Hola, aquí finalmente con la tercera parte. :)
Prosigan.
Laugh maker
Luffy disfrutaba del viaje en el auto; cantaba y tocaba todo lo que fuera tocable: tablero, la ventana, el espejo a su costado -sí, iba con la ventana abierta-, el asiento, etc. Law miraba de reojo de vez en cuando, pues no se podía distraer demasiado al estar en el volante, aunque era consciente de que se estaba distrayendo por estupideces.
-Oye, mantente quieto y no saques la cabeza –advirtió Law, porque el chango de un momento a otro sacó la cabeza, abriendo la boca y dejando entrar aire a su cavidad. A estas alturas ya no le parecía tan extraño tal comportamiento, pero más le molestaba que ahora ya no le pareciera raro. Aún así el chango le provocaba ansiedad.
-¿Por qué no? –inquirió con la boca abierta. Law no tenía idea de cómo Luffy era capaz de articular palabras sin que sus labios se topasen.
-Porque si pasa un camión muy cerca del auto, te arrancará la cabeza, idiota –era obvio para Law, aunque en alguna parte de su corazón gustaría de ver tal escena.
-¡Ah, cierto! –exclamó al sentarse adecuadamente.
-Mejor dime por dónde debería ir, a este paso no llegaremos si te sigues distrayendo –Trafalgar hacía el intento de no acelerar mucho y pasar -inconscientemente- un poco más de tiempo al lado del estrafalario chango.
-Hm, por aquí –señaló el punto exacto en el GPS del auto.
Law frunció levemente el entrecejo, percatándose de que muy pronto llegarían y ya no podría pasar un poco más de tiempo junto al otro. No obstante, Luffy quien iba distraído con los autos que pasaban, vio un puesto de croquetas de pulpo a lo lejos. Al chico le brillaron los ojos, al mismo tiempo que un fino hilo de saliva caía de la comisura de su boca. -¡Detente! ¡Croquetas! –exclamó.
El futuro doctor no entendió el orden de esas dos simples palabras: ¿Acaso Luffy le decía a unas croquetas que se detuvieran o le decía a él que se detuviera por algunas croquetas? Lógicamente él se fue por la segunda opción, pues se estaba acostumbrando al extraño léxico del menor.
Él se detuvo casi de golpe, a sabiendas que lo podrían multar por estar en medio de la calle. -¿Y ahora qué? ¿No que estabas urgido por ir al mentado restaurante?
-Así es, pero quiero eso –señaló con su dedo índice; aún chorreando baba de la boca.
Law chasqueó la lengua, pues Luffy podría llegar a tener similitudes con el género femenino: ser indeciso. -¿Croquetas de pulpo? –masculló. –Está bien –arrancó el auto, yendo por una vía alterna para dar la vuelta e ir al puesto.
Por dentro Law se seguía cuestionando: ¿cómo es posible que un simple chango le diera órdenes? Y más importante: ¿por qué diablos le hacía caso? Ah, sí, el susodicho aburrimiento. Igual no esperaba hacerle caso a otra persona por muy aburrido que estuviera, pues ya tiene tiempo de estar aburrido y no le hace caso ni a sus pies cuando quieren caminar.
Tardaron alrededor de tres minutos en llegar al puesto. Luffy fue el primero de bajarse del auto, dejando una estela de polvo por ir corriendo. Law al salir del auto le miró, desconcertado. Él siguió lo mejor que pudo los pasos del otro. El simio ya estaba sentado en la banca de la carreta de croquetas, donde una mujer de apariencia joven, linda y sonriente atendía el negocio.
-¡Lo quiero todo! –alcanzó a escuchar Law de la boca de Luffy. Él aún ni llegaba y el otro ya estaba a punto de devorarse el puesto.
-Como gustes –respondió la chica de cabellera verde.
Trafalgar finalmente hacía su aparición, notando que Luffy parecía un grifo averiado: no dejaba de chorrear baba. Él se sentó con las piernas encima una de otra y con los brazos cruzados, sin decir nada.
-¿Vas a desear algo? –preguntó la chica en dirección al joven estoico.
Law, para variar, gustaba de mal interpretar esas preguntas en su cabeza: "Si fuera a desear algo, genio de las croquetas, sería la extinción de la humanidad". –Nada –contestó a secas.
