Todos los personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya, sin ánimos de lucro.
Berwald creyó que se había librado de una buena muy fácilmente. Se relajó y respiró profundamente.
—Que se joda —dijo aunque en realidad estaba preocupado por su compañero de viajes. Se secó el sudor de la frente y cerró los ojos un momento para descansar.
—¿Qué se joda quién? —preguntó una voz altiva.
—Magnus —contestó el explorador como si nada y luego recordó que se suponía que debía encontrarse solo.
—¿Por qué? ¿Qué hizo? —Continuó cuestionando la curiosa criatura que no dejaba de contemplar al muchacho.
Berwald abrió los ojos y su rostro palideció en el instante en el que se percató de que había otro dragón frente a él. Uno más amigable que el otro, pero seguía siendo un feroz animal que podía devorarlo en cualquier momento.
—Él… —El explorador creyó que su momento había llegado. Estaba a punto de morir y ni siquiera había conseguido tener un romance de novelas como siempre había soñado.
El dragón era un color celeste como el cielo y Berwald se dio cuenta de que el animal intentaba, al menos, de sonreír. ¿Acaso los dragones eran capaces de hacer tal cosa?
Por su parte, el animal estaba sumamente entretenido.
—¿Qué? —El dragón no entendía porqué el humano estaba tan pálido.
—Eres un dragón —Se limitó a balbucir Berwald mientras que trataba de buscar un modo de escaparse de allí.
—¿Y? Tú estabas en una cueva con otro dragón y sobreviviste —le dijo el animal, que movía su cola de un lado para otro, arrastrando todo lo que había su paso.
Berwald tenía que pensar en la manera de salir de aquella situación. Debía existir un modo de hacerlo.
—Ese dragón me dejó salir y espero que tú hagas lo mismo —No le quedaba de otra más que ser sincero. Volvió a secarse el sudor, no estaba seguro si era por el nerviosismo o si era el calor asfixiante del ambiente.
Sin embargo, la criatura negó con la cabeza.
—Todos vienen a visitar a Sigurd, pero nadie viene a verme —Se quejó el animal:—¿Sabes lo aburrido qué es? ¡Todos quieren ver a Sigurd, pero nadie me visita a mí! —añadió con tristeza.
—Es que según las indicaciones que tenía Magnus, hay un sólo dragón en esta área —le explicó Berwal, pero pronto se dio cuenta de que el animal apenas le estaba escuchando.
—¿Qué es lo que tengo qué hacer para que me hagan caso? —El animal preguntó al humano.
—Bueno, yo te estoy prestando atención —Berwald acababa de cometer un craso error sin percatarse de ello.
El animal lo miró perplejo y asintió. Movió su cola de forma más animada, arrastrando inclusive algunos árboles a su paso.
—¡Eres un buen humano! —exclamó al cabo de unos instantes. Pronto su atención se enfocó en la espada que tenía Berwald:—¿Sabes que esas armas no funcionan con nosotros? Debes tener mucha suerte si un dragón te muestra su panza. Aunque los pinchazos que recibimos de ellas tampoco son muy cómodas —comentó como si nada.
—No creo que deberías decir la forma en qué alguien puede matarte —Berwald le recomendó. La criatura le resultaba cada vez más fascinante y menos aterradora.
—¡Ups! —El animal estaba tan animado por conversar con alguien después de tantos años de soledad, que no se había percatado de que estaba hablando por de más.
—¿Crees que puedo irme ya? El idiota de mi compañero sigue en la cueva, pero creo que puede sobrevivir sin mí —Como no había escuchado ningún grito de auxilio, Berwald pensó que Magnus se las estaba apañando para salir victorioso.
—¡Pero voy a quedarme solo de nuevo! —Se quejó el animal frustrado. Finalmente podía hablar con alguien y éste decidía abandonarle.
Berwald no sabía qué decir o qué hacer. Aquella criatura era aún más engañosa que la anterior.
—¿Podemos ser amigos? Sigurd y yo lo somos, pero a veces se pone tan malhumorado… —El dragón le pidió e intentó poner la cara más triste que podía.
