Hello! Aquí onee-chan con el tercer capitulo. Jijiji, me alegra que les haya gustado el capitulo anterior, creo que la parte entre Byakuya-sama y Rukia resultó muy bien :D jijiji. Me lo imagino y comienzo a babear (* ¬ *)

Jojojo, en fin. Ojala les guste este capitulo.

De nuevo aclarar que Bleach no me pertenece, pero estoy convenciendo a Byakuya-sama para que deje al troll de Tite Kubo-sama y se venga conmigo :)


CAPITULO 3: SINTIÉNDOSE ESTÚPIDO

Sociedad de Almas.

La Senkaimon se abrió frente a la entrada de las instalaciones de la sexta división y tres shinigamis aparecieron tras ella, caminando rápidamente. Tenían varias cosas que hacer y lo mejor era comenzar cuanto antes.

Renji y Byakuya cruzaron la entrada del edificio, seguidos por la rubia teniente.

- Rangiku-san - la llamó Renji, pero Matsumoto no le prestó atención y siguió caminando detrás de Byakuya.

¿Por qué los seguía? Lo más lógico era que regresara a su respectiva división, pero al parecer quería quedarse con ellos para escuchar la conversación del capitán con respecto a la situación de Rukia. El pelinegro le dio una mirada fría, pero la teniente iba concentrada en otras cosas y no se percató.

Renji suspiró y Byakuya cerró los ojos. "Que haga lo que quiera" pensó el shinigami pelinegro, pues conociendo su reputación nada de lo que dijeran haría que la rubia los dejara solos. Siguieron caminando silenciosamente hasta llegar a la oficina del capitán.

- Byakuya ¡Qué bueno que llegan! ¡Los estaba esperando! - saludó Ukitake sentado en uno de los sillones de la oficina.

- ¿Qué haces aquí Ukitake? - preguntó Byakuya a manera de saludo.

- ¿Qué le ocurrió a Rukia? ¿Está bien? - preguntó el peliblanco preocupado - ¿Cómo fue que se convirtió en bebé?

Renji y Matsumoto se miraron confundidos y Byakuya frunció un poco el ceño. ¿Cómo podía Ukitake saber acerca de la condición de Rukia si ellos recién habían llegado?

"Seguramente fue esa mujer" pensó Byakuya.

- Yoruichi me llamó y me contó todo hace un momento - explicó el capitán al percatarse de la confusión de los tenientes - Pero nunca antes había oído de algo así. ¿Qué fue lo que ocurrió exactamente?

"Lo sabía" se dijo a sí mismo el capitán pelinegro luego de escuchar la confirmación del peliblanco.

- No lo sabemos capitán Ukitake - respondió Renji con algo de pesar - Urahara-san no tiene ninguna pista sobre el asunto, así que no puede regresar a Rukia a la normalidad.

- ¿No puede? - el peliblanco abrió los ojos sorprendido - ¿Entonces qué pasará? - Ukitake ya se angustiaba con la idea de que su teniente se quedara como bebé para siempre.

- Por ahora Rukia se quedará en Karakura en lo que tratan de descubrir un antídoto o algo así - explicó Matsumoto - Urahara-san ya está trabajando en eso, pero no sabemos por cuanto tiempo.

- Ya veo - comentó con voz suave, algo más esperanzado - ¿Y quién se ocupará de ella mientras tanto?

- Ichigo la cuidará - respondió Renji - Se quedará en la casa de Urahara-san mientras tanto.

- ¿Ahí? ¿Y por qué no en su casa? - preguntó ladeando la cabeza, pues era lógico que Ichigo la cuidara, pero no entendía el por qué no lo hacía en su propio hogar. Al mirar a Byakuya y ver como éste fruncía el ceño y cerraba los ojos, comprendió la razón. La poderosa razón por el que Rukia no podía quedarse en la casa de Ichigo: Isshin. El peliblanco sonrió al darse cuenta del motivo.

- Debió haberla visto capitán Ukitake - comentó Matsumoto con los ojos brillantes - ¡Se veía tan linda! ¡Definitivamente encantadora!

- Me imagino - respondió Ukitake sonriendo - ¿Eh? Por cierto, ¿qué hace Matsumoto aquí?