-¡¿Cómo?! ¿Por qué? –preguntó Luffy, volteando su mirada hacia Law. -¿Acaso no tienes hambre?
Trafalgar desvió la mirada al encontrarse con la de Luffy. –Estoy bien así.
-¿Entonces puedo comerme las tuyas? –preguntó sonriente.
-Como gustes.
-¡Eres un buen sujeto! –exclamó al acercarse con las manos estiradas a Law, abrazándolo en el acto.
¿Un paro cardíaco? ¿Taquicardia? ¿Qué era exactamente lo que estaba sintiendo Law al ser abrazado? Él no estaba acostumbrado a esa clase de afecto ni mucho menos tolerarlo, aunque esto no quería decir que fuera antropofóbico*, pero solía irritarle tales gestos. No obstante; esta vez era diferente: no solo sentía que su corazón iba a salirse de su pecho, sino que toleraba el abrazo de Luffy.
Él no hizo ningún movimiento para quitarlo, tan solo se dejaba hacer, cabizbajo y con la mente en blanco. Pero tenía que hacer o decir algo, hizo lo posible por reaccionar rápido: asintió suavemente.
Luffy se despegó, sonriendo y viendo a la chica de pelo verde cocinar las croquetas. –Oye, ¿y cuál es tu nombre? –preguntó sin apartar la vista de su objetivo.
-Soy Keimi*.
-Oh, Keimi, pues apresúrate porque tengo hambre.
Trafalgar salió de su trance, sonriendo ante la actitud de Luffy.
A ella le corrió una gota por la sien. –S-sí, hago lo mejor que puedo.
Ella sirvió algunos platos lo más rápido posible, pero todo era inútil porque Luffy acababa con todas las croquetas de casi un trago aunque estuvieran muy calientes. Mientras que Trafalgar le miraba de reojo, sorprendido ante las destrezas para masticar del chango: masticaba como hipopótamo. Le salía comida de los extremos de los labios. Era como una fusión de hipopótamo-chango.
Law, como doctor, obviamente no veía nada bueno en comer de esa manera, porque obviamente eso le causaría digestión al chico. No obstante, mandaba al carajo todo solo por verlo comer.
-Jo me gushta comey sholo (No me gusta comer solo) –sentenció Luffy con la boca llena, volteando sus ojos hacia Law. Éste arqueó una ceja, desviando la mirada en el acto. ¿Acaso el simio iba a obligarle a comer?
La verdad sí. Cuando Trafalgar volvió su mirada a Luffy, éste había tomado cuatro croquetas muy calientes de la estufa, metiéndoselas a Law en la boca de un solo golpe.
Law se tambaleó hacia atrás, con los ojos hechos platos, dándose golpes en el pecho por no poder masticar cuatro croquetas de una sola vez. Sentía que iba a morir, a morir por las manos de un chango. Y para colmo no eran ni bananas las que estaban en su boca como para masticarlas fácilmente. Porque el pulpo no estaba tierno, sino gomoso.
El futuro doctor al no poder soportar lo caliente de cuatro grandes croquetas al mismo tiempo, las escupió.
-Oye, no tires la comida al suelo –dijo, un poco sollozante. – ¡Pobres, pobres croquetas de pulpo! –exclamó Luffy al arrodillarse frente a ellas.
Para Law la escena era jodidamente ilógica: ¿por qué diablos el chico se ponía así por unas simples bolas de pulpo cuando debería de preguntarle por su estado al ser casi asesinado-asfixiado-violado por esas horrendas croquetas?
Mientras que Keimi sonreía nerviosa ante el asunto.
Pero oh no, además de que Luffy estuviera lloriqueando por la comida, las tomó entre sus manos y las comió de un solo trago.
Tanto Keimi como Law quedaron boquiabiertos ante el acto más raro y desagradable que hayan visto -Bueno, al menos para Keimi-. ¿Pero qué diablos tenía Luffy en su supuesto cerebro? A Law le costaba asimilar que Luffy se comiera lo que él había desechado, aunque bueno, era su saliva y para él hasta cierto punto no era tan desagradable. Aún así no dejaba de pensar en lo inverosímil que era Luffy.
-Oye –dijo Law.
