¡Hola! Bueno… Sí soy yo de nuevo XD
Debería en este momento estar trabajando en mi otro fic, falta poco para terminarlo y aun no puedo; sigo así desde la semana pasada. Pero en este estoy completamente inspirada (?)
¿Qué más puedo decir? Muchísimas gracias por sus hermosos reviews. Espero que este capítulo sea de su agrado. Cualquier duda, comentario, sugerencia, etc. Espero me la hagan llegar :)
Previo a la ceremonia
Alrededor de las tres de la tarde, una menuda mujer de cabello castaño y ojos color ámbar, entro a la habitación para dejar una charola de comida, al que próximamente se convertiría en reina consorte de Sina.
Había pasado una hora y media y Eren aun no probaba bocado. La comida se había enfriado y casi la mayoría de cosas contenían carne.
Irvin lo visitó cuando iban a dar casi las seis de la tarde. El muchacho se encontraba recostado en la enorme cama -ahora tendida- simplemente mirando a la nada.
-No has probado bocado-
Irvin miró al chico castaño y se sentó justo a su lado, mirando la bandeja que aun estaba a orillas de la enorme cama.
El chico que hasta ahora tenía la mirada perdida, miró al ojiazul.
-No tengo hambre-
-Pero no has comido desde ayer, debes estar fuerte y sano para…-
-Ya sé, para poder procrear al hijo que Levi tanto quiere- Se adelantó a decir.
Irvin miró preocupado al ojiverde.
-No iba a decir eso- El rubio comenzó a acariciar las manos de Eren de una manera tierna, tanto así que al joven le pareció un hermoso gesto de amabilidad.
-¿Sabes por qué Levi quiere tener un hijo conmigo?-
Aquella pregunta tomo por sorpresa al Comandante.
-Eren… No debes pensar en eso-
El chico miro hacia el techo intentando aguantar un par de lágrimas que amenazaban con salir.
-Es que… Aquello pronto tendrá que suceder y yo tengo que hacerme a la idea, pero por más que pienso, no entiendo porque el rey de Sina quiere tener un hijo con alguien como yo-
-¿Alguien cómo tú?-
-Irvin… soy un tama, no soy un ser humano; los de mi especie somos diferentes a ustedes, además no tengo ningún alto rango ni soy de la nobleza ¿No se supone que los reyes se casan con princesas o… mujeres nobles? Además ¡Soy un hombre! ¿Qué tiene de bueno casarse con un hombre?-
-Eren… - El mayor podía notar la desesperación contenida en aquellas palabras. Irvin no supo que más hacer, así que simplemente acarició la cabeza del castaño, acercándolo a su hombro.
-Eren, tú eres un hermoso joven y cualquiera estaría encantado de formar una familia contigo-
Lo separó un poco para poder mirarle a los ojos.
-¿Y por qué un tama?- Eren insistía en aquella pregunta.
-¿Sabes?- por fin comenzó a explicar el mayor.
- Levi ha estado con muchas mujeres, y al parecer no le satisficieron lo suficiente, tal vez ahora hasta le den asco, no lo sé-
Irvin hizo una pausa un tanto larga hasta que por fin volvió a hablar.
-Levi puede llegar a tener gustos diferentes; él estaba al tanto de las habilidades que poseen los varones tama para procrear a un…- El ojiazul no sabía si debía continuar aquella conversación, ya que el rostro del muchacho se tornaba cada vez más perturbado.
-Irvin-
-¿Dime?-
-Y- Yo, yo nunca…-
El rubio no sabía a qué se estaba refiriendo el menor al pronunciar aquellas palabras, hasta que noto un leve sonrojo en la pálida piel del tama. El chico ciertamente se refería a que nunca antes había estado en la cama con algún otro hombre, o mujer.
-¿Por qué no comes?- Intento desviar aquel incómodo tema. Separándose del muchacho y tomando la bandeja plateada que contenía los alimentos.
-¿Qué tal un trozo de guisado? Te gustara- El mayor tomo un cubierto y lo acerco a la cara del muchacho.
