Hola! He visto sus reviews y estoy muy agradecida! Al final del capítulo responderé las preguntas que hicieron en ellos y les daré gracias.
Twilight y Glee no me pertenecen... son de Meyer y R. Murphy y FOX, respectivamente.
Capítulo 3: Libro Abierto: Parte 1.
El día siguiente fue mejor...y peor.
Fue mejor porque no llovió, aunque persistieron las nubes densas y oscuras; y más fácil, porque sabía qué podía esperar del día. Finn se acercó para sentarse a mi lado durante la clase de Lengua y me acompañó hasta la clase siguiente mientras Mike, el asiático sexy, lo fulminaba con la mirada. Me sentí halagada. Durante el almuerzo me senté con un gran grupo que incluía a Finn, Mike, Sugar y otros cuantos cuyos nombres y caras ya recordaba. Empecé a sentirme como si flotara en el agua en vez de ahogarme.
Fue peor porque estaba agotada. El viento no me había dejado dormir. También fue peor porque el Sr. Ryerson me dio la palabra en Trigonometría y di una respuesta equivocada. Y fue peor porque Quinn Schuester no apareció por la escuela, ni por la mañana ni por la tarde.
Que llegara el almuerzo- y con él las coléricas miradas de Schuester- me estuvo aterrorizando toda la mañana. Por un lado deseaba darle la cara y exigirle una explicación. Mientras permanecía insomne en la cama llegué a imaginar incluso lo que le diría, pero me conocía demasiado bien para creer que de verdad tendría el valor de hacerlo.
Sin embargo, cuando entré en la cafetería con Sugar vi a sus 4 hermanos sentados a la misma mesa, pero ella no los acompañaba.
Finn nos interceptó en el camino y nos desvió hacia su mesa. Sugar parecía eufórica por la atención, y sus amigas pronto se reunieron con nosotros. Pero yo estaba incomoda mientras escuchaba la estúpida conversación sobre porque Bob Esponja es mejor que Patricio, todos saben que Patricio es mejor que la esponja de mierda esa. Eh...me perdí...¡A sí! Estaba incomoda mientras escuchaba la conversación, en espera de que ella apareciera. Deseaba que se limitara a ignorarme cuando llegara, y demostrar de ese modo que mis suposiciones eran infundadas.
Pero no llegó, y me fui poniendo más y más tensa conforme pasaba el tiempo.
Cuando al final del almuerzo no se presentó, me dirigí hacia clase de Biología con más confianza. Finn, que empezaba a asumir todas las características de los perros golden retriever, me siguió fielmente hasta la clase. Contuve el aliento en la puerta, pero Quinn Schuester tampoco estaba en el aula. Suspiré y me dirigí a mi asiento. Finn me siguió sin dejar de hablarme de un próximo viaje a la playa y se quedó junto a mi mesa hasta que sonó el timbre. Al parecer iba a tener que hacer algo con Finn, y no iba a ser fácil.
El tener la mesa para mí sola y la ausencia de Quinn fue un gran alivio. Me lo repetí mil veces, pero no lograba quitarme de la cabeza la sospecha de que yo era el motivo de su ausencia.
Cuando al fin terminaron las clases, me dirigí a toda prisa al estacionamiento, ahora lleno de estudiantes que salían a la carrera. Me subí al auto y busqué en mi bolsa para asegurarme de que tenía todo lo necesario.
La noche anterior había descubierto que Leroy era incapaz de cocinar otra cosa que no fuera huevos fritos y tocino (Nota de Autor: Como no sé nada sobre la comida vegana, Rachel aquí no será vegetariana o vegana. Lamento los inconvenientes que esto pueda ocasionar y si no les gusta pues se aguantan). Por lo que le pedí que me dejara encargarme de las comidas mientras durara mi estancia. Él se mostró dispuesto a cederme las llaves del salón de banquetes. También me di cuenta de que no había comida en casa, por lo que preparé la lista de compras, tomé el dinero de un jarrón del aparador que tenía una etiqueta que decía "dinero de la comida" y ahora iba de camino al supermercado Thriftway...que maldito nombre.
