Disclaimer: Los personajes son creación de Masami Kurumada. Ahora relájense y disfruten del fic. "Cualquier parecido a tu realidad es pura coincidencia"

Capítulo III

Y Las Desgracias Continúan

Desde el día que se supo de la muerte de Athena y todo lo que tuvo que pasar Shión, desde entonces, todos los santos decidieron vivir tal cual la última voluntad de su querida diosa. Ellos debían afrontar sus problemas y vivir felices, aunque eso no era nada fácil, después de todo lo ocurrido, el dolor que sentían era grande; pero de alguna manera tenían que salir adelante, vencer todos los obstáculos, lo cual implicaba verdadera fortaleza y valor, pues era cierto que una cosa es luchar contra el mal usando la fuerza que habían logrado obtener tras duros años de entrenamiento y otra muy distinta era salir adelante adaptándose a este mundo loco y cambiante.

Era duro despertar a la realidad; sobre todo para Seiya que cayó en una profunda depresión. Últimamente pasaba todo el día encerrado en su habitación; no hablaba ni con sus amigos, apenas comía; su dolor no disminuía ni siquiera en sueños, al contrario, en ellos podía ver a su amada sufriendo mil y un horrores y él sin poder hacer nada. ¿Se imaginan?, ¿ver a la persona que más aman sufriendo terriblemente y ser completamente ajenos a poder aliviar su dolor?.

No. Seiya se sentía morir. Las fuerzas lo habían abandonado como por arte de magia desde que escuchó la fatal noticia; entonces pensó en el error que cometió al dejarla ir y hasta el último momento se pesó por no comprender lo que ella quería hacer. Ya había pasado anteriormente en la guerra contra Abel; no comprendió cuando quiso enfrentarse sola a su hermano, también cuando se quitó la vida en la batalla contra Hades; el santo de pegaso se culpaba y se castigaba dejándose morir cada día. Sin embargo aquellas veces él pudo rescatarla porque no estaba muerta del todo, pero está vez recuperarla era imposible.

La vida de Seiya se convirtió en un infierno que él mismo creó y en el cual se estaba enfrascando poco a poco; de aquel santo de Pegaso que luchaba y se caracterizaba por perseverar siempre para mantener la paz en la tierra, no quedaba nada. La preocupación fué grande por parte de todos sus compañeros y en especial del patriarca, que se mostraba notablemente desmejorado; fue entonces cuando pidió la ayuda de todos los santos para hacer posible que Seiya vuelva a sonreír. Para ello destinó a Kiki como su acompañante. El pequeño lemuriano se esforzaba mucho cuidándo a su amigo, pero no obtenía ninguna respuesta de Seiya, al contrario, siempre encontraba al santo de Pegaso mirando por la ventana de su cuarto en dirección al salón de Athena, pero con la mirada perdida y llorando silenciosamente.

Era un hermoso día soleado cuando Kiki logró que Seiya saliera de su habitación y pidió permiso al patriarca para llevarlo a dar un paseo por la ciudad; sin duda salir a tomar aire y ver otro panorama le sentaría muy bien.

—Seiya, amigo. Mira cuantos turistas vienen a este lugar — decía Kiki mientras caminaba llevando de la mano tal cual niño a Seiya que andaba como un zombi. De pronto, llamó la atención de Pegaso una señorita de larga y hermosa cabellera lila que se encontraba al otro lado de una pista altamente transitada; sus ojos volvieron a cobrar el brillo de antaño y sin pensarlo dos veces soltó la mano de Kiki y salió corriendo para darle alcance.

— ¡SAORI! ¡NO TE VAYAS! ¡NO ME DEJES! — gritaba Seiya con desesperación, la señorita volteó la mirada ante semejantes gritos, haciendo que Pegasus se diera cuenta que no se trataba de su amada Saori. La depresión lo volvió a embargar mucho más que antes; sin darse cuenta, se encontraba en medio de la pista, cuando apareció de la nada un automóvil a toda velocidad . Al darse cuenta de ello Kiki sin perder el tiempo decidió alcanzarlo y empujarlo pero...