-No, yo… no como carne- Para los de mi especie los animales son muy importantes, son nuestros compañeros y… amigos; no podemos hacer eso, nosotros tomamos nuestros alimentos de la tierra y después se lo devolvemos a nuestra madre naturaleza-
-Ah… Lo siento. No lo sabía, hare que te traigan lo que a ti te gusta-
-No te preocupes… Yo estoy bien-
-No debes mal pasarte- El rubio tomo la mejilla de Eren en una de sus manos y le regalo una tierna sonrisa.
Aquello era lo que más calmaba al muchacho tama; el poco tiempo que llevaba en el castillo, el único que lo trataba de manera amable era el hermano mayor del rey. Era gratificante saber que al menos alguien te tenía aprecio.
-¿Por qué no salirnos un rato?-
El chico que hasta ahora mantenía la cabeza gacha, alzó la cabeza en un rápido movimiento, mirando hacia la enorme ventana; ahora más que nunca le tenía pavor a salir de día.
-Descuida, el sol debe haberse ocultado en su gran mayoría-
Eren no le conto sobre el episodio que había tenido en la mañana con Levi, por lo que Irvin seguía incitando al castaño, sin saber el terror que ahora infundía en el ojiverde el salir a caminar.
Eren dudo un poco pero al final aceptó, ahora el sol se había ocultado y si algo sucedía, Irvin seguramente lo ayudaría.
Previamente se le había dejado dispuesto un cambio de ropa propio de alguien de la realeza y aunque se sentía muy incómodo con ella, tuvo que ponérsela antes de salir. Irvin le aconsejó que si quería que lo vieran como la nueva "Reina" tendría que vestirse como tal.
Su ropaje consistía en un camisón verde claro que le llegaba hasta los muslos, abombachado de las mangas y con detalles de encaje negro y blanco al final de éstas y en el cuello, sobre este tuvo que usar un chaleco igual de largo pero de un verde que combinaba más con el color de sus ojos, y finalmente pantalones bombachos del miso color y unas botas cafés como calzado.
Cuando por fin estuvo listo, ambos hombres salieron a recorrer el enorme palacio.
Aquel lugar era más grande de lo que se imaginó, aquella vivienda eran tan suntuosa –Digna de un rey- y de grandes proporciones. El edificio se encontraba ubicado en un lugar un tanto alejado del pueblo, en lo más alto de Sina.
Cuando por fin el sol se ocultó por completo, Irvin dirigió a Eren al lugar que –según él- encantaría al muchacho. El jardín.
Aquel lugar, era completamente adornado por verdes árboles y arbustos. Tenía la forma de un pequeño laberinto, donde era imposible perderse; pero que le daba un toque elegante.
El ojiverde al llegar al lugar, echo a correr por entre los arbustos, tocando y sintiendo con las yemas de sus dedos cada hoja de aquellos setos. Se sentía como en casa. El aire nocturno le daba de lleno en la cara, inhalo profundamente y sintió un aroma familiar.
Cuando Irvin se acercó pudo percatarse de la gente –Servidumbre de palacio- que estaba trabajando en el lugar.
Eren también se dio cuenta de la presencia de aquellas personas.
-Disculpe…- Comenzó a hablar el chico. Dos hombres; uno alto y de cabello negro, y otro fornido, ojos azules y cabello rubio voltearon a mirar al castaño.
-Esas flores que están plantando… Son orquídeas ¿No es cierto?
Los otros dos chicos se miraron mutuamente antes de responder.
-¿Quién eres tú?- Preguntó el rubio sin contestar la pregunta del otro.
Cuando por fin Irvin alcanzo a Eren los hombres que antes se encontraban trabajando se pusieron de pie e inclinaron la cabeza.
-Reiner, Bertholdt-
-Buenas noches Comandante-
-Está bien, pueden volver a su trabajo- El chico rubio, de nombre Reiner, miró de reojo a Eren.
Esto pudo notarlo el Comandante, así que pensó que era hora de que la servidumbre empezara a acostumbrarse al hecho de que prontamente tendrían una reina y que tenían que conocerla.
-Ah, se preguntaran quién es este joven. Permítanme presentar, al futuro consorte de su Majestad Rivaille-
Ambos chicos se sorprendieron ante aquello, pero antes de hacer otra cosa, hicieron una mayor reverencia.
