^Todos los personajes pertenecen a stephenie Meyer^

*Cynthia*

—Bien, Alice, cuéntame. ¿Qué as soñado? ¿Cómo te has sentido estos días?-

Cynthia tomaba la mano de su hermana para infundirle apoyo. Esta se encontraba sentada en un diván y frente a ella un hombre de entre 40 y 50 años hacía anotaciones en una libreta. Las paredes estaban adornadas con reconocimientos, diplomas en psicología clínica, psicoterapia y psicoanálisis, y en lo alto, una imagen de Sigmund Froid en grande. El hombre, rellenito, bajo de estatura, con algunas arrugas en el rostro blanco, miraba con sus ojos pequeños y cafés cubiertos por unas gafas cristalinas hacia la enfadada Alice.

—Yo no tengo qué contarle ni sobre mi vida, ni sobre lo que sueño o pienso. A fin de cuentas, le pagan por escucharme. Usted no quiere ayudarme de verdad. Solamente quiere el dinero de mis padres. ¿No es así?-

Cynthia miró a Alice con desaprobación. Estaba asustada. Su hermana era muy recelosa de la privacidad y solamente a ella era a quien le contaba sus premoniciones, sus alocados sueños y lo que en realidad sentía. Ella al menos tenía la esperanza de que ese psicoanalista, que la miraba impasible, pudiera ayudarla.

Los padres de Alice no veían esperanzas para los trastornos que padecía su hija, o al menos eso decían ellos que eran y tomaron la decisión de llevarla con el doctor James Petters, un psicoanalista muy reconocido que ayudaba a las personas con un trastorno avanzado.

—Alice, pequeña. Déjame que te ayude, mírame, mírame como si fuera tu amigo. No voy a contarle nada a nadie, te lo prometo- El doctor sonrió.

—Usted jamás será mi amigo. Ni si quiera me cae bien- Refunfuñó ella con el seño fruncido.

—Alice, vamos…- Cynthia le dijo con un tono fastidiado –Entre más pronto colabores, más rápido podremos salir de aquí- Le susurró al oído.

—¿Ves, Alice? Incluso tu hermana está preocupada por ti, ¡Todos lo estamos, mi bella niña!-

—Bien, pero que le quede claro que esto lo hago solo por mi hermana. Al diablo con mis padres, al diablo con los maestros y al diablo con usted-

Alice enderezó su postura, se acomodó en el silloncito y apretando la mano de Cynthia tomó una respiración profunda.

—Cada vez tengo pesadillas peores. Veo monstruos perseguirme en sueños. Luego, esos monstruos me lanzan al lago y cortan mi lengua para que no pueda hablar más…-

—¿Cómo son esos monstruos, Alice?-

—Son grandes, muy grandes… tienen demasiado pelo, diría que son aterradores… en realidad, no puedo recordar bien, después de todo… son simples sueños…- Cortó abruptamente.

—Pero son sueños que nos ayudarán a descubrir como ayudarte- Dijo el doctor James, siempre con esa sonrisa que le caracterizaba.

—También me da pánico el que las personas se acerquen a mí, dejándome poco espacio…-

—Cynthia, ¿Podrías salir de aquí un momento? Quiero hacer un ejercicio con tu hermana, pero necesitamos estar a solas…- El doctor tenía un brillo malicioso en sus ojos.

—No, maldito. Mi hermana no sale de aquí- Exclamó Alice, furiosa. Su tono de voz era neutro y tétrico, nada qué ver con la chica con la que había hablado en la biblioteca esa mañana sobre los dibujos. Cynthia soltó el aire. Temió que ese doctor fuera a hacerle algo malo a su hermana. Lo peor de todo era que sus padres le tenían mucha confianza, tanto como para hacer que Alice se quedara sola en la consulta si él se los pedía.

Todo transcurrió silenciosamente a partir de aquél momento. En realidad, el doctor seguía haciendo preguntas a Alice, pero ella prefería no responder. Volvió a encogerse en aquél sillón, sin soltar por ningún motivo la mano de su hermanita. Al fin, el reloj antiguo marcó 5 campanadas. Eran las 5 de la tarde, hora a la que la consulta debía finalizar. Las campanillas que indicaban cuando alguien quería entrar al consultorio sonaron.

—Deben de ser nuestros padres, Alice- Dijo Cynthia con un tono de alivio en su voz.

—Cynthia- El doctor giró su rostro hacia Cynthia –Pide a tus padres que pasen. Quiero hablarles sobre el progreso de Alice-

Las jovencitas salieron, ellas al automóvil y sus padres entraron al consultorio. La familia usaba para transportarse un porsche color amarillo. Cynthia y Alice abrieron las puertas y se sentaron en la parte tracera del mismo.

