Historia escrita para el Intercambio especial aniversario del Foro 1-8.

Mi amiga invisible es BlueSpring-JeagerJaques y sus indicaciones fueron las siguientes.

1. OTP: MiMato

2. Una que me cause curiosidad: Daiken (Daisuke x Ken)

3. Crack: June x Hikari. :DDD

Especificaciones: que se de en época universitaria, los esté presente aspectos sociales como el prejuicio o discriminación. Oh y si introducen alcohol y borrachera de por medio, muuucho mejor :D

Los personajes no me pertenecen.


Tempestad de amores

Capítulo III. La resaca trae la calma

Al día siguiente, tanto Kari como Mimi se sorprendieron gratamente de no tener mucha resaca. Sora les dijo que el tener que cuidar de Yolei les habría bajado el alcohol hasta la punta de los pies. Dejaron a la aludida dormir más, o eso pretendían, porque Yolei se levantó poco después de que ellas lo hicieran, aunque con mucha peor cara. Sin decir una palabra, caminó hasta el sofá envuelta en una manta y se sentó entre Kari y Mimi

—Me siento fatal —fue lo único que dijo.

—No me extraña —comentó la pelirroja tratando de no reírse—, te bebiste hasta el agua de los floreros.

—No me acuerdo de nada —gimió tapándose la cabeza con la manta—. ¿Y por qué tengo la sensación de que hice algo malo?

—Bueno… malo-malo no se si se podría decir —murmuró Sora y acto seguido se dispuso a relatarle todo lo sucedido la noche anterior.

El tono de piel y la expresión de la chica fueron cambiando hasta alcanzar una palidez fantasmagórica y puro horror. Su respiración se agitó, incredulidad invadiéndola.

—Dime que todo eso es mentira —rogó cuando la mayor terminó de contarle su altercado con Ken.

—Siento decir que es verdad —susurró la otra con cara de pena.

Yolei gritó y se escondió debajo de su manta tapándose la cabeza.

—¡No puede ser! —murmuró de forma casi ininteligible por la tela—. Hice el completo ridículo. ¡Voy a ser el hazmerreír de toda la universidad!

—Fue una noche movidita, Yolei, no te preocupes por eso —aseguró Sora de forma maternal—. Hubo muchos momentazos así que nadie va a recordar el tuyo especialmente. Además fue cuando la gente ya estaba borracha y más gente había hecho locuras antes.

Mimi y Kari, que se habían mantenido calladas y riendo disimuladamente de su amiga, se envararon. Como si se leyesen la mente, se miraron mutuamente y suspiraron de forma pesarosa para acto seguido unirse al club de "esconderse debajo de la manta" con Yolei.

—Bueno, ya está bien —la voz de la pelirroja retumbó en las paredes con un matiz de impaciencia—. Llevo esperando pacientemente desde el viernes pero ya basta. ¿Qué está pasando aquí?

Las tres aludidas emergieron de la manta al mismo tiempo y se miraron entre ellas, como decidiendo quién de todas debería empezar relatando su historia. Nadie parecía querer hablar y Sora empezaba a impacientarse, bufando a ratos y golpeando el pie contra el suelo y los dedos contra sus brazos, loa cuales estaban cruzados. Fue Mimi la que, con un suspiro resignado, tomó la decisión de ser la primera.

—Anoche casi me acosté con Matt en el armario.

Fue como si un ángel hubiese pasado. Todo se quedó en silencio, sin que nadie moviese un músculo ni parpadease siquiera. La castaña observó a sus tres amigas, todas mirándola con los ojos como platos y la boca abierta. Casi le entraron ganas de reírse por sus expresiones.

—¿Que qué? —preguntó con voz rasposa por la impresión Kari.

—No voy a repetirlo —farfulló—. Ya es bastante vergonzoso.

—¡Pero saliste del armario como si nada hubiese pasado! —exclamó Sora—. Parecías más tranquila que al entrar.

—No quería montar un numerito —explicó escuetamente.

—¿Y Matt estaba de acuerdo con eso? —inquirió Yolei, asombrada de que el rubio también pareciese tan normal; ella siempre había pensado que el chico estaba enamorado de su amiga.

—Más o menos…

—Bueno, creo que nos debes una explicación completa —manifestó la pelirroja—. Porque estoy segura de que hay algo más detrás de esto.

Así lo hizo, y mientras Yolei olvidaba su resaca un poco para aplaudir, Kari y Sora se sorprendían cada vez más de la historia y de no haberse percatado de nada de ello.

—¿Quieres decir que viene ya de lejos? —la castaña asintió—. ¡Increíble! Pero si parece que apenas os miráis cuando estamos todos juntos.

—¿Por qué no nos habías dicho nada? —preguntó la pelirroja, secundada por la de gafas, que tampoco había sabido que Mimi sentía algo por el rubio hasta ese día.

—¡Venga ya, chicas! —exclamó—. Somos Matt y yo. ¿Podéis imaginar una pareja más opuesta?

—Pues no lo sé —murmuró Sora como quien no quería la cosa—. Kari, ¿tienes algo que decir al respecto?

La aludida se sonrojó al verse en el foco de atención de sus amigas. Nerviosa, se llevó el dedo a la boca para mordisquearlo; no sabía si contar todo lo que le había pasado en los últimos días, al fin y al cabo ni siquiera ella estaba segura de qué era. Pero finalmente decidió contarlo, y de paso pedir la opinión de sus amigas, quienes sabían más del tema amor que ella.

—Veréis, el viernes fui a nadar a la piscina del campus —empezó a relatar—. La cosa es que cuando salí me fui a duchar, y al terminar me encontré a June en el vestuario. Me preguntó por Matt, bueno ya sabéis que siempre va detrás de él persiguiéndole y…

—Bueno, no hace falta que nos cuentes todo eso —gruñó Mimi cortándola—. Ya sabemos que June está detrás de Matt. Sigue con la historia.

Todas rieron por los celos de Mimi, al fin y al cabo era muy extraño ver a una chica como ella celosa cuando siempre había tenido a los chicos que quería detrás y ninguna otra chica se había atrevido siquiera a intentar meterse en medio. La castaña se vio delatada y se sonrojó a más no poder, pero giró la cabeza, bufando, y se cruzó de brazos.

