Christian Pov
¿Rose y Dimitri confesándose amor? ¿Todo fue real o acaso estuve soñando?
Dando vueltas una y otra vez entre las sábanas de la cama llegué a la conclusión de que era sólo un sueño porque, siendo honestos ¿Rose y el guardián Belikov? Ellos no tienen nada en común, es decir, Rose es impulsiva, impaciente y aunque admiro su determinación y su lealtad la verdad es que también es una persona a la que las reglas le vienen valiendo un reverendo pepino y que podría sin problemas pasarse la vida de fiesta de no ser por sentido de la responsabilidad. Belikov es un asunto aparte, él es más cuidadoso, paciente, más reservado y educado además.
No, no, nada que ver. Aunque… polos opuestos se atraen. No. Imposible. Es decir, Rose será muchas cosas y a Belikov no lo conozco bien, pero en lo que hasta ahora sé de ellos los dos son personas que hacen frente a sus problemas y si hubiera algo entre ellos ya lo habrían dicho… a menso que quisieran evitarle problemas a Dimitri porque Rose es menor de edad… otro problema porque él parece demasiado recto como para aprovecharse de una muchachilla…
¡No! Es oficial: todo fue un sueño ¿verdad?
Lissa Pov
La manera en que Christian observaba a Rose me parecía de lo más extraño pese a que no hice ninguna observación y procuré no pensar en ello por temor a que Rose pudiera molestarse con él, es decir, ella parecía extrañamente feliz ahí preparando huevos y cereal junto al guardián Belikov que no quise distraerla… ¡eso es! Christian debió sorprenderse de que Rose pareciera feliz haciendo labores domésticas. Bueno, tal vez el hogar no sea lo suyo pero evidentemente mi novio no conoce a mi mejor amiga tan bien como la conozco yo en lo referente a involucrar la palabra "comida" en sus deberes.
Seguramente leyendo mi mente Rose volteó y me guiñó un ojo.
-El desayuno está casi listo – anunció Dimitri - ¿ya se levantó lord Ivarschov?
-No pero iré a sacarlo de la cama antes de que comencemos – respondí y subí a despertar a Adrian… tarea difícil debido a su sueño pesado pero en fin, no hay imposibles y ya que se vistió en tiempo record nos acompañó en el comedor para desayunar en tiempo y forma.
Una vez que terminamos la comida ayudé a Adrian a lavar los trastes – mejor dicho los lavé yo mientras él intentaba secarlos sin romper nada – y me acerqué a la ventana preguntándome cómo y dónde estarían los demás guardianes.
-Ellos no pueden regresar hasta que pare de nevar – me llamó Rose – pero seguro están bien.
Lo que mi amiga decía era cierto: aunque ya con ligereza la nieve no dejaba de caer y aun suponiendo que el clima mejorara en ese momento tendrían que esperar a que endureciera un poco antes de alcanzarnos debido al mal estado del camino.
-Lissa relájate, mejor piensa en otra cosa.
-¿Cómo qué? – pregunté con fastidio. No había absolutamente nada que hacer en este rincón aislado del mundo.
-Sí, lo sé – murmuró ella respondiendo a mis pensamientos – pero tengo una idea ¿qué tal si te pongo al corriente de las últimas noticias?
-¿Últimas noticias?
Estudié a Rose buscando en su expresión algo que me revelara a lo que se refería. Por alguna razón mi amiga parecía ahora un poco nerviosa.
-Bueno princesa la verdad es que hay algo que he querido decirte desde hace un tiempo pero… bueno, creo que no se había presentado la ocasión.
Sus palabras cayeron sobre mí como una cubeta de agua helada.
Cuando antes del ataque Strigoi Rose había comenzado a tener problemas de carácter no me di cuenta de inmediato que algo estaba mal y cuando después de que todo se calmó Adrian me explicó que de alguna manera ella estaba absorbiendo la obscuridad generada por es espíritu que YO utilizaba eso me hizo querer ser enterrada cinco metro bajo tierra y sin derecho a flores ni visitas; Rose de inmediato me regañó y me dijo que estaba exagerando y que no había manera de que hubiéramos sabido lo que sucedía pero por otro lado yo me sentí mal no sólo por haberla lastimado – lastimar sin intención es a fin de cuentas lastimar – sino también porque no estuve ahí para que ella se desahogara o para protegerla… porque Rose era una amiga verdadera que me había protegido incluso de mí misma…
-Basta, Liss… ¿no soy tan buena, sabes? Además ahora lo importante es que estás aquí.
