- A… Alois Trancy… - susurró Ciel cuando recuperó el conocimiento minutos u horas después de lo sucedido, no sabía cuanto tiempo había transcurrido, sin embargo se encontraba tan débil que no podía moverse, la cabeza le dolía y en esos momentos se dio cuenta que se encontraba sobre una cama, recostado como un muñeco sin vida, expuesto totalmente al rubio que lo miraba fijamente con una sonrisa burlona. Ciel hizo todo lo posible para sentarse pero sus brazos no tenían la suficiente fuerza para mantenerlo y volvió a caer sobre la cama boca abajo, no comprendía por que se encontraba tan débil, sus ojos azules se encontraron con los de su secuestrador, de sus labios no salía ni un solo gemido y menos el nombre de su mayordomo. Alois se sentó sobre la cama mientras lo contemplaba como si fuese el bocado más apetecible que jamás hubiese visto en su existencia. Ciel reunió las pocas fuerzas que tenía y en eso levantó la mano para darle una bofetada muy fuerte, pero no consiguió librarse de Alois, de repente sintió como si estuviese pegado a la cama… algo lo obligó a ponerse boca arriba bruscamente y sus manos fueron sujetadas fuertemente por encima de su cabeza. Ciel comprendió aquello al ver unas sombras rozando su cuerpo y obligándolo a permanecer en aquella posición incómoda… no había duda, eran los nuevos poderes de Alois… ahora ambos eran iguales y no sabía como enfrentarlo, jamás se imaginó que el rubio regresaría del infierno para secuestrarlo y quizás eliminarlo. Alois se acercó a el hasta rozar su frente con la suya y clavar aquellos ojos azules sobre su victima, sus manos se deslizaron por los cabellos del jovencito y los sujetó tan fuerte que Ciel se estremeció por el dolor que le ocasionaba, Alois solo sonreía… estaba feliz por haber conseguido lo que deseaba, siempre supo… que debía tenerlo y por ello se convirtió en demonio para regresar por el, su alma había estado tan corrupta y llena de odio que Hannah no había podido evitar concederle aquel horrible deseo, aunque quizás se debiera a que le encantaban esas cosas y por ello después de un par de años había accedido a liberarlo, aunque con la condición que si no lograba que Ciel le perteneciera… su alma regresaría con ella para toda la eternidad, y para ello envió a Claude, ya que sabía muy bien que Sebastián no se quedaría quieto ante todo eso. Hannah se limitaba a ser una simple espectadora como antes, pero parte de su poder hizo que Alois pudiera secuestrar a Ciel y llevarlo a un universo alterno, en donde nadie podía salir o entrar hasta que los deseos de Alois se hicieran realidad aún fuese a la fuerza. Hannah no era tonta… había accedido a todo eso, pero codiciaba lograr obtener el alma de Ciel y el de Sebastián para completar su colección… pero una vez que dejó a ambos jovencitos a solas, regresó a sus dominios para entretenerse en otras cosas, ya que honestamente la nueva obsesión de Alois Trancy no le importaba en absoluto, lo único que le interesaba era obtener una ganancia mayor a la que ganó en el pasado.
Alois sabía perfectamente que no tenía mucho tiempo para llevar a cabo su plan, debía aprovechar esa debilidad en Ciel e invadir sus sentimientos, realmente… siempre lo había odiado, detestado tanto por la obsesión que su mayordomo siempre había sentido por el, pero ahora… le pertenecería solamente a el, haría que Ciel se postrara a sus pies y suplicara por un poco de atención de su parte. Alois empezó a besar su cuello con brusquedad, dejándole marcas rojas que le ardían una vez hechas, Ciel estaba aterrado, recordando cosas de un pasado tan lejano que pensó haber olvidado para siempre, pero no… otra vez alguien lo humillaba y de la peor manera, quería detenerlo, pero su cuerpo no reaccionaba y solo pudo cerrar los ojos fuertemente cuando Alois lo obligo a levantar la cabeza para besarlo profundamente. El rubio lo deseaba, sentía sus manos temblándole por solo tener a Ciel cerca, aun sin tocarlo más allá… se sentía excitado por verlo tan vulnerable, a su disposición, jamás se imaginó ver al gran Ciel Phantomhive con aquella expresión de miedo intenso en sus ojos, aquello lo volvía loco… lo desesperaba y rápidamente le abrió la camisa para empezar a besar su pecho y a marcarle con las uñas su delgado cuerpo. – No vas a lograr… humillarme – dijo en esos momentos Ciel con voz ahogada, a pesar de hallarse en esas condiciones estaba consciente de lo que sucedía e intentaba pensar en algo inteligente y evitar que Alois se saliera con la suya, pero el rubio se acercó a su oído para lamerlo y morderlo suavemente.
