PAUL:


Chocó contra mí antes de que pudiese evitarlo.

La casa entera olía a cerveza y a meados así que a veces me costaba localizarlo en aquel lugar.

Normalmente lo buscaba, lo buscaba con mi olfato para no tener que verlo con mis ojos y menos aún tocarlo. Su olor era soportable a su visión, pero que me tocase… me daba asco.

Lo sacudí de mí con tanta fuerza que reboto contra la frágil pared de madera del porche.

Por dos segundos enteros ambos nos quedamos congelados, sin respiarar, esperando la siguiente reacción del otro.

Finalmente, mi padre, se recupero y descendió hacía el coche. Estaba sereno, así que necesitaba alcohol

Hacía solo un año me habría desencajado tres costillas solo por cruzarme en su camino. Ahora ni siquiera se atrevía a mirarme, mucho menos iba a atreverse a golpearme de nuevo. Y sin embargo, allí estaba yo, temblando como un puto crio muerto de miedo, aterrorizado de una paliza paterna.

Me deje caer en los escalones del porche jadeante, esperando que el ruido del motor de la vieja furgoneta dejase de oírse.

Mi instinto de supervivencia era una mierda. ¿Qué clase de lobo se acobarda solo porque un patético borracho choque contra él en la oscuridad? ¿Por qué el miedo no me hacía cambiar con la misma facilidad que lo hacía la ira? Eso tendría mucho más sentido.

Sin embargo el miedo, me inutilizaba, me paralizaba, me hacía ser un completo y cabrón gilipollas. Era la ira lo que me mantenía seguro, alerta, vivo.

Con un profundo suspiro se dejo caer de espaldas en el porche. La madera estaba vieja y astillada y se clavo como una profunda tortura en mi espalda. Pero no me importo, se curaría igual de rápido. El dolor, incluso uno tan insignificante como aquel me ayudaba a sacar toda la mierda de mi sistema.

El calor era sofocante y creo que me quede dormido porque no note a Jared hasta que el hijo de puta estaba sobre mí.

Ambos rodamos como cachorros sobre el suelo de madera hasta caer fuera del mismo a la tierra. Tuve que quitarme al puto perro de encima con un patada. No es fácil transformarse en lobo cuando tienes a uno olisqueándote la entrepierna.

Jared tomo forma humana frente a mí con una estridente carcajada llena de orgullo. ¿Estaba disfrutando? ¡Mejor! ¡Porque iba a pagar cara la broma! Hubiese arremetido contra él, pero creedme no es agradable chocar contra un gilipollas en pelotas y aquellos eran mi último par de pantalones, así que no tenia forma de estallar frente a él de sorpresa. Cuando uno estallaba para cambiar de forma, la ropa estallaba con uno. Y yo estallaba muy a menudo.

-¡Vete a tomar por culo, capullo!- me defendí en su lugar-¡Y joder vístete! ¡Si sigues así mucho rato creo que voy a perder lo ojos!

-¡Oh! ¡Vamos, no te enfades! ¡Solo ha sido una broma! – Se defendió Jared mientras sacaba sus pantalones de ningún sitio y me hacía el honor de ponérselos.- ¡No todos los días se te puede coger con la guardia baja!

Normalmente me gustaba que me desafiasen, me gustaba pelear, la sensación que me daba saber que tenía el poder o que podía conseguirlo… Pero no me gustaba pegar a Jared. El muy cabro había sido mi mejor amigo desde que puedo recordar. Y antes de Sam y la manada era todo lo que tenía en la vida, por muy estúpido y cursi que suene. Así, que no, yo no pegaba a Jared, nos metíamos en peleas juntos , desde luego pero nunca el uno contra el otro… Y no precisamente porque Jared no este buscando un buen puñetazo la mitad del tiempo.

En realidad, la única vez que hemos peleado de verdad, fue la vez que estalle frente a él. La primera vez que cambie, y ni siquiera recuerdo que paso exactamente.

-¿Dónde te has dejado a la ama?- le pregunte molesto mientras daba media vuelta hacía la casa.

-¡Kim!- se irritó él dejando de lado su buien humor- Se llama Kim… y era el cumpleaños de su abuela…

Lo que explicaba el que estuviese en mi casa y no ladrando a la ventana de la chica. Desde que el capullo se había imprimado las prioridades de su mundo habían cambiado de: no hacer nada, salir con los amigos y emborracharse a Kim, Kim y Kim.

-De todas maneras…- se quejo Jared mientras me seguía a interior de mi casa.-¿Qué cojones le ha pasado a tu cara? Pareciese como si hubiesen tratado de remodelártela a golpes…

-Jacob- le explique con tranquilidad.

Por suerte para mi, mis puñeteros remilgos para pegar a Jared, no se extendían al resto de nuestra manada. Y últimamente Jake estaba tan ansioso por un buen combate como yo, lo que me hacía ver al bastardo desde otra perspectiva. No así Jared que suspiro agotado y preocupado.

