Los personajes de esa historia pertenecen a Rumiko Takahashi

La química del amor

- ¿Oye Tendo, es verdad lo que dicen? ¿Ranma Saotome está viviendo en tu piso? – preguntó una chica con el pelo castaño ligeramente ondulado. Era compañera de clases de Akane, aunque casi nunca habían hablado.

- Pues sí – respondió la peliazul, cansada de que todas las chicas le preguntaran lo mismo – Vino a vivir con nosotras hace un mes o así...

- ¿Y qué? ¿Lo has visto desnudo?

- ¡No! ¡Por favor! – gritó Akane enfadada. Aunque le había visto más de una vez con poca ropa, nunca lo reconocería.

- Ais chica que sosa eres... Si yo fuera compañera de piso de Saotome... – la chica puso una mirada soñadora – Habría hecho... Mmm... Ya me entiendes, cositas – terminó guiñándole un ojo en un gesto confidente.

- Pues la verdad es que no sé qué le veis a Saotome. Es decir, reconozco que es guapo y todo eso, también tengo ojos. Pero de ahí al furor que desata ese chico donde pasa... ¡Incluso chicas de cursos mayores le ponen ojitos! – Akane miró a su compañera, pero vio que no había nadie. Estaba sola. Después de obtener la información que quería, la chica había marchado corriendo, sin que ella se diese cuenta.

Akane lanzó un suspiro y continuó caminando por el campus de la Universidad, desanimada. De repente, vio una hoja marrón que, empujada por el viento, describía curiosas figuras en el aire, hasta terminar cayendo de sopetón en un charco de agua. Ella se agachó y la cogió, sin importarle que estuviera ligeramente mojada. Acarició las terminaciones nerviosas de la hoja con lentitud, disfrutando del extraño tacto que sentía, una mezcla de seco y húmedo. "Una hoja de un árbol. Creo que me parezco a ella. Cuando llega el otoño y ya no se la necesita se seca y cae, sin que a nadie le importe. Como yo. Cuando esa chica, quien apenas habla conmigo, ha obtenido la información que quería se ha marchado, dejándome tirada, sin ni siquiera despedirse de mí. A veces me siento como una hoja marchita...". Visiblemente triste, Akane miró al cielo. Estaba muy nublado, seguramente llovería.

Con los ánimos bastante bajos, la chica de pelo corto caminó hasta la biblioteca de la Universidad, pensando que quizá ahí se distraería un poco.

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Miraba los lomos de los libros con aburrimiento, pues se conocía todos los títulos de memoria. Estaba en la sección de Química por pura costumbre, siempre iba allí para coger información sobre cosas de su carrera. De repente, sus ojos se abrieron producto de la sorpresa. Había un libro nuevo. "¿Qué hace un libro así aquí? No parece muy serio, a juzgar por el título...". Cogió el ejemplar con curiosidad y lo acarició con cuidado. La Química del amor. Ese era el título del libro, simple pero directo. Akane, acostumbrada a encontrar ejemplares en inglés que hablaban sobre las complicadas propiedades de ciertas moléculas, arqueó una ceja y lo abrió. Olía a nuevo, seguramente no hacía mucho que estaba en aquél estante. Sin despegar la vista del libro, y comenzándolo a leer mientras andaba, Akane se encaminó hasta una mesa, donde se sentó.

Los poetas nos han deleitado cantando al más maravilloso de los sentimientos desde todos los ángulos y con infinitos matices, pero los químicos también tenemos cosas que decir al respecto, quizás menos seductoras pero no por ello menos importantes.

¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra?

Parece ser que antes de que una persona se fije en otra ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Así pues antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar.

La química del amor es una expresión acertada. En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que explican buena parte de los signos del enamoramiento.

Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).

Sus efectos se hacen notar al instante:

El corazón late más deprisa (130 pulsaciones por minuto).

La presión arterial sistólica (lo que conocemos como máxima) sube.

Se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular.

Se generan más glóbulos rojos a fin de mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea.

Los síntomas del enamoramiento que muchas personas hemos percibido alguna vez, si hemos sido afortunados, son el resultado de complejas reacciones químicas del organismo que nos hacen a todos sentir aproximadamente lo mismo, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo.

