Capítulo 2:
Las semanas pasaban rápidamente en la aldea de Sooga, pero para todos los habitantes algo era diferente, algo ilógico… todo parecía más gris, aun los días soleados no parecían llenos de vida como antes, las personas parecían un poco más decaídas, las sonrisas ya no eran tan brillantes, las flores no olían igual, hasta las comidas sabían diferente. Todos en la aldea podían notarlo y un joven ninja no era la excepción.
Un extraño gruñido salió del pecho del guapo ninja, no lo podía entender. ¿Por qué todo se sentía tan diferente de hace unas semanas? ¿Por qué la aldea se empeñaba en recordarle que algo faltaba? ¿Por qué sus amigos no podían superarlo de una vez? ¿Por qué ya ni siquiera Tobe tenía ánimos para vengarse de él? ¿Por qué todo el mundo parecía haber puesto una pausa a la felicidad? Y lo más importante de todo ¿Por qué él seguía buscando cualquier señal de esa niña de ojos azules, ya no con molestia, si no con desesperación?
No había una explicación más obvia para casi todas las preguntas que el hecho de que Pucca se haya ido, había cambiado la vida de todos. Pero ¡se supone que él debe estar feliz! Ahora puede entrenar todo lo que quiera sin verse interrumpido, podía recuperar su honor sin contratiempos, podía ser libre de caminar por la aldea sin temor de ser atacado a besos… besos muy muy suaves y tiernos.
¿¡Pero que estaba pensando?! ¡Sus besos no eran suaves y tiernos! ¡Se los daba a la fuerza!
-Miau-el maullido de su gato llamó su atención, se había quedado mirando al vacío por un tiempo. Garu se levantó sin ganas, no quería entrenar por ahora, las últimas semanas lo había hecho incansablemente y ahora solo quería ver a sus amigos, comer unos fideos y… normalmente correría de Pucca. Esa había sido su rutina por tantos años, pero hasta ahora notaba algo, en los últimos meses la chica simplemente había dejado de atraparlo… ¿Cómo no se dio cuenta antes? Ella lo perseguía a diario, pero había dejado de tumbarlo y besarlo. Garu dudaba mucho que él se hubiera vuelto más rápido, el cambio fue repentino y él no lo había notado por el alivio que sentía cada vez al verse librado de una avalancha de besos.
¿Acaso Pucca había planeado esto desde antes?
Garu sacudió la cabeza rápidamente, alejando esos pensamientos de su cabeza. Tenía que parar de inmediato de pensar en ella, no debía hacerlo… se sentía mal al hacerlo ahora, era extraño, pero una parte de él parecía indignarse que ahora que se fue pensara en ella más que cuando ella estaba siempre apoyándole.
Mientras el joven cruzaba la aldea, se dio cuenta de muchas chicas sonriéndole y guiñándole un ojo. Esto le molesto enormemente, si no había tenido tiempo para Pucca (que era mil veces mejor que ellas) ¿Por qué pensaban que él les haría caso?
Se detuvo en seco al analizar sus pensamientos ¿Pensaba él que Pucca era mejor que ellas? Bueno, obviamente lo era, tenía mejores habilidades que todas ellas, tenía un rostro angelical que solo pudo apreciar una vez realmente, ese día que ella se fue… Garu jamás lo admitiría en voz alta y se negaba a siquiera admitirlo él mismo, pero cuando chocó con ella y la había visto, pensó que definitivamente era la más hermosa chica que había visto, su voz también era muy dulce además de esa sonrisa amable, aunque algo triste. Él había estado maravillado en un principio al ver que ella pensaba que Pucca también era una molestia, pero cuando supo su trampa se dio cuenta de lo inteligente que era y aun cuando insulto su honor, una parte de él jamás dejo de recordarle lo atractiva y sensual que se veía con esa expresión de desprecio en el rostro, aunque le hubiera gustado más verla dirigida a otra persona… y bueno, aunque él lo niegue mil veces, la verdad es que pudo imaginarla sin problemas como su novia, su esposa... pero era Pucca y lo peor, era que por más que se esforzara de que ese hecho le quitara toda admiración o plan romántico por la chica, no hacía más que lo contrario. A Garu le agradaba la idea de que la chica que él había imaginado para compartir su vida no fuera una extraña, si no Pucca.