—Alice, sé honesta- Cynthia la miró con una sonrisa sincera en los lavios –Eso de los monstruos no me lo creo ¿En realidad lo soñaste o fueron inventos?-

—Naah- Alice sacó la lengua –Ya sabes, es inventado- Sonrió –vale, no fueron monstruos que me lanzaban al agua y me arrancaban la lengua. Eran jovencitos que jugaban conmigo en el prado y me besaban de una forma muy pasional- guiñó el ojo.

—Eso sí fue distorsionar la información- Cynthia rió con ella –Pero… ¿sabes? Creo que deberías dejarte ayudar, quizá el doctor tiene las mejores intenciones para contigo… deberías decirle realmente lo que pasa por tu mente, tal y como me lo cuentas a mí-

Cynthia enredó su dedo pulgar derecho en uno de los rizos rebeldes que le caían por el rostro blanco que no dejaba que un ojo azul se viera por completo.

—Cyn- Alice cambió su mirada. Esta era seria, fría, neutra. Como si no tuviera una sola emoción –Ese doctor no es un doctor cualquiera. Tiene algo… algo que no me termina de convencer-

—¿pero… qué podría tener, Alice? Seguro sí te estás volviendo loca y estás diciendo sandeces…- Cynthia titubeó, insegura.

—Una vez, en una consulta en la que tú no pudiste acompañarme, él entró al baño a lavar… no sé qué cosa. El punto es que lo seguí y espié lo que hacía…-

—¿Alice, pero qué…? ¿acaso lo viste masturbarse o algo así…?- preguntó Cynthia, escandalizada.

—¡ya te digo, Cynthia, déjame terminar!-

Alice refunfuñó y miró a su hermana con una mueca. Cynthia la miraba con diversión. Le encantaba hacer a la gente reír y más si ella podía reír con ellos o a costa de sus bromas, juegos de palabras y verdades dichas en forma de chistes.

—Te decía, el doctor abrió la llave, tiró unas… cosas por el caño y cuando lo ví al espejo… tenía los ojos rojos y el rostro algo pálido. No tan pálido como mi Jasper, pero sí era pálido. Lo vi claramente colocarse unas lentillas color café…-

—Seguramente estaba cansado y por eso tenía los ojos rojos… muchas veces eso nos pasa cuando tenemos mucho sueño, o a lo mejor perdió a un ser querido y le quería llorar… a veces, los ojos se ponen rojos a causa de las lágrimas. O Quizá nos estamos haciendo mucho lío y el doctor tenía una infección- La pobre Cynthia quería atar cabos, pero no encontraba una respuesta de las múltiples. Cierto era que ella también había notado algo extraño en el doctor, pero no quería hacer especulaciones sin saber. Ella se decía a sí misma que era por el simple hecho de que él se dedicaba a ver en la mente de las personas, a curar los problemas del cerebro, como decían algunos.

—Espera… todavía hay más cosas que suenan muy interesantes. Cuando me ha saludado dándome la mano, pude notar que esta era muy fría, muy… lisa y… tenía una fuerza extraña-

—Allie, debes dejar de leer. Ya estás viendo cosas que no son…-

—El punto es que tengo algunas teorías…-

—¿Es un chiste, no vas a creer que el doctor sea un zombi, alguna cosa del inframundo…-

En ese momento tuvieron qué detener su charla. Sus padres se acercaban al auto. Abrieron las puertas, arrancaron y se dirigieron a la casa en silencio.

—Nos iremos directo a Forks en cuanto les den los resultados de sus pruebas finales y tengamos la papelería para cambiarlas de colegio- Comentó el señor Brandon.

—Estoy segura que será un buen cambio. Forks les sentará muy bien, niñas- Siguió su madre sonriendo. Ella hacía las cosas con la mejor de las intenciones, lo que pasaba era que no conocía del todo a sus hijas, quienes eran totalmente diferentes a lo que aparentaban en su familia. Si pensaban que Alice era distinta, sería más aterrador conocer todo lo que Cynthia sabía de ella.

Lo siguiente fue silencio. Casi siempre Alice se mostraba reacia a decir palabra alguna cuando salía de aquellas seciones de psicoanálisis. En pocas palabras, ella había desarrollado cierto odio hacia los psicólogos desde que ella era pequeña. En algún momento, pensó en ser la primer psicóloga no cruel ni amargada que se hubiera conocido, pero al descubrir que tenía talento para escribir, se juró a sí misma dedicar su vida a las letras.

Cynthia, por su parte, era más virtuosa en la música. Adoraba cantar ópera y era un prodigio en el piano desde los 3 años de edad. Al contrario de su hermana, no se le daba mucho plasmar sus emociones en letras, si no en dibujos. Era extraordinario como estas 2 hermanas eran complemento una de la otra.