-Eso mismo quiero saber - se escuchó una voz detrás de la puerta. Matsumoto dio un respingo y la puerta se abrió, descubriendo a un muy molesto Hitsugaya que la miraba fijamente.

- Ca-ca-capitán - balbuceó asustada - ¿Qué está haciendo aquí?

- La pregunta es qué haces tú aquí - dijo enojado, entrando a la oficina - No recuerdo haberte dado permiso para salir.

- Bueno, verá. Es que… - comenzó a explicar, sin lograrlo - ¡Renji me pidió ayuda! - exclamó apuntando al pelirrojo - ¡Quería que lo acompañara al Mundo Real!

- ¿Qué? - un tic apareció en uno de los ojos del pequeño - ¿Y a qué diablos fuiste al Mundo Real?

- ¡Renji me pidió ayuda capitán! ¡No podía dejarlo solo!

- ¡No es cierto! - se defendió el aludido - Ella nos dijo que usted le había dado permiso capitán Hitsugaya ¿no es cierto capitán? - añadió mirando a Byakuya.

El pelinegro solo cerró los ojos y asintió. A Hitsugaya le aparecieron muchas venitas en la cabeza y tomó a la shinigami por el cuello de su traje, arrastrándola hacia la salida.

- ¿A dónde vamos? - preguntó tontamente mientras era arrastrada.

- ¡¿A dónde crees idiota?! - le gritó - ¡Tenemos trabajo que hacer! ¡Muévete de una vez!

- Eeeeeehhh - se quejó, retorciéndose - ¡No quiero! ¡Quiero saber qué pasará con Rukiaaaaaa! ¡Deje que me quede un momento más!

- ¡Cállate!

- Pero, pero…

- ¡Que te calles! - volvió a gritar - Lamento si causo problemas Kuchiki - se disculpó el peliblanco, bajando la intensidad de su voz - Con permiso - añadió y cerró la puerta tras él. La sala quedó en silencio, pero se podían escuchar los lloriqueos de Matsumoto y los gritos que le daba su capitán.

- Bueno, como íbamos diciendo - Ukitake tosió suavemente - ¿Entonces como queda la situación de Rukia? - preguntó a Byakuya.

- Por el momento Kurosaki se encargará de cuidarla en la tienda de Urahara Kisuke hasta que se resuelva su condición - respondió - Y sus amigos también lo ayudarán cuidarla.

- Eso es bueno - comentó el peliblanco - Al menos todos estarán pendiente de ella.

Siguieron hablando por un buen rato más, acerca de la extraña situación en la que la pequeña teniente estaba envuelta. Sin duda era un tema bastante preocupante, pues nadie sabía que pasaría si Rukia no podía regresar a su edad normal.

Ya era de noche cuando Ukitake decidió retirarse.

- Con que tú también ayudarás a Ichigo-kun de vez en cuando ¿eh? - le dijo Ukitake mientras salía por la puerta acompañado por el pelirrojo.

- Así es - respondió Renji, recordando como su jefe le había "pedido amablemente" que ayudara al pelinaranja en el cuidado de su hermana.

- Supongo que es mejor que varias personas estén con ella - comentó sonriendo - Ya sabes, en caso que tenga una de esas intensas rabietas de bebé.

- Ni que lo diga - rió Renji - ya pudimos ver una. Por poco y destruye la casa de Urahara-san - añadió riendo y Ukitake también rió. - Pero ocurrió algo increíble capitán Ukitake.

- ¿Qué cosa? - preguntó extrañado.

- Rukia estaba llora que llora y todos intentaban calmarla cantándole una tonta canción y actuando como idiotas, pero nadie lo conseguía - sonrió - Solo el capitán pudo tranquilizarla ¡y sin hacer nada! Solo la miro fijamente y Rukia se calmó por completo y después comenzó a reír como si se hubiera vuelto loca.

- Wow ¿Byakuya? ¿en serio? - dijo Ukitake con la boca abierta, pues jamás se habría imaginado que Byakuya tuviera talento con los niños.

- Sí - respondió el pelirrojo emocionado - Era una linda escena. Después se puso a jugar con las manos de Rukia y…

Renji sintió un escalofrío recorrer su espalda y volteó mecánicamente para encontrarse con los fríos ojos grises de Byakuya que lo miraban fijamente, casi atravesando su cabeza.