—Vale, pues en resumen —acortó la menor del grupo—, June me vino con algún rollo de que si me besaba a mí, besaba a Matt de forma indirecta y lo hizo.

Hubo una exclamación de sorpresa, más sonora aún por parte de Mimi, quien no había visto el beso del día anterior, y Yolei, que prácticamente no lo recordaba.

—Pero eso no es todo, ¿verdad? —insistió Sora al ver que Kari se quedaba callada, como si no supiese cómo seguir.

—No —negó la Yagami—. La cosa es que… bueno, a mi me gustó ese beso.

Y hubo una explosión de gritos por parte de Mimi. Yolei se quejó del dolor de cabeza que le estaba dando pero la chica estaba exaltada a más no poder, sin creerse que eso hubiese podido pasar sin que ella viese nada de nada. Porque Kari nunca había dado señales de que pudiesen gustarle las chicas. Sí que era verdad que tampoco había estado nunca con ningún chico, pero al tener un hermano como Tai, que solamente le parecía TK indicado para ella incluso cuando éste tenía novia, era lo más esperable. Sora, en cambio, como la más madura del grupo, suavizó la mirada y acarició el cabello de la pequeña del grupo, que seguía sin saber qué hacer con ese descubrimiento que ya había salido a la luz y era oficial.

—Por eso estabas tan distraída el viernes —le susurró de forma comprensiva—. Y por eso ayer mirabas nerviosa en busca de algo; era June aquella que buscabas.

—Sí… —asintió la chica—. Y ayer cuando le tocó que me besará me pasó lo mismo. Ya no sé qué pensar.

—Es simple, cariño —susurró maternamente Sora—. Te gusta June.

—Pero es una mujer —dijo como si eso fuese algo grave—. Siempre he pensado que cuando me fijas en una persona sería un chico.

—No tiene nada de malo —aseguró Yolei, entrando en la conversación.

—Eso es verdad —afirmó Mimi—. Es perfectamente normal y bueno que te guste June y que a June le gustes tú.

—Eso solo lo dices porque así June no molestará más a Matt —la picó la chica de gafas.

—¡Eso no es cierto! ¡Yo solo quiero el bienestar de mi amiga! —exclamó Mimi pero después puso cara avergonzada—. Sacar a June del medio solamente es un plus.

Todas rieron, aligerando el ambiente notablemente. La menor pareció relajarse habiéndose quitado un peso de encima; que sus amigas supieran su recién descubierto secreto y la apoyaran era muy importante para ella. Y aunque tuviese miedo de lo que fuese a pasar, se sintió arropada.

—Además, siento decírtelo pero se te ve —declaró Sora—. Después del beso de ayer no dejabas de mirarla, se te iban los ojos.

—¡Oh, por Kami! —exclamó avergonzada ella—. ¿Tanto se notaba?

—Bueno, yo llevaba pendiente de ti desde el viernes así que yo sí me percaté —la chica, decidida a sonsacar lo que pasaba a todas sus amigas, siguió lanzando pullitas—. Imagino que Mimi no se fijaría por su tema y porque estaba ocupada cuidando a Yolei, que también le pasaba algo.

La aludida se puso pálida de nuevo, sintiéndose atrapada. Desesperada, miró a Mimi en busca de ayuda pero la otra solo pudo morderse el labio con nerviosismo por no saber cómo sacarla de ese embrollo. La de gafas se giró para encarar a Sora y Kari, quienes la miraban con una ceja levantada, y supo que no tenía escapatoria.

—Vale, vale, os lo contaré —aceptó a regañadientes—. Me gusta Ken.

Las dos chicas se miraron entre ellas y después volvieron a fijar su mirada en Yolei. Ésta, las observó con impaciencia, esperando a que le echasen algo en cara. Pero eso no ocurrió, y el silencio empezó a ponerla nerviosa.

—¿Qué pasa? —preguntó exasperada—. ¿No vais a decir nada?

—¿De qué? —cuestionó Kari—. No has terminado, ¿no?

—¿No vais a decir nada de que me guste Ken? —insistió.

—Es que eso era evidente —explicó sinceramente Sora—. Por lo menos para nosotras, que convivimos contigo. No te habíamos dicho nada porque debías de ser tú la que nos lo quisiese decir, pero lo sabemos desde hace mucho.

A la chica se le abrió la boca ante tal confesión. ¡No podía creerlo! Y ella tratando de esconderlo, pensando que solamente Mimi sabía su secreto.

—Venga, Yolei, cierra esa boca —rió la menor—. No es para tanto.

—Y cuéntanos qué pasa —añadió la pelirroja—. No puedes llevar dos días mal porque te guste Ken, eso ya es de hace años. ¿Qué ha pasado?

—La cosa es que el viernes vi algo que me afectó bastante —miró a Mimi y ésta asintió para animarla a seguir—. Vi a Ken y a Davis besándose.

Por enésima vez esa mañana, las caras generales fueron de sorpresa, si bien la mitad de las presentes ya conocían ese dato.

—¿Ken y Da-Davis? —tartamudeó Kari, completamente asombrada.

—¿Davis Motomiya? —insistió Sora—. ¿El mismo Davis que lleva años detrás de nuestra Kari?

—Sí, ése —asintió Yolei—. ¿Acaso conocemos algún otro?

—¿Pero estás segura, Yolei? —preguntó Kari volviendo un poco en sí—. ¿No verías mal?

—Nada de eso, Kari —negó Yolei algo indignada—, sé lo que vi. Estaban besándose. Y estaban agarrados además.

Sora se sentó en el sofá pequeño, algo conmocionada por esa noticia. No era posible… Davis Motomiya, declarado pretendiente número uno de Hikari, gay. Miró a la menor, que también miraba sin llegar a creerse del todo lo que la de gafas había contado. Se cuestionó si Yolei les habría preguntado, pero aún siendo lo contrario, eso parecía afectarla mucho.

—Eso explica el resto, entonces —murmuró la pelirroja haciendo que todas la mirasen—. Que Yolei se sintiese tan mal el viernes y el numerito que montó cuando le tocó besar a Ken.

Las cuatro chicas se hundieron en los asientos y se quedaron pensativas, cada una de las tres afectadas en sus problemas y Sora en cómo ayudarlas. Desde luego, posiblemente Mimi era la que más fácil tenía todo; solamente tenía que hablar con Matt y dejarse llevar, olvidando el pasado. Kari tendría que trabajar en aceptarlo y ver si June realmente veía algo en ella o solamente jugaba. Mientras que Yolei… era un tema bastante difícil.