-¡Garu!-se oye el grito sorprendido de Abyo, que al principio no había reconocido a su amigo ya que él siempre parecía ser el menos afectado por la ida de Pucca y cuando lo había visto parado en la calle con la mirada perdida, se parecía bastante a cualquier admirador secreto de Pucca (Que vaya que tenía muchos, solo que no se habían declarado porque la chica obviamente solo tenía ojos para Garu)
-Mmm-dijo a modo de saludo mientras inclinaba la cabeza, luego reprendía su marcha.
-Amigo, no te he visto en semanas… y si ya sé que debí visitarte, pero tenía que consolar un poco a Ching, ella está mal porque Pucca se haya ido pero apenas fuimos al restaurant sus tíos nos dieron una carta que ella había dejado, eso tranquilizo muchísimo a Ching, aunque no me dejo verla-Garu tan solo asintió- ¿Y a dónde vas?- Garu señalo el restaurant al final de la calle- Oh, genial, yo también iba para allá, no he desayunado.
Ambos amigos entraron por las grandes puertas rojas y se sentaron en una mesa, Abyo seguía hablando de alguna batalla que seguramente jamás ocurrió, pero no volvió a tocar el tema de Pucca, algo que Garu agradeció enormemente… simplemente no sabía como lidiar con sus pensamientos recientes y no estaba seguro de poder afrontar la realidad oculta bajo todo, aun.
Río de Janeiro, Brasil:
En uno de los brazos de la famosa estatua "Cristo Redentor" se encontraba una chica hermosa de tez blanca, ojos azul zafiro, cabello negro como la noche recogido de una coleta simple y con varios mechones sueltos, mirando hacia abajo, hacia la ciudad de Río que le traía muchos recuerdos de cuando vino por el carnaval acompañada por casi toda la aldea. Ahora estaba ahí por motivos muy diferentes. Había estado dos semanas en Hawái y es que era tan maravilloso, tan relajante y tan divertido que Pucca no lo pudo evitar. Rápidamente aprendió lo básico del idioma y se adaptó fácilmente, conoció a muchas personas nuevas, chicos en especial pero no estaba interesada en una relación por el momento. Luego de haber decidido que ya no había más para ella que hacer, decidió tomar de nuevo el primer vuelo que alcanzara, este la llevo de regresó a Brasil y ahí se había quedado una semana, conociendo y viendo sitios diferentes a la última vez.
Mientras miraba el cielo estrellado se preguntó cómo estaría todo en la aldea ¿Seguirían todos con sus vidas normalmente? ¿Ching habrá leído ya su carta? ¿Abyo la estará consolando? ¿Dada la extrañara como sus tíos? Y luego llegó la pregunta que había tratado de evitar ¿Qué estaría haciendo Garu?
Sacudió la cabeza, no podía pensar en él, ya no. Era parte de su pasado amoroso ahora, estaba tratando de descubrir que había en ella debajo del amor que profesaba por Garu y pensando en él, no ayudaba mucho a su objetivo.
Suspiro y sonrió a la hermosa ciudad, era hora de irse a donde el viento la llevara. Tomo su pequeño bolso para luego saltar de la estatua y caer en sus dos pies como si hubiera sido un pequeño salto, miro su ropa para comprobar que estaba bien acomodada y efectivamente, su nuevo blusa azul de tirantes y pantalón negro seguían en perfectas condiciones. Se dirigió al aeropuerto, esperando que el próximo vuelo no la llevara a ningún lugar helado.