"¡Diablos, creo que hable demasiado!" pensó, mientras sudada profusamente. Ukitake sonrió complacido en enterarse de una nueva faceta de Byakuya para con Rukia y ya se imaginaba la escena que Renji le había descrito. Sin duda se verían muy tiernos. Se preguntaba si habría algún registro de aquello; si Urahara o Yoruichi habrían grabado algo o tomado alguna fotografía. Volvió a sonreír y despidiéndose se retiró de los cuarteles de la sexta división.

Karakura, días después.

Ichigo ya llevaba dos días en la casa de Urahara trabajando como niñero, aunque en realidad no había hecho nada. A cada llanto de Rukia, inmediatamente llegaban Yoruichi o Urahara para atenderla, pues el pelinaranja había demostrado desde el principio no ser de mucha utilidad. Los shinigamis se turnaban para atender a Rukia en lo que necesitara, dejando a Ichigo relegado en un rincón.

¡Hasta Ururu y Jinta habían acudido en varias ocasiones! Y lo que es peor, ¡lo habían hecho mejor que él!

Ichigo se sentía un completo idiota. ¿Dónde estaban los conocimientos de todas aquellas veces que ayudó a cuidar a sus hermanas? ¿Cómo es posible que no pudiera preparar un biberón de leche sin dejarla hirviendo? ¿O qué no se atreviera a cambiarle pañal por el hecho de verla desnuda, aunque fuera una bebé? ¿O que destruyera todos los frascos de talco o de loción al intentar destaparlos, siendo que eran de tapa giratoria? ¿O que ni siquiera pudiera hacerla dormir al mecerla como un salvaje? Se sentía como un estúpido, así que desde el primer día en el que demostró (y aceptó) ser un inútil, se había dedicado a mirar y grabar mentalmente todo lo que los shinigamis mayores hacían para cuidar a la pequeña ojivioleta y mantenerla en una sola pieza.

Al tercer día ya tenía la habilidad necesaria para cuidar de ella, sin que expusiera la integridad física de la pequeña. Eso era una gran característica de Ichigo; una velocidad de aprendizaje impresionante. Al tercer día ya casi no necesitaba ayuda de los demás; aunque claro, cada vez que tenía que mudarla de pañal o darle un baño, obligadamente tenía que recurrir a Yoruichi, pues él no se atrevía a hacerlo todavía.

- o -

- Mañana volveré a mi casa - comentó Ichigo mientras cenaban en la sala.

- ¿Por qué? - preguntó Yoruichi - ¿Vas a quedarte allá? Recuerda que Byakuya prácticamente lo prohibió - le recordó sonriendo.

- No me quedaré - respondió él, pues tampoco le hacía gracia que su padre estuviera ahí para acosar a Rukia, además de no estar muy seguro de cómo reaccionarían con la noticia - Pero tengo que ir a buscar algunas cosas. Necesito más ropa y mis cosas para la Universidad.

- Oh sí, por cierto - interrumpió Urahara - ¿Cómo lo harás con tus clases? Ya has perdido tres días.

- Lo sé. Ya debo regresar o me atrasaré. Estaba pensando… - meditó por unos segundos - ¿Ustedes podrían cuidarla en las mañanas?

- No podemos - respondieron al unísono, sin levantar la vista.

- ¡Ni siquiera se lo han pensado! - gritó el pelinaranja exasperado con una venita en la cabeza.

- Lo siento Kurosaki-san - respondió Urahara, sacando su abanico de quien sabe dónde - Pero no podemos ayudarte. Estoy investigando el asunto de Kuchiki-san junto con otras cosas y eso me lleva gran parte del día.

- Lo siento Ichigo, pero yo también estoy en otro asunto - se disculpó Yoruichi - En las tardes si quieres la dejas conmigo para que tú puedas descansar - propuso.

- Puedes llevarla contigo a clases - sugirió el rubio.

- ¿Conmigo?

- Sí - dijo con su voz cantarina - Recientemente las universidades cuentan con guarderías o con permisos especiales para que los alumnos asistan a clases con sus hijos pequeños.

- ¿Y si me preguntan por ella?

- Pues pretende ser un padre soltero y todo estará bien - respondió riendo.

"Maldito" pensó Ichigo. De ninguna manera inventaría una tontería como esa. Ya de por sí la gente tenía una mala impresión de él por su colorido cabello, como para ahora añadirle el presentarse como padre soltero. Eso jamás.