—Estamos un poco jodidas, ¿verdad? —preguntó Yolei volviendo a taparse hasta el cuello.

—Bueno, sí, es que solo a ti se te ocurre pillarte por un gay. ¡Vaya ideas locas que tienes! —se burló Mimi tratando de aligerar el ambiente—. Y que encima te deje por Davis… ¡Muy mal has tenido que hacerlo!

—¡Calla! —chilló Yolei riendo por la broma—. ¿Ideas locas? Y lo dice la que casi se folla a Ishida en un armario.

—¡Yolei! —exclamó la castaña entre divertida y alucinada—. ¡Qué bestia eres!

—¡Oh, perdónala, Mimi! —pareció seguirle la corriente Kari—. Yolei, ya te vale. Mimi no folla, ¿vale? Mimi casi iba a hacer el amor con Matt en el armario.

—Habla la que de repente le ha dado por cambiar de acera —entró Sora al juego—. ¡Y con June Motomiya! ¿No había más mujeres en el mundo?

—¡Oye! —se quejó Hikari riendo—. ¡No me discriminéis por mis preferencias!

—A mi me da que Davis en el fondo le gustaba pero se dio cuenta antes que nadie de que era gay —opinó Yolei tratando de mantener un semblante serio—. Se olió la tostada e hizo como en el juego de la oca; "de Motomiya a Motomiya y me tiro a la que toca".

I kissed a girl and I like it —comenzó a cantar Mimi con su perfecto acento Americano—. The taste of her cherry chap stick…

Todas estallaron en risas, olvidando todos los quebraderos de cabeza que estaban teniendo y lo deprimidas que estaban. Juntas, se pusieron a cantar la canción completa de Katy Perry, incluso Kari, que era a la que se referían.

Estaban en el punto álgido, todas vociferando, cuando el timbre del piso sonó. Todas se quedaron paradas, congeladas cual estatua, y se miraron entre ellas.

—¿Alguna espera visita? —preguntó Yolei y el resto negaron.

—Voy a ver quién es —dijo Sora y se levantó hacia la entrada.

Las otras tres se serenaron un poco, sentándose y tratando de respirar tranquilas de nuevo. La pelirroja llegó a la puerta y preguntó quién era. Ante la respuesta, abrió los ojos por la sorpresa, aunque una sonrisa inmensa se dibujó en sus labios mientras abría la puerta.

—Pasa —ofreció—. Espera un segundo, voy a llamarla.

Sora corrió a la sala donde el resto de sus amigas se habían puesto a charlar tranquilamente. Pararon al verla llegar con tanta prisa y con esa cara feliz dibujada.

—Mimi, es para ti —le indicó—. Te esperan en la puerta.

—¿A mí? —preguntó confusa, pillada totalmente desprevenida—. ¿Y quién es?

—Vete a ver —animó con un guiño.

Mimi se encogió de hombros, algo intrigada por el secretismo y la intriga que Sora le estaba poniendo al asunto. La verdad es que no esperaba a nadie ese domingo. Bueno, de normal los domingos no solían tener ninguna visita salvo Tai de vez en cuando que iba a ver a su novia, así que no tenía ni idea de quién podía estar en la puerta. ¿izzy quizás? Recordó que le había pedido que la ayudase con una de sus clases de estadística avanzada; aún no entendía para que necesitaba una cocinera esa clase pero al parecer las matemáticas iban a perseguirla toda la vida… sus pensamientos se vieron interrumpidos al llegar al hall del piso porque vio a quién esperaba, y no se había imaginado para nada que estaría allí.

—Matt… —musitó viendo al rubio apoyado en la puerta esperando.

—Mimi —el chico se enderezó y caminó los pocos pasos que los separaban—. Hola.

Los dos se quedaron mirándose, callados, sin saber exactamente qué decir. Matt se pasó la mano por el cabello, que aún tenía levemente mojado de la ducha que se había pegado antes de ir a casa de las chicas. Mimi se miró al espejo de la entrada de reojo y maldijo por no haberse puesto un poco decente ese día; su pelo parecía un nido de pájaros. Menos mal que el día anterior se había desmaquillado a conciencia, aunque las ojeras de debajo de sus ojos no las quitaba nadie.

—Estás guapa —aseguró el rubio haciendo que dejase de observarse y centrase la mirada en él.

—No puedes estar diciéndolo en serio —bufó la castaña—. No hoy, no con mis pintas.

—A mí siempre me parece que estás guapa, Mimi —dijo simplemente él encogiéndose de hombros—. Va a dar igual qué lleves puesto.

Mimi se sonrojó sin poder evitarlo y se mordió en labio inferior. Matt la miró enternecido, para después menear la cabeza de un lado a otro, tratando de centrarse en lo que le había llevado a ir hasta el piso de las chicas en domingo, después de fiesta y habiendo dormido apenas unas horas.

—Ya sé que puede parecer precipitado —murmuró tratando de disculparse por aparecer allí sin avisar—. Sé que debería haber llamado para decir que venía pero si te soy sincero ni lo he pensado. Cuando me he despertado simplemente he recordado que me prometiste hablar hoy y he venido. Siento si causo molestias.

—Tranquilo, no molestas —susurró Mimi sin saber realmente qué contestar.

Se volvió a hacer el silencio, con ambos jóvenes mirándose a los ojos pero sin encontrar las palabras que necesitaban utilizar en ese momento. Fue Matt el que rompió eso.

—Mimi, yo…

La castaña se quedó mirándolo a la espera de que continuase. Era verdad que ambos tenían que hablar pero ya que había comenzado él quería saber exactamente qué quería decirle (aunque viendo el día anterior se hiciese a una idea) para poder continuar ella. Pero Yamato no dijo nada más, y ella frunció el ceño sin comprender qué pasaba. Fue al ver que él ya no la miraba a ella sino a algo detrás de ella lo que la hizo ver que algo pasaba y se giró para averiguar qué pasaba. Rodó los ojos al descubrir la razón del repentino mutismo de Matt; Kari, Yolei y Sora tratando de escuchar su conversación desde una esquina de la puerta que conectaba el hall con el salón, supuestamente escondidas tras el marco de la misma pero realmente sacando medio cuerpo a través de ella. Mimi bufó y se giró hacia Matt, que estaba intranquilo en el sitio.

