****** Te encontraremos ******

(Una frase, una persona, un error, una guerra.

Flippy junto a Fliqpy arriesgaran sus vidas para encontrar a aquella persona importante para ambos, acompañados de un personaje singular. El hijo de uno y sobrino de otro.)

Summary

****** Te encontraremos ******

Aviso, Anuncio, Advertencia (AAA): Los personajes de este Fic (Happy Tree Friends) no me pertenecen a mi, sino a sus determinados creadores y Mondo Media. Simplemente soy dueña de la historia y un par de Inners creados por mi, otros dos son de propiedad privada de FFArjonita Company. Cualquier relación de este fic con otro, es pura coincidencia. Ideas puramente de DobleWhammy Company. Esta historia se desarrolla en un universo alterno donde todos son humanos.

Deseo dar el gran agradecimiento a: Nahelo — Spooky Boogie — FFArjonita — AiRy PaOla — Luna Paola Black —XineechanX — AliceMB — Consuu MB — Nomeandaelteclad (increíble nombre, me gusto) —Flaky303 — Moonchide — Gracias por sus Reviews, ellos me impulsaron a insistir a escribirlo. Y gracias a aquellos que lo leyeron para ubicarlo en favoritos u cualquier otro. Gracias.

Me eh demorado demasiado en las continuaciones, deseo disculparme pero todo fue por temas de estudio, la Facultad no es fácil, pero como mis vacaciones son extensas aprovechare para dejar las correspondientes continuaciones para sus deleites.

Espero que me perdonen y disfruten de este capítulo… Nos leemos abajo.

*** Te encontraremos ***

"Un hombre de frente a una ventana

Súper lúcida la mirada

Recorre el paisaje y no,

No es su interior, es luna.

Sombras lejanas del bosque

Es algo raro en las estrellas

Sonidos que inducen el temor

Y también melancolía de esperar…

De esperar…."

Campanas en la noche —

Capitulo 3: Inicios —

— Deberíamos ir, ¿No? — Cuestionó nerviosa la oji-azul mientras daba a penas unos pasos torpes camino a donde yacía su compañera en el suelo — Flaky, no me asustes — Masculló con pequeñas lagrimas en sus cristalinos ojos. Otro grito no se hizo esperar — ¡Flaky! — Exaltó lanzándose encima de la mujer que al sentir este tacto se paro instintivamente huyendo del "peligro".

Miró hacia atrás. Nina yacía en el suelo. Ella delante de su cuerpo un poco herido. Había aterrizado en unos pequeños chinches que rasparon a penas su tersa piel. Flaky ladeo con desenfreno su cabeza buscando encontrar la paz en su mente y volviendo a ver hacia al frente, noto que aquellos gritos habían parado.

¿Estarían muertas?

— Nina, ¿P-puedes levantarte? — Mencionó intentando ayudar a su compañera. De su mano no soltaba la dichosa planta que segundos atrás había encontrado. Con pesadez puso en pie a la mujer que parecía estar en un estado casi de llanto. — Cálmate, ¿Si? — Masculló palmeando sus mejillas que contenían un poco de polvo intentando sacarlas del camino. — No pasara nada, ¿Si? — Tranquilizó con un tono suave. A pesar de que ella misma no lo creía.

— Debemos ayudar, ¿No? — Cuestionó indecisa de sus propias ideas. La oji-carmesí simplemente asintió levemente antes de oír otro grito. Aun más fuerte que el anterior, parecía que estaban cerca de donde ellas yacían deliberando la situación de ayuda o no. — Flaky, vamos. ¡Ellas necesitan ayuda! — Levantó la voz un poco más animada. A pesar de la presión que llevaba en sus espaldas.

— ¡Vamos! — Exaltó la peli-fuego notando aquella gran confianza. Quizás esto le serviría de mucha práctica.

Caminaron con torpeza entre las pequeñas hierbas bajas hasta encontrar una escena un poco, muy, penosa cabe decir. Mejor mencionado ridícula, a diferencia del susto que las jóvenes habían recibido con anterioridad formando un momento un poco incomodo para ambas de ilusiones tontas de peligro.

Dos jóvenes se encontraban de cabeza, por culpa de algunas lianas que pasaban por sus piernas sujetándolas en un árbol. La sangre en sus cabezas posiblemente les impedía poner a analizar las cosas más detalladamente o con uno fácil de razón humana.

Flaky, por su parte las había identificado rápidamente. Eran aquellas pelinegros que horas antes peleaban por tomar el mando del camino. Ahora eran ellas quienes estaban en necesidad de ayuda y romper su orgullo de líderes.

La oji-carmesí suspiro pesadamente.

