Lo siento por la enorme demora. Decidí escribir el capitulo anterior, pero desde el punto de vista de Leo.
Leopold Stotch, más conocido como Butters, actualmente está cursando su último año de preparatoria, mientras asiste a cursos de teatro y ejerce como tutor de alumnos problematicos. Esto último más como una línea que agregar en su hoja de admisión a la universidad, que como algo que realmente le apasione. En pocas, simples y breves palabras la vida de Butters podía definirse con un solo adjetivo: Aburrida.
Por mucho que lo más excitante que le hubiese pasado en las últimas semanas fuese ganar el protagónico en la obra escolar: Romeo y Julieta, en donde se esforzaría en hacer oídos sordos las burlas de sus compañeros, con los cuales hace mucho había perdido el contacto, o al menos así lo sentía él, a veces, sobretodo y en especial cuando acababa de último en la clase de gimnasia. En esos precisos momentos en que los capitanes { Que por maravillosas circunstancias del destino siempre solían ser el bobo de Clyde y Stan } armaban equipos improvisados para matar el último resto de hora, mientras a las chicas las dejaban haciendo volteretas en alguna esquina.
En secreto, las envidiaba.
Él quisiera estar haciendo volteretas.
Él quisiera poder el usar ese lindo vestido de porrista.
Vivir como chica debía de ser sencillo, sobretodo porque nadie te golpea en clase de gimnasia, ni te llama marica por no poder lanzar un estúpido balón.
De vez cuando las observa mientras se escabulle en las esquinas de la cancha, detrás de los peces gordos que están realmente interesados en ganar ¿ganar qué? no estaba del todo seguro. Leopold se mantiene contando los minutos dentro de su cabeza, esperando con ansias que el silbato suene y todos puedan ir a darse una ducha a esos asquerosos baños. Lugar donde la palabra 'privacidad' quedaba renegada a un último plano. Lo odiaba.
Sin embargo, entre todo ese caos de situaciones incomodas en el que se veía inverso, existía una pequeña pizca de luz ¿o debería decir curiosidad? Que lo mantenía en pie, dándole los ánimos suficientes como para soportar el día y en especial el golpe de balón que le llego justo encima de la pelvis '¡Diez puntos!' Oyó seguido de un montón de risas, mientras se desmoronaba en el suelo con las manos sosteniendo la zona afectada.
Menos mal Kenny no estaba ahí, pensó inconsciente.
Él solía saltarse las clases de gimnasia, probablemente debía de estar durmiendo en la cafetería o fumando en el baño, porque los chicos cool se dedican a hacer cosas como esas y por sobretodo, a ellos no los golpean con un balón en frente de todo el mundo, ni terminan el último periodo de clases agonizando de dolor en una camilla en la enfermería, pero ¿porqué de repente Kenny se le venía a la cabeza? El rubio nunca había sido parte de sus pensamientos diarios, quizá como mucho cuando eran niños, pero era lo normal. Después de todo Kenny era el chico más amable y genuino que había conocido durante su niñez, pese a que por circunstancias del destino ambos habían perdido contacto al entrar a la secundaria. Cada quien se hizo de amistades diferentes y sus situaciones actuales no podían ser más diferentes. Butters lo tenía más que presente, juntos eran como el agua y aceite, pero no dudo ni un segundo cuando entre las carpetas de alumnos que requerían tutoría leyó el nombre de McCormick en una esquina.
Podía jurar que en tales precisos instantes algo se removió dentro suyo y no, no, eran nauseas. O al menos no lo eran, hasta que vio las calificaciones del susodicho y sólo atino a esperar que un milagro. Quizá rezarle a un dios, o algo así. Tampoco es que fuera muy creyente, la verdad.
Se levantó como pudo de la camilla, dándole las gracias a la enfermera como cinco veces, para después dirigirse hasta el gimnasio en busca de sus cosas, esperando en su interior que nadie se hubiera quedado para practicar, porque su pobre y pequeña alma, por el día de hoy no podría soportar más humillación que la que ya cargaba encima de sus hombros. Y para su fortuna, no había nadie excepto un grupo de góticos que poco caso le hicieron, aparte de unas cuantas miradas cuando ingreso, siendo un fantasma ante sus delineados ojos.