—Será mejor que vayamos a mi habitación —le dijo—; allí podremos hablar tranquilos.

Sin darle tiempo a pensarlo, agarró la mano del rubio y tiró de él hacia su dormitorio. Pasó junto a sus amigas, quienes reían de forma divertida y señalaban sus manos unidas. Matt, detrás de ella, se sonrojó más que cuando ella había tomado esa iniciativa, pero no dijo nada.

—Ya os vale —las regañó Mimi—. ¿Y tú también, Sora? Pensaba que se suponía que eras la más madura.

—Esto es demasiado divertido como para no unirme —se disculpó la pelirroja.

Mimi volvió a resoplar y reanudó el camino con Matt siguiéndola. Las tres chicas soltaron unas risitas de nuevo y se pusieron a soltar frases de ánimo. La castaña hizo que el chico entrase y después entró ella, no sin antes lanzar una mirada de advertencia a sus amigas, las cuales le guiñaron el ojo y alzaron el pulgar antes de que cerrase la puerta.

….

—Eso ha sido divertido —aplaudió Kari—. ¿Habéis visto lo picada que estaba?

—¿Y lo rojo que estaba Matt? —se unió Yolei—. ¡Era adorable! ¿Cuándo habéis visto al gran Yamato Ishida sonrojado?

—Ni siquiera cuando decidimos salir juntos —aseguró Sora, también riendo—. Recuerdo que cuando nos besamos la primera vez, bueno, la única, fue un choque de labios, se apartó y me dijo, sin cambiar el semblante, "Sora, esto no está bien. Creo que nos hemos equivocado. A ti te gusta Tai". Y ya está. No dijo ni hizo nada más. Fue como un cubito de hielo.

—¡Vaya! —silbó Yolei, quien no conocía esa historia—. Debe de gustarle mucho Mimi.

Las tres asintieron. Pero no les dio tiempo a decir nada más porque el timbre del piso sonó por segunda vez. Esa vez nadie dudó y casi por inercia Sora se levantó.

—Debe de ser Tai —opinó a lo que las otras dos asintieron—. Ayer no estuve mucho con él y dijo que quizá se pasaría hoy si no se distraía. Imagino que habrá visto que Matt no va a estar para jugar a videojuegos y ha decidido venirse.

La pelirroja se levantó, por segunda vez, a abrir la puerta, esa vez a la espera de encontrarse a su querido novio detrás de ella, enfadado porque Matt le había abandonado y queriendo mimos. Grande fue su sorprenda cuando no fue él, sino David Motomiya el que apareció al abrirla.

—Vaya —murmuró algo sorprendida—. En tu caso no tengo claro a quién buscas.

—¿Cómo? —preguntó confuso Davis ante ese extraño saludo.

—Nada, nada —dijo la chica—. ¿Vienes a ver a Kari?

—Esto… no —negó él—. Venía a hablar con Yolei. ¿Está?

—Sí que está —contestó Sora poniéndose un poco nerviosa; sabía a qué había ido Matt allí, pero no tenía ni idea de a qué iba Davis—. Ven, está en el salón con Kari.

Fueron juntos hasta la estancia indicada, donde Kari y Yolei charlaban animadamente. La chica de gafas estaba de espaldas a la entrada así que fue la menor la que vio quién se acercaba por detrás. Sin poder evitarlo, abrió los ojos a más no poder y su boca colgó un poco. Su amiga frunció el ceño ante el repentino mutismo y se dio la vuelta para ver qué pasaba.

—Davis —susurró, más para ella misma que para llamarle.

—Hola, Yolei —saludó el castaño—. Hola, Kari.

La castaña alzó la mano y la meneó un poco en el aire. Miró a Sora en busca de explicaciones pero ella solo se encogió los hombros sin saber qué decir y señaló con la cabeza a Yolei disimuladamente.

—Yolei, quería hablar contigo —dijo finalmente.

—Nosotras nos vamos entonces —Kari se levantó del sitio, dispuesta a coger a Sora e irse a la cocina o a algún sitio para dejarles privacidad.

—En realidad no creo que sea necesario —murmuró Davis rascándose la nuca—. Al fin y al cabo terminaréis sabiéndolo y creo que es mejor que sea por mí.

La castaña volvió a sentarse en el sofá, seguida de Sora que se acomodó a su lado. Yolei se giró completamente hacia el chico, que parecía no querer moverse del sitio ni saber cómo empezar.

—Creo que lo mejor va a ser que hable sin rodeos porque eso se me hace difícil —las chicas asintieron—. Me gusta Ken.

Yolei, aún sabiendo ya sobre el tema, se envaró poniéndose a la defensiva. Las otras dos no sabían qué hacer. Vale, su amiga les había contado que les había visto besándose, pero en el fondo pensaban que habría habido un error, que se había exagerado y que lo desmentiría; nunca había esperado que el propio Davis fuese a verificarlo.

—Pero… ¿estás seguro de eso? —preguntó Sora intentando tantear con sutileza el terreno—. Me refiero, no hay nada malo en que te guste Ken pero, te gustaba Kari hasta hace poco.

—Bueno, lo de Kari era ya por seguir con la rutina —musitó apenado—. No es que no me gustases, Kari, pero me di por vencido hace tiempo.

—Entonces… ¿eres gay? —preguntó la aludida.

—En realidad creo que me gustan las personas en general —bisbiseó avergonzado.

—Y ahora te gusta Ken —entró Yolei a la conversación por fin—. Yo… lo siento, Davis. Yo sabía de eso porque os vi besándoos el viernes. No quería meterme en medio, lo juro, solamente el alcohol me hizo hacer tonterías.

Davis suspiró sonoramente y se acercó al sofá donde la chica estaba sentada. Derrotado, se dejó caer a su lado y apoyó los brazos en el respaldo para mirarla largamente.

—Imaginaba que algo así pasaba —admitió sonriendo de lado—. Por eso gritaste que lo habías besado aún siendo gay.

—¡Oh, por Kami! ¿Grité eso? —se giró hacia sus amigas para confirmarlo—. ¿Grité eso?