— Hay que ayudarlas — Las palabras pesadas con falta total de ánimo resonaron en la mente de Nina, que yacía a un lado de ella. Una sonrisa burlona hacia las victimas se formo.

— Bueno. Yo me encargo de esto. Tengo una navaja — Contestó rápidamente mientras que de entre sus cosas se encargaba de buscar el preciado filo que necesitaba ser usado.

Flaky simplemente rio.

— Me encargare de calmarlas. Antes de que vuelvan a gritar — Informó dando avance antes de frenar a un par de metros de las jóvenes. Quienes se negaban a abrir la boca para pedir ayuda. Sabía que si por el lugar había una trampa-captura. Por donde estaba tendría, por lógica pura, yacer otro. — Nina ten cuidado al… — Sus palabras frenaron en seco al notar como la oji-azul corría para ayudarlas y finalizar quedando de cabeza.

La trampa volvía a surtir efecto ahora con una nueva víctima. La pequeña peli-fuego simplemente rió.

— Creo que me apure — Comentó entre risitas su compañera antes de comenzar a intentar desatarse de aquella simple pero desdichada trampa — Esto será fácil, solo hay que… — Musitaba sujetando una liana importante. Había encontrado el punto de flojo y la cuerda principal que la dejaría libre en cuestiones de segundos — Cortar las líneas principales — Seguía murmurando con sencillez, saliendo del agarre tan fácilmente que simplemente se procuro por desatar a las demás chicas.

No las dejaría allí a pesar de todo.

Flaky sonrió ante tal uso del cerebro. Cosa que sus contrincantes olvidaron usar y luego no pudo evitar suspirar pesado.

Comprendía que sería un día penosamente largo. No obstante, notar que a metros yacía otra hierba dejaba en claro que los entrenamientos forzados de Fliqpy valían la pena. Y su compañera seria de buena ayuda para algunos casos.

— "Pensar cada movimiento es lo importante" —. Ello resonaba en su mente, dicho por el mismo oji-amarillo. Persona del cual, en aquel instante se preguntaba como estaría. ¿Qué estaría haciendo? Jamás creería que en su búsqueda.

Sonrió mientras guardaba sus dos nuevas pruebas de supervivencia. Solo faltaba encontrar por lo menos trece hierbas más antes de regresar al campamento.

Inicios —

La desesperación se había formado dentro del vehículo particular que llevaba rumbo directo a aquel camión de más de dos toneladas, transportadora de productos vacunos vivos. Fleppy yacía al lado de quien en aquel momento no se podía saber si era su padre o tío. Su grito casi ahogado esperaba que por lo menos diera a reaccionar uno de los dos para liberarlos del peligro.

Los bocinazos del vehículo contrincante no se hicieron esperar.

— ¡Papá! — El grito quebrado del infante hizo reaccionar al mayor que parecía más que perdido en la realidad. Observando al frente perdido, y las luces incandescentes que lo cegaban en esa vuelta al mundo lo alertaban del peligro.

— ¿Qué? — Masculló en aquel instante donde las voces enloquecidas de los tripulantes mayores detrás de él le identificaban las acciones, lo que ocurría y el miedo que transportaban consigo.

— ¡Sal del carril contrario ya! — Exaltaron ambos soldados al unísono a la vez que su intento frustrado por liberarse de los cinturones de seguridad ponían sus mentes en un pedido de auxilio puro.

Cosa que para soldados expertos, librarse de cinturones de cuero, debía de ser algo más que sencillo…

Flippy acciono. Por puro instinto realizo la maniobra pedida pero sino antes rozar con el camión que se negaba en ser aquel que se desviara del camino de colisión. Aquel roce provoco que el vehículo perdiera puro control finalizando con salirse de la carretera y frenar directo, en seco con el primer árbol del camino.

Cosa que no fue grave para nadie, el metal parecía de buen forraje al igual que el veterano que lo conducía.

Duro.

Y él, cabeza dura.

— ¿¡Están bien!? — Exaltó casi sacado de si mientras que realizaba la acción de verificar el estado del menor a un lado de él. Ninguno tenía heridas. Sus corazones mostraban la desesperación del momento y los nervios se encargaban que ninguno lograse pensar con pura tranquilidad.

— ¿¡Acaso eres un idiota Fliqpy!? — Exclamó en furia Cub saliendo del vehículo con la idea de sacar a su dueño de su interior. Con brusquedad abrió la puerta del conductor y sin más lo saco, lanzándolo al suelo provocando que callera de manera pesada y brusca.

Rápido se paro instintivamente.

— ¡Paren los dos! — Ordenó molesto Will saliendo también de la carrocería acercándose al molesto peli-marrón que observaba en furia a aquella persona que una vez considero un ejemplo a seguir al igual que su padre. Su mirada estaba llena de odio a diferencia del peli-verde que yacía repleta de confusión. — ¡Basta! — Exaltó tomando al niño de sus brazos.