Luffy se puso de pie, volviendo a su asiento. -¿Por qué hiciste eso? La comida ya estaba contaminada, te enfermarás.
-Nah, Sanji dice que la comida no debe desperdiciarse.
Trafalgar cerró los ojos, aspirando lentamente. Seguro el chango había mal interpretado al supuesto Sanji, a menos que en verdad le enseñara tal comportamiento. Definitivamente si lo llegase a conocer lo pondría en aprietos por joder a Luffy. –Pero no creo que él se haya referido a que te comas la comida del suelo.
Keimi asintió con una sonrisa nerviosa ante el comentario de Law mientras seguía guisando las croquetas.
-¿Tú crees? –preguntó Luffy, retomando otras bolas de pulpo.
En ese momento hasta la presión sanguínea de Law estaba indecisa, no sabía si bajar o subir porque simplemente el simio era la cosa más tonta o inocente que podría existir en este mundo mierdoso. Bueno, eso suponiendo que la sangre tuviera conciencia propia.
-Así es.
-Ah, ya veo. Entonces no lo volveré a hacer –respondió Luffy con esa sonrisa más ardiente que el mismísimo sol.
Trafalgar al ver esas sonrisa se rindió, simplemente no podía ganarle. Luffy era demasiado para él en muchos aspectos, y eso que apenas llevaba unas horas conociéndolo.
Luffy le había traído algo que le hacía falta, o algo que más bien dejó de sentir hace mucho tiempo: tranquilidad. Aunque de una forma retorcida porque Luffy hacía cosas estúpidas que no entendía tratándose de alguien que ya pasó prácticamente la niñez.
Keimi, la chica de pelo verde estaba más que confundida, pero le resultaba curioso el comportamiento de los dos chicos que tenía frente a ella. Solo se dedicaba a cocinar y a sonreír porque no sabía qué decirles, y es que nunca se había topado con dos clientes tan inusuales.
Mientras tanto, Law finalmente le hizo caso a Luffy de comer porque simplemente éste no desistía en convencerle. Aunque para el futuro doctor no era de su agrado esas croquetas, simplemente lo hacía por cortesía, sí, algo que pensó que ya no existía en él desde la adolescencia.
Ambos terminaron de comer al cabo de media hora, gracias a que Luffy engullía rápidamente el alimento y cabía decir que se terminó el producto de la chica que tenía preparado para un día.
Law otra vez se sorprendía por la capacidad del chango para comer, seguro tenía una vaca interna porque la vaca tiene cuatro cámaras en un sólo estómago para soportar tanta comida. Ahora Luffy era como un simio-hipopótamo-vaca ante los ojos de Trafalgar; seguro el chico era todo un zoológico, no, quizá un safari.
Ambos se pusieron de pie, pero en ese momento Keimi frunció ligeramente el entrecejo.
-¿Y mi paga?
Luffy vio a la chica con cierto nerviosismo, riendo. –Ah, eso…Shishishi –él rápidamente rodó los ojos, silbando en el acto.
Trafalgar negó con la cabeza. –Tsk, ¿no me digas que ibas al restaurante consciente de que no traías dinero contigo, Luffy?
-Shishishi, es que allá me dan la comida gratis… Así que lo olvidé.
Law pestañeó tres veces seguidas, reflexionando ante la respuesta de Luffy: ¿Le dan comida gratis? ¿Por qué? Aunque eso era lo de menos pues ambos estaban en un momento incómodo. Ni modo, alguien tenía que pagar y como el chango no podía, iba a ser él mismo quien pagara.
Hurgó el bolsillo trasero de su pantalón y sacó su billetera; posteriormente entregó el dinero a la chica. La cuenta fue de ciento diecinueve dólares. Definitivamente él no saldría a comer con Luffy nunca más, porque a este paso podría quedar en bancarrota.
Luffy se emocionó al ver el gesto de Law, tirándosele casi de inmediato. –Oye –apenas susurró. Estaba desconcertado por el repentino abrazo. Apenas podía mover sus manos, y para colmo él empezaba a sudar. –No… me ahorques –añadió
-Lo siento –dijo al apartarse. Sonriendo como siempre. –Pero gracias –agregó, rascándose la parte trasera de la cabeza.
