De Amor y Sexo En El Fin Del Mundo.
El mundo se va a acabar,
El mundo se va a acabar,
Si un día me has de querer,
Te debes apresurar.
El Mundo -Molotov
Zoo Humano
Cuando su compañero de habitad murió por la noche, Oikawa jamás imaginó que terminaría reencontrándose con él. Aquél al que odió por lo menos nueve años y al que ahora introducían, desnudo, a la celda que tenía desde que toda esa pesadilla hubo comenzado.
— Oikawa.
Tooru salió del shock inicial para mirarle a la cara, de verdad, puesto que en sólo un segundo, por su cabeza pasaron más allá una decena de años.
— Ushiwaka.
— Es Ushijima.
El castaño bufó con desdén, deseoso de haber muerto él y no su compañero de habitad.
— Ojalá Iwa-Chan siguiera vivo para que se riera de lo tozudo que eres. En fin, mi cama es la de allá — señaló un colchón liviano en una esquina de la habitación, cuyas paredes estaban recubiertas de un blando material que le recordaron el interior de esos cuartos de manicomio que mostraban en las películas.
— Entiendo.
Ushijima hizo una reverencia y posó su desnudez sobre el colchón restante, admirando la habitación con detenimiento. Era igual a la anterior a la que había estado. Incluso el hueco en el piso que hacía de retrete.
— Más te vale darte vuelta cuando tenga que cagar. — Escuchó y Tooru le miró con el ceño fruncido, muy a la antaño, cuando eran rivales deportivos en su juventud.
— No pensé que fueras tan vulgar.
— ¡¿Qué?!
—Se dice defecar.
Oikawa tembló crispado de rabia, se echó en su colchón y se cubrió el cuerpo desnudo hasta la coronilla en su cabeza. Al poco tiempo las luces se apagaron.
— Debiste haber ido a Shiratorizawa.
Fue lo último que escuchó antes de dormir.
…
A los dos días de su llegada, Ushijima fue retirado de la habitación. Regresó al par de horas, limpio, cansado y, salvo por el cabello en su cabeza, lampiño.
También, a dos días de su llegada, Tooru al fin le dirigió la palabra. Acostado en el colchón que le correspondía, le miró desde abajo, intentando no fijarse en los genitales recién afeitados de su rival de toda la vida.
— ¿Y bien? Ni yendo a Shiratorizawa hubiese podido impedir esto.
Wakatoshi se encogió de hombros, visiblemente desmejorado. Se acostó en su colchón y cerró los ojos, dispuesto a dormir la siesta.
El ex setter se echó los brazos tras la nuca, mirando el techo acolchado, ignorando la comezón que el vello en sus axilas, que comenzaba a crecer, le provocaba. Sus ojos perdidos en la luminosidad que le cegaba. Su barba crecida formando una sombra en su rostro que le daba solemnidad a su miseria y madurez a su infantil expresión.
Se rascó el vientre bajo, porque la comezón del vello creciendo ahí era más insoportable que en las axilas.
— ¿También te usan para coger?
Wakatoshi abrió un ojo para poder mirar a su compañero de habitación.
— Fecundar. — Oikawa sacudió la mano en el aire, como ademán de restar importancia. Ushijima cerró los ojos y finalmente dijo un "Si", con desazón.
…
— ¿Sabes? Ayer conversé en inglés con Bing Qing —Oikawa miró ceñudo a su compañero, rompiendo la ley del hielo que él mismo había impuesto. Su cuerpo carecía de vello corporal y estaba limpio. —. Es de China. Antes, ella era neurocirujana en Frankfurt.
— Mmmh.
Ushijima se sentó en su lugar, mirando al castaño con atención. Poco a poco, la desnudez entre ellos había dejado de ser antinatural. A final de cuentas, a vista de los superiores, posiblemente eran simplemente vistos como animales de monta. Simplemente sementales.
— ¿Alguna vez haz charlado con alguna de ellas? —Wakatoshi negó con la cabeza, muy serio. Se sintió apenado por ello. Jamás vino a su mente la posibilidad de charlar con sus compañeras de coito, aún si podían hacerlo durante éste. Usualmente sólo se limitaba a saciar su avidez en cuanto su cuerpo, drogado a fuerza, le pedía llevarse por el instinto carnal de un celo artificial.
