No era un cobarde. Era pragmático, siempre buscando una alternativa al enfrentamiento porque le parecía un desperdicio de energía pelear por cualquier cosa que no pusiera en un peligro real su vida. E incluso en ese caso. Por eso llevaba casi dos semanas huyendo de los pasillos y las calles donde pudiera toparse con Tweek o Craig, no por cobarde, sino por ecuanimidad. Soltó el humo del cigarro con una breve sonrisa burlona. Esa mentira sería más dulce si pudiera convencerse a sí mismo de que no le dolía ver su cama todavía y que incluso había cambiado de marca de cigarrillos para no recordar. Se encogió más sobre sí mismo, inconsientemente recargando su cuerpo contra Henrietta. Ella no dijo nada, sólo pasó sus dedos por su cabello con gesto ausente. No hablaban las cosas como el resto, ni se rompían uno frente el otro cuando algo les ocurría. Su forma de consolarse y sostenerse era más impersonal pero sincera. Caricias en el cabello, palmadas en la espalda, pañuelos limpiando lágrimas sin hacer preguntas. Ellos eran muy herméticos por lo que se obligaban a ser más observadores para descifrar lo que callaban. Para ella fue fácil notar el cambio de humor repentino desde ese día que se citaron en la cafetería de los Tweak , cambiando la ubicación al último minuto y la descarda evasión que hacía a la pareja. Fue fácil atar cabos también para Michael al ver la forma en que su amigo discretamente buscaba con la mirada a alguien en el patio . Firkle vio el cigarro de Pete consumirse entre sus dedos y con delicadeza se lo quitó antes de que le quemara.

-Hola, Pete- los cuatro se sobresaltaron ante la voz aguda de Tweek. Tan ensimismados que no lo escucharon ni lo vieron acercarse. Incluso bajo su maquillaje la palidez de Pete fue evidente-¿Puedo hablar un momento contigo?- no se veía enojado, más bien relajado.

-Claro ¿Qué necesitas?-

-A solas- sonrió con obviedad, haciéndole tragar saliva y sujetar la falda de Henrietta entre sus dedos. No quería enfrentarlo. No desde que Craig le envió aquél mensaje diciendo que le había contado su " desliz" a Tweek. Se sintió de alguna manera traicionado.

-Sí, supongo- se levantó, siguiendo al rubio hacia el otro extremo del patio, en las bancas. Él se sentó, pero Pete no lograba doblar sus rodillas para acomodarse en lugar de echar a correr hasta otro continente si fuera posible. Sin embargo trató de mantener su gesto neutral y sentarse-¿Qué sucede?-

-Es lo que yo quiero saber- se giró para encararlo, más con gesto preocupado que de reproche- no me haz contestado los mensajes y cuando voy a tu casa nadie me abre ¿Está todo bien?-

-Sí, sólo no he estado con ánimos de otra cosa que hundirme en la mierda, ya sabes, eterno dolor y sufrimiento- lo miró brevemente, volviendo la atención con nerviosismo a buscar en su pantalón sus cigarros. Los había olvidado.

-Qué bien, por un minuto pensé que me estabas evitando- rió, tomando su mano para evitar que se siguiera mordiendo los dedos.

-Ni que te debiera dinero- bufó.

-No, pero te acostaste con Craig- rió abiertamente y Pete no pudo evitar voltear a mirarlo con los ojos y la boca completamente abiertos- no vine a pedirte explicaciones ni que te alejes de nosotros, cuando pasó no estábamos juntos- sonrió sin soltar su mano, acariciando su palma- no tienes por qué esconderte ni evitarnos, no significa nada-

Nada. Tragó saliva mirando al rostro a su amigo. Sonreía con sinceridad, dolorosa y confiada sinceridad. Nada, el espacio abriéndose en su estómago, la falta de aire en sus pulmones. Los labios apretados entre sus dientes. Nada , sus ojos nublándose cuando la figura alta de Craig se aproximó para poner sus manos en los ojos de Tweek, haciéndole reír más y a él, sentirse nada cuando le dio la espalda para sentarse entre ellos y besar a Tweek.

-Oh, hola, Pete, perdón, no te vi- pudo escuchar el leve reclamo de Tweek ante su descortesía pero para él hubiera sido mejor que lo hubieran seguido evitando para que pudiera escabullirse y volver con sus amigos, importándole una mierda el mundo y jalando a Michael hacia los baños para ponerse a llorar en su hombro como un ridículo adolescente de quince años, que sorpresivamente eso era. Se inclinó para besar su mejilla, sin soltar la cintura de Tweek. Tan natural, tan cómodo.

-Entonces ¿ Quieres ir a mi casa por la tarde? He estado practicando una canción en el piano y necesito de un oído experto para que me de su opinión-

-Sí, está bien- miró al fondo del pasillo, hacia sus amigos que ya comenzaban a levantarse para marcharse- te escribo después, ya debo irme-

No había manera de que tuviera lógica el dolor en su pecho. Estaba deseando una pelea, una drmática escena de celos donde Tweek le gritara en la cara lo mal amigo que había sido y que se alejara para siempre de ellos. Que no le iba a permitir acercarse a Craig. Eso significaría que Tweek lo veía como una amenza, como un posible interés amoroso floreciente para su novio. No un intercambio de fluidos por la noche, un "nada". Mientras atravesaba el patio, trató de calmar el dolor punzante que iba de su pecho hasta su estómago. Apenas alcanzó a tomar de la mano a Michael antes de sentir sus rodillas flaquearle y llevarlo al suelo por las violentas arcadas. Henrietta y Firkle lo rodearon para que ningún curioso pudiera ver esa penosa escena. Pete cerró los ojos, sintiendo la saliva correr por su boca. Saliva con...

-Amigo ¿ Qué mierda?- Pete abrió los ojos para comprobar que lo que se había deslizado por su garganta, era un cúmulo de pétalos blancos.