-Ah… no se preocupen, no es necesario que…-
El chico se sintió incómodo ante aquello, quiso aminorar la tención, pidiéndoles que no hicieran tal reverencia, sentía que no la merecía; pero Irvin le miró en silencio y negó con la cabeza, recordándole su posición y que aquel gesto era lo menos que podían hacer ente él.
-Bien, es hora de irnos Er… Alteza-
El chico se quedó mirando nuevamente a los otros dos que ya habían vuelto a sus labores.
-¿Qué sucede?-
Eren volvió a inhalar el aire fresco de aquel lugar.
-Nada. Es solo que… este lugar me recuerda tanto al sitio de donde provengo, puedo sentir el aroma de las orquídeas inundando el lugar-
-¿Orquídeas?- Cuestionó el rubio, más para los otros dos que para sí mismo.
El más alto de los trabajadores volvió la mirada hacia su superior.
-Así es Comandante, su Majestad ha ordenado que sean plantadas por todo el jardín, y no solo orquídeas; todo tipo de flores nocturnas-
El joven tama se sintió un tanto emocionado por aquello. Amaba la naturaleza y a todo lo que tuviera que ver con ella, pero en especial amaba las flores.
Aquello hizo pensar a Irvin, pero no dijo nada. ¿Levi? haciendo que planten flores…
Eren por su parte esperaba con ansia llegar a ver todo el jardín adornado con aquellas hermosas flores blancas.
-Debemos regresar, es tarde-
-Ah… De acuerdo-
Eren siguió al Comandante y regresaron a su habitación.
-Espero que te sientas mejor- El rubio acarició la cabeza del muchacho de manera delicada cuando por fin llegaron a los aposentos del joven castaño.
-No pude enseñarte todo el lugar ya que es muy grande, pero al menos la mayoría la conoces. Mañana regresaré por ti y…-
En ese instante la puerta de la habitación se abrió y dio paso a aquel hombre de gran estampa.
-No creo que sea necesario Irvin. Retírate, necesito hablar con mi futura reina- El azabache hizo énfasis en las tres últimas palabras.
El chico, que para esas alturas estaba refugiado en las espaldas del rubio, le dirigió una mirada llena de súplica; queriéndole dar a entender que no le dejase solo. Pero Irvin no podía ir en contra de la orden del rey, así que con otra mirada compasiva le contestó que tenía que irse y que seguramente todo estaría bien. Acto seguido salió de la habitación.
-Veo que te llevas muy bien con mi hermano- Se dirigía al joven mientas le decía aquello. Y cuando por fin estuvo tan cerca como para tomarle del cabello, volvió a hablarle.
-¿Es que acaso te gusta que te maltrate?- Al mayor le fastidiaba que cada vez que hablaba, el otro simplemente se limitaba a bajar la mirada o desviarla hacia otro lado, sin responderle nada.
-Como sea, no importa, ya sabes a que he venido- El joven comenzó a jugar con sus manos. Demostrando así lo nervioso que estaba. El chico era bastante noble, delicado y hasta podría decirse que a veces pecaba de inocente; pero esta vez tenía muy en claro a lo que se refería el mayor.
-Majestad, Y…Yo creo que…-
-¿Tú crees?- El azabache reprocho de manera sardónica. Esto hizo que Eren no quisiera hablar más, pero tenía que hacerlo, tenía que ganar un poco de tiempo antes de estar preparado para lo que venía.
El mayor fue acercándose peligrosamente al nervioso joven.
-Vamos niño, no me hagas perder el tiempo-
-M…Majestad-
El ojiverde podía sentir ya a estas alturas, el aliento de Levi sobre su cuello.
-M…Majestad, aún… aún no estamos casados- Soltó en un momento de desesperación el castaño, haciendo que, sorpresivamente el otro se detuviera.
-¿Disculpa?-
-Yo… Yo preferiría hacer este tipo de cosas hasta después de habernos desposado- Ante aquella declaración, el menor esperaba una reprimenda por parte del otro, pero nunca llego. Grande fue su sorpresa al escuchar a su Majestad Levi comenzar a mofarse.
-Jaja, tú sí que eres interesante ¿En verdad crees en esas cosas o simplemente lo dices para evadirme?- El menor tembló ante aquel comentario, pensando que había sido descubierto.