— ¡Una ambulancia! ¡Llamen una ambulancia, pronto! — gritaban los transeúntes al ver el estado en el cual había quedado Seiya.

— ¡Pobre niño!— se escuchaban murmullos — ¡Ayuda por favor! ¡que alguien haga algo! — gritaban socorriendo al mismo tiempo a Kiki, quién también había quedado gravemente herido.

Mientras tanto en el santuario, Shión se encontraba con un gran pesar en el pecho, que no sabía cómo explicar. De pronto fué interrumpido por los otros santos de bronce, quienes llegaban a toda prisa.

— ¡MAESTRO! ¡MAESTRO! — gritaba Shiryu con desespero.

— Seiya está... — continuaba Shun

— ¿Qué le sucedió a Seiya? — preguntó Shión muy preocupado al ver el angustiado semblante de Hyoga y Shiryu, escuchando al mismo tiempo el llanto de Shun — Pero, se supone que Kiki lo cuidaba. ¡¿Dónde está Kiki?

— Seiya y kiki... están muy graves — dijo Hyoga con notable angustia quebrando su voz.

—¡¿Dónde se encuentran ahora? — preguntaba Shion sintiendo que el dolor en su pecho se agudizaba aún más. Sin embargo prefirió no demostrarlo para no preocupar a sus hijos de bronce.

— Están en el hospital donde trabaja mi hermano — respondía Shun — yo lo llevaré, pero démonos prisa.

Mientras tanto en el hospital, los pasos a toda prisa de un hombre de cabellos azules se escuchaban a lo largo del pasillo; era Ikki quien sin demora entró a la sala donde se encontraba Seiya y el pequeño kiki, ambos muy fríos e inconscientes.

— Doctor, el niño recibió un impacto muy fuerte en la cabeza. Se ha sentido desorientado, y es lógico por el golpe que recibió. — Comentó una enfermera.

—¿Cuál es su cuadro clínico?

— Aquí lo tiene doctor.

El Fénix revisó de inmediato las dos carpetas

— El joven no ha reaccionado, pero el niño en el trayecto mencionó que vió una mujer de negro.

La situación de Seiya era realmente grave. Muy pronto la máquina que monitoreaba los signos vitales del santo de Pegasus llamó la atención de médicos y enfermeros en la sala.

— Doctor, lo estamos perdiendo — alertó una de sus colegas.

— ¡No estamos perdiendo a nadie! — gritaba el fénix haciendo uso de todos sus conocimientos para poder salvar a su amigo. Finalmente su corazón quedó estable, pero la temperatura seguía baja.

Al finalizar Ikki encontró en la sala de espera a sus cuatro amigos de bronce y al patriarca, que esperaban ansiosos buenas noticias sobre Seiya y Kiki, pero viendo el rostro del Fénix sabían que no escucharían nada alentador.

— ¿Cómo se encuentran? — preguntó preocupado el padre del santuario.

— Kiki está fuera de peligro. Pero Seiya... — el fénix se detuvo y cerró los ojos con mucho pesar, pero continuó — Seiya sufrió algunas complicaciones en la operación y acaba de entrar en coma — el silencio se apoderó de todos— Su Ilustrísima, las próximas horas serán decisivas. Hicimos todo lo posible. Al parecer Seiya renunció a vivir.

— Seiya...quién hubiera pensado que tú renunciarías a vivir; sentías mucho dolor en tu corazón ¿no es cierto?— dijo Shión con los ojos nublados por las lágrimas.

— No, debe ser una broma. Estamos hablando de Seiya, no es posible — comentaba Shiryu muy sorprendido.

— ¿Cómo?...¿Qué dijiste? — preguntó sollozando Shun.

— ¡¿Acaso me estás diciendo que veremos como Seiya muere y no seremos capaces de hacer nada? — decía Hyoga llorando ante semejante noticia sin escuchar palabra alguna de Fénix.