Algo se le tenía que ocurrir, pero ya era tarde. Decidió irse a dormir y pensar en el asunto a la mañana siguiente. Se levantó y tomó a Rukia del cojín en donde estaba durmiendo y se la llevó.

- ¿A qué hora saldrás mañana? - preguntó Yoruichi.

- No lo sé, pero será temprano. - respondió - Después quiero pasar a al centro comercial.

- ¿Para qué?

- Quiero comprar algo de ropa para ella. No está bien que esté usando esa cosa todavía. - respondió indicando el pequeño y deforme traje negro que Rukia usaba ahora.

- ¡Qué dices! - exclamó el rubio, fingiendo molestia - A pesar que hice maravillas con el destrozado shihakusho de Kuchiki-san y me pinché todos los dedos tratando de confeccionarle ese traje en miniatura. Deberías estar contento, está hecho con el sudor, sangre y lágrimas de este humilde y sexy vendedor - añadió teatralmente.

- Eso no le quita lo feo - respondió Ichigo frunciendo el ceño - Además es negro. ¿Qué clase de bebé usa ese color?

- ¿Un bebé shinigami? - preguntó con una boba mueca en la cara, recibiendo un golpe del pelinaranja.

- Ya me voy. Buenas noches - se despidió con otra venita palpitante en su cabeza y se retiró a su habitación.

Al día siguiente.

Ichigo sentía una fuerte opresión en el pecho que no lo dejaba respirar tranquilo. Se acercaba a su casa y podía sentir como la tempestad avanzaba con cada paso que daba.

Eran poco más de las ocho de la mañana, así que esperaba que su padre y sus hermanas ya no estuvieran ahí. A pesar que su familia ya sabía todo acerca de su trabajo de shinigami, no sabía cómo contarles acerca de la transformación de Rukia y mucho menos decirles que ahora era su niñero.

Ichigo había hablado con Isshin el mismo día que Byakuya decretó que tenía que quedarse en la casa de Urahara para cuidar de Rukia y desde luego, su padre no le puso objeción. Claro que tampoco le contó la verdadera razón, por lo cual el Kurosaki mayor solo pensaba que se había alejado de su casa para distraerse un momento, pues lo veía muy estresado últimamente.

Ichigo llegó a su casa y abrió la reja lentamente. Rukia se revolvió un poco en sus brazos, parecía que iba a despertarse, pero por suerte no lo hizo.

Entró a su casa y al llegar a la sala notó que estaba vacía.

"Qué suerte" pensó. Caminó hasta el living y dejó a Rukia durmiendo en uno de los sillones. Estaba a punto de subir la escalera, cuando vio de reojo como la pequeña shinigami giraba sobre su cuerpo y se acercaba peligrosamente al borde del sillón. "¡Demonios!". Ichigo palideció y se lanzó sobre el suelo, atrapándola justo a tiempo para evitar que Rukia tuviera su primera gran caída.

¡Eso habría sido terrible! Y representaba además, una amenaza considerable para su propia vida, pues Byakuya lo mataría si se enteraba que Rukia se había hecho daño por la estúpida idea de Ichigo de dejarla dormida sobre un sillón.

¡Definitivamente no tenía mucha madera de niñero!

A fin de cuentas, subió hasta su cuarto con la pequeña en brazos y la recostó sobre su cama. Ichigo la miró fijamente por un largo rato admirando la inocencia de su cara. Con sus mejillas rosadas y un gesto angelical y tranquilo; nada comparado al ceño furioso que tenía a veces o a las muecas que hacía cada vez que le gritaba o se burlaba de él. Sin darse cuenta, sonrió al recordar todos aquellos momentos y un ligero rubor apareció en su cara. Sacudió su cabeza al verse a sí mismo recordando esos momentos, pues por ahora tenía que concentrarse en cuidar de la enana para que pronto volviera a su estado normal.

Recogió un bolso y metió varias mudas de ropa, algunos libros y cuadernos, su notebook y su billetera.

Había tomado el bolso y estaba a punto de cargar a Rukia, cuando la puerta de su habitación se abrió suavemente.

- ¡Ichigo! - se oyó un grito y el pelinaranja se tensó al pensar que podía tratarse de su padre - ¡Ichigo! ¡Al fin llegas tonto! ¡Ya me aburría de esperarte! - gritó Kon saltando sobre él.

