Nuevamente con un poquito de retraso, lo siento): Estoy cerrando el semestre en la Universidad y me hice un pequeño tiempo entre tanta cosa para escribirles este bonito capítulo! Espero que les guste, un saludo, y Dratin, espero que te esté gustando la historia!

Disclaimer: Hetalia ni sus personajes me pertenece, pero intento darles buen uso a sus vidas ficticias xD


Nunca me había sabido tan mal un café en mi vida, y eso que no me gusta demasiado, pero antes al menos tenía la capacidad de tolerarlo. Mi nombre es Ludwig, pero la mayoría de las personas acostumbra llamarme Lud. No sé por qué estoy diciendo todo esto, en realidad aún estoy muy confundido. Mi cabeza da vueltas y creo que anoche hice algo de lo cual no estoy seguro si sentirme arrepentido.

Mi madre nos trajo en un viaje a Italia, la verdad es que nunca había salido de Alemania y menos pensé que sería para viajar a este país. Siento que la gente es extrañamente cortés con todos y un tanto despreocupada. Lo voy notando día a día con Feliciano, el hijo de la mejor amiga de mi madre, a la que realmente no estoy seguro si ver como solamente una amiga. Mi madre es muy ilusa, cree que no me doy cuenta de las cosas, por eso siempre me miente. Gilbert, mi hermano, me dijo cuando era niño la verdad sobre mi origen y que mi verdadera madre era la hermana de Agatha, la mujer que me crió y a la que he llamado madre por más de 17 años. Lo único que sé en rigor sobre Agatha es que se inseminó para tener a Gilbert, que lo hizo a muy corta edad, de hecho, por eso es tan joven. No es creíble que una mujer de 37 años tenga un hijo de 19 años y otro de 17, pero así es. Su mejor amiga se llama Giordana, la conoció en un viaje corto que hizo para acá hace algunos años, mi madre es geógrafa y siempre tiene cumbres para muchos países. La italiana es profesora de historia en la Universidad en la que fue dicha cumbre. Simplemente no entendí cómo se hicieron amigas tan rápido, a mí me cuesta demasiado interactuar con los demás.

Anoche fui obligado a ir de fiesta con los hijos de Giordana y mi hermano, en realidad no tenía ninguna intención de salir, soy lo menos fiestero que se puedan imaginar, me gusta beber, es cierto, pero usualmente en familia y no en lugares infestados de gente. En este caso, no rechacé la oferta, porque probablemente Agatha quería pasar la noche con Giordana y no podía impedirlo, aún no entiendo bien la relación de esas dos. En fin. Mientras estaba en la fiesta comencé a sentirme muy extraño, porque, primero que todo, Feliciano estaba siento extrañamente detallista conmigo y bueno, yo no soy de estar conversando demasiado con las personas que conozco. Usualmente me mantengo en silencio y observo las situaciones, nunca algo más allá de eso.

Comencé a sentirme extraño, puesto que veía al italiano y se me aceleraba el corazón. Qué tontería. No es como si estuviera seguro de que soy un hombre plenamente heterosexual, porque, honestamente, nunca tuve una relación con ninguna chica, y tampoco me sentí atraído por nadie en mucho tiempo. Sé que a los dieciocho no puedes decir demasiado con respecto a tus gustos, puede que esté equivocado, pero en esta situación todo era distinto. Gilbert me había dicho mil veces que no era posible que yo fuera a terminar con una chica alguna vez, que él lo tenía completamente asimilado. Pensé en creerle, pues él ya tenía experiencias, dos en concreto. Le gustaba una chica de la universidad actualmente y además, había tenido una novia desde los 15 años, con la que terminó a los 17 por algunas discusiones, nada serio, porque se han vuelto a ver para tener relaciones casuales de una noche, solamente por necesidad.

─Si continúas viendo a Anya, ¿cómo pretendes conquistar a Elizabeth, Gilbert? ─le pregunté un día, mientras él estaba leyendo.─

─Honestamente, querido bruder, no he podido ver a Anya nuevamente hace más de dos meses. Conoció a un chico y me pidió que no volviera a llamarla.

Me abrumé bastante con esa confesión, y creo que desde ese día Gilbert aceptaba más las invitaciones a salir y a ligar chicas a lo loco, claro, para él era algo natural. Yo por mi parte no conquistaría ni a un zapato. Por ello, él insistía en que mis gustos no iban dirigidos a las chicas, por el contrario.

Probablemente Gilbert tenga razón y por eso anoche, antes de quedarme dormido, tomé con tanta fuerza la mano de Feliciano, quien en ese momento se encargaba de acostarme por mi pleno estado de ebriedad. Si logro recordarlo probablemente no estaba tan borracho, pero para él, yo no recuerdo nada. Y es mejor que se quede así.