Encendí aquel motor ensordecedor, hice caso omiso de los rostros que voltearon a mirarme y salí en reversa con mucho cuidado al ponerme en la fila de coches que aguardaban para salir del estacionamiento. Mientras esperaba, intenté fingir que era otro auto el que producía tan ensordecedor estruendo. Vi que los dos Schuester y los mellizos López se subían a su auto. Un flamante Volvo, por supuesto. Me había fascinado tanto sus rostros que no me había fijado antes en su atuendo; pero ahora que me fijaba, era obvio que todos vestían magníficos, de forma sencilla, pero con una ropa que parecía hecha por modistas. Con aquella hermosura y gracia de movimientos, podrían usar harapos y parecer guapos. El tener tanto belleza como dinero era pasarse de la raya, malditos suertudos. No parecía que la posesión de ambas cosas les hubiera dado cierta aceptación en el pueblo.
No, no creía que fuera de ese modo. En absoluto. Ese aislamiento debía de ser voluntario; no lograba imaginar ninguna puerta cerrada ante tanta belleza.
Como el resto, contemplaron mi Volkswagen cuando los pasé, pero continúe mirando al frente y experimenté alivio cuando estuve fuera del campus.
El Thriftway no estaba lejos de la escuela. Me sentí a gusto dentro del supermercado, me pareció normal. En Lima era yo quien hacía las compras, por lo que asumí con gusto el hábito de ocuparme de las tareas familiares.
Al llegar a casa saqué la compra y la metí en hueco libre. Esperaba que a Leroy no le importara. Envolví las papas en papel aluminio y las puse en el horno para asarlas, dejé en adobo un filete y lo coloqué sobre una caja de huevos en el refrigerador.
Subí a mi habitación con la mochila después de hacer todo eso. Antes de ponerme con la tarea, me puse una sudadera de McKinley, me recogí el pelo en una cola de caballo y abrí el mail por primera vez desde que había llegado. Tenía 3 mensajes de Shelby.
Rachel:
Escríbeme en cuanto llegues y cuéntame cómo estuvo el vuelo. ¿Llueve? Ya te extraño. Casi termino de hacer las maletas para ir a New York, pero no encuentro mi blusa rosa. ¿Sabes dónde la puse? Hiram te manda saludos.
Mamá.
Suspiré y leí el siguiente mensaje. Lo había enviado ocho horas después del primero. Decía:
¿Por qué no me has contestado? ¿Qué esperas?
Mamá.
Dios, parecía una novia psicópata. El último era de esa mañana.
Rachel Barbra Berry:
Si no me has contestado a las 17:30, voy a llamar a Leroy.
Miré el reloj. Aún quedaba una hora, pero Shelby estaba medio loca y se adelantaba a los acontecimientos.
Mamá:
Tranquila. Te respondo enseguida. No cometas ninguna imprudencia.
Rach.
Envié el mensaje y empecé a escribir otra vez.
Ma:
Todo va fenomenal. Llueve, obviamente. Esperé para escribirte cuando tuviera algo que contarte. La escuela no es mala, sólo MUY repetitiva. Conocí a unos cuantos compañeros muy amables, así habladores como yo, que se sientan conmigo durante el almuerzo.
Tu blusa está en la tintorería. Se supone que la ibas a recoger el viernes.
Leroy me compró un Volkswagen Beetle, ¿puedes creerlo? Me encanta. Es un poco antiguo pero muy sólido.
Yo también te extraño. Pronto volveré a escribir, pero no voy a estar revisando el e-mail cada 5 minutos. Respira hondo y relájate. Te quiero.
Rach.
Había decidido volver a leer El Fantasma de la Opera por placer y en eso estaba cuando Leroy llegó a casa. Había perdido la noción del tiempo, por lo que me apresuré a bajar las escaleras, sacar del horno las papas y meter el filete para asarlo.
