"Supongo que el sentir cierto interés por una persona engendra necesariamente la convicción de que es hermosa". –Geoffrey Rush.
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Esfuerzo constante, rechazo frecuente
Capítulo tres
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El viento meció nuestro cabello y enfrió nuestro rostro. Miramos hacia adelante, distrayéndonos al ver algunos niños jugar con una pelota. Natsume soltó un suspiro largo y yo mantuve la calma mientras intentaba comprender lo mencionado. Me pareció raro escuchar lo último, pero decidí guardar silencio hasta que mi amiga se sintiese lista para hablar. Pero vi en su semblante una profunda reflexión.
Quizá no hable hasta unos largos minutos…
Llegué a notar que teniendo en cuenta las anteriores confesiones, ya habían sido cuatro las veces en las que Mitsuyoshi había escuchado a Natsume abrir su corazón. Por otro lado, el número se repetía en las veces que fue rechazada. Efectivamente, los momentos no trastornaron la respuesta, ni las diferencias en el ambiente fueron suficientes como para hacer cambiar de parecer a Mitsuyoshi. Simplemente, la negación fue mucho más fuerte que cualquier circunstancia.
— No sabía que se lo habías dicho de esa manera —Natsume suspiró nuevamente.
— Pues, sí —tomó su jugo y bebió un poco—. Ahora que lo recuerdo, creo que esa vez estaba segura de recibir su aceptación —una sonrisa traviesa surcó sus labios, y me intrigó con su acción.
— ¿Eso sucedió? —mi curiosidad amplió la sonrisa de mi amiga, mas ésta no respondió—, ¿Natsume?
— Verás…
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-o-
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Dos días después del dramático episodio en el parque, nos habíamos reunido en la escuela a ver un partido del equipo de baseball donde Sasayan jugaba. Aparentemente, y a desconocimiento mío, el partido era de suma importancia para el equipo de la escuela, pues lo colocaba en una posición crítica el perder el encuentro.
El ambiente en las gradas era estimulante, y aunque nunca fui muy aficionada a lo deportivo, me sentía entusiasmada por ver al equipo jugar. Ya me habían contagiado con su espíritu.
Rápidamente los jugadores salieron al campo, y el encuentro se desarrolló con una tranquilidad que fue quebrada reiteradas veces por jugadas que impresionaban al público. Mis amigos estallaban de emoción, y creo que me uní a ellos en algunos instantes.
— ¡No tenía idea de lo bueno que es Sasayan! —Haru parecía disfrutarlo.
— ¡Por supuesto, si lo único que hace es practicar! —Mabo se dirigió a Mitsuyoshi—, ¿No es así, gerente?
El muchacho de las gafas asintió con la cabeza, girando el rostro hacia donde me encontraba para ver a mi amiga dubitativa, sentada a mi lado y perdiéndose en sus pensamientos. Pude notar fácilmente el escudriño del mayor pero decidí pasarlo por alto, pues logré reconocer, con el paso del tiempo, lo fácil que era colocar al primo de Haru en una situación incómoda. Se podía prever su nerviosismo con sólo pensarlo.
— Oye, Natsume —golpeé su hombro levemente para llamar su atención—. Natsume.
— ¿Ah?
— ¿Te encuentras bien? —dudó antes de responder, creo que aún seguía sumida en sus cavilaciones.
— S-sí, sólo estaba pensando…
— Bueno, eso era obvio —me miró confundida, pero al entender mi comentario esbozó una sonrisa. Luego su mirada se perdió detrás de mí, y creo que lo que encontró allí logró incomodarla, puesto que se giró hacia adelante rápidamente y bajó la cabeza. En su expresión no supe descifrar si había enojo, frustración o incomodad. Puesto que todo parecía manifestarse allí. Luego lo entendí, ya que su rubor era intenso.
Me giré para ver a Mitsuyoshi, y no fue nada extraño para mí encontrármelo de la misma manera que mi amiga. Analicé en silencio la situación, y pude comprender lo delicado de su estado. Era claro lo complicado que se mostraba para ambos, pero también se entendía que nada se solucionaría si seguían de la manera en la que estaban. Simplemente, la continuación no sería provechosa para ninguno de los dos.
Quise girarme para ver a Mitsuyoshi nuevamente, pero Haru me descubrió en el acto. En su expresión había una seriedad que terminó por convertirse en enfado al ver cómo Natsume se encontraba. Repentinamente se giró hacia su izquierda y buscó con la mirada a su primo, al cual encontró girando el rostro rápidamente con la intención de pasar desapercibido.
— ¡Oye, Micchan, para ya! —el aludido lo miró confundido.
— ¿Eh? ¿A qué te refieres Haru? —éste resopló enfadado a su pregunta.