Deseaba iniciar una pelea. Peor momento para intentarlo siquiera. Despertar a Fliqpy siempre significaba muerte para el causante.

— Por lo menos díganme que ha pasado — Pidió perdido el mayor mientras observaba como aquel oji-miel impedía que el molesto soldado arrebatara su ira contra él. — ¿Cub? — Cuestionó al reconocer a quien deseaba ser su agresor — ¡Has crecido un montón! — Exaltó alegre mostrando una gran sonrisa en su rostro.

Se lo notaba completamente perdido en la situación.

Cub y Will se calmaron al notar la presencia nada peligrosa del muchacho. Segundos después llego el menor a los brazos del padre buscando una respuesta a su estado.

— ¡Papá!, ¿Estás bien? — Cuestionó nervioso mientras lo observaba de arriba abajo buscando indicios de heridas. Ninguna parecía aparecer a su vista.

— ¿Hijo?, ¿Qué hacemos aquí? — Observó a los mayores con un deje distraído — ¡Will! Tanto tiempo camarada, oye ¿Cómo está tu prima? — Dado estas últimas palabras, aquellos soldados comprendieron al instante la situación. Flippy tenía la mente completamente en blanco. Ello sería hasta que supiera el motivo por el cual yacía en medio de la ruta discutiendo, con su camioneta estacionado frente a un gran árbol y su hijo en medio de todo — Fleppy, debías estar en la escuela — La mirada del menor quedo completamente en blanco.

Will no pudo evitar reír.

— Oye Flippy, tomemos rumbo que el tiempo se nos va — Le sugirió sonriendo de manera sumamente grata — Te lo explicare todo en el camino. Retomemos rumbo — Volviéndose ahora él manejador del vehículo en un estado casi perfecto. Los demás tripulantes tomaron sus lugares de manera inversa. Los generales delante, padre e hijo detrás.

— ¿Hay que explicarle todo? — Cuestionó el oji-café dudoso. Le era completamente, la primera vez, una situación así con su amado vecino. A pesar de que ahora sabía que aquel peli-verde, una vez en el pasado, había sido culpable de varias muertes de gente inocente.

— Siempre son así las cosas — Mencionó dando el respectivo arranque al vehículo — Está perdido. Esto es rutina — Rió de manera suave mientras retomaba camino.

Un pequeño retrasó cavia ser mencionado, pero que llegarían a su destino estaba predicho, donde Matts ya había sido informado de sus visitantes. Los esperaría con muchas, muchas amadas ansias.

A pesar de saber que el asesino número uno, de todos, iba hacia su encuentro.

Inicios —

Flaky y Nina no comprendía completamente nada de lo que estaba ocurriendo. De un momento a otro, todo estaba bruscamente desordenado. Plenamente en un descontrol.

Los Generales y demás superiores en el campamento iban de un lugar a otro, llevándose a las cadetes hacia todas partes. Ella aun seguía con la compañía de Nina, pero las demás mujeres que eran sus "queridísimas compañeras" ya no estaban en la zona de trincheras, sino que habían sido transportadas cada una, con un pequeño equipo a otras zonas.

Había una grave alarma.

— ¿Pero qué sucede ahora? — Se cuestionó la peli-negro observado a la oji-fuego con muchas dudas y plenamente presa de un increíble miedo — Acaso... ¿Ya nos iremos de aquí tan pronto? — Agregó viéndola directamente a los ojos — ¡No quiero separarme tan pronto de ti Flaky! — Gritó abrazándola abruptamente.

La joven oji-rojo no supo que responder a esos comentarios, estaba más que igual de perdida en la situación.

A los segundos, quien había sido su líder por tan poco tiempo, se posicionaba frente a los dos jóvenes, mientras embozaba un gesto de desesperación.

— Lo siento chicas por estos cambios bruscos, pero es necesario — Se excusaba mientras tomaba de las muñecas a ambas mujeres — Serán asignadas a otro superior para que las prepare en una zona más segura — Informó a las vez que tironeaba de sus cuerpos muy bruscamente.

Ninguna opuso resistencia alguna.

— ¿Q-Qué pasa? — Preguntó sumamente nerviosa la pelirroja. Lizzy se limito a contestar sin verla a los ojos.

— La guerra ha empezado — Respondió con frialdad.

Nina freno bruscamente.

— ¡¿Qué cosa?! — Exaltó la peli-negro mientras intentaba soltarse del agarre de su superior, más en vano — ¡No quiero morir! — Agregaba a su histeria sin importarle la situación que estaba creando — ¡Tio Lumpy solo me dijo que era un día de campo! — Informó entre lágrimas. Su compañera solo se limitaba a observarla sin decir absolutamente nada. Tanto la pequeña como otras jóvenes habían sido llevadas con farsas y mentiras.