-No fue gran cosa –eso dijo, pero realmente le dejó casi sin dinero. Si no fuera por esa deslumbrante sonrisa, el chango ya estuviera en el laboratorio de neurobiología de la facultad.
-De todas formas gracias, no eres mal tipo.
-Ya no sigas diciendo lo mismo. Como sea, vamos al auto.
Luffy asintió; acto seguido de despedirse de la chica. Cuando los dos estuvieron ya en el auto, Law miraba distraído el paisaje delante de él, pues se había fijado en que Luffy finalmente había obtenido su comida, y que por ende ya no estaría más tiempo con él.
No arrancó el auto, pero miró de reojo al menor. –Supongo que quieres que te lleve a casa, ¿no?
-Nah, vayamos a comer a otra parte.
¿Law escuchó bien? ¿Comer otra vez? ¿Cómo era posible que Luffy aún siguiera con hambre? Y además, ¿acaso pretendía dejarle pobre? Apenas tenía un poco de dinero extra para la gasolina.
-¿Acaso no te llenaste con esas croquetas?
-Hm, ni un poco.
-¿Ni un poco? –replicó con una gota en la sien.
-Shishishi, sí, ni un poco.
-Seré sincero, ya no me queda dinero extra para pagar tu cuenta.
-¿Eh? ¿En serio?
Trafalgar inclinó la cabeza, tratando de moverla para corroborar que sus tímpanos no tuvieran ninguna basura adentro, pues realmente ¿escuchó bien? ¿Acaso Luffy pretendía seguir usándole? ¿O quizá ni era consciente de lo que hacía?
-Sí, en serio. Lo mejor sería llevarte a casa.
-Pero no quiero –contestó con un puchero. Law casi se derrite al ver el gesto aunque en el exterior él pareciera la cosa más inanimada del mundo.
-Bien, ¿entonces adonde más quieres ir? Recuerda que ya no tengo más dinero –sí, con tal de no regresar a su casa para seguir con su vida aburrida, preferiría que le crecieran canas con las insensateces de Luffy.
El chango se puso pensativo, mordiéndose el labio inferior ante la presión de pensar. -¿Qué tal el circo? Hace poco llegó uno a la ciudad y no he podido ir a verlo.
En ese instante Law pensó que Luffy realmente le estaba pidiendo ir a casa, pues allí seguro habían chimpancés iguales que el chico. Además de seguir creyendo que el menor era como un niño. ¿Qué clase de adulto joven pediría ir al circo? Definitivamente solo Luffy, ¿o quizá él mismo era muy antisocial y le había perdido el gusto a cosas tan triviales? –Está bien, ¿en dónde está?
-Acá –señaló Luffy con su índice al GPS. –Bien, vamos para allá.
Trafalgar puso en marcha su auto, sin imaginar qué cosas vendrían después.
*Antrofóbico: de la palabra antropobia: La antropofobia puede ser definida como el temor hacia las personas en situaciones de hacinamiento, pero también puede sentir ansiedad al estar cerca de una sola persona. Las condiciones varían dependiendo del individuo afectado. Algunos casos son leves y se pueden manejar, mientras que los casos más graves puede conducir al retiro social completo (marginación y exclusión social) y el uso exclusivo de medios de comunicación escrita y electrónica. Fuente: Wikipedia-san.
*Keimi: La chica sirena en One Piece. En esta historia obviamente tienen piernas y no es una sirena, pero quería que saliera. Ella es muy linda y al contrario de Law, ella sonríe nerviosamente con las decisiones de Luffy. Si bien Hatchan era el que cocinaba las bolas de pulpo, sería muy raro que saliera en la historia, a menos que fuera en una versión humana; pero no quise… -Inserte risa diabólica-.
Extra:
Lady Anette: No se me ponga así. xDUu Seguiré el fic, lo que sucede es que a veces mi musa se va de vacaciones. ewé Pero gracias por seguir mi historia. x3
Y aquí finaliza este capítulo. Espero les haya gustado y espero saber de ustedes. No se pierdan el próximo episodio, Law quedará traumado… okno(¿?). Huehuehuehue….
Por cierto; mi otro nuevo fic LawLu ya está avanzando. uwu Espero publicar el primer capítulo muy pronto. owó)9
Pd: ¿Ustedes se comerían lo que Law expulsase de su boca?