— ¡Deja de molestar a Natsume! —mi amiga reaccionó al escuchar su nombre—, ¡Te dije que te daría una paliza si volvías a lastimarla! —Mitsuyoshi guardó silencio, lo que pareció enojar aún más a mi novio—, ¡Si me llego a enterar que estuvo llorando por tu culpa…!
— Fue suficiente, Haru —intenté apaciguar su enojo tomando su brazo.
— No es mi intención molestarla —respondió el mayor con una falsa tranquilidad.
— ¡Pues entonces déjala en paz! —Mitsuyoshi vio a su primo estallar en ira, tenía sus puños apretados y el entrecejo fruncido. Se preocupó por la muy probable veracidad de sus palabras al analizarlas, luego vio a Natsume y lo intranquila que estaba por verlos discutir. Bajó la cabeza y suspiró pausadamente.
— Veo que tienes razón, Haru —se puso de pie—. Lamento ser una molestia —lo último lo dijo viendo a muchacha en cuestión—. Creo que mejor me voy.
Se marchó del lugar sin ánimos de seguirle el juego a Haru, parecía entender que terminaría en una pelea discutir con él nuevamente. Y yo agradecí en silencio su madurez al hacerlo.
Caminó lentamente hasta la salida de la escuela, y cuando llegó a la puerta suspiró pesada y largamente. Miró su teléfono celular, y en él se marcaban las diez de la mañana con treinta minutos, además de unas cuantas llamadas perdidas y mensajes sin leer. Se debatió lo futuro lo hacer repetidas veces.
¿Ahora qué hago? No quiero abrir la tienda ahora, lo más seguro es que Andou le haya dado a su hermana la dirección…
Volvió a suspirar pero se detuvo a medio camino, puesto que sintió la presencia de alguien más. Al voltear descubrió que se trataba de mi amiga, quien estaba en un duelo decidiendo si debía estar allí o no. Mitsuyoshi sonrió sin notarlo, alzó una mano y se despidió de Natsume, mas ésta lo detuvo.
— ¡Espera…!
Esto no será bueno.
El muchacho la vio intrigado. Decidió guardar silencio y esperar a que hablara, pues notó que ella se debatía el hacerlo. Se sintió incómodo por permanecer, puesto que estaba de acuerdo en ser una molestia para la muchacha, sin embargo el momento ameritaba una excepción. Optó por escucharla una vez más, pero lo esperado parecía no querer darse, y volvió a la anterior opción.
— Ah, Natsume, no deberías preocuparte —la muchacha pareció reaccionar y salir de sus cavilaciones—. Yo debería irme. Ya te he traído muchos problemas…
— Yo sólo quería disculparme contigo —Mitsuyoshi enmudeció y detuvo su camino—. El otro día no me sentía muy bien, y terminé desahogándome contigo. Quería decirte otras cosas pero, como estaba muy alterada hablé de más e hice el ridículo como muchas otras veces —Mitsuyoshi soltó una risita.
— No tienes que preocuparte. De hecho, creo que me merecía tu enfado —Natsume se confundió—. Pero el que te hayas desahogado fue algo bueno, hace bien quitar el nudo de la garganta —ahora el rostro de mi amiga enrojeció violentamente.
— ¡Pero no quería hacer una escena en frente de ti! Ahora, seguro pensarás que soy una desquiciada que no sabe controlarse —el primo de Haru volvió a reír al verla tapar su rostro con sus manos—. Y lo peor de todo es que no dejo de pensar en cómo te hablé.
— No deberías prestarle mucha atención. Incluso, si el recuerdo te hace mal, deberías olvidarlo —la muchacha sintió un impacto fuerte a lo dicho—. Tal vez sea bueno que olvides lo que me dijiste…
— ¿Es lo que tú haces? —Mitsuyoshi la vio confundido.
— ¿Qué?
— ¿Tú olvidas lo que te digo? —ahora el mayor entendió lo que dijo sin pensar—, ¿Te esfuerzas para no recordarlo?
— N-no quise decir eso.
— Micchan —el aludido se incomodó al saber que la había lastimado. La muchacha no habló pero logró comunicar lo deseado con la expresión en su rostro. El primo de Haru tragó pesado, sintiendo los segundos pasar lentamente y el reconocimiento de sus palabras atravesarlo como profundos golpes a su consciencia—, lamento no haberlo tenido en cuenta —la voz de Natsume se calmó—. Como en estos días… yo… yo sólo pensé en lo bien que se siente decirte lo mucho que me gustas, que nunca tuve en cuenta la posibilidad de que te disgustara escuchar eso de mí.
— Eso no es cierto, Natsume. A mí no me disgusta escucharte cuando te expresas.
— Pero no lo disfrutas —Mitsuyoshi no se aventuró a desmentir, simplemente la vio en silencio, mientras buscaba un cigarro en su bolsillo. Suspiró intranquilo al no encontrar una solución, ni una posibilidad de enmendar la situación—. Lamento que no te guste oírlo… pero me enamoré de ti.