- Nadie te ayudará Ciel Phantomhive… ahora eres solo mío…
- Haré que Sebastián acabe contigo…
- ¿Ese mayordomo viejo? ¡Por favor! ¡Ni siquiera pudo enfrentarse a Claude!
- Se que vendrá… el vendrá por mi.
- ¡Ya olvídalo! ¡A el no le importas! ¡Solo quería tu alma! ¿No te das cuenta? – Alois empezó a bajar una mano peligrosamente hasta la cintura de Ciel para empezar a jugar con su cinturón – Yo haré que lo olvides por completo… únete a mi Ciel… ambos somos especiales, podemos hacer muchas cosas juntos.
- Jamás… ya déjate de tonterías…
- Ya veremos que dices después…
- ¡Ya suéltame! ¡Maldito pervertido!
- ¿Pervertido? Ya veremos quien es el pervertido después de esto… vas a rogar por que te toque así – dijo el rubio acariciando su cintura y subiendo por su pecho.
- ¡Ni lo sueñes! ¡Me das asco!
- Tenemos la apariencia de niños ¿no? Pero… tu y yo sabemos muy bien que dejamos de serlo hace mucho tiempo… quizás yo antes que tú… pero me pregunto ahora si seguirás siendo virgen, después de todo has vivido con ese mayordomo lujurioso todos estos años…
- ¿¡Como te atreves a decir eso! – reclamó Ciel totalmente enfadado, pero sin evitar sonrojarse al recordar sus sentimientos escondidos.
- ¿Esto es lo que siempre has querido hacer con el? ¿O ya lo han hecho tantas veces que estas inquieto por probar otras cosas?
- ¡Ya basta! ¡Siempre supe que estabas completamente demente!
Alois le puso un dedo sobre los labios para callarlo, pero solo recibió la mirada furiosa de Ciel como respuesta, una mirada de desprecio y asco que no podía describir. El rubio no pudo contenerse más, había intentando ser amable con el pero odiaba la manera en como Ciel seguía pensando en Sebastián, sabía que esperaba que apareciera de repente y lo rescatara como siempre, no podía permitirlo… jamás volvería a dejar que su nuevo juguete se alejara de el. Ciel hizo todo lo posible para evitar caer en sus juegos, pero los besos de Alois cada vez eran mas intensos, insoportables y dolorosos, sentía como iba quedando marcado por sus manos, su cuerpo estaba desnudo ahora y su corazón le golpeaba gritándole que hiciera algo por liberarse, pero por más que llamó mentalmente a Sebastián… el jamás llegó. Poco a poco su mente iba nublándose ante las caricias bruscas de Alois, a la manera en como acariciaba y lamía su miembro, Ciel apretó las manos fuertemente sujetando las sábanas, quería reaccionar, conseguir las fuerzas suficientes para enfrentarlo pero cada vez que sentía que sus manos podían moverse, aquellas sombras lo envolvían más fuerte… ahogándolo, impidiéndole que el aire llegase correctamente a sus pulmones. Alois no se detenía, mientras lo acariciaba y estimulaba se quitaba la ropa y la dejaba tirada sobre el suelo, aquella mirada era muy difícil de evitar, esos ojos brillantes eran como faroles ardientes en la oscuridad de aquella habitación, el rubio volvió a besarlo a la fuerza y una de sus manos volvió a bajar mientras rasguñaba su piel para sujetar su miembro y apretarlo un poco, pero en eso… de los labios de Ciel salió un gemido… un solo gemido que hizo que el cuerpo le empezara a arder por dentro, no sabía que le sucedía, pero mientras Alois seguía tocándolo su mente se perdía cada vez más. Ciel intentó resistirse con todas sus fuerzas, mordiendo sus labios y cerrando los ojos fuertemente, pero aquellos gemidos empezaron a escucharse más fuertes y se odiaba a si mismo por no poder detenerse, en poco tiempo… el rubio le abrió las piernas y empezó a penetrarlo sin esperar más, cada vez más profundo… más rápido… destruyendo a Ciel por completo, logrando ver aquella expresión perdida en su rostro. El joven solo podía sentir a Alois sobre el, desgarrando su interior y apoderándose de su mente… al final… Ciel quedó tirado sobre aquella cama, con los ojos vacios y la respiración agitada, Alois se separó de el y lo sujetó de la barbilla.