Los tres santos de Athena y el patriarca se abrazaron llorando amargamente. Ahora solo era cuestión de esperar. La esperanza era nula; si tan solo Seiya luchara por vivir todo sería distinto.

Ikki se limitó a ver la triste escena. Salió de la habitación sin que nadie se percate de su ausencia, como ya era su costumbre y caminó por el pasillo hasta llegar a su pequeño cuarto, culpándose el no poder hacer nada por su compañero de batallas.

— ¡Seiya, perdóname! ¡lo siento mucho! — se repetía Ikki con gran pesar — ¡maldición!, ¡maldición!, ¡yo tenía la situación controlada! ¡debí saber que algo así pasaría! estabas deprimido ¡MALDICIÓN! tengo que hacer algo, de lo contrario Seiya estará muerto.

Lloraba el Fenix tal cual niño en la soledad de su habitación o al menos eso él pensaba.

— No llores. Por favor no llores más.

— Pero qué... ¡¿Qué haces aquí? — respondió Ikki volteando violentamente, mirando con ira a la hermosa mujer de ojos lila y cabellera negra — Si vienes por Seiya, será mejor que vuelvas ante Hades y le digas que no dejaré que se lo lleve; si se atreve, yo mismo me encargaré de patear su ...

— Ikki, no vine aquí por Seiya — respondió Pandora, interrumpiendo las palabras de Fénix — estoy aquí porque quiero darte las gracias.

— ¿Las gracias? ¿Te parece que es buen momento para darme las gracias?. Mejor desaparece. – respondió Ikki — No te llevaré a cenar. No soy tan galante como Saga. Deberías saberlo. ¿Por qué siempre que me ocurre algo malo estás tú?

— Ikki he abierto los ojos a la realidad. Me siento en deuda contigo, por eso estoy aquí — respondía la hermosa dama mirando a Fénix.

— Si estás en deuda conmigo, entonces supongo que puedes hacer algo para que Seiya no muera. — aprovechó el santo de bronce más no recibió la respuesta que esperaba.

— Ikki, la decisión de vida o de muerte escapa de mis manos. De actuar, las consecuencias podrían ser lamentables. No puedo hacer nada por alguien que a perdido las ganas de vivir. Como un doctor puedes atrasar el momento de la partida, pero no puedes decidir por ello.

— Te equivocas, yo decido la vida o la muerte si el paciente está en mi mesa — respondió el Fénix con gran convicción.— Si no me sirves ¡lárgate! No necesito tus agradecimientos. — gritaba el santo de bronce de espaldas señalando la puerta, Ikki volteó para ver a Pandora pero había desaparecido como por arte de magia. Cuando de pronto esta se abrió e ingresó uno de sus compañeros médicos de guardia.

— Dr. Ikki lo necesitan con urgencia en la sala de recepción. Su padre no se encuentra bien — le informaba el médico de guardia.

— ¿Mi padre?... ¡Su Ilustrísima Shión! — al llegar encontró a sus hermanos de bronce desesperados y al patriarca tendido en una camilla recibiendo oxígeno, sin perder el tiempo lo llevó a la sala de emergencias.

— Doctor mientras lo llamaban nosotros aplicamos todo cuanto se pudo — comentaba su compañera doctora.

— Doctora Satchyko, no se trata de cualquier persona, este hombre es como un padre para mí y ha sufrido mucho más de lo que una persona pueda resistir— recalcaba Fénix mirando fijamente a la doctora, haciendo que ella pueda comprender el estado emocional en el que se encontraba.

— No se preocupe doctor Ikki daré lo mejor de mí, ahora puede retirarse, recuerde que el estatuto indica que nadie debe atender a sus familiares si se encuentra bajo presión.

— ¿Está diciendo que no puedo atenderlo? ¡Yo me encuentro perfectamente bien! — replicaba Fénix aunque sabía que las cosas no eran así; necesitaba descansar. Las emociones vividas con Seiya y su actual estado habían causado meya en él y ahora le invadían sentimientos de desesperación e impotencia al ver a Shión de igual modo que Pegasus tendido en aquella camilla de hospital.