- Kon - suspiró aliviado.

- ¿Estás solo? - pregunto el peluche mirándolo - ¿Dónde está Nee-san? ¡No me digas que regresó a la Sociedad de Almas sin despedirse de mí!

- Eee… - Ichigo no sabía cómo explicar la situación, así que quiso ir directamente al grano - Ella está aquí.

-¿Cómo? ¿En dónde? - Kon comenzó a mirar en todas las direcciones, hasta que por fin sus ojos se posaron en el pequeño bulto negro sobre la cama de Ichigo. - ¿Qué demonios…? - preguntó saltando sobre la cama.

- Ella es…

- ¡Nee-san! - gritó, acercándose a ella y mirándola fijamente - ¡Nee-san! ¡Qué fue lo que te pasó!

Ichigo se sorprendió. ¿Cómo rayos pudo Kon reconocer a Rukia tan rápido, siendo que a él le tomó un tiempo? Tenía que reconocer que el hecho que un peluche parlante le ganara en reconocer a la shinigami lo hacía sentir como un tonto. Kon pareció adivinar sus pensamientos, pues volteó en dirección del pelinaranja y le sonrió burlonamente.

- Eso es porque Nee-san y yo tenemos un vínculo más fuerte que el que tiene contigo - se burló. Ichigo lo agarró de una pata y lo estrelló contra la pared.

- Cállate.

- Pero ¿qué fue lo que pasó? - volvió a preguntar, incorporándose y frotando su cara de felpa.

Ichigo le explicó lo poco que sabía y Kon increíblemente no armó ningún escándalo. Entendía el por qué Ichigo tenía que quedarse en la casa de Urahara, pues el loco de su padre no lo dejaría tranquilo si se enteraba.

Tomó el bolso, lo colgó sobre su hombro y luego cargó a Rukia con un brazo. En eso miró detenidamente a Kon y sonrió.

- Tú vienes conmigo - le dijo, agarrándolo con la mano que tenía libre.

- ¿Eh? ¿A dónde? ¿Por qué? - preguntó, retorciéndose.

- Rukia necesitará juguetes - sonrió malvadamente.

-¿Quieres decir que seré babeado por Nee-san? - preguntó el peluche extrañamente cómodo con la idea.

De hecho, le sonaba bastante bien. En una de sus más retorcidas fantasías se imaginaba en una situación similar. Claro que Rukia no estaba en forma de bebé, pero a fin de cuentas Nee-san era Nee-san.

Ichigo solo frunció el ceño y metió al peluche pervertido dentro de su bolso. Bajó las escaleras rápidamente, dispuesto a salir de su casa lo más pronto posible cuando la puerta de la entrada se abrió.

-¡Oh! ¡Onii-chan estás aquí! - lo saludó Yuzu, sonriente.

- Ichi-nii ¡Qué bueno que vuelves! - dijo Karin.

- ¡¿Quéee?! - se escuchó un grito desde fuera de la casa - ¿Mi primogénito regresó a la casa de su padre? - Isshin corrió desde la reja, dio un salto y entró a la sala dando una de sus patadas voladoras. De pronto, se percató que su hijo cargaba algo en uno de sus brazos. Algo pequeño. Abrió los ojos como platos al percatarse de qué era y, (nadie supo cómo) se detuvo en medio del aire y cayó pesadamente de cara al suelo.

- ¡Papá! - exclamaron las chicas - ¡Qué te pasó! - y corrieron a levantarlo.

- S... S…So…Soy - balbuceaba con los ojos enormes y brillantes - ¡SOY ABUELO! - gritó a todo lo que daban sus pulmones.

Rukia abrió los ojos, asustada y comenzó a llorar y a revolverse entre los brazos de Ichigo, quien se tensó de inmediato y muchas venitas aparecieron en su cabeza.

- ¡Cállate viejo! - le gritó, pateando su cabeza y hundiéndola en el suelo - ¡La despertaste idiota! - y aplastó aún más la cara de su padre.

- ¡QUEEEEE! - gritaron las chicas al unísono y voltearon a ver a Ichigo, quien furiosamente pisaba la cabeza de su papá.