- Bésame… mi nueva muñeca… - le dijo entre susurros mientras esperaba alguna reacción de su parte. Al principio Ciel parecía no tener vida, sus ojos estaban tan negros como el ébano y habían perdido todo rastro de aquel hermoso color azul que antes poseía, - ¡hazlo ya! – ordenó Alois nuevamente, y en eso… Ciel movió la cabeza, estiró sus brazos débilmente por el cuello del rubio y unió torpemente sus labios contra los suyos.
Mientras tanto Sebastián había recuperado la consciencia y se estaba enfrentando a Claude en esos momentos, destruyendo parte de la mansión al querer atraparlo y obligarle a decirle en donde estaba su joven amo. La ira de Sebastián era demasiado grande y su odio había subido a niveles infinitos de describir, no dudó en usar todas sus habilidades para poder acabar con ese mayordomo llamado Claude, pero aprovechando aquella desesperación lo hirió brutalmente al golpearlo contra las rejas, queriendo clavar su cabeza en una de las afiladas puntas. Claude se limpió el uniforme lanzándole una mirada de desprecio, - el amor solo te debilita… ¿Por qué no dejas a Ciel aquí? Estoy seguro que el joven Trancy lo tratará muy bien – dijo el mayordomo con un tono de voz que hizo que Sebastián se levantara y fuera directamente a atacarlo, golpeando su rostro y haciendo que cayera entre las ruinas que ahora formaban parte de la entrada de la mansión. Sebastián jamás se perdonaría ese momento de descuido cuando Ciel desapareció, solo un segundo… y le fue arrebatado de las manos, no podía darse por vencido, estaba dispuesto a destruir cada parte de la mansión para encontrar a su amo, pero… en esos momentos, tanto Sebastián como Claude se quedaron quietos al ver una sombra que aparecía por la entrada del laberinto… una sombra que se reveló como Alois Trancy, quien llevaba en brazos a Ciel en estado inconsciente. Sebastián quiso acercarse a el, pero Claude se interpuso en el camino, Alois dejó a Ciel sobre el suelo y luego sin decir nada empezó a alejarse con Claude, Sebastián no comprendía por que lo había liberado tan pronto sin pedir nada a cambio, era demasiado extraño, pero en esos momentos solo levantó a Ciel y se lo llevó lo más rápido posible de aquella mansión.
- ¿Por qué lo liberó? ¿Por qué cuando lo tenía en sus manos? – le reclamó Claude a Alois cuando ambos estuvieron a solas.
- Por que quiero que ese mayordomo sufra…
- Me parece algo tan infantil… después de tener a Ciel Phantomhive a sus pies… simplemente lo hubiera obligado a servirle.
