Habían pasado algunos días después de los acontecimientos sucedidos en casa de cierto escritor. Las cosas parecían haberse calmado en la vida del joven Suguro Fujisaki. Asistía normalmente a los ensayos con la banda, organizaba las canciones y las modificaba con ayuda de la computadora, se mostraba tan eficiente y trabajador como de costumbre. Tanto que, muchas veces Mr. K lo puso como modelo a seguir a pesar de los berrinches de Shuichi. Suguro estaba satisfecho con las cosas que había logrado aquellos días, rápidamente se había puesto al corriente y lo mejor de todo, era que no había vuelto a tener esos sentimientos extraños por aquel clon de Yuki Eiri. Eso era lo único que bastaba para que su vida volviese a ser la misma de antes. No necesitaba problemas ni pensamientos de más, y menos por un tipo como Tatsuha. Aquella noche el joven decidió quedarse hasta más tarde para terminar con el trabajo pendiente, dentro de una semana tendrían un concierto y quería que la música estuviese perfecta para entonces. K les había dado cierto tiempo libre, Shuichi y Hiro se fueron corriendo a buscar a sus respectivas parejas, pero él, decidió que lo más sensato sería quedarse a terminar de acomodar los efectos en la pista de música. Al menos, con trabajo en su cabeza era poco probable que pensara en cosas extrañas y fuera de lugar. Suguro sonrió satisfecho al escuchar los resultados después de tres horas. Para ese momento, la única luz provenía de aquel piso en donde estaba trabajando. Se suponía que todos se habían ido y salvo el guardia que estaba en la entrada, no había nadie más. El joven apagó todo y desenchufó los cables antes de disponerse a salir. Era medianoche, el día de mañana no tendrían ensayo pero él pensaba pasarla haciendo algo productivo. Tal vez, podría mejorar las otras canciones, o quizás, revisar las nuevas pistas por última vez antes del concierto. Sea como fuese, se sentía bien consigo mismo y podía sentir que con esfuerzo superaría a su primo de una vez por todas. Aquel era su reto principal, y Bad Luck tendría uno de los mejores tecladistas de la historia. Estos pensamientos animaron mucho al joven, que después de apagar las luces se dirigió a los servicios antes de salir del edificio. No obstante, su hermosa tranquilidad fue arruinada por completo cuando al entrar al baño de hombres lo encontró en total oscuridad. Iba a encender las luces cuando en eso, escuchó dos voces demasiado conocidas y el rostro se le puso de un color carmín muy brillante.
- Yuki… deberíamos esperar a llegar a casa…
- ¿No fuiste tú el de la idea?, ahora no te quejes.
- Pero, yo solo quería un…
- Yo sé exactamente lo que necesitas… ahora quédate quieto…
- No, espera…
Los gemidos de Shuichi fueron tan fuertes que Suguro no supo donde esconderse. Gracias a la oscuridad no lo habían visto y lo único que se le había ocurrido era buscar escondite en una de las cabinas del baño. El joven se mordió los labios, se arrepentía de esa decisión porque si intentaba salir haría ruido y ellos se darían cuenta. De todos modos, jamás pensó encontrarse con semejante situación. Las voces, los gemidos y las frases pervertidas estaban torturando la pobre mente de Suguro, quien había estado tan feliz todos aquellos días. El chico pensó en esperar y luego salir del edificio, de todos modos ¿cuánto podrían durar? De seguro, llevaban ahí más de una hora y pronto se marcharían. Tuvo que llevarse ambas manos y encogerse en un rincón del cubículo para controlarse. Sería realmente vergonzoso que lo encontrasen ahí. Pero los gemidos de Shuichi eran realmente provocadores para evitar escucharlos. Suguro se avergonzó de sí mismo, se sentía como un pervertido espiando a esos dos y más, cuando empezó a sentir cierto fastidio en la entrepierna.
