Todos los personajes de Rurouni Kenshin son propiedad de su autor y sólo los tomé prestados un momentito para escribir esto…
CICATRICES.
Por: NaryMont
Capítulo 03: Bruja.
La observó salir de la habitación terminada aquella danza embrujante y repentinamente se sintió inquieto y ansioso. De dónde demonios había sacado Hoji a aquella mujer, bueno eso no interesaba tanto si lo importante es que ella estaba en su casa en esos momentos.
Para sorpresa de todos los presentes que habían vuelto a sus risas y conversaciones Shishio se levantó del tatami y salió de la habitación. Los presentes intercambiaron miradas extrañadas.
La observó casi al final del pasillo caminando a la salida de la casa, siguiendo a la mujer mayor que la había acompañado en su presentación. Con pasos apresurados le dio alcance. Ella lo miró con ojos interrogantes cuando se paró frente a ella cerrándole el paso.
-Ven conmigo – ordenó a la joven perdiéndose en la mirada de ella – usted espere aquí le dijo a la otra mujer, sin apartar la vista de aquellos ojos negros e insondables. Se giró a la izquierda del pasillo sin esperar respuesta alguna.
Yumi sintió de nuevo aquel magnetismo que la abrumada al escuchar esa voz ronca y profunda por primera vez, toda la presencia de ese hombre la atraía con una fascinación increíble. Sin dudarlo un segundo siguió sus pasos.
Entraron a un cuarto de decoración occidental, de hecho toda la casa tenía ese diseño, sólo la habitación en que había danzado tenía el aspecto tradicional japonés. El lugar era agradable, una chimenea central atrapaba la vista nada más entrar, una enorme cama estaba a la izquierda y a la derecha un escritorio con libros y documentos, frente a la chimenea un sillón de piel completaba la decoración del lugar. Todo lucía muy masculino y varías katanas relucientes adornaban la pared, Yumi observó todo con curiosidad, luego dedujo que tal vez era la habitación privada de él.
El hombre se dirigió al escritorio y tomo una botella de vino, no era sake por lo que Yumi pudo ver, sin mirarla ni una sola vez, llenó dos copas casi hasta el borde de un licor color rojo. Aprovechó ese momento para estudiarle mejor, era alto, mucho más que ella, delgado, pero con unos músculos que se marcaban perfectamente bajo las vendas blancas. Su espalda era ancha y se adivinaba que sus brazos eran muy fuertes porque los músculos saltaban a cada movimiento que hacía. Llevaba una yukata verde, con remates en negro, elegante y se adivinaba cara, pero que solo le cubría uno de los brazos, el otro estaba libre de ropas, sólo las vendas cubrían esa parte de su torso. En el cinto llevaba una Katana de deslumbrante empuñadura. Todo su aspecto era imponente, poderoso, se veía que era un hombre acostumbrado a obtener lo que quería y cuando quería.
De pronto se giró y la miró directamente. Ahí estaban de nuevo esos ojos que la turbaban, se acercó con paso firme y ella ni siquiera se pudo mover un poco, estaba paralizada en su sitio, con sus piernas ancladas al piso y la mente algo revuelta para poder hilar más pensamientos. Le extendió una de las copas y ella en medio de su turbación apenas pudo estirar la mano para sostenerla.
-Anda, bebe, seguro te gustará – le ordenó mientras se sentaba a sus anchas y con aire despreocupado en el sillón y daba un sorbo a su propia copa – es una importación de Europa, no es tan bueno como el sake pero su sabor no es desagradable – agregó volviendo a beber sin perder el contacto visual de la joven. - ¿Cuál es tu nombre, mujer? – inquirió como si nada y desvió sus ojos la bebida en su mano que observó detenidamente.
-Y-yumi Komagata – pudo al fin contestar la muchacha, con la voz vacilante y con un ligero tartamudeo revelando aquellos nervios que hacían un nudo en su garganta – él simplemente esbozó una muy ligera sonrisa y ella sólo atinó a dar un trago a su copa para tratar de calmar esa ansia creciente, un sabor fuerte, pero a la vez agridulce llenó su paladar, pero ni por asomo el alcohol logró alejar aquella turbación y opresión en su pecho.
-Esa habitación es un cuarto para asearse – dijo Shishio indicándole una puerta que Yumi en su escrutinio había pasado por alto – entra y quítate todo el maquillaje de la cara.
A Yumi le desconcertó aquello, ¿por qué quería que hiciera eso?, pero no parecía una petición sino una orden y ella logró mover al fin sus pies, dejó la copa sobre el escritorio y se dirigió a donde le indicara.