Micchan sintió su rostro entibiarse, mas logró calmarse. Se esforzó por pensar en algo para hacer, algo que decir pero nada venía a su cabeza. Estaba en desconcierto.
Lo siguiente acontecido lo conozco en tramos. Natsume me contó que el muchacho se marchó dejándola en silencio. Ella volvió con nosotros a ver el partido culminar y al final nos despedimos en la entrada de la escuela. Vi a Sasayan acercarse a Natsume e invitarla a tomar algo, pero mi amiga rechazó la oferta alegando que no se sentía con ánimos. Conociéndola y al ver mi expresión, Sasayan comprendió que no debía insistir.
La otra parte de lo acontecido lo escuché por boca de Yuuzan. Después de encontrármelo afuera de la tienda dos días después, y antes de que discutiera con Haru al encontrarse ambos, al preguntarme por Natsume me comentó que él se había enterado de lo sucedido con Micchan. También me contó que ese mismo día, luego de que el muchacho se marchase y abriese la tienda, la presencia de una joven muy bonita se había dado en el lugar en búsqueda del muchacho de gafas.
— Oh… bienvenida, Mizumi —Micchan sonrió sin mucho ánimo—. Es una sorpresa encontrarte aquí.
— Qué bueno, porque eso es lo que esperaba —la muchacha de cabello obscuro sonrió guiñando un ojo—. Aunque no tienes idea de lo mucho que me costó saber dónde trabajabas. Todavía sigue siendo un misterio para mí el que no me dijeras que trabajabas aquí.
— Lo siento, pero trato de tener lejanía entre el trabajo y mi vida social.
— Sí tú lo dices —alzó las manos en señal de derrota. Luego se acercó al mostrador de forma coqueta y quedó frente al muchacho sonriéndole.
— Y dime, ¿en qué te puedo ayudar?
— Qué directo —Mizumi jugueteó con su cabello—. Bueno, tenía algunas cosas para decirte; primeramente, venía a darte los saludos de mi hermano mayor, que dice que deseaba verte pero que no ha tenido la oportunidad. Y la otra cosa… —dijo acercándose seductoramente a Mitsuyoshi—, quería verte.
— Oh... bueno…
— Mira, Micchan, seré directa —jugueteó con su dedo en la camisa del nombrado, quien se sentía incómodo con el acto—; Al principio te veías tierno actuando así, pero ahora me molesta un poco lo inocente que eres. Estoy interesada en ti, tonto —dijo sonriendo, y dejando atónito a Mitsuyoshi—. No me digas que es una sorpresa para ti.
— Pues, en realidad sí…
— Por favor —dijo acercándose aún más y acariciando el cabello del primo de Haru—, ¡pero si es obvio cuánto me gustas! —Micchan reaccionó y atinó a alejarse un tanto, allí la joven recordó lo razón de la visita—. Pero hay un inconveniente, y es que esta es la primera vez en que me rechazan tan rotundamente—Mitsuyoshi no dijo ni hizo nada—. ¿Tienes idea de cuántas veces te llame al teléfono y no contestaste, o cuántos mensajes te dejé?
— Lo siento, no suelo ocupar mucho mi teléfono celular…
— Pero ése no es el problema —se le anticipó—. Siento que desde que comencé a acercarme más a ti, tú comenzaste a alejarte más. Y es que lo que dices, y no dices al mismo tiempo, es que no correspondes lo que siento. ¿No es así? —el muchacho se sintió impresionado por la madurez al tratar el tema de esa forma—. Micchan, tal vez sea un tanto altanero decirlo, pero yo soy muy bonita, ¿por qué no estás interesado en mí? —la joven lo observó seriamente, él guardó silencio reflexionando—, ¿No soy el tipo de persona que te gusta?
Micchan levantó la cabeza y la observó impresionado. Lo último dicho pareció ayudarle a entender algo que pasaba por alto. Pensó con claridad al momento de descubrirlo, y al sentirse realizado con el descubrimientos, suspiró tranquilo.
La muchacha lo miró expectante, luego él le devolvió la mirada.
— Lo siento —Mizumi tomó su mano.
— Micchan, ¿tú estás interesado en alguien más? —el contacto le advirtió de la necesidad de ser honesto. Vio a la muchacha a los ojos, y se dijo que esta vez se permitiría decir la verdad. Seguramente Andou lo mataría por lastimar a su hermanita, pero no podía mentirle.
— Sí, lo siento.
Notas: Una actualización lenta.
Lamento tomar tanto tiempo para escribir, pero no me he organizado y cuando he escrito lo he borrado y lo he vuelto a escribir porque no me ha gustado como quedaba.
Espero que sea de su agrado. Háganmelo saber, por favor, si tal es el caso. Saludos.