Oikawa, nuevamente, le miró indistinto, se recostó en su colchón y le dio la espalda. Suspiró intranquilo. Las luces se apagarían pronto y darían paso a aquello que ellos llamaban noche. La verdad, no sabían si era así o no. Pero, como reos, obedecían a las lámparas que se encendían o apagaban. Si la lámpara iluminaba la habitación, para ellos era de día, si esta hacía lo contrario, entonces era de noche.
— Desde que comencé a hablar con ellas, me he acostado con seis científicas y tres atletas ¿No te parece loco?
— ¿Cómo?
— Pff…— Tooru bufó enojado —. ¿Por qué no me he acostado con una cajera o con una bailarina exótica o una maestra de preescolar? ¿Por qué sólo científicas o atletas? ¿No lo entiendes? —La cara dura de inconexión que Ushijima le mostró como un gorila de poca inteligencia, sacaron al Setter de sus casillas — ¡Ojalá fueras Iwa-Chan, maldito Ushiwaka!
— Es Ushijima.
— ¡Da igual para lo tonto que eres! Iwa-Chan me habría entendido de inmediato.
Y haciendo un puchero infantil, al que el Ace titular del equipo japonés ya estaba tan acostumbrado, se echó a dormir.
…
— He fecundado a una chica que trabajaba en la NASA.
Ese día, ambos acotados en su respectivo colchón, limpios y lampiños, miraban la lámpara en el techo.
— Yo me acoté con una modelo ucraniana.
El silencio se hizo hondo entre los dos deportistas. La respuesta para la pregunta de Oikawa era obvia. O lo era al menos para él. Sólo un par de días después de su discusión unilateral, Wakatoshi entendió a lo que se refería su rival. Con las cosas claras, se dedicó, entre gemidos y murmullos, a conversar con sus compañeras de turno. Ninguna de ellas era lo que se denominaría como común. Empresarias exitosas, mujeres de farándula, científicas asiduas o excelsas deportistas.
Con los brazos tras la cabeza, un pie apoyado en el colchón y la rodilla flexionada, apoyando la pantorrilla del contrario para balancear su otro pie con el desinterés propio de un Tom Sawyer pescando perezoso en el Missisipi, Tooru lanzó despreocupado un pregunta qué, de hecho, lo tenía bastante tenso. La acidez apenas recubierta con un falso aburrimiento.
— ¿Cuántos hijos habremos engendrado ya?
Ushijima se encogió de hombros y se tapó con la sábana. Aun así, no pudo pegar ojo en toda la noche…y Oikawa tampoco.
…
— Es obvio que quieren mejorar a la raza humana pero… ¿Para qué?
Tooru, medio cansado, luego de una larga jornada, murmuró a la nada. Una nada que se traducía a Ushijima, siendo su compañero de habitad y con quien interactuar de poco en poco se había hecho más normal.
— Tal vez seremos mejores mascotas. Humanos con Pedigrí.
También, siendo una costumbre, Wakatoshi se hubo haciendo más afín al sentido del humor o la carencia del mismo en Oikawa.
— La idea es aberrante.
— Lo es.
Un suspiro salió de ambos cuando las luces se apagaron. Justo eso. Con la idea monstruosa en la cabeza, Oikawa se metió en la sábana de su tozudo compañero, y luego, entre sus brazos.
…
— ¿Era Iwaizumi tu compañero de habitad?
Una mañana, como solían llamar a cuando las luces de la lámpara recién se encendían, Ushijima, con la barba medio crecida, miró con agudeza a su compañero. Oikawa hizo como que tendía su colchón para no tener que mirarle. Su barba estaba crecida también, y el vello en sus piernas y entre estas comenzaba a tener un largo considerable. Al final, sintiendo la mirada del otro como una daga, habló.
— ¡Qué va! —Se sentó en su colchón sumamente mal tendido —. Iwaizumi murió hace mucho. Justo cuando me capturaron.
Los ojos, penetrantes y serenos, le miraron con reticencia. Una duda que flotaba en la cabeza de Ushijima salió de su boca mucho antes de que tuviera la prudencia de callarla.
— ¿Ustedes dos eran pareja?
La sonrisa amarga del muchacho de tez lechosa le dio la respuesta que buscaba, sin palabra alguna de por medio.
Por el resto del día, no volvieron a hablarse.
…
— Están largos.