Apenas entrar Shishio bebió su copa de un solo trago, lo tenía intrigado aquella fuerte atracción que sentía por esa mujer y un ansia desesperada comenzaba a invadirlo, no experimentaba algo así en mucho tiempo, tal vez años, lo peor era que se estaba apoderando de sus sentidos. Qué demonios volvía diferente a esta muchacha de las otras que se quedaran en la fiesta y que estaban totalmente a su disposición, tenía que averiguarlo.
No tardó mucho en salir, con la piel perfectamente limpia, sin rastros del maquillaje que había tomado horas en colocar en su cara. También había desmaquillado su cuello y pecho. Él se levantó de inmediato de su sitio, ella quiso mirarle a los ojos, pero no se atrevió, sin la pintura se sentía extrañamente desnuda a pesar de estar completamente vestida, su papel de Geisha se había perdido, observó los pies de él hasta que quedaron frente a ella, muy cerca. Cuando se desmaquillaba imaginó lo que seguiría. Ese hombre enigmático la había llevado ahí con un propósito y aun cuando tenía que estar habituada a eso, una desilusión la hizo entristecerse, tan sólo por una noche habría querido volver a ser lo que había sido en antaño, sólo una artista y no una cortesana. Pero una sensación que nunca había sentido antes le llenaba el cuerpo, se sentía extrañamente segura y confiada a pesar de su desventajosa situación, algo le decía que lo que pasaría en esa habitación lo recordaría para siempre.
Él tomo su mentón y la obligó a mirarlo a los ojos, estaba serio, muy serio. Yumi supo que sus mejillas ardían cuando el escrutinio se volvió intenso, ¿qué tanto la miraba? se preguntó. Sintió su dedo vendado acariciar con insistencia el lunar junto a su boca.
Dejó su cara y luego se centró en su cabello, quitó el prendedor de mariposa que le adornaba la cabeza, luego con paciencia, retiro algunos broches más soltando su peinado. La cascada de cabello sedoso cayó sobre sus hombros y espalda. Yumi no podía evitar estremecerse ante ese extraño ritual de que era objeto, el corazón le latía fuertemente y tenía los pensamientos en revolución.
Las manos de Shishio sobre su obi le dieron un golpe de realidad, comenzó a desatarlo y ella mansamente intentó ayudarle, pero él la detuvo y le colocó las manos a los costados como si le dijera que no necesitaba de su ayuda. Apareció una ligera sonrisa en los labios masculinos al encontrar su abanico aprisionado por el obi en su cintura, lo colocó junto a su prendedor y continúo con su tarea. Poco a poco los metros de tela fueron cayendo a sus pies, con cada centímetro los nervios de Yumi se iban crispando más y más, por fin el obi completo quedó en el suelo. Una cinta delgada mantenía los laterales de su kimono exterior fuertemente cerrados. Pausadamente él desenvaino su Katana, dejándola suspendida un momento entre ambos, con la mirada pareció pedir su permiso y ella asintió. Un corte limpio dividió la cinta y por fin el kimono se soltó. Lo deslizó lentamente por los delgados hombros dejándolo caer hasta que estuvo fuera de su cuerpo. Un estremecimiento recorrió a Yumi y un calor repentino la inundó, sentía que el aire no era suficiente en la habitación, pero lo cierto es que a esas alturas entre los nervios y toda esa acción de desvestirla de esa manera hacía que olvidara respirar con normalidad.
Shishio repitió el proceso con la yukata oscura que cubría a la muchacha y pronto también esa terminó en el revoltijo de telas a sus pies. Sólo quedaba la última prenda que fungía como ropa interior, una ligera yukata blanca, ligera, semitransparente, que llegaba apenas abajo de sus rodillas. La última barrera entre las manos vendadas y piel totalmente expuesta. Se detuvo ahí por unos segundos, y Yumi trato de leer su semblante, pero no podía, además tenía una extraña sensación en su vientre y el calor de sus mejillas ahora estaba disperso por todo su cuerpo.
Él tomó la suave prenda por sus laterales y la abrió, esta vez no dejó que cayera por sí sola, sino que la deslizo a lo largo de los brazos de la joven y por fin ante él estaba expuesta aquella piel blanca como la nieve y que se adivinaba suave y aterciopelada. Con descaro la observó detalladamente desde su rostro totalmente sonrojado e inclinado hacia un lado con una actitud de vergüenza, siguiendo aquel cuello delgado, esos senos redondos y de tamaño perfecto. La cintura lucia imposiblemente pequeña sin tanta tela encima, sus caderas haciendo una curva perfecta y esas piernas largas y esbeltas que terminaban en unos pies pequeños envueltos en unas tabis blancas, única prenda que había quedado sobre ella.