Pocas como la pelirroja habían aceptado las condiciones y los riesgos que se establecían. Más bien, se había enterado que era una de simplemente tres personas que ingresaron al ejército voluntariamente.

La peli-ceniza suspiro con abnegada paciencia y abofeteo en la mejilla a la desesperada niña.

No era el momento de comenzar a enloquecer. No justamente ahora.

— ¡Nina escúchame ahora mismo! — Elevó la voz con extremada violencia — ¡Estamos aquí no para morir, sino para luchar y sobrevivir! — Comenzaba a expresar con absoluta impotencia — ¡No eres la única que tiene miedo a morir, todas también tenemos familias que estamos dejando para protegerlos!, ¡Familias, amigos, hijos!, ¡Cálmate de una maldita vez y comienza en colaborar con todo esto! — Y la sujeto bruscamente de ambos hombros para sacudirla con demasiada fuerza — ¡Yo quiero volver a casa con mi esposo como tú quieres volver a casa con tus padres!, ¡No todo se puede! — La empujo pero no para hacerla reaccionar.

Sino para evitar querer asesinarla en ese mismo instante.

Nina cayó abruptamente al suelo, con muchas lágrimas en sus ojos, solo shockeada por las palabras. La situación.

La idea de muerte.

Por su parte, Flaky seguía viendo simplemente, con una fuerte opresión en el pecho resistiéndose a la verdad. La verdad que significa la muerte. Sin más se acerco con lentitud a la pequeña oji-azul y le beso la frente mientras le abrazaba con ternura. Le hacía recordar a su pequeño hijo cuando se asustaba por las pesadillas que ocasionalmente tenia.

— Calma Nina… volveremos a casa… ¿Si? — Le mencionaba a su vez que le sonreía de manera muy fraternal — Regresaremos a casa, y comeremos pastel — Agregó mientras le ayudaba a erguirse. La adolescente se limito a respirar con lentitud.

— ¿A casa? — Re-pregunto con una gran duda pero con suma infantilidad. La oji-fuego simplemente le seguía sonriendo.

— A casa… — Respondió. Ambas sonrieron aceptando esas palabras. Ese deseo que poseían ambas. Todas ellas en aquel lugar.

Regresar a sus respectivos hogares con las personas que más amaban en todo el mundo.

Toda la pequeña y grata escena se veía conmovedora, pero en las mentes de las simples cadetes caía una gran y penosa duda que se arrastraba por sus entrañas, en lo más profundo de sus mentes, hasta torcerlas por completo en el miedo.

Todos los pequeños grupos que se habían formado en las pequeñas horas, se habían marchado con sus respectivos oficiales líderes… ¿Quién iba a ser su líder ahora?

— Lizzy — Mascullaron ambas jóvenes al completo unisonó. La general les observo con suma curiosidad. Sin más, la peli-negro finalizo en tomar la palabra.

— ¿Quién nos guiara ahora? — Preguntó.

Un crudo silencio reino antes de que una peli-blanco llegara a donde yacían ellas. Sonriendo con un gesto plenamente psicópata.

— Yo — Respondía fríamente su nueva superior.

La General simplemente les sonrió a las chicas antes de marcharse por completo de la zona y dejarlas con su nueva líder, ama y señora. Con la persona más confiable en todo el sistema militar.

Con la peor persona que por sus mentes, podría haber pasado.

— Lammy — Susurraron débilmente sin caer en la más pequeña duda.

Estaban perdidas.

— No, para ustedes mocosas, soy su Mayor — Y su sonrisa se torció aun más.

Inicios —

Allí se encontraba el militar, en la zona pactada. Lugar de preferencia mental. Geografía global indicada para encontrarse con el emblemático Matts, quien le ayudaría a llegar a su objetivo para rescatarla del calvario y sonreír después con la idea de recordarlo como un hecho gracioso de sus vidas.

Pero ahora se desenvolvía un pequeño gran inconveniente.

— ¡No!, ¡No, no, no, no y más no! — Exaltaba completamente asustado el oji-verde mientras se sostenía de sus cabellos implorando una buena respuesta a sus miles de miedos. La temible Guerra comenzaba, las tropas Tigres al ataque, los grupos Happy Tree en la defensiva. Su mujer en medio de todo esto. Notaba como el peli-castaño negaba simplemente — ¡Pero llévame halla ahora! —Ordenó con gran autoridad.

De los presentes. Cub ya no se hallaba en la zona. Por órdenes exclusivas de Flippy, debía dirigirse a realizar sus correspondientes trámites para minimizar gastos en los tiempos y ofrecerle su prometida ayuda.