—Yo no lo escuché, Yolei —aseguró Sora y miró a Kari interrogante—. ¿Tú sí?

La aludida negó con la cabeza y Yolei miró a Davis con ojos llorosos.

—Lo siento, Davis —repitió Yolei—. Estaba borracha y se me fue de las manos. No quería entrometerme entre vosotros.

—Creo que ése es el problema —susurró Davis desordenando su pelo—. Ken no es gay, Yolei.

Fue el momento de Yolei se abrir la boca tanto que fue incluso cómico. Sus ojos se hicieron tan grandes que parecía como que iban a salir de sus cuencas. Davis rió por la expresión de su amiga.

—Pero no puede ser —decretó—. ¡Yo os vi besándoos!

—Hay un detalle mal en ese pensamiento —corrigió el chico—. Me viste besándolo.

—¡Pero el te devolvía el beso! —chilló la chica poniéndose de pies—. ¡Te sujetaba de los hombros!

—Para apartarme —susurró divertido—. Me declaré, le besé, y cuando reaccionó me empujó y me apartó de él. Todo muy educado, eso sí.

Yolei se dejó caer de nuevo en el sofá, sin saber cómo tomarse esa nueva noticia. ¿Había malinterpretado todo? ¡Mierda! ¡Había pasado la peor noche de su vida el viernes pensando en el asunto! ¡Había hecho el ridículo el día anterior por nada! Frustrada, se revolvió el pelo con fuerza y dio un grito de impotencia.

—Pensé que la noticia te alegraría —susurró convencido el castaño.

—¡He quedado como una gilipollas por hacerme ideas erróneas! —gritó, furiosa consigo misma—. Además da igual. Aunque no sea gay eso no cambia nada.

Davis se enderezó en el sitio, estirándose cual largo era para desperezarse. Moviendo el cuello en círculo, desentumeció su cuerpo y se giró para ponerse cara a cara con su amiga. Sin pensarlo mucho, puso ambas manos en los hombros de la chica e hizo que ésta lo mirase a los ojos.

—Yolei, yo sé que no debería decir esto, porque al fin y al cabo me han pedido que guarde el secreto —la de gafas se le quedó mirando, callada y con mucha curiosidad—. Pero creo que esto es mejor decirlo.

Las tres chicas se quedaron expectantes, todas mirando a Davis a la espera de que dijese eso tan importante que cambiaría sus vidas. El castaño se vio foco de atención y sonrió muy pagado a sí mismo, haciéndose el interesante.

—¡Venga, Davis, dilo! —le instó Kari, también intrigada.

—¡Vale, vale! —aceptó al ver que se exasperaban—. A Ken le gustas, Yolei.

La aludida se quedó muda mientras que Sora y Kari soltasen un grito de emoción llevándose las manos a la boca para sofocarlo. La de gafas se quedó quieta, sin saber qué decir, y el chico solo la miró a la espera de que reaccionase.

—¿Cómo que le gusto? —musitó.

—Pues que le gustas —insistió—. Como mujer. Vamos que cuando me declaré me pidió perdón por no poder corresponderme pero que no era gay y que encima su corazón ya tenía dueña.

Sus amigas soltaron un "oh" colectivo peor Yolei seguía sin reaccionar. La chica seguía con los ojos abiertos, sin creerse lo que le estaba diciendo.

—Pero, ¿cuándo? —balbuceó.

—¿Qué importa? La cuestión es que le gustas —dijo claramente Davis—. Además el beso le gustó, me lo dijo a mí. Pero le pillaste desprevenido y se piensa que lo hiciste solamente por el juego y por estar borracha. Tendrías que hablar con él.

Yolei pareció asimilar toda la información porque una enorme sonrisa fue formándose en su cara poco a poco. Avergonzada, lanzó un gritito muy femenino que Davis nunca le había escuchado y ocultó su cara sonrojada entre las manos. Sin que el chico se lo esperase, se levantó y comenzó a dar saltitos a los que las otras dos chicas se unieron entre vítores. Davis se quedó mudo y quiero, alucinando. De repente Yolei paró y se quedó mirándolo.

—Espera —susurró—. ¿Por qué se supone que me estás contando esto a mí?

—Hombre pues porque eres a la que le interesa —dijo como si fuese obvio—. Es a ti a quien te gusta Ken y a él le gustas tú. Es lo normal, ¿no?

—¿Sabías que me gustaba Ken? —preguntó exaltada.

—Todos los que te conocemos un poco lo sabemos, Yolei, eres muy obvia —declaró como si lo contrario fuese una tontería—. Todos menos Ken, claro.

Yolei se dejó caer al lado de Davis y lo miró a los ojos. El chico le respondió la mirada a la espera de que su amiga dijese aquello que le estaba carcomiendo por dentro.

—Davis —le llamó con voz suave—, ¿a ti te molesta esto? Quiero decir, si saliese con Ken, ¿seguiríamos siendo amigos?

—¡Claro que sí, tonta! —exclamó haciéndole cosquillas—. Llevo años viendo como Kari se acerca a TK y nunca he dejado de ser amigo de él.

—Pobre Davis —susurró Kari de forma burlona—. Te rechazan las chicas y ahora también los chicos.

—¡Oye! —exclamó el aludido llevándose la mano al pecho—. ¡No hieras mi pobre y frágil corazoncito!

Todas rieron ante el dramatismo fingido del castaño y se sentaron en los sofás estallando en risas.

—Hablando de Kari —Sora interrumpió, tratando de cambiar el tema y hacer partícipe a Davis de sus nuevas noticias—. Creo que tiene algo que contarte…

Davis miró a la castaña, que fulminó a su amiga con la mirada. Acto seguido suspiró y se puso a contarle los nuevos descubrimientos que había hecho sobre ella misma.

Mimi cerró la puerta tras ella suspirando por lo descarado de sus amigas. Cuando se giró, se encontró a Matt observando su habitación con curiosidad.

El rubio contemplaba todo a su alrededor, empapándose de todos los detalles que tanto le recordaban a la chica. Desde las cortinas de color rosa, tan típico en ella y que al entrar el sol a través de ellas le daban un aspecto mágico a la habitación, hasta la cama llena de peluches entre los cuales había una réplica de Palmón, todo tenía el toque característico de Mimi Tachikawa. La castaña le vio acercarse a la cama de colcha blanca con motivos rosas y pasar al escritorio donde tenía varias fotos. Se ruborizó cuando se quedó analizando las fotos que tenía colocadas por encima.

