En un lugar muy, muy, muy EXTRAÑO, un cerdo y un chico de ocho años de edad caminaban en busca de un pueblo en el que poder descansar, comer, y averiguar dónde demonios se encontraban.
El cerdo, llamado Jampier, iba con total normalidad, pese a que no tenía ni idea de cuál es la situación geográfica. El chico, llamado TK, no iba en cambio nada tranquilo; ya que tampoco sabía dónde se encontraba y, para colmo, le tocaba compartir aventura con semejante personaje.
Lo más raro de todo eran los acontecimientos ocurridos por el chico: Primero aparece sin más en el bosque de la cima de una montaña, cuyo dueño le mandó sin dar demasiada explicación a que matara a una amenaza que estaba surgiendo en "aquel mundo". Más tarde pesca a Jampier (sí, no me he equivocado de verbo ni mucho menos) y éste le cuenta que es un inspector importante de la INTERPOL. TK, como cualquiera persona normal, no llega a tragarse el cuento del todo; pero el no tener una identificación media con el medio le obliga a compartir aventura con él. Mejor eso que nada… o por lo menos, eso pensó.
Y ahora, metiéndonos de nuevo en la historia, Jampier y TK caminaban por los grandes prados de trigo que había. Ya habían logrado atravesar el bosque (le persiguieron de todo: serpientes, osos, ¿leones?, ¿tigres?), pero al fin de al cabo lograron sobrevivir y llegar a esos citados antes campos de trigo. Las esperanzas de estos dos elementos crecían al ver esos campos, porque eso significaba que tenía que haber alguien cerca que podría darle cobijo. El problema era la altura de los grandes trigales (tres metros y medio de altura, algo totalmente fuera de lo normal), lo que convertía el campo de trigo en un completo laberinto sin murallas. TK ya no pudo más y explotó de hartura.
—¡¡Estamos totalmente perdidos, y todo por tu culpa!!
—Venga anda, no te pongas a llorar ahora. No vamos a perder el juicio por unos simples tri… —mientras andaba y comentaba, se dio un golpe fuerte en el morro con un trigal que estaba semipreparado para una catapulta— ¡Merde! ¡Malditos trigales! —gruñó mientras se acariciaba su morro lastimado.
—Si antes estaba perdido, ahora lo estoy más. Ahora no sé que va a ser de mí… Quiero a mi mamá… —decía triste, mientras se le saltaban alguna que otra lágrima, agachado y agarrándose las piernas con los brazos.
Jampier observó al chico mientras se seguía acariciando el morro, y una vez que cesó, se acercó y le dijo:
—Vamos enano, ¿ya te vas a rendir? Aún podemos atravesar este campo de trigo sin problemas —le intentó animar, con un poco de madurez.
—Pero si ya se ve que estamos perdidos… Con tu sentido de la orientación hemos podido demostrar lo que es estar totalmente perdidos.
A Jampier le recorrió una gota de sudor por el lateral de la frente y comenzó a toser falsamente.
—Bueno, lo hecho, hecho está, ¿no? Ahora lo que tenemos que hacer es levantarnos y no rendirnos nunca. Ser más fuertes que nunca y encontrar la salida de este campo de trigo —dramatizaba Jampier, con un brillo en los ojos que reflejaba aspiraciones. TK lo miraba un tanto desconcertado y sin palabras— ¿Y bien, enano? ¿Te vas a rendir tan pronto? —le alzó la pezuña, para que la agarrara y ayudarlo a levantar.
TK sonrió y la agarró, levantándose realmente por si solo debido al poco cuerpo de Jampier (apenas medía sesenta centímetros).
—Está bien, pero no me llames enano. Porque tú eres mucho más bajito que yo —decía entre risas amistosas. Jampier no refirió nada ante ese comentario.
En ese instante, comenzó a hacer calor y una luz centellante empezó a dar origen en una de las zonas más cercanas de aquel inmenso campo de trigo. Los trigales parecían que decrecían conforme se iba extendiendo aquella luz hasta que pudo llegar a la altura de los pantalones de TK más o menos.
—¿Qué es lo que ha pasado? —preguntó TK desconcertado.
—Ni idea, pero sea lo que sea nos ha ayudado. —Dijo con total normalidad, sin alegrarse siquiera.
El epicentro de la luz seguía acechando a pocos metros de allí, apenas unos diez. A TK le ardía la curiosidad de lo que podía estar pasando en ese lugar.
—Oye, ¿vamos a ver qué…?
—Cállate. Eso lo digo yo, que para eso soy el detective. ¿Vamos a ver qué está ocurriendo allí?
—Ehm… Sí… —afirmó, mirándolo con un rostro que reflejaba una mezcla de molestia y resignación.
Ambos se acercaron poco a poco al origen de toda esa cantidad masiva de luz. Jampier le tuvo que prestar a TK unas gafas de sol que tenía guardadas en caso de que se rompieran las otras. En la zona del origen, la mayor cantidad de luz tenía una dirección vertical, pareciendo así la erupción de un volcán. Parecía que con el paso del tiempo la luz iba cesando, hasta que quedó el estado de una figura ovalada de forma regular, parecida a una cuna de bebés. TK y Jampier se miraron desconcertados y fueron hacia allá para ver qué podía significar ello, o qué reacción había podido dar en el medio.