Muy a su estilo Rose trató de fingir que no estaba conmovida y yo no pude menos que sonreír. Ella era así a fin de cuentas una persona sensible, delicada y gentil que se escondía tras una máscara de fortaleza y desenfreno que bien podría apantallar a cualquiera.
Pensé entonces que aquel chico del que ella se enamorara tendría no sólo que valorar su determinación y su fortaleza, sino que necesitaría también la capacidad de ver a través de esa pantalla y valorarla por su lado más frágil. Eso para cualquier persona – por muy paciente y enamorado que estuviera – no sería de ninguna manera fácil pero sin duda alguna valdría la pena.
Una gran sonrisa cruzó entonces el rostro de Rose.
-Justo de eso quería hablarte – dijo mi amiga jugando con un mechón de su cabello.
-¿Hay alguien? – pregunté tan entusiasmada como sorprendida. Oh Dios, si así era entonces…
-Sí, hay alguien…
-Oh, ¡Rose!... – literalmente la ataqué con mi abrazo. Estaba tan feliz por ella; aunque tenía curiosidad.
-¿Cómo es él? ¿Lo conozco? ¿Es alguien fuerte? ¿Un deportista acaso?
-Es el hombre más fuerte, valiente y sensible que conozco, Lissa.
Mi mente divagaba ¿quién podría ser?
-Supongo que no hablamos de Adrian entonces.
No lo decía porque realmente quisiera que terminara con Adrian pero bueno, él era a fin de cuentas influyente tanto social como económicamente hablando y siempre me había pareció que sin importar ante quien él le daba el lugar que ella merecía.
-Vuelve a intentarlo – dijo Rose con una sonrisa.
-Mmm… - ¿tal vez Eddie? No. Eddie dejó bien claro que sólo podían ser amigos… veamos: "fuerte y valiente" un dhampir sin duda… ¿cómo se llamaba el chico con el que Rose coqueteaba a los 15? ¿Dean?… Dean Lake creo.
-No estás ni cerca – se burló.
-¿Entonces?
-¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta?
Muy buena pregunta.
-Últimamente he estado distraída.
-Lissa, me fije en él desde que regresamos a St. Vladimir y siendo honestos caí en picada… sé que debería decir que él no es para mí pero la verdad es que eso no me importaba mucho… hasta que entendí que no podía distraerme si voy a ser tu guardiana y entonces pensé que verdaderamente no podría haber nada entre nosotros y decidí hacer a un lado lo que sentía… ¡no comiences con culpas sin sentido! – Me atajó en cuanto leyó mi mente – en un principio pensé que lo nuestro verdaderamente sería imposible pero ahora encontramos la manera de estar juntos, así que alégrate por mí.
-Pues me alegro por ti Rose, lo digo en serio pero…
-¿Pero qué? – se espantó por un segundo ante de leer en mi mente lo que yo iba a decir y después de averiguarlo rodó los ojos.
-Oh Lissa, no vamos a empezar con eso.
-¿Qué esperabas? De momento el nombre es lo de menos pero en cuanto lo tenga frente a mí tengo que leerle la cartilla de lo que le pasará si se atreve a no tratarte como una autentica reina.
-Estás exagerando
-No, no es así – acentué mis palabras con un gesto y después ambas comenzamos a reír – bueno, ya fueron suficientes vueltas al asunto ¿quién es?
Después de que pregunté sucedió algo que yo siempre pensé que sólo podía pasar en las películas: en el momento en que Rose abrió la boca para responderme Eddie la llamó desde el otro lado de la habitación.
-¡Hey Hathaway, dijiste que hoy íbamos a entrenar!
-Dame un minuto Eddie – respondió ella tajante.
-Ahhh ¿sí? – se conformó él sorprendido por su actitud.
-Bien Lissa, él es…
-Pequeña dhampir ¿no crees que fuiste demasiado dura con el pobre Eddie? Lo dejaste aterrado.
-Sí, lo siento Eddie.
-No estoy aterrado.
-Tú aura dice que lo estas.
-Calla Ivarschov.