La ayuda del más joven militante entre ellos.

Por otro lado, Will aun se encontraba con los jóvenes, pero solo seria en esa pequeña ocasión. La alerta había caído en sus oídos, tenía que estar presente. Ayudar en lo que más podía. Y dar su vida si era necesario.

— No puedo aunque desee… — Se excusó el muchacho frente al veterano con un gran tono de pena en sus simples y sencillas palabras. El militar no pudo evitar observarlo con odio e ira, una gran rabia acumulada que crecía lentamente — No puedo llevarte porque no sé donde se encuentran ahora — Agregó al notarlo así.

Una sensación helada recorrió zigzagueante su espalda. Sentía peligro ante su último comentario. Ver los ojos del sujeto que pedía su ayuda lo hacía sentir basura. Pero… ¿Qué podía hacer? No tenía las armas o el poder necesario en esta ocasión. Él no era más ni menos que solo un soldado más sin importar el cargo que rigiese en sus hombros.

La voz de un menor quebró levemente la tensión que se estaba desarrollando.

Empeorándolo aun más.

— Mama… — Masculló débilmente Fleppy tomando animo muy lentamente — ¿está en peligro? — Preguntó, con miedo. Cuestionó mientras tiritaba. Atacó a las dudas con sus palabras no mal intencionadas a los mayores presentes, a todos aquellos adultos que deliberaban que hacer, como actuar en una situación así. Aquel infante solo quería una respuesta, una dulce. Un simple:

"Mama estará bien"

Y aquí el soldado estallo. Pero no exploto como se lo esperaría cualquier persona, gritando y deseando asesinar a su ex-compañero de batallas. A pesar de que, hasta en sus ojos se veía la locura aflorar con velocidad. No. Él parecía actuar como un hombre maduro, estando frente de los problemas y fingiendo seguridad cuando por dentro, en verdad, todo se estaba derrumbando.

Quería solo resistirlo un poco más. Solo unos instantes más.

— No está en peligro… — Masculló observando a su hijo con una pura semblante seria. Decidida, directa. Nada preocupante, más bien segura. Muy segura… completamente falsa — Porque yo la sacare de allí… — Y sonrió. Una sonrisa llena de antipatía, de locura, de deseos. Deseos de matar personas. De acabar vidas.

Un gesto plenamente de Fliqpy.

Y así Rió. Débilmente, pero lo hizo, confiado de lo que pensaba. Creído de sus propios dichos. Enloqueciendo de manera constante, perdiendo el control. Aquel simple deseo de calma estaba esfumándose, pero no más que solo una sensación que invadía su ser consumiéndolo estaba tomando el poder.

Miedo.

— Seria mejor que comenzaras a calmarte Flippy… — Musitó el soldado a un lado de este, mientras suspiraba con debilidad y se retiraba a solo un paso, en cuestiones de distancias. El peligro aumentaba, lo sentía en sus huesos — No te hará por demás nada bien si te sobre-alteras — Agregó.

Cosa que no tenía que haber hecho.

— ¡Quiero de nuevo a Flaky! — Gritó en pura cólera el veterano sacado de sus débiles casillas. La calma, Flippy jamás la había reconocido luego de tanto tiempo conviviendo con su alterno. No podía mantenerla por más de solo segundos, ya que en lo más profundo de su ser, él se alimentaba de ello. El tío de Fleppy vivía de ello. De su desesperación. — ¡Matts necesito llegar a ella ahora! — Agregó casi lanzándose al oji-café en un acto puro de locura, para simplemente azotarlo en la primera pared que encontraba cerca de ellos.

En esa plaza de estacionamiento que poseía la diligencia de Militancia General Tree, el cerebro principal de distribución militar en todo la ciudad. El cementerio de aquel soldado si no actuaba rápido.

Ante este acto, Matts respiro profundo y dejo escapar el suspiro más largo de su vida. Tenía que permanecer en calma por el bien de todos.

— La única forma de que llegues a ella, es que vuelvas a enlistarte en el ejercito… — Comenzó a informar mientras sostenía las manos ásperas de él, para poder aflojar el agarre de su chaqueta militar — Así, podrías ir a donde quisieras y no tendrían problemas de que te saquen por ser civil… — Continuo notando más confianza en sí mismo, y calma en el muchacho. Pero algo cruzo en su mente. Fugaz, sus ojos se plantaron a la vista del menor entre ellos quien solo observaba todo expectante, analítico. — Pero tu hijo… — Acotó. Más no pudo seguir mencionando nada.

Todos comprendían a que se refería, menos el pequeño de ojos bordo.