—Creo que ésta es mi favorita —susurró cogiendo un marco.

—¿Cuál? —preguntó ella curiosa acercándose.

Matt se la enseñó y ella enrojeció. Era una foto de ella un poco más joven, antes de volver a Japón. Estaba en una playa de arena muy fina. Estaba de pies, entre sus padres, vestida solamente con la parte rosada de un bikini y una falda con dibujos de piñas. Con su padre agarrándola por los hombros y su madre por la cintura, tenía la cabeza inclinada hacia la derecha y sonreía ampliamente a la cámara.

—Es en Miami —le explicó—. De cuando vivíamos en EEUU.

—Ya apuntabas maneras —ella frunció el ceño sin entender—. Ya eras preciosa de pequeña.

—Matt… —susurró poniéndose más roja aún.

—Tenemos que hablar, definitivamente, Mimi —le pidió él, poniéndose serio finalmente—. Por favor.

—No sé qué decir, Matt, de verdad —aseguró ella—. Es que no sé qué pensar, ni qué hacer…

Matt se acercó un poco a ella y alzó la mano para acariciar su mejilla. Como pidiendo permiso, la dejó a escasos centímetros de su piel, a la espera de que ella diese su consentimiento. Mimi, en respuesta, apoyó ella misma la cara en él y cerró los ojos cuando el rubio la arrulló.

—Ya te confesé mis sentimientos ayer—murmuró haciendo que lo mirase de nuevo—, aunque admito que no fue el mejor momento.

—Yo admito que no te di muchas oportunidades para hacerlo diferente —respondió ella.

—Necesito una respuesta, Mimi —musitó el rubio—. No estoy diciendo que sea hoy, no quiero presionarte, solamente quiero saber si algún día conseguirás abrirte a mí.

—Matt… yo… —dudó ella.

—Yo sé que te han hecho daño —Mimi suspiró ante esa confesión—. He estado pendiente de ti siempre, y vi lo mal que lo pasaste con lo de Ryo. Fue un cabrón, y entiendo que tengas miedo de volver a confiar en un hombre.

Mimi se mordió el labio inconscientemente. Recordaba claramente como al volver de Japón se había fijado en Ryo, un compañero de su facultad. Él había sido caballeroso al principio, todo un elegante y sofisticado príncipe azul, y ella había caído en sus garras. Resultó que solamente quería acostarse con ella y comprobar, con palabras textuales que había ido diciendo, "lo que una japonesa podía aprender viviendo el EEUU". La castaña se había enterado casi sin querer, solamente porque al idiota de Ryo había ido fardando de que iba a costarse con ella en uno de los entrenamientos de natación que tenía y Matt había estado presente. El aludido no le había dicho a ella directamente todo sino que había hablado con Tai, quien a su vez le había contado todo a Mimi. Después, entre él, Izzy y TK, habían ido a amenazarle para que no volviese a acercase a su amiga y cuando lo hizo, la propia Mimi, de forma orgullosa, le había mandado a paseo, diciéndole que no se acostaba con perdedores. Desde entonces Ryo no se acercaba a ella en la universidad, y Mimi no había vuelto a confiar en ningún hombre.

Pero en ese momento, con Matt delante confesándose, sus cimientos se tambaleaban peligrosamente.

—Pero sabes que yo no soy así, Mimi, me conoces —con suavidad, tomó su cara con ambas manos y pegó sus frentes, mirándola a los ojos con sus orbes azules para que viese que no mentía—. Sé que te cuesta abrirte pero dame una oportunidad. Prometo cuidarte y darte todo lo que mereces. Te ayudaré a olvidarte de todo lo que Ryo te hizo.

—Matt —susurró embelesada.

—Te quiero, Mimi, y sé que tú sientes algo por mí —confesó de nuevo y el corazón de Mimi volvió a palpitar en su pecho—. Confía en mí. Dame una oportunidad.

Matt acercó su cara más aún, y esperó, pacientemente, con sus labios casi pegados, a que ella diese el siguiente paso. No quería que se asustase, y quería que estuviese segura, que confiase en él. No quería presionarla. Quería amarla. Mimi vio la transparencia en la mirada de Matt y su corazón dio el siguiente paso por ella. Algo temerosa aún, acortó los milímetros que los separaban y juntó sus labios con los del rubio.

Fue como si se uniesen en alma. Matt sintió que la chica lo aceptaba, que confiaba en él, en ese preciso instante. Se sintió tremendamente feliz y la beso con más ahínco, queriendo demostrarle todo lo que la quería. Mimi estrujó la camisa del chico con ambas manos tratando de acercarse más a él. Se sintió completa y querida con ese beso, y supo que estaba haciendo lo correcto.

Se besaron lo que podían haber sido segundos u horas, y cuando se separaron se miraron fijamente a los ojos. Matt le dio un suave beso y Mimi rió, encantada de ello. La felicidad la embargó y se abrazó fuertemente al chico, escondiendo su cara en su pecho. Matt la rodeó con los brazos y la estrechó contra él, queriendo parar para siempre el tiempo.

—Sal conmigo, Mimi —pidió el rubio contra su cabello y besándolo tiernamente.

La chica solamente asintió, pero fue suficiente para que su corazón brincase de alegría. Con suavidad, la apartó de él y volvió a besarla, esa vez con más entusiasmo. Ella no pudo evitar seguir el ritmo enloquecedor que Matt marcó desde el primer momento, entregándose por completo a él. En ese momento las dudas se disiparon, ninguna perduró; había hecho lo mejor. Y sintiéndose más liviana, se concentró en el delicioso beso que estaba compartiendo con el que desde ese momento era su novio. Sonrió contra sus labios al pensar en él como su novio, y Matt lo notó. Se separó un segundo, interrogándola con la mirada, pero ella negó, divertida, y volvió a besarlo.

Sin casi quererlo, y como siempre que se juntaban últimamente, la temperatura empezó a subir entre ellos cuando Matt profundizó el beso. Mimi sintió que su respiración se aceleraba, al igual que sus latidos. Sintiéndose acalorada, se pegó más aún a Matt, no queriendo que nada de distancia hubiera entre ellos. Sus manos empezaron a recorrer la atlética espalda del rubio, adentrando las manos por debajo de la camisa que éste llevaba, deleitándose con la dureza de los músculos. Sintió un escalofrío recorrer el cuerpo de Matt cuando arañó la suave piel y sonrió de nuevo contra sus labios.