Sacó sus cosas y aprovecho de ducharse en soledad, cerrando los ojos y sintiendo como el agua se llevaba sus problemas. Todo era temporal, le gustaba creer. Aferrándose con uñas y dientes a un futuro que se pintaba mucho mejor en su imaginación.
Cuando salió de la regadera se vistió con calma, tocándose más por costumbre la cicatriz de su ojo, como si fuera la prueba de que aún seguía con vida. Antes de percatarse en su móvil que iba unos minutos atrasado a la tutoría, no eran demasiado, pero dentro de su estricta educación para él era impensable llegar tarde. Pizcas de ansiedad se hicieron presentes, guardando sus cosas como pudo en la mochila y con el cabello aun mojado apresuro el paso hasta el salón de clases. Lugar en donde supuestamente los tutores del darían una pequeña introducción sobre el programa y los procedimientos de manera individual.
Estaba a punto de llegar cuando un escalofrió recorrió su espalda, sin haberse detenido a pensar ¿cómo es que debía hablarle? ¿Realmente había sido una buena idea tomar su caso? Porque los años habían pasado y ambos podían ser descritos como desconocidos. Mordió su boca por dentro, sin saber lo que estaba esperando con toda esa experiencia ¿acaso quería volver a recuperar la amistad de Kenny? ¿y si Kenny ya no era el chico amable que conoció en aquel entonces? Oh demonios, no era tiempo para ponerse a sobre pensar en esas tonterías.
Entro al salón con la mochila colgando de un hombro, divisando al rubio al final, pupitre donde solía sentarse en compañía de Tucker. Parecía dormir, pero no estaba seguro.
Soltó un 'Disculpa' que consiguió que los ojos azules de McCormick se levantaran, prestando atención a su presencia después de varios años.
—Llegas tarde.—
Fue lo primero que le dijo Kenny.
Situación que a Butters le parecía surrealista ¿Kenny diciéndole que llegaba tarde?
—Lo siento, se me hizo tarde sin querer.— Formo un hilo de silencio, avergonzado ¿ahora que debía añadir? —Seré tu tutor durante las siguientes semanas.—
—Lo supuse. Eres el único aparte de Kyle que se dignó a diriguirme la palabra entre el grupo de estirados que vino hace unos momentos, creo que todos se fueron a la biblioteca. O que sé yo.—
—¿Entonces sabes de qué trata todo esto?—
—Sé que me tienes que hacerme más inteligente.—
Por lo neutro de su voz Leopold no estaba seguro si reír o no.
Prefirió no hacerlo.
—Butters.—
Cuando escucho su nombre, o en este caso apodo, volvió a sentir algo en su estómago. Tal vez eran las secuelas del golpe de hace un rato.
—Dime Kenny.—
—Sé que sonará pésimo y no es la idea.— Rasco su nuca. —Pero hoy tengo que trabajar y no pedí permiso ¿puedes darme lo que sea que tienes que darme? y tu número de teléfono para poder quedar desde ahora en adelante. Es que mis horarios son algo... Raros.—
—¿Significa que tienes que irte?—
Kenny lo miró como queriendo decir ¿Enserio eres más inteligente que yo?
—Sí.—
—Uh está bien, no te preocupes. Mira.— Butters saco de su mochila sus cuadernos de uso diario. —Aquí están mis apuntes del semestre, me tome la libertad de destacar lo importante, son tres materia. Repasa esto primero y luego iremos con las siguientes.— Bajo la mirada un tanto desanimado. —La verdad esperaba que hoy pudiéramos revisar tus puntos débiles, pero ya podremos hacerlo para la próxima, de nuevo, no te preocupes.—
Kenny estuvo tentadísimo a decirle todo lo que había escrito en esos cuadernos era un punto débil.
Él mismo era un punto débil, un punto débil que se quedaría sin trabajo si es que no se apresuraba.
—Ya. Nos vemos, Leo.—
Se alzó del pupitre recogiendo su mochila y los apuntes. Abandonado el salón a los pocos segundos y dejando a Butters con la sensación de que el chico que conoció hace años había desaparecido en el trayecto.