— Fleppy volverá a casa… para empezar este no es lugar para él… — Dijo Flippy. Simple y sensatamente mientras veía a su hijo de reojo. El pequeño no, jamás pasaría por su mismo dolor. No viviría su mismo pasado. Lo deseaba libre. Libre de la obscuridad que deja de regalo la guerra cuando termina — Jamás quise que mi hijo viviera esto en primera persona, y por sobre mi cadáver… el no vivirá mi mismo calvario — Argumentó, ya más calmo.

Sin más poso su mano derecha en la cabellera del menor.

— Papi… — Susurró Fleppy simplemente observándolo. No lo aceptaba, dentro de él, esa decisión no le gustaba. No le agradaba en lo más mínimo.

No estaba confiando en él, de nuevo.

— "Flippy" — Penó Will observando la pequeña escena — Si deseas… puedo llevar a casa a tu hijo, por su bien… — Se ofreció sonando lo más amable que podía expresar, pero mucho antes de que el mayor contestara, el hijo de este reacciono de manera esperada por todos ellos.

— ¡No! — Gritó dando un paso hacia al frente, enfrentando a su padre — ¡Tio me dijo que iríamos juntos! ¡Si Tio me da permiso, quiero ir! — Agregó con una fuerza de palabras igual que en su primera declaración de descontento. Flippy le observo, ese gesto, esa mirada. Se sentía que se observaba a sí mismo.

Miraba su reflejo de niño.

— Tu tío no está ahora Fleppy… — Contestó intentando sonar, lo más convincente posible — Además por tu seguridad… sería bueno que te quedaras con el tío Lumpy... — Agregó.

Posando sus manos en los hombros del niño le sonrió con la mayor ternura que él, el mismísimo veterano de guerra podía crear. La mirada más pura, llena de fe en sus palabras.

Gestos que el oji-bordo conocía más que nadie.

Falsas.

— No… — Musitó ante la respuesta, y de esto, no pudo evitar explotar — ¡No! — Le gritó en medio del rostro. El peli-verde no pudo hacer más que verlo sorprendido por esta reacción. Pocas veces había visto a su hijo así, mejor dicho. Jamás lo observo así — Por esto se fue mama… ¡Porque te gusta hacer las cosas tu solo!... ¡Jamás piensas en los demás! ¡Te odio!, ¡Teo dio! — Y con aquellas palabras llenas de miedo, de dolor, de ofuscación a su persona, el pequeño corrió. Corrió lo más lejos que pudo.

No podía seguir soportando la situación, de que su padre fuera igual de siempre. Demasiado sobre-protector hasta el punto de no confiar en él. No es que, no le gustase, solo pedía confianza, que le viese a los ojos y creyera una vez en que podía sopórtalo solo.

En otra mente, mientras tanto las cosas empeoraban en vez de mejorar. Esas palabras, retumbaban en la consciencia del militar. Caían como gotas acidas, corroyendo todo su interior.

Destrozándolo por completo.

— F…Fleppy… — Susurró débil, ido, perdido. No podía reaccionar. Mejor dicho, no deseaba hacerlo, porque si lo hacía caería en la realidad.

Y la realidad duele, por ello amaba las fantasías. Los escapes fantásticos donde los unicornios le ayudarían a volar. Donde tomaría té con los pingüinos y disfrutaría de un bello aroma a canela en el aire por las comidas de Flaky.

Cantaría con Fleppy.

Reiría con Fliqpy.

Jamás lloraría.

"Te odio"

Pero no podía hacerlo aunque quisiera, ahora su Tío estaba furioso. El oji-dorado pedía el control de nuevo.

— "¡Vez lo que haces idiota!" — Le mencionó aquella voz, tan conocida por él. Tan fría y agobiante. Completamente seca e irritable.

Tan llena de locura y odio.

— Mi hijo… prefiere a su tío… — La primera mitad de puerta a la realidad se abrió. Un paso más y la verdad le abofetearían la cara. Le escupiría y lo tiraría al suelo. Solo era cuestión de abrir el paso por completo.

Era cuestión de pasar por el umbral de aquella salida.

— "Yo le doy, lo que tú no le das, ¡Confianza!" — De nuevo aquella voz áspera exigiendo libertad a sus sentidos.

De nuevo las puertas de la fantasía deseaban tragar a su querido y amado visitante.

— Yo confió en mi hijo… — Susurró. A su alrededor Matts y Will le observaban. Notaban el rostro del soldado. Comprendían que lentamente su razón se estaba desquebrajando para sacar al ser más peligroso entre ellos.

Para poder dejar otra cuota libre a ese sádico monstruo. Una parte esencial de su verdadero yo.

— "No imbécil… tu jamás lo has hecho" — Replicó su lado asesino mientras empujaba esa gran pero débil barrera que lo mantenía apresado para cambiar de lugar las cosas. Para demostrar quién era en verdad.