Pero de repente, sin saber por qué, el rubio interrumpió el beso y se apartó levemente de ella. Con suavidad, sacó sus manos de la prenda y las colocó al lado del cuerpo de su dueña, quién lo miraba sin comprender por qué había parado el beso y el placentero recorrido que estaban haciendo sus manos.

—Sé que lo pasaste mal por el tema de Ryo precisamente porque solamente quería acostarse contigo así que comprenderé que quieras que vayamos despacio —susurró de forma comprensiva—. Así que será mejor que paremos ahora para que luego no te sientas mal.

Mimi suspiró por lo tierno que le pareció ese gesto de parte de Matt. ¡Era tan adorable! Ella había podido sentir que él quería seguir adelante tanto como ella, pero había frenado solamente para que ella se sintiese cómoda. ¿Cómo podía haber dudado siquiera un segundo de él? Se mordió el labio inferior y lo miró por debajo de sus pestañas, tan sonrojado por los roces de segundos antes, tan dulce.

No perdió el tiempo y lo empujó suavemente hacia su cama. Matt se sorprendió, no esperando ese gesto, y cayó sentado en la mullida colcha blanca. Sin comprender nada, observó a Mimi, que anduvo dos pasos hasta colocarse entre sus piernas y mirarlo desde su altura. Ella no dijo una sola palabra en todo ese trayecto.

—Matt —murmuró Mimi son voz tan sedosa que al chico le recorrió de nuevo un escalofrío—. Ryo es Ryo, y tú eres tú; eso me lo has dicho tú.

El rubio asintió, todavía no comprendiendo a dónde quería llegar la chica con todo eso. La vio sonreír pícaramente y tembló, como si su cuerpo se anticipase a todo lo que iba a pasar después. Y así fue, porque Mimi no lo dudó y sin darle tiempo a pensar o a decir nada se quitó la camiseta que llevaba por encima, quedando desnuda en la parte superior del cuerpo, y se colocó a horcajadas sobre sus muslos, haciendo que éste tuviese que sujetarla de la cintura, sintiendo la suavidad de la piel de la chica entre sus dedos. Su corazón comenzó a galopar como un loco.

—Y si tú no quieres hacerme el amor —ronroneó sobre su boca acercándose todo lo posible a él—, yo te haré el amor a ti.

Mimi lo besó de lleno en los labios y cayeron hacia atrás, tumbados, en la cama. Matt no puso más que sonreír contra los labios de su novia y estrecharla contra él.

Davis y las chicas llevaban ya un rato charlando animadamente cuando la puerta del cuarto de Mimi se abrió por fin. El silencio se hizo en la sala, los cuatro observando a la pareja salir de la mano y acercarse a ellos. Cuando los alcanzaron, los que estaban en la sala se les quedaron mirando en silencio, como si nadie se atreviese a hablar. Fue el castaño el que finalmente lo hizo.

—¡Pero miradlos! Les brilla la cara. ¡Tienen cara de haber tenido sexo del bueno! —tanto Mimi como Matt se sonrojaron hasta más no poder por el comentario y las otras chicas ahogaron una risa—. ¡Qué envidia! Aquí todo el mundo va a tener sexo menos yo.

—Yo estoy en tu club, Davis —Kari palmeó el hombro del chico tratando de animarlo.

—Kari, no te ofendas, de verdad —le dijo él en un susurro—, pero June tiene pinta de ser una fiera en la cama así que no creo que te deje estar sin sexo mucho tiempo.

Todos en la sala rieron, salvo la nueva pareja, que estaba demasiado ocupada queriendo esconderse debajo de algo por la vergüenza. De repente, el timbre volvió a sonar por tercera vez.

—Bueno, definitivamente ése tiene que ser Tai —declaró Sora levantándose del sofá.

La pelirroja se desperezó mientras caminaba hacia la puerta y dejaba al resto en el salón, Kari y Yolei vacilaban a Mimi y a Matt.

—Vaya día me están dando; esto podría contar como ejercicio —murmuró para sí misma—. Espero que sea Tai, aunque no queda nadie más que pueda venir de visita. Bueno, sí pero sería muy raro que justo apareciese…

No terminó de hablar porque abrió la puerta y se encontró a la tercera sorpresa del día.

—June.

—¡Hola, Sora! —saludó la otra pelirroja animadamente—. ¿Puedo pasar?

—Sí, claro, claro —asintió estupefacta porque estuviese ocurriendo eso—. Estamos todos en el salón. Sigue recto.

June sonrió en agradecimiento y se dirigió hacia donde Sora le había señalado. Caminó alegremente, escuchando las voces de los jóvenes conversando alegremente. Cuando llegó, fue el turno de Kari de sorprenderse y envararse. A Yolei, en cambio, le entró un ataque de risa por las situaciones tan hilarantes que estaban sufriendo aquella mañana. Mimi y Matt se giraron al mismo tiempo a ver quién llegaba y el rubio se puso pálido. Como si de un monstruo se tratase, se colocó detrás de su novia, poniéndola a ella de escudo.

—¡Mierda, June! —bramó—. ¿Cómo has sabido dónde estaba?

—¿Ah? —la pelirroja reparó en Matt en aquel preciso instante—. ¡Ah! ¡Hola, Matt!

—Esto es pasarse de castaño oscuro, June —murmuró exaltado—. Tienes que dejar de perseguirme. ¡Tengo una vida privada!

—Matt, tienes que relajarte —susurró Mimi sin poder darse la vuelta por el fuerte agarre de Matt sobre sus hombros.

—¿Y tú por qué estás tan tranquila? —preguntó incrédulo.

—Porque no creo que venga por ti —musitó tan bajito que el rubio, obcecado como estaba, no la escuchó.

—Tienes que dejarlo, June —trató de tranquilizarse—. Mira, tengo novia. Tienes que dejarlo ya.

—¡Vaya! —exclamó la castaña rodando los ojos—. ¡Qué confesión tan romántica!

—¡Felicidades!