No hay duda: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso y oleaje químico. Aquí se asientan el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El suave músculo intestinal, las glándulas lacrimales, la vejiga y los genitales, el organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas. Las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección! Todo es urgente, efervescente, impelente... Aquí no manda el intelecto ni la fuerza de voluntad. Es el reino del siento-luego-existo, de la carne, las atracciones y repulsiones primarias..., el territorio donde la razón es una intrusa.

El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro la FENILETILAMINA, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas.

Al inundarse el cerebro de esta sustancia, éste responde mediante la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxiticina (además de estimular las contracciones uterinas para el parto y hacer brotar la leche, parece ser además un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que los enamorados puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.

Su actividad perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no dura para siempre. La pareja, entonces, se encuentra ante una dicotomía: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor -compañerismo, afecto y tolerancia. Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente, la fase de atracción no dura para siempre y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Dicho estado está asociado a otra DUCHA QUÍMICA. En este caso son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos- los que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.

Es cierto, no podemos negarlo, es un hecho científico que existe una química interna que se relaciona con nuestras emociones y sentimientos, con nuestro comportamiento, ya que hasta el más sublime está conectado a la producción de alguna hormona.

Aún así, no recomiendo que digáis a vuestra pareja después de hacer el amor: "he tenido una sensación sumamente agradable producto del aumento de testosterona y la disminución consiguiente de serotonina", entre otras cosas porque os estrangularía.

Akane cerró el libro, sorprendida por lo que acababa de leer. "¡Y yo que consideraba el amor como una tontería, como una debilidad! Y resulta que mi carrera es tiene mucha más relación que la que pensaba con el estúpido enamoramiento...". La chica cerró los ojos y, disfrutando del silencio de la biblioteca, dejó que su mente vagara libremente, mientras pensaba en la feniletilamina y en unos bonitos ojos azules...

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Un atractivo chico vestido con un jersey gris perla y unos tejanos oscuros tirando a anchos entró en la biblioteca. Al hacerlo, saludó a la bibliotecaria, una chica joven que no conocía, pues no solía prodigarse mucho por aquellos terrenos. Aún así, ella, con todo el descaro, le dio un repaso de arriba abajo, mientras sonreía de manera coqueta. El chico, un poco incómodo, preguntó donde estaban los libros sobre ingeniería aeronáutica. Ella le respondió rápidamente, y añadió que si quería algo más no dudara en decírselo a ella.

Ignorando los ojos de la bibliotecaria puestos en su trasero, y rascándose graciosamente la cabeza, el chico del jersey gris caminó lentamente hacia la sección que quería, mientras se preguntaba qué significaría aquel 'algo más' de la chica. Al cabo de medio minuto llegó a un rincón del edificio lleno de estantes hasta arriba. Encontró el libro que buscaba, titulado El motor de reacción y sus sistemas auxiliares, y se dirigió hasta una fotocopiadora. Allí hizo copias de unas páginas concretas y luego devolvió el libro a su sitio. Después decidió sentarse en una mesa para leer mejor aquellas hojas. Por desgracia suya, tuvo que pasar por delante de la bibliotecaria, quien volvió a saludarlo con una sonrisa pícara, mientras se tocaba seductoramente el pelo.

Pero al fin pudo sentarse en una mesa. Abrió su bandolera y sacó un rotulador verde, dispuesto a subrayar lo más importante. Sonrió de medio lado. Si trabajaba en la biblioteca, en casa se podría dedicar a jugar con cierta marimacho...

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- Hey, Ranma. ¿Qué haces aquí? – el chico de la trenza despegó sus ojos de las hojas que estaba estudiando, y vio a un compañero de la facultad.

- Nada, aquí, estudiando... Pronto llegarán los exámenes, y... Ya sabes. Toca currar, tío – bufó con desgana. La verdad es que a él le ponía de los nervios el ambiente de la biblioteca. Con lo bien que se estaba fuera, en el campus... ¿Por qué encerrarse en un edificio?

- Jaja, me hace gracia verte aquí solo, y no con aquella rubia espectacular que siempre anda detrás de ti – el chico se sentó al lado de Ranma. Los dos hablaban bajito porque estaban en un sitio en el que había que guardar silencio.

- ¿Yuna?

- Ajá. Dios, está tan buena...

- Sí, pero no creas, no es para tanto. Y sus besos tampoco son nada del otro mundo.

- ¿La has besado? – intentó ahorcar con las manos a Ranma, en un gesto cómico – ¡Joder tío, que suerte tienes! ¡Nos las quitas todas! ¿Cómo lo haces para que todas las chicas se fijen en ti? – la bibliotecaria miró a los dos jóvenes. Habían subido demasiado la voz, y con un gesto con la mano les ordenó callar. También mandó un beso a Ranma, quien puso cara de desagrado.