-¿Rachel?-gritó Leroy al oírme en la escalera.
¿Quién iba a ser si no?
-Hola, papi, bienvenido a casa.
-Gracias, linda.
Colgó el cinturón con la pistola y se quitó las botas mientras yo me apuraba en la cocina.
-¿Qué vamos a comer?-preguntó con recelo.
Shelby solía practicar la cocina creativa, y sus experimentos eran una mierda. Me sorprendió que todavía se acordara.
-Filetes con papas-contesté para tranquilizarlo.
Parecía sentirse fuera de lugar en la cocina, de pie y sin hacer nada, por lo que se marchó con pasos torpes a la sala para ver la tele mientras yo cocinaba. Preparé una ensalada mientras se hacía el filete y puse la mesa.
Lo llamé cuando estuvo todo listo y olfateó en señal de apreciación al entrar en la cocina.
-Huele bien, Rach.
-Gracias-dije dando saltitos y aplaudiendo con una gran sonrisa.
Comimos en silencio durante varios minutos.
-Y bien, ¿qué tal la escuela? ¿Hiciste alguna amiga?-me preguntó mientras se servía más.
-Tengo unas cuantas clases con una chica llamada Sugar y me siento con sus amigas durante el almuerzo. Y hay un chico gigante, Finn, que es muy amable. Todos parecen buena gente.
Con una notable excepción, claro está.
-Debe ser Finn Hudson. Un buen chico y una buena familia. Su padrastro tiene un taller y una tienda deportiva.
-¿Conoces a la familia Schuester?-pregunté vacilante.
-¿La familia del doctor Schuester? Claro. El Dr. Schuester es un gran hombre.
-Los hijos...son un poco diferente. No parece que en la escuela caigan demasiado bien.
El aspecto enojado de Leroy me sorprendió.
-¡Cómo es la gente de este miserable pueblo!-murmuró-. El doctor Schuester es un eminente cirujano que podría trabajar en cualquier hospital del mundo y ganaría 10 veces más que aquí-continuó en voz más alta-. Tenemos suerte de que vivan acá, de que su mujer quiera quedarse en un pueblecito. Es muy valioso para la comunidad, y esos chicos se comportan bien y son muy educados. Albergué ciertas dudas cuando llegaron con tantos hijos adoptivos. Pensé que habría problemas, pero son muy maduros y no me han dado el más mínimo problema. Y no puedo decir lo mismo de los hijos de algunas familias que han vivido en este pueblo desde hace generaciones. Se mantienen unidos, como debe hacer una familia, se van de campamento cada tres fines de semana... La gente tiene que hablar sólo porque son recién llegados.
Era el discurso más largo que había oído pronunciar a Leroy. Debía de molestarle mucho lo que decía la gente.
Di marcha atrás.
-Me parecen bastante agradables, aunque he notado que son muy reservados. Todos son muy guapos-añadí para hacerles un cumplido.
-Tendrías que ver al doctor-dijo Leroy sonrojado.
Nos quedamos callados y terminamos de cenar. Recogió la mesa mientras me ponía a lavar los platos. Regresó a la sala para ver la TV. Cuando terminé de lavar -no había lavavajillas (Nota de Finnigan: Que raro, ¿no?) -, subí a hacer la tarea de Matemáticas. Esa noche fue silenciosa. Agotada y escuchando el playlist de Hairspray, me dormí.
El resto de la semana pasó sin incidentes. Me acostumbré a la rutina de las clases. En clase de gimnasia debido a mi mal manejo de deportes que contienen pelotas, los miembros de mi equipo aprendieron a no pasarme la pelota. Los dejé con sumo gusto.
Quinn Schuester no volvió a la escuela. Todos los días vigilaba la puerta con ansiedad hasta que los Schuester entraban a la cafetería sin ella. Entonces podía relajarme y participar en la conversación que, por lo general, versaba sobre una excursión a La Push Ocean Park para dentro de dos semanas, un viaje que organizaba Finn. Me invitaron y accedí a ir, más por ser cortés que por placer.