De pronto un aura se apoderó de él, fué entonces cuando escuchó la dulce voz de Pandora que decía: "Te dije que de actuar, las consecuencias podrían ser lamentables. Ahora estamos a mano."

Pensó entonces que el precio por Seiya sería la vida del patriarca Shión. Tembloroso, y tratando de infundirse valor se acercó a sus hermanos de bronce. Shiryu relató lo sucedido.

— El maestro se puso muy pálido y le costaba respirar

— Sentía mucha presión en el pecho y luego desfalleció — agregaba Hyoga

— Hermano...el maestro se pondrá bien ¿no es cierto? — preguntaba Shun, albergando alguna esperanza.

— Sí Shun, él se pondrá bien... lo prometo — respondió colocando las manos en el vitral por el cual observaba como trasladaban a prisa al patriarca. Murmuraba para sí — Ella no puede jugar asi. ¿Qué clase de agradecimiento es este? Además todas las emociones vividas colaboraron para que sufriera un infarto.

"¿Ahora también le arrebataremos a su amado padre?" — se escuchó de la persona que se encargaba de velar por el alma de Shión. El Juez del Infierno Radamanthys de Wyvern.

En la casa de Géminis, Saga y Kanon vestían con lo mejor de sus trajes formales, ordenando cada uno su legajo de vida, dispuestos a conseguir un buen trabajo y a colaborar con la economía del Santuario; siendo muy ajenos a lo que se estaba viviendo en el hospital.

— Veamos... inteligente, sociable, adaptable, de flexibilidad mental, elocuente, viajero, galante... ujum así fue como Athena me perdonó — leía Saga en voz alta algunas de sus cualidades, mientras se concentraba para conseguir el trabajo deseado — Kanon, ¿qué pusiste en tu legajo?

— Solo verdades... como: extrovertido, divertido, alegre, inquieto, curioso...fué así como encontré la lanza de Poseidón en la roca de Cabo Sunión, versátil, convincente, persuasivo... lo suficiente para manipular a cuanto dios quiera, gentil y amable.

— Con esas características, solo conseguirás el trabajo de un payaso de circo — comentó el gemelo mayor con su conocida risa burlona.

— Aunque somos gemelos somos diferentes; tan diferentes como el cielo y el infierno. Mírame, fuí capaz de hacer muchas cosas — respondió Kanon a la burla de su gemelo.

— Cosas que realmente me avergüenzan — increpó inmediatamente Saga — como esas patéticas notas que sacaste en la universidad.

— De qué estás hablando. Si mal no recuerdo, fuí yo quien sacó las notas más altas de la facultad; mis diplomas y recomendaciones hablan por si solos hermanito. — respondió Kanon sin quedarse atrás.

— Jamás hubiera imaginado que mi hermano Kanon copiara mis exámenes en la universidad. Nunca. Ni siquiera en mis sueños — recriminaba Saga haciendo entender que hablaba con sus pensamientos en alto.

— Cómo te atreves a decir que te copié, si estudiamos en universidades distintas; recuerda que gracias a Poseidón tengo esta profesión. No pasé los años a su orden en vano Saga. — respondió Kanon ante la recriminación de su hermano gemelo

— Desgraciadamente para ti estudiaste lo mismo que yo. Kanon el que en verdad hayas abandonado el mal y despertado del lado del honor y la justicia está por verse. Recuerda que desde hace un tiempo atrás me respondes con tus acciones.

— ¿Saga no fuiste tú el que recibió el castigo de Dios y fallaste en tu complot de matar a Athena y manejar el santuario ?. No debería ser yo el único juzgado. Además de eso, ayudaste a Hades para realizar su propósito. Saga realmente eres la personificación del mal — comentaba Kanon con burla haciendo que Saga pierda la paciencia.

