Tercer capitulo~Espero que les guste mucho tanto como yo he disfrutado escribiendolo. Dentro de poco estare sin examenes y me podre centrar en terminar el fic. Por cierto se admiten parejas que deseen que aparezcan. Nada de Yaoi ni Yuri, solo parejas Hetero y que ni el original ni el nyo hayan aparecido. Solo esa advertencia.
Disfruten~
Berwald cerró los ojos, intentando rememorar todo lo que había pasado en la noche anterior, sus caricias, sus besos, el placer que le hizo sentir y que la ENH seguramente habría sentido, lo demostraron sus jadeos y gemidos. Recordaba el contraste de las sabanas blancas con la sangre de la rubia, que sangraba por el proceso de la menstruación, pero aparte, el labio del amo un sangraba, por una mordida mal dada. Su espalda también tenía arañazos realizados antes del clímax, Karen había necesitado descargar algo de placer. Intentaba recordar sus gritos, los "amo" cargado de placer y algunas veces su nombre. La primavera vez que lo pronuncio, Berwald se sorprendió. Nunca había oído su nombre cargado de tanto cariño. Y su sonrisa. Esa sonrisa que le acompaño cuando terminaron, unido a esa sensación de plenitud, algo que no había sentido con sus ENH, ni Norell ni María Jesús. Ni si quiera su primera vez con Sigrid, nadie le había llenado tanto. Karen era muy diferente, no sabía que es lo que tenía de especial, tal vez que fuera fértil. Los dos durmieron tranquilos, abrazados fuertemente, entras las abanas manchadas de sangre y semen. Por eso, cuando despertó, desde la cama, por una de las pantallas que había por la casa, mando preparar el baño mientras que la veía descansar, con esa sonrisa congelada en los labios. Le acaricio con un dedo una de las marcas del cuello, haciendo que esta abriera los ojos, esos ojos zafiro que tenía. La rubia se removió un poco, separándose de él, pero a los pocos segundos se volvió a acercar para besarle en los labios, como sus buenos días. Le sonrió dulce, devolviéndole el beso. Karen iba a levantarse de la cama pero él fue más rápido y la cargó en brazos para llevarla al baño.
-¿Por qué siempre me coge en brazos, amo?-Preguntó. En su voz se le notaba el cansancio, unido con su tristeza y algo de timidez.
-Porque vas muy lento, y eso me pone algo nervioso-Comentó, con sinceridad. Ella solo asintió y apoyo la cabeza en su pecho, bostezando levemente, haciendo que el rubio esbozara una sonrisa. La acomodo entre sus brazos y se encamino al baño. Nada tenía que ver la sala por fuera que por dentro, sobre todo en el tamaño. La bañera era casi tan grande como una piscina. Era tan grande para que el rubio se pudiera bañar con las tres, ahora con las cuatro, aparte de poder hacer algo de ejercicio. No necesitaron quitarse nada, ya estaban desnudos, la vergüenza había desaparecido entre ellos. Bajo las escaleras de mármol y la dejo flotando en el agua. Su piel nívea no se distinguía del blanco de la bañera. Sus rizos quedaron flotando, moviéndose lentamente sobre la superficie, sin hundirse ninguno. Seguían manteniendo ese color oro, aunque algunos se veían como oro viejo, debido al contacto con el líquido elemento. La ENH cerró los ojos, disfrutando de esa calma que se había adueñado de ella, de la tranquilidad que emanaba el