Para ir detrás del oji-bordo quien había huido entre llantos. Él odiaba verlo así, él detestaba que llorara por culpa de seres como Flippy. Por culpa de su parte más cobarde.

"Te odio"

Aquellas pequeñas palabras no deseaban huir de su mente.

— "¡Déjame ser!" — Gritó en plena cólera.

Los dos individuos no sabían si avanzar o no al esquizofrénico soldado. No podían justificar a quien se enfrentarían si intentaban frenar aquella lucha mental. Solo les quedaba ver.

Observar.

Mirar.

"Te odio"

— F…Fleppy… — Se dijo a su vez que sostenía su cabellera en pleno tembleteo de sus nervios arqueando la espada— F…Flaky… — Su vista se perdió de la realidad. El olfato sentía ese aroma, ese perfecto sabor a canela — soy la peor… — Flores, plantas, arboles y animales. Es momento de tomar el té. Le esperaban aquellos pingüinitos para otra de sus bellas pláticas — basura del mundo… — No existía la realidad, la verdad. No. La fantasía era, es y será más fuerte que la razón.

Así le gustaba al soldado.

Así lo amaba Flippy.

"Te odio"

Ya no cabía ese decir. Ya no.

— Cálmate Flippy… — Se atrevió a mencionar Matts. No podía seguir soportando el estado psiquiátrico que pasaba su ex- compañero. Tenía aunque sea, traerlo a la dolorosa realidad — Solo está enojado, habla con él… de seguro todo…. — Y freno en sus palabras. La mirada del peli-verde hablaba más que cualquier otra cosa. No pudo evitar tragar saliva con la mayor fuerza de todo su ser. Él había vuelto, su antigua pesadilla — Fliqpy… — Le nombro notando como este se erguía firmemente para enfrentarlo en un profundo cruce de miradas.

Ah de saberse que el oji-café desvió su vista en cuanto tuvo la mínima oportunidad de hacerlo.

— Matts, anótame a mí, y a Fleppy… grupo comando Alpax, inscribe a Flaky en la misma lista. Yo voy por ella, con mi sobrino… — Ordenó de forma fría y completamente autoritaria observándolo con un deje profundo de ira. Irritabilidad al extremo. Su semblanza oscura de un completo desquiciado siempre había sido de temer.

De olvidar.

— Pero es un niño — Excusó el joven. Pero a los segundos simplemente negó la idea de seguir argumentando sus pensamientos.

— ¿Qué no comprendes de mis palabras….? — Le respondió secamente.

Sus ojos dejaban el pleno dominio de sus ideas. Lo que dice Fliqpy, se hace. Ni más ni menos. Matts, trago saliva débilmente y simplemente asintió. Sin más el asesino pasó por su lado ignorándolo. Como si fuese solamente una más de las columnas que sostenían el techo del establecimiento.

Comenzaba a caminar con parsimonia a la vez que buscaba en uno de sus bolsillos un cigarrillo. Su gesto de buenos amigos era más que grato a simple vista. Una mirada llena de seriedad y deseos de sangre al por mayor.

Antes de tan siquiera prender su primer cigarro del día escucho unos débiles sollozos detrás de unos autos.

Sin analizarlo mucho se dirigió hasta ese lugar y observo al causante de tales aberrantes sonidos. Sin pensarlo, se limito a observarlo.

Contemplarlo.

— Fleppy, deja de llorar y madura de una vez — Comentó secamente el mayor mientras tomaba del brazo al infante, un poco brusco pero delicado en algún sentido. Cuando noto que este le observaba con un deje puro de felicidad, rodo los ojos con fastidio y se limito a caminar en dirección a donde yacían los demás militantes soltándolo a su vez.

Ya Cub había regresado con un nuevo convertible y ordenes frescas de su superior directo. Su padre.

Ya era momento de moverse.

— Apúrate que debemos ir por tu madre… — Acotó el veterano mientras que encendía uno de sus fuentes de cáncer mientras mordía con fuerza la colilla del cigarrillo con el deseo de explotar aquella pequeña y minúscula bolita de menta que le daría supuestamente un sabor más amigable a su adicción.

Puras patrañas pero a pesar de todo, el humo no estaba mal.

— Papa es un tonto — Simplemente dijo Fleppy mientras se secaba las lágrimas rápidamente y sonreí lleno de confianza a sí mismo — ¡Un gran tonto! — Reafirmó seguro de sus palabras sin dejar de observar la semblanza rígida del superior en ese momento para él.

— Lo sé demasiado bien. — Se limitó a contestar a su vez que recordaba esa parte tan ridícula de si — Es un idiota, pero aquí esta tío Fliqpy, es lo que importa — Agregó de forma obstinada lleno de confianza.