— ¡cállate!, cómo te atreves a acusarme, cuando fuiste tú quién infiltro el mal en mi — increpó el gemelo mayor preparando sus puños para atacar a Kanon, cuando de pronto fué interrumpido por un apresurado Afrodita que llevaba en la mano un maletín negro, vistiendo también traje formal. El santo de piscis, era considerado el hombre más hermoso del santuario, (creo que está por demás el hacer mención de cómo se veía con el traje formal puesto) llamando la atención de los dos gemelitos, que se paralizaron, pues está era la primera vez que lo observaban así, dejándolos con una interrogante "¿A dónde irá?"

— Parece que voy a llegar tarde, ¡esto es horrible!, voy a llegar tarde — se escuchó la voz de Afrodita corriendo por las interminables gradas del santuario y cada dos segundos mirando su reloj de mano, haciendo comprender a sus compañeros que también estaba dispuesto a conseguir trabajo y colaborar con el santuario.

Saga bajó los puños, sacudió su traje, lo acomodó dejando todo en perfecto orden y solo dijo:

— Ahora retira esos papeles de mi vista, que tengo una entrevista inmediata — concluyo Saga, bajando silenciosamente por las escaleras mientras escuchaba los gritos de Kanon.

— ¡Estás desperdiciando tu tiempo Saga, porque seré yo quien consiga el mejor trabajo y te pesará haberme dicho todas esas cosas! ¿Estás escuchando Saga? ¡Al final seré yo quien una vez más demuestre que soy superior a tí! — gritaba Kanon para que su hermano escuche a lo lejos.

A puertas de la empresa editorial más importante de Grecia, Afrodita se encuentra con el personal de seguridad.

— Disculpe, pero la entrevista comenzó hace un minuto; nadie puede ingresar — decía el agente de seguridad con tanta convicción que hasta imponía miedo.

— Déjeme entrar, no ha pasado mucho tiempo — imploró Afrodita poniendo una mirada irresistiblemente tierna, derribando el frío semblante del agente.

— Si fueras mujer...pero que rayos. ¡Ya pasa! y para la próxima vez trata de llegar temprano — hablaba el agente mirando de una manera muy especial al santo de piscis.

Afrodita subió al ascensor hasta llegar al piso 10 que era donde se encontraba la oficina principal; allí se realizarían las entrevistas. Tomó asiento. Una larga fila de piernas femeninas cubiertas en medias cautivadoras cruzaban una a una hasta llegar donde él, siendo el único que llevaba pantalón en la sala; el trabajo era exclusivo para señoritas y el hermoso santo de piscis desconocía aquello, pues nunca terminó de leer el anuncio en su totalidad. A medida que el tiempo pasaba, Afrodita estaba más nervioso al observar como las bellas señoritas salían algunas llorando, otras cabizbajas, otras tirando a portazos y una que otra gritando mil y una barbaridad. "Ese jefe debe ser un animal sin duda", pensaba Afrodita y considerando la posibilidad de salir en ese instante se levantó de su asiento; fué entonces cuando escuchó su nombre de una viejecita muy amable que lo hizo pasar a la oficina de semejante animal; al entrar solo pudo observar el asiento de espaldas a él, con humo de cigarro saliendo por todos lados.

— Tome asiento jovencito — pidió muy amablemente la viejecita.

— ¿Jovencito? vaya, vaya, el anuncio pedía solo señoritas, tiene usted dos segundos para retirarse — ordenó una voz femenina proveniente del sillón aún de espaldas.

— Claro que me voy — dijo Afrodita con mucha convicción cerrando su carpeta — ¿Sabe?, fumar es dañino para su salud y la mía, sin mencionar a esta pobre señora que ha tenido que soportar esta peste durante dos horas. Qué pena que en tres o cuatro años no la veré morir dolorosamente. — antes de levantarse del asiento Afrodita sintió una energía maligna brotar de aquel sillón volteándose lentamente.

— Así que hay alguien que se atreve a contestarme de esa forma — miró fijamente la preciosa, esbelta y fina mujer del sillón, lo cual hizo que Afrodita considerase por un momento redefinir el significado de belleza, pero debía estar equivocado, la belleza no excluía el alma y eso lo había aprendido en su batalla contra Shun. Ambos sostuvieron la mirada por un minuto sin parpadear — ¿Cuál es tu nombre? — preguntó la bella y sexy mujer.