lugar. Berwald, mientras la observaba en silencio e intentando perturbar lo menos posible el agua, se empezó a lavar el cuerpo y el pelo, quitándose los últimos recuerdos de la noche anterior, de la primera de muchas. Los arañazos le escocían al contacto con el jabón. Si que tenía uñas esta gatita. Cuando termino volvió a mirar a la rubia. Seguía tumbada. Se había dejado llevar y estaba a unos pocos centímetros de su posición inicial. ¿Qué le estaba pasando por la mente? Se preguntaba Berwald. ¿La noche anterior, como tapar la tristeza que se notaba en su voz y de la que seguramente ella se había dado cuenta? Miles de teorías le pasaban por la cabeza al rubio mientras que se decidía a acercarse a ella y a tocarle levemente el hombro para que reaccionara. Ella se sorprendió y la calma desapareció cuando empezó a patalear un poco y a sujetarse de los brazos de Berwald para no ahogarse. Su amo vio el pánico cruzar por sus ojos, y eso le preocupo. Le acaricio la cabeza, como disculpándose por haber roto esa calma. Noto como temblaba sobre su pecho y empezaba a llorar. Una reacción exagerada a su opinión, no había sido para tanto para que llorara, pero intento consolarla susurrándole palabras de consuelo, que al parecer dieron efecto. Cuando se separo de ella, le hizo sentarse en uno de los salientes que había en el suelo de la bañera y que le dejaba la cabeza fuera del agua. Se sentó a su espalda y empezó a lavarle el pelo. Karen se tensó y empezó a lavarse ella el pelo, intentando que Berwald aparatara las manos, que ella podía hacerlo sola. Al final el rubio decidió a esas amenazas no verbales y la dejo hacer. Sus dedos, aparte de lavar los rizos, los peinaban, intentando que no se quedasen apelmazados. Le hizo gracia ese gesto. El tenía el pelo corto, así que no entendía la obsesión de las ENH para que su pelo se viera bien. María Jesús podía estar muchos minutos mirándose al espejo, peinándose el pelo para que quedara como ella deseaba. Cuando Karen termino de enjabonarse el pelo se sumergió, esta vez sin miedo ni temor. Eso le hizo desconfiar al sueco, pero se le pasó al ver como las gotas de agua recorrían su suave piel, siguió una con la vista, que recorrió todo su pecho y fue a morir en su ombligo. Se veía tan sexy, como una diosa que había bajado a Omega solo para hacerle feliz a él. Se acercó a ella y la abrazó por la espalda. Ella se dejo hacer, mientras él le acariciaba los pechos y le lamia las marcas de su cuello y hombros. Karen lanzaba pequeños suspiros que hacían un enorme eco en la sala. Sus mejillas estaban rojas, tal vez por el simple gesto del rubio. Cerró los ojos pero se sorprendió cuando llamaron a la puerta.
-Adelante-Contesto Berwald. Norell entró por la puerta y al llegar, cerró la puerta tras suya e hizo una reverencia.
-Amo, vengo a avisarle que dentro de una hora ha quedado. También comunicarle que tienen ambos su ropa preparada.
-Takk Norell, puedes retirarte.-ella repitió la reverencia y se retiro en silencio. Una leve decepción apareció en los ojos oscuros de Berwald. No quería que la rubia se tapara nada de su cuerpo, pero no quedaba más remedio, ya que habían quedado, pero que si por él fuera, lo cancelaría, pero seguramente Sigrid le regañaría.