En un rápido movimiento Isshin se liberó del pie opresor de su hijo y se arrastró como pudo hacia el poster de Masaki.

- ¡Oh, mamá! ¡Mamá! - gritaba Isshin llorando - ¡Nuestro estúpido hijo al fin cumplió su deber de hombre! ¡Somos abuelos! ¡Somos abuelos! - gritaba y giraba sobre sus pies, arrojando flores que nadie supo de dónde sacó.

La cara de Ichigo estaba completamente roja. Ya suponía una reacción similar por parte de su padre, pero siempre quedaba corto cuando se trataba de él.

- ¿Es cierto Onii-chan? - preguntó Yuzu acercándose a su hermano y tratando de tocar a Rukia quien seguía llorando.

- Claro que sí Yuzu, solo fíjate - comentó Karin sonriendo - Es idéntica a Rukia-chan.

Ichigo volvió a sentirse estúpido. ¿Por qué todos la reconocían de inmediato excepto él, quien se supone que era su… su amigo?

- Tienes razón Karin-chan, es igualita a ella - añadió Yuzu - Pero Onii-chan, ¿Cómo puede ser? Vimos a Rukia-chan hace muy poco y no le notamos panza.

- Recuerda que ella es muy delgada Yuzu, tal vez por eso no se le notaba.

- ¿Y cómo se llama? - preguntaron las chicas al mismo tiempo.

- ¡Oh sí! ¿Y en dónde está mi adorada tercera hija? - preguntó Isshin mirando en todas direcciones y olfateando ruidosamente el aire, tratando de sentir el olor de la pelinegra.

"Bueno, aquí vamos" se dijo Ichigo.

- o -

Una hora después Ichigo salía tranquilamente de su casa, dejando dentro de ella a tres confundidos y estáticos Kurosaki. La explicación había sido rápida, simple y… rápida. Pero aun así la noticia fue demasiado impactante para su familia. Sobre todo para Isshin, quien vio derrumbado su castillo de felicidad y sollozaba tristemente al enterarse que no era abuelo (todavía). Tristemente comenzó a recoger las flores que había lanzado y las guardó en un canasto para conservarlas, pues algún día las flores de celebración abuelística se utilizarían de nuevo.

- o -

La gente miraba con desconfianza al joven de cabello naranja y ceño fruncido que caminaba por los pasillos del centro comercial cargando un bebé. Ichigo podía escuchar sus cuchicheos, pero no les prestaba atención. Bueno, si podía escucharlos era obvio que les ponía atención y le molestaba claro, pero trataba de no ofuscarse tanto, pues él sabía que Rukia no era su hija y porque además golpear a esas viejas chismosas era contra la ley.

-¡Pero si es solo un chico! - decía una señora regordeta sentada en la cafetería del centro comercial.

- Estos jóvenes de ahora - le respondía su amiga, sentada frente a ella.

- ¡Solo mira su cabello! - la voz escandalizada de la mujer era difícil de ignorar - Y mira a la chiquita, va vestida de negro ¡Pobre pequeña! ¿Quién viste a un bebé con ese color?

- Estos jóvenes de hoy en día - volvió a repetir la amiga - Son bebés teniendo bebés.

Ichigo caminaba con el ceño más fruncido de lo normal e insultaba mentalmente a esas viejas cotorras, que al parecer no tenían nada mejor que hacer que sentarse a criticar al mundo.

- o -

El departamento de ropa infantil estaba repleto de cosas para niñas. Al parecer eran las chicas quienes gobernaban el mundo, pues por todas partes abundaba el color rosado y solo un pequeño rincón era celeste.

Apurando el paso comenzó a recorrer los pasillos, buscando algo que fuera de apropiado para Rukia, que miraba todo con ojitos curiosos. Ichigo sonrió al ver como ella miraba fijamente un pequeño traje blanco con orejitas de conejo.

"Al parecer sigue con los mismos gustos" pensó mientras sonreía. El pelinaranja tomó el traje y sin fijarse en talla ni precio lo descolgó. Mientras caminaba fue tomando varias prendas que a su parecer se le hacían apropiadas para ella, sin fijarse que lo que estaba escogiendo era varias tallas más grandes que la ojivioleta.

- o -

Mañana tengo que volver a clases - se dijo Ichigo en voz alta, mientras caminaba de vuelta a la casa de Urahara - ¿Qué haré con la enana? - y bajó la vista a la pelinegra que se había dormido otra vez.