¡Y ahí iba San Jared! ¡Siempre preocupado por los demás y dispuesto a ayudar al necesitado!

-No creo que lo ayudes dándole una paliza todos los días.- me recrimino como la puta institutriz que llevaba dentro.

-¡Oh! ¡Vamos! ¿Has visto mi cara? ¡Pues ha empezado a curarse! ¡No soy el único que golpea!

-Si… Pero lo de Jacob es …

"Bella", podría haber colaborado pero en su lugar dije…

-… basura.

Jared me miro inexpresivo, el hecho de que ambos fuésemos amigos era que había aprendido hace tiempo a dejar mi mierda fuera de la conversación.

-Creo que debería imprimarse- me soltó en lugar de cualquier gilipollez que podría haberme dicho.

A medio camino de abrir la nevera me lo quede mirando incrédulo. ¡¿Esa iba a ser la solución a todos los males de la manada ahora?

-¡Claro!- ironice en cuanto me recupere de la sorpresa- Porque estar enamorado de la amante de las sanguijuelas le ha ido tan bien, que debería probar suerte de nuevo.

Jared sacudió la cabeza ignorando la burla.

-No es lo mismo. He estado enamorado antes y…

-No estuviste enamorado, estuviste encoñado- le corregí.

-…y estoy imprimado- optó por ignorar mi mierda.- No es lo mismo. Si Jacob se imprimara olvidaría todo acerca de Bella y como se siente ahora.

¡Oh! La maravillosa imprimación. Evidentemente no se podía ser objetivo con un macho imprimado. Eran basura cursi, todos ellos. Y lo sabía porque había estado en la cabeza de dos. Y aunque respetaba a ambos como hermanos, no dejaban de ser bastaros empalagosos, todos ellos.

Sinceramente estar imprimado te hacía débil y estúpido. Blando como el algodón de azúcar. Tu vida dejaba de ser tuya para ser de otra persona…

Sinceramente no quería saber nada de esa basura. Me gustaban las cosas como eran y me gustaba la idea de pertenecerme. De tomas mis propias decisiones.

Además, había algo en esa forma de ser, de sentir, que me irritaba, no tenia ni idea de que era sentir todo aquello en carne propia y me molestaba.

-…De todas formas …- continuo Jared que todavía no se había callado- Ahora, con Rachel por aquí la cosa estará más calmada.

-¿Rachel?- repetí no por interés sino porque era lo ultimo que había oído.

-¡Si, tío! Una de las hermanas de Jacob… La que se fue a Hawai, creo… Nunca he podido diferenciarlas.

Yo tampoco, en mi cabeza siempre habían sido las gemelas. Aunque, en realidad, solo las recordaba porque habían conseguido ese anhelo de mi infancia, huir.

Pero recordaba una cosa, Rachel era la que hacía esas galletas de almendras y chocolate para los cumpleaños de Jake.

-Creo que es la que fue a la universidad…- murmuré.

Había enviado un paquete entero de esas galletas desde Washington a la escuela todos los años para el cumpleaños de Jacob, a pesar de que ya era demasiado mayor para celebrar su cumpleaños con dulces.

-Como sea… resulta que ha vuelto a casa esta noche. He estado patrullando con Jake hasta hace poco y no ha pensado en Bella más que un par de veces… -¡eso si era un milagro!-… tenía la cabeza llena con Rachel, que si estaba enfadada con él, que como iba a ocultarle la verdad acerca de si mismo, de que se parecía cada vez más a su madre… ¡Así toda la noche! ¡Y no me quejo! ¡Empezaba a hartarme de tanta basura sentimentalista!

Eso me hizo reír. Si "San Jared" estuviese ahí todo el tiempo haría días que habríamos dejado de ser amigos…

Tome la oportunidad que me daba para dejar el tema de Jacob de lado. A veces tenia la sensación de que ese era todo nuestro tema de conversación.

Y no es que Jacob no me preocupase, lo hacía era un miembro de mi manada, de mi familia, mi hermano, mi compañero y toda esa basura que tan a menudo destilaba la mente de Sam. Lo que ni siquiera Jared parecía comprender a veces era que a mi manera hacía todo lo que podía por ese bastardo. Necesitaba sacar toda esa mierda de su cabeza, pues bien, resultaba que me gustaba la forma en la que lo hacía. Me gustaba pelear con él, porque éramos igual de fuerte, igual de rápidos. Ambos ganábamos lo mismo con aquello.

-¿Te apetece que tratemos de emborracharnos?- le ofrecí.

-¡Pensaba que nunca lo dirías!


Nota de la autora:

Va lento, pero va. Lo prometo… Aunque iría más rápido con más review, je je je.

¡El próximo es de Rachel!

Besos!