- No sé, ¿Qué quieres que te diga?

- Algún truco tendrás, digo yo...

- Pues la verdad es que no. Simplemente sucede y ya está. Son ellas las que me persiguen, las que intentan llamar mi atención. Normalmente soy el 'conquistado' y no el 'conquistador', jeje

- Pero eso da igual, Ranma. En tu caso, cualquier chica que te propongas caerá a tus pies. Puedes ligarte a la que quieras.

- No estés tan seguro... – susurró Ranma bajito, mientras pensaba en la terca propietaria de una dulce mirada chocolate.

- Por ejemplo, miremos a las de aquí, aunque sean de las empollonas – los dos dieron un vistazo general a la gente de la biblioteca – Vaya, todo son chicos. Ah, no, hay una chica, aunque no lo parece...

- ¿Dónde?

- Aquella de ahí – dijo señalándo con el dedo una mesa lejana, ligeramente apartada de las demás – Es Akane Tendo. Vive contigo, ¿Verdad?

- Sip.

- ¿Y qué? ¿Cómo es? ¿Besa bien?

- Jajaja, pues no lo sé, a ella no la he besado – por lo menos, no en la boca, recordó Ranma – La verdad, es un poco...

- ¿Marimacho? – al oír que su amigo llamaba a la chica de esta forma, Ranma frunció el ceño. Solo él podía decirle esto a Akane, nadie más.

- Mmm... Bueno sí, en apariencia sí. Es verdad que viste como un tío, pero estoy seguro de que en realidad no es tan masculina como quiere parecer. "Seguro que debe tener una razón, y aquí estoy yo para descubrirla".

- Pues no sé para qué quiere vestir de chico... Así, en vez de atraer miradas las ahuyenta... A mí no me gustaría estar con una mujer más masculina que yo, jajaja

- Entonces, ¿Crees que sería raro que a alguien le gustara Tendo? – preguntó Ranma, mirando intensamente a la chica. Ella estaba concentrada en un libro y no se daba cuenta de nada.

- ¿Raro? Hombre, raro raro tampoco. Para gustos, colores... Pero aún así, no creo yo que existan muchos dispuestos a salir con ella. Nunca he hablado con Akane, pero por lo que sé, lo que se dice por ahí... Tiene muy mal carácter. Es muy arisca, huye de la gente, nunca sonríe.

- Mmm, tampoco es para tanto – los codos de Ranma estaban apoyados en la mesa, de forma que él podía recostar la cabeza en sus manos.

- Claro, eso lo dices tú que vives con ella... – de repente, el chico cayó en una cosa – Ranma, ¿Te gusta Tendo?

- ¿Qué dices? ¡Claro que no! – dijo un sorprendido chico de la trenza - ¡¿Crees que me podría gustar una marimacho como ella¡?

- Ah... Bueno, yo lo decía porque como preguntabas cosas y tal...

- ¡Pura curiosidad, nada más!

El volumen de la conversación de los chicos era demasiado alto, así que la bibliotecaria los echó del recinto. Pero se llevaron una sorpresa al ver que fuera estaba lloviendo de forma monumental, así que Ranma decidió esperar a que parara un poco, pues no tenía paraguas. El otro chico se despidió del joven de la trenza y marchó, corriendo rápidamente bajo la lluvia. Tenía prisa.

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Cuando Ranma llevaba ya un cuarto de hora esperando a que amainara un poco la cosa, alguien salió de la biblioteca, empujando la pesada puerta que emitía un ruido extraño cada vez que se movía. Sin ningún interés y visiblemente aburrido, Ranma miró a quien salía. Su sorpresa fue mayúscula cuando vio a Akane. Esbozó una sonrisa de oreja a oreja al verla.

- ¡Akane! ¿Qué tal?

- Oh, hola Ranma... – contestó Akane, aturdida por la visión de un Ranma vestido estupendamente, con el pelo un poco alborotado, pero con una hermosa sonrisa en la cara. La chica se imaginó qué hacía Ranma en la entrada de la biblioteca - ¿No tienes paraguas, verdad?

- Jajaja, respuesta correcta. ¡Que lista eres!

- La verdad es que no es muy difícil de adivinar. Un tío popular como tú no se prodiga mucho por esos territorios... – finalizó sarcásticamente.