Rodé los ojos. Por lo visto los hombres no tienen la más mínima noción de lo que es concederles a las chicas su propio espacio…
-Amor me has dejado solo demasiado tiempo hoy.
Antes de que pudiera seguir pensando en nada Christian estaba junto a nosotras.
-¿No tienes respeto por las conversaciones ajenas, verdad?
-Por supuesto que sí, pero también tengo sentido de autodefensa y no pienso permitir que le metas ideas extrañas a Lissa en la cabeza, Rose.
-No soy tan maleable cariño – le respondí un poco molesta. Él obtuvo de inmediato mi estado de ánimo y me miró con sorpresa.
-Lo siento, no quise…
-Ya olvídalo Ozera. Liss hablamos después de que patee el trasero de Eddie ¿de acuerdo?
-De acuerdo. ¡Suerte!
Ella me respondió con una sonrisa y bajó al "cuarto de entrenamiento" con Eddie.
Dimitri Pov
Hacía exactamente 30 páginas del libro que estaba leyendo que Rose y Eddie habían comenzado a entrenar cuando escuché que Adrian Ivarschov decía a sus amigos que quería un bocadillo y se acercaba a la mesa de la cocina en donde yo me encontraba leyendo.
-Belikov – me habló con una voz tan extraña que no pude evitar mirar fijamente su actitud – no voy a decir esto más de una vez así que no te ilusiones de presumirlo - ¿? – pero felicidades.
¿?
-¿Felicidades?
-Sí, felicidades… porque me doy cuenta que ahora de verdad estás con Rose.
El libro se cerró entre mis manos y tuve que dejarlo sobre la mesa antes de que algo me hiciera tirarlo al piso.
-¿Cómo?...
-Puedo ver sus auras ¿recuerdas? Soy bueno leyendo el estado emocional de las personas.
No encontraba que decir porque honestamente ¿qué esperaba escuchar él? su interés por Roza no me había pasado desapercibido así que el hecho de que me felicitara parecía fuera de lugar.
-Gracias – murmuré finalmente.
-Ya te dije que no te ilusiones; tal vez ella te quiere y es feliz contigo pero te advierto que debes estar al pendiente de tus acciones porque en cuanto cometas el más mínimo error yo voy a aprovechar para ofrecerle absolutamente todo lo que yo puedo y tú no puedes poder a sus pies… no actuaré limpiamente por cierto, pero te aviso para que no pienses que me estoy dando por vencido y bajes la guardia, además – añadió tras un breve silencio – no sé bien cual es tu "plan de acción" pero más te vale que la reconozcas delante de los demás como lo que ella es porque no toleraré que por evitarte problemas ella tenga que vivir a la sombra.
Esas palabras me desconcertaron más que ninguna otra cosa.
La reputación de Adrian Ivarschov como un adicto caprichoso y engreído estaba más que perfectamente establecida en nuestro mundo y esa era – además de su actitud de hijo mimado – una de las razones más fuertes por la que no me agradaba que se acercara tanto a Rose, sin embargo, el saber que él de verdad la quería era toda una revelación que de alguna manera me alteraba y aterraba al mismo tiempo. Comparado con lo que Ivarschov tenía para ofrecerle ¿Qué podría darle yo?
Todo tú. Tu vida, tu alma y tu amor.
No entendí de donde salía la voz que hablaba en mi interior. Era la misma voz que me había hecho rebelarme ante mi padre, la misma voz que un día tormentoso me ayudó a superar la muerte de Iván y la misma voz que en la caseta de vigilancia me dijo que me quedara junto a Rose sin que importaran las consecuencias. De alguna manera escucharla ahora me dio la fuerza de hacer lo que hice a continuación…
-Gracias por la advertencia lord Ivarschov, pero descuide: Rose tendrá su lugar y yo viviré cada día cuidando que o tenga motivos para siquiera voltear a ver nadie más.
Mi voz sonó tal vez demasiado altiva pero en el momento eso era irrelevante; yo sólo necesitaba dejar las cosas claras.
Christian Pov
Al entrar en la cocina encontramos a Dimitri y Adrian mirándose fijamente… o eso creo porque nuestra llegada los tomó por sorpresa e hizo que saltaran levemente en sus lugares.