Cuando llegó el viernes, yo ya entraba con total tranquilidad en clase de Biología sin preocuparme de si Quinn estaría allí. Hasta donde sabía, había abandonado la escuela. Intentaba no pensar en ello, pero no conseguía reprimir del todo la preocupación de que fuera la culpable de su ausencia.
Mi primer fin de semana en Forks pasó sin hechos dignos de mención. Leroy no se quedaba en casa los fines de semana. Limpié la casa, avancé en mis tareas, busque un nuevo gimnasio y escribí un par de mensajes para Shelby. El sábado fui a un Blockbuster, pero tenía pocas películas, por lo que no me molesté en obtener la tarjeta de socio. Pronto tendría que visitar Olympia o Seattle y buscar un buen Blockbuster.
Durante todo el fin de semana cayó una lluvia fina, silenciosa, por lo que pude dormir bien.
Mucha gente me saludó en el estacionamiento el lunes por la mañana, no recordaba los nombres todos, pero me comporté como una estrella de Broadway. En clase de Literatura, fiel a su costumbre, Finn se sentó a mi lado. El profesor nos hizo un examen sorpresa sobre El Fantasma de la Opera. Era fácil.
En general, a aquellas alturas me sentía mucho más cómoda de lo que había creído. Más satisfecha de lo que hubiera esperado.
Al salir de clase estaba nevando. Oí a mis compañeros dar gritos de júbilo. El viento me cortó la nariz y las mejillas.
-¡Vaya!-exclamó Finn-. Nieva.
-¡Uf!
Nieve. Mi gozo en un pozo. Finn se sorprendió.
-¿No te gusta la nieve?
-No. Pensaba que caía en forma de copos, ya sabes, como en las películas.
-¿Nunca has visto nevar?-me preguntó con incredulidad.
-¡Sí, por supuesto!-hice una pausa y añadí-: en la tele.
Finn se rió. Entonces una gran bola húmeda y blanda impactó en su nuca. Nos volvimos para ver de dónde provenía.
Sospeché de Mike, que andaba en dirección contraria, en la dirección equivocada para ir a la siguiente clase. Era evidente que Finn pensó lo mismo, ya que acuclilló y empezó a amontonar nieve.
-Te veo en el almuerzo, ¿de acuerdo?-continué andando sin dejar de hablar-. Me refugio dentro cuando la gente se empieza a lanzar bolas de nieve.
Finn asintió con la cabeza sin apartar los ojos de la figura de Mike, que emprendía la retirada.
Se pasaron toda la mañana charlando sobre la nieve. Al parecer era la primera nevada del año.
Sugar y yo nos dirigimos a la cafetería con mucho cuidado después de la clase de Español. Las bolas de nieve volaban por doquier. Por si acaso, llevaba la carpeta en las manos, lista para emplearla como escudo. Sugar se rió de mí, pero había algo en la expresión de mi rostro que le desaconsejó lanzarme una bola de nieve.
Finn nos alcanzó cuando entramos en la sala; se reía mientras la nieve que tenía en las puntas del pelo se fundía. Él y Sugar conversaban animadamente sobre la pelea de bolas de nieve; hicimos la fila para comprar comida. Por puro hábito, eché una ojeada hacia la mesa del rincón. Entonces, me quedé petrificada. La ocupaban 5 personas.
Sugar me tocó el brazo.
-¡Eh! ¿Rachel? ¿Qué vas a querer?
Bajé la vista. Me recordé a mí misma que no había motivo alguno para sentirme cohibida. No había hecho nada malo.
-¿Qué le pasa a Rachel?-le preguntó Finn a Sugar.
-Nada-contesté-. Hoy sólo quiero agua mineral.
Me puse al final de la fila.
-¿No tienes hambre?-preguntó Sugar.
-La verdad es que estoy un poco mareada.