Una vez que llegaron al sitio donde se hallaba la especie de cuna de piedra. TK iba a mirar en su interior, pero Jampier le detuvo.
—Quita, niño. Esto es un asunto para los mayores —dijo Jampier con aires de prepotencia, dirigiéndose a la cuna de piedra. Observó su interior y se quedó totalmente petrificado. El rostro de Jampier (aunque era difícil identificar sentimientos en la cara de este personaje), reflejaba una mezcla de terror y desesperación, por lo que TK se acercó para ver qué es lo que le podía estar pasando.
—¿Jampier? ¿Te ocurre algo? —le preguntó, con una tono estremecido, a lo que Jampier respondió girando su cabeza para mirar a TK con un rostro asustado.
—Es… es… un… un… —tartamudeaba.
—¿Un qué? —preguntó TK, preocupado.
—¡Un bebé! —soltó finalmente, dejando a TK totalmente sorprendido.
TK fue a ver si era verdad lo que decía Jampier y, en efecto, era verdad. Un bebé dormía en la cuna y TK no salía de su asombro mientras Jampier refunfuñaba el ahora tener que coger la responsabilidad de aquel bebé.
—¡Esto ya es lo que me faltaba! ¡Primero me encuentro con un niño llorón y ahora me toca cargar con un bebé abandonado! —rechistaba Jampier, pero TK no le hizo ningún caso y siguió observando a aquel bebé.
Mientras TK lo miraba, el bebé despertó y bostezó; dirigió su mirada hacia TK y se quedó mirándole. TK se estremeció porque pensó que empezaría a llorar por ver a un desconocido, pero parecía todo lo contrario. Se puso muy feliz al ver a TK, y éste dio un suspiro de satisfacción. TK cogió al pequeño bebé en brazos, que éste parecía que se divertía aun siendo un total desconocido. Jampier seguía protestando sobre la responsabilidad del bebé, pero TK no le hizo ningún caso y se paró a observar un letrero que había en la parte inferior de la cuna.
—Jampier… Este bebé parece que tiene nombre ya.
—¡¿Y encima le buscas nombre?! —bramó Jampier.
—No. Digo que ya tiene nombre.
—¿Ya tiene nombre? Que desconsiderada es la madre. Encima de que lo abandona, le pone nombre…
TK observó detenidamente en letrero, y Jampier parecía que se impacientaba por saber el contenido de dicho letrero.
—¿Me vas a decir como se llama el dichoso bebé? —preguntaba muy fresco.
—Se llama… —decía TK, mientras leía— Hikari Light.
—Vaya, otro nombre raro… Encima nos ha salido chica el bebé —dijo Jampier con apatía.
—¡Pues es muy mona! —exclamó, mientras sonreía sosteniendo a la niña en brazos. Jampier parecía que empezaba a desprender una especie de envidia, mirando cómo la niña reía con TK en sus brazos.
—Trae aquí —Jampier le quitó de los brazos bruscamente a Hikari y empezó a observarla— Veamos… ¿Quién es la chica más guapa del mundo? —sonsacó Jampier a Hikari, intentando poner una sonrisa.
Hikari al principio miró a Jampier con una cara indiferente, pero poco a poco se fue estremeciendo hasta que sus ojos se llenaron en lágrimas, rompiendo así a llorar. Jampier se trastornó al tener a la niña pequeña llorando en sus pequeñas patas. TK estaba presenciando la escena con cara de circunstancia.
—Vamos Juan Pedra, no llores… —musitó Jampier a la pequeña.
—¡¿Juan Pedra?! ¿Pero no se llamaba Hikari? —preguntó TK desconcertado.
—¡Eso ahora no importa! ¡Haz que se calle! —reclamó Jampier, dejándola en los brazos de TK. Éste no sabía que hacer ante la situación, con el bebé llorando en sus brazos.
—Eh… No llores… Duérmete niña, duérmete yaa. Que viene el coco y te comeráa —le cantaba, y poco a poco se iba tranquilizando hasta quedar dormida en sus brazos. Jampier se quitó el sudor de la frente, fatigado al igual que TK. Ambos dieron un suspiro.
—Espero que no despierte hasta que le busquemos un padre —dijo Jampier.
—¿No nos la vamos a llevar nosotros? Yo creo que es muy buena y podríamos llevárnosla con nosotros.
—Estás loco. Esa niña lo único que hará es traernos problemas.
En ese mismo momento, se oyó el disparo de una escopeta muy cerca de allí. TK y Jampier se tiraron al suelo de los trigales, con la niña en los brazos de TK (por increíble que parezca, no se despertó con semejante ruido). TK parecía que iba a comentar sobre qué podía haber sido, pero Jampier le cayó levantando el dedo índice pidiendo silencio. Pasó un rato y seguían tirados entre los trigales del lugar.
—Creo que ha sido un cazador —aventuró Jampier, levantándose del suelo.
—¿Cazadores en este lugar?