-Así que por primera vez en la vida puedo sorprender al guardián Belikov – festejó Lissa con una sonrisa tímida. Que extraño; se comportaba cerca de Belikov como si tanteara el terreno entre temerosa de molestarlo y deseosa de establecer contacto… por lo que sea en cuanto Dimitri la miró ella se sonrojó ligeramente y eso siempre la ha hecho lucir aun más hermosa que en los días normales.
-¿Desea algo, princesa? – preguntó Belikov con tono amable.
-Nada en especial. Sólo quería prepararme un sándwich.
Yo me senté en la mesa junto a Dimitri y lo mismo hizo Adrian sólo que él dejo una silla de espacio con el dhampir. Nadie dijo nada hasta que Lissa volvió a hablar.
-¿Guardián Belikov?
-Sí, princesa
-Yo… me preguntaba si usted podría hacerme un favor.
-Lo que sea, princesa.
-De eso se trata – exclamó ella – es decir… no veo problema en que me hable de tú cuando no estamos en la corte.
Una sonrisa suavizó los labios de Dimitri.
-Con una condición.
-¿Cuál?
-Que cuando no estamos en la corte yo sólo soy "Dimitri".
Vi a Lissa relajarse y sonreír abiertamente.
-Gracias.
-¿Yo entro en el trato? – Pregunté tomando algo de confianza – porque siendo honestos eso de "joven Ozeda" a veces llega a ser un poco castrante.
-¡Christian! –Adrian se reía y Lissa iba a regañarme cuando Dimitri soltó una risa ligera.
-Me parece justo, Christian.
De alguna manera me sentí más relajado después de eso, aunque inevitablemente lo de la noche anterior aun me intrigaba…
-Si me disculpan – murmuró Dimitri levantándose de la mesa – voy a asegurarme que Rose y Eddie Castle no se han asesinado.
-¿Vas a vigilar su práctica?
Algo ante ese pensamiento me hizo vibrar de emoción, es decir, desde más chico mi tía Tasha me había comenzado a enseñar acerca del uso de la magia ofensiva y también habíamos practicado uno que otro movimiento de artes marciales pero, aunque no iba a reconocerlo jamás delante de ella la imagen de Rose en la batalla de St. Vladimir… ¡guau! Simplemente no hay palabras para describirla, era como… como… como un ángel vengador.
Sí, el ángel vengador de una coreografía de danza que hacía siempre los movimientos justos para terminar con los agresores; jamás su cabello se agitaba de más y tampoco sus manos se movían un solo centímetro menos pero… ¿qué tipo de entrenamiento se necesita para aprender a moverse así?
Creo que mi expresión fue demasiado obvia porque todos me miraron extrañados… salvo Dimitri, quien me miró con una autentica sonrisa al tiempo que hacía una invitación que simplemente no podía rechazar.
-¿Quieren venir conmigo?
-Sí – respondí de inmediato.
-Sí – dijo también Adrian.
-Mmm… - Lissa dudó un momento pero terminó por seguirnos también.
Cuando entramos al cuarto que utilizaban como gimnasio esperaba algo parecido a las lecciones de Kung Fu que se dan en las películas pero, para mi sorpresa Eddie y Rose estaban peleando literalmente con todo lo que tenían.
Por un momento Eddie arrojó a Rose contra una de las paredes e intentó abalanzarse tras ella, sin embargo, Rose alcanzó a frenar el impulso evitando estrellarse con fuerza y utilizando la pared como punto de apoyo se impulsó contra Eddie tumbándolo en el piso.
-Bien hecho Rose – llamó Belikov –. Eddie tienes que poner más fuerza en las piernas y trata de no moverte siempre de la misma manera o serás un blanco fácil.
Ambos respondieron con un asentimiento y retomaron sus posiciones de combate cuando Dimitri se acercó y tomó el lugar de Rose. Eddie entonces arremetió contra él y Rose se situó junto a nosotros sin preguntar por qué estábamos ahí.
Una nueva batalla entre Eddie y Dimitri comenzó y fue este último el que tras un rato derrotó a su oponente acorralándolo contra la pared y con una mano alrededor de su cuello. Después de soltarlo se volvió hacía Rose.
-Rose ¿te diste cuenta del error que cometió Eddie?
-Mueve ligeramente los pies cuando va a atacar y eso evita que tome a su enemigo por sorpresa.