— Lo están.
Oikawa jugaba con el pelo en su axila, crecido a como lo estuvo justo hasta el día de su captura. La barba, castaña y larga, asemejaba a esos psicólogos escritores en las contraportadas de sus libros basura. Su miembro se escondía nuevamente entre el vello de su pubis. Ushijima, con la misma apariencia de náufrago de libro de literatura clásica, jugaba distraído con el pelo de su propio pecho.
— ¿Cuánto tiempo ha pasado ya?
— ¿De qué?
Oikawa bufó de nuevo, como un tic respuesta a la poca perspicacia de su compañero. A veces extrañaba la telepatía con Iwaizumi.
— No hemos sido convocados a ¿cómo dices?—Frunció la nariz, fingiendo que pensaba —, copular.
— ¿Eso es malo? Parecías odiarlo.
Los ojos del Setter se volvieron filosos. Oikawa, listo como era, odiaba el razonamiento lento de Ushijima, aún si había comenzado a adorar, de manera muy discreta, el cuerpo musculado de su asiduo rival.
— Olvídalo.
Ushijima así, lo hizo, muy a su manera. Continuó con lo suyo, ejercitando su cuerpo a como precariamente podía en ese lugar carente de todo. Igual, la comida que diariamente era puesta en una bandeja en su habitad siempre era sana y balanceada.
…
Esa noche, o cuando las luces se apagaron, Ushijima sintió a Tooru meterse entre sus sábanas, luego entre sus brazos, como había tomado por costumbre, mas, para cuando estuvo por quedarse dormido, los dedos finos pero callosos, comenzaron a enredarse en el pelo de su pecho, trazando círculos hacia abajo, para filtrarse entre los de su pubis. La protesta –o la clara sorpresa expresada en un sonido gutural nada digno— que intentó gesticular en el momento en que los dedos se cerraron en su miembro, que comenzaron a subir y bajar por su longitud, fue acallada por un beso profundo. Profundo y húmedo, como sus pensamientos hacia Oikawa. Como los que había tenido siempre, enamorado de su talento. No por nada, durante años, le instigó a entrar a su escuela, ocultando con ello el grito de "Ven aquí, conmigo".
Al final, sin el aroma dulzón de ese gas que soltaban en las habitaciones de copula, para despertar sus lívidos, se entregaron uno al otro de manera visceral y desesperada. Sus rostros barbados raspando la piel por donde los besos fueron puestos.
…
Oikawa enredaba los dedos en la babilla de Ushiwaka, pensando detenidamente en todo ese tren de acontecimientos en el que se habían visto envueltos. Él aún dormía, agotado. Suspiró, tomó la esquina de la sábana y se limpió las nalgas y entre estas, intentando quitar la sensación pegajosa de su arranque nocturno. Limpió también el estómago salpicado de su amante y rival, preocupado.
Para él, que era vivo en conclusiones, era obvio. Sucios y barbados, llenos de vello, habían pasado su tiempo útil para lo que sea que querían de ese proyecto o lo que fuera. Lo más probable es que pronto fueran eliminados.
Supuso que tal vez, eso mismo había pasado con su compañero de habitad, quien tenía el vello crecido cuando hubo muerto, hacía probablemente al menos medio año atrás.
La certeza le llegó cuando la lámpara en el techo se encendió y de ella descendió un humo blanco que supuso, era venenoso. La noche en que su compañero murió, no encontró nada que indicara dolor alguno. Simplemente lo encontró muerto, como dormido, así que se alivió que al menos no habría sufrimiento en su último respiro.
Finamente, dio un beso a la peluda barbilla de Ushijima. Lo mejor, pensó, era que él no se diera ni cuenta. Lo abrazó y esperó a que la lámpara se apagara, esta vez para siempre.
おわり
A que no se esperaban esta temática. Probablemente tampoco a esta pareja. A veces me pregunto, mirando a las estrellas, si algún día seremos las mascotas de seres interestelares que vengan a destruir nuestro planeta. Seguramente nunca lo sabré (o espero no estar viva para saberlo con certeza asegurada).
Dedicado a Japiera, porque está loca, me trae paz, spoiler y temas de lo más diversos y la amo por eso.
Nos vemos en el siguiente fin del mundo.
.Misao Kirimachi Surasai.
.TaGreenCat.
.Tania Liebheart.
