Holaaa, sigo subiendo! Gracias, saludos! ;)
3
Siempre interrumpiendo.
Hermione salió de trabajar llevando su portafolio bien cargado de documentos. Harry quiso ayudarla pero estaba igual que ella. Ambos tenían mucho trabajo que hacer en la semana pero estaban nerviosos por motivos distintos. Él, porque Ron le había enviado un mensaje con un archivo que debía recuperar de la oficina y no pudo hacerlo, y ella, porque había visto a Ron y sabía que se traía algo entre manos. Estaba también muy claro, que aunque lo negara seguía queriéndolo y habían pasado tantos meses sin encontrarse por casualidad en un robo (él como ladrón y ella intentando capturarlo), que ya lo extrañaba. Pero aparte de todo, Hermione se había hecho dependiente de verlo cada vez que cumplía años, entrando sin preguntar a su casa y acostándose con ella como si fuesen un matrimonio normal.
Harry la alcanzó hasta su casa para que se bañase y mientras, la esperó viendo un partido de Rugby internacional, sentado en el cómodo sillón del living, frente al televisor. Ella salió después de una hora aproximadamente y lo vio ahí sentado, como un buen amigo, acompañándola. Se fueron para la casa Potter, donde Ginny estaría lista y solo faltaría la preparación de Harry que era bastante más rápido que ellas.
Ginny estaba radiante mientras Harry cabizbajo la veía caminar más adelante del brazo con Hermione. Estaba ligeramente preocupado por esos expedientes que no había conseguido, pero sabía que tendría más oportunidades para robarlo.
—¿A dónde me estás llevando? —le preguntó Hermione a su cuñada, pero ella se empeñaba en ocultarlo.
—Lo verás cuando lleguemos —le dijo simplemente—. ¿Y quiénes te llamaron hoy?
Hermione lo pensó un momento. Por poco olvidaba que tenían que llamarla para su cumpleaños.
—Papá, mamá, tú, tu madre, Cedric y Cho —Hermione no pensaba en nada que no le recordara a Ron.
—¡Yo te llamé! —le dijo Harry, haciéndose el ofendido.
—Pero a ti te vi en el trabajo, ella sabe que me saludaste —aseguró Hermione.
—¡Claro que no! Una semana antes me apostó a que lo olvidaría —confesó Harry, y Ginny se echó a reír.
—Pues te ganó porque no lo dijiste hasta pasadas las once de la mañana —indicó su amiga con una sonrisa—. ¿Y qué apostaron?
Ginny se sonrojó y Harry miró para otro lado. Hermione comenzó a reír descontroladamente y se tapó la boca con las manos tratando de parar.
—Parecen un par de adolescentes, ¿qué? ¿Es algo que no entra en el horario de protección al menor? —preguntó ella.
—Casualmente, sí —afirmó Harry y agregó algo que calmaría su risa—. ¿Y tu esposo no te felicitó?
—Ahora que lo mencionas, lo vi hoy entre el disturbio que provocaron los ciudadanos en nuestras puertas… Creo que trama algo —comentó seriamente Hermione, mientras entrecerraba los ojos.
—La agencia siempre tiene problemas por ese cretino —dijo Ginny consternada.
Los tres se encontraron de frente con los amigos de Hermione mientras coincidían en la puerta de un bar. Un muchacho de rizos dorados, alto y de ojos claros se acercó a saludar a la castaña con un cálido abrazo. Su acompañante la abrazó más fuerte y le dio un sonoro beso deseándole felicidades. Con una sonrisa sincera, sus rasgos orientales le generaron simpáticas arrugas en los ojos.
—¡Cho! ¡Cedric! ¡Me alegra que estén aquí! —exclamó Hermione realmente feliz.
Harry miró con desconfianza a ambos y Ginny saludó casi tan feliz como su amiga, entonces él estrechó la mano de Cedric y Cho lo saludó con un beso en la mejilla. Todos juntos entraron al bar pero Harry fue interrumpido por su celular. Él les hizo señas para que los demás pasaran y que Hermione se quedara a esperarlo. Estaba medio nervioso y se alejó un poco de ella buscando privacidad.
—¿Qué quieres ahora, Ron? —le preguntó alterado pero sin elevar la voz—. Aja, justamente estábamos entrando al bar para cenar algo… ¡Es su cumpleaños! —se quedó escuchando un poco más y desvió la vista hacia la mirada curiosa de Hermione que no oía nada pero si le parecía extraño todo—. Bien, ya sé que nunca se te olvida pero igualmente no puedes hacer esto justo hoy… Aja, ok… —se resignó—. Muy bien, no diré más porque esto ya se torna insoportable, te veo allá. Adiós —y le cortó bruscamente.
—¿Qué sucede? —preguntó Hermione cuando lo vio acercarse con la cabeza gacha.
—Lo siento, pero tengo que irme… —dijo falsamente triste y negando la decepción con su cabeza—. Me llamaron… Y ya sabes cómo es esto.
—Harry —ella lo escrutó con la mirada y apoyó una mano en su hombro—. No me estás mintiendo ¿verdad?
—Claro que no —negó convincentemente y la miró indignado—. Hermione, feliz cumpleaños…
—Gracias, Harry. ¿Qué le diré a Ginny?
—¡Que salga! ¡Si no me despido va a matarme! Pero a tus amigos no los llames… —agregó como loco.
—Bien, ya te dije que Cho y Cedric son geniales… —le aseguró. Le dio un beso en la mejilla y se dispuso a entrar para llamar a su cuñada.
Luego de un rato, Ginny salió enfadada porque su esposo las abandonaría allí y luego de mucha vuelta en el asunto lo dejó marchar a duras penas. Harry fingió bien aunque con su mujer siempre le costaba bastante. La pelirroja entró para seguir festejando con Hermione y sus dos amigos de buena fe.