Eso era lo último que esperaba escuchar Matt venir de parte de June. Como si no se lo creyese, la observó atentamente, a la espera de que dijese algo más típico de ella sobre su amor indestructible o que Mimi no era buena para él.

—¿Có-cómo? —balbuceó.

—Que felicidades —repitió la Motomiya como si lo repitiese para alguien con un bajo CI.

—No entiendo —dijo sinceramente el rubio.

—Felicidades, Matt, me alegro de que hayas encontrado a una chica para ti —fue franca—. Y en realidad no vengo a hablar contigo. Kari.

La aludida se envaró, sabiendo que le tocaba a ella escuchar. Matt miró a su alrededor, confuso, sin comprender qué pasaba. Trató de hablar con Mimi para que le explicase pero ella solamente negó y se puso un dedo en los labios pidiendo silencio.

—No voy a andarme con tonterías y voy a ir al grano, Kari —dijo directamente June—. Me gustas.

Matt hizo un ruido extraño con la garganta, como si se estuviese ahogando, y su novia le dio un codazo en el estómago, queriendo decirle que debía callarse.

—Vaya, se nota que es hermana de Davis —murmuró Yolei a Sora—. ¡Qué directos!

—June es más Motomiya incluso —propuso la mayor a lo que su amiga insistió.

—A ver, no estoy diciendo que esté enamorada ni ninguna otra cursilería como esas —restó importancia la pelirroja—. Simplemente digo que me gustó besarte, ambas veces, y que me gustaría repetir.

—Yo… —musitó Kari—. Yo no esperaba eso.

—No quiero que le des más vueltas a todo porque hay lo que hay —June de verdad no se andaba con rodeos—. Quiero conocerte, Kari. Nunca nos hemos relacionado mucho pero me gustaría. Sí, es verdad, también me gustaría besarte, pero entiendo que tiene que ser difícil dar ese paso si nunca te lo has planteado.

La menor se quedó sin saber qué decir. No podía negar que le habían gustado los besos de June, y que los había recordado y anhelado, pero le daba miedo admitírselo a ella. Tampoco es que ella se hubiese fijado nunca en ningún chico, que es lo que todo esperaba, así que le venía por sorpresa a medias. Observó a sus amigos alrededor, todos callados y quietos como estatuas. Luego miró fijamente a June, quien estaba esperando su respuesta con decisión. Su mente hizo click en ese momento y tomó la decisión que nunca había pensado que tuviese que escoger.

—Está bien —asintió suavemente—. Me parece bien conocernos.

—¿En serio? —la voz alegre de June se escuchó pero acto seguido su semblante se volvió serio—. Espera, necesito saberlo. ¿Te refieres a conocernos como amigas o como algo más?

—Yo, bueno, creo que me refiero a algo más —Kari se sonrojó solamente con decir las palabras—. Si tú quieres, claro.

—¡Claro que sí! —y se lanzó a abrazar a la menor.

Todos se quedaron quietos, viendo como June abrazaba eufórica a una roja como un tomate castaña. Saliéndole del alma, la pelirroja se dejó llevar por la alegría y besó en la boca a la Yagami.

—¡Ups! Lo siento —murmuró levantándose al ver que Kari se quedaba congelada—. ¿He ido demasiado lejos?

—No, no es eso —musitó la chica en voz baja—. Solamente me has pillado desprevenida.

—Está bien —dijo para sí misma June—. Menos euforia.

La chica alargó una mano y ayudó a la castaña a levantarse. Todos se quedaron mirándolas, como si esperasen que algo más fuese a ocurrir. Matt fue a hablar, pero Mimi volvió a cortarle, chistando y diciéndole que después explicarían todo; ese era un momento demasiado bonito.

—Bueno, ¿qué tal si vemos una película? —propuso Sora y, como burlándose de ella, el timbre sonó de nuevo—. ¡Esta vez me niego a ir!

—Está bien, yo abriré —murmuró Mimi y se soltó de la mano del rubio para ir a ello.

Matt fulminó a la pelirroja con la mirada, acusándola de hacer que su novia se alejase de él tan pronto cuando le había costado tanto que le dijese que sí. Sora simplemente le sacó la lengua.

—¡Mirad quién está aquí! —gritó alegremente Mimi al regresar.

—¡Matt, cabrón! —la voz de Taichi resonó por el piso—. ¡Me has abandonado! ¡Habíamos quedado en jugar a la play!

El castaño calló al ver a todo el mundo congregado en la sala de las chicas.

—¿Habéis hecho una fiesta sin mi? —preguntó incrédulo.

—No es una fiesta, Tai —aseguró Sora, divertida de la cara de su novio.

—¿Entonces qué es? ¿Una reunión? ¡Tampoco me habéis invitado! —de repente se fijó en los Motomiya, sentados en el sofá como si estuviesen en su propia casa—. ¿June? ¿Davis? ¿Qué hacéis aquí?

—Están con nosotros —murmuró Kari, saliendo en defensa de June sonrojándose.

—¡Mierda! ¿Has vuelto a perseguirla para que salga contigo, Davis? —su hermana se sonrojó más aún—. ¡No me jodas que al final le has dicho que sí!

—Tai, cariño —intervino Sora—. Siéntate, tenemos que hablar. Ya verás qué gracioso es todo esto…

Tai nunca esperó que aquella mañana que simplemente había querido jugar a la consola con su mejor amigo se transformase en una sesión de confesiones por parte de más de la mitad de sus amigos.

Y menos que sin querer, fuese el instante en el que se convirtió en cuñado de un Motomiya.


Bueno, blue, aquí tienes tu final. Sí, sé que es una mierda. En ralidad el fic no terminaba aquí, tenía un trozo más, pero soy incapaz de escribirlo ahora, no me da tiempo en los 35 minutos que quedan para que termine el plazo así que es lo único que se me ha ocurrido. Sé que me falta un detalle que pediste (lo de la discriminación), pero es que justamente esa parte estaba en el trozo que no me ha dado tiempo a escribir. ¿Podrías perdonarme? Lo siento mucho, de verdad.

He estado pensando que más adelante, cuando tenga tiempo, quizás escriba un final alternativo. No alternativo porque el resultado es el mismo, pero sí el trozo que tenía pensado. No sé si te parece buena idea, o si con eso podré compensarte.

Al resto que me lean, gracias por leerme y espero que os guste, aunque sea un poquito.