- No Claude… ya veras… se que Ciel pronto regresará y será el causante de la destrucción de su propio mayordomo…
- No lo comprendo…
- ¡CIEL SERA EL UNICO QUE PERMANESCA CONMIGO!, ¡NO SERÁ UN TRAIDOR COMO TU! – grito de repente Alois pero intentó tranquilizarse, después de todo su plan estaba marchando a la perfección – Si quieres quedarte aquí no me importa… pero ya no me eres útil… ya no te necesito – terminó por decir antes de entrar a la mansión y lanzar la puerta con brusquedad para terminar de arruinar aquella majestuosa entrada que Sebastián se había encargado de destruir. Claude se quedó en silencio, contemplando aquella detestable escena y sintiéndose como un simple objeto que Alois utilizó para conseguir lo que deseaba, pero no podía decir absolutamente nada cuando el mismo lo había utilizado para sus deseos en el pasado. Claude había accedido seguir a Alois y ayudarlo pero solo deseaba su libertad como demonio, jamás aceptaría pertenecerle a alguien y menos a Hannah, en esos momentos pensó en alejarse del joven Trancy al ser testigo que había cumplido con sus planes, pero algo lo hizo quedarse, quizás curiosidad en saber como terminarían las cosas… tal vez quería ser testigo de la destrucción de Sebastián… no lo sabía realmente, pero por el momento seguiría al servicio de aquel joven rubio engreído y detestable, hasta que descubriera realmente que es lo que deseaba o cuales eran las verdaderas razones para quedarse a su lado.
En esos momentos sólo entró a la mansión en silencio, revisando mentalmente los daños ocasionados y pensando en arreglar aquello al amanecer.
Mientras tanto de regreso a la mansión Phantomhive, Sebastián depositó suavemente el cuerpo de su señor sobre la cama. Ciel parecía un hermoso muñeco de porcelana en esos momentos, más pálido y frío que de costumbre, tan quieto e inmóvil que el mayordomo recordó ciertos sucesos ocurridos en el pasado. Sebastián esperaba pacientemente que Ciel despertara de su extraño sueño, podía sentir su respiración y los latidos de su corazón, por ello sujetaba y besaba por momentos sus delicadas manos con aquellas marcas… señales de que era un demonio, pero Ciel no despertaba por más que le susurrara o pasara sus dedos por aquellas mejillas infantiles. Sebastián esperaba que su señor le contara lo que habría sucedido, no podía entender el comportamiento retorcido de Alois Trancy al haberlo secuestrado y luego liberado así como así, era demasiado sospechoso, pero lo único que encontró al revisar sus manos y brazos fueron ligeros rasguños que empezaban a desaparecer, quizás habría tenido más de ellos, pero por sus poderes la curación se había dado apenas Alois lo dejó en el césped de la mansión, por ello no podía ni imaginar que le había sucedido a Ciel en esos momentos de ausencia. El joven Phantomhive seguía sin reaccionar y eso empezaba a preocuparlo demasiado, era más de medianoche y suponía que se mantendría así hasta el amanecer, por lo que Sebastián se recostó a su lado y lo mantuvo aferrado entre sus brazos, intentando darle un poco de calor a ese cuerpo que estaba enfriándose cada vez más. No pudo evitar quedarse dormido con Ciel apoyado en su pecho, era la primera noche después de cincuenta años en que no escuchaba la voz irritada del jovencito reclamándole por algo caliente de beber o por algún bocadillo nocturno y eso era un poco extraño, a pesar de sus niñerías y demás… Ciel se había convertido en alguien muy importante para el. – Joven amo… despierte pronto – dijo Sebastián entre sueños y luego de ello, todo volvió a quedar en silencio.