Aguardé a que tomara la comida y los seguí a una mesa sin apartar los ojos de mis pies.
Bebí el agua a pequeños sorbos. Finn me preguntó dos veces, con una preocupación innecesaria, cómo me sentía. Le respondí que no era nada. El resultaba tremendamente metiche.
Decidí dar una miradita a la mesa de los Schuester. Si me observaba con furia, no entraría a la clase de Biología.
Se reían. Quinn, Brittany y Blaine tenían el pelo totalmente empapado por la nieve. Kurt y Santana retrocedieron cuando Blaine se sacudió el pelo chorreante para salpicarlas. Disfrutaban el día nevado como los demás, aunque ellos parecían haber salido de la escena de una película, y los demás no.
Estudié a Quinn con cuidado. Decidí que su tez estaba menos pálida, tal vez un poco colorada por la pelea con bolas de nieve, y que las ojeras eran menos intensas, pero había algo más. La examinaba, intentando aislar ese cambio, sim apartar la vista de él.
-Rachel, ¿a quién miras?-interrumpió Sugar, siguiendo la trayectoria de mi mirada.
En ese preciso momento, los ojos de Quinn centellearon al encontrarse con los míos.
Ladeé la cabeza para que el pelo me ocultara el rostro, aunque estuve segura de que, cuando nuestras miradas se cruzaron, sus ojos no parecían tan duros ni hostiles como la última vez que la vi.
-Quinn Schuester te está mirando-me murmuró Sugar al oído, y se rió.
-No parece enojada, ¿verdad?
-No-dijo, confusa por la pregunta-.¿Debería estarlo?
-Creo que no soy de su agrado-le confesé. Aún me sentía mareada.
-A los Schuester no les gusta nadie...Bueno, tampoco se fijan bastante en nadie para que les guste, pero te sigue mirando.
-No la mires-susurré.
Sugar se rió con disimulo, pero desvió la vista. Alcé la cabeza lo suficiente para cerciorarme de que lo había hecho. Estaba dispuesta a emplear la fuerza si era necesario.
Finn nos interrumpió en ese momento; estaba planificando una pelea de nieve en el estacionamiento y nos preguntó si deseábamos participar. Sugar asintió con entusiasmo. La forma en que miraba a Finn lo decía todo. Me callé. Iba a tener que esconderme en el gimnasio hasta que la batalla terminará.
Procuré no apartar la vista de mi mesa durante el almuerzo. Asistiría a clase de Biología, ya que no parecía enfadada.
No me agradaba la idea de que Finn me acompañará a clase de costumbre, ya que parecía ser el blanco predilecto de los francotiradores de bolas de nieve, pero, al llegar a la puerta, todos salvo yo, gimieron al unísono. Estaba lloviendo y la nieve estaba desapareciendo. Escondí mi júbilo. Podría ir casa directamente después de clase.
Finn no cesó de quejarse mientras íbamos al edificio 4. Ya en clase, comprobé aliviada que mi mesa seguía vacía. Holly estaba repartiendo un microscopio y una cajita de laminillas por mesa. Aún no empezaba la clase. Dibujé garabatos en mi cuaderno de Mamma Mia y mantuve los ojos lejos de la puerta. Oí con claridad cómo se movía la silla contigua, pero continué mirando mi dibujo.
-Hola-dijo una voz tranquila y musical.
Y esta fue la primera parte del capítulo #2.
Mis agradecimientos van aquí:
Sandy: Me alegro de que te esté gustando! :D Prometo terminarlo. Gracias por leer.!
allison13: :D Gracias por dejar este review! Que bien que te guste mi idea! Sigue leyendo! El próximo capitulo viene pronto!
eliz: Hola! Voy a responder tus dos preguntas: 1. Puede que termine como la del libro, eso depende de las modificaciones que haga, pero hay un 99.9% de que termine como el libro. 2. Si pienso seguir con los otros. Gracias por leer! :D Y sigue leyendo.
Por favor...DEJEN REVIEWS! Coño!