- ¡No! ¡No puede ser! ¿¡Acaso me estoy excitando por escuchar a esos dos!?
Suguro se llevó ambos manos a la boca rápidamente. Para su suerte ni Shuichi ni Yuki lo habían escuchado por estar concentrados en otras cosas. – Por favor, por favor… que acaben pronto para poder largarme de aquí -, suplicó Suguro mentalmente. Y a eso de la una de la madrugada, los escuchó salir de los servicios y entrar al elevador. Suguro estaba temblando, a duras penas logró llegar a las escaleras. Prefería bajar por ahí que usar el elevador y correr el riesgo de encontrarse con aquella parejita. Pero no estaba nada tranquilo, las palabras de Yuki y las cosas que Shuichi le pedían aun estaban claramente en su cabeza. El joven bajó corriendo las escaleras, prefería quedarse sin aire al llegar al primer piso que seguir recordando esas cosas.
Y al llegar a casa, lo primero que hizo fue darse una larga ducha. Tal vez, después de todo, sería mejor aprovechar aquel día libre y descansar un poco. Felizmente, hace poco se había mudado a un departamento lejos de su familia y todo estaba exactamente como le gustaba. Su amado silencio no podría ser arruinado por nadie. Suguro se puso su ropa de dormir y luego se fue directamente a la cama. Pero, le fue difícil conciliar el sueño y cuando lo logró, unas imágenes aparecieron en su mente.
...
- ¿Qué?, ¿dónde estoy? Lo último que recuerdo es que estaba en mi cuarto y…
- ¡Cállate mocoso! ¿Acaso quieres que él nos descubra?
- ¿¡Eh!?
- Tenemos que esperar que Eiri termine su trabajo para poder salir de aquí.
- Tat… ¿¡Tatsuha!?
- Oye, ya te dije, guarda silencio o mi hermano nos descubrirá – dijo Tatsuha intentando acomodarse dentro del armario y haciendo que Suguro cambiase de posición para que pudiese apoyarse contra él.
Suguro no podía creer lo que estaba pasando ahí. Se suponía que todo eso ya lo había vivido hace unos días. Lentamente, levantó la mirada para contemplar el rostro serio de Tatsuha en la oscuridad. Podía escuchar su corazón acelerado cuando se apoyó contra su pecho… ¿o quizás era el suyo? Tatsuha lo abrazó, pegándolo más a él y observó por las rendijas a su hermano. Las cosas hasta el momento parecían ser exactamente igual a lo ocurrido antes, Suguro no entendía que estaba sucediendo y solo rogó porque todo eso terminase. Pero, por desgracia la escena cambió y empezó a escuchar unos sonidos muy conocidos. Aun seguía en el armario con el moreno, pero, estaba seguro que a su espalda ya no se encontraba Eiri solo, podía escuchar claramente la voz de Shuichi.
- Deberías ver eso… con solo escuchar esos gemidos se me pone dura – dijo Tatsuha al oído del joven.
- No, no podemos ver esas cosas… ¡tenemos que salir de aquí! – dijo Suguro sintiendo como el pánico lo invadía.
- Pero, yo sé que te mueres por ver aquello. Vamos, míralos… date cuenta lo felices que están – dijo Tatsuha obligándolo a voltearse y a contemplar aquella escena. Suguro cerró los ojos, se negaba a verlos pero el joven a sus espaldas empezó a moverse y sujetó su cintura de improviso, haciendo que el corazón de Suguro diese un salto al sentir cierta parte de su cuerpo que al parecer, estaba reaccionando muy bien ante semejante motivación. Suguro no podía moverse, ni siquiera podía hablar… pero sus ojos se abrieron y se quedó paralizado al ver por la rendija a Yuki acorralando al pelirosa contra el escritorio, mientras lo besaba apasionadamente y le empezaba a quitar la ropa con brusquedad.
- Esto no está nada bien, por favor Tatsuha – suplicó Suguro pero el moreno no respondió.