-Pareces una mujer virgen- Terminó por declarar, al tiempo en que notaba como un color carmesí iba apoderándose del rostro del muchacho, dándose cuenta de que accidentalmente había descubierto una verdad un tanto penosa para el joven.
-¿Es en serio?- Preguntó, sabiendo ya a que se refería.
El chico bajo la mirada al suelo y no respondió nada. Estaba tan avergonzado que no podía verle la cara al otro.
-Bien-
El chico, aún sin olvidar el otro asunto; alzó la mirada encontrándose con los profundos ojos grises del rey.
-¿Disculpe?-
-Tienes razón, ya que eres un niño virgen hare una excepción. Prepararé lo necesario para que la boda se celebre en un par de días-
-Su Majestad yo…- En un momento de ingenuidad el muchacho esbozo una enorme sonrisa, aliviado de saber que ese día no sería asaltado.
-No te alegres tanto niño, es solo un pequeño gusto que estoy dándome; cuando llegue el momento ya me encargare de desvirgarte. No te preocupes- Y dejando a un atónito ojiverde Levi salió de aquella habitación.
¿Qué acababa de decir? Aquel hombre en verdad podía ser muy cruel. Eren no hizo más que volver a recostarse. Por hoy había salvado su castidad pero sabía que más adelante no correría con la misma suerte.
Quería irse, salir corriendo lo más lejos que pudiera, regresar a su aldea y seguir con su vida allí, olvidarse de que prontamente sería despojado hasta se su virginidad y que tendría que tener un hijo que –en ese momento- no deseaba. Pero eso no era posible, sabía que intentar escapar era inútil y si en el remoto caso llegara a intentarlo seguramente Levi le haría pagar por ello.
No tenía de otra más que esperar a que ese momento llegara.
El siguiente día lo paso en cama. La misma mujer que antes lo había atendido regreso de nuevo, dejándole un nuevo cambio de ropa. Se metió directamente al baño y comenzó a preparar la tina.
El joven solo observaba a aquella mujer hacer su trabajo, hasta que por fin se animo a hablarle.
-Disculpa… ¿Cuál es tu nombre?
La mujer de pronto se sintió nerviosa, pensó que sería reprendida por algo que había hecho mal.
-Lo siento Alteza, si he hecho algo mal en seguida mandare a otra persona para que lo atienda-
El castaño se sorprendió ante la sumisión de la mujer, pero después no se le hizo extraño pues conociendo al rey que tenía por amo, seguramente toda su vida se la pasaba alterada esperando siempre una reprimenda.
-No es eso, perdón si te asusté. Solo quería saber tu nombre. ¿Sabes? Este lugar es muy solitario para mí, hablar con alguien me hubiera hecho bien-
Aquellas palabras que pronunciaba el menor, tan llenas de desolación y congoja, hicieron que la joven sirvienta sintiera un poco de pena por su futura reina.
-Alteza no tiene que disculparse con alguien como yo, me arrepiento mucho de haber reaccionado así. Mi nombre es Petra, y cualquier cosa que necesite no dude en pedírmela-
El joven esbozo una pequeña sonrisa de gratitud, aunque llena de soledad.
-Gracias Petra-
Eso le había dicho la mujer pero todo el tiempo que estuvo en la habitación de Eren, solo se dedico a hacer su trabajo. Preparar el baño, ayudar a Eren a cambiarse, traerle el desayuno y por último hacer el aseo de toda la habitación.
Eren comió gustoso unas cuantas frutas y verduras frescas que habían dejado dispuesto para él. Seguramente Irvin fue el responsable de aquello, tendría que darle las gracias después.
Petra estaba a punto de terminar su labor de limpieza, se dirigió al enorme ventanal y se dispuso a abrir las cortinas de par en par, pues desde el principio se le hacía extraño que aquel lugar fuera iluminado solo por los pequeños candelabros que colgaban del techo.
Eren estaba tan distraído comiendo, pues era la primera vez que probaba bocado desde hacía días, que no notó lo que la chica estaba por hacer.
La mujer abrió las cortinas dejando entrar los rayos de sol. En ese momento escuchó una estridente voz ajena a la del muchacho.