—Ni idea —dijo, encogiéndose de hombros.
Sonó otro fuerte disparo y ambos volvieron a echarse al suelo. Esta vez permanecieron más tiempo tirado para asegurarse de que nada malo iba a ocurrir, aunque finalmente se levantaron ambos de nuevo.
—¡Pero quién está disparando! —bramó TK, con miedo y alguna lágrima en los ojos.
—Me temo que no es un cazador: es el dueño de estas tierras.
—¿Y qué es lo que quiere? —preguntó con gimoteo.
—Supongo que se creerá que somos unos ladrones del lugar.
Sonó otro fuerte dispar y se agacharon de nuevo.
—¡Vámonos de aquí! —gritó Jampier, corriendo agachado entre los trigales del campo, con TK siguiéndole la pista.
La niña parecía que aún no se había despertado a pesar de los tiros que habían dado lugar en aquel campo. Jampier y TK corrían por las laderas, intentando huir del dueño de aquellas tierras, el que parecía no estar muy lejos.
Cuando ya habían corrido un buen rato, ambos pararon un poco a descansar en casi las afueras de el inmenso campo de trigo. El campo parecía que nunca se acababa, con tales tierras a las que ni siquiera se le veía el horizonte.
—¡Pero estos campos nunca se acaban o qué! —gritó Jampier eufórico.
—Creo que ya no nos persigue... —comentó TK, cuando giró su rostro hacia atrás y se dio cuenta de que no se escuchó ningún disparo. Jampier dio un suspiro y siguió andando con normalidad.
—Bueno, menos mal que ese lunático ya se ha rendido. Me tenía ya harto —masculló Jampier, quitándose un poco de polvo que había encima.
—¿De verdad crees que ese lunático se ha rendido? —dijo una voz ebria a sus espaldas.
—Claro que sí. Cualquiera hubiera venido silenciosamente y no los hubiera ahuyentado con tiros. Por cierto enano, ¿qué te pasa en la voz? —preguntó, mirando a un TK asustado y con los ojos desorbitados.
—Yo... yo no he dicho nada... —decía temblando, tanto que parecía que se le resbalaba a Hikari de las manos.
—No seas imbécil. ¿Quién iba a ser si no? —preguntó grosero.
Lentamente, TK señaló un sujeto que había a las espaldas de Jampier. Jampier se metió el corazón en un puño y giró su cabeza hacia atrás con parsimonia, muy sudoroso. Ahí estaba el dueño de las tierras: tenía una pinta de ranchero en toda regla, era alto, con un sombrero de paja en lo alto, con una camisa de cuadros y unos tirantes azules, llevaba una escopeta en la mano derecha y una botella de vino en la otra., también tenía un trigo posado en sus labios. Sin duda, parecía que era un borracho en toda regla.
—Eh... Buenos días, buen hombre —saludó Jampier, con una gota de sudor en el lateral de su cabeza— ¿Qué le trae por aquí?
—Estas son mis tierras —cortó, dando una buena zambullida a la botella de vino.
—Eh... ¿Ah sí? Pues son unos campos muy bien cuidados...
—Y esa es mi hija —dijo el ranchero, señalando a Hikari.
—¿Es su hija? ¡Excelente! Estábamos muy preocupados por la pequeña. TK, dale a la niña.
TK no respondió y se le puso una cara muy seria, mirando al ranchero con una mirada penetrante.
—¿No me has oído? ¡Dale a su hija! —exigió Jampier.
—No es su hija —dijo muy serio.
—TK, déjate de tonterías. Dale a su niña a este buen hombre y vámonos de aquí...
—Pues si tan seguro de que es su hija... ¿Cómo se llama? —acorraló TK al ranchero, este quedándose con una cara agitada, como si le hubiera pillado el profesor copiando un examen.
—Se... se llama... —se quedó pillado.
—¿Ves? No lo sabe, ¡por lo cual no es su padre! —definió TK.
—Mmm... Buena deducción... —musitó Jampier para sí mismo..
—¡Bueno, hija, prima o abuela; me da igual! ¡Esa niña es mía! —gritó el hombre, completamente borracho y comenzó a disparar a donde estaba TK y Jampier.
—¡Vámonos de aquí! —gritó TK, cogiendo de la mano a Jampier y llevándoselo corriendo. El ranchero seguía disparando, pero bendita sea su borrachera porque este hombre disparaba a donde el azar diga.
El ranchero seguía corriendo tras ellos hasta que tropezó con una gran rama que había ya adentrándose al bosque, entonces se quedó dormido en mitad de la persecución. Menos mal que ese hombre andaba borracho, porque de lo contrario... Bueno, de lo contrario podría haber sido que incluso ese hombre no les habría atacado ni nada.
Jampier y TK seguían corriendo a pesar de ello, aunque no sabían siquiera que ese ranchero los había dejado de perseguir. Querían estar bien lejos de ese extraño e inmenso campo de trigo y no volver más en sus vidas. Lo que sí venía cierto, es que pese a todo, la pequeña Hikari seguía durmiendo en los brazos de TK pese a todo el escándalo que se había formado. ¿Qué esconderá ese bebé?