- Al parecer van a tardar mucho… y nosotros podríamos aprovechar el tiempo aquí. ¿Qué dices?, ¿no te gustaría sentirte como Shuichi? ¿Acaso no tienes curiosidad por saber como es tener uno de esos en tu…?
- ¡Cállate! ¡No digas esas cosas sucias!
- ¿Así? ¿Y por qué estás tan nervioso? Tu cuerpo te está traicionando…
Tatsuha deslizó ambas manos por su cintura y las introdujo por debajo de su ropa. Suguro pudo sentir sus manos frías y contuvo la respiración por algunos segundos. El joven cerró los ojos fuertemente, no podía moverse de ahí, estaba atrapado. Tatsuha empezó a jugar con sus tetillas y a jalarlas suavemente, provocando que Suguro empezara a inquietarse. Pero no estaba dispuesto a caer ante él. Pero, cuando una de sus manos rozó su entrepierna por encima del pantalón, un gemido suave escapó de sus labios. Suguro se ruborizó por completo, y por la reacción no se dio cuenta que Tatsuha había empezado a aflojarle el cinturón y acomodado de tal manera que ahora estaba agachado a la altura de cierta parte íntima.
- No te atrevas – dijo Suguro con voz entrecortada.
Pero Tatsuha lo ignoró y rápidamente le bajó un poco el pantalón para llevarse su miembro a la boca. Suguro quiso gritar, empezó a morderse el brazo deseando pensar en otra cosa pero, le fue imposible hacerlo. Poco a poco le empezó a subir la temperatura y sentía su cuerpo muy caliente. Aún podía escuchar las voces de Yuki y Shuichi a lo lejos, pero ahora se dio cuenta que aquellos fuertes gemidos provenían de sus labios.
- Te gusta ¿verdad?
- No…
- No seas mentiroso.
- Ya basta Tatsuha…
- Aun no hemos acabado.
Suguro quiso abrir la puerta del armario para escaparse, ya no le importaba si alguien lo veía, solo quería salir corriendo de ese lugar. Pero, Tatsuha sujetó fuertemente sus manos y lo empujó contra una de las paredes del armario. Suguro estaba de espaldas, su respiración estaba muy agitada y su corazón latía rápidamente. Tatsuha iba acercándose, sujetó su cintura y cuando rozó su miembro contra sus caderas, Suguro sintió que la vista se le nublaba.
- Lo siento… por esta noche es todo. Si quieres que continúe tendrás que suplicarme.
- ¡Ni muerto! ¿Me oyes? ¡Jamás te pediría semejante cosa!
¡Jamás!
¡JAMÁS!
...
Suguro se despertó sobresaltado. Sentía su cuerpo muy caliente y cierta parte de él estaba palpitando. De un salto salió de la cama y se dirigió a la ducha en donde se metió con pijama para abrir el grifo y sentir el agua fría cayéndole encima. - ¡Todo por culpa de Shindou y del pervertido de Eiri! ¡Los odio! – gritó Suguro mientras el agua lo empapaba por completo. Y, al amanecer, el joven de cabellos oscuros se encontraba con grandes ojeras por no haber podido dormir en toda la noche.
- Al menos, hoy tenemos día libre… no quiero ver a nadie – dijo envolviéndose en la manta como una oruga y sintiéndose totalmente apenado por lo sucedido anoche. Sin embargo, apenas cerró los ojos, escuchó el timbre de su departamento. Suguro lo ignoró y se dispuso a dormir, pero otra vez alguien volvió a insistir con el timbre. Una, dos, tres, cuatro… ¡diez veces! Tanto que Suguro pateó la manta de mal humor y fue a abrir la puerta. Sea quien fuese lo mandaría al mismo infierno, y cuando sacó el seguro y vio de quien se trataba, le cerró la puerta en la cara con todas las fuerzas que pudo. Simplemente, no podía creerlo, ¿acaso aún estaba dormido? Tatsuha estaba en la puerta de su departamento con aquella sonrisa odiosa de siempre. Suguro quiso ignorarlo y regresar a la cama, pero los timbrazos volvieron a escucharse junto a los llamados del joven. El chico no tuvo de otra que abrirle la puerta y dejarlo entrar, no sin dejar de verlo con una mirada asesina, esperando que se marchase pronto y lo dejase tranquilo.