El amanecer llegó demasiado pronto y cuando Sebastián despertó el joven Ciel Phantomhive seguía en su profundo sueño, con los cabellos alborotados por el contacto con sus manos y sus mejillas tan pálidas como la noche en que lo trajo a la mansión. Sebastián se puso de pie y lo dejó solo en la habitación, esperaba que Ciel despertara pronto de lo contrario tendría que averiguar lo sucedido por su propia cuenta, y eso… realmente significaría hacerle la guerra al joven Alois Trancy y destruir por completo a su mayordomo, sin embargo aun no podía comprender como ambos escaparon del infierno, se suponía que estaban muertos y jamás volvería a verlos… pero las cosas habían sucedido de una manera extraña, lo peor de todo era que no solo se trataba de Claude, si no, ahora el mismo Alois era un demonio y eso no auguraba nada bueno, en especial para su joven amo. Sebastián pensaba en buscar al origen de todo ese mal, osea… a la misma Hannah… la culpable de aquel regreso y mucho más de aquella transformación, no sabía que tenía en la cabeza pero alguien como ella jamás haría las cosas a la ligera y menos por el capricho de un niño como Alois, realmente sabía que ella era la más peligrosa de todos y debía tener mucho cuidado, aunque por el momento solo le interesaba deshacerse de Claude y Alois, regresarlos al inframundo y asegurarse que no volvieran a escapar. Sebastián regresó a sus actividades como mayordomo y se dispuso a limpiar las ventanas de la casa, pero cuando estaba en esta tarea escuchó los gritos desgarradores de Ciel a lo lejos, haciendo que soltara la cubeta que contenía agua y cayera sobre el sofá favorito de su joven amo, pero hizo caso omiso a esto y se dirigió rápidamente a la habitación de Ciel. Cuando entró, lo encontró sentado sobre la cama, sujetándose la cabeza y notó con sorpresa que unas lágrimas invadían sus hermosos ojos azules, Sebastián no lo había así hace tanto tiempo que sintió una punzada en el pecho, quiso acercarse… ya que la tentación de abrazarlo y consolarlo eran demasiado grandes, pero apenas dio un paso al frente Ciel levantó la mirada y con voz furiosa le dijo que se alejara, al mayordomo no le sorprendió esta reacción, ya que Ciel solía actuar de esa manera generalmente, pero ahora estaba preocupado por el y quería saber lo que esa "araña" le había hecho.
- Joven amo… quisiera saber como se encuentra usted, ha estado inconsciente desde que regresamos a la mansión, ¿lo recuerda? ¿Puede decirme que sucedió cuando el joven Trancy lo secuestro?
- ¿Secuestrar? – dijo Ciel con voz seca, mirándolo fijamente en esos momentos – Alois Trancy jamás me secuestro… fui yo quien invadió sus dominios al entrar a su jardín…
- Fue una trampa y usted lo sabe bien, cuando fui a buscarlo su mayordomo Claude me atacó, estoy seguro que Alois se lo llevó sin su consentimiento… al despertar me enfrenté con el pero jamás soltó palabra alguna sobre su paradero. Si usted desea puedo regresar y…
- Es verdad… Sebastián jamás llegó por mi – dijo de repente Ciel con voz baja, la cabeza empezó a dolerle otra vez - ¡Te ordeno permanecer aquí! Alois jamás me haría daño… al menos nunca me dejaría o abandonaría como tu.
- ¿Qué está diciendo? – dijo sorprendido Sebastián, no podía creer lo que acababa de escuchar.
- Las cosas del pasado ya no importan y te prohibido ir a hacer escándalos a la mansión Trancy…
- Pero… no comprendo su actitud, ¿por qué lo esta defendiendo después de todo? ¿No le parece extraño que haya regresado? ¿No puede ver que ese mocoso le hizo algo? Le ha lavado el cerebro completamente…
- ¿¡QUE ESTÁS DICIENDO SEBASTIÁN! ¡TE PROHIBO HABLAR MAS ACERCA DE ESTO! – gritó Ciel mirándolo con furia - ¡Ayer no sucedió nada!, ¡nada!, ¡así que deja de imaginar cosas! Yo me encuentro bien, eso debería ser suficiente para ti… y por otro lado, acostúmbrate a la idea de ver a Alois Trancy más seguido… es la única persona que es como yo y puede comprenderme… así que pienso pedirle que venga a vernos.
Sebastián se quedó en silencio, a la orden de Ciel salió de la habitación para traerle algo de comer, pero a pesar de volver a sus obligaciones estaba demasiado ausente, pensativo y lo peor… con unos deseos terribles de ir a la mansión Trancy para enfrentar a sus ocupantes. No podía convencerse que de repente Ciel defendiera a Alois así de la nada… aunque… quizás ambos habrían conversado o llegado a algún tipo de acuerdo, tal vez al ver Ciel a alguien como el… habría cambiado su modo de pensar acerca del rubio. Pero estos pensamientos no lo convencían en absoluto y vigilaría los movimientos de su joven amo, no debía actuar a la ligera ni con brusquedad, esperaría unos días para ver que sucedía y dependiendo de ello tomaría una decisión.
Pero si descubría que Alois había tocado un solo cabello a Ciel… realmente lo lamentaría mucho…
Continuara…