—Sí, por supuesto —Berwald comenzó a sentir lástima por el dragón. Pero no estaba seguro de qué podría hacer por él. No es como si fuera que pudiese pasear con una criatura tal con una correa atada a su cuello.
El dragón se puso contento y decidió proseguir con su interrogatorio.
—¿Vas a ir a algún lado en particular? ¿Puedo ir contigo? —le preguntó como si le pudiera leer la mente.
—Llamarás mucho la atención —le recordó Berwald.
—Si mi apariencia actual es un problema, entonces ¡tengo una solución! —exclamó y antes de que le diera tiempo a Berwald para apartarse, una enorme bola de humo se alzó, cubriendo todo lo que estaba a su alrededor, incluyendo al explorador.
El muchacho tosió y cuando finalmente pensó que era seguro, abrió los ojos.
—¿Estoy mejor así? —La voz se suavizó mucho, lo que tomó por sorpresa a Berwald.
—Ah… —Éste enarcó una de sus cejas al ver un humano desnudo frente a él. Uno muy atractivo, por cierto. Sacudió la cabeza, no era el momento de pensar en ello:—Supongo.
El dragón se rió y corrió hacia al aventurero sin nada de vergüenza.
—¿Podrías darme algo de ropa? Tiendo a romperlas cuando me transformó —le pidió la criatura.
Berwald asintió y luego de buscar por su ropa de cambio, se la entregó al animal para que se la colocara.
—¡Gracias! —exclamó el dragón mientras que se ponía la ropa.
—Tendremos que ir al mercado para comprarte nueva ropa —murmuró el otro antes de acercarse a la criatura y amarrarle bien el cinturón para que no se le caiga el pantalón.
—¡Soy Tino! —Se presentó el dragón mientras que el otro seguía tirando de aquel accesorio:—No quería ser grosero, lo siento.
Berwald le contempló un largo rato antes de darse cuenta de que el silencio era demasiado incómodo.
—Soy Berwald —respondió éste antes de apartarse, cuando ya se había asegurado de que Tino no iba a sufrir de ningún percance durante el trayecto hasta al pueblo.
Cuando ambos estaban preparándose para partir, una voz les detuvo.
—¡Espérenme, espérenme! —exclamó Magnus mientras que corría y un joven le seguía por detrás.
Tino sonrió al ver de que Sigurd se unía a su nueva aventura.
—Así que sigues vivo, ¿eh? —Berwald le preguntó.
—¡Al menos podrías pretender que estás contento por eso! —Magnus hizo un puchero de lo indignado que se hallaba:—¿Aún sigues molesto porque sugerí que te conviertas en bocadillo de dragón? ¡Qué rencoroso! —exclamó.
—¿Y tú no lo estarías? —Berwald se lamentó que su momento de paz y tranquilidad hubiera acabado tan rápido.
Sin embargo, la conversación entre los dos aventureros se detuvo de inmediato, cuando se dieron cuenta que los dragones estaban hablando entre sí.
—¿Por qué estás aquí? Esta es mi montaña —Sigurd cuestionó a Tino sus motivos para encontrarse allí. Algo no le cerraba.
—Olí a los humanos y como yo estaba muy solo, decidí venir a conocer tus visitas —Tino se encogió de hombros.
Sigurd suspiró. No valía la pena discutir.
—Hace un par de siglos que no nos vemos, ¿eh? —Trató de sonar lo más cordial posible, pero le resultaba innatural serlo.
—Desde… —Tino pausó por un instante:—El Incidente.
Magnus y Berwald estaban escuchando la conversación muy atentamente.
—¿El incidente? —Magnus preguntó por mera curiosidad.
—No hablamos del incidente —Sigurd le cortó en seco para que no hiciera más preguntas.
—Pero si están hablando del incidente en este momento —Berwald acotó.
Sigurd rodó sus ojos. No podía estar más contento por el hecho de que Tino estuviera ahí.
—¡Esperen! —Magnus se acababa de dar cuenta de la presencia del segundo dragón:—¿Quién es ese? —preguntó mientras que señalaba a Tino.
—Podría hacer la misma interrogante —comentó Berwald en referencia a Sigurd.
—Dragones —contestaron al unísono.
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