Ese día fue como cualquier otro. Era el lunes, 11 de mayo del 2009. Alice iba a cumplir 14 años ese 20 de junio y ya estaba emocionada por la fiesta que le gustaría dar. El problema era que… bueno, nadie iría a esa fiesta porque no tenía gente a su lado mas que su hermana. Hicieron sus deberes, cenaron y vieron una película como de costumbre, pero bien dicen que la noche esconde secretos… algunos pasionales, otros oscuros.

Cynthia se despertó en la madrugada. Se colocó sus pantuflas, abrió la puerta y salió por un vaso de agua. Todo era silencioso, no había ninguna luz encendida. Parecía que todos dormían por el momento… tomó su vaso y lo dejó en el fregadero. Caminó hacia su cuarto, insegura. Al cerrar la puerta escuchó un ruido. Era como si algo rasgara…

Agudizó sus sentidos, solo para darse cuenta de que el ruido provenía de la cama de Alice. Avanzó hacia ahí, pero mientras avanzaba, se dio cuenta que el ruido había cesado. No le dio importancia y hechó un vistazo a la cama de su hermana, donde solo parecía encontrarse ella. Se acostó en su cama, pero como 10 minutos después el ruido volvió a oírse…

Esta vez no se movió. Estiró la cabeza y observó movimiento en la cama de Alice. Ella definitivamente estaba despierta… Ideó un plan para descubrir qué pasaba. Se movió muy lentamente, después puso los pies en el suelo… y súbitamente, retiró la sábana del cuerpo de su hermana.

El espectáculo que se ofrecía la habitación era aterrador. Alice, con un pequeño sacapuntas, cortaba su estómago y tenía pequeñas cicatrices en sus hombros. Cynthia la observaba con la mirada completamente aterrada…

—¡Alice! ¿pero qué rayos haces?- Cynthia murmuró agudamente –¿Suelta eso, si no lo haces gritaré y mamá y papá te verán!-

—¡Cynthia, cállate y no digas nada!- Alice la miró eufórica.

Cynthia y Alice se miraron fijamente. Alice estaba arrepentida por cómo había tratado a su hermana, quien, frente a ella, lloraba de pánico, furia, tristeza y decepción.

—¿Desde cuándo y porqué te cortas?- Preguntó Cynthia mientras se limpiaba las lágrimas con furia.

—Déjame, Cyndi. Estoy cansada, en serio…-

—no, Alice. Necesitas ayuda… no… no quiero que te vayas, en serio-

—¿Irme? ¿Porqué habría de irme, linda?-

Cynthia se sentó, se alisó la bata de dormir y respiró profundo.

—Hermana, escuché a mis padres. Dicen que si no mejoras, que si no dejas de ser como eres… te enviarán a un hospital psiquiátrico-

Ambas hermanas volvieron a mirarse. Fue así como Alice ha descubierto que Cynthia no bromeaba.

—Quiero responder a tu pregunta- le dijo Alice, mirándola a los ojos –Estoy cansada, cansada de tener una doble vida. Piénsatelo, casi siempre soy seria, pero la realidad es que amo la moda, las fiestas y daría todo por tener a un verdadero amigo. La forma en la que actúo y la que soy es completamente distinta. Creo que cada día enloquezco un poco más y… me hago daño, me hago daño porque he podido prevenir tantas cosas… y estoy cansada de ver como todos sufren, y yo veo como sufren y no puedo hacer nada…-

—Shshshsh…- Cynthia le puso un dedo en los lavios –Todo va a salir bien, te lo prometo. Estaremos juntas, como siempre…-

Y así, cual niñas pequeñas, se quedaron dormidas, abrazándose, protegiéndose y prometiéndose silenciosamente que todo estaría bien de ahora en delante… sin imaginar lo que vendría después.

El mes siguiente transcurrió con total normalidad. Entre escuela, exámenes, proyectos y seciones de psicoanálisis para Alice donde Cynthia siempre estaba presente, no hubo cambios para la familia Brandon. Y así, sin darse cuenta, se llegó el viernes, 8 de agosto del 2009. Día en que partirían, para siempre, hacia Forks…

Ese fin de semana transcurrió de forma rápida. La casa donde vivían era enorme, lo cuál, dejó a Cynthia y a Alice muy fascinadas. Era color blanca, contaba con 3 pisos donde había recámaras muy amplias y tenían un patio enorme que podía tener muchos usos. Además, contaba con un jardín que tenía todo tipo de flores y árboles. Vida no le faltaba a aquél lugar, y si de plantas hablamos, Forks era un lugar que contaba con demasiadas.