De la nada sintió el abrazo del menor, que le obligo a frenar a escasos metros del vehículo azul platino que conducía el hijo del Coronel Pop con ya, todas las cosillas amigables que Fliqpy había cargado a su camioneta particular.

— Te amo tío Fliqpy — Confesó el pequeño mientras hundía su rostro en el estomago del mayor.

El asesino se limito a suspirar sin dejar aquella semblanza plenamente seria, llena de antipatía, resentimiento, hostilidad.

— Si, si… — Dijo a su vez que separaba al menor de su cuerpo — Apúrate peque que debemos ir con Cub, él nos llevara a nuestro destino — Informó con aquella rígida semblanza.

El pequeño lo observo por segundos. Aquellos fragmentos del tiempo parecían ser interminables para el soldado pero noto que esos instantes, el oji-bordo lo estaba utilizando para analizar la situación.

Para analizar a su propio tío.

Fleppy no pudo evitarlo en aquel instante, le sonrió. Le brindo una gran y grata sonrisa a su gran e increíble Tío. Porque comprendía, que a pesar de tener esa mirada malévola, para él iba dirigida con completo amor.

Aunque para cualquiera parecería que le enviara simplemente odio.

— ¡Sí! — Afirmó con gran entusiasmo antes de correr emocionado hacia la carrocería metálica. Tan fugazmente que hubiese jurado que en tan solo un segundo había corrido ocho metros y medio.

Aunque llevara años conociéndolo, criándolo, cuidándolo. Volviéndolo el mejor de los mejores, le costaba aun darse cuenta de quién era ese niño. No le temía como las otras personas, no le odiaba y mucho menos lo despreciaba. Nunca le había reclamado algo. Siempre aceptaba lo que le decía, encomendaba y ordenaba.

Ese niño era igual… igual a la única persona que no le temía antes de conocerlo.

Era un calco de Flaky.

— "Mocoso" — Se limitó a pensar y analizar antes de seguir camino.

Un camino que iniciaría demasiado sencillo para lo que sería después.

Por su parte, en el interior de lo maravilloso y fantástico, Flippy seguía tomando té con sus amigos pingüinos, pero estos estaban muertos, sin cabeza y desparramados en el suelo. El oji-verde solo estaba allí sentado entre esos cadáveres viendo un punto muerto para sus ojos, con una sonrisa muy tierna, vacía por momentos o llenas de falsedad en otros.

Había mucha confusión en su razón.

— "Mi hijo… me… odia" — Pensó sin un gesto de tristeza. Solo un leve aire a melancolía pero ida, ya que, esa sonrisa, débil, ficticia no dejaba sus labios. No se apartaba de él.

"Te odio"

Y lentamente las plantas comenzaban a secarse.

Inicios —

Final del capítulo 3 —

Nota de la Autora: Aquí dejo el capitulo 3, ¿Y qué les pareció? A pesar de que trascurrió mucho tiempo, ¿Me darán la oportunidad de seguirle? Aviso que algunos personajes que fueron nombrados desaparecerán ya por completo en el capítulo 4, por el simple hecho de que solo era para movilización de algunos personajes. Pero Nina seguirá presente por un par de capítulos más, no estoy segura cuantos, pero no serán muchos. Solo es hasta que otro personaje le suplante como es debido a lo que tengo planeado desde hace ya un año.

Estoy actualizando, sépanlo. Termine este capítulo, aun le doy retoques a las otras, pero voy escribiendo. Ya inicie el conti de este, solo queda en ustedes decidir si desean que le siga.

Me da pena por mi parte, haber demorado un año completo para dar la continuación, pero el 2013 fue un poquito complicado en tema de tiempos. Solo sépanme disculpar.

No queda mucho que decir, y los reviews ahora no tengo tiempo de contestar, pero a partir del capítulo 4 lo hare.

Esto como siempre, depende de los lectores, si desean más, solo déjenme reviews con sus opiniones. Son solo segundos, en mi cuenta ni siquiera se necesita estar registrado para dejarme sus opiniones. Estaré esperando sus respuestas esta semana. Trascurrida los 7 días y no encontrar respuestas, dejare el fic para seguir plenamente con los otros dos. Solo aguardo que me digan que les agrada y poder seguirle. No quiero abandonarlo, pero tampoco puedo escribir si no les gustaría leerlo.

Bueno, ya no queda más que decir, sino, gracias por pasar, leer y darle una oportunidad a que siga fluyendo esta historia. Nos estaremos leyendo lectores.

Nos veremos en el siguiente capítulo, obviamente si ustedes, los lectores, lo desean.

Saluda Atte. Doble Whammy o T.J.