— Yo me llamo Afrodita — contestó el santo de piscis con calma a pesar de estar aún perturbado.

— Bien Afrodita, debo admitir que tienes mucho valor para venir aquí. Pero, aún existe un inconveniente. Pásame tu currículum — ordenó la hermosa dama, haciendo que Afrodita le entregue su carpeta. Algunos minutos después la señorita Minerva Antzas que era así como se llamaba aquella preciosa mujer de cabellos plateados, ojos celestes y de facciones perfectas daba vuelta las hojas del documento de Afrodita, cuando de pronto...se escucha la voz de la viejecita discutiendo con alguien en la puerta.

— No puede pasar, yo debo presentarlo antes — decía la viejecita interponiéndose en la puerta con los brazos abiertos.

— Io me presento sólo. — decía Death Mask ingresando elevando a la ancianita como si se tratara de un jarrón, haciendo que su compañero voltee a mirarlo al reconocer su voz.

— Death, ¿Cómo llegaste aquí? Te dije que nos encontraríamos en el almuerzo — increpaba Afrodita.

— Ma io lo sé, solo quería...

— No me digas que impedirás que trabaje — decía Afrodita haciendo pensar mal a su futura jefa, la cual dejó de hacerse ilusiones con el guapo chico y dejó de mirarlo de manera seductora. ¿Quién sería ese sujeto que de la nada se presentaba ante ella y que además parecía tener un romance con Afrodita? Pensaba Minerva: "Afrodita es alguien distinto a cualquier otra persona que haya conocido; es bello, no puedo negarlo y ademas muy interesante. Definitivamente no lo dejaré ir". Ella nunca había perdido, ni había dejado de conseguir lo que quería en su vida. Miró con furia a aquel extraño que había entrado a empujones, se paró violentamente de su asiento y le dijo:

— Claro que no impedirá que trabajes con nosotras; de hecho, recibirás doble sueldo y dos semanas de vacaciones doblemente pagadas cada seis meses, es un derecho que lo tienes ganado — replicó la hermosa dama haciendo que el guardián de la cuarta casa comprendiera las intenciones que tenía con su amigo; pero él no dejaría que una chiquilla caprichosa haga con su amigo lo que le diera en gana, y que solo lo utilice como un trofeo propio de una hermosa mujer; así que sin importarle nada el santo de Cáncer dijo:

— Mi amore. Amore de la mia vita, por equivocación tomaste el maletín que dejé sobre mio letto. Toma, questo é tuyo. — respondió Death Mask con una gran sonrisa en el rostro; por su parte Afrodita casi sufre de un ataque de hiperventilación. ¿Qué se traía Death? ¿De cuándo aquí le decía "Mi amor"?. Era cierto que los dos tenían una gran amistad desde hace muchos, muchos años; pero nunca, jamás, pasó de ser una hermosa, fiel y gran amistad.

— Lo siento, debí quedarme dormido — solo atinó a responder dándose cuenta que lo único que acababa de hacer es empeorar la situación.

— Ya olvida. Io veré como me pagas il favore questa notte — dijo Máscara de la muerte retirándose inmediatamente, pero luego volviendo y desde el marco de la puerta habló a la señorita — Grazie por contratar a mi amico, realmente necesitamos que él trabaje — diciendo esto se fué.

— Vividor — decía para sus adentros la hermosa dama, quien había perdido toda esperanza con Afrodita, pero al menos lo tendría cerca como una buena amiga.

Continuará...

Notas: Queridos lectores disculpen la demora de este capítulo. Como se pueden haber dado cuenta, los santos de Athena no se quedan atrás y a pesar de pasar por tantos problemas ellos siguen adelante. En realidad esa es la actitud que muchos toman y gracias a su propia fortaleza logran progresar.

Sin más que decir, recuerden que ustedes tienen la fuerza suficiente para forjar su propio destino.

Los quiero mucho.