- ¡Eh! ¡Que hoy he venido a fotocopiar un libro! – ante la mirada de burla de Akane, Ranma continuó - ¡Que sí! ¡Que sí! ¡En serio!

- En fin Ranma – Akane abrió su paraguas plegable, que era de color rojo sangre con unas letras negras que decían: I love rain - ¿Vienes?

- Bueno, vale – respondió Ranma, ampliando su sonrisa.

Akane caminaba junto a Ranma, quien sujetaba el paraguas que protegía a los dos de la lluvia. Hablaban de cosas triviales, sin ninguna importancia. Pero Akane estaba feliz. Ranma estaba con ella, y no con otra. Sin embargo, ¿Des de cuando su felicidad aumentaba al tener a Ranma al lado? ¿Cuándo habían cambiado las cosas?

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La pareja salió de la universidad andando con calma, envueltos por una lluvia que iba amainando poco a poco. Estaba anocheciendo. Las luces mágicas del final del día mezcladas con las nubes y la lluvia daban un toque especial al paisaje.

Las gotas de agua caían en las hojas de los árboles, resbalaban lentamente, con pereza, y caían al paraguas rojo de Akane, emitiendo un curioso ruido. El suelo estaba brillante y reflejaba la gente que andaba sobre él: parejas de enamorados, niños que volvían de la escuela con sus madres, trabajadores, parejas de ancianos, grupos de estudiantes de instituto... Pero nadie corría con prisas. Todos paseaban tranquilamente, debajo de sus paraguas, creando un bonito mosaico multicolor. Aquella lluvia invitaba a calmarse, a dejar las prisas por otro día, a salir para disfrutar de ella.

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Poco a poco la lluvia fue cesando, hasta que quedó reducida a algunas pequeñas gotas. Viendo eso, Akane salió de debajo del paraguas y empezó a correr con los brazos extendidos formando un ángulo de noventa grados con el cuerpo, mientras reía alegremente. La poco agua que caía mojó levemente su pelo y su ropa, pero a ella no le importó. Al contrario, le encantaba sentir esa sensación de ligera humedad. Ranma, al ver lo que hacía la chica, cerró el paraguas y se quedó parado, mirándola cariñosamente. "Akane... No tienes remedio". Después cerró el paraguas y se puso a correr con ella, quien sonrió al verlo a su lado.

Corrieron durante algunos minutos, hasta que la lluvia paró por completo. Luego se sentaron en un banco, respirando agitadamente, intentando recuperar el aliento. Akane miró a Ranma, y él a ella. Al mismo tiempo. Rieron por la coincidencia, y Ranma dio un pequeño coscorrón a la chica en plan broma.

- Corres bas... Corres bastante... – dijo Ranma.

- Je... Jejeje... Tú también – la chica sonrió. Ante la visión de una feliz Akane, con las mejillas teñidas de un gracioso color rojo y el pelo levemente mojado, Ranma no pudo evitar tragar duro.

- ¿Qué hacemos ahora? ¿Quieres ir a casa?

- La verdad es que no... Me apetece estar aquí.

- Yo también me siento bien... Contigo – admitió Ranma casi en un susurro, por lo que Akane no oyó la última palabra.

Los dos se quedaron sentados mirando al cielo, que ahora estaba sereno, y mostraba el firmamento en todo su esplendor. Sin casi darse cuenta, terminaron muy juntos, casi rozándose. Ranma había apoyado su brazo en el banco rodeando sin querer a Akane, aunque no tenía la mano en su hombro. La chica estaba ajena a todo. De repente, Ranma se movió un poco, haciendo que los hombros de ambos se rozaran levemente. Los dos se miraron a los ojos sorprendidos por el inesperado contacto, y Akane se alejó medio metro de él de manera prudente. Ella era muy tímida con los chicos, y no sabía muy bien como reaccionar ante esas situaciones. "Probablemente Yuna hubiera besado a Ranma... Pero yo... Yo no".

Después de eso, la situación era un poco tensa, y los dos estuvieron algunos segundos callados, sólo mirándose. Pero de repente el estómago de Ranma emitió un leve ruido, reclamando comida. Los dos rieron ante eso, y Akane miró su reloj de pulsera. Eran más de las 10 de la noche, y aún no habían cenado.

- ¿Quieres ir a cenar, Akane?

