cosa del ayer? —dice Canaima imitando a un anuncio televisivo—. ¡Conozca las últimas tendencias en el Capitolio! ¡Sea normal!
Ambas reímos bajito. Incluso Penny esboza una sonrisa.
—¡Atención! —prosigue Canaima—. ¡El tarado va a hablar!
—...así pues, es hora de pagar por nuestros errores, mostrar arrepentimiento y dar las gracias. Panem hoy, Panem mañana, Panem para siempre.
Y con eso, igual que todos los años, el discurso de la alcaldesa llega a su fin. No había que ser un experto para darse cuenta que ni ella misma se tragaba toda esa sarta de tonterías sobre pagar por los errores. Ni ella ni nadie. Ya han pasado dos generaciones desde los Días Oscuros. Nadie en este lugar, ni los hijos de nadie en este lugar, tenían un error por el que pagar.
A pesar de haber perdido ese timbre tan femenino, la voz de Isaak aún se nota más aguda que una voz masculina media. Isaak habla con mucha parsimonia. Recreándose en sus palabras, como intentando crear expectación.
—¡Bienvenidos todos, chicos y chicas, candidatos a la selección de un tributo que representará a su hermoso distrito, en la edición número 47 de los Juegos del Hambre! ¡Es un gran honor para mí, estar aquí con todos ustedes, siendo parte de este día, que sin duda alguna pasará a formar parte a la historia de Panem! ¡Diviértanse, y que la suerte esté siempre de vuestro lado!
Mientras habla, Isaak se posiciona al lado de la gigantesca urna redonda que contiene los nombres de todas las chicas del distrito de entre 12 y 18 años. Cuatro de esos papeles son míos.
—¡Una muy afortunada muchacha está a punto de convertirse en el Tributo de este año! —Insiste Isaak metiendo su mano enguantada en la urna con delicadeza.
Miro a mis amigas. Canaima se muerde las uñas y mira al escenario. Penny tiene los ojos cerrados, los dedos cruzados y susurra sin parar "Que no sea yo, que no sea yo..."
—Wiress Redfern
Es difícil explicar con palabras lo que sentí en ese instante. Algo grande, terrorífico, como si el universo entero acabase de darme un gancho de izquierda. Siempre me auto convencí de que no me iba a pasar a mí. Y... aunque nunca me creí del todo lo de que nunca me pasaría a mí, cuando mi nombre salió de los labios de Isaak, nisiquiera parecía real...
—Wiress Redfern? —repite Isaak.
De forma casi refleja, cubro mi boca con las manos. No puedo ser yo.
—Wiress... —dice Canaima dándome una leve sacudida—. Debes ir al escenario.
Yo niego con la cabeza.
—¡Hello! ¿Alguno de ustedes conoce a Wiress Redfern?
Penny me toma de las manos.
—Ya sabes lo que pasa con los que no van por las buenas. Lo vemos todos los años. Los llevan por las malas, y no es agradable. No dejes que todo el distrito vea en directo como te lastiman. No les des esa satisfacción.
Canaima me limpia las lágrimas que ya comienzan a brotar con su manga.
—Se fuerte. Por nosotras. Por tu familia.
Les devuelvo la mirada y asiento, caminando muy despacio. Las chicas a mi alrededor me ven avanzar y se apartan para ponérmelo más fácil hasta que por fin, Isaak me avista.
—¡Ahí estás! ¡Vamos sube, no seas tímida!
Isaak baja del escenario hasta donde estoy yo, toma mi mano delicadamente y me ayuda a subir. Miro a la gran pantalla y mi cara está en ella. Sé que suena demasiado absurdo, pero mi primer pensamiento fue, "¿Por qué me veo como si me acabase de levantar?" y el segundo, arrepintiéndome inmediatamente después de haber pensado lo primero fue: "Voy a morir...". Ojalá me permitiesen irme ya adentro del palacio de Justicia. No me gusta ser el centro de atención y ahora, en este preciso momento, todo Panem me está viendo.
El hecho de que los ojos de todos se vean como si estuvieran en un funeral tampoco ayuda. Penny y Canaima también se ven así.
Isaak ya está sacando un papel de la otra urna.
—Core Oakes.
Core Oakes. Inmediatamente reconozco ese nombre. Fue bastante nombrado hace un par de años por ser uno de los pocos supervivientes de un incendio que mató a más de 30 personas. El incendio comenzó en uno de los pisos centrales del edificio donde vivía. La gente de abajo pudo escapar sin problemas pero los que vivían arriba quedaron atrapados. Los escasos servicios de emergencia que tenemos se centraron en rescatar a la gente sacándolos por las ventanas, pero la operación iba despacio, porque era complicado alcanzar a los pisos más altos.
Core fue uno de los pocos que intentaron pasar a través del fuego y lo logró. Lo que le dejó como recuerdo un gran parche de carne quemada en la parte izquierda de su frente que al final quedó reducido a un amasijo de piel cicatrizada y algo rojiza. Su madre y su hermana, fueron rescatadas por una ventana, pero sólo su madre sobrevivió, la niña murió al poco rato por intoxicación de monóxido de carbono, al igual que muchos otros. Gente de todas las edades murió aquel día.