Abrió la puerta de la tienda de Urahara y se encontró con todos sus amigos esperándolo en la sala.

- Buenos días Kurosaki-kun - saludó Inoue sonriente. La pelinaranja se levantó y se acercó a él para quitarle a Rukia de los brazos con un ágil movimiento - Buenos días Kuchiki-san - la saludó también, logrando que se despertara y le sonriera.

- ¿Qué hacen todos aquí? - preguntó el shinigami.

-Tenemos que ayudarte a cuidar a Kuchiki-san ¿lo olvidas? - le recordó el quincy - Toma, te traje esto - añadió y le entregó una carpeta azul.

- ¿Qué es esto? - preguntó.

- Son copias de la materia que hemos pasado - respondió - Ya has perdido varias clases y si sigues así te atrasarás mucho.

- Gracias - le dijo - Lo necesitaba.

Ambos chicos habían entrado a estudiar Medicina en la Universidad y los días en que Ichigo no podía ir a clases, Ishida se encargaba de prestarle sus apuntes y viceversa. Claro que las notas del quincy eran mucho mejor que las de Ichigo, a pesar que siempre estudiaran juntos.

- No es nada - respondió el quincy. En eso pareció notar las bolsas que cargaba Ichigo y se sintió curioso - ¿Qué llevas ahí? - le preguntó.

- Ah, unas cosas que compré para Rukia - respondió - No teníamos nada con que vestirla hasta ahora, así que le compre un poco de ropa.

A Ishida le brillaron los ojos a través de los lentes y comenzó a sacar prenda por prenda de las bolsas, examinándolas con ojo crítico.

-Kurosaki - dijo con voz seria.

- ¿Qué?

- ¡Idiota, esto no le quedará a Kuchiki-san! - exclamó y levantó uno de los trajes, para demostrar que la ropa que Ichigo escogió era el doble del tamaño de Rukia.

- ¿Eh?

- ¿Qué talla compraste Ichigo? - preguntó Chad quien jugaba con Rukia e Inoue.

- ¿Talla?

- Idiota - dijo Ishida - Seguro que ni te fijaste en el tamaño - afirmó.

- Pero al menos el traje de conejito si le queda - añadió Inoue mientras cambiaba de ropa a la shinigami bebé y Chad volteaba la cara, avergonzado.

Ichigo volvió a sentirse como un estúpido por milésima vez en el transcurso del día. ¡No se le había ocurrido fijarse en la talla! De todas las cosas que compro solo una le quedaba bien ¡Una! ¡Se estaba convirtiendo en el peor niñero de la historia! Ishida comprendió la expresión de Ichigo y de inmediato comenzó a buscar algo entre su bolso.

- No te preocupes Kurosaki - lo tranquilizó, mientras se arreglaba los lentes - Yo arreglaré lo demás - añadió y sacando una cajita con hilos y agujas, y a una velocidad asombrosa, comenzó a ajustar perfectamente las prendas para dejarlas al tamaño de Rukia.

El pelinaranja suspiró cansado, todavía le faltaba mucho por aprender. Se preguntaba si de esa manera podría llegar a ser un buen padre algún día, aunque claro seguramente la ojivioleta sería una buena madre y lo ayudaría.

"¿Eh? ¡¿Qué diablos estoy pensando?! Se gritó a sí mismo y sacudió su cabeza para alejar esas ideas raras.

Ichigo miró a Inoue, Ishida y Chad que en ese momento lo ayudaban a cuidar de la pelinegra. Definitivamente estaba muy agradecido con ellos por su ayuda y comenzó a sentirse un poco mejor.

Si algún día llegara a ser padre y tuviera problemas, estaba seguro que podía contar con sus amigos para que lo ayudaran. Su hijo o hija tendría a los mejores tíos.

Mientras tanto Kon, todavía dentro del bolso, ya no podía esperar para ser babeado por Rukia.


Nyaaaa... Ichigo comprando ropa de bebe! Pagaria por ver eso... Bueno, no. No pagaria... soy estudiante universitaria asi que soy pobre XD jajajaja

Bueno, ojala que les haya gustado :3

¿Como quedara la ropa que arreglara el tio Ishida? :D jijiji... ME encanta como suena

Matta nee