Cynthia ingresó ese lunes al octavo grado. Iba muy nerviosa, no conocía a nadie del instituto y estaba más acostumbrada al ambiente escolar de Chicago. Al menos, el lado amable que ella le veía era que no la molestarían más. De hecho, la atención de las demás alumnas eran 2 chicos. Ambos tenían el cabello castaño y corto. Eran muy difíciles de diferencias ya que su apariencia era idéntica.

Cynthia se dirigió hacia la dirección donde una amable señora regordeta y bajita se presentó como la secretaria y le dio sus papeles. Ella se dirigió a su primera clase, álgebra. Odiaba las matemáticas, pero más valía tenerlas a primera hora que a última, cuando ya todo el mundo deseaba irse a casa. Cuando entró, todas las miradas se clavaron en ella.

—Bien, alumnos. Como podrán ver, este ciclo escolar tenemos a una compañera nueva. ¿Gusta venir a presentarse, señorita?-

El maestro que la llamó era demasiado formal para su gusto.

"Estamos en octavo grado, no somos chicos de colegio." Pensó Cynthia. Aún así, se levantó y caminó hacia el frente de la clase con inseguridad.

—Buenos… buenos días- Carraspeó, tomó aire y continuó –mi nombre es Cynthia, Cynthia Brandon. Llegué de Chicago hace 3 días, he venido con mi hermana Alice y mis padres. Mi hermana cursa ahora el noveno grado, en el instituto de Forks… me gusta cantar, soy amante de la ópera y me gusta mucho dibujar. Espero que nos llevemos muy bien…- Agradeció con la cabeza.

—Muy bien, Cynthia- El maestro la miró con aprobación –Puede pasar a sentarse. Mire, ahí se encuentra un lugar disponible- Le señaló una banca que estaba justo al lado de donde se sentaban los 2 chicos de cabello castaño. Ella obedeció y fue a sentarse donde se le había indicado.

Al observarlos detenidamente, se dio cuenta de que no eran 2 chicos, si no un chico y una chica. Ambos parecían tener una letra limpia y clara, también parecían llevarse muy bien con los números. La pobre Cynthia no podía hacer mas que garabatos en su libreta y terminó, inconcientemente, dibujando a uno de los gemelos.

—Mira, jane- Le dijo el chico a la chica –Ella está haciendo un retrato de mí- Le sonrió.

—¿Qué dices, Alec? ¿Tú crees en serio que la chica nueva esté haciendo un retrato de ti? Ja, hermano, tienes el ego demasiado levantado- jane le sonrió, mostrando unos dientes blancos y una sonrisa hermosa al natural.

Al escuchar la conversación de estos 2 hermanos, de quienes ya sabía sus nombres, no pudo evitar mirar hacia su libreta. En efecto, su mano, inconcientemente, dibujaba a Alec. Dejó inmediatamente lo que estaba haciendo y decidió prestar atención a la clase, de la cuál, no lograba entender nada. Entre potencias, cuadrados y cubos, ya no allaba ni por donde continuar con sus apuntes.

La campana fue la salvación para aquella chica. Se levantó rápidamente de su asiento y tomó sus cosas, lista para dirigirse a la siguiente hora, en la que tenía la materia de literatura. Sin embargo, no se percató de que llevaba su mochila abierta y había tirado todos sus libros en el intento de salir corriendo. Cuando volteó, 2 caritas sonrientes la miraban devolviéndole sus pertenencias.

—Cynthia Brandon, ¿verdad?- Le preguntó la chica que se hacía llamar Jane.

—Así es, muchas gracias por ayudarme a recoger mis cosas…- La miró con desconcierto, como si no supiera su nombre.

—¡Ooh, pero qué descortez he sido! Mi nombre es Jane hale y éste es mi hermano, Alec- Señaló la chica castaña.

Y así, se dirigieron a sus respectivas clases, dándose cuenta más tarde que su horario era exactamente el mismo.

*x

N/a: Escuché hace mucho que las personas más sonrientes suelen ser las más tristes. Decidí usar este concepto con el personaje de Alice. Sí, estamos acostumbradas (os) a ver a la Alice energética, que siempre hace fiestas y está feliz, pero paciencia, que ella irá evolucionando conforme vaya pasando la historia. Agradezco que se pasen a leer esto, como ya vieron, trato de actualizar todos los días. Encima son capítulos salidos del horno, para que vean que los quiero ^_^

Hay un ejercicio que me recomendó un muy buen amigo, escritor también: empezar escribiendo mil palabras diarias, luego ir aumentando. Y como pueden ver, eso ha pasado con mis capítulos. Utilizo la escritura automática, la historia no está planeada. Solo escribo lo que se me viene a la mente o lo que me dan de ideas algunas personas a quienes les pido ayuda.

¡Agradezco una vez más su interés por leerme!

Hasta el próximo capítulo

¡Nos leemos!