-Voy a salir…amo…-se sorprendió de oír su voz, ya que el silencio había vuelto a inundar la sala. La rubia se separo lentamente de su cuerpo y andando con esa lentitud propia de ella salió de la bañera. El sonido de las gotas que repiqueteaban sobre el suelo se hizo dueño de la habitación y obligo a Berwald a centrar todos sus sentidos en la ENH. Su piel brillaba allí donde la luz se reflejaba en el agua. Se envolvió con una toalla de aquel material tan mullido y suave como las nubes. Se giro hacia el amo y sonrió, bastante contenta por estar envuelta en ese material. Algo torpe comparado con ella, el amo salió de la bañera y se acercó a ella. Un pequeño sonrojo invadió las mejillas de amo y ENH antes de que la rubia abriera la toalla, lo bastante grande como que se pudieran secar los dos juntos si lo deseaban. Entendiendo sus intenciones, se acercó a ella y le abrazo. Por la mente de los dos pasó la misma idea, que sería muy complicado secarse, pero era la escusa perfecta para estar juntos y abrazados. Con cuidado, Berwald busco un bote con aceite aromático y cuando lo encontró, empezó a extender el líquido por su cuerpo, acariciándolo por enésima vez. Ya se sabía todas las curvas de su cuerpo, donde tenía cada marca que le había hecho, pero esta vez, cuando llego a su espalda se sorprendió de notar dos cicatrices. Totalmente verticales, entre los omóplatos. Eran bastante grandes, pero tan finas que no se notaban a la vista y tenía que buscarlas aposta para encontrarlas al tacto, pero Berwald las había encontrado por casualidad. Miro a Karen, buscando una explicación pero tenía los ojos cerrados. No quiso molestarla, pero se quedo algo molestado, no le gustaban nada los secretos, las cosas que no podía comprender. Pediría explicaciones, tal vez en otro momento. Cuando termino le puso el bote en las manos. Ella, sin necesidad de órdenes, se echó el aceite en las manos y empezó a extenderlo por el cuerpo musculado del hijo del doctor. Seguía molesto pero sus caricias consiguieron acallarlo durante un tiempo. Él también cerró los ojos, dejándose inundar de tranquilidad, olvidando todo lo que le preocupaba. No le importaría estar así todo el resto de su existencia, no solo junto a ella, sino con las tres restantes, llenándole de mimos. Sintió que termino cuando le acaricio la mejilla, hecho que hizo que abriera los ojos. Ella le beso en los labios y después se separo de él, dirección la puerta, para marcharse con las demás para vestirse. A saber con qué traje aparecía, aunque conociéndolas, no podía suponer nada, pero seguro que le gustaría. Se quedo viendo el movimiento de sus caderas hasta que desapareció. Cuando lo hizo la imitó, cuando oyó una puerta cerrarse. Entro en su habitación pensando en que ponerse. Debía de ser algo rompedor, algo que ninguno le hubiera visto… No, debía de verse elegante pero informal. Se empezó a abotonar la camisa mientras seguía pensando que es lo que llevaría Karen. Cuando terminó de vestirse fue al espejo a peinarse con los dedos el pelo y no olvidarse las gafas. Cuando salió de la habitación totalmente vestido, vio que las otras todavía no habían salido. Fue al salón a esperarlas pero no tuvo que hacerlo mucho. Pronto se abrió una puerta y empezó a sonar unos tacones pisando contra el piso. Intentó no levantarse, esperando que llegaran ellas.
-¿L-Le gusta, a-amo?-Berwald la examino. Llevaba un vestido de satén rojo brillante. Tenía el escote muy pronunciado, de donde colgaba un guardapelo de oro que no sabía de dónde había salido. La falda llegaba hasta el suelo, en estilo cola de sirena. Los tacones eran negros, con tiras rojas que se entrecruzaban hasta debajo de las rodillas.
-Estas muy hermosa-El alago hizo que ella se sonrojara. Se levantó del sofá y le beso en los labios. Sus labios sabían a fresa, del pintalabios que se había echado y que seguramente se tendría que volver a echar. Todavía quedaba veinte minutos para que Vincent llegara a recogerlos, así que todavía tenía tiempo de disfrutar de su cuerpo, pero las otras la apartaron de él, como si no quisieran que se estropeara la obra de arte que habían creado. Iba a insistir pero cuando las otras decían que no, es que no. Sonrió levemente y abrazó a Sigrid por detrás, acariciándola el pecho suavemente y recordándola que deberían cuidar de la pequeña Emma en su ausencia. Se quedo reflexionando sobre la comida y de que podría preguntar a Iván sus dudas sobre las ENH fértiles. Pero para eso aun quedaba mucho, y podría disfrutar de la seguridad que le daba estar cerca de la albina.
chibisiam: Ya no debes de esperar más^^
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