- ¿¡Qué?! – un microsegundo después de decir eso, Akane quiso que la tierra la engullera. ¡Parecía una chica de 11 años, contestando de esa forma tan brusca! Pero claro, no era muy normal que un chico, y más uno como Ranma, la invitara a cenar.

- Bueno, si no quieres no pasa nada... Tampoco iba a comerte, tranqui... – rió Ranma, mostrando su perfecta dentadura.

- Ah... Eh... Por mí... Por mí estaría bien – murmuró Akane, roja de vergüenza.

- Bien entonces. Iremos a una pizzería cercana, ¿Te va bien?

- Sí.

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Tuvieron suerte de encontrar mesa a aquellas horas, pues estaba lleno de parejas jóvenes y grupos de amigos. Sin embargo, el ambiente era muy bueno y aunque el restaurante era pequeño era muy acogedor. Estaba decorado con mucho gusto, y los camareros, así como el dueño del local, eran unos simpáticos italianos nativos.

Ranma y Akane se sentaron en un sitio bastante alejado de las demás mesas, un lugar más íntimo. El chico estaba muy relajado, pero la chica era un manojo de nervios. No paraba de jugar con los cubiertos: cogía el cuchillo, daba golpes en las copas con la cuchara... De vez en cuando, Ranma la miraba divertido.

Les dieron la carta, y cada uno pidió una pizza diferente, que les fue servida en muy poco tiempo. Mientras comían hablaban de cosas triviales, y de esa forma Akane se fue relajando. Aunque Ranma fuera un chico guapísimo y muy inteligente no se le habían subido los humos, y se mostraba humilde y amable con ella.

- Akane, ¿Me das un trozo de tu pizza? Quiero probarla... Venga, plis...

- Bueno, pero si tú me dejas un poco de la tuya – accedió Akane. ¿Cómo negarse a algo que pidiera Ranma?

Sin contestar, Ranma cortó un poco de su pizza. La cogió con la mano y la puso delante de la boca de Akane, quien miró al chico sin saber muy bien qué hacer. ¿Se suponía que debía comerla directamente, o la tenía que coger con las manos para comerla después? Ante la duda, Akane permaneció en silencio.

- Vamos, come – dijo Ranma con una sonrisa confidente.

- Ah... Eh... – Akane accedió, y pegó un mordisco al trozo de pizza que sujetaba Ranma. La situación era un poco rara para ella, y estaba bastante nerviosa.

- Bien, ahora dame de la tuya – la chica, imitando a Ranma, cortó un trozo también, pero no estaba segura de poder hacer lo mismo que él – Vamos, no te morderé un dedo – rió el joven de la trenza azabache.

Cuando Ranma acabó de comer el trozo de Akane los dos prosiguieron con la conversación, aprovechando para conocerse mejor, y así saber más de la vida del otro. Pidieron unos postres ligeros y cuando ya se iban, dos chicas bastante exuberantes se acercaron a la mesa. Caminaban contoneando las caderas sensualmente, y le sonreían a Ranma de manera coqueta. Él se sonrojó levemente al verlas, y Akane notó eso. "Mpf... Hombres". De manera brusca, Akane giró la cara y miró en dirección contraria a las chicas.

- Hola, ¿Cómo te llamas? – la chica más alta estaba al lado de Ranma, apoyando las manos en la mesa.

- Ranma... Ranma Saotome.

- Oh... Hola Ranma, nosotras somos Asuka y Manami – dijo la otra, poniendo ojitos al chico. Akane se dio cuenta de eso, cogió la servilleta y la empezó a retorcer con rabia por debajo de la mesa.

- Encantado.

- Bueno Ranma... Te hemos visto desde nuestra mesa y... Queríamos conocer a un tío tan guapo como tú – atacando directamente, Manami dejó bien claras sus intenciones. Akane la miró celosa.

- Ah, pues gracias, jeje. Aquí me tenéis.

- ¿Quieres salir a tomar algo, Ranma? – preguntó la más alta, arrastrando las palabras, en un intento de hacerse la interesante – Conocemos un bar cerca de aquí, ¿Por qué no vamos a divertirnos? – le guiñó un ojo.

- Gracias chicas, pero mañana voy a la universidad y no puedo pasarme la noche de fiesta.

- ¿Estudias? ¿Qué carrera?

- Ingeniería aeronáutica.