─¿Pasó algo interesante, anoche, hijo? ─preguntó Agatha mientras se levantaba, acariciando mis cabellos.─

─¿Cómo qué? ─pregunté curioso.─

─¿No viste a nadie que te llamara la atención en esa reunión? Sé que no es lo mejor encariñarse con personas que viven en otro lugar, u otro país, pero estaba un poco ilusionada con que probablemente aquí encontraras a alguien. No es bueno estar solo demasiado tiempo ─ella, suspiró, y sus ojos como rubíes se humedecieron un poco, amarró su cabello y se puso una bata.─

─Estar acompañado no es lo único que interesa, hay muchas otras cosas que hacer. Aunque, si te interesa, madre… No, no pasó nada ─mentí, algo en mí no estaba seguro de lo que estaba diciendo.─

Ella simplemente hizo una mueca, no estaba ni triste, pero tampoco alegre. Sus ojos estaban vidriosos, probablemente se sentía triste. Lo mejor que pude hacer fue abrazarla y decirle que estuviera tranquila, que si ella quería cualquier cosa podía contar conmigo. Fui al cursi, lo admito, pero no podía abandonar a la mujer que había dado todo por mí.

Ese día fue sumamente complicado, porque yo notaba en Feliciano una amarga tristeza y soledad, algo que no podía arreglar, puesto que para él yo no recordaba nada. Quizás él sabía que yo mentía, pero a fin de cuentas…¿Qué tan significativo es que alguien apriete tu mano con tanta fuerza? Mientras pensaba, sentí como el italiano se sentaba a mi lado en la cama.

─¿Pasa algo? Te he llamado dos veces a almorzar ─me dijo, y me quedó mirando un buen rato.─

─¿Tengo rostro de que me pasa algo? ─atiné a decir, de bastante mala manera. Vi como hacía una mueca de disgusto.─

─Eres bastante desagradable a veces, ¿sabías? ─dijo, gruñendo un poco.─

─¿Realmente piensas eso, Feliciano? ─lo miré, abrumado y extrañado.─

─¿No te cansas de ocultar las cosas en ese rostro hostil y desagradable?, ¿no te aburres de ser tan cerrado?, ¿tan frío? Las personas en este hogar nunca ocultamos nada, somos muy abiertas. Me he dado cuenta de que ustedes no son así. Tu madre está usualmente con los ojos llorosos, siempre que mi madre se la queda viendo ella se pone triste. Tu hermano parece melancólico, como si extrañara demasiado a una persona… Y tú… Tú ocultas una soledad y una tristeza enormes, es como si necesitaras algo y no supieras a quién pedírselo. ¿Qué es lo quieres?

No supe qué hacer en ese momento, porque, peligrosamente, este chico había dado en el clavo de una manera formidable. Lo miré por largo rato, sus ojos estaban en llamas. Ese tono marrón parecía a punto de estallar. Mis mejillas ardían y su rabia comenzaba a preocuparme. Toqué su mejilla con mis manos calientes, estaban frías pero, poco a poco se transformaron. Quedó confundido ante esto. No decíamos nada, absolutamente nada. Su pregunta final daba vueltas en mi cabeza… "¿Qué quieres?", ¿qué quiero? Ni yo lo tenía claro. Me acerqué a sus labios sin avisar y me posé ahí de forma breve, ni siquiera yo podía entender lo que estaba haciendo. Me correspondió con suavidad y cerró los ojos. Mi mano se colocó en su nuca, mis dedos se enredaron en su cabello, moví su cabeza de modo que se acercara aún más a mi cara. Era absurdo, estaba tan cerca que no podía acercarse ni un milímetro más. Su boca se abrió poco a poco y yo entré más violentamente de lo normal. ¿Qué era eso? ¿Mi primer beso? No sé cómo supe exactamente lo que debía hacer. Comenzaba a faltarme el aire, pero no quería detenerme. Oh, scheisse, ¿qué estaba haciendo? Me detuve, no podía respirar.

Su rostro estaba completamente rojo, con el calor que sentía no dudé en que el mío lo estaba igualmente. Me sentí muy avergonzado y confundido, él sonrió abiertamente, ¿a qué venía eso, eh?

─Tu mirada ha cambiado ─musitó─. Tus ojos lucen más abiertos, tu boca ahora sonríe y rostro tiene más color. Tu cabello está plenamente en desorden y luces aún más guapo que cuando pisaste esta casa, Luddy ─sonrió tan ampliamente que no pude evitar hacer lo mismo.─

Tenía razón, estaba sonriendo, sentía calor… Pero, ¿qué había dicho? Eso significaba que desde un principio había sentido atracción por mí. ¿Cómo no me di cuenta? Qué idiota he sido.

─Lo siento mucho, Feliciano ─le dije.─

─No hay nada de que disculparse, Luddy, te pregunté qué era lo que querías e hiciste precisamente lo que querías hacer. No hay problema alguno. Ahora, ¿irás a almorzar o no?

Confundido asentí y me puse de pie, pero en el intento me tropecé y caí idiotamente sobre la cama, y para peor, encima del italiano.

─¡Ah!, cuidado ─dijo, e intenté levantarme, pero al mirarlo sentí algo muy extraño.─

Él acercó su cabeza hacia mí y volvió a besarme, llevándome hacia adelante y sonriendo mientras besaba mis labios. Nunca pensé que ese chiquillo que lucía tan… Tranquilo, repentinamente sacara las garras.

─¿Vamos? ─dijo y me soltó.─

─Sí ─dije, y pude levantarme.─


¡ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!

Nos vemos próximamente, un abrazo a todos xD