Tres días de luto oficial fueron declarados en el Distrito 3, y los supervivientes aparecieron en programas de sucesos nacionales. La historia de Core era tan triste, que muchísimos habitantes del Capitolio se pusieron en contacto con él y sus padres para darles ánimos y transmitirle sus condolencias. Incluso algún que otro benefactor le envió donaciones y un angelito de piedra tallada para la tumba de su hermana. Cosa que no se puede permitir mucha gente.
Debe de sentirse irónico, escapar de la muerte para ser convertido en tributo dos años más tarde. Pero después de analizarlo más a fondo me doy cuenta que Core tiene ventaja sobre mí. Si ya había burlado a la muerte una vez ¿Por qué no lo iba a hacer dos?
Me imaginé la posibilidad de que en lugar de mi nombre, Isaak hubiese sacado el de otra chica. Ahora mismo estaría ahí abajo con mis amigas transmitiendo mi total y sincero apoyo por Core. Pero soy yo la tributo, y no otra chica. Y aún así, una parte de mí ya lo apoya.
Cuando Core sube al escenario, la alcaldesa procede a leer las reglas de los Juegos del Hambre, como si alguien pudiese haberlas olvidado. Es algo que está obligada a hacer, y saltárselo no es una opción. Cuando termina, todos se levantan de sus sillas, el himno nacional suena y Core y yo nos damos un apretón de manos. Le miré a los ojos, tenía curiosidad por saber cómo estaba afrontando el ser elegido. Su mirada estuvo todo el rato clavada en el suelo. Me dio un apretón de manos breve pero firme, y tras eso se volvió a posicionar de cara al público mirando a la nada.
El himno nacional terminó y nos dispusimos, por fin, a abandonar el escenario. Isaak nos pasó el brazo por los hombros a mí y a Core y lideró el paso. Detrás iban Beetee y Kernel, y detrás la alcaldesa con un Agente de la Paz a cada lado.
Por alguna razón, me sentí algo molesta por el contacto físico con Isaak. Me hizo recordar a ésta mañana, cuando volvimos con papá de la estación. Curioso como ese momento, parecía haber pasado hace muchos años, cuando en verdad solo habían pasado unas horas.
Isaak nos iba explicando todo lo que iba a pasar en el Edificio de Justicia, todos los documentos que teníamos que firmar y cómo se iban a organizarlas despedidas. De cualquier modo, era un alivio estar por fin fuera de antena. Lo peor del día había pasado ya. Necesitaba un momento de tiempo a solas, para poner en orden mis pensamientos y analizar la situación detenidamente.
Llegó la hora de separarnos. La alcaldesa me asignó a mí un Agente de la Paz y otro a Core.
—¡Bueno chicos! Nosotros tres nos vamos a tener una charla para hablar de nuestras primeras impresiones sobre ustedes. Nos vemos dentro de un rato —dijo Isaak.
—Vayan ustedes delante, quiero decirles una última cosa a nuestros nuevos Tributos —dijo Kernel.
Era raro ver a alguien que tantas veces has visto por televisión referirse a nosotros. Kernel se nos acerca y nos mira. Yo le devuelvo la mirada pero no consigo descifrar qué es lo que está pensando. De reojo, veo que Core sigue mirando al suelo.
—Sé lo que están pensando, porque muchos tributos antes que ustedes también pensaron lo mismo: que la peor parte del día ya ha pasado. Pero les advierto, que no es así. Vuestra familia necesita vuestro consuelo, y ustedes deben dárselo. Si pensaron que iba a ser al revés, quítenselo de la cabeza.
Él espera a que contestemos algo, pero ni yo ni Core decimos nada por lo que él se gira y se va tras Beetee e Isaak.
No había pensado en eso. Mis padres me visitarán y probablemente también mis amigas. Y estarán dolidos. Pero ahí estaré yo, tratando de hacerles sentir mejor a ellos a causa de mi participación en los Juegos del Hambre. Sé que estarán muy asustados, se que todo esto es aterrador, desesperanzador, inmenso... pero las palabras de Kernel me hacen darme cuenta de algo: no debo darle poder sobre mí al miedo. Me niego.
El miedo no es más que una emoción. Es una reminiscencia de nuestro origen animal. Lo que activa el reflejo de lucha-huida cuando nuestro cerebro percibe un peligro. Pero en mi caso, no me va a hacer ningún bien tener a mi cerebro ocupado creando miedo y enviándolo a través de mi médula espinal a todos los rincones de mi cuerpo.
Es cierto que estoy aterrada, y es cierto que muy posiblemente no salga de esta. Pero me propongo reconocer mi miedo, admitirlo, analizarlo y después, dejarlo ir por donde vino.
Bueno, así fue el día de la cosecha para Wiress. Fue algo triste escribir sobre ello pero yo confío en Wiress, ¡ella es fuerte y saldrá de esta! Además tiene a Beetee y Kernel a su lado. ¡Ánimo Wiress!
Quiero agradecer a los que me habéis dejado reviews Tris, y Guest y DanRo cuyo fanfic inspiró el que escribo. (Leanlo!)
Como música de los créditos pueden escuchar (si quieren) la canción Dead Meat de Sean Lennon. Es una canción sobre alguien que quiere minar los ánimos de otra persona con amenazas y desprecios. Creo que le pega mucho a un día como la Cosecha, porque es un momento que simplemente te roba la energía, y te deja por los suelos.
Por cierto ¿En qué distrito les gustaría vivir? Yo en el Capitolio (ok no D:). Creo que de todos el más lindo es el Distrito 4. ¡Extraño el mar!
Saludos.