- ¡Y encima es inteligente! – gritaron a coro. Después rieron por la coincidencia. A Akane cada vez le caían peor, y no paraba de mirarlas mal. Al final una de ellas se dio cuenta de eso.

- ¿Oye, y qué le pasa a tu amigo? ¿Es tímido?

Ranma se dio cuenta de que habían confundido a Akane con un chico (algo no muy raro, viendo las ropas que vestía), y miró con miedo a su compañera de piso. Era capaz de reaccionar muy mal... Después de algunos tensos segundos de incertidumbre, Akane se giró muy lentamente... Y sonrió.

- ¡¿TÚ ERES ESTÚPIDA O QUÉ!? – gritó de sopetón, provocando que un hombre de la mesa de al lado, que estaba bebiendo vino, se atragantara – ¡Soy una mujer, idiota!

- Vale, vale... – respondió una de las preciosas chicas, mirando a Akane con miedo. Aunque lo disimulaba, Ranma se estaba partiendo de risa por dentro. ¡Akane era única! – Bueno Ranma, encantadas de conocerte. Aquí tienes nuestros números de teléfono, esperamos tu llamada. Quedaremos otro día que estés solo – dijo remarcando con rabia esa última palabra, mientras le daba un papel con unos números escritos.

Las dos chicas abandonaron el restaurante rápidamente, incómodas por culpa de la furiosa mirada de Akane, quien no las dejó en paz hasta que se marcharon. Después, Ranma y la peliazul se quedaron en silencio, sin decir nada. Ya no estaban a gusto en aquel lugar, así que Ranma pagó la cena y se marcharon también.

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Fuera hacía frío, y Akane se abrazaba a si misma, aunque eso no podía evitar que tiritara. Ranma iba a su lado, y notó eso.

- ¿Akane, quieres mi jersey?

- No, no hace falta – ante la mirada de duda de Ranma, Akane volvió a decir lo mismo – ¡No, en serio! – Akane fue un poco brusca, pero es que no estaba de muy buen humor después de lo del restaurante.

- Bueno, como quieras... – Ranma metió las manos en los bolsillos de su pantalón, y cerró los ojos en un gesto de indiferencia. Un segundo después, abrió uno para mirar a aAkane. Seguía tiritando. Así que, sin decir nada, la abrazó por el hombro, sorprendiendo a la chica con el gesto.

- ¿Qué haces? – preguntó mirando al chico de profundos ojos azules.

- Shht... Calla, Akane. Sé que tienes frío pero no quieres pedirme el jersey porque estás enfadada conmigo. ¿Me equivoco? Siento lo del restaurante, no puedo evitar que se acerquen chicas así... Y no sé muy bien que decir cuando pasa eso.

- Ya, pero si estabas conmigo...

- ¿...Si estaba contigo? – Ranma sonrió – Akane, ¿Estás celosa? ¿Lo estás, eh? – preguntó, dando un leve golpe en la cadera de la chica, más que nada para enfurecerla. Le encantaba verla furiosa...

- ¿Qué dices? ¡Claro que no!

- Ya, ya... – dijo Ranma sarcásticamente, aún abrazando a Akane.

- ¡Que no!

- No te creo...

- ¡En serio, es en serio!

- Mentira – Ranma sonrió.

- ¡Verdad! – dijo Akane riendo.

- Mentira...

- ¡¡Verdad!!

Y así, entre risas y bromas, Ranma y Akane llegaron a casa.

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Abrieron la puerta del piso con cuidado de no hacer ruido, pues no querían despertar a nadie. Eran más de las doce de la noche.

Pero tuvieron una sorpresa al ver que nadie dormía, sino justo el contrario. Hiyori Yuna y Rin estaban sentadas en el sofá. La primera ponía una cara de circunstancia, Rin sonreía maliciosamente, y Yuna miraba a la pareja con el ceño fruncido.

- ¿Dónde estabais? – preguntó esta última.

- Pues...

- Habían salido a dar un paseo romántico, ¿Verdad? – espetó Rin – Caramba, Akane, pareces una mosquita muerta pero no pierdes el tiempo...

- ¡Rin! – la riñó Hiyori.

- ¿No tienes nada que decir, Ranma? – dijo Yuna, aún enfadada.

- Sí. ¡Buenas noches! – después de eso, el joven de la trenza salió corriendo del salón, y se encerró en su habitación. Akane aprovechó la confusión que creó la acción de Ranma para imitarlo, y marcharse de ahí también.