¿Lo hace? No me di cuenta de eso.
-¿Notaste eso también cuando peleaste contra él?
-Sí – respondió ella con voz calma.
-Salvo ese detalle tu técnica de pelea es impresionante – añadió Dimitri felicitando a Eddie.
-Gracias, guardián Belikov – respondió él.
Yo lo había visto todo completamente embelesado y Dimitri volvió a reír tras notar mi expresión.
-¿Quieres aprender un par de movimientos, Christian?
-Sí.
-¿Ivarschov? – preguntó levantando una ceja en dirección de Adrian.
-Sí – respondió el interpelado como si Dimitri lo hubiera desafiado.
-¿Y tú, Lissa? – preguntó Rose ganándose una mirada de incredulidad de Eddie.
-Supongo que no está de más saber un poco – murmuró mi novia con gesto de mártir.
-Entonces comencemos a calentar – susurró el guardián mirándonos con una expresión extraña en su rostro.
Rose Pov
Eddie y yo contuvimos el impulso de rodar los ojos única y exclusivamente porque estos Morois que se habían casi desmayado dando apenas cuatro vueltas alrededor de la habitación eran nuestros mejores amigos; de lo contrario su falta de condición bien que nos habría tirado de espaldas…
Por fin completaron el calentamiento y Dimitri les comenzó a explicar algunos movimientos básicos extendiendo las manos y pidiendo a Christian que asestara con los puños directamente sobre la palma, yo hice pareja con Lissa y Eddie con Adrian pero – independientemente de su mala puntería – ninguno de los tres parecían capaces de golpear con la fuerza suficiente… cuando notamos que se habían cansado Dimitri indicó que descansaran los brazos pero los puso a hacer ejercicios de fuerza en las piernas indicando que parte de su problema era que no tenían suficiente apoyo para hacer sus movimientos.
Más y más ejercicios siguieron y de nueva cuenta Eddie y yo teníamos que mordernos los labios para no romper a carcajadas al ver sus expresiones de fastidio.
Después de un rato Lissa intentó escaparse diciendo que era hora de preparar la cena pero Dimitri nos pidió a Eddie y a mí preparar la cena mientras él continuaba entrenando con los Moroi. Yo sonreí; de alguna manera tenía la impresión de que esta era de alguna manera de vengarse de nosotros por obligarlo a jugar al póker… bien, a mí no me importaba mucho porque no tengo problemas con la cocina pero por el rostro de Eddie deduje que prefería enfrentarse a una dura jornada de entrenamiento a preparar un solo plato de sopa.
Lissa Pov
Jamás de los jamases me había sabido tan deliciosa la sopa aguada en toda mi vida a pesar de que había probado comida de altura… claro, el hecho de que jamás había estado tan cansada había influido ampliamente en eso.
Dudando si sería capaz de alcanzar mi habitación me senté en uno de los sofás de la sala común y recargué mi cabeza en el hombro de Christian a mi lado. Adrian simplemente se despidió y subió las escaleras con pesadez.
Dimitri estaba sentado a un lado de la chimenea utilizando el fuego como una luz para leer un libro desgastado, "Oceola: el gran jefe de los seminolas" alcanzaba a leerse en la cubierta aunque el nombre del autor no alcanzaba a distinguirlo debido a que los dedos callosos de mi guardián lo cubrían.
-¿Otra vez el mismo libro camarada? – la voz de Rose lavando los platos desde la cocina resonó entonces más como un suspiro que como un anuncio.
-Es un buen libro – dijo él sin ofensa alguna, sólo como la constatación de un hecho.
-Por supuesto – se mofó Rose.
-¿De qué trata? – no pude retener la pregunta, la curiosidad me embargaba no tanto por el contenido del libro sino por ese ambiente de familia que se había creado entre Rose y Dimitri al hablar de él.
Entonces Dimitri comenzó a narrarme la historia de dos chicos atrapados en lados contrarios de la guerra pero unidos por el lazo de quien salva una vida y por la mistad y lealtad…
Algo en la narrativa de Dimitri me transportó lejos de la cabaña a mi propia casa en donde hacía varios años mi padre me había leído cuentos de princesas a la hora de dormir…
Caí en un sueño profundo con lágrimas de alegría corriendo por mi rostro.