- ¿Qué quieres? – dijo secamente.
- Sé que hoy es su día libre. Mi hermano no quiere que esté en casa porque quiere comerse a Shuichi sin que nadie los moleste – dijo Tatsuha sentándose tranquilamente sobre el sofá.
- ¿Y eso que me importa? No tengo porqué enterarse de sus planes… y menos, que cierto parásito venga a molestarme en mi único día libre.
- No seas tan duro mocoso. Si sigues así envejecerás rápido.
- ¡Ya dime que rayos quieres!
- Ya, ya. Solo quería que me acompañases a estas direcciones – dijo Tatsuha mostrándole más de diez direcciones que había anotado en una hoja.
- ¿Estás demente?
- ¡Son las direcciones de posibles trabajos! ¡Me demoré una hora en hacer todo esto! ¡Dame un poco de crédito! – dijo Tatsuha ofendido.
- Oh sí… se nota el gran esfuerzo que hiciste – respondió Suguro con un notable sarcasmo en su voz.
- ¡Vamos! De todos modos, no creo que pienses quedarte encerrado aquí en tu día libre. ¿O acaso tienes mejores planes?
- ¡Eso no te importa! Además, ¿¡por qué viniste a buscarme a mí!? Tú y yo no somos amigos.
- Buena pregunta, es que… me he dado cuenta de eso precisamente. No tengo amigos en esta ciudad, no tengo a nadie. Y como ayer fuiste a ayudarme con lo de Eiri, pensé que tal vez podríamos ser amigos.
- ¿Por qué no buscas a una de esas mujerzuelas con las cuales te acuestas?
- Porque tú eres mejor compañía que ellas.
La respuesta hizo que Suguro no supiera que decir. Quizás, Tatsuha en verdad estaba siendo honesto. Pero, no podía quitarse las imágenes de aquel sueño fácilmente y eso lo molestaba. No obstante, no podía negarle su amistad a alguien que estaba solo. Suguro sabía que lo lamentaría pero después de minutos de silencio aceptó acompañarlo a esos lugares, todo para que consiguiese un trabajo y lo dejase en paz.
- Está bien, vamos. Pero recuerda que aun tienes una deuda conmigo por lo de la laptop.
- Te lo pagaré con mi primer sueldo – dijo el joven sonriendo.
- De acuerdo. Me cambiaré de ropa y regreso en un momento. Puedes encender la televisión si quieres.
- ¡Gracias! Sabía que eras un buen chico… además, no puedo ver a ninguna de esas mujeres porque les debo dinero…
- ¿¡Cómo!?
- ¡No dije nada!
- ¡Te escuché claramente! ¡Sabía que eras un desgraciado!
Tatsuha terminó esperando a Suguro en la sala mientras se aplicaba un poco de hielo de la nevera en la cabeza. El chico le había lanzando lo primero que tuvo al alcance de la mano y esto había sido un adorno de cerámica. Suguro sabía que se arrepentiría, pero, pensándolo bien no tenía nada más interesante que hacer aquel día. Por lo que fue a su habitación para buscar algo que ponerse. Después de todo, los sueños solo eran eso… sueños. Aunque, al escuchar su voz a los lejos, no pudo evitar apoyarse contra la puerta de la habitación antes de salir. Su corazón había empezado a molestarle de nuevo, pero respiró profundamente y abrió la puerta para encontrarse con aquel tipo.
Continuará…