Las tres chicas se quedaron solas, con los ojos abiertos por la sorpresa. Al final cada una se fue a dormir también, y la casa quedó en silencio.

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Akane estaba metida en su cama, pero no podía dormir, y miraba al techo sin ningún interés especial. Hoy había sido un día agradable. Había salido con un chico... "Con Ranma. El tío más increíble que he conocido nunca." La chica no pudo evitar que sus labios se curvaran en una sonrisa bobalicona al pensar eso. Y luego recordó lo que había leído.

Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).

"¿Estaré produciendo adrenalina y noradrenalina?". Confusa, arqueó una ceja. "Buf, vaya tontería...". Se giró y cerró los ojos. Se tapó mejor con las sábanas. Y cayó dormida.

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Aunque Akane no era consciente de nada, su cuerpo segregaba adrenalina y noradrenalina, y lo más importante: también segregaba feniletilamina, que como decía el libro, indicaba que, para Akane, Ranma ya era algo más que un amigo.


Notas de la autora:

I'm already here!

Bueno, otro capítulo de esa historia. A ver que os parece ese. A mí me gusta el título :)
El texto del libro no lo he escrito yo (como os podéis imaginar), sino que está sacado de un artículo titulado "La química del amor", de Francisco Muñoz de la Peña Castrillo. Me pareció interesantísimo, así que lo puse.

Y bien, no tengo mucho que decir. Ahora responderé a los comentarios.

- Yumiiitahh: Yo también amo a Ranma, jeje. Creo que en el próximo capítulo podrás saber mejor que en ese si Ranma está o no enamorado de Akane... Besos, cuídate!

- Vivian Alejandra: Me alegro de que te parezca interesante, espero que ese capítulo también. Saludos.

- Naoko tendo: Yo también me parezco a Akane en lo del estudio, aunque digamos que no estoy tan obsesionada XD Muchas gracias por desearme suerte, un abrazo.

- : ¿Te gusta el toque humorístico que intento darle? ¡Me alegro! Es que me cuesta bastante, jeje. Suelo escribir más sobre temas tristes, o describir paisajes... Espero que te haya gustado ese capítulo.

- AkaneKagome: Gracias por tu comentario! Como dices, intentaré ir con calma con Ranma y Akane, yo tampoco considero que un beso tan temprano sea una buena idea. Espero que te guste la evolución de ellos como pareja, la verdad es que no es tarea fácil relatarla, jeje. En el próximo capítulo aparecerán celos... Pero no diré de quien XD
Lo de Yuna. Pues sí, me imagino que da rabia, pero la verdad es que yo ya tengo más o menos claro el final del fic, y te aseguro que allí Yuna da un poco de pena (por lo menos a mí, que les cojo cariño a los personajes). Pero tampoco voy a decir el porqué, así que... Tendrás que leer algunos capítulos más para saberlo XD

Y la verdad es que no sé qué más decir, comentarios como el tuyo me alegran el día, es bonito leer lo que me dices, en serio. Muchas gracias por todo guapa. Un besote enoorme!

- karu-hi: Bueno, quiero aclararte algo. Akane es extremadamente tímida. Y sí, es una rata de biblioteca (siento si eso te decepciona). Su evolución como personaje no va a ser tan espectacular como para convertirse en la popular de la universidad (papel que ya interpreta Yuna), sino que será más bien lenta. Sobre lo de que tome ron... La verdad es que detesto beber, detesto el alcohol, así que no creo que ninguno de mis personajes se emborrache (son todos muy sanos XD). Besos y gracias por leerme.

- Mrb92: Buf, vaya super coment!! XD

Me agrada que comentes fragmentos de la historia, no sé, es divertido, y me permite ver lo que piensa otra persona sobre diferentes aspectos del fanfic :)
Ah... Y lo del vuelo... ¡Has acertado! Creo que eres la única que lo ha hecho :D
Por cierto, no sé qué te pasó, pero se te cortó el review, no? Jejeje
En fin chica muchas gracias por todo, eres genial. Un abrazo enorme y gracias por leerme!!

- Nophidia: Muchas gracias por el comentario, me alegro que te guste. Es normal que Yuna te caiga mal, jeje, es que tiene una forma de ser un tanto... "especial". Pero como has visto, en este capítulo no ha tenido tanto protagonismo, si no me equivoco apenas pronuncia dos frases XD

Muchas gracias por molestaros en leer este fic, de verdad.

Nos vemos en el siguiente capítulo!