-¡Cierra las cortinas!-
Aquella voz pertenecía a Irvin, quien en ese momento había entrado a la habitación, corrió hacia Eren y lo tapó con una de las sábanas de la cama.
El chico, por su parte, al sentir el ardor de los rayos del sol apenas tocándole, volteó la charola derramando todo lo que contenía.
La chica muy asustada hizo caso a lo que el hombre le indicó.
-Lo siento, Comandante yo no…- A la mujer le temblaba la voz.
-Sal, y no cuentes a nadie de esto-
Con una reverencia la mujer se apresuró a dejar el lugar. Aquello había causado gran impacto en ella. Nunca se imagino que la futura reina era una de aquellas criaturas susceptibles a la luz del sol.
-¿Te encuentras bien?-
Irvin, de apoco fue descubriendo al chico que tenía entre brazos.
-Estoy bien, apenas alcanzó a tocarme. No fue nada-
El joven se notaba calmado. Era bastante extraño, pues en poco tiempo dos veces había sufrido lo que nunca en su vida había experimentado: Quedar expuesto a la luz del sol.
Pero en esa ocasión Irvin lo había ayudado, y no como antes lo había hecho Levi. El rubio en verdad lo había salvado.
-Lo siento, debí de advertirle a aquella mujer. Hare que la despidan-
-¡No! no lo hagas, no fue su culpa. Yo debí haberme percatado, pero estaba distraído-
El joven no quería que por su omisión, despidieran a alguien que no lo merecía, además, la chica podía ser en un futuro, alguien con quien poder conversar sin que la soledad se apoderase de él.
-Está bien. Será lo que tú digas-
-Lo siento, no quiero ser malagradecido. Gracias por salvarme-
-Eren…-
A Irvin le sorprendía cada día más el carácter del chico, era tan humilde y compasivo que se le hacía enternecedor.
De un momento a otro el cálido ambiente cambio. Pues el Comandante había recordado el motivo de su visita.
-Eren escucha…-
-Levi ha anunciado que pronto desposará a un joven que según él, ha sido el amor de su vida por mucho tiempo, o sea tú. Obviamente aquello solo lo incluyó en su discurso para que el pueblo y demás gente de palacio se conmoviera y se dieran cuenta de que el frío, cruel y autócrata rey, también tiene sentimientos y siga teniendo su favor-
El chico suspiro hondamente ante aquella confesión. Era obvio que el rey no sentía nada por él. Y tampoco es que Eren se sintiera atraído hacia el Levi, simplemente le entristecía que lo utilizara para su propio beneficio.
-¿Cómo es que Sina va a aceptarme?-
Esa era otra de las preocupaciones del chico, pues si bien ya tenía bastantes con su propia persona, también estaba su futuro como consorte del rey. Definitivamente aquel puesto no era algo simple.
-Bueno, eso…-
-Levi planeó una ceremonia privada, en donde solo pocas personas acudieran a la boda; pero parece que ahora cambió repentinamente de opinión pues ahora piensa invitar a cuantos nobles y demás familias influyentes, además de gente del pueblo. Así que… ellos podrán juzgar con sus propios ojos a la nueva reina-
-¿Qué?-
-No te preocupes, seguramente será después del atardecer. Levi ya tiene todo planeado-
-Eso no es lo que me preocupa- El chico bajo la cabeza, sus puños apretaban las sábanas de su cama. Eren tenía fuertes sentimientos recorriendo todo su ser, no podía con todo aquello.
-Eren…- La mirada compasiva de Irvin era algo que el joven no quería recibir.
-Solo he venido a comunicártelo. La boda será pasado mañana-
-¡¿Qué?! ¿Tan pronto?-
-Parece que mi hermano ya quiere tener a su sucesor-
-Entiendo…- Aquellas palabras escuetas daban a entender que el joven ya se había resignado a su ya planeado futuro.
To be continued…
¡No me maten! Sé que prometí Lemon, y lo cumpliré, es solo que el capítulo se me hizo demasiado largo y tuve que dividirlo en dos XD Esto sería más bien como…
Capítulo relleno am… si lo quieren ver de esa manera.
Más tarde subiré la otra parte :) y contestare los Reviews de los Guest ;)
¡Gracias por leer!
