-¡Clow! –Espejo quedó anonadada. Su creador se encontraba frente a ella, pero en forma de niño. ¿Cómo podía ser posible? Él había muerto... pero... ¿Acaso se trataba de otra persona parecida? No, eso si que era imposible, la sensación era demasiado familiar.
Eriol se acercó lentamente. Este era el mayor error que había cometido, no supo prevenir la aparición de Espejo en la escuela. Extendió su mano y tocó la frente de la carta con forma de Sakura.
Li volteó la cabeza hacia la escena.
-Espejo... lo lamento tanto...
La niña miró a su alrededor. Ya no se encontraba en la sala de clases, sólo podía ver oscuridad y un paisaje estrellado. Tampoco conservaba la forma de su nueva ama, había regresado a su forma con cabello largo y una túnica blanca. Frente a ella, se encontraba la forma del antiguo mago Clow.
-Espejo... no deseo hacerlo... pero...
-¡Clow! ¿Qué está pasando? ¿Por qué...?
-Escucha Espejo... el tiempo es limitado. Te pido mis más sinceras disculpas, pero tendré que borrar tu memoria. No puedo dejar...
-¡No! –gritó Espejo desesperada-. ¡No lo hagas! ¡Hay tanto que quiero preguntarte!
-Espejo –Clow parecía desolado. Borrar la memoria de alguien era una grave afrenta para esa persona. Y él siempre había considerado a todas las cartas cómo personas. La oportunidad había pasado, el espacio atemporal desapareció.
Eriol retiró su mano. Espejo retrocedió un par de pasos. No tenía palabras.
-Por favor reúnete conmigo en la azotea de la escuela después de clases –dijo Eriol sonriendo. Se dio media vuelta y alcanzó a ver cómo Li se esforzaba por retirar su mirada lo más rápido posible de la escena.
-Espero que este error pueda solucionarse –pensó Eriol-. Y espero no haber cometido otro con mi descendiente, al intentar solucionarlo.
-¿Qué fue eso? –preguntó Tomoyo divertida. Al entrar al salón tuvo que guardar su cámara, así que sólo había alcanzado a escuchar lo último-. Su nombre es Eriol Hiragizawa, es un amigo nuestro.
-Creo que le parecí algo extraña –mintió Espejo. Así que Clow se ocultaba bajo el nombre de Eriol... Que día más lleno de situaciones secretas. No sabía como podría soportarlo. Afortunadamente, en ese momento llegó el profesor y todos tuvieron que volver a sus puestos.
Espejo aprovechó la clase para pensar en todo lo que había ocurrido. Tomoyo y Touya habían descubierto su identidad, Li Syaoran le había confesado sus sentimientos, y había descubierto que el mago Clow –aún no se explicaba cómo- había adquirido una nueva forma y asistía al mismo curso que Sakura. Las cosas no podían ponerse peor...
-Sakura, por favor pasa adelante a resolver este ejercicio –dijo el profesor. Obviamente se había equivocado. Las cosas se habían puesto peor.
De vuelta en su asiento, Espejo miró desolada a Tomoyo.
-No te preocupes –susurró esta-. Sakura tampoco habría podido resolverlo...
La clase terminó y Tomoyo se llevó a Espejo a comer al patio. Allí se encontraron con una visita inesperada: Kero.
-Sakura me envió –anunció este, mientras inspeccionaba los almuerzos-. Para asegurarse que todo estuviera bien.
-Pues no podría decir que todo salió perfecto –dijo Tomoyo preocupada-. Pobre Li...
-¿Uh? ¿Qué pasó con el mocoso?
-Oh ¡No! ¡Nada! –dijo Tomoyo disimulando-. Pero creo que deberíamos contarle que hoy has venido tú en vez de Sakura, ¿No crees? ¿Espejo?
Esta no contestó, pues se encontraba sumida en una gran interrogante. El guardián de las cartas, Kerberos, se encontraba junto a ella. ¿Debía informarle lo que había ocurrido con Clow? ¿O debía esperar a la reunión de la tarde? ¿Qué pasaría si...
-La campana –dijo Tomoyo-. Tenemos clase de cocina a continuación.
-Entonces regresemos –dijo Espejo incorporándose. Tendría que esperar.
-Oh, a propósito –dijo Tomoyo divertida-. Probablemente deberías saber que... el grupo de cocina... lo conformamos Sakura, Li, Hiragizawa y yo.
-¿Quéeeeee? –Los ojos de Espejo se hicieron remolinos. Las cosas iban a ponerse enredadas nuevamente, lo presentía. Y hubiera estado más segura aún, si se hubiera dado cuenta que Kero había aprovechado el descuido para introducirse a la mochila de Sakura sin ser visto.