El escrutinio duró unos pocos minutos, pero a Yumi le parecían eternos, por qué el no daba el siguiente paso, por qué no la tocaba, por qué no hacía lo que tantos otros le habían hecho. Se sorprendió así misma deseando que esas manos la recorrieran, pero simplemente no sucedía. Luego lo impensable, él se dirigió a la puerta sumiéndola en el desconcierto.
-Vístete, puedes irte – le dijo con la voz ronca, antes de cerrar la puerta tras él dejándola sola.
Las piernas de Yumi se vencieron y cayó de rodillas, muchas preguntas pasaban por su mente de forma vertiginosa y luego, la única respuesta posible, de manera cruel vino a ella: No le había gustado lo que había visto.
Se vistió a medias rápidamente, tomó el resto de las ropas y corrió a la salida. La vida era cruel, por primera vez en su vida había sentido deseo y atracción por un hombre y él simplemente ni la había tocado. Shiro-San no le preguntó por su aspecto imaginando algo que nunca había sucedido y en silencio las dos subieron al carruaje.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Shishio salió de su habitación luego de vivir una de las experiencias más eróticas de su vida, llevaba los puños y los dientes apretados, la imagen de aquella mujer no dejaban su mente tranquila, era endiabladamente hermosa, al principio cuando lo asaltó el deseo de aquella manera tan intensa pensó erróneamente que se debía al aura misteriosa al verla vestida de Geisha, sabía que muchos hombres caían sin remedio en los hechizos de ellas, pero Yumi Komagata debía ser una bruja en toda la extensión de la palabra, porque más allá del artificio de su maquillaje y ropas, al quedar sin ellos, el efecto lejos de menguar se habían acrecentado. No sólo era el hecho de poseer un cuerpo a sus ojos tan perfecto y sensual, el cual había disfrutado mucho sólo con observar. Otros cuerpos hermosos había admirado a lo largo de los años, era por mucho aquella energía especial en ella la que lo atraía. Sabía a ciencia cierta que ella no le temía, no al menos el miedo que daba en otras chicas que iban ahí con un propósito sexual, tampoco demostraba repulsión por su presencia, ni había aparecido en su semblante la resignación de estar ahí para cumplir con un trabajo, por el contrario, desde que entrara a su habitación parecía que deseaba estar ahí por voluntad propia, la había visto temblar al tocarla y claramente escuchó ligeros suspiros anhelantes salir de sus labios. Él mismo suspiró con deseo en esos momentos al volver a su mente aquella silueta desnuda.
Otra imagen que se repetía una y otra vez era la de la cara de incredulidad y desencanto de ella cuando le dijo que se vistiera y marchara, ¿acaso había estado decepcionada? O sólo era su propia imaginación algo desbordada por el sake, la danza y el poder ver aquella hermosa piel expuesta. Gustoso hubiera deseado continuar arrancando suspiros y tal vez gemidos de aquella deliciosa boca, pero no lo quería así, no así…
No era un hombre que se dejara llevar por esa clase de instintos, al menos no desde hacía años, luego de su renacimiento de las cenizas, su mente se había vuelto más calculadora, planificaba todo, pensaba más allá que los demás, pero esa noche simplemente no podía siquiera concentrarse en nada más que en aquél cuerpo suave y cálido y en aquellos ojos negros tan taciturnos. Se dirigió a donde la fiesta de Soujiro continuaba, tenía que hablar con Hoji y en esta ocasión no precisamente de negocios o planes de conquistar el Japón.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Nota: hola! Muchas, muchas gracias por los lindos comentarios que me han hecho, ahora entiendo porque cuando leo fics a los autores les agrada tanto recibirlos, por otra parte, les informo que ya no se seguiré con el fic… jaja MENTIRAS! (Perdón! me lo copie de algunos autores que han hecho lo mismo T.T y que me arrancan casi un infarto jaja), la verdadera información es que voy a estar subiendo actualización cada domingo (o antes si las musas inspiradoras me visitan y salen más capítulos por semana) GRACIAS A: Pajaritoazul, shishiyu, baavira, Enny por sus comentarios! Este es un lindo proyecto para mí y claro que voy a terminarlo!... Nary^^
